CLEMENCIA TARIFFA

Por ANTONIO MORA VÉLEZ

 

El amor y la solidaridad –flores raras en nuestro suelo-- han hecho posible la publicación de unos poemas de Clemencia Tariffa, poeta de 50 años que se cansó de mendigar un "trocito de luna" sin resultado alguno y a quien la dureza de la vida la condujo a un estado de lucidez transitoria que alterna con períodos oscuros de niebla y llanto. El libro tiene un título –Cuartel-- que es la antítesis de la creación estética pero que, para el caso, simboliza la internación indefinida de la autora en una clínica. Y ha sido co-editado por Poetas al exilio y la Sociedad Literaria Mesosaurus de Santa Marta, gracias al liderazgo del poeta Hernán Vargas-Carreño.

Los poemas de este libro nos permiten mirar en ese otro que hay en Clemencia Tariffa, de esa poeta que desde que tuvo conciencia de la vida no quiso hacer otra cosa que poesía y que desea encontrar a través de la palabra eso que la sociedad le ha arrebatado. Con las palabras de María Mercedes Carranza: Se trata de un "temperamento que nació para crear, para defender la vida, una poeta que delira por lo que vale la pena delirar, por el afán de frenesí, por el ansia del asombro, por la necesidad de revelarse tal cual es, sin renuncias ni fingimientos".

Si el hombre es tiempo –como decía Heidegger—la vida es un continuo permanente, una dialéctica que implica el ser y el no ser de la filosofía griega, una negación constante del otro que nos angustia, un emplazamiento de esos otros que viven en nosotros y que nos conciernen, una reinvención  de su ser para ser completo –como demanda Octavio Paz--, un arrebato, un clamor que encuentra en el amor su particular manera de superación. En un poemario anterior—El ojo de la noche—Clemencia dice: "Me habita otra mujer./ Una extraña, una intrusa,/ que no alcanzo a entender." . Y su vida ha sido esa lucha entre la mujer que quiso ser, con las alas de la poesía, y la mujer que hoy es "miedo, sacrificio...", "flor en la que se ha derramado hiel" por designio de ese leviatán que es el mundo que nos determina y nos conduce, a veces, por laberintos inexpugnables. Sobra decir que en todos y cada uno de sus versos se muestra la tragedia de la autora, su dolor y su demanda.

Clemencia Tariffa es "una extraña mariposa/ libérrima e indefensa/ con alas incendiadas" que no logra entender lo que le pasa y que desea sumergirse en el mar y vivir con las medusas y morir "como las plantas marinas/ rodeada siempre de caracoles" y que ha decidido "cerrar las ventanas del deseo" después de tanto esperar "un amante menos letrado/ que bese (su) espalda/ (su) ombligo y (su) trenza". Pero es también la mujer que ha visto helicópteros artillados romper "...la blanca nube/ con su vuelo de colibrí", la paz convertida en el silencio de mármol de los cementerios, el asesinato de un poeta y que ha aplazado el canto para el día en que las banderas le den otro color a esta tierra sembrada de muerte.

 

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