Justo premio a una vida entregada al arte

Libia Díaz Carrascal: voz, música y danza

Por JOSÉ LUIS HEREYRA COLLANTE

Este reciente 30 de diciembre de 2005 Libia Díaz Carrascal, nuestra entrañable diva y admirable compañera del arte, ha recibido el máximo homenaje de afecto y de justicia a una vida entregada al canto, a la danza, a la coreografía y a la formación de las juventudes sucreñas. El doctor Darío Montoya Mejía, director general del Sena, desde aquella mañana de diciembre de 2003 en la que le entregué mi artículo sobre Libia acabado de publicar en El Meridiano de Sucre, había mostrado su profunda admiración por ella, por su trabajo, por lo que representa como símbolo cultural y humano de nuestra región, y había mostrado su profundo y genuino interés en que la entidad tan importante que dirige asegurara por partida doble la estabilidad laboral de Libia y su exclusividad académica para la institución. Por eso, este 30 de diciembre de 2005, Libia ha recibido el nombramiento de planta como Instructora de Artística  del Sena-Regional Córdoba, aunque tenemos la ilusión que, posteriormente, nos sea reasignada para el Sena-Regional Sucre.

Pero no todo ha sido color de rosa para lograr este significativo homenaje a una vida como la de ella, una vida entregada al arte y a la formación de juventudes. Los primeros condotieros –universales y generosos, justos y lúcidos– que enarbolaron su justa y noble causa fueron Esteban Orozco y Zoraida Gutiérrez, quienes en ese diciembre de 2003 le otorgaron el título Honoris Causa en Música del Conservatorio de Sincelejo, esa parcela de belleza y futuro que ellos tan brillantemente dirigen. Pero, para efectos legales de nombramiento nacional, el título otorgado no era suficiente. Y, entonces, empezó el vía crucis de tocar puertas a oídos sordos y arrogantes, es decir, a cierta institución universitaria de Sincelejo donde se le podía otorgar con creces a nuestra Libia un honoris causa en licenciatura en artística. Pero, sus crueles, miopes y seniles directivos, expertos sí en entregar títulos honoris causa cuando pueden recibir algo a cambio –por ejemplo, dividendos publicitarios o políticos– le cerraron la puerta en la cara a esta dama de la más alta jerarquía antropológica y cultural del pueblo sabanero con los viles argumentos de que “ellos no le encontraban méritos ni altura intelectual suficientes", palabras textuales del “vocero”. Se olvidaban que al ser cicateros culturales con Libia Díaz, lo eran también, de hecho y alevosamente, con ese pueblo sabanero que sí les abrió los brazos cuando llegaron de otras tierras cercanas, parece que con más voracidad por el vil metal que por un genuino deseo de servir. Pero, gracias a Dios la historia ha tenido un final feliz, ya que los méritos que no quisieron reconocerle los grandes intelectuales (?) de esa universidad de aquí los reconoció –¡y con creces!– el Ministerio de Educación Nacional, quien la llevó con honores a Bogotá a recibir su Tarjeta Profesional del Arte, y “¡se acabó quien te quería!”: Libia Díaz Carrascal, Profesional del Arte en Colombia, con título nacional otorgado por la más alta instancia educativa posible, el Ministerio de Educación Nacional. ¡Hermosa  la grandeza, generosidad y misericordia de Dios, frente a la pequeñez y mezquindad de los infieles!

 

 

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