Concurso Docente Icfes 2005-2006
¿Sabios o maestros?

Por JOSÉ LUIS HEREYRA COLLANTE
Tengo dos extraños privilegios sobre este tema candente.
Primero, soy de los pocos testigos de excepción, de los pocos que puede
escribir sobre este examen de cuatro horas con profundidad y bien
informado, ya que lo presenté religiosamente este 11 de diciembre de
2005, al contrario de muchos que sólo repiten de segunda y de tercera
mano sus versiones del examen, y se siente que no lo hacen por un
sincero deseo de ayudar al país, en tanto patria; ni a sus docentes, que
merecen todo el apoyo del mundo por su difícil, abnegada y crucial
labor; ni a los alumnos, actuales o potenciales, que son la razón de ser
de este proceso y futuro del mundo; ni a los padres de familia, que
sufren la espantosa realidad de pertenecer a un país que no sólo tiene
oscurecido su porvenir, sino que padecen, desde hace mucho, la muerte,
el hambre y la inequidad, la incesante horrible noche nacional en la que
estamos todos inmersos.
Segundo, porque no sólo presenté este examen del Icfes en
Idioma Extranjero: Inglés, una de mis especialidades, sino que obtuve la
más alta calificación en Sincelejo, y, oh curiosidad de curiosidades,
¡casi opaqué con mi calificación en la sección de Matemáticas mis
calificaciones respectivas de las secciones de Inglés y Español!
Es decir, que yo debiera darme por bien servido y con mi silencio ser
cómplice de este malestar colectivo pero, por el contrario, la prueba,
surcada de ambigüedades y de mala leche, me sigue produciendo risa y
fastidio. Principalmente, porque en el mismo año 2005 gané para Colombia
la más alta calificación, 199 sobre 200, en la historia del examen
internacional para la excelencia académica Praxis II, del gobierno de
los EE.UU. y administrado académicamente por
la Universidad
de Princeton, la mismísima donde enseñaba Einstein, pero el “Inglés del
Icfes” como que es distinto. Y siento el imperativo moral de esclarecer
en algo la verdad sobre algo tan visceral para el futuro nuestro como lo
es la educación, la sospecha de perfidia en el diseño de esta prueba y
la defensa de muchos docentes que hoy han quedado señalados de no ser
idóneos por esta “prueba”, siendo poseedores, la mayoría, del
conocimiento y la experiencia necesarios para ejercer, desde el amanecer
de todos los días de su vida, su sacrificado y hasta ingrato oficio.
Pero no tienen por qué dominar, obligatoriamente, la lógica
infinitesimal o el razonamiento abstracto matemático los lingüistas y
humanistas; ni tienen, a su vez, que ser peritos en el
pluscuamperfecto del subjuntivo inglés los docentes de física y
matemáticas; ni los geógrafos e historiadores tienen que hacer coincidir
el lomo frío de la hipotenusa alineada diagonalmente en oposición a los
catetos en un triángulo rectángulo… Todo parece indicar, entonces, que
esta “prueba” fue diseñada, según parece, para que "pasaran" los
ingenieros y profesores de matemáticas con sus cerebros “cuasiexactos”.
Y para que los docentes de todo lo que no era matemáticas quedaran a la
vera del camino en el inmoral tránsito histórico de la sociedad
colombiana, otra frustración más, y se pudiera hacer leña con ellos y
con su dignidad. Hace unos tres años, en el Auditorio de Cecar en
Sincelejo, Daniel Bogoya Maldonado, director del Icfes, decía en persona
que si él tuviera que escoger entre un “sabio” –léase “ingeniero”–
que no supiera nada de pedagogía y un pedagogo que no fuera un
“sabio” en su disciplina, escogería
siempre al “sabio”
–léase “ingeniero”–, porque le sería siempre más fácil, continuaba
Bogoya, “enseñarle” pedagogía y listo. Pero, lo que ignora la mayoría de
los colombianos es que Bogoya es básicamente un ingeniero químico y
magíster en la misma ingeniería, con un inglés “apenas regular” (como
reza textualmente su hoja de vida en la página web del Icfes), y que
parece liderara una paradójica “cruzada santa” contra la pedagogía,
porque sin haberla estudiado, como lo muestra su
hoja de vida, tiene años manejando la educación colombiana. ¡Un
antipedagogo! Ah, ingeniero Bogoya, se me olvidaba decirle que yo
también estudié Ingeniería Química (en
la U. del
Atlántico), que la abandoné por los idiomas y la literatura, y que quizá
por eso gané cómodo su examen de Idioma Extranjero: Inglés. ¡Por haber
estudiado Ingeniería!