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BREVE CRÓNICA DEL REENCUENTRO CON LA AMISTAD
Por Antonio Mora Vélez.
El homenaje a la memoria de Manuel Zapata Olivilla el día viernes 17 de noviembre en la Biblioteca Departamental en Montería fue una buena ocasión para el reencuentro con viejos amigos del arte y la literatura como Alexis Zapata, Roger Serpa, Miguel Ramón Villarreal y Joaquín Rodríguez. Después de escuchar la disertación de Alexis sobre el trabajo de su tío Manuel, la cronología didáctica de las obras literarias del “gran putas” elaborada por Roger y las canciones llenas de sentimiento del “Chiqui” Amaya, nos fuimos Joaquín, Miguel Ramón y yo a escuchar música a la casa de este último. Entre wiski y wiski degustamos las cumbias y paseos de Joaquín, grabadas en su reciente CD “Una canción de esperanza”; el CD con los boleros de Miguel cantados por Jorge Ruiz, pendiente de su comercialización; y el novedoso CD de Juancho Nieves con cumbias y arreglos en gaitas y tambores de los viejos porros El Pájaro, El Ratón y Lorenza. Debo decir, sin concesión alguna a las inclinaciones del afecto, que los tres CDs me gustaron y que me pusieron a hablar de la calidad de estos tres músicos sinuanos con proyección internacional. A Joaquín le dije que su cumbia “Macho sinuano” se podía presentar en cualquier escenario del mundo, por su letra, por su melodía, por el hermoso arreglo de otro buen amigo, Edilberto Better, y por la calidad de los ejecutantes. Igual los paseos vallenatos, que tienen las virtudes de los paseos clásicos y ninguno de sus defectos. A Miguel Ramón le dije: ¿Qué esperas para comercializar ese CD y hacerte famoso? Él tiene para “pegar”: una producción excelente, unos músicos de primera línea y unos arreglos modernos que deben gustar en Colombia y en el exterior. Resaltan la voz de Jorge Ruiz, cuya muerte lamentamos aún más esa noche dada la gran calidad de vocalista demostrada por él en esta grabación. Igual la trompeta romántica de Robin Caraballo y los arreglos de lujo de Hollman Salazar. El disco de Juancho Nieves –“Gaita”-- es un retorno a los viejos tiempos del porro y de la cumbia, tocados por los grupos de pitos y tambores que antecedieron a las bandas de viento, pero con arreglos novedosos –incluso del instrumento ancestral-- y la sonoridad de los modernos estudios de grabación, que le dan la presencia de una sinfonía natural ejecutada por el viento, por el río, por los árboles, los vaqueros y los pájaros. Juancho Nieves es, sin duda, un revolucionario de la música que ha entendido el poder de seducción de nuestros ritmos y que ha decidido embellecer su formato de exportación pero conservando la autenticidad. Esa noche, la poesía estuvo acompañada del sonido de los tambores, del acordeón, de las gaitas y de los metales. Porque poesía es lo que hay en cada una de las letras de las canciones de Joaquín y de Miguel Ramón. Poesía con música, como la de Manzanero y la de Lara Al día siguiente, en la Tertulia Bajo el Puente, la palabra se hizo verso, sentimiento, reflexión, amistad, terruño, historia, agua dulce, mano amiga, y circuló rodeada de libros y de sueños, bajo la batuta de René Cueto –el argonauta mayor-- y los aportes de William Fortich, Alexis Zapata, Edmundo López Gómez y del joven narrador oral Jhon Carlos Otero, quien da sus primeros pasos en este difícil ejercicio actoral con las historias de la tierra. Estuvieron también Betty Brunal, con su río triste y desmemoriado; Serafín Velásquez y sus lamentos por la muerte anunciada del planeta; Danith Urango y sus versos con sabor a hojas y raíces; Libardo Campos con sus meditaciones y silencios, y Miguel Ramón Villarreal afirmando que el amor cuando es amor nos aferra a los abismos. Después –no podía faltar—el encuentro con la sinuanidad: un buen bocachico con yuca harinosa, arroz y sopa de pescado, en un lugar que me hizo recordar los tiempos de la tristeza. Y luego la palabra claridosa de Raimundo Berrocal diciéndonos su dolor por Colombia, el rumor del río que vio crecer mis ilusiones, las calles y sitios de la nostalgia y el reclamo de la querencia que me dice que mi tierra es esta tierra y que a ella volveré, a vivir los años del reposo, a buscar el afecto de mis amigos –que son, como decía Raúl, “una legión de ángeles”—, a escuchar las nuevas voces de la raza que se encrespan y reclaman la vida frente a tanta maldad acumulada y a soñar con el reverdecer de las alamedas y los corazones y el triunfo de la razón sobre la barbarie. |
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