El chachachá de Jorrín

 

Por ANTONIO MORA VÉLEZ

 

Enrique Jorrín, violinista y compositor cubano, nació en la provincia de Pinar del Río en 1926 y murió en La Habana el 12 de diciembre de 1986. Antes de fundar su propia orquesta el 8 de mayo de 1954 tocó con Arcaño y sus maravillas, al lado de  Ismael “Cachao” López,  y con la orquesta América, ambas famosas por la década del 40 del siglo pasado. Músico precoz, compuso a los 12 años de edad un danzón que todavía se toca titulado “Osiris”. Y fue durante varios años un compositor de danzones. Pero su gran fama le vino después de crear el ritmo que posteriormente se denominaría chachachá, consecuencia de sus modificaciones introducidas al danzón en sus partes estructurales, a la introducción de letra cantada por varios de los instrumentistas de la orquesta y al éxito que estas variantes produjeron entre el público, que encontraba más fácil y con mayor libertad de movimientos el nuevo baile.

Reconocido como el primer chachachá es el llamado La engañadora (1951), que cuenta la anécdota de una muchacha hermosa que se paseaba todos los días por Prado y Neptuno –lugar céntrico de La Habana—exhibiendo unas curvas y unos glúteos de feria “que todos los hombres la tenían que mirar”. Según la historia, al asedio de los jóvenes la muchacha respondía con desdén, lo que motivó una acusación algo ofensiva de uno de los rechazados. “Pero todo en esta vida, se sabe sin siquiera averiguar...” –dice la canción al principio y remata al final:  “ya nadie la mira, ya nadie suspira, ya sus almohaditas nadie las quiere apreciar”. Jorrín denominó el ritmo de La engañadora,  mambo-rumba. Posteriormente, por el sonido que hacen los pies de los bailadores sobre el piso en tres tiempos seguidos –dicen algunos—o por el chasquido del güiro de la orquesta, dicen otros, se le bautizó a ese ritmo descubierto por Jorrín con el conocido nombre de chachachá.

Como los danzones eran tocados por las orquestas denominadas “charangas” –violines, piano, bajo, percusión y flauta—los primeros chachachás fueron grabados por estas agrupaciones, que terminaron por identificar el nuevo ritmo. Orquestas charangas como la América,  Sensación, la Aragón y la del autor, incorporaron en su repertorio muchos chachachás, lo que contribuyó a popularizar el ritmo y el baile por las décadas del 50 y el 60. Lo mismo hicieron, gracias a la demanda del público, orquestas de formato Jazz Band como la de los Hermanos Castro y la Riverside. Y cantantes famosos como Nat “King” Cole. Chachachás como Rico vacilón, Los marcianos, El bodeguero, Señor Juez, El túnel, La basura, Calculadora y Corazón de melón, se convirtieron en éxitos mundiales y en invitados para hacer la parte musical de muchas películas del cine mejicano de esos años.

Hoy el chachachá se baila poco y los compositores de ahora –de Cuba y del resto del mundo—componen pocas canciones con este ritmo. Y las pocas que componen, las bautizan rítmicamente de otra manera, como si no quisieran reconocer la importancia que para la música tuvo esa transformación del danzón en chachachá que hizo el músico Enrique Jorrín en 1951. Por ejemplo, El rey tiburón del grupo Maná y Felicidad de Gloria Estefan, son auténticos chachachás así en la etiqueta de los discos se diga otra cosa. Y así haya quienes afirmen que fue una música que tuvo su época y que ya quemó su tiempo, ignorando que en todos los concursos de baile de la TV aparece como uno de los ritmos de competencia, y que en opinión de los entendidos sigue vivo en varios compases de muchas de las composiciones modernas, compases que yo reconozco del mismo modo que reconozco el diseño de las baldosas de la casa de la calle Larga de Cartagena en la que transcurrió parte de mi infancia.

Para mí, que viví su época de esplendor, el chachachá tiene el aroma del primer beso y el recuerdo de los años del sueño y la ternura. En mis ratos de meditación lo escucho y me transporto en el tiempo y me veo bailándolo con las muchachas de mis fiestas juveniles. Y siento, en medio de la placidez, que su cadenciosa música termina por liberarme de toxinas el alma.

 

 

Ver otros artículos deAntonio

[Noticias de la cultura] [Café Berlín] [Libros virtuales] [Cronopios] [Audios] [Fotografía] [Deutsch] [Cartas de poetas]