Palabra, planetas, núcleo, escapar: como poemas

 

Como la misma palabra
La que se aleja
De la bestia
De su juego
Del miedo de ser
Olvidada
De El juguete que es la palabra

*Salomón Valderrama Cruz

 

 
He estado allá, caballo, y me haré el saxofón borracho ya hijo ciego de Diego Rodríguez de Silva y Velázquez de pietro y serrano corazón fálico o ahora ya, envés, vagínico, en lo mismo, aturdido. A punto de morir por Ser, tabla, tiempo y férula, al comprender un ser que ve más acá de la realidad, crisistiana, prosa que se enjuaga en aguas animal de críptico manantial. Cuando la verdad, la avanzada, divertida, malhadada y niña cualidad está para ser-terapia y no-imposición. Arremetida y no-legalidad. Y así se ha reclamado velar, Ser que astutamente arranca los pelos camuflados del símbolo, el primer símbolo que mata o traiciona al hijo conocido: oráculo que miente. Y es que ahora ya sé de la fogosa poesía, traicionada palabra que se asusta cuando corrompen su lisura verdadera. Que hasta los cerebros duelen. Que hay que traducir la poesía, que ella desarrolla las mentes, que por eso no gusta. Que la gente, que las masas son idiotas, pero que ellas, la palabra se baña de las arcaicas reglas retomadas, salvajes, que esa masa las amamanta y renueva como paz para comer alguna ignorada realidad, impuesta a sí manjar, dolor de madre Octavio Paz, abortando parcas y polacas hijas de Las palabras:
 
Dales la vuelta,
cógelas del rabo (chillen, putas),
azótalas,
dales azúcar en la boca a las rejegas,
ínflalas, globos, pínchalas,
sórbeles sangre y tuétanos,
sécalas,
cápalas,
písalas, gallo galante,
tuérceles el gaznate, cocinero,
desplúmalas,
destrípalas, toro,
buey, arrástralas,
hazlas, poeta,
haz que se traguen todas sus palabras.
 
Que hay que esconderlas, quemarlas, hacerlas inservibles porque son peligrosas y mal educadas: ¡Hay que argumentar terrorismo cerebral! Y es que el que se atreve no sólo es un pequeño dios, como dice el padre Vicente Huidobro, si no que es un Diablo. Ángel maldito que es expulsado hasta de otro parnaso o grupo cuya regla existe y es como la miel para ser velada, lamida y llorada como la voz que expone la sabia desnudez del campo ambiguo o silvestre de Edouard Manet. Calibrada educación. Y ay de los panes que se recojan a sí mismos negritud que danza eternidad Martin Luther King o vacío que resume el Todo y solamente mujer, mejor que hembras libres de las urbes secas de vergüenzas que revelan la música de Erik Satie: a traición será manjar para morir de amor. Pero ya no quiero ver lo sé; los cerebros que muerden y persiguen, preguntan llaves de confort, entendido u ordinario confort, para todo es mejor la poesía que no se entiende en un inicio, la que se mal entiende como violación del padre-urbe de Joachim Ringelnatz hablando de viejo lampa A los niños de Berlín:
 
¿Qué creéis que hacen vuestros padres
Cuando tenéis que acostaros
Y ellos supuestamente aún tienen que escribir cartas?
 
Os los puedo decir: allí se besa,
Se  fuma, se baila, se bebe, se atiborra,
Furtivamente aparecen invitados sospechosos.
Se recorren todos los niveles de la fornicación
Hasta la loro-sodomía.
Se juegan sumas indescriptibles,
Emana el humo del opio y de la cocaína.
Se copula hasta que los cráneos zumban
Ay, mejor callemos - ¡Puf! ¡Qué asco, Berlín!
 
Viajando enmarañado en el agudo estribo está lo mejor, la mujer de paja, solemne, papeles de tierra traslúcida, imperfecta a mi secreto anochecer. Para escapar hacia Ayacucho y para tocar la piedra viva en mi libertad, los ojos morrones aferrados, el clima siempre sinfónico; un cóndor que retorna a regar mi amanecer. En la espantada muerte que me abraza o norma mi ascensión, guitarra, maravilla de montaña o bosque de la mora en Zárate, escalando, aferrado a esta, quizás única, vida en repetición. Un carnaval para estar, arte ser, revolución de hombre marrón. Que he cortado también 14 muertos sobre catorce mesas en las que mi familia comió y sobre ellas hice mi vida, la operación anatómica, formulación del goce mayor, que en ellas también penetré a mi amor Curaca de cañón por permanecer ciudad centro o fruto de Lima, soporte concreto, hijo del renovado sol hasta el mar no tan gregario como la danza de César Vallejo que escolta la, En el momento en que el tenista...
 
En el momento en que el tenista lanza magistralmente
su bala, le posee una inocencia totalmente animal;
en el momento
en que el filósofo sorprende una nueva verdad
es una bestia completa.
Anatole France afirmaba
que el sentimiento religioso
es la función de un órgano especial del cuerpo humano
hasta ahora ignorado y se podría
decir también, entonces
que, en el momento exacto en que un tal órgano
funciona plenamente,
tan puro de malicia está el creyente,
que se diría casi un vegetal.
¡Oh alma! ¡Oh pensamiento! ¡Oh Marx! ¡Oh Feuerbach!
 
Mi vida está colgando de un punto que no se define ni filosofía ni matemática, ni historia ni literatura, ni física ni química, ni nada o todo lo mismo. Sólo palabras que encierran acuerdos, sentimientos, estados de estar en alguna parte para no ser el asunto de una palabra acordada en concilio, en reunión de estandartes del mundo que define un espacio, instante del tiempo, que según Marcel Proust, para que no sea olvidado o alejado del nombre: siempre debería de estar como En busca del tiempo perdido para un rostro propio o nativo. No por el tiempo real o vivido si no por el tiempo irreal o experiencia del sueño, a imagen en contexto, un cuadro de un cuadro de René Magritte o una azotada eficacia ya pilar en la oscuridad; pirámide de noches sobre dientes más blancos que balcones escondidos en una métrica de loco o revolucionario pintor, para los ojos que volviendo se voltean, los cuadros de Giorgio de Chirico abrazando a Salvador Dalí. ¡Oh no!, ojalá me equivoque y todo sea, sinceramente, una operación a mi apéndice tan embarazado como hembra que espera la camada de un poliarte definido inconcluso y para siempre renovado y nuevo: en otra Sagrada Familia. Siempre pintando (embarrando), fumando y bebiendo o pensando a Jorge Luis Borges, en hacer al olor atrún de James Joyce:
 
En un día del hombre están los días
del tiempo, desde aquel inconcebible
día inicial del tiempo, en que un terrible
Dios prefijó los días y agonías

 
hasta aquel otro en que el ubicuo río
del tiempo terrenal torne a su fuente,
que es lo Eterno, y se apague en el presente,
el futuro, el ayer, lo que ahora es mío.

 
Entre el alba y la noche está la historia
universal. Desde la noche veo
a mis pies los caminos del hebreo,

 
Cartago aniquilada, Infierno y Gloria.
Dame, Señor, coraje y alegría
para escalar la cumbre de este día.
 
Y hago un bloqueo de palabra y corro con palabras y pienso que cuando le hablo a ella me tuerzo, ecuación de tercer grado, sinceramente me confundo a choque y bloqueo de palabra sin palabras, diagrama de tangentes copuladas, ahogado en números o rescatado del revés enigma de los hombres. Soldados, fracciones, depósitos que sujetan la forma envestida o todos tablero de ajedrez. Si digo plenitud ella me dice temporalidad. Si digo tristeza ella me dice estado para ver felicidad. Si digo amor ella me dice cuídate de la palabra brutal. Orgías de cal amarrada a lo que hay por debajo o encima la piel, fantasma del mundo, memoria que ya construye otra Tierra. Palabra, planetas, núcleo, escapar: poema o 'lazo umbilical'. Si digo basura y no sirve, ella me dice destierro, te olvidas de ti, de lo que otros vivieron por ti y la voz que está pero que es agua al final, que sensible sólo brotará si la besas al principio y al fin. Yo hablo y se supone que escucho pero ella siempre me dice: no escapas. Yo vivo la poesía, el algo que nace y se va, que invertida o semejante disfrazada, retorna en otra parte igualdad, la misma cosa, pensamiento que ya vive encontrado, opaco, para amanecer los días no tan puros como el día de hoy. Renacer a vivir sin miedo al amor. Escuchar musicales batanes o voces amarrado de Eugénio de Andrade con La sal de la lengua:
 
Escucha, escucha; tengo aún
una cosa que decirte.
No es importante, lo sé, y no va
a salvar el mundo, no cambiará
la vida de nadie -mas ¿quién
es hoy capaz de salvar el mundo
o tan solo cambiar el sentido
de la vida de alguien?
Escúchame, no te entretengo.
Es poca cosa, como la llovizna
que lenta está llegando.
Son tres, cuatro palabras, poco
más. Palabras que te quiero confiar.
Para que no se extinga su lumbre,
su lumbre breve.
Palabras que mucho amé,
que tal vez ame todavía.
Ellas son la casa, la sal de la lengua.  
 
Así como todo ocurre, extraño, incompresible, inefables asuntos de vidas llenas de valor impreciso.
 
Noviembre de 2005
Salomón Valderrama Cruz
Chorrillos - Lima - Perú
 
 
            *Salomón Valderrama Cruz nace en abril de 1979 en Chilia, departamento de La Libertad (Perú). Realizó estudios en la Universidad Nacional Federico Villarreal y Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Aparece su primer libro de poemas Encrucijada el año 2002 y, en el 2003, Anemómetro. Ha sido publicado en revistas de Perú, Argentina, Chile, Brasil, Venezuela, Colombia, Estados Unidos, México, El Salvador, España, Puerto Rico y Alemania. Actualmente es Director de la revista Antínfeliz.
 
 

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