"Cuentos para llamar la atención"

 

Por ANTONIO MORA VÉLEZ

 

Serafín Velásquez Acosta, docente pensionado de la Universidad de Córdoba, ha venido incursionando en un tipo de literatura que en Colombia tiene pocos cultores. Se trata de la literatura que toma los problemas tratados por la ecología como tema de su discurso y de su trama. Una literatura que, igual que la ciencia-ficción, une los lenguajes científico y literario en un solo río de belleza y de enseñanza. Primero lo hizo con el poemario "Aún me sobra tiempo", editado hace trece años, y en el cual le dijo al mundo que aún sobraba tiempo para "devolverle al sol el aroma de sus árboles... y al tiempo su reposo", esto es, para evitar que, por culpa de "la contaminación del agua y la desertización de los suelos, la mayoría de las especies de animales terrestres y acuáticos y de vegetales y comestibles se extingan". Ahora nos sorprende con un libro de cuentos y relatos con la intención de "llamar la atención sobre los riesgos que significa seguir indiferentes a la crisis ambiental que amenaza el futuro del planeta".

"Cuestión de apreciación. Cuentos para llamar la atención", el libro que pronto saldrá a la luz pública, contiene 29 textos, la mayor parte de los cuales pueden ser catalogados como fábulas ecológicas y dos o tres en el género de la ciencia-ficción. El común denominador es el juicio de responsabilidades que los animales y las plantas le hacen al hombre por dañar el ecosistema y poner en peligro la supervivencia de la especie humana y de los demás seres vivos de La Tierra. Aunque también, como en las fábulas clásicas, hay alusiones a la condición social humana y una crítica mordaz a las desviaciones morales que han hecho del hombre un ser despreciable y peligroso.

"Nosotros los hombres –dice el abuelo, uno de los personajes--, nos dejamos llevar por la ostentación y por el despilfarro, valoramos a las personas por lo que tienen y no por lo que son".

La condición de Ingeniero Agrónomo y Especialista en Fitopatología le permiten al autor manejar con propiedad las categorías de las ciencias biológicas y dotar así a sus relatos y cuentos de esa ambientación que la otorga credibilidad al mensaje, aparte de la rara belleza que tiene el lenguaje científico trabajado desde y para la literatura. Leamos varios ejemplos: "Sus orillas estaban adornadas con helechos de diversas formas y los árboles con bromelias cuyas flores parecían pájaros exóticos". Y este otro: Las tortolitas "se han estado alimentando durante los últimos cinco años de los granos de una variedad de arroz transgénico, introducida en la región, conocida como variedad AM 200T, a la cual se le implantó un juego de genes con el fin de inducir la producción de unas proteínas que la hicieran resistente a la infección del hongo Piricularia oriza...".

Su otra condición de poeta le permite, además, manejar las descripciones con la belleza del lenguaje lírico. Frases como éstas son de uso común en los cuentos de Velásquez Acosta: "He escuchado cómo se entretejen las notas musicales que pulsan a escondidas los intérpretes del viento con los tonos matizados del follaje y los arpegios de las aves cantarinas hasta formar una sinfonía. He oído cómo los reclamos hormonales de los grillos y chicharras amenizan las noches de luna nueva y cómo el rumor de las aguas huyendo entre las rocas pone ritmo al reposo de los sueños". Ese lenguaje poético se integra de modo cabal al texto con el lenguaje narrativo, cautivante y a veces dramático, no excento de belleza, que atrapa la atención del lector y que lo conduce al conocimiento pleno de la trama y a la reflexión acerca de sus contenidos y mensajes. "La noche se repitió de nuevo, un aire caliente se agigantó prisionero entre los árboles arrancándoles quejidos angustiosos a sus ramas. Las dos formas de agua chocaron en forma violenta en las alturas y la lluvia incontenible se precipitó a raudales; espadas luminosas surcaron el espacio y al compás de redobles siderales estalló la tormenta".

Es también una obra de pedagogía ambiental. En uno de sus cuentos detalla por boca de uno de sus personajes, las reglas básicas que el hombre debe cumplir para estar en paz y armonía con su madre naturaleza. "Todo se relaciona con todo", "Nada se pierde, todo se aprovecha", "La Naturaleza sabe lo que hace", "No existe comida sin costo", "En la naturaleza no caben indecisiones", son algunas de las reglas y leyes que explica para que sus lectores entendamos que vivimos en un ser vivo que se comporta de un modo especial –que estamos obligados a estudiar y a respetar-- y que está presto a castigarnos si violentamos su epidermis, su cuerpo y su espíritu.

En la obra de Serafín Velásquez están presentes las preocupaciones del hombre contemporáneo respecto del futuro del ecosistema. El autor comparte el criterio de que somos parte inseparable de la naturaleza, que vivimos gracias a ella y que indefectiblemente desapareceremos si ella desaparece por culpa de nuestra acción destructora. Cita al pensador hindú Osho: "El hombre es un eslabón más" de una cadena que hay que preservar si no queremos desaparecer como especie. Y cree con Séneca que "No hay vientos favorables para aquel que no sabe a donde quiere ir". Por ello insiste en su defensa del entorno natural y en cuestionar la estupidez humana de comprometer el futuro de la vida con el cumplimiento de las exigencias tecnológicas y empresariales del presente, no siempre guiadas por el interés general.

Por las anteriores razones estéticas y filosóficas no vacilamos en recomendar a los colegios y a los lectores científicos y literarios esta obra titulada "Cuestión de apreciación. Cuentos para llamar la atención", de un escritor comprometido con la literatura que además es un científico serio, un líder gremial honesto y, desde la Tertulia "Bajo el Puente", de la cual es presidente, un entusiasta gestor de la actividad cultural.

 

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