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JUAN DAGER NIETO
Carátula: foto de Juan con Gertrudis yacente, plaza Santo Domingo, archivo de Sara Pau.
ENSAYANDO ARTÍCULOS Y ARTICULANDO ENSAYOS DESDE CARTAGENA DE….NEGRAS (1976-200)
A Juan Dager Nieto Lienzo de Cartagena A esa tu pintura de betunes y resinas. Para un pincel de amor con agua del océano Una acuarela azul turquesa en cada mano. Y la mirada fija en todas las retinas.
Fiel caminante de todas las esquinas El embeleso y frenesí de todo ser humano Y esa magia espiritual remontando lo lejano Frente al embrujo tropical de mujeres divinas
Y la voz del caracol y el tambor profeta Y al fondo del alma la color paleta Con aroma de mar y su bronca melodía
Continúa cercada de murallas y una garita Derramando agua con sabor de alma bendita Petrificada en leyenda de amor y de poesía. Juan Zapata Olivella. Mayo del año 2000.
§§§
Epígrafe: <Sabiéndolo todo, ignorándolo todo>. Anónimo
I Místico anacoreta, Anacreonte Vano, mezclado de Aristófanes. Intubado visionario, nefelibata Que tocas, ditirámbico, hojalata. II Inulto, y furruñoso, y dílico, andas por allí, vanamente dístico en imbele folía, y coruscante lágrima quevedesca echas constante. III En spleenesco país, para tu albo copetín; andas como un semivalvo buscándole pelea a un “paz y salvo”. IV Yo no te llevaré a la dulce Erín, do vienes shaw-anamente alacrín, portando el acerado de Arlequín. JUAN DAGER NIETO
Y al cabo, nada os debo; debéisme cuando he escrito. A mi trabajo acudo, con mi dinero pago el traje que me cubre y la mansión que habito, el pan que me alimenta y el lecho donde yago. “Retrato”, de Antonio Machado
A MANERA DE PRÓLOGO
No obstante haber yo recopilado y editado en mi primer libro, aparecido en el año de 1992, con el título de “Flores de Papel”, una serie de artículos periodísticos, he sentido con intensidad otra vez el deseo y la necesidad de dejar en una compilación, aún mayor, la totalidad o la casi totalidad de aquellos, pues alguno pudo extraviarse, en el transcurrir de los días, de mis trabajos publicados en la Prensa. Como en el ejercicio de la escritura los olivos se suman a los aceitunos pasé yo muy prontamente de escribir artículos a elaborar ensayos para publicar en revistas y en las páginas dominicales de los periódicos. De allí que haya yo pensado en denominar a este trabajo con el título de <“Ensayando artículos”>, con los cuales comencé, a <“articular ensayos”>, los cuales son de alguna mayor extensión y profundidad. Mis primeros articulos los publiqué en el ya extinto periódico “Diario de la Costa” por allá en 1976, y los hice con lo que llevaba en la “maleta”, quiero decir con los recuerdos de lecturas que había memorizado desde el Bachillerato y en mi asistencia de contrastación a cursos humanísticos en la Universidad de los Andes, en Bogotá. Esos primeros temas tan internalizados en mí siempre tuvieron más como problema el trabajo de escritura que el de ordenamiento conceptual para su elaboración. Aún recuerdo que iba yo a entrar en una mañana soleada a la “sala” de la ciudad que constituye el parque de Bolívar saliendo del soportal de la Gobernación cuando vi venir a Olegario Barbosa en sentido contrario, o sea del parque hacia el soportal del palacio de la Gobernación. Con amplia sonrisa y corbata de colores impresionistas, con cuyo uso mostraba este prematuramente fallecido político su amor por los colores y las artes, me dijo al verme, sin saber yo que él me identificaba, pues él era de otra generación anterior a la mía: “Es distinta”, dijo, añadiendo rápidamente, “tu nota de hoy en el diario es distinta a lo demás”. -Esa sensación de suponer que sólo a quienes trato saben quien soy ha resultado con los años ridícula en una ciudad tan chiquita como la nuestra, y aunque no acaba de extinguirse en mí del todo, no me displace porque es muy cómoda-. Me permite ser libre de muchas convenciones fútiles. Olegario nunca supo que conociendo yo que era sincera su sonrisa acompañante de su elogio amable y cariñoso me produjo una sensación tal de estímulo que apenas llegué a mi casa intenté otra nota…. hasta el día de hoy, miércoles 10 de mayo de 2006, en que me encuentro en el ordenador hilvanando este prólogo para esta la definitiva compilación de mi obra periodística. Si cabe llamarla de esa manera. El “Diario de la Costa” murió muerte consunta al poco tiempo de haberme allí iniciado como novel escritor de artículos periodísticos. Tendamos sobre el hecho un manto de piedad y de silencio…ante un cúmulo tal de estupideces que rodearon su desgreño y desaparición. Con lo anterior, quedé por el momento sin periódico. Entonces comencé el intentar escribir en el incumbente y renovado periódico El Universal, porque antes este era un periódico un poco obtuso o cerrado en sus planteamientos y que yo nunca leía en casa. Mi lectura de los mismos era constante pues mi padre no leía libros nunca sino prensa, y eran aquellos, diariamente, El Tiempo, El Espectador y el Diario de la Costa, que siempre me dejaba insatisfecho de su material periodístico, decadente y literariamente corrupto, sobre todo al compararlo con los dos primeros. Tuve siempre mucho gusto por la lectura de revistas, y Papá semanalmente me traía a la casa “Bohemia” y “Carteles”, las cuales leía yo con ansia pues el periodismo revisteril de Cuba de esa época era superior en toda la América Latina, exceptuando tal vez cosas impresas en el Cono Sur pero que no circulaban en nuestro medio. Aquí teníamos para aquellas calendas un anticuado “Cromos” bogotano de aquellos tiempos de carracuca, de gran formato y difícil de leer porque se plegaba doblándose por la mitad, el cual no obstante todo lo dicho leía en mis visitas a los centros donde se encuentran los “Fígaro”, “Fígaro”, “Fígaro”, personaje de la obra de Gioachino Antonio Rossini y que pseudonimaba al escritor Mariano José de Larra, y que me guarnecía yo de las casi siempre insulsas conversaciones de aquellos o bien de las a veces ampulosas y estrambóticas charlas de los citados detrás del silencio de la lectura de aquel, silencio que la mayoría de ellos respetaba, sólo interrumpiéndome para pedir aprobación o instrucciones sobre el corte deseado en el “cerquillo”. En “El Universal” presenté solicitud no muy formal y con mi hecho pensado para hacer unos artículos de “caza” de Gazapos, consciente de los riesgos de esa tarea que yo suavizaba haciendo la crítica con algo de humor, pero poco a poco caí en la cuenta de la limitación de ese plan de escritura para tratar los temas y las lecturas que me interesaban y que juzgaba que podrían ser interesantes para otros, y el Director Gonzalo Zúñiga Torres aprobó tácitamente mis subsiguientes artículos con su mera publicación. En ocasiones, nunca supe por qué me encontré con que no me publicaban mis notas en El Universal, entonces buscaba un paliativo enviando trabajos a revistas como <Mefisto>, de la ciudad de Pereira y Unicarta de Unicartagena, siempre un poco insatisfecho con la periodicidad de este tipo de revistas y a su escasa edición. También por llamado de mi buen amigo (f.) José María Martínez de Aparicio coordiné las páginas culturales de una publicación limitada que pretendió llenar el vacío dejado por la desaparición del “Diario de la Costa”, que respondía al título de “El Kalamary”, del cual conservo dichas páginas en número de algo más de 25. Allí recibí como gratitud el repelón de Carlos Tinoco porque un día mis estudiantes de la U. Jorge Tadeo Lozano fueron a pedir un ejemplar de la publicación en grupo. Había que lidiar con colaboradores peculiares como aquel que pretendía en largos escritos mensuales consignar los errores reales o supuestos de estilo del Nobel Gabriel García Márquez. Afortunadamente la publicación murió antes de que el lunático colaborador corrigiera todo el texto de “Cien años de soledad” aunque le quedaban las otras novelas al zoilo para sus dilatados ejercicios de antiguo profesor purista a ultranza de la materia de <Español>. Debo agradecer en El Espectador, Costa, el apoyo constante de quien era en esa época su Jefe de Corresponsalía aquí en Cartagena, don Antonio J. Olier, quien con Carlotica, su esposa, publicaban mis notas casi semanalmente, en ocasiones sugiriéndome él el tema de algún editorial que aparecía sin nombre. Quise ampliar mi radio de acción y con la ayuda de mi amigo el externadista Álvaro Burgos Palacio, que dirigía el Dominical de El País, de Cali, aparecieron algunos trabajos en aquel. De igual manera envié algunas cosas a El Heraldo de Barranquilla e incluso al difícil El Tiempo con éxito ocasional. Así, entre el silencio n (u) egatorio y la in-vidia (según don Marcelino Menéndez Pelayo el término significa “no ver”, el latino “in-videre” se traduce al español como “no ver”, se entiende las cosas que hacen los otros) seguí adelante en mi propósito hasta el punto de que ya me parecía natural que nadie me dijera nada sobre mis artículos. Sino, muy excepcionalmente, pero al respecto de eso me ocurrió lo que anotaba arriba con el supuesto anonimato personal: me sentía cómodo y sin compromisos escriturales con nadie. Escribí mucho durante los años 1976 al 2000, y luego me dediqué a tratar de escribir algunos libros; poco a poco la pasión por escribir artículos, las más de las veces, o mejor todas las veces, sin retribución alguna apagó la sed de escribirlos, por ser injusta contra quien hace el esfuerzo de escribir; y hasta la pasión de leerlos, debido a la falta de tiempo que deja el apasionamiento por el hecho de escribir libros, hasta el punto de que yo mismo leo hoy sólo excepcionalmente artículos escritos por otros escritores, y solo de manera muy escogida en la lectura de prensa (otra modernización en mi método de lectura actual) que hago por Internet, -igual cosa me sucedió antaño en la etapa de oralidad que tuve durante el largo desempeño como profesor pues al dejar de serlo me dediqué a cumplir con mi trascendente e imperioso deseo de escribir-, de distinta manera al enantes en que como lector yo leía hasta los papeles de la calle, los avisos clasificados e incluso los obituarios. He tratado de escribir en un estilo de cierta elevación, en la forma y en los temas; sin temas sórdidos ni palabras escatológicas pero sí muy afirmativo y valiente en cuanto a decir honestamente lo que me parece bien y lo que no. Las palabras llamadas “malas palabras” están asociadas a estados de ánimo muy particulares, y representan una cierta forma de agresión. De allí que estén ausentes aunque a veces he puesto algo de ají en mis trabajos. Me ha regido la idea de que todo puede ser dicho con propiedad. Mi intención conceptual ha sido la de persuadir, convencer, o tratar de hacerlo, eventualmente, a aquellos que me leyeren. Confiado ingenuamente en el poder de la palabra escrita. Menos inmediato aquel poder que el poder de la oralidad y por contera de más difícil comprobación. Siempre rogando a Peitho que hiciera descender sobre mí tan esquivo don. Aunque no supiera quienes mis lectores pudieran ser. Sólo después de dejar de escribir en los periódicos supe que algunos veían mis notas en él, o que al menos me leían o sabían que yo escribía en la prensa de una manera que denomino antinómica, es decir porque lo hacían frecuentemente en forma de seudorreproche o de reclamo, o bien me preguntaban que por qué ya veían mis escritos, casi siempre con una aparente lástima condescendiente; que por qué yo ya no escribía en los periódicos. ¿¡Tartufos o Yagos!? A lo que yo distraída e invariablemente siempre respondía: porque ahora escribo libros. Y no era mentira aquella respuesta aparentemente engreída. A algunos de estos artículos les he hecho algunas enmiendas, alargamientos y correcciones por considerarlos afeados por errores iniciales, o por cortos o insuficientes en el tratamiento del asunto. Últimamente con el manejo que he ido aprendiendo de Internet, la tecnología del escritor del futuro, estoy enviando a algunos portales entre ellos el llamado Café Berlín, de Jaime de la Gracia, quien me ha acogido con gran cariño publicando allí algunos libros virtuales míos y artículos y ensayos en la medida que se los he ido enviando en ese tipo de periodismo que me dijo Jaime se denomina <multum continuum>. EL AUTOR.
INICIO de la compilación: 28 DE DICIEMBRE DE 2005.
Rojos. Rojo incandescente. Rojo al rojo vivo. Rojo al blanco-gris-ceniza. Rojo bandera francesa. Rojo sensual. Rojo grito. Rojo llamarada. Rojo fuego. Rojo manzana. Rojo brasa avivada por la brisa. Rojo del Sol en su diaria sepultura en el mar. Rojo laca china. Rojo de ardientes labios de dulces besos. Rojo de ave aleteante. Rojo- casaca-de-soldado-que-sopla-el-sonoro-pífano-a-ritmo-de-la-marcha- en “Carmen”, de Bizet. Rojo libro de Mao Zedong. Rojo túnica púrpura de príncipe de Tiro. Rojo de Cristo marfileño. Rojo de horno de pan. Rojo- sangre-en-la arena. Rojo palpitante. Rojo centelleante. Rojo restallante. Rojo decorado de vitrina. Rojo zapatos de mujer. Rojo Revlon. Rojo rosa. Rojo clavel. Rojo anturio. Rojo Lenin. Rojo Caballero de Mongolia (Ulan Bator). Rojo herida. Rojo concha marina. Rojo vulva. Rojo amapola. Rojo Solferino. Rojo Soacha. Rojo anémona. Rojo vela de pentácora fenicia. Rojo corazón. Rojo augusto. Rojo “sangre-de-toro”. Rojo capa de toreo. Rojo celos de gitano. Rojo semilla de guaraná. Rojo Kola. Rojo arrebol. Rojo crepúsculo. Rojo zapote guatemalteco. Rojo ropa-de- indios-en-Sacsayhuamán-el-día-del-solsticio-del-Sol. Rojo Inti. Rojo borla-de-mascapacha- del Sapa-Inca. Rojo túnica de lama tibetano. Rojorubí. Rojogranate. Rojos, rojos, rojos. Rojo de mi corazón.
Delenda est Lidice Con el título en español “Siete hombres al amanecer” presenta el Teatro Cartagena en su cartelera de estos días la reconstrucción del hecho histórico de la aniquilación de Lídice. Como se recordará, el día 4 de junio de 1942, Reinhard Heydrich, gauleiter o “protector” del Tercer Reich en Bohemia y Moravia, murió a consecuencias de las graves heridas sufridas en un atentado. Del mismo, se sabe que como Vice-comandante de las SS supervisaba todas las fuerzas de seguridad del Reich, incluyendo la policía y la Gestapo o policía política y era uno de los jerarcas más poderosos del Nazismo. Joven aún y enérgico hasta el psicorigismo, Hitler diría de él que tenía el corazón de piedra. Suyo fue el plan de expansión del reich alemán hacia el Este que costaría treinta millones de desplazados hacia Alemania como fuerza de trabajo esclavo. El día veintisiete de mayo de 1942, agentes checos al servicio de la Gran Bretaña sorprendieron, después de un elaborado plan a Heydrich, quien viajaba en su automóvil hiriéndolo con una granada. Hitler se encolerizó ordenando la retaliación. Debían ser fusilados treinta mil checos. Frank, sucesor de Heydrich arguyó que con esa medida mermarían las fuerzas de trabajo que tanto necesitaba el Protectorado. Respondió Hitler, a su vez, diciendo que tomara diez mil rehenes checos. Con posterioridad cambiaría la disposición ordenando el fusilamiento de 100 intelectuales, de 3.188 que fueron arrestados se fusilarían 1.357 mientras que el resto moriría en los “?”. No satisfecho aún dispuso Hitler la directiva militar para dar la “lección definitiva de sumisión y humildad” al sufrido pueblo checoeslovaco, pidiendo la escogencia de una pequeña comunidad obrera para asolarla. Lídice era un pueblo fichado. Dos hombres de esta aldea habían desertado a Inglaterra y se habían enrolado en la R.A.F. sin lugar a dudas se habían lanzado en paracaídas y tras matar al Reichprotektor debían estar escondidos en la pobre villa. Eso suponían los alemanes y obraron en consecuencia. El 4 de junio, dos columnas de camiones con tropas entraron al pueblo saqueando y destrozándolo todo, al cabo de cinco días después volvieron las tropas, esta vez nocturnamente. Los hombres fueron fusilados allí mismo, las mujeres enviadas a campos de concentración, los siniestros stalags, los niños a sitios de “rehabilitación” y de germanización, muy pocos sobrevivirían a la guerra. Lídice, a su vez, fue bombardeada, quemada y dispersadas sus cenizas, sólo faltó que se sembrara sal en sus solares para cumplir totalmente la requisitoria de Catón contra Cartago. Los medios propagandísticos del cojitranco ministro de Propaganda del Reich (Reichpropaganderminister) doktor Joseph Goebels, hicieron del vergonzoso hecho materia de propaganda de la “pujanza” y “grandeza” de “su” Reich. El Mundo entero se consternó y en respuesta se crearon comisiones internacionales para impedir el olvido de Lídice, objetivo alemán. En Estados Unidos y Brasil localidades fueron rebautizadas con el nombre de la doliente población. El filme está bastante bien ajustado a la realidad histórica, como apreciarán los que tengan la oportunidad de presenciarlo. La base argumental se ciñe a la novela cuyo título en inglés es “Operación Daybreak”, del autor inglés Anthony Burgess. “Diario de la Costa”, 30 de diciembre de 1976.
Balzac o Prometeo redivivo
“Hablemos de Balzac, nos hará bien a todos”. Gerard de Nerval
Es para todos conocido, el hecho de que el ser humano es la expresión cualificada de su época histórica y medio ambiente social. Si lo anterior rige para todos nosotros en nuestros actos más nimios es también cierto que existen personajes que por su significación y trascendencia le dan aún mayor valor al aserto. Uno de esos seres es Honorato de Balzac. Nace, quien habría de ser el retratista literario de su época, en la convulsa Francia post-revolucionaria de 1799. Vástago de una familia de pequeños-burgueses dedicados al comercio, su origen significará cuando adulto la eplicación de su arribismo social. Después de una infancia desarrollada en gran parte lejos de su familia, decidió su padre enviarlo a Paris a dedicarse al estudio de las Leyes. De esa separación tan larga dirá después, quejándose, que su madre le dedicó muy poco tiempo. Esta dolorosa circunstancia marcará en parte el desarrollo de la capacidad afectiva del escritor, Maurois, en su hermoso libro que lleva el título que he dado a este artículo, nos da el detallado relato de las peripecias amatorias de Balzac, que comienzan con la madura y maternal Mme. de Berny hasta la odisea que constituyó su último amor, sostenido, sobre todo, epistolarmente, con la llamada por él (“L’Étrangère”), “La Extranjera”: Eveline Hanska, la condesa rusa que después de 20 años de amores consiente, al fin, en casarse con el ya famoso Honoré. Todos esos amores están dentro de la tendencia inequívocamente edípica, aunque sublimada, del gran “homme aux femmes”. Balzac en Paris dedica su tiempo a una pasantía de bufete para con posterioridad dedicarse a lo que sería su versión personal del trágico sino de Prometeo: escribir. Hizo sus primeras armas con la novela por entregas en los periódicos de la época, que a veces cifraban su circulación en el atractivo que suscitaba esta modalidad literaria, novedosa en ese tiempo. Esta premura para escribir resintiría la prosa de Balzac, hecho que motivaría la frase de Flaubert sobre que nunca había nadie escrito tan mal en francés como el autor de la Comedia Humana. Pero olvidó Flaubert que por otra parte este indiscriminado garrapatear de cuartillas haría de M. Balzac uno de los grandes minuciosos y extraordinarios totalizadores literarios de personajes, costumbres, vestuarios, usos, tenencia de la tierra, hábitos comerciales y judiciales. Fue tan prolífico su actuar como fabulador que antes de cerrar su ciclo vital habría de dar fin a su colosal intento de englobar en su Comedia Humana todo el discurrir de la vida. Esta consta de más de noventa novelas y trabajos literarios de variados géneros. Ahí aparecen en esa inmensa trabazón, aparentemente autónoma, los mismos personajes, que su aparición continuada dan a la obra un claro sentido unitario. Esa arquitectura de un mundo, fiel reflejo del real, es lo que hace de Honoré Balzac (el “de” que llevaba era muestra de su rastacuerismo, pues no tenía derecho a ello, como las familias que se ponen un guión entre apellidos para fingir nobleza) el reiterado y definitivo punto de referencia en la posterior novela burguesa décimonónica. “Diario de la Costa”, 12 de enero de 1977.
La Pintura: ¿Arte u Oficio? De manera didáctica se refería el sociólogo E. Durkheim a una capacidad trascendental, es decir, al elemento verdaderamente creativo. No basta, pues, manejar bien sólo la parte manual o fáctica sino imbuir en la realización un elemento que haga rebasar en la obra la mera copia de la realidad circundante. Por otra parte la presencia de la idea creativa en ausencia de la habilidad para concretarla es la negación del artista cultor de la pintura, arte plástico por excelencia. Las anteriores disquisiciones las hacíamos mentalmente al observar el medio en que desarrolla su obra el Pintor Jorge Valencia Rey, quien con su última serie de tamigrafías expuestas en Venezuela concretó otro triunfo en esta su nueva etapa creativa después de estar dedicado al aprendizaje de nuevas técnicas para su incesante búsqueda, al fin artista, de mejor expresar su particular visión del mundo. La tamigrafía, en su parte física es una aplicación creativa que se emparienta con el elaborado oficio de la estampación, invención francesa que en Lyon ha llegado a la cumbre de la perfección. No obstante ser una técnica de origen fabril ha llamado al artista Valencia la atención pues los adelantos técnicos y tecnológicos brindan nuevos senderos de exploración, cada época se expresa con los medios con que cuenta su cultura. De allí que el arte contemporáneo del movimiento impresionista con sus experimentos de luz y refracción de la misma, el cubismo con su reducción de los cuerpos a figuras geométricas y a la simplificación de líneas, el verdadero arte abstracto y futurista hayan sido desarrollados en países donde el proceso industrial o técnico da al observador sensible que es el creador artístico la posibilidad de imaginar un nuevo mundo de seres y cosas. Ejemplo, dentro de nuestro patio latinoamericano, lo representa Venezuela que con su floración tecnológica nacida al pie de la industria del petróleo, con sus torres, instalaciones de tamaño gigantesco, permitió que el arte venezolano hiciera su incursión inicialmente en América, en el Arte Abstracto. El Pintor Valencia trabaja una verdad objetiva acomodada a su creatividad, sus peces no son susceptibles de ser encontrados en el fondo del mar ni en acuarios pues son peces míticos, dotados de un poderoso dinamismo y movimiento que les concede el toque barroquista de la línea sumado al extraordinario efecto del color. Valencia crea una vez más la zoología fantástica pues su “Borgiario” (leáse Bestiario de Borges) puebla ya con sus fantásticas líneas y colores los tratados animalísticos, tanta es su fuerza descriptiva de seres irreales. Borges comentó al serle descritos los cuadros de Valencia, todos sabemos que no es vidente, que con haber sido pintados se liberó finalmente de los monstruos de su Soledad. “Diario de la Costa”. 20 de enero de 1977.
Ludwig o la Pasión de un Rey
“Yo soy Don Luis Segundo de Nihilia, y mis guardas vienen tras mí, y mis reitres, y mis pajes…” León de Greiff
Dejando intencionalmente de lado el tratamiento cinematográfico del tema, que dicho sea de paso fue afortunado, nos proponemos llamar la atención hacia la época sustrato histórico del filme. “Ludwig”, de Luchino Visconti, tiene como eje central el proceso de desintegración de la personalidad del monarca bávaro Luis II y su dolorosa incursión en la locura, sin duda alguna motivada por la hipersensibilidad del rey y su ansiosa búsqueda romántica de la perfección estética en el Arte.Gracias a esto fueron muchos los monumentos y los edificios con que exornó la capital de su Reino, Munich. Su Corte estuvo permanentemente poblada por artistas, entre ellos el adalid del movimiento romántico musical germano Richard Wagner. Visconti nos muestra, sin embargo, entretejido con la pasión morbosa del Rey un fondo histórico donde es manifiesta una vez más su inclinación por señalar el ocaso de un mundo y el aparecimiento de un orden social nuevo. Hemos creído ver, cambiando lo cambiable, un símil entre esta realización y su otro filme “El Gatopardo”, basado en la obra de Giuseppe Tommaso di Lampedusa, donde nos narra y plantea la decadencia de una clase social, la moribunda aristocracia y el surgimiento de una nueva clase, la burguesía, que buscaba implantar como lo hizo, un nuevo orden de cosas en la sociedad italiana de la época. Como se recordará Italia y Alemania fueron conglomerados que irrumpieron tardíamente como estados unitarios con poder centralizado bastante avanzada ya la segunda mitad del siglo XIX. El Rey había recibido la promesa de la independencia y autonomía política y financiera de su Estado si proponía ante los restantes Príncipes alemanes, como lo hizo, el nombre de Guillermo von Hohenzollern al Kaiserato. Interrogante, aún no resuelto, es el del verdadero motivo de la causa de la muerte del magnate, posterior a su interdicción moivada por su enajenación mental. Parece ser que uno de esos motivos lo constituía el hecho de que Ludwig representaba real y simbólicamente la independencia estatal de Baviera en relación a la reciente reunificación germana imperial definida por la exaltación del rey de Prusia llevada a cabo por la política imperialista del Canciller de Hierro, Otón v. Bismarck, después de la derrota infringida a los franceses en Sedán en 1870. El fenómeno anterior dio a Alemania la conjunción de fuerzas para su vieja aspiración al papel de potencia dominante en Centroeuropa. Sirvió igualmente para desarrollar un profundo sentimiento francofóbo como antítesis afirmativa de la reciente unidad alemana. Bástanos seguir el hilo de la historia para denotar como de trasmano Visconti hace un profundo ataque al sentimiento exageradamente nacionalista, cultural (la Kulturkampf) y político que desembocaría años más tarde en el desarrollo del Nazismo, explosivo cóctel sazonado por la desviada interpretación rosemberiana del “Übermensch” nietzscheano, cuya grandeza estaba cifrada en la superioridad moral y no militar. Visconti, una vez más, hace en esta una de sus últimas obras uso de su constante cinematográfica del repudio del fascismo en todas sus manifestaciones incluso para tratar una época en que el chauvinismo pangermano no había aún desembocado en el posterior Tercer Reich alemán. “Diario de la Costa”, 27 de enero de 1977.
Passolini: Apologista de la Perversión.
<Nadie se revuelca en su propio lodo> Nicolás Berdïaeff
Con la excusa histórica de analizar la efímera república de Saló, epígona de la decadencia del fascismo italiano, nos involucra Passolini en el infierno visual de su degradación moral, sexual y política. También hace el esfuerzo de darle a su enfoque una justificación literaria basándose en las obras del psicosexopatológico Marqués de Sade y la estructura episódica de la obra de Dante Alighieri. Decíamos anteriormente que eran simples pretextos para pasearnos visualmente y hacer de nosotros sorprendidos y estupefactos espectadores-víctimas y acompañantes-observadores de su consciente y deliberada perversión de orate sexopatológico. Passolini engaña al público desde variados puntos de vista: desde el histórico, donde nos hace aparecer la maldad del fascismo como una corrupción simple del sexo sin profundizar en sus verdaderos factores políticos y filosóficos, hay que ser muy simples para creer que el fascismo se fundó por y para la perversidad sexual, aquí es donde afirmamos la capacidad de daño que lleva la película además del desprecio, que muestra por todos los valores de la Humanidad, tíñase esta del clor político que se quiera. Passolini desprecia a la Humanidad que con unos patrones morales repudió su animalidad perversa. Nadie esta en contra del sexo ni de sus manifestaciones siempre y cuando no persiga la destrucción como fuente del placer. Dentro del cine a nadie espanta ver una escena de erotismo siempre y cuando tenga una lógica en la presentación cinematográfica del tema pero P.P.P. única y exclusivamente muestra el sexo corrompido como regodeo visual y exteriorizado de su profunda y dmente perversión. Desde el punto de vista cinematográfico es de anotar que es lastimoso que ese conocimiento no hubiera tenido mejor aplicación. Desde el ángulo estético ni siquiera diremos que la presentación brutal de sadismo, coprofagía, sodomía, no tienen ningún elemento que se pueda llamar estético ni contribuyen a usar el cine como medio de exaltación de la vida, de la cultura, del progreso, intelectual, moral y material de los individuos de la masa. Passolini murió a destiempo pero no en relación a un después sino a un antes. “Diario de la Costa”, 1977.
Algunas ideas sobre Historia La Historia no es como algunos sostienen reiterativa ni cíclica sino al contrario, es decir, cronológicamente progresiva y lineal. Durante muchos años y desde la Antigüedad clásica se ha venido sosteniendo lo anterior, pero nunca fue mejor expuesta esta teoría sobre la Historia como lo hizo el historiador inglés Carlyle en su obra “Los Héroes”, en la cual da prelación al individuo en el devenir social obviando la participación de las masas como motor del progreso de la Humanidad. Para Carlyle el desarrollo histórico lo hace el héroe individualizado, el Enviado, el predestinado, en fin, el Mesías, el prohombre. También Nietzsche concibio la historia y el acontecer político, social y cultural como un ciclo reiterativo llamando a su teoría “el Eterno Retorno”, es decir, el suceder histórico sería repetitivo y no aportaría ninguna experiencia nueva al estudio de la ciencia de Clío. No obstante lo anterior, existen hechos que acontecen con características exteriores semejantes aunque por haber ocurrido en épocas lejanas, han sido interpretados de manera distinta por parte de los historiadores y analistas de la sociedad humana. Uno de sos sucesos lo constituye el suicidio colectivo de Guyana en donde perecieron más de novecientas personas, adultos y niños, excitados por el furor mesiánico de uno de esos individuos que logran imponer sus desviadas ideas sobre la masa crédula y fanática. El otro suceso es el del suicidio colectivo en Masada, en donde como narra Flavio Josefo, el historiador judeorromano, un grupo de resistentes judíos soportó el sitio en un pequeño altiplano contra el superior número de las fuerzas atacantes romanas. El hecho del suicidio es igual, la gente prefirió la muerte antes que la derrota, pero el problema de fondo lo fue la superior idea del amor a la libertad y a la patria. En Numancia, España de la antigüedad, resistieron los numantinos el ataque romano hasta la muerte colectiva por suicidio. Como se ve de bulto, los hechos son aproximadamente semejantes pero han sido motivados por criterios distintos en épocas también distintas. Para terminar, queremos plantear otra semejanza histórica entre la Anábasis o “Retirada de los Diez Mil”, capitaneada por Jenofonte, quien la narró, y la epopeya de la llamada “Larga Marcha” dirigida por Mao Zedong en la campaña para la liberación de China. Pero esto da para otro comentario. “El Espectador”, 1977.
Mi cuarto a Espadas. Enormemente preocupante es el proyectado y casi que resuelto plan de utilizar los desocupados terrenos, antiguo asiento de uno de los tugurios más desoladores del mundo ni siquiera comparables con las culturas de latón y cartón de Caracas, Lima, Río de Janeiro. Todo se decidió en las cimas del Altiplano paramuno en donde también por el afán de encementar tierra para dotarla de horrorosas construcciones se ha detruído mucho de nuestro, sí, nuestro, patrimonio ambiental paisajístico. Todavía tiene el hombre de Occidente aferrado a su entorno la idea antropomórfica de que el mundo fue creado para su destrucción y uso errático. En el arte de otras culturas vemos como el artista motivado por principios de orden moral ha respetado a la Naturaleza porque se siente parte integrante de ella. Para probar lo anterior no hay sino que observar detenidamente grabados o pinturas a pincel de artistas japoneses y chinos. En una cualquiera de esas imágenes, muy repetidas en su temática, captamos el quid de la obra de arte oriental: el de que el hombre representado en ella, cuando aparece el ser humano, nunca tiene en la composición de la obra las características de titán superpuestas sobre el árbol, la piedra, el ave; tal como aparece desde antaño en la concepción artística, en diversos períodos de alienamiento histórico, de la Cultura de Occidente y especialmente del Renacimiento, el cual revaluó la figura humana tomando como base el elemento antropomórfico y despreció otra vez el cariño hacia la representación de la Naturaleza en sus variadas formas salvo contados pintores que hicieron honor a la excepción. Volviendo al tema central después de esta larga digresión, cambiando lo cambiable, podemos decir lo mismo del proyecto para el antiguo Chambacú. Se va a destruir un patrimonio que no es sólo de nuestros hijos nacidos en Cartagena, sino de todos los colombianos, por el afán de re-usar un terreno que la ciudad había ya rescatado de la ignominia a que conduce la miseria en que está sumido un amplio sector de nuestra colectividad.Para el hombre pobre, para quien no lo es tanto, es decir, para todos, será de gran utilidad si en vez de ese malhadado proyecto se llevare a cabo lo que han anotado los señores miembros de la Academia de Historia mediante una pública constancia en carta dirigida al señor Alcalde. Con el tiempo si esta política depredatoria contra Cartagena subsiste bajo el pretexto de construir, como una manía compulsiva, destruiremos todas las perspectivas visuales de los puntos más conspicuos y relajantes de la fatiga del trabajador cartagenero. Es de todos sabido que la colectividad se civiliza cuando se le da la posibilidad de pulir su ser estético, que todos tenemos, auncuando algunos elitistas se lo niegan a la masa; civilizar, es decir, educar para convivir en comunidad pujante , creciente, no es sólo encementar sino fundir estatuas, bruñir bronces, idear plazas para dar rienda suelta al ojo como lo supo bien el Buonarroti, sembrar árboles no sólo como placer identificatorio con la materia viva sino también por placer de tipo estético. Señores, préstenle oidos a las sugerencias de la Academia de Historia que como bien anotaba su Director no se trata sólo de salvar el patrimonio antiguo de la ciudad, ¡que vaya a saber si fuese argumento suficiente! ¡Sino además de preservar el impredictible patrimonio del Futuro! “Diario de la Costa”.Viernes, 11 de noviembre de 1977.
La Mujer en la Historia La Prehistoria y la Historia en su desarrollo nos muestran períodos alternados de mayor influencia del hombre o de la mujer, ora aquel o ésta han jugado papeles decisivos dentro del progreso de la colectividad humana. La mujer fue desde el Paleolítico un elemento sine qua non, pero su verdadera importancia se hizo más notable en el período de la transición de la Antigua Edad de Piedra a la revolución cultural y técnica que constituyó el Neolítico o elaboración más acabada de la piedra, tanto para fines utilitarios como estéticos. Es en el Neolítico, hace más o menos cuarenta y cinco o cincuenta mil años, por lo menos, cuando en África, Europa y la llamada “Media Luna Fértil”, constituída por una esquina del Mediterráneo abarcando el este europeo, la península de Anatolia, el cruce paralelo de los dos grandes ríos, el Tigris y el Eúfrates, en lo que conocemos como Mesopotamia; es decir, “país entre ríos”. En toda la multiplicidad de culturas florecientes al unísono se presentó el fenómeno del cambio de la mentalidad recolectora del hombre y se comenzó a practicar la agricultura por parte de la hembra. La mujer obligada por la preñez y el cuidado a las crías se veía necesariamente relegada por la marcha activa de la horda en su continuo rastreo de los animales que permitían la subsistencia. Fue ella, pues, la que imitando a la naturaleza concibió la idea de enterrar semillas y recolectar el fruto. De esa posición productiva por parte de la mujer fue como se produjo la institución del matriarcado. Es, pues, a la mujer a quien le corresponde la dirección no sólo doméstica sino discrecional del grupo homínideo. Así discurrieron no solo centenas sino milenios hasta cuando el hombre obligado al cambio de manera de vivir resuelve hacerse sedentario. Al dar este paso el varón desplaza a su compañera del cuidado de la agricultura quebrantando así la fuente de su poder. De esta sociedad prehistórica se pasa a la nueva organización en la aldea, posteriormente en la ciudad histórica plena. En Grecia la mujer logró adquirir algunos derechos pero no los de tipo político, campo vedado a su acción, sino derechos basados en el jusnaturalismo: derecho a la vida, a la conservación de la misma, a la locomoción dentro del perímetro de la ciudad, etc. Algunas mujeres intervinieron en la vida pública como compañeras de los grandes personajes, por ejemplo, Aspasia de Mileto, amante de Pericles. El Derecho Romano sojuzgaba también a la mujer sujetándola primero a la autoridad del padre, luego a la del marido y cuando viuda a la de su hijo mayor. La mujer en el medioevo compartía la suerte de su esposo o compañero, el “gleba adicti”, es decir, el sujeto a la propiedad territorial, suerte que no era otra cosa sino el padecimiento de las formas más claras de la explotación de su trabajo. Es, pues, ahora cuando, en la modernidad, la mujer ha reivindicado la plenitud y la totalidad de sus derechos basados no sólo en la moral colectiva sino en el derecho positivo. “Comentarios Libres”, El ESPECTADOR.
Grau guía a Von Humboldt El nombre del Barón Alexander von Humboldt es uno de esos que constituyen parte de la conciencia cultural colectiva de un pueblo siendo indiferente el hecho de que la gente conozca la profundidad de su obra naturalista y botánica o no. Nacido en Alemania habría de dedicarse en su edad adulta a la investigación mineralógica, pasión en que no cejaría ni al final de su nonagenaria existencia. Como consecuencia de esa afición efectuaría una serie de viajes de investigación por latitudes aún inexploradas en esa época, América suscitaba un gran atractivo para la intelligentsia alemana y europea en general. En la compañía de Amadeo Bonpland, notable botánico a quien conociera en París emprendió un viaje, patrocinado por el Gobierno español, que duraría entre 1799 y 1804, Venezuela, Colombia, (leáse Nueva Granada), Cuba y Ecuador fueron visitados entre otros países, producto de esa larga estada fue su obra sobre Fitogeografía, vale decir la ubicación climática y geográfica de la Flora americana. El Barón también desarrolló buena amistad con los estudiosos del tema locales como el acucioso e ilustrado José Celestino Mutis. Como es sabido de todos la llamada Expedición Botánica fue un intento totalizador de levantar un tratado de la flora neogranadina y americana en general. Como consecuencia de lo anterior se solicitó, por primera vez en el Virreinato, el trabajo artístico patrocinado específicamente por una dependencia del Estado que no otra cosa eran el poder y los medios económicos que Carlos III confirió al sabio hispano-colombiano. Hasta entonces el artista pintor era entre nosotros asimilado igual que el escultor, el tallista y otros en la misma categoría de trabajador “vil”, concepto que universalmente se aceptaba basado en el rechazo al trabajo manual. Lo anterior era herencia de la recién fenecida sociedad feudo-aristocrática.No obstante lo anterior en esta época el artista pintor comienza a tomar conciencia de su importancia desarrollando una nueva mentalidad autoafirmativa que dio paso a la actual reverencia que suscita a mucha gente el artista cuando este ha logrado el éxito, se les mira un poco como la sociedad griega de la Antigüedad clásica miraba a sus poetas y filósofos. En la Flora Mutisiana participaron famosos dibujantes tales como Francisco Javier Matís (1762-1816) llamado “Marrullas” por razones de fácil comprensión; Pablo Antonio García (1744-1814), Salvador Rizo Blanco (1762-1816) y el cartagenero Pablo Caballero quien colaboró unos pocos días, todos ellos excelentes dibujantes dotados además de un poderoso sentido de la observación que, al decir de Tolstoi, es la base del talento artístico y literario toda vez que el realizador adecúa su obra a la realidad objetiva circundante sea para captarla, para distorsionarla, para rehacerla y hasta en último extremo hacer de ella total abstracción. A propósito creemos que pocas personas saben de la elaboración paciente y continua que E. Grau viene haciendo desde hace años como etapa recordatoria de sus viajes por zonas de prestancia cultural y paisajística. Paralelamente a su dibujo de limpia ejecutoria Grau nos va relatando sus impresiones motivadas por la observación de tumbas, hipogeos, ídolos monolíticos, fuentes, plantas, etc. de las vernáculas culturas de Tierradentro y San Agustín. El lenguaje y la fraseología empleados nos traen a la memoria la lectura de la obra “Maravillas de la Naturaleza” de Fray Juan de Santa Gertrudis, uno de los primeros viajeros por esa región. Recordamos con nitidez el dibujo correspondiente a la planta que produce la quina, la cinchona. Igualmente el de un papagayo exultante de vitalidad y policromía cuya garra según se vea el dibujo es ya pata de ave ya mano humana. Ignoramos el desarrollo posterior de la obra pero lo que vimos es susceptible de admiración legítima. También la causa el hecho de ser un autor, a la usanza renacentista, polimórfico en sus aptitudes ya que raramente se aúnan sus dotes de pintor y dibujante con la de inmenso y avorazado lector, arqueólogo aficionado y entendido, coleccionista de obras de arte, viajero, y nos ha resultado con esta obra un experto calígrafo además de recreador de estilos literarios ya desuetos. A lo anterior suma Grau el rechazo a convertirse en un coleccionista atrapado por su engendro. En su casa los objetos de la mejor índole estética sirven de menaje común y corriente. Mutis, sin exagerar, de vivir hoy en día, posiblemente habría pedido al pintor que lo acompañara en una nueva Expedición y Humboldt habría gozado de un contertulio de cultura integral. Grau es a la vez, en Colombia, raro ejemplar de artista profesional y esteta dilettanti, damos de antemano razón a quienes notan en las dos nociones algo imposible por aquello de la antítesis. “Diario de la Costa”, Uno de febrero de 1977.
Le Petit Prince “¿Que de dónde soy? Soy de mi infancia. Yo soy de mi infancia como de un país”. A. de Saint-Exupéry.
Con la más diciente de las dedicatorias, primero a León Werth, su amigo, quien sufría hambre y frío en Francia, y después a la infancia del mismo para no irritar a los niños con la deferencia a un adulto, da Antoine de Saint-Exupéry comienzo a una de las obras más plenas para deleite de los niños, sí, pero aún más para los mayores que entre las entretelas del corazón guardan todavía algo de la sinceridad y visión poética infantil del mundo. Esto que decimos no es simplemente idealismo, como obra decantada por la acción del tiempo y de las culturas que la han aceptado como libro de admiración la Biblia da como valor humano el conservar algo del espíritu no prevenido del niño: “Ay de aquellos que no guardan en su corazón algo de niño”. A quién se le hubiera ocurrido sino a un infante la afirmación que nos da Swift cuando el Rey desfilaba desnudo y todos los adultos daban por un hecho que el rey iba vestido, sólo el niño fue capaz de interrogar la verdad, está de más decir que el padre lo mandó guardar silencio. El libro que comentamos tiene mucho de autobiográfico pues el autor, hombre de acción aunaba a su carácter una poderosa fantasía; nacido en un medio alentador de la imaginación como lo fue su casa paterna, un hermoso Chateau campestre, dedicó sus días de escolar desaplicado a dibujar en las márgenes de los libros tal como lo hizo también ese otro niño de la cultura francesa: Henri de Toulouse-Lautrec. Igual que éste, fue aprendiz de latín, lenguaje mágico, tuvo la inquietud de traducir a los trece años “Comentarios a la guerra de las Galias” (De bello galico), de Julio Cesar, para aprender el mecanismo de las máquinas romanas de guerra; también subsisten unos versos sobre la aviación hechos a muy corta edad. Sería aquella su otra pasión además de la Literatura, y le costará la vida, Saint Ex, nombre abreviado que le daban sus compañeros de vuelo rogaba que lo dejaran volar pues al desencadenarse la II Guerra Mundial ya él había pasado la edad reglamentaria para volar como piloto. Como ya dijimos antes aunaba, a la condición de hombre de acción, talento literario y poético; se nos ocurre hallar alguna semejanza entre él y el recién fallecido André Malraux. Inició con un equipo de colaboradores las primeras líneas de correo postal que se establecieron entre Europa y América, primero, y después entre Europa y África. Resultado de esas experiencias nacieron casi escritas sobre el tablero de instrumentos de su modesto aeroplano obras que ocuparían los primeros puestos de librería desde su salida al mercado tales como: “Correo del Sur”, “Vuelo nocturno”, “Tierra de hombres”, entre otros títulos. Es indudable que el comienzo del “Principito” tiene también una base reminiscente como lo fue el accidente sufrido en el Desierto del Sájara (en árabe significa el “gran vacío” a doscientos kilómetros de El Cairo, de donde fue salvado gracias al paso casual de una caravana. El autor recoge igualmente la tradición fabulística de Esopo, La Rochefoucauld y La Fontaine dando a los animales, como la serpiente y el zorro de la obra, los mismos papeles antiguos de representantes de la perfidia y de la astucia. A nuestro juicio A. de Saint-Exupéry hace una innovación en el tratamiento del tema pues algo de fábula tiene pero anexo a la moderna versión del cuento. Aparecen personajes humanos representando nociones o símbolos tales como el Rey (en una fábula de tiempo completo habría sido el rol del león dominante y avasallador), el Militar (habría sido el tigre anonadador), el Geógrafo (que no Historiador, como nos lo muestra Stanley Donen en su versión cinematográfica), licencia a que recurrió, tal vez por ser más especulativa hoy la Historia que la ya sin misterios Geografía. A algunos puede parecerles que el filme de Donen sobre “El Principito” está por debajo de la concepción literaria, a nuestro juicio no es ese el camino a la aceptación o rechazo del mismo como tampoco a la desconsideración de la calidad de la primera; creemos que el lenguaje cinematográfico tiene su propio ritmo distinto a la sintaxis de cualquier idea, sea esta cual fuere. Debemos ver en las versiones filmadas más que una translación directa y fiel del libro una novedosa complementación del mismo, y porqué no, una obra independiente en ocasiones. Por algunas nociones de sicología sabemos que una de las fuentes más directas para conocer el mundo lo constituye el sentido de la visión; de allí la magia que suscita la imagen y el creciente prestigio del Cine como forma de interpretación de la realidad circundante. Como ejemplo de esto se nos viene a la memoria la película “La Guerra y la Paz”, donde Bondarchuk aglutina en pocos minutos la larguísima narración tolstoiana de la batalla de los rusos contra las tropas napoleónicas. En pocas secuencias sincréticas nos muestra la hasta cierto punto tediosa minuciosidad de la acción bélica en la novela del habitante de Yásnaia Poliana. “Diario de la Costa”,18 de febrero de 1977.
Notable escritor y aviador Traducido del francés por Juan Dager Nieto.
Hemos tomado de la obra escrita por Luc Estang “Saint-Exupéry par lui-même” el siguiente itinerario biográfico del notable aviador y escritor francés. 1900: 29 de junio. Nace en Lyon Antoine Marie Roger de Saint Exupéry, tercer hijo del conde Jean, inspector de seguros y de Marie de Fonscolombe. Por parte paterna tuvo ascendencia paterna limosina y provenzal por el lado materno. 1904. Muerte del padre. La familia, tres hijas, Marie Magdeleine, Simone, Gabrielle y dos hijos, François y Antoine, abandonan la mansión lionesa del número 1 de la Place de Bellecoeur. Las temporadas infantiles alternaron, sin embargo, entre dos castillos: Saint Maurice-de-Remens (Ain), propiedad de una tía, Mme. de Tricaud, y el de la Mole, provincia de Var, propiedad de la abuela materna. Sueños relativos a la pasión por la mecánica: un viaje en locomotora, viajes en avión, invención de una bicicleta-avión. 1909. Finalizando el verano se instala en Mans. El 7 de octubre como alumno externo en el colegio jesuíta de Notre Dame de Saint Croix. Alumno muy poco brillante tanto en trabajo como en disciplina, permanecerá allí hasta 1914. 1912. El aprendiz de latín traduce a Julio Cesar para conocer el funcionamiento de la maquinaria bélica romana de la época de las Conquistas de las Galias. Bautismo del aire en el aeródromo Amberieu con el piloto Védrines. El mismo día en homenaje al canónigo Margotta, su profesor de francés, escribe como primicia de la literatura aeronaútica un poema del cual subsisten tres versos: “Las alas trepidan bajo el soplo de la tarde/ el canto del motor mece el alma adormecida el sol nos tiñe con su color pálido”
PRIMERA LECCIÓN DE VIOLONCELLO
1914. Madame de Saint-Exupéry se enrola como enfermera en el Hospital Amberieu. En octubre, Antoine y su hermano François ingresan en el colegio de Montgré en Villebranche-sur-Saone. Pasan en el siguiente semestre al colegio de los maristas de Fribourg en Suiza. 1907. Regresó a Francia motivado por la salud de François que, enfermo de reumatismo cardíaco, morirá en julio. Graduación de Bachillerato. En octubre ya en París llega como interno a la Escuela Bossuet, después pasará al Liceo San Luis para prepararse para la Escuela Naval. Como estudiante es indisciplinado. 1909. En junio sufre un examen en la escuela naval, al final será admitido a pesar de una nota de 7 sobre 20 en francés. Inscripción en la Escuela de Bellas Artes, áreas de Arquitectura. 1921. 2 de abril: Servicio militar en el segundo regimiento de aviación de Estrasburgo. Adscrito a los talleres de reparación Saint-Exupéry ahorrará de su escasa asignación para pagar las primeras lecciones de pilotaje dadas por un monitor civil. Hace su primer vuelo prematuro solo en un avión escuela. Primer accidente sin gravedad. El 17 de junio es enviado a un breve viaje a Rabat, Marruecos. 1922. 10 de octubre. Recibe su autorización militar en Istres y asciende al grado de subteniente de la reserva. Finaliza su servicio con este grado en Bourget. Pasa al grupo de caza del 33 regimiento de aviación. Segundo accidente, fracturas en el cráneo. 1923. Por propuesta del General Bares puede ingresar Antoine al ejército áereo. La familia de su suegra se opone. Debe retirarse a una posición de burócrata en el barrio de Saint Honoré. Trata de meterse en el negocio de venta de automóviles. Marasmo, su sólo consuelo es desear volar pronto y seguido. 1926. Abril: Publicación en la revista de Adrianne Monnier “El navío de plata”, bajo el auspicio de Jean Prévot, de una novela: “El aviador”, primera versión de “Courrier du Sud”. En la primavera ingresa a la Compañía aérea francesa. 11 de octubre, bajo la recomendación del Abate Sudour, antiguo director de la Escuela Bossuet, entra en la Sociedad de Aviación Latécoere. Abandona inmediatamente el castillo de Agay, en el Var, donde reside su hermana, y parte para Tolosa. Allí, el director de la Sociedad, Didier Daurat, lo encarga de la recepción de los aparatos. 1927. Es primavera y Saint Exupéry, piloto de línea, satisface el vuelo Tolosa-Casablanca y Dakar-Casablanca, dentro del equipo de los pioneros: Vacher, Mermoz, Estienne, Guillaument y Lescrivain. Escribe “Courrier du Sud”. 1929. 19 de octubre: Buenos Aires, allí es nombrado director de explotación de la Compañía Aeropos Argentina. Reencuentro con sus antiguos camaradas: Mermoz, Reine, Guillaument. 1930. 7 de abril, es nombrado Caballero de la Legión de Honor en la categoría de la aeronáutica civil por su trabajo en Cap Juby. Del 22 al 30 de junio: accidente y salvamento de Guillaument atrapado por una corriente dentro de una tempestad de nieve en el decurso de su vigésimo-segundo viaje-travesía de la Cordillera de los Andes. Escribe su obra “Vol de nuit” (Vuelo nocturno) con un prefacio de André Gide, con esta obra recibe el Premio Fémine. 1932. Pilotaje de ensayo de hidroaviones con Latécoere. Tercer accidente que termina con un baño en la bahía de Saint Raphael. 1933. Escenario de la película “Anne Marie” que no llega a término. 1934. Ingresa como agregado de propaganda en la compañía, recién creada, Air France. Viajes para dictar conferencias en el territorio francés y en el extranjero. En julio viaja a Saigón. Elabora un libreto cinematográfico para la película “Correo du Sud” que Pierre Billon llevará a la escena, Saint-Exupéry asistirá a las tomas de las vistas en Marruecos y doblará al actor Pierre-Richard Wilm en las escenas de vuelo. 1935. En mayo va como reportero de Paris-Soir a Moscú. Para dictar conferencias bajo el patrocinio de Air-France hace un “tour por el Mediterráneo” a bordo de un Simún, acompañado del mecánico Prévot y el “manager” improvisado, J.M. Conty. El 29 de diciembre intenta realizar en un solo vuelo la ruta París-Saigón a bordo de un Simún, con miras a batir el record impuesto por Japy. Cuarto accidente: aterrizaje forzoso en el desierto a doscientos kilómetros del Cairo. Saint-Exupéry y Prévot son rescatados por una caravana después de cinco días de marcha. 1936. Concepción para un avión de reacción. Primera notas para su obra “Ciudadela”. 1937. El 7 de febrero se establece a bordo del Simún la comunicación directa entre Casablanca-Timbuctú con empalme hasta Dakar-Casablanca. En marzo regresa a París. En abril hace un reportaje sobre la guerra civil española en Carabanchel y Madrid para el periódico el “Intransigente”. En septiembre propone al Ministerio del Aire el intentar un vuelo directo sin escala entre Nueva York y Tierra del Fuego a bordo del “Simún”. 1938. En enero, después de la aceptación de parte del Ministerio del Aire se embarca para Nueva York. El 15 de febrero viajando desde Nueva York llega a Guatemala donde sufre un quinto accidente al decolar, muy grave, el avión quedó en añicos y Saint-Exupéry sufre una conmoción cerebral y fractura en el cráneo y miembros de las que nunca se repondría totalmente. El 28 de marzo pasa en Nueva York la convalescencia que le permite organizar su libro “Tierra de hombres”. De regreso a Francia en la primavera. En julio elabora el prefacio de la obra de Ana Lindbergh, “El viento se eleva”. 1939. Publica “Tierra de hombres”. Viaja a Alemania. Recibe el Gran Premio de Novela de la Academia Francesa por su obra “Tierra de hombres”. La obra apareció en Estados Unidos con el nombre de “Viento, arena y estrellas”, y escogida por el libro del mes devino un “best-seller”. El 7 de julio parte para Nueva York con Guillaument a bordo del hidroavión “Teniente de Navío Paris” en un intento de batir su record de travesía del Atlántico Norte. Duración de una semana en Paris y regreso a Nueva York precedido por el éxito de “Tierra de hombres”. El 26 de agosto regresa rápidamente a Francia ante el presentimiento de la guerra inminente.El 4 de septiembre es movilizado a Tolosa el ya capitán Saint Exupéry y fue adscrito a la enseñanza técnica. El 3 de noviembre esforzándose y en contra del consejo médico, que lo declaró inapto (porque esta trampa idiomática si debe ser “inepto”), logró formar parte del grupo 2/33 de reconocimiento. El 3 de noviembre acantonamiento en Orconte, entre Saint Dizier y Vitry-le-Francois, con el grupo 2/33. Invierno durante la “guerra estúpida”, la “drôle guerre”. Algunas misiones crecientemente peligrosas. 1940. El 10 de mayo se desata la ofensiva alemana. Repliegue de la escuadrilla Orly. El 22 de mayo se efectuó una misión de reconocimiento sobre Arras que inspirará “Piloto de guerra”. El 12 de junio: Citación a la orden del ejército del aire que implica la Cruz de Guerra con palmas. 17 de junio: el desastre. Todos los oficiales del grupo 2/33 son enviados a Algers. Saint- Exupéry se desmoviliza. El 5 de agosto desembarca en Marsella para instalarse en la casa de su hermana Mme. de Agay en el Var. Trabaja en la “Ciudadela”. En octubre hace un viaje a Vichy seguido de un viaje a Paris en compañía de Drieu La Rochelle. Reingreso a la zona libre, sueña con un viaje a los Estados Unidos. El 5 de noviembre sale para Portugal vía Marruecos. Llega a Lisboa el 16 de noviembre. En diciembre parte para Nueva York donde escribirá “Piloto de Guerra”. 1942. 20 de febrero. Publicación en los Estados Unidos de “Piloto de guerra” bajo el título “Vuelo a Arras” que sería cabeza de los “best sellers” durante seis meses. El libro apareció en Francia el mismo mes con solamente cuatro palabras censuradas: “Hitler es un idiota”. Fue internado en 1943 a órdenes de los ocupantes de Francia. 6 de noviembre: desembarco aliado en África del Norte. 29: por la radio de Nueva York Saint Exupery lanza un llamado para la unión de todos los franceses. 1943. Abril. “El principito”. 16 de mayo: a pesar del obstáculo reglamentario insalvable de sus cuarenta y cuatro años, Saint-Exupéry, gracias a la intervención del hijo de Roosevelt, alcanzó a reunirse en Oudja, Algeria, al mando de su grupo 2/33, bajo comando norteamericano. Le tocó hacer un nuevo aprendizaje para poder pilotar los aviones “Lightnings”. 14 de junio: primera misión de reconocimiento sobre Francia. 21 de julio: misión fotográfica del Valle del Ródano que finaliza en un aterrizaje defectuoso. El comandante americano decide ajustarse al reglamento que fija la edad activa. En agosto es enviado a la reserva, divide su tiempo entre las matemáticas y el manuscrito de la “Ciudadela”. Es adscrito a la escuadra de bombardeo radicada en Villacerdo (Cerdeña). Vuelos de entrenamiento le hacen concebir otra vez la esperanza de ser reintegrado al grupo 2/33. Promovido a Comandante Saint-Exupéry llega a su fin pero sólo obtiene autorización para efectuar cinco vuelos. 1944: Julio: la escuadrilla es transferida de Alghero a Bastia-Borgho, Córcega. Saint lleva ya realizados ocho, tres más de los cinco vuelos que le estaban autorizados. Insiste en que le confien más vuelos. Sus jefes tienden a desalentarlo. 31 de julio: última misión “arrancada” mediante ruego. Objetivo: la región Grenoble-Annecy, decola a las ocho y treinta, a las trece y treinta no ha regresado, aún sólo le resta una hora de gasolina, catorce y treinta: Saint-Exupéry no puede estar ya en el aire. Creemos comúnmente según el testimonio del pastor Hermann Korth que su avión fue abatido por un caza alemán en la costa de Córcega, al norte de Bastia. Pero el Coronel Gavoille, comandante a la sazón, cree que Korth confundió los datos y que su testimonio no es por eso decisivo. “Diario de la Costa”, Martes, 22 de febrero de 1977.
Quevedo versus Góngora Siempre nos ha merecido atención cómo el intento de definición de un estilo literario puede aparejar por parte de otros realizadores un enconado recelo que posteriormente hace explosión en la forma más franca: la invectiva, en su modalidad más soez y procaz nutre bastantes páginas de la literatura castellana. Lo anterior nos parece aún más curioso cuando nos encontramos en la lectura con algunos personajes conflictivos tales como Góngora, Quevedo y Lope. Aún viajando en el “trompo del tiempo” de Roldán, el personaje de las tiras cómicas, notamos como también hoy entre los escritores, pintores y otras aves de plumajes semejantes se encuentran hechos parecidos.Basta recordar la desafortunada declaración que hiciera hace cosa de algunos años el guatemalteco Miguel Ángel Asturias sobre el hecho de que “Cien Años de Soledad” no era sino plagio de la obra “A la Búsqueda del Absoluto” de Honorato de Balzac. En este caso, si acaso fue cierto, cosa que nos permitimos dudar, el plagiado resultó ganancioso por decir lo menos pues esa obra es, sin duda alguna, una de las más desangeladas del autor de la Comedia Humana, en honor a la verdad pésimamente traducida por Colcultura en años anteriores con el ánimo de aprovechar la controversia. Pero volvamos a la envidia y las quisicosas entre autores recordando el caso ocurrido a Cervantes, quien acusado por sus detractores de “viejo y manco” dio una de las más certeras respuestas a los arteros ataques en su prólogo a la Segunda Parte de su Ingenioso Hidalgo. Góngora suscitaba a su alrededor un malestar motivado por los desplantes originales de su obra que se oponía en cierta forma a la moda versificatoria y conceptual de la época. Tales polémicas tal vez no habrían trascendido hasta nosotros de no haber sido su contendor en una de ellas el polígrafo y satírico D, Francisco de Quevedo. A modo de paréntesis existe, o existía hasta hace poco, una tradición que atribuía a Quevedo, ignorando su grandeza de poeta, cuentos de una procacidad vargasllosiana, algo hay de ello en el canto de la cabuya conociendo la flor (del pantano) que le dedicó a Góngora:
“Cólico dizque tenéis pues por la boca purgáis; satírico dizque estáis, a todos nos dáis matraca; descubierto habéis la caca con las cacas que cantáis”.
A esto respondió el aludido burlándose de la afición pictórica de su atacante:
“Quien se pondrá contigo en quintas después que de pintar, Quevedo, tratas?/ Tú, escribiendo, ni atas, ni desatas, y así haces lo mismo cuando pintas”.
Lo que antecede lo escribió el gran cordobés sin soñar que algún día existiría un Palomo –Linares- que usaría sus plumas para pintar cuadros de a $11.000 dólares cada uno. Pero, volviendo al tema inicial, no sólo se insultaban tomando en cuenta problemas de estilo sino que caían en la falta de elegancia de hacerse ataques relacionados con defectos de orden físico y moral, dicho sea de paso, cualquier parecido con nuestra época es, como en los créditos del arte de las veinticuatro imágenes por segundo simple y pura coincidencia. No se libró aún del ataque el supuesto origen de Góngora de alguna estirpe judaica: “Yo te untaré mis versos con tocino…” Venenosa alusión a la prohibición mosaica del consumo de carne del denominado en esa época “animal de la vista baja”, eufemismo usado por los “cristianos viejos” para denominar al sápido puerco. A propósito, la voz “marrano”, con que se llamaba a los judíos sefardíes en la España del siglo XVI significa “extranjero” y no otra cosa como podría creerse. Es curioso como en el norte europeo protestante la ruptura con ciertas tradiciones sostenidas por la creencia popular cristiana como la del rechazo al cerdo como fuente alimentaria fueron exaltadas en sentido contrario: Brueghel nos muestra en uno de sus cuadros la alegoría de la felicidad utópica, un lechoncito que corre por la campiña tranquilamente con un cuchillo inserto en un cuadril. Y la poesía, dando como culmen de la dicha la consumición de pernil, miel y vino. Ha pasado inclusive a canciones norteamericanas como la famosa “John Henry”, símbolo de la comodidad producto del trabajo. Todas estas tradiciones son de procedencia noreuropeas traídas por los inmigrantes constructores del gran país. “Diario de la Costa”, Sin fecha.
J.J.Rousseau En los períodos críticos la Humanidad produce un cierto tipo de persona, reflejo de las condiciones sociales, políticas y económicas, que habrán de incidir de manera directa en los acontecimientos colectivos. Ejemplo típico de lo anterior lo constituye Juan Jacobo Rousseau, ciudadano ginebrino de origen francés. Fue Francia, su patria adoptiva, el escenario de su largo peregrinar físico e intelectual. Rousseau mismo nos cuenta su vagabundeo por la campiña francesa y su intenso amor por la naturaleza, sus bosques y aguas. Esa fue su escuela, su aprendizaje, hasta el punto de que todavía a los treinta y cinco años aún no se había manifestado en él su dedicación intelectual y didáctica. Fue un día veraniego de 1949 cuando, cuenta él en sus “Confesiones” yendo a ver al enciclopedista y amigo suyo Diderot llevaba consigo el “Mercure de France”, anunciando que la academia de Dijon, para el premio correspondiente al año próximo, había elegido como tema de los ensayos de sus concurso esta pregunta: “¿Ha ayudado el programa de las ciencias y de las artes a corromper o a purificar la moral? La impresión que ese anuncio le causó fue tal que al llegar a Vicennes, su agitación rayaba en delirio. Diderot, que dio cuenta clara de las causas, le estimuló a que formulara sus ideas e interviniera en el concurso. Rousseau nos confiesa: “Desde el momento en que así lo hice quedé arruinado”. Manteniendo el punto de vista paradojal de que las artes y las ciencias engendran la corrupción moral Rousseau se hizo acreedor al primer premio. Es la primera vez que se le ocurrió poner sus ideas por escrito, desde ese preciso momento estuvo ganado para la causa de la cultura y la sociología del arte y las letras. De inmediato se vio envuelto en una controversia que atrajo sobre él la atención popular. Con el curso de los años se desarrollaron sus ideas políticas, culminando en 1972 las obras de este género debidas a su pluma con el famoso “Contrato Social”. La tesis sustentada en la obra anterior es la de que aparece la sociedad primigenia en donde se hace un aporte de las voluntades individuales a una voluntad común que será la vocera de la colectividad. La teoría, pues, de la soberanía popular halla su verdadera existencia en la tesis anterior expuesta por Rousseau. Debemos considerar también a Jean Jacques como el moderno fundador tanto de la sicología como de la etnología al decir de Claude Levi-Strauss. El famoso ginebrino escribió además el “Emilio o la Educación”, obra de grandes repercusiones inclusive en la cultura y el pensamiento revolucionario independentista de las colonias americanas respecto a España. Se dice inclusive que fue obra apreciada por Simón Rodríguez, maestro y mentor del Libertador. Y que este la leyó. Rousseau y su obra fueron puntal del proceso de la Revolución Francesa de 1789 y sus ideas fueron base de la teoría del poder y de la soberanía popular. Su Romanticismo y su obra es un movimiento de tipo anárquico contrapuesto al de los románticos alemanes que plantean el cambio dentro del orden social. El amor a la Naturaleza es amor de los exponentes de este Romanticismo que propugnaba la vuelta a ella tal vez como expresión del deseo de escapar a una sociedad que ya comenzaba a escindirse entre el campo y la ciudad, posiblemente promovido por el desarrollo de la sociedad capitalista industrial. “Comentarios Libres”, EL ESPECTADOR, 10 de marzo de 1979. Conferencias en la Tadeo Lozano El miércoles y jueves de la pasada semana, 14 y 15 de marzo, se desarrolló en la Universidad un ciclo de conferencias dictado por un eminente lingüista español radicado en la Universidad de Bremen, Alemania, José María Navarro de Adriansens. La primera conferencia se efectuó con la modalidad de mesa redonda donde estuvo presente todo el plantel de tiempo completo de la Universidad. La exposición trató sobre el motivo del viaje por toda Latinoamérica del distinguido conferencista; la elaboración de un Diccionario que compile el lenguaje colegial de alumnos entre 12 y 15 años, naturalmente de habla castellana. Una de las razones expuestas fue la de que en Europa y especialmente en Alemania existe mucho interés por la literatura latinoamericana actual, García Márquez, Sábato, Vargas Llosa, etc. El diccionario, pues, ayudaría a los lectores y traductores alemanes para leer y verter esa literatura en alemán para el vasto número de lectores. Correspondió a la profesora Sonia Burgos Cantor la invitación del profesor ya citado para que le ayudara en la zona correspondiente a Cartagena y su zona cultural. Investigación que comenzará muy pronto. La segunda conferencia versó sobre la novela picaresca española, propiamente un análisis estructural de la gran pequeña novela “El Lazarillo de Tormes”, de autor anónimo, como se sabe. El conferenciante hizo primero que todo una ubicación de la obra dentro de su contexto histórico-literario, que como se sabe correspondió a los siglos XVI y XVII en España. Otro de los puntos tratados hacía referencia al estado social de la nación ibera y su producto: el desempleo, la inactividad productora y el horror del hidalgo a toda forma de trabajo normal. El Festival de Cine que se realizaba en esos días permitió a don José María Navarro de Adriansens una analogía entre el lenguaje literario y el cinematográfico y teatral respecto a la creación intrínsecamente literaria. Sostuvo que la literatura de carácter subjetivista e intimista nunca podría representarse tan bien en el cine como sí se podría captar algo de esa esencia en el teatro. El autor también hizo referencia a la literatura actual de Latinoamérica, representada por la escuela del “realismo mágico” y de lo “real maravilloso”. Sobre el último tópico hizo un parangón, mutatis mutandis, con la gran novela picaresca española que nos viene ocupando en estas líneas. El “Lazarillo” narra las aventuras de un joven pícaro, un gamín de aquella época decadente, que se emplea primero como criado de un ciego, luego de un cura, y por último de un hidalgo orgulloso y paupérrimo. Los episodios o secuencias están aparentemente desunidos pero no hay tal, pues están imbricados de una manera coherente que demuestra lo opuesto a lo que se ha venido sosteniendo sobre esta obra, que fue una casualidad, no hay tal: el quehacer literario del libro indica un altísimo criterio tanto poético como prosístico. Los latinos decían ex nihil, nihilo, es decir, de la nada nada sale. “Comentarios Libres”, EL ESPECTADOR, 28 de marzo de 1979.
El Arte como Ética Hemos visitado la última exposición efectuada por la pintora Nora de Lennon que se exhibe en los salones del Banco Royal de Colombia, el que de manera decisiva ha resuelto vincularse en Cartagena a la promoción y mecenazgo del Arte, especialmente en el campo de las artes plásticas. Nohra tiene dentro de su realización como persona dedicada al arte variadas manifestaciones cual la de una larga práctica docente durante diez años que ha sido verdadero semillero de vocaciones entre la juventud cartagenera que persigue la elevación de la calidad de su ser estético. Esto del arte es tan importante que encuentra uno que las personas dedicadas a otros menesteres también se han preocupado de él. Tomemos si no la frase de Lenin quien opinaba que en el futuro la Estética sería una nueva noción de la Ética. Es decir, el amor a las manifestaciones artísticas haría un efecto didáctico en el ser humano dignificándolo. Pero volviendo a nuestro tema inicial nos encontramos con que el trabajo actual de Nohra está ubicado dentro de una corriente figurativa en la modalidad del retrato y del paisaje, propiamente del cartagenero, como es fácil observarlo al ver las marinas y algunos rincones de la muralla que colindan en Manga con el mar interior. Un retrato del Libertador capta con honestidad la “vera efigie” del héroe yendo un poco más lejos al esbozar también el interior psicológico del personaje. También dentro de esta temática naturalística la artista se ha interesado en el ya viejo oficio de la captación de las naturalezas muertas y bogedones, que en este caso están bastante bien logrados y con la requerida habilidad para que trascienda de la obra simplista de un aprendiz. 5 de Octubre de 1977. Inédita.
GÓNGORA Y NERUDA Cartagena. La historia de la literatura está llena de altibajos, equívocos y olvidos algunas veces certeros y apropiados, y otras inusitados e insólitos. Notado lo que edita tiene, al ver la luz, un valor permanente y es algunas veces más efímero que una crisálida. Sin embargo, se han cometido en el campo de las letras olvidos perjudiciales como el atinente a la obra del inmenso Góngora y Argote. Fue la “Generación del ‘27”, en España, la revaluadora y reivindicadora de la poesía del gran cordobés: Dámaso Alonso, Gerardo Diego, Pedro Salinas, Federico García Lorca y otros. Góngora y Argote fue el punto máximo de la poesía culterana y renacentista. Como tal fue inmenso el aporte cosmopolita y plurilingüístisco que inyectó a la lengua castellana dándole capacidad de asimilación de nuevos vocablos procedentes del griego, del latín, del italiano, del portugués. Góngora escribe su poesía, especialmente el Poema llamado comúnmente “Polifemo” y sus “Soledades” I y II, en un idioma que el gran poeta colombiano León de Greiff llamó aplicado a su propia obra como “de hiperbólico cuasimentir”. A los ojos de Góngora todo lo que lo rodea, las aves, animales marinos, los sitios y accidentes geográficos y el Hombre mismo, es exaltado y magnificado, fenómeno típicamente renacentista. Tuvo el poeta seguidores en su propio solar español, y hasta en América, entre otros, Salas Barbadillo, en el primer caso, y Hernando Domínguez Camargo en el segundo. De Góngora, en su época, se burlaron de su obra Quevedo y Lope pero la posteridad le ha reconocido su valor dentro de la gran poesía tanto castellana como universal. León de Greiff usó para uno de sus poemas un verso Gongorino como epígrafe: “vestido de necio y verde”, sacado de uno de sus romances, el numerado con la cifra 31, año 1590, que se encuentra en las “Obras Completas”, ed. Aguilar, Madrid, año 1961, donde lo he encontrado. Neruda también, al fin poeta, recibió la influencia de Góngora a través de su gran amistad, contada por él, con los poetas de la “Generación del “27”, durante su larga estación en España. Neruda es un cantor que se paseó por una gran diversidad temática: Poemas amorosos, poemas de intención política, poemas históricos y poemas sobre las cosas más elementales de la variedad del mundo, como sus bellísimas odas. Una de estas es la Oda al “Caldillo de Congrio” que dice:
“En el mar tormentoso de Chile vive el rosado congrio, gigante anguila de nevada carne”
Góngora sobre el mismo murénido canta:
“Mallas visten de cáñamo al lenguado, mientras, en su piel lúbrica fiado, el congrio, que viscosamen_ te liso, las telas burlar quiso, tejido en ellas se quedó burlado”.
“Diario de la Costa”, Lunes, 26/79.
“La Anábasis” y “La Larga Marcha” La epopeya se creía ya olvidada desde la antigüedad clásica. Todos, inclusive quienes no las han leído, sabemos que entre los griegos se facturaron dos de las más conocidas exponentes del género épico: la “Ilíada” y la “Odisea”. No obstante lo anterior sabemos que la epopeya es aún más antigua que los clásicos griegos remontándonos hasta la Indias sánscrita con el Ramayana y el Mahabharata. Después veríamos aparecer el género en España con el Cantar del Mío Cid, en Francia con los Paladines y la Chanson de geste, Rolando, etc. Las anteriores epopeyas a pesar de la leyenda realmente tienen en sus orígenes, hechos ciertos: la “Ilíada”, la lucha por la hegemonía griega o troyana, la “Odisea”, el largo viaje de Ulises y sus compañeros en el regreso a Ítaca, el “Ramayana”, la leyenda y hechos del príncipe Rama, etc. Existió otro hecho, este sí, totalmente cierto y fechable históricamente: la “Anábasis” o la “Retirada de los Diez Mil”. Como es de común conocimiento en la Historia a los repetidos ataques persas contra la Democracia griega sucedió la campaña contra los Medos hasta el corazón de su Imperio. Fue Alejandro Magno, el conquistador y unificador de todas las ciudades griegas, quien acaudillaría la invasión. Después de una serie de triunfos seguidos fallece prematuramente el hegemón o rey macedonio desmembrándose su Imperio entre sus generales. La “Anábasis” o “Retirada de los Diez Mil” es el relato de la epopeya que significó el regreso angustiante de parte del ejército griego, dirigido por Xenofonte, quien describiría la acción. Perseguidos, y en país inhóspite, el general llevó a su tropa al mar, indicio de la salvación y el anhelado regreso a la patria. El grito de la tropa ante la salvadora ruta marina fue: ¡El mar, el mar! (¡Thalassa!, ¡thalassa!). Modernamente también pueden existir las epopeyas y de hecho hay algunas, inclusive con sus cantores a la antigua usanza. Una lo es “La Larga Marcha” (1934-1935), un recorrido de 13.000 kilómetros efectuado por las zonas más impracticables del territorio chino por el Ejército Rojo comandado por Mao Zedong. La “Larga Marcha” representó la salvación para el 4º Ejército en ruta y el posterior fortalecimiento, lejos del ejército de Chiang-Kai-Chek, señor de la guerra. Millares de hombres fallecieron en las agotadoras jornadas por montañas, ríos, pantanos, hasta llegar a Shensi. Seguirían hostigando al Kuo-min-tang hasta la concertación de la tregua para formar frente contra el enemigo común de la patria, el ejército nipón. “Comentarios Libres”, EL ESPECTADOR, Viernes, 16 de febrero de 1979.
Góngora y su discípulo colombiano Dentro de la Historia de la Literatura Colombiana en el siglo XVII ocupa lugar destacado el doctor Hernando Domínguez Camargo, el Góngora neo-granadino, (Entre paréntesis en las dos últimas frases ha resultado la figura -o tropo- literaria denominada aliteración, regodeo de los Culteranos). En las letras españolas se planteaba dialécticamente el enfrentamiento entre las dos grandes corrientes: el Conceptismo y el Culteranismo. El énfasis del primero iba determinado por el precepto de hacer de la poesía el modo propicio de comunicar ideas, es obvio que en ningún momento se pretendía revolucionar la métrica. De otro lado, el segundo movimiento literario, el Culteranismo, insistía en la idea de que la poesía no debía optar a otra cosa más que, a través de la palabra y su musicalidad, a la Belleza en sí misma, al lirismo. La importancia de los dos estilos, que incluían a los poetas de entonces en su totalidad se decantó figurando los movimientos en dos grandes caracteres de la época: Quevedo y Góngora. Eran estos, pues, en su época los modelos a imitar. Es así como en tierras americanas, en esa época insertas en una ética de la vida típicamente española, aparece Domínguez Camargo, nacido en Santa Fe de Bogotá en el año de 1606. Con Sor Juana Inés de la Cruz, mexicana, constituye la más afortunada expresión de la poesía en general y particularmente del movimiento acaudillado tan vehementemente por Don Luis. El Gongorismo es la rebelión, es el grito que convoca a quienes rechazan la ética represora de los instintos, de la sensualidad en la cultura. Ha dicho alguien que el trópico es naturalmente barroco y tal vez sea cierto esto al recordar a Lezama Lima y a Carpentier haciendo barroquismo de la mejor ley en sus prosas abigarradas. Pero volviendo a Domínguez Camargo refirámonos a su obra más elaborada, San Ignacio de Loyola, Poema Heroico, aparecida en Madrid en 1666. La obra toma como inspiración la vida del fundador de la Compañía de Jesús desde su nacimiento hasta la Constitución de la Orden. Aunque inconclusa, consta de 5 libros (24 cantos) (1.200 octavas reales), lo que la hace muy extensa. No obstante el título de la obra, no es simplemente la biografía de Ignacio de Loyola sino que las digresiones son abundantísimas de igual manera al tratamiento literario que Góngora da a su “Fábula de Polifemo y Galatea”.Referencias abundantes al paisaje (bucolismo), a la edad feliz y temprana del Hombre, a las especies, a los animales, a las flores, a las piedras preciosas, y obligadamente a los seres mitológicos, especialmente a los del mito griego y romano, cantera inagotable de los culteranos. Las alusiones al entorno de la naturaleza colombiana son muy breves. Domínguez Camargo tiene preferencia por temas como las aves: el Águila, el Halcón, el Gallo. Su preciosismo en la metáfora apela igual que en Góngora a las gemas y objetos preciosos: el Diamante, la Perla, el Zafiro, el Rubí, etc. El cromatismo barroquista en la poesía es una premonición del uso del color exultante y afirmativo en la paleta del Fauvismo y del Movimiento Nabi en la Pintura: Purpúreo, Cárdeno, Encarnado, Carmesí, etc. Discípulo aventajado, al punto de crear imitando, Domínguez Camargo utilizó la métrica de la Octava real, en las estrofas siguientes damos una muestra de la imitación creadora: Estrofa X de la “Fábula de Polifemo y Galatea” de Góngora, su maestro:
Cercado es, cuanto más capaz, más lleno, de la fruta, el zurrón, casi abortada, que el tardo otoño deja al blando seno de la piadosa yerba encomendada: la serva a quien le da rugas el heno; la pera, de quien fue cuna dorada la rubia paja y –pálida tutora- la niega avara y pródiga la dora.
A continuación, la Octava real nº 119 del “Poema Heroico”, de Domínguez Camargo:
El pesado melón, a quien enjuga sangre de néctar ya, paja dorada; la pasa complicada en mucha ruga, cadáver de la uva preservada; y abierta, la real dulce pechuga, pelícano de frutas, la granada, que de mudas abejas carmesíes colmena fue suave de rubíes.
“El Kalamary”, junio 13 al 19 de 1985.
La nota “El principito” que fue publicada antes, ver arriba, en el extinto “Diario de la Costa” también salió en “El Kalamary”, Nuevo Diario de la Costa, con el mismo título de “Le petit prince”, el sábado 22 de junio de 1985.
Los Impresionistas El academismo (canonización del arte) llevó la pintura a un estereotipo a mediados del siglo XIX. Es en Francia (especialmente en Paris) en donde no tarda en surgir una sana reacción artística contra esta escolarización. Si bien se ha considerado que la pintura europea en general tiene varios ejemplos antecesores del Modernismo (El Greco de Toledo, Velásquez, Goya, etc.) es el punto de partida de éste la reacción de pintores como Dante Gabriel Rosetti y Turner, quienes con una evocación del estilo bizantino del arte y la admiración por el paisaje como motivo pictórico asestan los primeros golpes contra la pintura histórica encomiástica. El asomo francés al Colonialismo (Algeria y Lejano Oriente, además de la aventura mejicana de Napoleón III) abrió la curiosidad francesa al exotismo. Allí están Delacroix y Géricault respondiendo con una paleta cromáticamente rica a esa impresión. Sus valores de pintura al aire libre, donde aparecen grupos numerosos de personas tienen mucho que ver con el posterior movimiento impresionista. El Impresionismo, pues, respondió a una nueva concepción del espacio pictórico, del tratamiento de la perspectiva y del uso de colores como el azul, el rojo y el amarillo. “El Kalamary”, Nuevo Diario de la Costa, junio 28 a 3 julio de 1985.
DIEGO RIVERA La Revolución Mexicana (ellos la llaman así, con “x”) tuvo como vocero pictórico a un grupo de pintores, a quienes se les identifica con el término de muralistas mexicanos. Son ellos Rivera, Orozco y Siqueiros, cuyas obras suscitaron admiración universal y ejercieron una decisiva influencia en la Pintura de principios del siglo XX. Es una pintura eminentemente realista, cuyo afán es el de que el pueblo captase su mensaje político. El México revolucionario cubrió los muros de los edificios públicos. Hacer otro tipo de pintura habría sido simplemente alejarse de las masas. Por ejemplo, haberse expresado al estilo cubista o abstraccionista habría interpuesto entre el artista y el campesino o el obrero una barrera. Rivera nació en Guanajuato en 1886 y murió en Ciudad de Mexico en 1957. Lo Azteca y lo Maya le inspiraron notablemente, lo mismo que otras culturas tales como la Huasteca, la Mixteca y la Zapoteca. Su dibujo es impecable. Con Ingrès y el propio Picasso se equipara su economía de líneas en el mismo. No obstante las dimensiones de sus murales, inmensas, nunca pierde la armonía entre el detalle de las multitudes y el conjunto de la obra. Mezcla en su intención lo dramático y la sátira. Todos los defectos de una sociedad corrupta y vulgar aparecen en su obra y allí (los) se somete(n) al escarnio. Si bien la violencia de la Revolución hace que la pintura de Rivera también lo sea da cabida en ella a la ternura, cuando defiende al débil y al explotado. La condición humana de Diego Rivera fue inmensa y todo lo comprendió y lo toleró. Él, como Orozco y Sequeiros en México y Pedro Nel Gómez en Colombia dieron actualidad y pervivencia al arte mural en desuso desde el Renacimiento exceptuando a algunos artistas como Claude Monet, (añado, ahora que compilo con sus “Nenúfares”). “El Kalamary”, 11 de julio a 18 de julio de 1985.
CUZCO El avión parte de Lima y en una escasa hora contemplaremos la Ciudad sagrada del Incario, Cuzco. Un Vallecito andino a más de tres mil seiscientos o setecientos u ochocientos, no sé, sobre el nivel del mar. Un sol esplendente y el azul lavado del cielo contribuyen a resaltar el verde intenso de la vegetación. La ciudad pequeña, a escala humana, fácilmente recorrible y aún memorizable para el turista pasajero-viajero eterno. Poco a poco, la ciudad se entrega con sus tesoros: el trazado pintoresco de sus calles escaleradas en el Cuzco Superior o Hatún Cuzco, la Calle de Loreto, angosta, al fin recorrible por mí, que la había visto en la lámina del libro de Historia de Astolfi en el lejano Bachillerato 22 años atrás, con el sillar de los “doce ángulos”, definido en uno de los altísimos muros incaicos, continuados por superpuestas edificaciones españolas. Aquí, la casa de Garcilaso, Inca; allá, la casa-palacio del Almirante Aldrete de Maldonado, con su entrada defensiva oblicua empedrada de chinas blancas y negras y su ventana esquinera partida por morisco ajimez, hoy Museo de Arte Religioso Cuzqueño y Etnológico. La Iglesia de Santa Clara, tapizada de espejos para alegría de los indígenas. En una cafetería dos hindúes altas y fornidas envueltas en tonos blancos y rosa y gris nos sugieren, mansas como Ifigenias, yogurt, preparado por ellas mismas. Las veo alejarse envueltas en un halo de serenidad, con su andar pausado. Cuzco, Coshco, pecho de las cuatro partes del Mundo. “El Kalamary”, 18 de julio a 24 de julio de 1985.
Se repite aquí que la nota publicada arriba en el “Diario de la Costa”, con el título de “Balzac o Prometeo redivivo”, apareció también en “El Kalamary”, en la publicación semanal del 24 de julio al 31 de julio de 1985.
¿Es la crítica una manera de crear? Mucho se ha escrito al respecto con las más disímiles opiniones. Hay quienes dan al crítico su carácter de develador del enigma que es en sí el acto creador ya sea artístico o literario. No obstante, otros aún mantienen la opinión de que la función del mismo es parasitaria y de que aquel se alimenta de las migajas como la tan mencionada rémora. Esta idea inadecuada es un remanente de la corriente platónica inspirada en la ciencia infusa que conturba el alma del artista y lo impulsa a la creación como un hecho aislado de su propia circunstancia. El Romanticismo, con su énfasis en la emocionalidad recogió de manera trasnochada la noción de que la crítica es una función paralela y no un acto creativo en sí mismo al magnificar la idea de lo Genial. En la actualidad se da por sentado que la calidad en la creación es fruto de una buena formación, buena información y una reiterada capacidad de trabajo. Para terminar, el artista o cualquier otro creador en el proceso de creación es o debe ser un crítico de su propia obra en aras de la calidad de la misma. “El Kalamary”, semana del 8 al 14 de agosto de 1985.
Las notas que fueron arriba publicadas, también aparecieron en “El Kalamary”, Diario Nuevo de la Costa, con los mismos títulos, a saber: “Quevedo vs. Góngora” y “J.J.Rousseau”. La primera con fecha de 5 al 12 de septiembre de 1985, y la segunda de 31 de octubre a 7 de noviembre de 1985.
Fábula y seducción de la Alegría El arte de fabular es tan viejo como la condición humana. Me refiero al momento perdido en la noche de los tiempos en que el hombre rebasó la circunstancia animal y accedió al pensamiento. Desde ese lejano entonces comenzó a “contar” con la finalidad de dominar las cosas poniéndolas a su servicio mediante el hecho de compartirlas con sus iguales para transmitir a los más jóvenes los rudimentos de lo ya aprendido. Conocemos textos muy tempranos en la historia, un ejemplo de ello el “Gilgamesh”, la epopeya sumeria, contentiva de la ontología de la más antigua civilización. Entre egipcios el planteamiento del enigma sicológico en Sinué aún nos cautiva con sus reconditeces. Mika Waltari creó una de las grandes novelas de este siglo en derredor del tema básico. El modo de “contar” ha asumido muchas formas genéricas. El poema Ilíada, por ejemplo, no obstante su enrevesada trama y caótica enumeración de personajes es una de las grandes referencias literarias de todos los tiempos. La mencionada obra no sólo hay que leerla con árbol genealógico sino con una enciclopedia mitológica bien nutrida a mano. En segundo orden citaríamos la fábula, expresiva de comunidades sencillas, aún campechanas, donde la ejemplificación asume la modalidad de la prosopopeya, palabreja tan castigada. Aunque se ha discutido largamente la inexistencia de la novela en la antigüedad clásica la obra de Longo hace ya el pródomo hacia el mentado género. El hecho de no ahondar en la constitución íntima de los personajes es el defecto que la rebaja a los ojos de los críticos, lo mismo que su regodeo sobre el entorno espacial al uso de la contemplación romántica de la naturaleza a la manera decimonónica. Los cuentos milesios son los antecesores de los cuentos de Boccaccio en el Humanismo florentino, eje fundamental y piedra miliar del posterior movimiento renacentista. Mientras que el relato creativo y libre obtenía su desarrollo la historia compartía aún la condición de la imaginación libre y “loca” sin comprobación del hecho y en total ausencia del análisis crítico del mismo amén de la tendenciosidad natural según las circunstancias vivenciales del historiador, Heródoto es un buen ejemplo para citar en este caso pues sólo Tucídides es el verdadero padre de la Historia, al modo como la comprendemos hoy en día, al menos. La dicotomía plateada entre lo medieval y lo moderno asumió una connotación también literaria donde desaparecieron géneros y estilos desuetos dando inicio a otros que aún hoy campean por sus fueros revitalizándose con el favor del público lector. Tal vez no sea aventurada la opinión de que la novela será en el futuro la supérstite de la aventura literaria y lo digo por la televisión, el telegrama y otras zarandajas posibilitadas por el avance tecnológico aplicadas al tema. Es lamentable que el lector de libros de hoy ignore la grandeza prolífica de Lope nutrida de lo mejor de la entraña y del uso popular de su siglo, del aunque elitista, deslumbrante Góngora y del asombroso caso que constituye Don Francisco de Quevedo, escatológico de la cloaca y del cielo a la vez, paradójico él. Pero volviendo a la novela, como gran género, cómo no mencionar su condición “deicida” y al mismo tiempo de recreadora de vidas y de reforzadas emociones. Todo en ella es susceptible de ocurrencia sin existir en la realidad; ¿pero no es acaso esa circunstancia la prueba de su gran poder didáctico al mostrarnos el tamiz del alma humana con su fino tramado de damasco y al mismo tiempo el de mediopelo? Quienes incurrimos en el vicio solitario de la lectura entramos a él por la boca del “túnel” que es la novela. Las de vaqueros, inolvidables en su edad; en la del amor primero las deliciosas cursilerías de la Tellado fueron la cartilla del trato con la novia iniciática; después el delicioso entremés de las Novelas Ejemplares del estropeado de Lepanto, ¿acaso no aprendimos en la novela picaresca algo que nos ha permitido en esta nueva edad del tocino a defendernos de los trapaceros abundantes en la pobreza y necesidad de hoy como fueron legión en épocas ya preteridas? y todo eso al sesgo de la educación que nos propinaron de que todo era bueno y perfecto. Y qué decir de la conturbante inmersión en el piélago balzaciano y de la piedad que aprendimos conociendo a Emma la de Flaubert; Anna Karenina, como la anterior; ¿No es más real, a veces, que las mujeres que hemos tratado en la vida y a éstas las hemos tratado a su vez con la enseñanza que nos quedó de conocerla? La riqueza de la novela es tal que desde Walter Scott hasta Hugo se ha echado mano de ella para producir maravilla y acercamiento al tema a la masa popular tan enemiga de ser inducida y tan desconfiada en sus opiniones sobre los teóricos de toda condición. Las masas tal vez abominan de cierto tipo de historia porque intuyen en ella la invitación a la permanencia del orden ya establecido cuando ellas lo que desean es el futuro por lograr. La historia produce con facilidad la reiteración de patrones conductuales colectivos y la novela invita al “patasparriba” en su caótico mundo, recordemos que quien subvirtió el orden monárquico francés no fue Marx sino el enclenque de Voltaire. A mí, particularmente, me gustan tanto la novela como la historia, entre ambas se realiza la alegría de leer. Dominical de El Universal, 26 de octubre de 1986.
Jiménez de Quesada: El primer cronista y “literato” colombiano Nuestro país tradicionalmente ha sido descrito como país de literatos y de manera no todas las veces bienintencionada “país de poetas”. En eso no estamos ocupando lugar solitario en América al menos en los albores del Descubrimiento pues desde su llegada a las Lucayas el Almirante observaba con ojos asombrados toda esta nueva realidad mágica. ¿Qué es sino realismo mágico este comentario que hace en su carta escrita en su viaje de regreso “sobre la isla Canaria?: “Algunas de estas canoas he visto con setenta y ochenta hombres en ella, y cada una con su remo”… ¡Los árboles le parecen que llegan al cielo, las montañas altísimas, todas hermosísimas y, como en la mítica arcadia canta-ba el ruiseñor y otros “pajaritos” de mil maneras mientras anduvo por allí en el mes de noviembre ¿Y no es el superlativo e hiperbólico “cuasi mentir” una de las más socorridas licencias poéticas desde hesíodo, poeta de la tierra y del trabajo hasta los de nuestros días? Otros muchos escribieron sobre la nueva experiencia, Hernán Cortés hizo su excelente Carta-Relación a Carlos V donde mostró que sus dos años de Leyes algo le habían dejado en conocimiento de Letras. Su comunicación autógrafa se ha extraviado pero existe copia antigua con apenas meses de diferencia. Pero volviendo a nuestro país mencionemos cómo uno de los primeros escritores-cronistas que se inspiraron en él, a Gonzalo Fernández de Oviedo, quien nos pone al corriente de todo lo ocurrido cuando con Pedro Arias Dávila vino a la Bahía de Santa Marta desde la isla “Dominica” en 1514. Los cronistas están clasificados, tantos fueron, por razón del área geográfica que tuvieron a bien escribir. Así, Cronistas de las Antillas y Cronistas de Tierra Firme constituyen la formidable información sobre el Nuevo Mundo durante el siglo XVI. Corriendo este y en relación con el Interior del país aparece nuestro cronista más destacado y, tal vez sin ser nato americano como Rodríguez Freyle, el funda-dor de la Historia y la literatura de lo que hoy es Colombia. Al fin letrado, polemista ya había cruzado, sino aceros, pluma contra el obispo Paulo Jovio refutándole la opinión que éste sostenía contra el manejo que España hacía de sus intereses italianos en la Península. Esa obra es el Antijovio. Viajero por Italia y conocedor de las costumbres arábigas del sur español, y, según algunos, presuntamente judío, se muestra interesado en las costumbres que no le son familiares a las suyas propias como elementos integrantes de la “cultura” española de su tiempo. Es así como en sus obras “Epítome de la conquista del Nuevo Reyno de Granada”; el compendio historial o “Ratos de Suesca”, se suceden sus impresiones sobre aspectos etnológicos, antropológicos y culturales de los pueblos que fue sometiendo en su larga marcha desde Santa Marta hasta los cercados del Zipa. Aunque sus obras sólo se conocen por referencias fragmentarias de cronistas posteriores existe certeza de la autoría suya según Friede, Juan, que nos la presenta en su <documenta anexa> a la biografía del Mariscal y Adelantado. Su otra obra nos puede parecer extraña por el tema religioso pues se trata de unos sermones para ser predicados en festividades religiosas pero no hay que olvidar que desde que se discutieron en Salamanca las famosas “26 Lecciones” sobre las implicaciones filosóficas y sobre todo religiosas de los hechos de la conquista y la disolución del orden natural de la organización social y política de los indígenas la religión asumió a través de la indoctrinación una modalidad de aculturación de los nativos al nuevo orden de la civilización española. Pero no quedó limitada a la prosa la obra de Jiménez sino que al decir de D. Juan de Castellanos también versificó según el arte poética española anterior al período italianizante renacentista. El Universal. Dominical, 9 de noviembre de 1986.
Guillén, el gran Candanga La tesis de la raza “cósmica”, constante del pensa-miento vasconcelista, está sintetizada en el aserto de que los europeos vinieron a América en el momento histórico coincidente con las intrincadas migraciones que los aborígenes estaban haciendo a lo largo y ancho de aquella, para, posteriormente traer como mano de obra esclavizada a gentes africanas. El proceso de aculturación impuesto por el español disminuyó el perfil de la experiencia realizada hasta entonces por los pueblos sojuzgados. Había que “unificar”, obsesión castellana triunfante, no sólo a España sino a Europa toda, y naturalmente, a América, recién descubierta. Pero el elemento cultural indígena y negro continuó manifestándose en la música, en la tradición oral y la danza, particularmente. La literatura oral subsistió en la reiteración y conservación de viejos cuentos y canciones, portadoras éstas y aquellos de moralejas y ejemplificaciones (aún vivas en la región chocoana), y en la poesía con la deformación del lenguaje y del estilo de los poetas españoles confundidos con el acervo popular a la manera como lo trabajó Candelario Obeso. La razón es harto notoria, los “herrajes” de la cultura formal estaban reservados a pocos y la educación era de corte exclusivista sobre motivaciones raciales. Iniciado el siglo pasado, el entusiasmo por los postulados de la libertad, de la igualdad y de la hermandad derivó hacia la idea de asemejar a los individuos en las posibilidades del acceso a la educación y a la libre expresión del pensamiento y por ende de la cultura. Ya en este siglo se renovó en todo el mundo el deseo de la libertad con el proceso de descolonización posterior a la guerra del 18, en muchos países de Europa, África y Asia se llevaron a cabo movimientos independentistas. Junto a las circunstancias de carácter político se desarrollaron otras en el orden cultural y artístico. La poesía, por ejemplo, sirvió de vehículo, más que la novela, para la difusión y el afianzamiento de ideas politicas de la “negridad” preconizada por Sédar Senghor, éste, básicamente poeta en lengua francesa titubea melancólicamente entre su ancestro y su educación europea superpuesta a su condición de “ingenuo” hombre tribal. En veces se devuelve contemplativamente hacia su propia raza y a través de cantos de tanta intimidad y fino erotismo como: <Femme nue, femme noire. Vetue de ta couleur que est vie… Femme nue, femme oscure. Fruit mur a la chair ferme, sombres extases de vin noir>. (Mujer desnuda, mujer negra. Vestida de tu color que es vida… Mujer desnuda, mujer oscura. Fruto maduro de carne firme, sombras estáticas de vino negro.) Otras veces, se muestra dolorido pero al mismo tiempo crítico del imperialismo, al cual, ambivalentemente, rechaza y ama, al fin atado por los lazos indisolubles del cartesianismo y la lengua francesa: <Hélas! Hélas! L´Europe arachneéne bouge ses doigts et ses phalanges de navires…> (¡Ay! ¡Ay!, Europa arácnida extiende sus dedos y sus falanges de navíos…). Junto a Sédar-Senghor están Aime Césaire, Damas, Tirolien y excepcionalmente con nombre africano Rabemananjara. El Caribe es también centro de agitación evaluadora de lo “negro” en el rescate de sus valores y la búsqueda de su afirmación como elemento creativo. Hacia 1941, regresó Lam a La Habana ya en condiciones de expresar todo el fervor de las civilizaciones primitivas de las Antillas y de la misma África con unos medios de una vitalidad lírica excepcional… En poesía, Pales Matos, de Costa Rica; el brasileño De Lima; el predestinado (por el Góngora) cultor del verso Helcías Martán Góngora, Hughes y naturalmente el Gran Candanga del candombe cubano, Nicolás Guillén. Entre nosotros, Jorge Artel produjo la semblanza de una Salomé negra por aquello de “bacante furente, demente…” pero con omisión de Herodes y del Bautista: Dánza mulata, dánza/ mientras canta en el tambor de los abuelos/ el son languideciente de la raza/ Alza tus manos ágiles/ para apresar el aire/ envuélvete en tu cuerpo/ de rugiente deseo,/ donde late la queja de las gaitas/ bajo el ardor de tu broncínea carne./ Deja que el sol fustigue/ tu belleza demente,/ que corra por tus flancos inquietantes/ el ritmo que tus senos estremece./ Aprisiona en tu talle atormentado/ esa música bruja/ que acompasa la voz de la canción./ ¡Dánza, mulata, dánza!/ En tus piernas veloces y en el son/ que ha empapado tus lúbricas caderas,/ doscientos siglos se agazapan. ¡Dánza, mulata, dánza! Tú y yo sentimos en la sangre galopar el incendio de una misma nostalgia… Ante “Tal Mulata” de Guillén danzando, de seguro que la cabeza del “Justo” habría estado tan frágil sobre sus hombros como estuvo Palemón “El Estilita” en el verso de Valencia… El Universal, Dominical, 23 de noviembre de 1986.
Biografía de un azar Con este sugestivo título ha parecido recientemente un aporte a la bibliografía regional y cartagenera en la forma de ágil e ilustrativo ensayo “La lotería de Bolívar”, desde su fundación en 1883 hasta nuestros días. La obra cuya autoría se debe a Moisés Álvarez M. está dividida en catorce capítulos que contemplan los inicios en el siglo XV, en el intrincado mundo de los negocios, de una nueva estrategia de venta lanzada por algunos comerciantes de Génova, cuya modalidad consistía en repartir, entre sus más asiduos compradores, unos boletos especiales, que daban derecho a participar en un acto público de extracción a suerte para premiar a los favorecidos con atractivas sorpresas. Todos corrieron a probar suerte siendo el resultado espectacular: los ganadores estaban compla-cidos por cuanto obtuvieron “lotes” de mercancías. De ahí nació la palabra “lotto” para denominar el conjunto de cosas entregadas como premio de donde al universalizarse la modalidad del nuevo juego surgiría la voz española “lotería”. De Génova, Nápoles y Venecia, la revolucionaria táctica comercial rebasó Italia, invadiendo prontamente otros países de Europa. A Francia llegó en 1538. En Alemania fue famosa la de Hamburgo cuyos premios a veces eran… ¡Eran de ciudades enteras! En España la decretó Carlos III en 1763 para beneficiar hospitales, hospicios y demás obras pías. En capítulo posterior nos menciona el autor la afición natural del ser humano por el azar, condición que los gobiernos fueron encauzando hacia la satisfacción de los menesterosos. Desde la óptica del “homo ludens” vemos al hombre de la caverna deci-diendo con pequeños objetos (“dados”) la posesión de algunas cosas pasando por la afición lúdica de romanos, chinos, griegos, etc. También en tierras americanas, antes de Colón, muchos pueblos aborígenes rendían culto a la apetencia lúdica de diferente forma. En el Caribe español se fundó ya en Cuba en 1813; igualmente hubo lotería en Puerto Rico. La continuidad del relato se desarrolla entonces con la fundación de las primeras loterías en Colombia dedicando luego un aparte completo al desarrollo del caso panameño y su relación con los trabajos para la construcción del Canal de Panamá. La Lotería de Bolívar se estableció entonces en 1883 con una administración particular mediante la modalidad de concesión. A través del hilo conductor del desarrollo de la lotería el narrador nos relata sobre otros hechos significativos de la vida cotidiana en materia como el valor comparativo de los premios con el costo de la canasta familiar en épocas anteriores, salarios, relación del peso con el dólar, los precios de los libros y los títulos que en esa época se ofrecían al público en las librerías. La técnica de seguir los acontecimientos a través de la lectura de periódicos que se editaban en Cartagena en esas calendas tales como “El Fígaro”, “Diario de la Costa” y, después desde su fundación por el doctor Domingo López Escauriaza del diario “El Universal”, amén de las consultas de las actas de discusión de proyectos de ordenanzas en relación con el hecho trascendental de que la lotería pasara de manos concesionarias a formar parte de la administración del Departamento y éste agarrara la cebolla hacen de la relación algo dinámico y ameno. A pesar de que en el recuento aparecen numerosos extractos de balances de cuentas alusivas a la rentabilidad, el número de billetes, etc. además de otros elementos estadísticos ha tenido el autor la discreción de simplificarlos y, en vez de hacerse la lectura fastidiosa y cargante por el contrario, capta el interés e ilustra la mente del lector dejándole la información básica del conjunto de la “pequeña historia” de Cartagena y su provincia además de las citas referentes a circunstancias territoriales de Ba-rranquilla, del departamento del Magdalena, etc. Parte del trabajo publicado con el mecenazgo de la Lotería de Bolívar se debió continuar en Bogotá pues durante algunos años no hubo el correspondiente registro de prensa en el Archivo Histórico de Cartagena lo que fue encomendado acudiendo a otros elementos de información como la Gaceta Departamental y a “El Tiempo”, entre otros. El capítulo doce tiene como referencia única al diario “El Universal”. Dentro de la biografía consultada, abundante, tanto de autores nacionales como extranjeros, citamos la obra “Corralito de Piedra” de Daniel Lemaître Tono, la “Historia General de Cartagena”, de Eduardo Lemaître y a Antonio del Real con su “Catálogo del Museo Histórico de Cartagena”. La investigación también implicó consulta permanente en los Archivos de la Gobernación de Bolívar; en la Biblioteca Juan García del Río, perteneciente a la Academia de la Historia de Cartagena, aquí en la ciudad. En Bogotá se consultaron la Biblioteca Nacional para suplir algunos vacíos de información local, lo mismo que la Hemeroteca “Luis López de Mesa”. El sentido del humor para la escogencia de algunas anécdotas en relación con esta “Biografía de un Azar” se manifiesta exitosamente con el “caso del billete robado por un tipo que usaba abarcas”; el del señor que cobrando ocho “quintos” en compañía de su esposa volvió a la media hora a cobrar dos más explicando que “de estas no voy a dar explicaciones”. La del peluquero que pegaba los “papelitos” en la parte de atrás de una puerta y tuvo que ir con puerta y todo a cobrar el premio. Ah… casi dejo en el tintero el “caso” de “estrés es tres, tres”. Según el título de una película de Carlos Saura. El Universal, Dominical, 30 de noviembre de 1986.
Al rescate de la “vera efigie” del General Nieto La pintura tanto mural como la mueble (trátese de la de caballete, la elaborada en cerámica o porcelana, la materializada sobre tabla, la realizada en papel o en cualquiera otro material posible), está sujeta a numerosas contingencias atentatorias contra su permanencia material. Parte muy significativa de nuestro bagaje cultural ha desaparecido por circunstancias ya ambientales o climáticas, o bien debido a la acción de hongos, insectos, luz excesiva, desidia y también causa, de tal vez, la más grave de todas por cuanto que acusa toda una intención conceptual: el Complejo de Eróstrato. Cuando no se trata del vandalismo en su forma más primaria. Pero, para fortuna de la continuidad acumulativa del actuar humano, al mismo tiempo que las anteriores circunstancias conspiran contra las Artes en cualquiera de sus manifestaciones también existe en las sociedades un sano instinto de conservación, de mantenimiento y de restauración de objetos de cuya existencia depende buena parte de la identidad cultural de las comunidades y de los pueblos en cuanto que realidades históricas. Desde antes del Renacimiento, ya en la Edad Moderna, pero tal vez desde las más antiguas culturas ya se habían desarrollado prácticas encaminadas hacia los nobles fines anteriormente anotados. Pero, es sin duda, a partir del siglo XVI cuando la actividad conservadora tomó el ímpetu que la ciencia y la tecnología actuales han llevado hasta los límites rayanos en lo maravilloso. Es posible con esos adelantos “ver” la “entretela” de las obras pictóricas en trance de rescatar y conservar. Tan largo preámbulo sirve para pasar a hacer el comentario de lo que constituirá una buena noticia para la ciudad y el país en general. Trátase de la labor de restauración que el Instituto Colombiano de Cultura a través del Centro Nacional de Restauración viene realizando desde el año de 1984 hasta el presente, con el retrato del general Juan José Nieto perteneciente al Museo Histórico de Cartagena, sito en el Palacio o Casa de la Inquisición. Para a quienes por algún motivo no les resulte familiar el personaje válgales como referencia la mención de su condición de estadista cuando ocupó en su larga carrera política la Presidencia del Estado de Bolívar. A lo anterior agregamos su autoría de la obra “Geografía histórica, estadística y local de la Provincia de Cartagena”, publicada en esta misma ciudad en el año de 1839, que entre sus méritos tiene la de ser la primera obra sobre el tema con carácter regional que se escribió en el país además de contener numerosos datos e informaciones sobre costumbres, actuaciones políticas del momento, economía, etc., que han permitido el desarrollo posterior de estas materias en lo atinente a aspectos sociológicos e históricos. Más no siendo otra la intención de este artículo que la de recalcar el proceso de la restauración que se está llevando a cabo del único retrato al óleo del personaje que nos ocupa, insistimos en su importancia mencionando su mentoría y amistad, y ¿por qué no decirlo?, su influencia en algunos conceptos básicos del actuar político de quien con el tiempo habría de ser llamado el Regenerador: don Rafael Núñez. “El Presidente Nieto”, es el título que Orlando Fals Borda dio en años recientes a la historiografía patria en Carlos Valencia Editores, dentro de su concepción sociológica de la Historia. Pero volviendo al retrato en mención, destaquemos que fue pintado en París, en el decenio de 1850, todavía en vida del general Nieto. La obra sufrió varias intervenciones posteriores, en una de ellas se le agregó la banda presidencial y hace diez años se le volvió a poner la mano con escasa fortuna. Según opinión de técnicos y artistas restauradores la obra posee valores estéticos originales que cuando la resturación llegue a feliz término al decir de Moisés Álvarez, director del Museo, resplan-decerán otra vez, a lo que se añade el hecho de que ha sido reforzado con una tela que garantizará su conservación durante muchos años más. De la obra, poco es lo que se conoce salvo la información aportada por Donaldo Bossa Herazo, Presidente de la Academia de Historia de Cartagena: en el proceso de precisar los rasgos auténticos se ha tenido referencia gráfica de fotografías del General, una de las cuales pertenece al archivo personal de Eduardo Lemaître. Doña Anita Mogollón, sobrina de la esposa del retratado General, consciente de la importancia del papel histórico desempeñado por su tío político, tuvo a bien donar al Museo hace muchos años con el propósito que el Centro de Restauración perfecciona ahora: que la “vera efigie” de Juan José Nieto quedara consignada en la memorabilia del Notablato costeño y en nuestras retinas. El Universal, Dominical, 7 de diciembre de 1986
VEINTE SONETOS ESPAÑOLES: UN POEMARIO DE DONALDO BOSSA HERAZO. En la historia de la Literatura ha sido, sin duda, la proliferación de las formas métricas las que permitieron encauzar el lenguaje en el intento de convertir la palabra, a través del ritmo, en canto. Así se manifiesta en el verso épodo, en la oda, en los yambos, el dístico y el ditirambo, para sólo citar algunos de los tantos pies poéticos de la lírica griega que tiene en Arquíloco a su iniciador. Esa variedad contribuyó básicamente al desarrollo del idioma como vehículo certero de matices de expresión y de emoción estética. Es el nacimiento del “ars poética”. Aunque el uso moderno del verso libre ha echado por tierra estos conceptos por juzgarlos limitantes, en sus inicios no solo no lo fueron sino que por lo contrario fueron los enriquecedores y liberadores de la imaginación tanto del cantor como del oyente del mismo, pues debemos recordar que la poesía en la antigüedad era más viva que en la actualidad porque era recitada al son de instrumentos musicales, particularmente la lira. Así la comunicación era inmediata y directa en su búsqueda de suscitar la emoción. Esas modalidades de rima se ajustaban cabalmente a los usos culturales de sociedades iniciales las cuales especializaron cantos para elogiar el valor, para expresar y mitigar las penas y manifestar sentimientos amorosos además de implorar el favor de sus dioses. Fue el comienzo de la Retórica, cuyas bases se extendieron por toda Europa gracias a la función divulgadora del sistema imperial romano hasta la Baja Latinidad. Esta última cultivó de idéntica manera la poesía casi hasta el Humanismo que precedió al Renacimiento, cuando se impuso por su sencillez y su relativa cortedad de solo catorce versos el Soneto, pulida gema facetada en dos cuartetos y con dos tercetos que la complementan en su depurado equilibrio. Este es, en cierto sentido, una cárcel verbal para el poeta pero al mismo tiempo un cartabón que suscita al reto al poema auténtico. Posiblemente esa ambivalencia constituye su principal atractivo de depurada forma de la “gaya ciencia”. La influencia literaria del Renacimiento toscano se extendía por España y Francia, preferencialmente. El resguardo de los intereses políticos españoles en la Bota Italiana obligaba a estos a mantener fuerzas de ocupación relativamente numerosas. El servicio de las armas era una de las metas posibles en el ascenso social para la juventud. El cultivo de las letras se encauzaba naturalmente por las vías de la burocracia, la consejería y el ejercicio de la diplomacia A veces y no son pocos los ejemplos, esas funciones fueron ejercidas indistintamente, por muchos escritores. Clarísimo ejemplo el de Juan Boscán de Almogáver, “he sido el primero en escribir sonetos en lengua española”, es frase que se le atribuye con prueba quirografaria; su influencia sobre Garcilaso dio a este la oportunidad de elevar a cumbres cimeras con sus apenas treinta y ocho sonetos la lengua española que aun traía reminiscencias, si bien muy hermosas, plenas de arcaísmos, que últimamente le servían más de lastre que de vela henchida al viento, anclada aún al estilo de un Juan de Mena, de un Hurtado de Mendoza y por supuesto de alguien más adelantado en ese pródomo: el gran Manrique. “Sonetos españoles” es el título del poemario escrito por Donaldo Bossa Herazo dentro de la concepción estética inspirada en el hecho de la continuidad que él íntimamente contempla en la entraña de esta Cartagena como recuerdo vivo en el tiempo y al mismo tiempo exultante de actuar y de sentir en el presente. Refirámonos nuevamente a esos escasos veinte sonetos, que no suman más los compilados en el centón motivo de nuestros comentarios. Legión han sumado los poetas que en la Historia de la Literatura, la grande y la pequeña, han manifestado sumo interés por otras de las bellas artes: la música y la pintura. En el pasado intentaron pintar con la pluma muchos. Valga citar solo a Góngora y aun a Lope quien cultivó verdadera pasión por la pintura y el coleccionismo de obras de arte. Ambos tienen muchos sonetos dedicados a la captación y a la descripción de la variedad y de la policromía, tanto de objetos como de paisajes. No es extraño que así fuese en un siglo eminentemente plástico como fue el XVI. Bossa Herazo es, traspuesto tanto tiempo ya, la continuidad de ese espíritu entre nosotros, pues en cierto sentido vive en el pasado como en un intento de atrapar algunas manifestaciones de lo Bello en trance de infortunada desaparición, solo por el caprichoso curso de la moda, que va y viene. El verso de Bossa Herazo es preciso y económico en el lenguaje, empleando solo sustantivación y adjetivos pletóricos de gran fuerza semántica que dejan de lado la necesidad de que el poeta recurra a más artificios apoyado en las demás partes de la oración, las cuales utiliza con parsimonia, pues en este estilo el creador está literalmente maniatado. Dos son los poemas sobre Toledo, los únicos que repiten, en doble homenaje, el título a la ciudad de Lasso quien consignó aquello de “cerca al Tajo en soledad amena, / de verdes sauces hay una espesura, /”. Córdoba, morisca y judaica (manes del “purismo racial” ibérico) le sirve de motivación para rendir culto admirativo al gongorismo, pedrería de palabras, tal otro Lezama Lima, pero de Tolú esta vez, en Paradiso, evocando al Racionero de su catedral. Sigue el poeta trajinando los caminos del gran Antonio Machado como rendido admirador y su émulo afortunado, cosa difícil, cuando nos canta en el soneto “Soria” los hermosos dísticos: Soria fría, / Soria pura,…. / A manera de epígrafe, para pasearnos por el llano de Numancia de ayer, corazón de Castilla actual. Existe en el estilo de Bossa la indefectible huella del modernismo en la poesía, prueba de ello es su rechazo a la cursilería y a la grandilocuencia de los epígonos llorosos del Romanticismo ya decadente. Bossa talla con buril los suyos, de allí que nos dan la impresión en una primera lectura de que son una mera aglomeración de descripciones hasta cuando nuestras retinas e imaginación integran la geografía de su paisaje poético: España, siempre gloriosa. La relación de poesía y música está lograda gracias al acertado uso de la prosodia (ritmo), condición <sine qua non> de la buena poesía. Esta conjunción de finura y gusto las resume De Greiff en su verso famoso: “Aduno el sol de Grecia con el brumar norteño”, simbolizando, otra vez el modernismo poético, que la pasta de poeta se cuece de intelección y emoción. Dominical de El Universal, domingo, 14 de diciembre de 1986.
Mirando por la rendija También la corrección idiomática es parte del desarrollo del periódico. En materia de ortografía se ven errores como los siguientes: En la edición del día 7 de enero hay una “horfandad” en el editorial, con hache, cuando carece de ella. En el sustancioso y delicioso artículo de Alberto Samudio de la Ossa sobre cocina costeña le “guizaron” mal el pastel después de que seguramente él lo guisó con mucho aliño, esto es lo que se llama un desaguisado. Don Cristo García Tapia le dio un giro inusitado a la voz falencia pues esta tiene el significado de engaño o error y no el que él da en el contexto con sentido de carencia. Senén González en su nota Perfil utilizó la voz Yadró cuando la cerámica de ese tipo se denomina Lladró. Alberto Samudio utilizó el artículo la para la palabra intríngulis, el Larousse lo confirmó pues tiene acepciones tanto masculinas como femeninas, ej: La dificultad, el nudo, el enredo. En la página local del miércoles 14 de enero, Eulalia (la que habla correctamente) llamó del Aguardiente a la calle Estanco del Tabaco en un artículo sobre la restauración del nuevo edificio del concejo municipal. En Barrios Doña Nancy la “embarró” el mismo día cuando en el primer “bocadillo” llamó Román al puente de Chambacú o de la Transformación Nacional en las cercanías de la India Catalina. Juan Pico de la Mirandola Viernes 16 de enero de 1987, El Universal, editorial, página 5ª.
Árabes en España. Su influencia en el idioma Español. Mahoma antes de la Hégira La personalidad de Mahoma antes de su predicación es poco conocida. La misma cronología de su vida nos resulta imprecisa, únicamente la fecha en que realizó la <Hégira>, momento en que parte de La Meca para Yathrib, está bien establecida. Un versículo del Corán fija como cuarenta (40) años la edad de Mahoma al comenzar su predicación. Sus viajes a Siria con su tío Abu Talib se basan en dudosas tradiciones. Habría tenido revelaciones del arcángel Gabriel que recopiladas fragmentariamente constituyeron el Corán (Quran, recitación). Proclama que la finalidad de la vida no era enriquecerse sino “someterse a Dios” (Islam, salvación). Mahoma después de la Hégira En Yathrib, desde entonces llamada Medina (Madinat-an- Nabi, la ciudad del profeta), Mahoma figura como jefe teocrático. Organiza la “Umma” o Comunidad de Creyentes. En enero de 630 marchó sobre La Meca e hizo destruir los ídolos proclamando que la “única aristocracia sería la piedad”. En 632 fue a La Meca por última vez según prescripción ritual establecida por él mismo. Murió en Medina el 13 de Rabí I (8 de junio). El Corán fue escrito en la lengua del Hidjaz (mezclada con palabras de los dialectos vecinos). Según Abdel-jalil, el árabe pasa como otras lenguas semíticas abruptamente del sentido semántico literal al metafórico sin la lentitud de las lenguas arias. Primer libro en prosa de los árabes lleva la lengua de estos a la altura de lengua civilizada al propio tiempo que su recitación da ritmo e inspira la vida de todos los musulmanes. Bajo los cuatro primeros califas el Islam se expandió triunfante. Umar conquista Siria en 636. Conquista difícil de Egipto a Cirenaica por Umar Moawiya que trasladó la capital de Medina a Damasco. Creó la administración y desarrolló la arquitectura musulmana. Los Omeyas impulsaron la expansión por Noráfrica, Tripolitania, Maghreb, (697-707). En 711-712 invasión y conquista de España visigótica por Musa b. Nusayr ayudado por su “mawall” Tariq b. Ziyad. La España visigótica tenía una crisis política a la muerte de Witiza en febrero de 710, sus <fideles> intentaron repartir el reino entre los hijos supérstites de aquel, las crónicas árabes más autorizadas abonan tal intento. Esa división contradecía la tradición legal de la transmisión del poder real. El <Sena-tus>, hostil al clan vitiziano decidió elegir nuevo rey a Rodrigo, militar acreditado. Los nobles se sublevan y Rodrigo los derrota. Los árabes estaban con gran esfuerzo y graves desastres también en el Cabo de Magrib Alaksa y habían llegado al Estrecho de Gibraltar. En Ceuta un tal Olbán, Urbán, Ulyán, Alyán, o Julián, de raza y condición discutibles. Se hallaba ligado a Witiza por la <fidelitas>, es decir, era su vasallo. Rindió la plaza a Tariq tal vez continuando con el gobierno. Tal vez Julián sirvió en el empeño de los vitizianos enemigos de Rodrigo para dañar a éste. Los vitizianos buscaron la ayuda árabe para derrotar a Rodrigo (<Sarraceni evocati Spanias occupant>), según una crónica de la época. En el curso de tres cuartos de siglo los árabes habían realizado un gran imperio desde la India hasta el Atlántico. En julio de 710 Tariq-abu-zara desembarcó en Tarifa (de él recibió su nombre) con quinientos soldados. En la noche del 27 al 28 de abril del 711 Tariq bajó en la roca de Calpe, los musulmanes la llamaron Yabal Tariq -La Montaña de Tariq- y los españoles Gibraltar. Siete mil hombres desembarcaron según el cronista. Con la toma de Algeciras a Bancho o Sancho, sobrino de Rodrigo, pudieron traer caballos y en adelante cabalgar. He dicho “musulmanes” y no árabes porque el ejército de Tariq era de berberiscos aunque comandado por una aristocracia de oficiales orientales. Rodrigo baja de Vasconia en larga marcha al Meridión Español, Tariq, por la vía romana toma Sevilla. Muza envía cinco mil hombres más, los invasores suman ya entre doce y diecisiete mil soldados. Claudio Sánchez Albornoz afirma que ha descubierto que el río Wadilakka es el Guadalete, allí godos e islamitas se enfrentaron el 19 de julio. Los visigodos, al frente del gran ejército comandado por Rodrigo cayeron y con ellos cayó el rey. El reino visigodo había caído para siempre. Desde Écija Tariq llega a Toledo. El 11 de noviembre del 711 por la traición de los vitizianos y Guadalete, día de san Martín, España, se convierte el Al-Andaluz. Según algunos historiadores la judería de Toledo tomó activa parte en la toma de España por los árabes y es probablemente la causa de su ulterior expulsión de España por los Reyes Católicos cuando en 1492 se culmina la llamada Reconquista con la toma de Granada. Don Américo Castro, historiador y lingüista hispano-judío niega la acusación histórica de la traición judaica a los reyes visigodos. Con la excepción de Asturias toda Espa-ña es conquista islámica, del reino astur partiría la resistencia visigótica que la tradición hispánica presume que acabó 8 siglos después, ya en la <Edad Moderna>, el 2 de enero de 1492, con la ya referida toma de Granada. Esta ya larga relación de cómo los islámicos toman España es, como se echa de ver, imprescindible, para comprender la translación de la cultura islámica a tierras españolas. Es allí donde mi charla entra en el aporte del Arábigo a la lengua española con la organización administrativa, judicial, tributaria, la ciencia islámica, el redescubrimiento de la “falsafa” o “falsifa” aristotélica, la importación de cereales, frutos, el desarrollo de la arquitectura y la química (no la alquimia, que es cosa distinta), el cultivo de las letras, el acontecer matemático, geométrico y algebraico sumado al impulso de las artes decorativas. En las artes militares quedan como aportes del arábigo al español: Atalaya, algarabía, adalid, zaga, robdas o rondas, rebato, arrebatar, algarada, lo mismo que voces indicativas de elementos defensivos tales como alcázar, adarmes, almenas y los alcaldes que custodiaron a los castillos. Palabras administrativas tales como alcalde, alguacil, zalmedina, almojarife, albacea. Para comerciar con moros había que comprender voces como: almacenes, albóndigas, almonedas, y ellos despachaban lo comprado pesando y midiendo en quilates, adarmes, arrobas, quintales, azumbres, almudes, cachices, fanegas. En la decadencia morisca todavía la gran fuerza laboral de esta comunidad ofrecía artesanos y artistas tales alfajeme, alfajate, albardero, alfarero, albañiles o alarifes construían alcobas, alacenas, lo propio que zaguanes, azoteas, alcantarillas, aljibes. Pueblo amante de la tierra, buena parte de su empeño militar era la apropiación de vegas cultivables, hablaban y nos dejaron hablando y gustando de albaricoques, albérchigos, acelgas, algarrobas, alcachofas, comidas como “alboronía o boronía”, que aun en esta costa nuestra se come en algunos pueblos con deleite. Cuando un caficultor en el Quindío habla de construir otra acequia, arábigo habla y la latina piscina donde nadamos no es otra si no la arábiga alberca, el río Magdalena y el Sinú tienen albuferas, norias aún dan agua en Colombia en donde aún no hay acueducto, etc. En nuestro período colonial las mercaderías que venían a Cartagena pagaban el almojarifazgo al pasar la aduana y la alcabala era otro de los impuestos que nos hacían sufrir al fin, impuestos. En nuestras casas alfombras cubren pisos, divanes hacen nuestras delicias en la pereza, lo mismo que almohadas soportan nuestras pensantes o soñadoras cabezas sobre todo cuando imaginamos a las huríes de grandes ojos negros que nos prometió eñ Profeta… si nos portamos bien. Nuestro poeta L.C. López, quien nos ha parecido siempre algo xenofóbico en su poesía contra la inmigración árabe (siria y libanesa) a Cartagena por sus burlas y cuchufletas contra lo que denomina “turcos” emplea en ella zaquizamí, bulbul, zascandil, jarifo, etc. La lista es más larga y la extensión de ella es todo un lexicón, no pretendo con estas menciones deshilvanadas sino dejar en claro que aún late la presencia idiomática del árabe en nuestra lengua. El Universal, Dominical, domingo, 18 de enero de 1987.
Mirando por la rendija Este Festival del Pastel cartagenero está muy bueno, se estimula la gastronomía criolla y se acentúan las tradiciones culinarias. Sí, pero se me ha presentado una duda pues en una conversación sostenida en amable tertulia alguien sostenía que el término tamal y pastel eran sinónimos, otro decía -con algo de fundamento- que le parecía que el pastel era de arroz y tamal era como un pastel de masa de maíz. Una señora-terciando-sostenía que la hallaca era el pastel de masa de maíz…etc. Recordando la maravillosa obra de Mario Alario, fuimos a ella y encontramos del gran lexicógrafo y filólogo la respuesta basada en la captación del lenguaje criollo colombiano las siguientes acepciones: Pastel. Lo que en los departamentos que no son de la Costa llaman Tamal. Tamal. En los departamentos que no son de la Costa Atlántica, es la masa de maíz o de arroz con manteca y de cierta consistencia envuelta en hojas de plátanos, de bijao o del mismo maíz, con pedazos o hebras de carne adentro, en diversas formas o con guisos diversos. Es americanismo… Hasta aquí la obra consultada Lexicón de Colombianismos de Alario. El diccionario de la Real Academia de la lengua da las siguientes acepciones para las palabras anteriormente anotadas: TAMAL (voz mexicana), especie de empanada de masa de harina de maíz, envuelta en hoja de plátano o de la mazorca de maíz y cocida al vapor o en el horno. Las hay de diversas clases, según el manjar que se pone en su interior y los ingredientes que se le agregan. PASTEL:Masa de harina y manteca, en que ordinariamente se envuelve crema o dulce, y a veces carne, fruta o pescado, cociéndose después al horno. HA-Y-ACA: Pastel de harina de maíz relleno con pescado o carne en pedazos pequeños, tocinos, pasas, aceitunas, alcaparras, almendras, y otros ingredientes, que envuelto en hojas de plátano, se hace en Venezuela, especialmente como manjar y regalo de Navidad. Caramba, entonces todos -según se echa de ver- teníamos confusiones o al menos imprecisiones sobre estos términos? Así es, pero para eso existe el amor del hombre por la palabra y la guarda celosamente en el Diccionario al que Neruda cantó: “Lomo de buey, pesado, cargador, sistemático, libro espeso:, de joven, te ignoré, me vistió, la suficiencia, y me creí repleto, y orondo como un, melancólico sapo, dictaminé: “…recibo, las palabras, directamente, del Sinaí bramante,…”. Juan Pico de la Mirandola Página editorial, Nº 5, martes 20 de enero de 1987.
Mirando por la rendija En la lectura del periódico correspondiente al día viernes 16 leímos en la sección de Glosas lo siguiente: la avestruz; para evitar la sinalefa (unión de aes, la del artículo la y la correspondiente al sustantivo avestruz) débese emplear el artículo el, como lo recomienda el diccionario, avestruz es término masculino: el avestruz, los avestruces. En la misma sección se habla de un fuego abrazador, es verdad que la muerte desdichada de las víctimas es causada porque las abrazan lenguas de fuego, que abrasa. El corresponsal de Buzón que se firma como Víctor Pretelt M., emplea, como lo hacemos los costeños, “patético” por patente, notorio, palpable. Realmente, el término es equivalente a doloroso, triste, melancólico. John Polar empleó un anglicismo, performance, que suena mal en español y que actuación reemplaza con total éxito. Si aero es etimológicamente aire y fagein es comer, me pregunto qué querría decir mi admirado amigo Régulo, rey de la palabra escrita en esta ciudad, con aérofaga calificando a comunicación? Una leve luz de esperanza fue convertida por el duende en aleve luz de esperanza, ¡la esperanza es lo menos aleve del universo mundo, señores! Esto se lo hicieron al desesperado, después de leerse, Gustavo Gaviria González. El sábado 17, Alberto Salcedo R. en un artículo sobre un embargo a la Licorera utilizó rentista, por la voz correcta que en este caso debió ser rentística. La primera es un sustantivo y la segunda es un adjetivo calificativo relativo a las rentas públicas. Doña Alicia escribe como en alemán donde los sustantivos se escriben siempre con mayúscula no empeciendo en qué parte de la oración se encuentren, en español, no, doña Alicia, amiga muy estimada. A mi querido condiscípulo Mario Madrid-Malo en su magnífica colaboración del domingo 18, “Otro genocidio”, le cambiaron dos veces el nombre del “gobernante” de Kampuchea (antigua Cambodia) Pol Pot por “pot pot”, que suena al ruido de esta maquinita que estoy utilizando ahora. John Polar volvió el lunes 19 de enero con una carta al Buzón con esta margarita: “inspiración arborizativa” (¿?). He notado que los artículos en el Magazine del periódico, propiamente en el Dominical, se diversifican en temas y colaboradores de la región, cosa buena. Sin embargo, el artículo sobre influencia de lo arábigo en lo español quedó más “acuchillado” que Santiago Nasar por los cuchillos para destazar puercos de los hermanos Vicario… Juan Pico de la Mirandola. Viernes, 23 de enero de 1987. Página 5
Ariel y Calibán El doctor Mallako –según me decían mis pensamientos en aquellos días sombríos y horribles-, el doctor Mallako es el príncipe del mundo porque en él, la malignidad de su espíritu, en su intelecto frío y destructor se concentran de forma quintaesenciada todas las bajezas, toda la crueldad y toda la imponente rabia de los hombres débiles que aspiran a ser titanes. El doctor Mallako es malvado, de acuerdo, pero ¿por qué triunfa con su maldad? Porque en muchos que son tímidamente respetables se esconde la esperanza de un pecado espléndido, el deseo de dominar y el anhelo de destruir. Y es a esas secretas pasiones a las que el doctor Mallako hace un llamamiento; y a ellas es a las que les debe su terrible poder”. Bertrand Russell. Satán en los suburbios.
Nada valen los códigos más sabios/ si sus leyes el miedo no sanciona, ni numeroso ejército si el orden/ no se impone con premios y castigos. Sófocles. Ayante. Escena XIV.
“Siempre el día, jamás la noche, / ni querellas ni luchas, /tampoco muerte, sino una vida eterna alimento y vestidos en abundancia. / Nada de disputas entre hombre y mujer…./ todo es común para jóvenes y viejos/fuertes y débiles, tímidos y audaces. El país de Cucaña. Poema inglés del siglo XIV.
Cuando Iván Karamasov discursea en presencia de su medio hermano el oligofrénico Smérdiakov diciendo que el hombre superior está por encima de toda consideración divina y humana, es decir, que las nociones de pecado y delito no le son aplicables decreta, con su cinismo, típico pensamiento intelectualizado de épocas donde se resquebrajan los valores auténticos de la sociedad, suplantados por los idola fori de todos los tiempos: la vanidad desmedida, la impudicia por el lucro y la insularidad hacia el prójimo, la muerte del padre de ambos. Iván es la representación del estudiante, del clérigo y del periodista ruso en la decadente sociedad zarista en que vivió y también en la que situó Dostoievski sus novelas, encubiertas críticas a la tiranía rusa de fines del siglo diecinueve. Antes, Mary Shelley, esposa del poeta inglés, había tratado el tema en su novela “Frankenstein”. El impulso de rebelión contra el orden establecido pertenece a la más íntima raíz del romanticismo literario, con muchos ejemplos que se remontan a las fuentes del mito como relato, el de Prometeo, naturalmente en Frankenstein el monstruo es producto de la soberbia del científico de volver a la vida un cuerpo inanimado, y es como todo monstruo, algo que está por fuera del orden normal y racional, como el hombre que por haber gozado de posibilidades sociales y personales de progreso en lo material como en lo espiritual llega, en su dejación de escrúpulos, a la locura moral de concebirse a sí mismo como a-normal, es decir, como alguien que está sobre toda consideración de orden Ético y legal. Al endriago creado por Mary Shelley debemos estudiarlo como el carácter que por el mal trato que se le dio a pesar de ser él bueno en la novela, inicialmente, con el anciano ciego, se convirtió en alguien vengativo; la influencia del “buen salvaje” de Juan Jacobo Rousseau en la concepción de la idea es evidente, y responde a aquello tan famoso de que el hombre nace bueno y la sociedad lo corrompe. Iván Karámasov, por el contrario, en la novela del creador de “Demonios”, encuentra en su soberbia intelectual su perdición. Dentro de esta galería de e-normes, de gentes fuera de la norma, está el personaje central y diría que único de la novela recientemente aparecida, “El perfume”, cuyo autor Patrick Süskind centra en las peripecias de un genio del olfato, un hiperósmico, un anormal genial, al menos en una faceta física, que se aliena en su concepción de cómo utilizar ese don y lo antepone a toda otra consideración llegando al crimen sistemático en aras de un fementido ideal: el crear el aroma con el cual habría al final de la novela de ser amado por todos. Extraña manera de lograr el amor del prójimo ¡La paradoja y la ironía empleadas por el autor son evidentes y allí entran a ser didácticas para dejarnos una vez más en claro que las únicas posibilidades de constituirnos en recipiendarios del amor de los demás es transmi-tiéndoles nuestros propios sentimientos positivos.El perfumista anormal es, a mi juicio, el símbolo de una sociedad desajustada en sus valores, donde personas que por su “inteligencia”, posición o poder económico observan a los otros como elementos utilizables de su propia concepción del mundo. “El perfume” tiene un carácter desmesurado en la trama misma, que no es casual, y que enmarca embellecido por la poesía de la narración y la truculencia mágica, García Márquez europeo, la ferocidad del tema: la del “genio” falso o verdadero que abusa como en las tiras cómicas de su potencial maléfico. Pero Sófocles, en Ayante, ya nos había señalado que cuando los dioses quieren perder a los hombres primero hacen descender sobre ellos la soberbia. El Universal, Dominical, domingo, 25 de enero de 1987.
Mirando por la rendija Hemos recibido la edición facsimilar de la “Tabla para la influencia de algunos vocablos”, de las noticias historiales. Estas, escritas por Fray Pedro Simón y publicadas por primera vez en Cuenca (España), en 1627, eran en 1872 consideradas una rareza bibliográfica. En el pensamiento de las directivas del Instituto Caro y Cuervo estuvo presente hecho de que desde su publicación inicial, hace ya 359, el Vocabulario de Americanismos incluido por el autor, para la mejor comprensión de su voluminosa obra, no había sido publicado con anterioridad. Enmienda un vacío esta publicación, antecedida por un magnífico estudio sobre la vida y la obra de Fray Pedro Simón y sus peripecias americanas, que no fueron pocas en su estancia de más de 24 años en el Nuevo Reino de Granada, del cual dice él mismo: “ pocas o ningunas (partes) no haya pisado, y con el oficio de Provincial, todo el Río Grande y costa de Santa Marta y Cartagena he dado vista, en que he podido informarme y hacerme capaz de las cosas de por acá, por vista de ojos…”. El interés de Pedro Simón no va encaminado hacia el estudio de los caracteres humanos sino que se interesa más en la naturaleza y las costumbres de los pueblos. El primer diccionario compuesto en relación al español de América está compuesto de sólo 156 vocablos dispuestos en orden alfabético y con la ortografía de la época; no obstante, el introductor y presentador Luis Carlos Mantilla Ruiz, O.F.M., utilizó la ortografía moderna en la explicación de aquellos, aunque siempre puede uno remitirse al original, pues la edición es, como dijimos antes, facsimilar. Palabras iniciales de este enriquecimiento de nuestra lengua en su época fueron: Ajiaco, anones, arracacha, arepa, auyama, Barbasco, batea, besuco (bejuco), bihao (bijao). Cataure (catabre), cabuya, cazabe, canoa, canei (en la costa cartagenera y samaria, casa), chapetón (bisoño), chinchorro, ciénaga (por cieno, y unos dicen que equivale a laguna), criollo. Danta, encomendero, estero. Fique. Guarapo, guadatinaja (guartinaja); guacamaya. Hicacos, Jagüey (iaquey). Iguanas (quiero ahora hacer referencia al poder metafórico del habla popular pues al pasar por las calles de la ciudad se escucha el pregón de sus huevos seguido de “gallina de palo”, expresión no por cómica menos descriptiva. La sabrosa Iuca (yuca), el benéfico mangle (magníficas las notas del biólogo Rafael Lemaitre sobre esta planta), mazato, mamei (ojo, turbaqueros), y para finalizar por hoy la expresión “Mediacuchara”, definida por el autor de las Noticias Historiales como “el que sabe algunos vocablos de otra lengua que la suya”, y “por ser pocos los concierta y habla mal y sin propiedad”. Obra que enriquece la bibliografía colombiana y española en general es esta, debida al Instituto Caro y Cuervo y su Director don Ignacio Chaves Cuevas.
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Verdadero aporte a la bibliografía cartagenera y regional lo constituye la publicación de la Universidad de Cartagena intitulada Ciencia: Tecnología y Educación, en su edición del Volumen 6 Nº 1, correspondiente a octubre de 1986 y que acaba de circular. Es otra de las iniciativas en pro de la grandeza de la Universidad de Cartagena debidas al empeño de su Rector Luis H. Arraut Esquivel con la colaboración del cuerpo profesional e institucional de la misma. Tres de los artículos son alusivos a temas de carácter médico cuyos autores son Roberto Guerrero Figueroa, (sobre Cocaína y epilepsia); sobre Iatrogenia, Hernando Espinosa París; sobre gineco-obstetricia, Raúl Vargas; y pediatría, Julio Machado. Sobre psiquiatría, Miguel A. Ghisays. La revista termina con un fichero correlativo a Investigaciones en Progreso en donde se destacan en el campo del Derecho los temas siguientes: “Psicología forense, psicología criminal, judicial y jurídica”, cuya elaboración la desarrolla la investigadora Judith Camargo de Borré y “Nuevo sistema de enseñanza jurídica”, cuya autoría se debe a Jorge Pallares Bossa. Juan Pico de la Mirandola Martes, 27 de enero de 1987. Página 5.
Mirando por la rendija Ignacio Amador de la Peña ha resumido en 128 páginas con el título de “Luces sobre el ring” un aspecto de la “pequeña historia” de Cartagena que no había sido elaborada en la forma libro con anterioridad. Los capítulos iniciales nos dan conocimientos de los orígenes del pugilismo y de su “humanización” progresiva. Todo lo referente al boxeo en América permite al autor de la obra enmarcar a nuestra Cartagena como pionera de este deporte y de muchos otros gracias a la condición de puerto marítimo, otrora vía principal de entrada de toda novedad. Igapé maneja un buen lenguaje en su narración hasta el punto de hacernos olvidar el drama de quienes, al menos entre nosotros exponen sus orejas y narices a la acometida brutal de los puños de sus semejantes y en veces la vida misma motivados la mayoría de las veces por la necesidad. No negaremos que en la naturaleza humana existen motivaciones agresivas y de competencia y que lo que ha realizado la organización de esas tendencias en un deporte con reglas y control es la sublimación de aquellas. Por las páginas del libro pasan muchos nombres de glorias de esta actividad tales como organizadores, boxeadores, empresarios y aficionados. La capacidad crítica de Ignacio Amador de la Peña nos permite a nosotros los lectores comunes a diferenciar las excelencias de las condiciones de las más notables figuras del pugilato cartagenero y colombiano y naturalmente de sus deficiencias y limitaciones. Buen libro que llena un vacío de algo que sigue ansiosamente mucha gente y que bien dirigido permite a los jóvenes distraer su tiempo y alejarse de vicios por aquello de “mente sana en cuerpo sano también”. Dentro del material que ilustra la narración vemos fotografías de Kid Pambelé y otras glorias. Igapé muestra solidaridad humana y piedad en referencia a las tragedias acaecidas a algunos cultores de tan agresivo deporte. *** Willy Martínez nos resultó poeta. Y si bien su estro no es tan elevado como lo desearían los puristas constituye motivo de admiración la inmediatez cartagenera de esta poesía que nutre sus raíces en la observación amorosa de los hechos y personas más humildes de nuestro entorno popular. Conozco el caso de una señora que en sus andanzas politiqueras, que no políticas, suele servir el arroz con coco y langosta que Socorro sirve y que inspira a Willy para escribir un verdadero monumento, no por pequeño menos importante, del arte coquinario. Ejerce el poeta de lo cotidiano interesante ejercicio del humor y de la picaresca cartagenera, tan abundante y graciosa. Bien acertada la escogencia de la métrica por el autor del poemario, la décima es una de las formas poéticas populares más arraigadas en nuestra Costa Atlántica y constituye uno de los ejemplos más notables de la cultura sabanera. ¡Siga Willy con la péñola en la mano!
*** Adiós al Maestro Hernando Salcedo Silva, cineasta vital, fallecido recientemente. La Radio Nacional de Colombia publicó el Boletín de programas nº 39 correspondiente a enero de 1987. Además de la programación correspondiente al mes aludido tiene un artículo para el recientemente fallecido maestro de la crítica y de la historia del cine. Me parece estarle escuchando sus impresiones en el cine teatro que la emisora Radio 20 tiene (o tuvo) en Bogotá sobre los maestros del cine japonés, el gran Kurosawa, y de sus admirados creadores del neorrealismo italiano con Rosellini, De Sica y otros a la cabeza.
*** Muchas gracias a quienes en carta al Buzón han mostrado simpatía por las notículas que quien esto escribe ha venido publicando desde hace algunos días. Mi intención no es otra sino la de contribuir en modestísima manera con ojo de lector atento a la buena presentación, labor ingente por la celeridad de su oficio de quienes son periodistas y este periódico tiene muchos y buenos en su planta de redactores, amén de las colaboraciones que le envían sus cada día más interesados lectores. Yo no presumo de ser periodista pues me parece un oficio más allá de mis capacidades. Soy simplemente un lector de periódicos pues me parece que leyéndolos uno entra en una comunicación constante con la vida cotidiana pues el libro muchas veces los aliena, a quienes los leen, de lo inmediato, remitiéndolos a temas a veces muy antiguos y distantes de nuestras preocupaciones hodiernas. El lector debe matizar su lectura: libro y periódico. Ese es al menos mi modesto sentir. Juan Pico de la Mirandola Viernes, 30 de enero de 1987.Página 5.
Mirando por la rendija En alguna lectura me topé con el siguiente texto de Erasmo en Carta a un desconocido, citada en la clasificación de Allen. Y reza así: ¿Me preguntas en que me ocupo? Me ocupo de mis amigos y gozo de su agradable intimidad. Pero dirás, ¿cuáles son pues esos amigos de los que te jactas, pobre diablo miserable? ¿Hay entonces gente que desee verte u oirte? Que los amigos de las gentes afortunadas sean muy numerosos, no lo discuto: pero los pobres tampoco carecen de ellos, y son ellos, incluso quizá los que tienen los amigos más seguros y obsequiosos. Es en su compañía que me encierro en un rinconcito y, huyendo de la multitud importante, o bien les murmuro suaves propósitos o bien doy oídos a los que ellos me susurran, charlando con ellos de todo como lo haría con ellos mismos. ¿Hay algo más descansado? Nunca me ocultan sus secretos, pero guardan con una extraña discreción los que se les confía; no repiten nada de las frases a las que uno se deja ir un poco con demasiada libertad cuando se está entre íntimos; llegan si se les invita; si no, no tratan de imponerse; toman la palabra si se les ruega que lo hagan, si no, se callan; hablan de lo que vos queráis, tanto y por el tiempo que vos queráis; no os adulan, no os mienten jamás, no disimulan nada; os muestran francamente vuestros defectos; lo que dicen es agradable o provechoso, os moderan en la prosperidad, os consuelan en la tristeza, permanecen estables cuando la fortuna cambia; os acompañan en vuestras pruebas y se quedan con vos hasta la hoguera suprema; nada más leal que las relaciones que tienen entre sí. Yo los comparo sin cesar, tomando conmigo ya a uno, ya al otro, guardando entre ellos mi imparcialidad. Tales son los amigos con los que me entierro en mi retiro. ¿Por qué riquezas, que reinos cambiaría yo esas horas de útil ocio? Sin embargo, que mi metáfora no vaya de ninguna manera a inducirte a error: lo que te he dicho hasta ahora de los amigos entiéndelo de los libros, cuya compañía me hace plenamente feliz, con el solo pesar de no compartir con otros amigos esta felicidad.
*** Mala noticia la que hemos leído estos días en las páginas de este periódico; muchas veces lo vimos caminar sencillamente por las cercanías de su palacio, al cual mejoró notablemente, al fin entendido en la importancia de su concepción arquitectónica lo mismo que la de la Iglesia anexa a aquel.
Pequeño de forma material y de cuerpo sencillo pero gentil, maneras suaves y nobles que delataban una inmensa simpatía por sus congéneres y por la feligresía a su cargo de episkopos, (el que vela o mira en derredor), encomendada. Adunaba a su actividad pastoral la de administrador de los bienes a su ecclesia encomendada y trató de sanearla en lo económico consciente de que sólo así sería capaz de ser independiente de otros poderes y mitigar en algo a los mínimos de este mundo. No ha sido en sus últimos años la vida portadora de eusebeia para quien en su cargo eclesiástico tuvo la cabeza coronada de mitra. Me estoy refiriendo a quien sencillamente se hizo llamar siempre, aquí en Cartagena, ciudad que ama, Padre Obispo y a quien la ciudadanía vio con ojos admirativos aclamándole íntimamente con el apelativo que se ganó de Príncipe de la Iglesia, Rubén Isaza. *** En 1926, León de Greiff compuso Música de Cámara y al Aire Libre. La dividió en tres partes a las que denominó Nenias (composición poética fúnebre), la tercera de ellas termina así: Las flechas de mi carcaj Todellas las he soltado. Unas pasaron las nubes: Esas el suelo besaron. Háylas ya por las estrellas Pechos rompiendo de astros. Rompiendo constelaciones Y mundos innominados, rompiendo los corazones de Prociones y Pegasos de Sirios y Casiopeas, y Altaíres namorados: Las flechas de mi carcaj Todellas las he soltado.
3 de febrero de 1987.Página 5
Mirando por la rendija Aunque con algunas reservas sobre algunos de los conceptos expresados en el editorial del periódico “El Tiempo” correspondiente al día 17 de octubre de 1983 lo transcribimos a continuación para lo que pudiere servir. Aunque parte de lo expresado por el articulista fue contradicho por el mismo don Pedro Laín en unas palabras que dirigió en una recepción que se le ofreció aquí en Cartagena donde elogió no sólo el español de América sino que alabó con fuerza del que se habla en la cuenca del Caribe dando como ejemplo de buen manejo idiomático el empleado por los novelistas de esta bullente región calificándolos de enriquecedores del idioma en general. De todos modos aquí va: “El hombre gana dignidad cuando se expresa en un mejor idioma”. Don Pedro Laín Entralgo, en una breve sentencia, nos brinda una lección que todos los que tenemos como propio el español o castellano, para no irritar la sensibilidad de algunos de los españoles, tenemos que seguir al pie de la letra. Al elogiar el ilustre profesor la forma como hablamos en Colombia surge una duda, que nos permitimos plantear sin querer molestar a los habitantes de las diversas regiones colombianas. Creemos ciertamente que en la región andina de nuestra patria, especialmente en Bogotá, se habla un español puro, claro y de buena prosapia. También en Popayán, y Tunja, y perdónesenos si olvidamos otros nombres de ciudades de lo que fue el Nuevo Reino de Granada. No podemos decir lo mismo de las regiones costeras, tampoco de Antioquia o de aquellas pertenecientes al antiguo Caldas, y podemos agregar el territorio encerrado en el Valle del Cauca. Nadie puede negar que los bogotanos hablan bien el Español. En la Costa, no. Allí se confunde la influencia caribeña con ciertos factores raciales para formar un idioma muy especial, propio de las condiciones geográficas de la región. Cuestión similar ocurre en otras secciones de nuestra patria. Lo importante es defender el buen uso de la lengua. Poner en práctica lo que nos señalan Laín Entralgo y otros maestros de las letras que se admiran de la manera de hablar de los bogotanos, y buscar no contagiarnos de los modismos “caribeños” ni “mexicanizar” ni “argentinizar”, y perder por esos vocablos, el hermoso idioma de Cervantes. Estamos seguros de que hablar bien no es fácil. El uso de algunos vizcaínos, esos términos que no son bien recibidos en algunos recintos sociales, forma parte de un estilo que a veces se convierte en un verdadero arte. A quienes preguntan con justificada razón por qué un Premio Nobel como García Márquez, que es oriundo de la Costa y no de Bogotá y es el mejor escritor de habla hispana, les diríamos que el buen parlar difiere mucho del genial escribir. Jamás un Cuervo o un Caro habrían podido aspirar a un premio de esta naturaleza. Marroquín sí. Para poner punto final a este comentario, y como respuesta al elogio de Laín Entralgo, les aconsejaríamos a los colombianos intentar escribir como García Márquez. Hablar como él, no”. Hasta aquí la transcripción del editorial del diario… Como se echa de ver el articulista del anterior escrito, ignoramos su nombre, aunque sí podemos inferir que se trata de un bogotano de los que pronuncian “pescao” o “arrastran” la “rrr” y dicen “peos” por “pesos” y paren de contar… Dicho caballero, en vez de entrar en el comentario de la diversidad de pronunciación que existe en Colombia por el fenómeno, que ya tiende a disminuirse por el proceso que facilita la televisión de “estandarizar” la pronunciación dentro de aspectos razonables, que se llama aislamiento, y que tuvimos hasta hace poco por la escasa comunicación, enfoca el problema por un aspecto, totalmente desfasado, como lo es el racial y el simplemente geográfico. La orientación lingüística acertada la constituye hoy aquella que dice que mientras no haya una cultura planteada por una enseñanza escolar y académica extensamente propiciada a toda la población de un país o región producirá dislocamiento de la manera del uso y pronunciación de cualquier idioma, trátese del español o no. El problema es, pues, de educación y no como lo dice el comentarista de manera absurda, racial. En países en donde la audiencia de radio y la observación de televisión son amplios, y donde además la mayoría de la población ha disfrutado, de mínimo, una educación correspondiente al bachillerato tienden a estabilizar su idioma, o de lo contrario lo transforman, pero todos están enterados al mismo tiempo pues todos disfrutan de los mismos modos culturales, masivamente utilizados. Por ejemplo, hacia el año de 196… un comentarista norteamericano de arte utilizó el vocablo “naïf” y al día siguiente 60 millones de televidentes (de aquella época) supieron qué significaba el término en francés. En cultura no hay nada elitista, a mi modesto juicio, sino de oportunidad de recibir desde pequeño una buena escolaridad y mínimo un bachillerato o educación básica secundaria. Pero eso es una irrisión en nuestro país en donde las masas en un 49%, algo así, son analfabetas. Si Vargas Llosa comentaba un libro de De Soto, un paisano suyo, sobre la marginalidad de los comerciantes, tal como aquí, donde hay vendedores en las aceras por cientos, también esta se ve en el desorden vital del empleo del idioma usado sin reglas por quienes por no haber recibido educación formal constituyen, también, cultura informal. No siempre para mal, pues la fuerza de los idiomas muchas veces proviene de Mingo Revulgo… Sábado 7 de febrero de 1987.Página 5
Mirando por la rendija Con el propósito de atender varias invitaciones para disertar sobre temas en relación a la integración entre nuestro país y Ecuador llega en el día de hoy a la ciudad el Sr. Ministro de la Embajada de ese Estado en Bogotá el doctor Patricio Zuquilanda Duque. El distinguido diplomático lleva asignado en la delegación de su Gobierno en Colombia dos fructuosos años casi, después de haberse desempeñado en el Ministerio de Relaciones Exteriores ecuatoriano en diversos cargos que le merecieron el ascenso a la Representación ecuatoriana en la O.E.A., luego al de Primer Secretario de dicha embajada en Egipto, encargado de negocios en la anterior donde llegó por último al cargo de Consejero hasta cuando fue requerido por su gobierno para dirigir el Departamento de Planificación del Ministerio en Quito, en 1981. Muchos son los países que han tenido como huésped de honor a tan distinguido intelectual, citamos entre otros Brasil, Bolivia, Checoslovaquia, China, Nicaragua, Perú, Yugoslavia, Venezuela y Argentina. El doctor Zuquilanda Duque es un notable jurisconsulto graduado en la Universidad Central del Ecuador además de ostentar la Licenciatura en Ciencias Políticas y Sociales. Dentro de nuestras fronteras muchas han sido las conferencias que ha dictado dentro del marco de Seminarios sobre el Grupo Andino; sobre la Cuenca del Pacífico; sobre Desarrollo Amazónico ecuatoriano; sobre la posición ecuatoriana en relación al financiamiento externo y en la Universidad de Antioquia participó en un simposio recientemente sobre Estado y economía. A sus ejecutorias como diplomático y a su intensa actividad docente aduna el doctor Zuquilanda la condición de escritor reconocido de obras de carácter indigenista como la intitulada por él “El indio ecuatoriano y la integración nacional”, continuando con la tradición entre los intelectuales y hombres de letras de su país de tratar como elemento sine qua non de su pueblo el papel que juega la gran raza quechua que tantos motivos de orgullo ha dado a las civilizaciones precolombinas de América. Como jurista tiene a su haber una obra donde trata de la “Prevención de los actos delictivos y el tratamiento de su hechor”. La conferencia que en este momento lo ocupa en la ciudad que hoy le da la bienvenida como representante del vecino Ecuador versará en derredor del tema “Las relaciones internacionales del Ecuador con Colombia y las perspectivas de los dos países en los asuntos de la Integración Andina” que expondrá en la Universidad Corporación Tecnológica de Bolívar y en los Rotarios. Zuquilanda Duque es un decidido y fervoroso partidario de la concepción bolivariana de la constitución de un gran Estado tal como lo fraguó el Libertador en la “Carta de Jamaica”, de 1815, como solución verdadera y definitiva de unión y solidaridad para el progreso de estas regiones. Tal vez no sea aventurado decirlo, algo pudo influir el hecho, manes de lo inconsciente, de que su nacimiento hubiese caído en un día 17 de Diciembre que está asociado, como todos sabemos, al tránsito del caraqueño a la historia. Como viajero y hombre de cultura es un declarado admirador de Cartagena de Indias aunque sólo ahora cumple el deseo de estar en ella y está enterado de muchos pormenores de su gloriosa historia que le han merecido, como a Quito, que la UNESCO la haya declarado Patrimonio de la Humanidad. Bienvenido sea a ella el digno delegado ecuatoriano, representante de la patria de Don Juan Montalvo, gran cervantista, de Carrión, del enorme Guayasamín y de tantos y tantos prohombres que ha producido la pequeña gran república, meridiano del mundo y hoy potencia petrolera. A través de él le tributamos desde aquí a su digno y laborioso pueblo, que ha construido silenciosamente desde la época del imperio incásico ciclópea arquitectura, hoy admiración de todos, y la maravilla urbanística del colonial Quito. Grande y sufrido pueblo que tan doloridamente nos enseñó a respetar y valorar el novelista y vocero de la idiosincrasia de la “indiada”, Jorge Icaza, en “Huasipungo” Pueblo, además, que entre frustraciones y alegrías ha sabido avanzar en la historia para colocarse en una posición de perspectivas, de esperanzas, de buenos augurios en los años venideros. En la ciudad heroica, su hermana histórica, nuestro ilustre visitante encontrará puntos en común, ensueños similares, monumentos que recuerdan iguales gestas, y sobre todo, un espíritu caluroso, como el que caracteriza a los ecuatorianos. Juan Pico de la Mirandola Martes, 10 de febrero de 1987.Página 5
Mirando por la rendija “El amor brujo” Después de su regreso involuntario de París por la “nunca maldecida guerra”, De Falla se instala en Madrid, donde continúa sus trabajos pendientes: las <Siete canciones>, y casi enseguida “El Amor Brujo”. Equivocadamente se ha dicho que la idea de las primeras procede del “Cancionero” de G. Matos; De Falla estudió directamente en interminables sesiones de gitanos citados por él mismo lo propio con algunas gentes del Albaicín, como aquella María, vieja albaicinera, que sentada junto al músico le cantaba aquellos polos (ciertos cantos muy populares en Andalucía), que él iba anotando en su pentagrama. “Repita, repita usted ese canto”, le decía el músico, y allí durante sus buenas horas iba recogiendo directamente de la voz apagada y profunda de María los cantos gitanos. Esa fue siempre su inspiración directa, el resto lo ponía su conocimiento técnico de la composición musical. Ya en España, Falla viaja a Granada, Sevilla, Cádiz, Ronda y Córdoba. Posee ya un gran prestigio sobre todo en el mundillo del “cante andaluz”. Durante su estancia en París, de 1907 a 1914, De Falla ha tenido la oportunidad de asistir al deslumbrante espectáculo que marcará un período artístico: son los Ballets Rusos, de Diaghilev. El ruso llenaba una época del arte y a él se le deben las creaciones de una buena parte de los músicos de su tiempo, y, debido a su impulso, logrará el ballet su más alto cenit. De Falla ha hablado con el genial ruso de España, de su música y sobre todo de Andalucía, de las danzas gitanas, de esta amistad y entendimiento, diría que de esta empatía, surgirían obras como “El sombrero de tres picos”. Ahora se trata de “El amor brujo”, que sin estar directamente influida por Diaghilev pertenece a un género de ballet al cual ha determinado, en parte, esta influencia. “El amor brujo” es el producto de sus ideas sobre la posibilidad de una versión culta de los ritmos y danzas gitanos. Es la época del esplendor triunfal de Pastora Imperio, “bailaora” gitana, hija de “La Mejorana” y perteneciente a una familia de artistas y de toreros. De Falla admira sus danzas y Martínez Sierra compone una canción que Pastora le ha sugerido, así nace “El amor brujo”. *** Palabras con azar Anacoluto: Llámase así al resultado de emplear palabras que no tienen concordancia con la frase donde ha sido empleada. Aunque la palabra es raramente usada su resultado no lo es tanto. Anamorfosis: Pintura que sólo ofrece a la vista una imagen regular desde cierto punto. Uno de los ejemplos más notables de este recurso pictórico lo constituye el cuadro “Los embajadores”, de Holbein, el Joven. Estos aparecen normales lo mismo que los objetos que los acompañan en la composición de la obra con excepción de la calavera que apareciendo en un primer plano inmediato sólo puede ser percibida acercándose mucho al mismo. Otro ejemplo de este asombroso recurso es el que representa el utilizado por Dalí en un cuadro que apreciado verticalmente representa un rostro humano y horizontalmente es un grupo de campesinos descansando. Metamorfosis: Ella misma ha sufrido una transformación o metamórfosis, que es más eufónica y así la escribió el idioma que le dio nacimiento mientras que los latinos Plinio Apuleyo (sin el Mendoza) y Ovidio la escribieron así: metamorfosis. Serendipity: Es la palabra más azarosa de cuantas incluimos pues se define como algo que se halla sin estarlo buscando expresamente, en español, pues fue tomada del cuento inglés Los tres príncipes de Serendib, de autoría no confirmada de Walpole, equivaldría a Chiripa. Serendip o Serendib es el nombre árabe de Ceilán, hoy Sri Lanka, en donde en el Ramayana, el héroe que da nombre a la obra cumple muchas de sus hazañas. *** En un artículo sobre el día del periodista don Alfredo Pernett nos comentaba que la noticia se “precipita sin preaviso”, estimado periodista, no se nos precipite usted tanto! El mismo don Alfredo utiliza después, síndrome como sinónimo de síntoma y eso no es atinado. Un conjunto de síntomas conforman un síndrome o síndrome, la tilde se puede usar en ambas maneras. La raíz sin en la lengua de Esopo significa “unión”; “drome” (o), significa carrera, desarrollo, es la idea de esta palabra tan utilizada por la medicina. Y para terminar, no crea usted que se la estoy “velando” como dicen los estudiantes de bachillerato, pero como dice un amigo mío, gracioso sin ofender a nadie, en esta ciudad donde los apodos son muestra de rebajamiento cuando podrían ser de exaltación, algún día me referiré a eso; Amigo Pernett es más saludable tener amigas que amegas. En fin, usted como que estaba “alguillo” precipitado ese día con motivo del día, tan merecido para la gente de la prensa, del Periodista. Juan Pico della Mirandola Viernes, 13 de febrero de 1987.Página 5ª
Cultura y Turismo Una de las más fuertes tendencias naturales del ser humano la constituye el deseo de desplazarse de un lugar a otro. Así ha sido probablemente desde los albores de la Humanidad. Desde la Prehistoria, con su carencia de registro consciente de los continuos ires y venires, el ser humano ha sido tránsfuga de manera constante. La Antropología física y cultural mediante el descubrimiento y estduio de los yacimientos ha podido reconstruir el trasegar de la inmensa actividad para vencer el medio circundante y permanecer como individuo y como comunidad hasta nuestros días. Estos movimientos iniciales del hombre tuvieron que ver con el de los animales de los cuales derivó su sustento. Al comenzar la sociedad el sedentarismo la noción básica del viaje se trocó por el deseo de intercambiar los productos ya logrados para satisfacer sus necesidadescada vez crecientes. Tal vez la circunstancia de moverse de un lugar a otro con fines distintos al de subsistir comenzó con el hecho de regresar a un lugar determinado de manera reincidente para oficiar el culto a los propios muertos, según opina Mumford. La apetencia por ir de un lugar a otro tomó entonces connotaciones de carácter mágico en relación con los antepasados. Ese sería el inicio del “tour” o sea la ida a un lugar determinado pero con regreso, seguidamente, al sitio de radicación de la vida comunitaria. Con el aparecimiento y perfeccio-namiento de la cultura histórica, es decir, con un modo de vida cada día más refinado, la necesidad de los desplazamientos también creció y las condiciones motivantes tomaron características comerciales, de afanes de dominación y, naturalmente, la curiosidad por conocer lugares distintos: la curiosidad geográfica, que representa también una forma de actividad intelectual. Eso aceleró el proceso cultural de la sociedad al permitir el intercambio en las modalidades de actuar y de usar el entorno para mejorarlo, en suma, intercambiar técnicas.Fue Grecia con el despertar de la cultura científica la que dio nacimiento al Turismo como actividad conscientemente realizada y sistema-ticamente organizada. Heródoto, Estrabón, Pausanias, nos legaron testimonios vívidos de sus “viajes turísticos”, verdaderas guías para los “periegetas” o turistas de aquella época remota. Pasado ya el esplendor de la más notable de las civilizaciones de la Antigüedad clásica, Roma unificó al mundo en una común organización política en Europa.Asia Cercana y África, hecho que dio renovado incentivo a viajar y obviamente a mejorar los medios y las vías adecuadas para tales fines. En el comienzo de la edad moderna (S.S.XVI), con los periplos portugueses en África y, definitivamente, con el Descubrimiento de América se dio inicio a un intenso fenómeno de desplazamientos que llevaban ínsito el deseo del conocimiento geográfico además del factor religioso que igualmente servía de motivación para ir a ciertos sitios que la fe cristiana desarrolló en relación con el culto santuarial y otros lugares de devoción cristiana. Este movimiento venía acentuándose desde las intentonas europeas sobre el Asia Menor que representaron las Cruzadas. Los desplazamientos de viajeros renombrados entre los cuales citamos a Marco Polo como uno de los más relievantes dada la confusión que el libro dictado por el mercader a un compañero de prisión tuvo, consti-tuyéndose en un verdadero “best seller” de la época, el cual cautivó la fantasía y la atención de las gentes motivando los deseos de conocer costumbres y usos de pueblos distantes y exóticos, con lo que se dio renovado impulso a la afición por viajar, conocer y obviamente, negociar. En la edad contemporánea el gusto por el viaje se extendió mediante el avance tecnológico de los medios de transporte que permitió que las comunicaciones posibilitaran rápidamente la ida y el regreso, después de haberse apreciado los sitios de interés volviendo fácilmente al lugar de vivienda y de trabajo, el barco, primero a vela, luego el de vapor, y, posteriormente el avión, la maravilla del siglo diecienueve y de comienzos de éste que con su eficiencia han convertido al mundo en un pañuelo, como se dice…pero recogido! El mundo se halla convertido en la aldea universal de la vida para sectores cada vez más crecientes de trabajadores, ha hecho posible que lo que antes era satisfacción de los adinerados hoy sea una realidad factible para grupos cada vez más numerosos ya que viajar representa una de las necesidades más estimulantes para la cultura y la recreación espiritual del hombre. El Universal, Dominical, 15 de febrero de 1987.
Mirando por la rendija Dijo alguien: Abandónate mientras puedas al discurrir de lo cotidiano y el aburrimiento para tí será algo perteneciente a la idealidad. Siguiendo tan sabio consejo me fui a mirar la feria ganadera. Tenía tanto tiempo que no veía una vaca, distinta a las que anuncian filetes o caldos en la televisión que ya tenía una imagen difusa de la contemplación de la gracia animal en movimiento. Pero mi sorpresa fue en el momento en que después del desfile para clasificación de las airosas Ifigenias bóvidas, el juez, un norteamericano con botas y el caminar estevado de los cowboys aunque con gafas de intelectual profesor a $500 la hora, empleó el inglés, y yo, que no tengo duro el oído, creí entender que uno de los calificativos que utilizaba era el de que la primera de las terneras o novillas era “very feminine”, cuando pregunté a un ocasional acompañante, hombre que ama mucho las reses, particularmente a las de lidia, me corroboró mi inicial impresión: ¡En el proceso de cría y de clasificación de la calidad de una res se parte de su fenotipo o características externas para definir sus virtudes como productora de leche y como madre de buenas crías, pero para mí que el juez tenía algo en común con el Poeta, ya lejano, cuando comparaba la belleza de Io, hija de Inaco, llamándola Ternera de Zeus! O aquel epíteto tan repetido y tan hermoso cuando se lo aplica a “Hera veneranda, la de ojos de novilla”. Es que con estas cosas nunca se sabe, pues un sabio de esos que viven, me decía el otro día en una reunión que él había descubierto que su reciente afición a la floricultura era la sublimación, en su senectud correcta de hombre de bien, y los elogios son míos, de sus apetencias sexuales! *** Un día de estos contesté al teléfono y una amable voz me decía: Lo estoy llamando para preguntarle si recibió la revista de la entidad Tal, y si quisiera usted suscribirse a ella, y vale tanto y… si tenía una crítica que hacerle sobre la presentación gráfica y demás de la parte material de la revista. Le contesté que si tenía una crítica y que si quería se la hacía en el mismo momento; me respondió que si era una crítica distinta que entonces le escribiera a Tal o Cual y… La crítica es de base y es esta: Encontré que los artículos de ella estaban escritos por las mismas personas que están escribiendo en todas las revistas de entidades bancarias y similares, y en donde se da el pie de imprenta de ésta a la que estoy aludiendo elusivamente dice claramente a la letra que las colaboraciones no se aceptan sino son solicitadas. Esto no me gusta, como tampoco me resultan agradables los concursos con premios jugosos donde le participan a x ó z que se trata de esto o de aquello y el resto de la comunidad queda en la más supina ignorancia respecto de las oportunidades. Igualmente es criticable que la notificación de los concursos se haga de manera distinta a cómo debería ser hecha: Publicar en la primera página de los diarios todo lo relativo a fechas con la debida antelación, condiciones, monto de los premios y otras circunstancias relativas al efecto. En los concursos de entidades del interior del país siempre se entera la gente con retraso, pues como en el caso de la llamada que comentamos siempre nos llaman a tiempo es a los “duelos y quebrantos” y en el holgorio nos hacen lo que elevó a lema Gaitán en un discurso en plaza pública. *** Lo anterior me recuerda la diferencia de idiosincrasias de atenienses y espartanos. Los primeros pudieron crear una democracia, con sus defectos y virtudes, gracias a que no había secretos, o al menos se combatían; mientras que el silencio y la reserva era tal vez la forma más estricta de la modalidad de la dictadura de los segundos. Estas cosas parecen vejeces pero son modelos que no cambian y son utilizados tal vez más hoy que en la Antigüedad, pues esta es una sociedad más competitiva y más consumerista. ¡Si el aviso asume hoy características masivas de comunicación el silencio que la manipulación de la información crea es también más profundo! *** Lo anterior estaba escrito desde el sábado pero en la lectura del diario dominical “El Tiempo” me encontré con un encabezamiento que D´Artagnan utilizó para hacer un comentario, independientemente de este, transcribo las palabras del expresidente López Michelsen: “La dictadura se funda sobre el terror y la intimidación; ese terror y esa intimidación llevan a las gentes a decir convencionalmente en público exactamente lo contrario de lo que a diario se repite en privado. En Colombia existe el terror de la publicidad convencional”. Como vemos, la dictadura es polimorfa y proteica en sus indistintas manifestaciones, antes comentábamos la de la manipulación sistemática del silencio y seguidamente aparece la de la negación del mismo: la publicidad. Pero ya ese maestro de la reserva que fue Talleyrand lo había apostrofado: “Dios dio la palabra al hombre para disimular lo que piensa”. Juan Pico de la Mirandola Martes, 17 de febrero de 1987.Página 5
Mirando por la rendija En un pequeño libro donde recoge sus reflexiones dice Azorín: “En estos tiempo modernos en que los juicios se formulan rápidamente y en que todo mundo escribe, debemos considerar que existen muchas reputaciones gloriosas que no tienen fundamento ninguno y muchos desprestigios que no deben ser considerados como tales. Estas reputaciones y estos desprestigios que son como fogatas de hornijas o como jiste o espuma de cerveza, no resisten a un examen atento, y con la misma rapidez con que se fabricaron se disipan. El político debe meditar en el valor de las censuras y de las alabanzas. No conceda a la censura y a la alabanza más valor del que tienen. Es fácil ser indiferente a la censura o sobre ponerse a la contrariedad que nos produce; no es tan hacedero tomar el elogio en el sentido que realmente tiene. El político habrá de pensar que son pocos los elogios que son capaces de llenar y satisfacer a una persona delicada. Un hombre vulgar se henchirá de satisfacción ante un elogio impreso en un periódico o en un libro; un espíritu frío, acaso note en tal elogio una hipérbole, una exageración, algo que traspasa los lindes del elogio para entrar en los de la apología. El elogio de los admiradores es lo que más pone a prueba la fe y la constancia de un artista. Se puede resistir a la censura, aún a la más despiadada y acre, pero ¿cómo no llenarse de tristeza y de desconsuelo ante ciertos elogios que los entusiastas del literato o del orador se publican? En ellos, con la mejor intención, un aspecto de la obra que no tiene importancia es señalado y ensalzado, se deja pasar en cambio un matiz delicadísimo, tenue, en que el autor ha puesto su espíritu. La ironía es acaso tomada por actitud de seriedad y recta afirmación, en tanto que una aseveración que se ha hecho burla burlando, pero con mucha gravedad en el fondo, es considerada como una leve chanza. Alegrías que en lo sustancial son tristezas pueden pasar por inofensivas alegrías, y en cambio se ve tristeza donde el autor no ha hecho sino pasar con indiferencia y con desdén”. *** Tony Porto nutrió con su programa cómico, “La cotorra”, las fantasías y el sentido del humor de los cartageneros durante muchos meses o años, no lo sé con precisión dado que éramos infantiles para esas calendas. No obstante alcanzábamos a comprender la causticidad irreverente y su inmediato sentido del humor. Nunca he olvidado la gracia que nos causaba a los chicos de entonces aquello de Cartagena Hoyos viuda de Cemento que se inventó Tony en compañía de su “carnal”, (así se llamaban ellos en su trato en el programa radial), la última palabra siempre nos causaba curiosidad, pues aunque después la comprendimos bien, al ser usada por ellos la creíamos parte de su muy particular modo de hablar. Con ese humor esquinado y tan mamagallístico que los caracterizó siempre en aquel tinglado de payasos radiales. Porque eso es lo que debajo de sus saltones ojos, al tiempo que inquisitivos, es lo que existe dentro de este hombrecillo que parece predestinado por su físico a ser: un payaso nato, y él concuerda con su aspecto. En Hollywood Tony habría podido tener la oportunidad, tal vez, de haberse constituido, quién sabe hasta dónde, en un digno émulo de Charlot o Senté, o cualquiera de los grandes cómicos que han nutrido, sin él nunca haberlo querido reconocer, su extraordinaria vis cómica. A falta de carpa y de representación, en nuestro sencillo mundillo en las épocas en que él comenzaba su nunca oficializada carrera de mimo, de la profesión de cómico, Tony escogió algo que le ha permitido vivir con aulagas pero al mismo tiempo con decoro educar a su familia; la actividad de publicista, tal vez uno de los iniciadores entre nosotros de dicha modalidad, aprendida siempre de manera empírica a través de su dilatada vocación radial y a lo único que no está acorde con su comicidad, su insistencia y su tesón. Pues bien, este Marcel Marceau a la cartagenera, me permite, después de mi intenso trabajo diario, pasar ratos divertidos (sin pretensiones trascendentales), con su programa radial que lleva por no sé que emisora en la hora en que todos los Melquíades pataleamos en el sopor de la siesta, como el gitano, allá en los médanos de Singapur, en la extraordinaria saga de los macondianos. Tony Porto tiene una facilidad para la versificación que integra en el dicho programita, del cual lo único inadecuado me parece que es el título, por lo acartonado y solemne del mismo. ¡Tal vez, manes de la ciencia publicitaria! La serie de anécdotas que va engarzando en los segmentos de la media horita que dura es asombrosa. Pico de la Mirandola Viernes, 2 de febrero de 1987.Página 5
Mirando por la rendija Decía en alguna de sus obras Nietzsche que en su infancia se le había sometido a tan férrea disciplina por partes de sus parientes que alguna vez al hacer el camino a pie desde su casa a la escuela caía torrencial lluvia y que respondiendo a los valores enseñados como de correcto comportamiento, de no correr, casi contrae una pulmonía. Pero eran otras épocas y otras maneras de actuar. Hoy en día no tiene sentido enseñar eso a un niño como conducta a seguir en la calle pero muchos son los valores que se hace preciso enseñarles para su buena participación en la vida en sociedad. Hay situaciones en libros como el que comento que me hacen cavilar sobre el hecho de que algunas formas de comportamiento no responden a la psicología sino que son simples reglas de cortesía o que tal vez de deba a eso el que algunas sean tan antiguas. Leyendo un libro del autor inglés Desmond Morris, este decía que nuestra conducta muchas veces estaba regida por patrones que demostraban aún rezagos heredados atávicamente, ejemplificaba que la mirada sostenida entre los primates superiores era un acto de retamiento y que por el contrario el acatamiento se demostraba por parte de los menores desviando la mirada. Morris da el ejemplo de que los animales y en general los primates superiores sienten irritación si alguien se les acerca sin el debido preámbulo manifestativo de que quien se acerca viene en son de paz, y de que no hay persona a quien no le fastidie que sentado en la playa, alguien, existiendo mucho espacio, le roce la toalla en que está sentada. Naturalmente, no todas las reglas de urbanidad responden a los mismos principios sino que tienen orígenes indistintos, según el modelo social que la cultura que los ha desarrollado les ha atribuido. En viejos textos egipcios aparecen las enseñanzas de los Carreños de aquella época recogidos en sabios apotegmas par impartirse en clases recitatorias en las aulas. Hoy en día es más fácil, basta que una editorial se dé cuenta de que parte de los problemas rebasan las normas que hoy se imparten simplemente como relaciones públicas cuando todo el mundo ya está formado o, en algunos casos, malformado en todo o en parte. La educación, o mala educación, comienza en casa en el proceso de imitación (¿Desmond Morris tendrá razón acaso?) a los padres y eso es lo que una vez más en un librito amenísimo intitulado “COMO COMPORTAR-NOS” editado por Pime Editores, nos recuerda Eduardo Lemaitre actitudes reforzadas con dibujos de carácter caricatural que son motivo para sonreirnos, sea porque vemos a otros, o nos vemos a nosotros mismos, reflejados en nuestros actos de la vida diaria. Lo que nosotros vemos como educación o urbanidad los orientales particularmente los japoneses lo ven como cortesía. Se le preguntaba a uno de ellos que a qué se debía tanto acto demostrativo de consideración a los otros y respondió rápidamente. Al hecho de que somos muchos y nuestro país es pequeño, casi no cabemos! En efecto, uno no muestra la cortesía realmente sino cuando está en compañía e infringir una de las formas básicas es un acto de agresión soslayado para quien no sabe o no quiere ver. En alguna ocasión encontré a mi hija Sara Paulina (11 años) leyendo el librito de manera espontánea y reía a carcajadas, le pregunté que qué leía y me dijo: ¡papi, es tan gracioso, este señor tan mal educado hace lo que haces tú! Desde ese día cuando creo que voy a hacer una incorrección miro a todos lados a ver si está Sarapau. De todos modos, cuando nos sentamos a la mesa, tengo el libro en un sitio cercano y si el pequeño de siete años (Sergio Miguel) lo precisa le señalo una vez más el dibujo que refuerza la norma de educación que está en la página 145. Y Nemosine me trae a la memoria aquella divisa que utilizaba el poeta francés Santeuil en sus comedias “CASTIGAT RIDENDO MORES”, que en cristiano significa aquello tan sabio “de enmienda, riéndote, las costumbres”, o mejor, las malas costumbres. Juan Pico de la Mirandola Martes, 24 de febrero de 1987.Página 5
Mirando por la rendija Desde la aparición, creo yo, del arte de la escritura, ha existido el anonimato. No me estoy refiriendo al pseudoanonimato, que es cosa bien distinta. Muchos textos ya en culturas históricas aparecen intencionalmente sin firma ni siquiera la de un seudo nombre que, al fin de cuentas, es un nombre con el cual, hoy día, se puede en algunos caos identificar a una persona más que con su mismo apelativo bautismal. Los poetas de las cortes, los historiadores, los maestros algunas veces pudieron rescatar sus nombres del silencio o del olvido. Sin embargo, todavía se discute entre los interesados si existe un Homero o no, lo mismo que se dice que la palabra es un calificativo del hecho de no ver, es decir, de un poeta ciego; lo que al fin es una forma de anonimato, en cierto sentido. No obstante lo anterior no vaya a creerse que todos los autores son desconocidos, hay nombres muy definidos y trasmitidos desde hace milenios en relación a obras y tratados de todo género. Sin embargo, siempre ha sido un misterio la identidad de un crítico de la decadente sociedad ateniense que se atrevió a decir muchas cosas de su ciudad en proceso de disolución social y política a quien conocemos como el Viejo Ateniense y debajo del epíteto intuimos por el tono de sus comentarios a un partidario de la aristocracia desplazada del poder y con arrestos aún para reasumirlo. Otro escritor ignoto es un misterioso Cratipo quien sería acerbo crítico de Tucídides por haber salpicado de “discursos” su relato y de quien Dionisio nos relata que se cuidó él mismo de hacer lo propio. En 1906 en Oxirrinco, Egipto, se descubrieron doscientos treinta fragmentos de rollo de papiro en los que un funcionario romano del siglo II d.C. registraba un censo. Pues bien, y es el hilo conductor de nuestro comentario, una persona tomó el papiro y escribió en el revés lo que parece ser una segunda parte de una historia de asuntos griegos desde donde se detuvo Tucídides en 411 y comprendía hasta, en datación descendente, el 390 o el 385. Se trata de aproximadamente veinte páginas nada más. Ese autor constituye, pues, el tercero, y lo conocemos como el Anónimo de Oxirrinco de esta lista de autores “fantasmas”. Con el nombre genérico derivado de la base de la columna de Pasquino en donde se fijaban los escritos satíricos en Roma se encubren, y se han encubierto, muchos en la propalación del chisme, (sustancialmente), expresado por escrito. Dentro de ese mismo orden de ideas tenemos un personaje que enreda aún más las cosas, se trata de Quinto Curcio, Curcio Rufo o Quinto Curcio Rufo, pues su nombre, lo único de conocemos de él, aparece de las citadas maneras. A pesar de las muchas conjeturas tejidas alrededor de su nombre poco es lo que sabemos de este historiador, autor de una seductora obra sobre Alejandro Macedón y que es un enigma en la historiografía latina. Por modestia, descuido o pérdida de la primera parte de la obra lo cierto es que nada sabemos de él salvo las versiones de su nombre como vimos anteriormente. Y estos eran nombres corrientes en la época como que “Rufo” significa ¡pelirrojo! Como vemos la institución de escribir bajo el anonimato, cosa tan corriente hoy día por distintas causas, particularmente en publicaciones periódicas y hasta diarias, no es nueva, sino algo de práctica muy antigua como nos lo dicen los anteriores datos. Tanto está arraigada esta modalidad que muchas son las expresiones en distintos idiomas para definirlas, por ejemplo “homme de paille” en la lengua en que se expresaba Scapin; en italiano “testaferro”, enérgico vocablo; Sastre se expresó muchas veces por escrito como “negre” por indistintas razones. Pero quienes, dentro de la dinamización de la informática y de la apetencia que el papel periódico tiene al modo de Pantagruel, han creado desde hace ya años la última expresión que ha ido resumiendo poco a poco a las otras por la difusión masiva del inglés en el mundo es en el periodismo norteamericano el “ghostwriter” que tanto enorgullecía a Truman Capote cuando en sus inicios aprendía el oficio que nosotros de manera también muy diciente llamamos en Colombia, “cargaladrillos”. Martes 3 de marzo 1987.Página 5.
¿Cuántas sillas necesita el Hombre? Fabulilla e-sopesca basada en un cuento de Tolstoi de nombre “Cuánta tierra quiere el Hombre”. Estaba sentado muy seguro, con la complacencia del burócrata, en un abullonado sillón capitoneado, mitación cuero y con alto espaldar de ejecutivo. El mismo rememoraba que su llegada allí se debía a la buena fortuna de su padre que le había asegurado la vida desde antes de él tener uso de razón. Pero un día sintió que en la reserva mostrada por su padre en el trato que le daba, sumado a que su matrimonio y el posterior nacimiento de su primer hijo se hacía imperiosa su mayor participación en la empresa y dado que la inflación hacía evidente que “el palo no estaba para cucharas”, y a que su incipiente bozo era ya másculo competidor de Vicente Fernández, el sucesor de Pedro Infante, resolvió hacer acopio de fuerzas y tratar por sí mismo.¡Al fin, se decía, me libraré de mi bondadoso pero tiránico padre que me ha querido regular toda la vida, inclusive hoy día en que ya estoy casado y con un hijo! ¡Pero no más, hasta aquí se lo permitiré! No se percataba que él estaba, hasta en su intento de rebeldía, dominado por su padre pues éste le estaba señalando desde hacía unos meses antes la necesidad de que se independizara: Hijo, la situación ahora no está boyante y temo por la estabilidad de tus otros hermanos y de tu madre. Comenzó a pensar, pues, en otra silla, pues debemos saber que él tenía desde niño, cuando se sentó a los diez años en las abullonadas poltronas de cuero resto del menaje doméstico de la decadencia económica de su abuela el fetichismo por las sillas! Era consciente de que eso de la decadencia de una familia era algo muy relativo pues el crecimiento de las ciudades permitía que lo único que le quedaba a una familia estigmatizada por la decadencia se convertía por arte del nuevo aprovechamiento urbano en otra etapa de prosperidad de la misma… y otra vez pensaba en que aquella nueva silla le gustaría. Desde su etapa en la Universidad le decían sus compañeros de aula que como costeño él era un tipo muy salado, es decir, que tenía gracia para contar chistes y él lo creyó pensando en que por lo menos eso le reconocían los del país interior entre las virtudes a los oriundos de la Costa norte del país. Comenzó, pues, como veníamos diciendo su búsqueda de una silla que le acomodara en ese momento de crisis (como toda crisis, momentánea, se consolaba). Su mujer era una niña muy exigente pues toda la adolescencia se la había pasado oyendo a su papá decirle que después, que algún día tendría de todo y con la recomendación final de haz lo que yo te digo y te irá bien y tendrás de todo con Fulanito, un muchacho muy prometedor y aunque su padre se da unas ínfulas, al menos está en lo seguro y con el resto de buen gusto que aún exhibe descresta al que sea con el cuento ese de que todos deberíamos buscar la felicidad en la seguridad. La frase anterior la había oído de su padre muchas veces y él como buen hijo la repetía pero jamás se le había ocurrido preguntarle en donde la había oído o leído su padre. ¡Que estudien los demás, yo me doy un barniz y con lo demás que mi familia me ha concientizado que tengo me defenderé! Supo de la explotación de unas minas de sal que estaban en las inmediaciones de su sitio de habitación y se encaminó con ánimo decidido a ponerse a prueba en su autorretamiento. Todo le salió muy bien, y en la entramadura de las relaciones que le habían circunstancialmente precedido obtuvo su objetivo; su primer deseo fue conocer el objeto de su apetencia culta e íntima, aquello que era un hondón en Psyché (él también tenía sus nociones humanísticas) y se decía que como se lo había dicho uno de sus profesores dar la imagen de culto sin serlo era mejor que serlo del todo pues te salvas, además, de la pedantería que es cosa grave y al fin de cuentas un “handicap”, pues esa es una cosa muy molesta la de dar la idea de que uno sabe algunas cosas. Al fin llegó el día y abriendo la puerta después de su posesión dirigió la mirada esperanzada hacia atrás y por encima del escritorio que desde ese día le pertenecía; ignoró macetas, alfombras, cuadros y hasta una cerámica artesanal del perrito “Snoopy”, en azul y rojo sobre fondo blanco, que parecía dirigirle una sardónica sonrisa de perro, su sólo pensamiento era el centro de la obsesión. La silla lucía flamante y una película de aceite la revestía de un hermoso brillo tornasolado, era de color vinotinto (bordeau) y pensaba para sí propio qué buen gusto han tenido, uno de mis colores favoritos, siento que aquí voy a estar a gusto como siempre he querido. El país era grande desde su forjamiento y el sitio que le había concedido la Silla tenía ramificaciones en otras partes del mapa nacional. Con flictos de variado género le impidieron durar mucho allí y lamentándose se vio precisado a dejar lo que más le gustaba: aquel amable mueble donde se había posado acariciando con el envés de su cuerpo el generoso abrigo de la silla receptiva y fonje. Pero así como Don Juan Tenorio va precedido de su fama (précédé de sa renommée) esta le tendió la cornucopia otra vez y desde un Sillón, alguien, oh la bondad de tener amistades cultivadas, le envió un úcase donde le invitaba a ser uno de los Sedentes. Después de todo, se decía, tengo la esperanza de una silla, no olvidemos su obsesión antes anotada y sin la cual no lo comprenderíamos; lo primero que le dijo al “Hombre del Sillón” fue lo siguiente: te acepto, pero ya tú sabes mi proclividad hacia el mueble que más admiro y sólo espero ver el que se me asignará para aceptar por escrito y todo. Conducido que fue al recinto, su complacencia fue inmensa. Además del negro azabache de la imitación cuero reluciente, la curva de su espaldar era diseñada dentro de los postulados de la ergometría para que no se cansara uno nunca de ocuparla; ¡qué silla!, es la mejor que he tenido hasta ahora y además tiene una base cromada que contrasta maravillosamente con su color negro azulado; él, debemos abonárselo, si de algo sabía era de sillas finas y de buen acabado. Pero… la complejidad del mundo rebasa cualquier ordenamiento y el polimorfismo de la realidad es desconcertante, al mismo tiempo que re-creativo en el juego circunstancial y el admirador de la silla se vio obligado a abandonarla poco después. A la mina otra vez fue su consideración al respecto pero el poco tiempo que había transcurrido hacía que las circunstancias allá de donde venía no hubiesen cambiado y acordándose siempre con gratitud de su antigua silla quiso mostrarle su simpatía volviendo a sentarse en ella. Estoy salado, se dijo reflexivamente al poco tiempo, esta silla no me acomoda tanto como antes, de seguro su anterior sedente en ella desde cuando la dejé tenía una conformación distinta a la mía y la dañó. Pobre silla, de no ser así sería la misma silla generosa y acogedora de siempre. El “Sillonate”, después de timbrar el teléfono y él descolgarlo le dijo vente para acá, aquí hay alguien que aunque es un objeto aparentemente tú y yo sabemos que es mejor ente que muchos de nuestros congéneres, ya sabes a que me refiero. Y él volvió y se sentó otra vez. ¿Por qué será que la vida de los ratos placenteros hace irrisión y en cambio la dilatación de lo fastidioso nos parece la imagen misma de la “Gehena”? Lo que sí fue cierto es que en esta silla a la que volvió con el entusiasmo de quien ya cree todo perdido halló que no era así; que aún en el naufragio de sillas le quedaba una a la que se le quebró una de las patas de manera radical y él hombre que no se iba si antes no se le quitaba la silla se marchó con ella en una sola sombra larga… de pesadumbre. Pero la fábrica de sillas era al fin y al cabo una sola, para qué desesperarse entonces. Alguna silla vendrá. Tal vez una mejor. Y vino a la memoria uno de los más conocidos refranes, aquel hermoso y balsámico que dice que no hay mal que por bien no venga. El bien era para él una Silla mejor. Ya verán los que creen lo que dicen de mí de que soy una persona asegurada en la vida y qué ese es mi único valor y garantía cómo los voy a desmentir. Los dejaré sin piso y no será como los que procesan ideas, esas son tonterías, los ejemplificaré con hechos, sí, con hechos, los hechos son mejores que las ideas ignorante él de que el hecho de pensar era también un hecho al fin y al cabo… El alba llegó radiosa y con ella los pajaritos que le trajeron la buena nueva, una silla que contaba entre sus atributos con más movilidad en las rodajas o rodachines, le había sido conseguida y otorgada. Yo lo sabía, se dijo optimista, con la felicidad que produce la ignavia. Efectivamente, la silla entregada era absolutamente preciosa, más alta de cuerpo, silfídea casi, como una bella mujer, y aunque sí lo era, también la capacidad de su asiento era más amplia y profunda: era evidente que se trataba de una silla de calidades excepcionales y él le daría el uso apropiado pues juzgaba era el sedente indicado para ello. Y el alba radiosa pasó, uno y otro día, y fue aún más radiosa… Su fijación por las sillas era de tipo dialéctico, pues al mismo tiempo que las deseaba para sentarse en ellas, después de hacerlo durante algunos días, o meses tal vez, se le presentaba lo contrario del deseo inicial, el de abandonarla. No se había explicado nunca esta sensación pero aunque trataba de sepultarla en su conciencia siempre le afloraba como una autopunición; mira que eso de amar a las sillas y después querer dejarlas. Pero yo soy un pragmático, debo adecuar toda mi conducta a eso, no dándose cuenta que pensar en ser pragmático es ser un idealista del mejor cuño. Y así, se dijo, esta silla no es la mejor, ya me dí cuenta. Debe haber por allí una silla mejor y de juro que la obtendré, debe haberla, cómo es posible que vaya yo a creer que esta es la mejor silla que yo pueda lograr, ni más faltaba. Y qué será de todos los principios que me han transmitido en mi casa con tanta seguridad, que la seguridad mía proviene de eso precisamente. Y así pensaba durante horas. Pero no había leído al ruso. Tal vez no, pero en la vida a veces es mejor no leer, puede uno volverse loco, es mejor volverse loco uno en angustiosa búsqueda de la mejor silla sin parar en la cuenta de que una alienación no cedía a la otra. Pero qué bueno hubiese sido que leyese al Conde en lo que hace referencia a lo que escribió allá en la finca donde se hizo mínimo siendo grande y a la que llamó con el nombre aquel que significa aquella que cree en lo bueno y además lo vaticina. Pero esas son sandeces, se corrigió una vez más con ese rigor con que se volvía al orden mental cuando dejaba descansar sus ambiciones por lograr una silla mejor. Al día siguiente leyó en la prensa la que juzgó, él, el inmediatista del mundo, la mejor noticia del universo todo… el titular decía que quedaba vacante una silla volante pues se ofrecía para quien tuviera las condiciones requeridas (?) el cargo de piloto de jet, y aunque se trataba sólo de un HK727, que le parecía muy corto de silla, dejaba dentro de su acaracolada mente el acariciar la idea de que tal vez ocupando esa silla voladora como si fuese uno de los tapices mágicos de las mil y una noches llegaría, porqué no, a sentarse en la Silla de las Sillas: la del Jumbo aerobús! REVISTA <MEFISTO>, DE PEREIRA Abril-mayo-junio, número 5, 1987.
Mirando por la rendija Existen varias palabras sinónimas, aunque con diferencias de matices, para presentar la realidad distorsionada con miras a lograr un efecto o propósito de burla o a crear noción de lo ridículo. La caricatura, (preferentemente la pictórica), exagera los rasgos prominentes del original. El burlesco, (comúnmente trátase de un drama) reproduce mímicamente la conducta o las acciones de manera cómica. La parodia, (usualmente en la forma escrita), sigue el estilo del original pero altera los motivos de la obra de manera ludibrinosa o burlona. En inglés existen sinónimos tales como “lampoon”, “pasquinade” y “squib”, y equivalen a caricaturas literarias. El primero de los términos se define como el uso del humor vulgar para incitar a la derrisión y al desdén. La segunda expresa la idea de insulto y anónimo colocado en lugar público. La tercera expresión lleva ínsito el sentido del discurso corto, lo mismo que el de escrito corto que contiene una vena satírica y salerosa. La voz caricatura es un italianismo proveniente del latín “cargar”, eminentemente descriptivo. Aunque opinamos que desde que ha habido el arte de la pintura cabe la posibilidad de la caricatura como aquella deformación del objeto para el logro de la intención sarcástica, lo que se mantuvo durante largos períodos de tiempo expresándose en otras modalidades como las anotadas en el primer párrafo de esta nota. Con la aparición del periódico de divulgación masiva va adquiriendo la modalidad de grafismo que se mantiene hasta nuestros días. En Colombia las posibilidades técnicas del periodismo llegaron tardíamente y a eso se debió el relativo atraso de la aparición del cultivo de la caricatura entre los costumbristas como Urdaneta y otros dibujantes para el poder ser considerados como caricatos sociales que a veces personalizaban en sus dibujos, aunque su búsqueda era propiamente otra. Ricardo Rendón, dibujante “maudit” y alma atormentada, miembro del grupo cultural llamado “Los Nuevos”, hizo su voluntario tránsito dejando vacío su puesto de conciencia gráfica y afilado buril de la época tanto en lo social como en lo político. Puesto que ocuparía diez años más tarde Pepe Gómez, hermano del “Monstruo”, quién según nos muestra en detalle una extraordinaria edición antológica publicada por la Biblioteca L. A. Arango, del Banco de la República, nov. 86-feb., vol., 2, es alter ego en la pintura de tipo caricatural del intento moral de su hermano Laureano de separar “el oro de la escoria”. Caricaturista éste, Pepe Gómez, pesimista, mordaz hasta lo sangriento, melancólico y reiterativo, como el moralista que creemos ver en él, pero al mismo tiempo valiente y de hondo sentido social y antiimperialista. Todas las gráficas están historiadas y explicadas en su simbología lo que impide que el significante de aquella sátira global de entonces nos pase desapercibida. Labor dispendiosa y loable que acrecienta el valor intrínseco de la publicación prologada y ambientada por su sobrino Álvaro Gómez Hurtado, José J. Casas y otros. Viernes, 6 de marzo de 1987.Página 5.
Mirando por al rendija A ciencia cierta no se sabe nada de él; en el caos disforme de todo lo que escribe apenas hay de su propio mundo el reflejo de una intención de hacernos creer que considera que la literatura es la abanderada de la vida y de que la literatura es mejor que la vida misma. Este galeote de la galerada nos produce la desazón que leíamos en la biografía de Maurois, era la pávida tortura del pueblerino de Tours que aspiraba a imponer su desmesura en el ambiente de la ciudad, cambiadas las proporciones, tanto de personaje, Balzac, como de localidad, Cartagena, aún cuando escribe en un periódico cuyo nombre tiene reminiscencias cosmopolitas. Este ilota cultural nos tiene acostumbrados a una larga choricera de noticias comentadas sobre eventos; de resúmenes, escasamente solapeados, de revistas y otras publicaciones, por la premura misma; de sus reiteradas llamadas a las entidades culturales para prestarle apoyo a un cingalés varado que se dice descendiente del poeta Valmiki, por ejemplo, y que él cree, basta que se apele a su oído atento a todo lo que contiene una visión mágica y trascendente de las cosas, a pies juntillas, invitaciones a recitales de poetas sublunares y a otros metafísicos del todo; embutidos donde nos va dejando como piedrecitas desgranadas al modo de la fábula de los niños
La Universidad de Cartagena Con el título <Aspectos generales y básicos de la Universidad de Colombia> circula ilustrativo folleto presentado en las liminares por el rector con el fin de dar parte a la comunidad toda de las realizaciones del Alma Mater cartagenera que por razones de antigüedad lo es también de toda la Costa Atlántica y una de las instituciones superiores con vigencia continua más prolongada desde la erección en la época colonial de instituciones de formación académica superior. Como que su fundación se remonta al año de 1826 cuando el general y abogado F. de Paula Santander sancionó la ley por la cual se estableció una institución universitaria en cada una de las provincias. Al año siguiente en 6 de octubre el Libertador expidió un decreto creando la <Universidad del Magdalena e Istmo>, dentro de las exigencias de cada época ha sabido ella adaptarse como motor impulsor del desarrollo y de la cultura hasta ser en las calendas que hoy corren la más importante comunidad educativa no sólo desde el punto de vista del factor de civilización (progreso material) sino parigualadamente del necesarísimo complemento cultural (progreso moral y espiritual además de intelectivo). El primero se halla representado en un cada día más completo “campus” (la recurrencia al término es indispensable en este caso) en la zona de Zaragocilla y al embellecimiento y ennoblecimiento de la casa matriz: el viejo convento de San Agustín que con su armoniosa fachada de “palazzo” renacentista es muy superior a la estructura original con el debido perdón de los restauradores añorantes y revisionistas. En cuanto a la modalidad educativa de carácter presencial la universidad es también una de las más ambiciosas empresas educativas del país, su cobertura es de diez programas con la inicial carrera de derecho y ciencias políticas (Núñez ha sido su más egregio alumno), medicina, las carreras paramédicas (Sancho, a juro te digo que más vale un diente que un diamante), química y farmacia, ingeniería civil (pioneros en la región igualmente desde 1949), ciencias económicas y trabajo social (de tanta significación social en una región tan deprimida como la nuestra). La totalidad de las facultades tienen continuación de programas de postgrado y coordinan actividades relacionadas con docencia, investigación y extensión. Una de las áreas que más ha preocupado a los rectores son las posibilidades presupuestales y la sanidad del régimen salarial y prestacional para docentes, administradores y trabajadores en general. La biblioteca de la universidad es la equivalencia, entre nosotros, de la B. Nacional y es un placer para tantos estudiantes emplear allí hoy tantas horas en la lectura investigativa y de formación humanística distantes del enervante trópico. Posee la Universidad un Centro de Audiovisuales que opera como elemento lógico de apoyo a las actividades docentes. Varias publicaciones complementan su acervo editorial tales revistas de presentación de estudios, experimentos y seguimientos de asuntos médicos y de salud amén de investigaciones jurídicas, técnicas, tecnológicas, en cuanto a las actividades artísticas y culturales se cuenta con una sala de exposiciones para pintura, un salón de conferencias con video, equipo de sonido, etc. Juancho Arango nos decía cuando él ocupaba la rectoría de la U. que él soñaba además de con los alcatraces que se somorgujaban en el límpido espejo de la bahía de las Ánimas con una sala de música donde uno pudiera -decía él- oír, y se quedaba pensando reminiscente.... en Mozart, por ejemplo, terminaba rápida y nerviosamente. Pues bien, hace poco se inauguró un salón así al cual se le bautizó con el nombre de Salón de la Constitución. La vinculación a Telecaribe es la última de las hechuras culturales de la <Alma Mater> y su vinculación es en representación del Departamento de Bolívar, las posibilidades futuras de este hecho son amplísimas como elemento divulgador de cursos y demás actividades culturales. La edificación de la Facultad de Química y Farmacia es la que en estos momentos se construye airosa con su bella estructura y gran funcionalidad dentro del conjunto de edificaciones construidas según los cánones de la Arquitectura para fines educativos, siendo la única U. que en Cartagena cumple este humanístico logro tan necesario para la salud y comodidad dentro del ejercicio del aprendizaje tanto para discentes como para docentes, contentos todos de que al fin se les da un adecuado entorno para la sagrada función de formar y guiar y aprender todos al mismo tiempo. El Espectador 2-Costa, jueves, 19 de marzo de 1987
Mirando por la Rendija. “Revista La Costa al Día”. Es en apariencia contraproducente, a la par que intemperante, con respecto a la obra y aún más con el autor, si cabe, empezar un comentario señalando uno de los aspectos negativos de aquella antes que los positivos pero dos cosas lo han obligado así: Es la primera el hecho de que para hacer una reseña bibliográfica es menester partir de una lectura o relectura del índice, temario, tabla de contenido o de cualquier otra forma de ordenamiento de una obra didáctica como la presenta su autor, para la facilitación de la lectura de la misma, y ésta carece de ella. La segunda razón es la de que dejando atrás la primera de estas motivaciones, la obra intitulada “Reseña Histórica de Teatro Latinoamericano (Con énfasis en Colombia) constituye aún hoy en día un hito, pese a la modestia de su autor sobre su empeño para escribir la obra. Y a la escasa publicación y divulgación de la misma, lo que constituye una verdadera pena por no decir que un desperdicio de uno de los intentos más logrados, a pesar de sus muchas limitaciones, de recopilar no sólo el Teatro que hayamos escrito y representado, visto y montado en esta región tan amplia y dispersa, a pesar de todos los intentos hechos hasta ahora en todos los órdenes, comenzando por la centralización política en los distintos Estados organizados por la España descubridora y conquistadora después del sometimiento de las comunidades aborígenes americanas, que ya se habían acercado de alguna manera al mundo mágico del Teatro mediante la representación de aquel de fingida manera, y así trazar una línea de continuidad cultural y de conciencia de unidad política para sus pueblos. Esa, es pues, otra buena razón para excusar lo que anotábamos al iniciar nuestro comentario de la obra, que con tanto amor al arte escénico y tanta paciencia fuera escrito, dada la dificultad de, entre nosotros, encontrar material bibliográfico con que nutrir sus escasas páginas, que apenas suman 92, incluídas las de la bibliografía presentadas al final del opúsculo. Pero las cosas no tienen su valor, desde el punto de vista de la creación y de la tarea intelectual en la cantidad sino en la calidad de la misma, y aún más, en la cantidad del vacío cualitativo que aquella o aquellas llenan. Y este es, de manera prístina, el valor intrínseco de la obra de Jaime Díaz Quintero. El autor conoce tanto, perdón por el atrevimiento, de la relación que la profesión titulada de abogado tiene con el mundo de las tablas como con la realidad social circundante, tal como Jean Baptiste Pocquelin. Sí, el tan citado Molière, a quien su amante le fuera infiel con desespero, lo que muy posiblemente le hizo concebir a aquel aquella genialidad del “cocu imaginaire”, en la cual Sganarelle sufre los cuernos a pesar de la frondosa peluca, espolvoreada con polvo de plata peruana al uso de la época, en un verdadero acicalamiento narcisista semejante al del personaje que en “La Solterona” el escritor Balzac hace figurar como rendido y atento galán no obstante no ser sino poco más que un ridículo vejancón. Las razones de por qué establezco en este comentario alguna relación entre el Teatro y los estrados judiciales las dan los propios personajes del citado Molière, por cuanto que éste antes de entrar a representar clientes en el mundo de los estrados judiciales con las borlas que atestiguaban su título como letrado ya había representado parte de la Comedia del Mundo en el tablado. La obra destaca los movimientos teatrales más importantes de Latinoamérica, tales el argentino, el chileno, el guatemalteco, el ecuatoriano además del anglocaribeño. Igualmente dedica un espacio a la experiencia puertorriqueña. Méjico, con su larga tradición escénica desde los tiempos de Moctezuma, o antes, permite a Jaime Díaz explayarse a su sabor. La inquieta Venezuela (tanto en la pintura como en el teatro y el cine) dan base a una abigarrada información, pues Venezuela no es el país, culturalmente hablando, que nosotros mal prejuzgamos sino todo lo contrario: es sitio de agitación cultural en todos los campos de la creatividad escénica. Continúa el autor con una semblanza del teatro cubano tan rico antes como después de su gran cambio institucional y social. Brasil, con su riqueza de grupos teatrales universitarios, experimentales y profesionales hace que Díaz se limite, por la brevedad de las páginas, a solamente enumerarlos, lo que es otra falla enmendable cuando se haga una segunda edición. Panamá (quien lo creyera), da motivo a una de las secciones relativamente más extensas ya que la actividad teatral en ella está dividida, según el narrador, en la escasez de antes de 1969 y la abundancia con posterioridad a esta fecha, dando prelación a grupos independientes: al teatro de la antigua zona Canalera; cierra el enfoque latinoamericano en general el teatro nicaragüense, anterior y posterior al movimiento sandinista. Pero es a partir del capítulo IV de la obra cuando se comienza a tratar el Teatro Colombiano durante la Colonia, y la Independencia (Fernández de Madrid -tertuliano de la Eutropélica- compuso las tragedias “Guatimoc” y “Atala”, ésta última inspirada en Chateaubriand). Sigue el Teatro correspondiente al siglo que vivimos, dividido en dos partes, la primera hasta 1950-1965, y de esta fecha a los corrientes. Otra de las pequeñas máculas de la obra es que al final de la misma, cuando se enumeran los grupos teatrales individualizados por ciudades el autor no considera digno de figurar a ningún grupo (los ha habido, me consta, como que también colaboraron en la Universidad de Cartagena personajes tan conocidos y connotados no sólo en el teatro sino en la televisión tales Ramiro Corzo, traído por Fabio Morón Díaz en años anteriores, lo mismo que a Germán Moure, quienes sí aparecen citados en dicho aparte). Cosa interesante es la recomendación que el autor nos da de la validez de las actividades carnestoléndicas o carnavalescas –sólo han perdurado en Barranquilla- como fuentes, inagotables y vivas por lo folclóricas, de inspiración para la <skêne> regional costeña en general, por decir lo menos. ¡Pero basta de este merecido sahumerio mezclado con algunas pocas varetas! “LA COSTA AL DÍA”. ABRIL DE 1987.
Cuento Nominal. “El cuatropuestos”: C.P.R. Qué jartera –se dijo- tener que levantarme otra vez a las cinco de la mañana, aún tengo sueño, anoche me dormí tarde y estuve dando vueltas un buen rato en la cama. Ésta era estrecha para su inmenso cuerpo que sin ser, propiamente, el de un gigante ni obeso daba la sensación de lo pesado, casi de lo enorme, al menos esa era la impresión que causaba a simple vista aunque al observársele con cierto detenimiento podía verse en él algo de natural elegancia que disminuía el trasero ornitomorfo, el cual parecía jalarle hacia abajo el resto de su humanidad. Volteó a un lado su redonda cabeza de pollo –sí, de pollo- aunque pareciera un despropósito con un físico cuasi-paquidérmico. En esa incongruencia física radicaba la reluctancia que daba a quienes lo veían – a un cuerpo tal sumaba otra zona de pájaro, sus párpados-. Estos terminaban en una fina pelusa que acentuaba su aspecto de membrana arrugada y lampiña. Se los frotó, y dando un bostezo se incorporó lentamente quedando sentado en el borde de la cama que compartía con ella, viéndola bien –se dijo- aquella de la que me enamoré ya no es más, a veces me pregunto si no me casé con ella por el sentido de competencia con los demás asociado a cierta perfección de sus rasgos, pero hoy no siento sino fastidio pues la novedad ya pasó y ya ella está comenzando a deteriorarse, en cambio, no pasa lo mismo con su vanidad e inmadurez. Pero se consolaba pensando en que quedábale el recurso de conseguir otras mujeres para irse al caney donde se ocultaba uno que otro día a la semana. Porque –continuaba diciéndose- uno tiene derecho a ser infiel aunque sea por lo que yo lo hago, por variar y también para sentir que uno aún levanta algo. No me vengan con el cuento ese de que para ir con mujeres uno tiene que amarlas, identificándose con el <Dermatólogo demente>, esas son tonterías de los románticos pendejos, yo en cambio, -continuó el de los párpados de pollo-, las consumo al gusto de mi incapacidad para amar. Además para mí son un programa más para saciar esta sensación de hastedio y para en algo resarcirme de ésta –miraba a su mujer- que a fuerza de convertirme en un burrito de carga para consumir cosas inútiles ha acabado por solidaridad –cosa que la ennoblece- en convertirse ella también en una burrita de Buridán. Ella no se daba cuenta pero poco a poco comenzó aquello de sentirse insatisfechos económicamente, sobre todo cuando ella se hacía lenguas de los ingresos que sus amigas le contaban -muy confidencialmente- que tenían sus respectivos maridos. Pero tú también puedes –le decía ella- tal vez se pueda combinar el día cogiendo lo que caiga y entre el manejo mecánico de un cargo y un poquito de latrocinio a cada uno de los otros puestos se podrá al fin del mes firmar tres o cuatro nóminas y así alcanzará para todas las compras que sostienen la sensación entre los demás de que somos algo más que asalariados. Especialmente si el gasto es de tipo suntuario –reflexionaba-. Porque él era paciente con todo lo que le traía algún género de provecho y además –se conminaba a sí mismo- el mundo es para los que se acomodan a él y no para esos tipos “raros” –así llamaba a los intelectuales el “párpado de pollo”- que viven hablando de que el mundo hay que mejorarlo. Pero toda esa mentalidad era producto de un sencillo esquema en que se parapetaba para no pensar y continuar con su carrera de deslucido burócrata con cargos conseguidos en donde se reunía con sus amigos todos los domingos –todo lo hago por mis hijos- pues ya iba entrillando a éstos en lo mismo… como hicieron a su vez con él. Se levantó pesadamente y comenzó su arreglo matutino, a incumplir un poco en cada puesto, diciéndose a sí mismo, qué carajo si las empresas pagan tan malos sueldos es porque saben que después uno se las ajusta, es como con los impuestos –se justificaba- el Estado nos cobra más de lo que podemos pagar porque sabe que nunca declaramos lo que deberíamos. Así nos nivelamos y todos tan contentos. El “Cuatropuestos”, calmados ya todos los escrúpulos engulló con avidez un opíparo desayuno, un buen plato de cereal que iba acorde del todo con su desamparada cabeza de pollo. LA COSTA AL DIA. MAYO 1987.
CON-TEXTO KA-F-KIANO A Rosita Caviedes Terrorífica la noticia que nos trae la lectura del periódico, la expansión del área de dispersión de una nueva variedad de cucaracha asiática que entre sus virtudes tiene la de no temer a la luz como sus congéneres sino que se siente atraída por ella tales mariposas falenas o giróvagas que además vuela tanto como un canario o un mochuelo y que por contera no sólo no teme a las personas sino que ha desarrollado por ellas una confianza y hasta afecto ya que busca su compañía de manera insistente, según decía el informante. Mala cosa este nuevo reclutamiento cucarachístico pues con las que ya tenemos bien conocidas de “zapautos” parecía ser suficiente. Como la astuta que cuando entramos en el baño solo nos deja ver detrás del pie del sanitario el ápex de su luengo bigote como retráctil ojo con el cual se percata de nuestra presencia. Y qué tal la descarada que en plena visita pasa, sin más fórmula, del antejardín, por debajo de las puertas vidrieras, a “visitarnos”, iniciando su entrada, primeramente, de manera muy lenta como quien no quiere la cosa pero deseándola, estado de ánimo que logra disimular por la corrección de maneras y educación que simula, para después del primer grito de la señora homenajeada en la reunión, posiblemente la esposa del jefe, iniciar una desa-forada marcha hacia la esquina más próxima como cualquier boxeador bien apabullado. Otro espécimen nota-ble es la que más semeja un monstruo antediluviano que un insecto, con su andar lentísimo de buey y dejándonos creer que puede resistir el más fuerte de los pisotones que cuando al fin nos decidimos a propinárselo la hace quedar tan vacua y desinflada como eso, “tripas de cucaracha”. ¡Y cómo aceptarán esta nueva invasión las traviesas y rápidas cucarachitas de lavamanos y demás parentela urbana que no obstante el cuidado de no dejar canecas en el baño y otras medidas profilácticas se ingenian para convertirse en animales domésticos y de diaria conversación con uno como si se tratara de un a-moroso gato de siete años! Imagino que entrarán en un arranque de celos endemoniado ante una de estas recién venidas parientas asiáticas que les han llegado portando ojillos oblicuos y bigotes mandarinescos y de las que entre sus múltiples habilidades se cuenta la de que son hábiles en el manejo del espacio aéreo, es decir, vuelan. Tal vez la cucaracha que venimos saludando con esta notícula sea bienvenida sólo por la congénere que un amigo mío me mostró con mucho orgullo como habitante que era en la pecera que tenía instalada en su propia sala. Lo imagino pues la acuática obviamente no vuela sino que es inspirada nadadora como Esther Williams en “Escuela de Sirenas” y hasta con mejor cuerpo. De todos modos tienen el común denominador que las hermana: todas juntas resistirán el ataque atómico como ya quedó demostrado en ocasión pasada un aciago “week-end” en Chernobyl, en donde después ayudaron a reducir el peligro atómico comiéndose el residuo resultante del drama. Pronto veremos una verdadera e institucionalizada república de los repugnantes insectos presidida obviamente por nadie menos que Gregor Samsa. LA COSTA AL DIA. JUNIO 1987.
Jacinto, el niño que quiere ir a la ciudad Dado la pluralidad de situaciones que se plantea en esta narración, dedicada a ser leída por o para niños, no es posible considerarla como un cuento, no obstante que la situación básica está dada por el complemento del título descriptivo de la acción eje central de la obra, la de un niño que quiere ir a la ciudad. Judith P. de G. escogió con breves excepciones el tiempo presente para que el narrador, linealmente, contara la historia de Jacinto, prototipo del niño campesino costeño que en su candor innato desea disfrutar la vida de la ciudad simbolizada para él en dos hechos significativos: montar en jeep y tener un par de za-patos negros bien lustrosos como los que usa su amigo Luisito, el niño urbano, nieto de los Amos. El afecto que emana de la narración hacia la gente campesina muestra la faceta humana, extraliteraria, que todo narrador debe tener además del conocimiento del oficio de escritor. El relato cumple con el doble cometido de divertir y educar a un niño urbano que no conoce mucho del campo y por otro lado mostrar orientadora simpatía por la vida de nuestros amables y olvidados “corronchitos” de toda la costa norte, ámbito en que se desarrolla la acción ya que sólo al final se cumple el sueño de Jacinto: ir a la ciudad invitado por los Amos. Jacinto tiene como único maestro al Viejo Ipe, sabio del sentido común que asume además la condición de “memoria de baúl”.El amor hacia los animales se manifiesta en el hermanamiento de Jacinto con un torito su hermano nutri-cio. El aparte de la caza de mariposas en su poética des-cripción colma la fantasía de los niños. No llegando al dramatismo la muerte de Fidelito en el relato a causa de la mordedura de una culebra la suponemos dramática en la mente infantil. Aquí la autora J. Porto de G. asume vocación didáctica. “Jacinto…” es raro ejemplo en la lite-ratura para niños en la región aún en los días que corren pues trae pie de imprenta señalando el de 1976 como el año de su impresión. El sabor regional, los juegos, usos, costumbres y otros aspectos vernáculos hacen de la obra un canto a nuestra región y a sus gentes merecedoras de mejor futuro pues es un real drama que Jacinto no pueda lograr lo que quiere sin emigrar a la tugurizada ciudad. LA COSTA AL DIA. AGOSTO 1987.
Mi amigo el refranero Tanto leía mi amigo libros de sabiduría condensada por la tradición de la repetición que decidió no leer obras que rebasaran ese marco literario.¿Para qué –se decía- leer obras largas cuando un proverbio, un apotegma, una má-xima, una cita, un versículo, son suficientes? Pero de tanto extremar su método mi amigo comenzó a parecerse a Sancho. Así, si uno comenzaba, por hablar de algo, un comentario sobre una buena comida él respondía acto seguido “buenas son tortas”. Si el tema que un amigo ocasional le planteaba era sobre la presión que ejercía el dinero para conseguir las cosas con desconcertante premura, su apunte inmediato corroboraba: “Poderoso caballero Don Dinero”. Cuando alguien observaba que el Amor es la magia redentora contra lo malo y lo feo que existía en el mundo él asentía muy orondamente “las penas con pan son menos”. Y así mi amigo deambulaba por el mundo casi sin hablar, de lo cual, al menos, se libraba de los naturales malentendidos que se le presentan a quienes hablan… y de paso cosechaba fama de sabio pues los refranes, proverbios, apotegmas y demás esquematizadores del pensamiento eran recipientes de agualinfa pero también de “aguachirle de patos de la habla castellana”. Mi amigo el Refranero, al pagar, decía al empleado que lo atendía “donde las dan las toman” y depositaba el dinero de la compra con satisfacción. Y dado que quien firma esta fabulilla no quiere a su vez convertirse en otro “refranero” decide aquí acabar diciendo presurosamente “genio y figura del cielo baja” y “matrimonio y mortaja hasta la sepultura”. LA COSTA AL DIA. AGOSTO 1987.
EL CALIPIGIÓLOGO Para el calipigiólogo Juan Dager y <Au monsieur qui n’e comprend pas!>.
« Decid, decid, magnánima señora/ cuál sería el pecado fementido ». L.de Greiff.
Cuando a la edad de la adolescencia la vio jugando lo que las niñas de la época jugaban posó en ella sus ojos de alinde plenos del candor propio de la inocencia primera. Ella usaba rojo “pescador” ceñido al cuerpo en el que se denotaba ya su indefectible viaje hormonal a la pubertad. Los globos perfectos de sus nalgas llamaron su atención. Desde entonces siempre se fijó en esa parte del cuerpo femenino pero guardó celosamente su secreto pues su innato sentido del pudor le hacía intuir que podría ser llamado por los que no entienden nada alguna cosa fea. Nunca, pues, habló con nadie de ello pero cuando en su adolescencia veía películas con Loren y Taylor, en su empático sentir con el resto de los espectadores de la sala de cine jamás oyó decir a alguien “qué magníficas pechugas” como se decía que les gustaban a los gringos dizque por el Complejo de Edipo que estos cultivaban conscientemente. Cuando conoció la estatua de la Venus de L’Esplugue y la Venus de Willendorf llegó –a rebours- a la conclusión de que si se observaba lo desmesurado se apreciaría la belleza en su dimensión de equilibrio. Después vino en conocimiento de la “Venus Barberini”, de la “Venus mirándose en el espejo”, de Velásquez, y de doña Paulina Borghese esculpida, nada menos, que por Canova. Así continuó el estudio de su oculta más no perversa afición pues la admiración por la belleza es el mejor remedio contra la sordidez del alma. En alguna lectura perdida se encontró con la voz ‘pigia’ y supo por intuición qué significaba antes de buscar en el ‘viejo diccionario de lomo de buey’. Guardó su descubrimiento con mucho recato continuando su búsqueda ahora en el Cine donde le habían dicho que había variedad suficiente en una película que realizó Woody Allen sobre el tema. Él necesitaba información liberadora y así leyó con atención lo atinente en muchos libros. En uno de ellos encontró una anécdota sobre Cézanne que le pareció una verdadera enunciación de teoría estética.Se trataba de que el maestro negábase a pintar el retrato de una dama por tener el trasero cuadrado en forma de ‘manzana’. Y… tal vez por eso se perdió una posible obra de Arte… si es verdad. <Si non è vero è ben trovato>. Sus dotes de observador fueron seguidas por la natural tendencia a la clasificación del científico y así la lista incluyó los itemes siguientes: el aperado (en forma de pera); el dicotiledóneo (con forma de fríjol o de haba), el ‘Persea gratísima’ (no aguacatado sino en forma de aguacate), y el ‘sin solución de continuidad’ –aquel que no gravita sobre la parte posterior del muslo- ; el ‘silla de espalda’, como los de las yumecas; el ashanti, ‘Summa’ de la perfección en la materia; el `yoruba’, alto y en descenso de ladera desde la región lumbar alta y escasísima, etc., y tantos otros, pues como las huellas dactilares ningún modelo se repite. Años después su afición por la televisión le hizo poco a poco caer en la cuenta de que lo que había ocultado durante tanto tiempo era como la carta en el cuento de Edgar Alan Poe, que estaba en el sitio más visible y nadie la buscaba allí sino en los escondrijos más irrelevantes, era un secreto a voces, o mejor, en imágenes pues el ‘quinto muro’ no hacía sino mostrar en su propaganda comercial la parte que los cuáqueros suelen llamar ‘donde la espalda pierde su honesto nombre’ y el desfile de traseros a cada cual más bello y prieto era interminable. Entonces supo, al fin, que lo que ocultaba con tanto pudor era lo que todo el mundo pensaba y se lamentó –tardíamente- de nunca decirlo, de no repetirlo, que él durante años había cursado la carrera completa de “calipigiólogo”, u observador de hermosos traseros feme-ninos. LA COSTA AL DÍA. SEPTIEMBRE DE 1987.
Entre ángeles y loros mang (l) ueros Comenzaba el día y el alba se encendía radiosa al iniciar el sol su diario curso (es un decir cervantesco) cuando creí oir un celestial coro a nivel del primer piso de mi casa situada en el barrio de Manga.Aplicando la atención escuché en voces de la ‘Novicia rebelde’ (multivocálico) el “trece de Mayo la Virgen María bajó… etc. En la mañana se alejaba el desfile llevándose las voces sonoras y gratas, aún en la esquina podía percibirlas. Poco a poco llegó nuevamente la inconsciencia con el dulce sueño, que según el gran Homero sube por las piernas, que otra vez venía, cuando al dar una “voltereta de pescado en la cama” (frase del “Papita” Lozano), con la otra oreja, no la del mercader, esta vez en dirección de mi patio sentí subir ese extraño ruido que es la voz imitadora de los loros de mis nuevos vecinos decir: ¡Pst, pst, lorito real, lorito real! Mi arroz, Julia, mi arroz, tuaaaaaiiii! Y a continuación el pandemonium que las aves acumulan como los maníacos–depresivos dentro de sí durante la noche y al cual dan salida en la mañana siguiente al clarear. Aún no tengo el gusto de conocer a mis nuevos vecinos pero ya los iré conociendo a medida que sus infidentes loros sean escuchados por mí cada día. Sabré, por ejemplo, sus nombres (no los de los loros sino los de mis nuevos vecinos); qué comen; si dicen palabrotas o no y si el señor no vino a dormir a su cama oficial la última noche. Por lo pronto ya sé que mis nuevos vecinos aman a las aves. Al menos la inocencia de mis hijos seguirá con la intención de educarlos que tengo, de manera acorde con su capacidad de asimilar y entender a medida que pase el tiempo pues lo que había antes en mi vecindad era un verdadero atentado a la salud mental: El “vecino” anterior a los de los fementidos loros era un exhibicionista sexual y en cualquier momento aparecía en la ventana como Dios lo trajo al mundo y en veces (testimonio de los escandalizados niños y la empleada) con el ‘pito’ movilizado en la mano como cuando sin interrupción se activa un cerrojo! A mi antiguo “vecino” –puente de plata para él- le deseo que sus nuevos vecinos le sean tan comprensivos con sus exhibiciones sexuales como lo fui yo y no lo conminen en una inspección de policía con fianza y todo a no repetirlo, al tiempo que doy la bienvenida a los propietarios recién mudados de los loros mang(l)ueros. LA COSTA AL DÍA. NOVIEMBRE DE 1987.
El Candil de Diógenes En formato tipo cuadernillo ha hecho su segunda salida –quijotesca- en color verde esperanza la revista Candil, publicación del Taller Literario del mismo nombre de la Universidad de Cartagena. La aparición y sostenimiento de una revista lleva dentro de sí ingente esfuerzo y denodada vocación por las letras amén del ánimo de recrear la belleza de los textos compartiéndolos de la manera más elevada, aquella que persigue hacer una ética de la estética. En semejante tarea es en la que están inmersos el profesor Santiago Colorado H. y un grupo de escritores. La nota introductoria trae como sabia ad-monición la del poeta Cuauhtecoztli que es como el “leitmotiv” del contenido de la publicación por el tono expresivo de duda y de cuestionamiento sobre los anhelos, los deseos y los sueños del hombre: “¿Son acaso verdaderos los hombres?/ ¿Mañana será aún verdadero nuestro canto?/ ¿Qué está por ventura en pie?/ ¿Qué es lo que viene a salir bien?/ Aquí vivimos, aquí estamos,/ pero somos indigentes, oh amigo./ Si te llevara allá,/ allí sí estarías en pie”. Aunque los motivos poéticos son genéricos (¿no lo es acaso la poesía misma?) cada uno de los autores de los poemas y de los textos en prosa también poética conserva su sentido de individualidad de auténtico creador y su personal estilo pues ya en la primera salida de “Candil” aparecieron publicados poemas que nos permiten un seguimiento valorativo. Los colaboradores en este ejem-plar son: Guardela, Berthel, Mizar, García, Navarro, Eu-nice Guzmán, Diana Jánica (estas dos últimas portan la lira inclusive en sus nombres).
“LA PEZUÑA DEL DIABLO” Cartagena de Indias, es una ciudad de novela. Pero hasta que Bonilla-Naar escribió la obra que da título a este comentario sólo había sido novelada -que sepamos- por Soledad Acosta de Samper que lo hizo con ribetes de crónica e historia bajo un hálito de leyenda. A lo que se hace referencia es al género que a partir de relatos históricos recrea acontecimientos dando vida otra vez al acaecer histórico relievando a los protagonistas con visos de ficción. Género de novela histórica nacida con la obra de Scout, Ivanhoe, y que está de moda otra vez. Existe una trilogía de novelas que en parte o en todo sitúan la acción en Cartagena, son en su orden de aparición, “La pezuña del diablo”, de Alfonso Bonilla-Naar; “Los cortejos del diablo”, de Germán Espinosa y “Changó, el gran putas”, esta última sólo en su parte segunda, de Manuel Zapata Olivella. Son tres obras distintas y un solo tema verdadero: la brujería. Cada una de ellas trata el tema de manera diferente, en Bonilla-Naar la brujería se centra en la actividad de un judío converso; en Espinosa, en cambio, el mestizo Andrea es el eje narrativo y Changó redivivo es Benkos-Biohó -rey brujo del palenque-, un negro cimarrón. Representan la heterodoxia mágica con pujos de independencia. En “La pezuña del diablo”, la acción estructural de la novela es la clásica o lineal (iniciación-nudo-desenlace) y aunque los personajes están definidos carecen de hondura sicológica como tales; es novela realista pero da paso al elemento mágico pues el tema mismo lo plantea necesariamente. Fue novela ganadora del Premio Hispanoamericano de Novela en Guatemala en 1965. Tiene el doble mérito de novelar a Cartagena de Indias del siglo XVII y la de aunar a la historia la enriquecedora ficción.
“Los cortejos del diablo” En esta novela de Germán Espinosa, cuyo tema central es la narración de la brujería en la ciudad de Cartagena, aquella asume de manera manifiesta la expresión de la rebeldía criolla contra el poder español representada en el inquisidor Juan de Mañozca. Luis Andrea, mestizo, hijo de zamba, es el abanderado de la mestización de los usos de la magia blanca medieval europea con los rituales de los aborígenes costeños y el aporte del vudú. Buziraco, adorado en el cerro de La Popa, es la representación del demonio y Andrea su oficiante para posteriormente -según la novela- convertirse por acción de hechiceros y brujas en un “Cristo” americano y criollo premonitorio del “hombre cósmico” de Vasconcelos. La brujería es una forma pa-ródica y para-sita de la religión oficial dominante a la cual se le opone en contradicción dialéctica como “otra opinión” o heterodoxia, la religión de los marginados de las ventajas del sistema, nutrido otrora de muchos elementos religiosos. En la obra hay un acogimiento a la noción de los estudiosos del psicoanálisis de que a mayor represión más brujería. En la novela del cartagenero Espinosa el tema de la brujería se trata desde el punto de vista de la clase dominante -Mañozca- con todo el simbolismo de la producida en el medioevo europeo. Recordemos que el sistema español involucionó, o re-trogradó, hecho coincidente con el descubrimiento de América y después ayudado por el mismo hecho, de un sistema de desarrollo burgués y artesanal que avisaba una sociedad más participante, en lo político y en lo social, hacia un despotismo autocrático –real- que como último acto de oposición tuvo en España el de los Comuneros de Padilla, en 1521, mientras que en otras regiones europeas entraban en el auge de la revolución burguesa, de la que somos hijos tardíos después de la Independencia. “Los cortejos del diablo” está tratado en la modalidad del tiem-po novelístico circular pues se evoca el pasado -Mañozca y el obispo Ronquillo- intercalado con el presente na-rrativo y el futuro hipotético, necesario en una novela de brujería donde parte del arte es conocer lo por venir. El tema de la brujería –la heterodoxia- es la independencia respecto de la dominación española -la ortodoxia-.
La última obra de Manuel Zapata Olivella Autor de novelas como en “Chimá nace un santo”,“La Calle 10”, de sabor realista (costumbrismo aldeano la una y urbano la segunda) y contenido antropológico y social nos confunde inicialmente con el valor que da a la superstición como elemento integrante de la cultura popular para después de leer otras de sus realizaciones novelísticas darnos cuenta de que todo pertenece a la concepción de que el elemento mágico, o mejor mítico, de la cultura de masas es una faceta insustituible de la insurgencia política. De lo anterior sólo nos percatamos al leer “Changó el gran putas”, tenemos la sensación de que a escritores como Zapata O. sólo se les comprende la totalidad de su discurrir en el seguimiento de toda su obra. En la última obra citada Zapata Olivella rompe con el tratamiento lineal que venía dando a la novela –según algunos, escribir de esa manera está pasado de moda pero siempre queda la duda de si la complicación de otro tratamiento, por ejemplo, el del tiempo circular, está al alcance del lector común y corriente sin la ayuda del odiado crítico- pues en esta, al menos en la primera y segunda parte los tiempos aparecen indiferenciadamente en un devenir que va desde la intemporalidad mítica, el pasado, el presente narrativo y un impreciso, por lo profético, futuro. “Changó…”, es, pues, si la quisiéramos encasillar -a veces es valioso y útil el oficio del crítico- una novela de marcado sentido épico, en este caso la epopeya del negro en América en su denodado esfuerzo policentenario por la igualdad social y cultural. Para esto Zapata Olivella va al extremo –utilizando el recurso de la ‘reducción al absurdo’-, en este caso, al extremo de cómo él ve la realidad social del negro desplazado y desconocido no desde el punto de vista individual sino desde el racial y social. “Changó…” trae el título de uno de los Orichas más notorios de la concepción mítica de los pueblos africanos y simboliza la espada punitiva y liberadora de la opresión. En la novela –cuyo espacio geográfico es América toda- el comienzo de la acción se centra en Cartagena de Indias hasta la rebelión del cimarronismo (Benkos- Changó), la venida a la ciudad del Mulato (¡según Manuel!) coronel Bolívar, etc.
60 años de “Cosme” Para escribir una novela, cualquier tema es bueno y no se necesita por parte del escritor un gran estilo si este posee la calidad humana, extraliteraria, elemento indispensable del verdadero novelista. Y este es el caso del ba-rranquillero José Félix Fuenmayor. A sólo tres años de la insuperada “La Vorágine” (1924) aparece “Cosme”, novela urbana. También en el campo de la cultura soplaban en aquel entonces vientos renovadores en la pujante Barranquilla, ciudad idiosincrásicamente filoneísta. La novela está cumpliendo éste, sesenta años; sólo reeditada en 1979, edición que la rescató de la catacumba literaria. De Greiff, Vidales y el Tuerto López coadyuvaban a demoler los remanentes del romanticismo epigonal y vacuo, entraba en la liza un modo distinto de hacer poesía no embargante las burlas y la indiferencia. En la Colonia nuestra literatura fue ajena a la novelística, fue la Costa con Cartagena y Juan José Nieto la abanderada del género con “Yngermina o la hija de Calamar”, 1844, técnicamente es esta un “idilio”, escrito con candidez verbal como competía a una obra influida por corrientes internacionales. Digresión hecha, volvamos a “Cosme” para decir que está escrita en un lenguaje directo, cuasi-periodístico, bastante para traducir matices pero sin concesiones al retoricismo. La técnica empleada para titular los 40 capítulos es descriptiva tal la novela picaresca y sobremodo inspirada en un estilo similar al del “Lazarillo de Tormes”. El Espectador 2-Costa, Miércoles, 13 de mayo de 1987.
Clásico de la historia momposina Con motivo de la conmemoración del sesquicentenario de la Villa, el Comité de Hijos de Mompox ha tenido el acierto con la gobernación del Departamento de Bolívar de reeditar la obra “Apuntaciones historiales de Mompox”, cuyo autor es Pedro Salzedo del Villar. Obra básica de la historiografía regional y nacional –como lo apunta el título mismo- que centra la narración en el acaecer histórico de “La Valerosa” desde su fundación y poblamiento. El autor, también un clásico, era más citado que leído pues su obra sufrió muchos avatares para ver la luz de la reimpresión hasta ahora. El libro, de gran formato a dos columnas, está exornado con viñeta alusiva a los 450 años en el dintel del paginaje. La introducción que trae es la misma que tuvo la edición primera, igualmente el prólogo, debido éste a la mano del legendario Padre Revollo; deseable hubiera sido el insertar un estudio bio-bibliográfico de Salzedo más actualizado para la mejor comprensión del entorno de la obra pues han pasado ya 50 años. Curioso, ya que es Mompox reconocida cultora del mester de Clío. La obra en comentario es el acopio de las lecciones dadas por su autor en la regencia de la cátedra en el Colegio de Pinillos, otrora universidad. Escrita en períodos largos y cargada de metáforas precisa concentración en la lectura que resulta amena y vivaz. Obra escrita con elación procera hacia la patria chica. Se divide en seis capítulos, lo prehispánico en la zona, y acto seguido el Descubrimiento y la Conquista. La Colonia y la Independencia son tema de dos capítulos cada una. Salzedo del Villar sigue la tradición de los historiadores totalizantes, pues se muestra interesado en la ántropo-etnología y la lingüística, de igual manera que en los análisis del hecho económico y social, indispensables para no caer en la crónica panegírica y anecdótica. Importante hecho para la bibliografía del triángulo imaginario que conforman Montería-Santa Marta- Mompox. 2-Costa, Viernes, 29 de mayo de 1987.
Museo del Oro Con este título el Banco de la República divulga en edición numerada con el 17, correspondiente a agosto-diciembre de 1986, cuatro artículos sobre antropología y etnología americana. Uribe, Carlos Alberto, trata sobre la obra del proto-lingüista sacerdote Rafael Celedón, autor de una gramática de la lengua Koggaba de los indios de la Sierra Nevada de Santa Marta. “De los Taironas a los Kogi” es una interpretación de la evolución cultural de estos pueblos desde el año 1000 d.C. hasta la Conquista, unos y otros se fueron distanciando de sus respectivos hábitats, costanero uno y serrano el otro, propiciando dos tipos de cultura material que se denota en el tratamiento cerámico según el autor del ensayo Oyuela Caicedo, Augusto; un renacimiento cultural comenzó para ellos en el siglo XVII pero hasta el día de hoy un particularismo regional ha sido freno para su total integración, sólo la religión es el factor aglutinante funcional. Sobre “Puntas de proyectil en el Valle de Popayán” escriben a cuatro manos Illera Montoya, Carlos Humberto y Gnecco Valencia, Cristóbal, analizando seis puntas de las denominadas “colas de pescado”, las cuales tienen pocos antecedentes en el trabajo lítico de nuestros aborígenes y la tesis central los asocia a cierta influencia ecuatoriana en gracia de discusión. John Murra, antropólogo rumano, responde un cuestionario enviado por la redacción de Hispanic American Historical Review sobre su trabajo en relación con la historia económica de los Incas antes de 1532 y otros pueblos andinos del Ecuador, Perú y Bolivia. Califica como básico el trabajo del cronista indio Felipe Huamán Poma de Ayala como fuente de información andina autóctona. Al final del boletín, verdadero libro temático, se encuentra una sección de reseñas de la cual citaremos la de la obra de Serje de la Ossa, Margarita, “Organización urbana en Ciudad Perdida”. Un último artículo sobre Quimbayas y sus vecinos evidencia que aunque muy conocidos como orfebres realmente poco es lo que se sabe sobre ellos. 2-Costa, Martes, 2 de junio de 1987
Sorpresa en la Plaza Roja Resulta curioso como persisten ideas que han sido rebasadas por la realidad o que no se ajustan al desarrollo circunstancial. Como las de las purgas rusas. En relación a la acción conducente a separar del cargo al Ministro de la Defensa, por la sorprendente situación de que un aviador aficionado se había colado por el sistema defensivo soviético desde Estonia, hasta aplazarse en la mismísima vera del muro del Kremlin o fortaleza de Moscú. ¿Qué otra cosa podía esperarse sino la separación del cargo del responsable de la seguridad? Que además es el responsable político –en cuanto a que es cabeza de las F.F.A.A.- de las relaciones con el Politburó -máximo organismo directivo- especie de gabinete del Estado soviético. Para nosotros los colombianos es fácil –tenemos un régimen civilista- la comprensión de la idea de la sujeción efectiva de las F.F.A.A. al gobierno civil –rama ejecutiva del poder- por parte de la sociedad rusa. Sin ser experto -ni mucho menos- uno comprende que el Estado soviético está dirigido por un organismo parlamentario -el Soviet Supremo- que equivale entre nosotros al Congreso. No tenemos parlamento, ellos sí, en donde el órgano del poder legislativo conforma como en Inglaterra un comité o “cabinet”, elegido por el mismo gran Soviet para que ejerza el poder legislativo y ejecutivo. Ellos no se acogieron a la teoría montesquieana de la triple partición del poder. Como sí hicimos nosotros al entrar en la vida republicana. Como en Colombia, las fuerzas institucio-nalizadas de la República responden allá al poder conduc-tor sin óbice de que el follón sea un mariscal o un generalísimo, se le sanciona de igual manera que a cualquier otro funcionario incurso en el mismo caso. No importa que se trate de un héroe nacional en la guerra contra el demonio hitleriano. 2-Costa, Lunes, 8 de junio de 1987
El “Divino” y lo humano En la sociedad colombiana actual, como en todas las comunidades de todas las épocas, campean elementos muy disímiles en lo social, en lo ético, en lo moral, anclados en el determinante económico. Todo aquel que observe con ojo avizor sabrá encontrar nutrientes de una narración. La novela de G. Álvarez Gardeazábal, “El Divino”, narrada en 77 capítulos, es un caleidoscopio de una cualquiera de las poblaciones posibles en nuestro país. Por ella desfilan los Arquetipos de la condición humana. El bobo del pueblo, las chismosas, la manipuladora de la “tradición” que se pliega a la riqueza emergente del “divino”, un marginado social de belleza equívoca apuesta también con éxito a esa carta en su ansia de riquezas, entrando así en el submundo del dinero pulverulento, que se derrama en fastos religiosos en la celebración de la festividad del “Ecce Homo”, en consciente acto de contrición. Amigos le llueven al “Divino”, motivados todos por sus propias de-leznables codicias. En Álvarez G. tiene la literatura colombiana un escritor que dejando de lado la desmesura de lo real maravilloso decidió volver a identificarse con la real desmesura de parte de nuestro acontecer nacional. Novela blasfema, plantea en sus temáticas situaciones arronchadoras. La complacencia de las autoridades y las aquiescencias de la Iglesia para gentes marginales. Tema escabroso el atinente al amor homosexual que se presta a un juego de palabras irritante para las gentes de creencias católicas. La palabra clave para entender dicho juego es “homo”. No es novela de situación única sino de situaciones convergentes, hábilmente imbricadas. Novela que torna, mientras haya sociedad así será, a la realidad circundante e inmediatista para su concreción. Es, en cierto modo, una novela costumbrista. Aquí radica su valor: es una denuncia estetizada de los vicios colombianos de hoy día. Lo anterior no significa que la obra tenga valor moralizante intrínseco pero en un “sanciona con la burla” cumple su papel de discernidora de la exactitud de los valores sociales, los fastos y los nefastos, entreverados, en la lucha eterna entre caos y cosmos (orden). 2-Costa, Jueves 11 de junio de 1987
La Feria del Libro Una vez más las autoridades del departamento de Bolívar propician para esta época luminosa del mes de junio, coincidente con las próximas vacaciones de los colegiales la <Feria del Libro> en este noble soportal cartagenero del Palacio de la Proclamación. Mesas, mesones, vitrinas, estantes y virtualmente el suelo estarán constelados del más noble objeto jamás creado por el hombre: el libro. En-ciclopedias gordas y atiborradas de suculentos datos actualizados y verdaderos portentos de las artes gráficas. Arte, música, ideas políticas, medicina, artes para el buen manejo casero y coquinario, de cómo bañar al perro, de criar abejas obreras sin pagarles prestaciones salariales, de indicaciones para podar árboles frutales… en fin, la lista sería exhaustiva pero no por ello menos maravillante. Veremos al bibliómano preguntando por un título aparecido hace cuatro años porque él no puede bajar a la tumba sin haber posado sus acuciosos ojos sobre el tema que tanto lo atrae. Conversaciones que quedaron truncas el año pasado en esta misma galería se reanudarán ahora como si el tiempo se hubiese detenido. Miradas adolescentes que se cruzaron fugazmente en relación a un comentario sobre Werther florecieron en un tierno amor. Aquí veremos a un cultor del trascendentalismo calmando su angustia metafísica hojeando al gran Kierkegaard y preguntándole con angustia, ya no tan metafísica sino monetaria que cuánto cuesta, y diciéndole al librero que en ese momento no tiene todo el dinero pero que si le hace el favor de guardárselo para mañana…. No habrá carta-genero que no pase por aquí siquiera a mirar y tal vez para llevar algo que ni siquiera sospechaba que estuviera impreso. El empleado, el estudiante, el solemne doctor, el tímido profesor de literatura a quien le cuesta más el libro que dos clases dictadas, la mulata en la flor de la edad que a su belleza de canéfora tropical aduna su clara inte-ligencia y su fina emoción. El economista y el hacendista vendrán aquí a buscar la última teoría contra la galopante inflación que nos devora. El poeta de reciente edición vendrá –también él come- a preguntar si su poemario ha sido vendido en las últimas veinticuatro horas. Este espacio será ahora tertuliadero. ¡Llegó nuevamente la Feria del Libro! 2-Costa, Sábado, 13 de junio de 1987
40 años del Colegio Mayor de Bolívar Traspuesto el arábigo zaguán, bajo la arcada hecha por monolítico fuste que sirve como parteluz se permite el acceso al patio de la planta original de la casa que ocupa hoy el Colegio Mayor de Bolívar. Cumple éste 40 años, prez de la comunidad cartagenera y bolivarense nutridas por el hábito vital de la pléyade de jóvenes damas, portadoras de inteligencia y gracia, tal vernáculas canéforas, que egresan año tras año de sus aulas, restablecidas en funcionalidad y estética. Recordábase, con cielo surcado en ese momento por una formación de alcatraces que como raudo “siete” o móvil “uno” dividió en dos el horizonte del cielo sobre el patio, que el sitio ocupado hoy por el “Mayor” fue el espacio donde se inició en Cartagena, en 1904, la obra de los seguidores del caballero-sacerdote francés Juan Bautista de la Salle, que se establecieron en la legendaria calle de la Factoría, encomendando a Lelarge cerrar el triángulo que dejó el derribo de unas casas bajas con dos galerías de aulas que en dovelas y viñetas con el monograma L.S. son graciosos restos de la edificación. Esta ha sido desde el traslado del colegio a ella, los H.H. de las Escuelas Cristianas nos llevaron a soñar, “mira ese barco entrando en la bahía, ahí se va, se va, se va, la novia mía”, al cerro del mismo nombre en las cercanías del de San Felipe, compañero geológico, buque con el de La Popa, atalayas que son en la llanura-marisma de Cartagena. El Mayor conserva en el patio los bellos almendros que suavizan la canícula caribeña; últimamente se remodeló el diseño del patio, se lo pavimentó con baldosa “tablón”; reatas de intensa verdura y un hermoso Carmen o jardín son regodeo de la vista y contrastado matizamiento para la blanca mole, fábrica del edificio principal. Mercedes de Aldana mirando esto desde hace treinta años debe estar complacida con los avances que tesoneramente ha dado a ésta su obra. Dentro de lo perfectible falta un salón para audio-visuales acondicionado de aire y otros implementos -se justifica por el clima- y un renovador impulso a la biblioteca dándole mejor aireación, silletería, y raciona lizando el tiempo de su utilización. Pero todas estas cosas son aliento para mantenerla enhiesta a una edad en que muchos otros entran en el túnel abdicante del olvido o de la abulia. Cambiando lo cambiable, sin merma, Mercedes es la Montessori que graba en el alma de cera (noble materia) y en el corazón de los varios miles de educandas confiadas a su égida durante treinta años el sentido socrático de la areté. Laus Deo. 2-Costa, Lunes, 22 de junio de 1987
Árabes en literatura costeña Dentro de las ejecutorias del Instituto Hispánico-Árabe de Madrid para conmemorar el V Centenario del Descubrimiento de América se ha establecido una coordinación en cada región de América adonde llegó la inmigración proveniente de gentes de cultura arábiga. En Cartagena se ha establecido un centro de acopio de datos relativo al fenómeno inmigratorio de mayor significación para Colombia en el último siglo. La función de este centro es la de recopilar obras literarias. Artículos periodísticos y de revistas, fotografías en las que se haga referencia a personas inmigrantes y sus descendientes colombianos, sus actividades tanto industriales y comerciales como espirituales, morales e intelectuales. Pieza extraordinaria de humor y nostalgia la de Sánchez Juliao “Abraham al Humor”, donde un árabe de “Lorica Saudita” añora irse después de vivir toda su vida allí a su lar nativo para llegar a cumplir su propósito a rumiar desde allá su melancolía deseando hasta el comprar para regresar la misma casa que había vendido en su partida en una verdadera búsqueda del tiempo perdido. Todos nues_ tros grandes autores han consignado la presencia, enriquecedora, tanto del Árabe como la de su mestizo, históricamente no sólo han despreciado los árabes el racismo sino que han sido y son partidarios de la sabiduría de la mezcla racial -desde cuando se llamaban Caldeos-; también están Rojas Herazo en “Respirando el Verano”, García Márquez en “Cien Años…” y en la crónica de Santiago Nasar, donde rinde homenaje a la inmigración en las figuras del padre de Flora Miguel y en Suseme Abdala. El “Tuerto” López menciona también a los árabes pero con la burla que el coronel utiliza en “La Hojarasca”, pues uno de sus rasgos culturales es la manifestación de la xenofobia que en épocas ya superadas algunos cartageneros querían utilizar contra gentes que a todas luces fueron y son benéficas para la patria. Rezagos de la pretendida pureza racial gótica de un país que alberga en parte la descendencia mestiza de una España que funda su prosperidad turística en la grandeza de los tesoros árabes de Andalucía. 2-Costa, Sábado, 27 de junio de 1987
La tercera muerte de Santiago Nasar Giran hoy día en derredor del hecho literario muchas otras manifestaciones todas ellas consustanciales a la Literatura actual. Considerábase obra literaria en sentido estricto el poemario, la novela (el rey de los géneros por lo inagotable), el teatro escrito (verdadera contradicción pues su esencia misma era la representación en Grecia y su versión escrita era sólo un libreto o guión, que excepcionalmente alguien leía). Son los fuertes o básicos modelos literarios. Los demás responden a matices o ductilización de la forma escrita intencional. Modalidad recientemente revalorada es el ensayo. El reportaje cobra cada día más importancia por la voraz apetencia de información que la gente intuye detrás de las bambalinas de la obra, de la vida íntima del autor de la misma o de las circunstanciales que rodean los ítemes anteriores. Eligio García ha publicado con el título “La tercera muerte de Santiago Nasar” el cuaderno de bitácora de la realización del filme que Francesco Rosi -Salvatore Giuliano, “El caso Mattei”- hizo basado en la “Crónica de una muerte anunciada” del Nobél colombiano. La editorial es la “Oveja Negra”. La obra que se lee de un solo tirón por el suspenso que suscita está dividida en dos partes y un epílogo. En la primera es de mucho interés el capítulo titulado “La ficción como realidad” donde se exponen los hechos base de la novela desmitificados en el expediente judicial, el tono narrativo de E. García asume aquí el del periodismo de estrado de la mejor factura. 2-Costa, Lunes, 29 de junio de 1987 Editorial 2-Costa, Martes, 30 de junio de 1987 EL CINE NACIONAL Se cumplió la cita anual para cineastas y cineístas de la ciudad y del país pues coincidió con la temporada vacacional de medio año. La modalidad de mostrar cine colombiano gratuitamente concede al evento un interesante aspecto didáctico a largo plazo. El Cine mostró filmes atractivos en temática y de mejoría sustancial en el manejo técnico. Basado en la obra de Álvaro Mutis “La mansión de Araucaima”, el filme homónimo, presentó con riqueza de símbolos una denuncia social de esta América asociada a una historia de corrupción en una casa-hacienda destronada. Con película a lo Glauber Rocha se le rindió un homenaje póstumo al brasilero. Y a Pier Paolo Passolini. En las escenas “fuertes” el afán esteticista libra al espectador de la sordidez. Carlos Manolo madura como director de manera notable con este filme. “El día que me quieras” es el contrapunto fílmico de una supuesta relación del “Morocho del Abasto” con la dictadura paternalista del “Tigre” Juan Vicente Gómez como trasfondo. El actor escogido para el papel de “Zorzal criollo” es del carisma trasvasado de la nostalgia que suscita Carlos Gardel. El ambiente interior y exterior del filme de Sergio Dow es Popayán gloriosa. Buen sonido y dicción unidos a una fotografía que incluye tomas políticas que coinciden en el tiempo con el viaje real de Gardel a Venezuela y Colombia. “La Boda del acordeonista”, cuya anécdota es la del mito de la “Mohana” que roba hombres para convivir con ellos en parajes lacustres e idílicos. Es sorprendente que con medios tan limitados –sólo catorce millones- el realizador hay logrado algo aceptable. La historia va paso a paso. El entorno es el de nuestros paupérrimos pueblos costeños y hay algo de pintoresco-folclórico en el filme en esta época de costumbres transicionales. Aceptable la fotografía y no tanto el mon-taje por alguna inconexión que se nota en la secuencia hasta para los menos avisados entre el público. Con mejores medios económicos Botía podría ser el buen director idiosincrásicamente costeño que necesita el cine nacional. 2-Costa, Martes, 30 de junio de 1987
Chambacú y Getsemaní Dice Carlos Fuentes que los latinoamericanos tienen la desgracia de que para que una editorial se digne editar sus libros estos tienen primeramente que aparecer en lengua extranjera y en otros países. Con excepciones este apotegma lamentablemente se cumple. Un caso es el del libro de Manuel Zapata Olivella editado por Payot, París, 1987. Traducida al francés por Bourguignon y Couffon con el título de <Lêve-Toi, Mulâtre!>. Y como segundo la frase de Vasconcelos: <el espíritu hablará por mi raza>. Diez apartes conforman la obra a partir de la relación que hace el autor de su ascendencia triétnica y de la forma de la familia patriarcal costeña o familia ampliada como la llama él mismo. Como este libro es una autobiografía espiritual -un poco a lo Papini en su capítulo “Mil libros”- Zapata nos hace un recuento de sus lecturas, de sus recuerdos fijados a la figura materna, de gran religiosidad, y de un padre libre pensador. En estos dos polos oscila su lacerante lucha mostrada sin pudor con ojo de sicoanalista y de paciente a la vez –Zapata es también médico- para singlar su largo período vital de 67 años sin amarguras, sin acritudes y lo mejor de todo sin mala uva en sus escritos. Pero sí afirmativo y valiente. Admirable ejemplo el de este mulato cartagenero y getsemanicense reconocido interna-cionalmente como autoridad en folklore y medicina social. Uno de los capítulos más notorios es el quinto en su mitad referente al Carnaval, pieza literaria pintoresca y expresiva sobre la formación de nuestras fiestas carnestoléndicas y los múltiples significados que tienen estas. Sus estudios de medicina, el ambiente de “corral de negros” que fue el desaparecido Chambacú, su larga peregrinación por Centroamérica y México hacen de la obra un doble libro de viaje: el espiritual y el geográfico. La modestia de Zapata en la propia visión de sí mismo acentúa la comprensión de la obra. Desgarrada confesión de pluma, rarísima en nuestra literatura estas ‘Confesiones’ a lo san Agustín o a lo Rousseau. Cumplido el pre-requisito que cita Fuentes esperemos ahora que “¡Levántate, Mulato!” de Payot, París, vea la luz en castellano. 2-Costa, Viernes, 3 de julio de 1987.
Las armas y las letras En la visita del hombre fuerte panameño general Noriega a Cartagena -ya de regreso a Panamá desde Bogotá en don-de se entrevistó con el general norteamericano Gavin- se planteó la posibilidad de la edición de la obra “Panamá y su Separación de Colombia”, del escritor Eduardo Lemaître. El General es persona de afición a la lectura de obras históricas -heredada de su padre autor de unas memorias- y lo mismo que éste pro-colombianista. El motivo principal de la entrevista con el autor cartagenero se centró en el interés que el jefe de la guardia tiene de editar oficialmente en su país la obra por la importancia de su contenido interpretativo que va muy acorde con el sentimiento anti-norteamericano, exarcerbado ahora por el veto del Senado de la potencia del “Respice Polum” a su persona como gobernante efectivo detrás de las bambalinas. Y es que a veces las Letras son más poderosas que las Armas al decir del Manco de Lepanto, y este libro de Lemaître es el “Big Stick” que un colombiano lleva en la mano 84 años después para responder al de Teddy Roosevelt. Es que toda línea que se escriba y sea leída con atención tiene por ende la importancia de la letra escrita. Con mayor razón si es una obra de enjundia sobre tema tan espinoso de las relaciones de América Latina con E.E.U.U. Nada extrañaría si este libro subiera por el Istmo hasta la vecina Nicaragua -el canal se pensó originariamente en ese sitio- que hoy tiene puntos de contacto en política con el país canalero. De ahí a Cuba -seguimos suponiendo- donde la edición sería millonaria o al menos más amplia que la que se le dio a este <capo lavoro> en nuestra patria, realmente mezquina con obra de tanto interés en nuestra historia y conciencias políticas. 2-Costa, Jueves, 9 de julio de 1987
La Vía de la Cordialidad Bastó que después de dos años de no ir a Barranquilla desde Cartagena se hiciera nuevamente el viaje. Agradable sorpresa depara al viajero la sustancial mejoría que ha tenido la carretera de la Cordialidad en varios aspectos. El primero y grato para el conductor es el del ensanchamiento de la vía en muchos puntos de ella. La ausencia total de huecos pues estos y grietas del cemento han sido resellados y se nota que hay mantenimiento constante. Así es un agrado pagar los cien pesos que en dos retenes debe el transeúnte de la vía cancelar. Se está viendo la inversión del dinero del peaje. La señalización con pintura en la propia vía es de gran ayuda para el conductor, recuerda no rebasar en curvas y estas están todas advertidas en señales metálicas a una altura fácil de observar. Constantemente, matizando el verde espléndido de los campos en esta época de lluvia, se observa la invitación a moderar la velocidad según haya curvas, paso para personas, etc. Lo anterior es notorio sobre todo en el paso de Bayunca, Clemencia, Santa Catalina, pero igual ocurre en el sector que corresponde al departamento del Atlántico: Molineros, Pital de Megua, Sabanalarga, etc. Vimos puestos armados de guardias pero no encontramos ni vimos en toda la vía siquiera una patrulla vial. Al entrar a Barranquilla obviamos por el sistema de circunvalación que facilita el acceso a la ciudad, tomamos la vía a Puerto Colombia para llegar hasta los Lagos del Caujaral. Todo señalizado y sin problemas. Ahora nos falta a los cartageneros tener nuestra circunvalación completa tal como Cali, Bogotá y la mencionada “Puerta de Oro”. Bucaramanga tiene una magnífica red de vías que las unen con sus satélites: Piedecuesta, Floridablanca y la extraor-dinaria Villa de San Juan de Girón. Con una carretera en las condiciones en que está actualmente -susceptible de ser mejorada como todo- la vía de la Cordialidad se hace grato para el costeño y el turista recorre toda la zona turística que va desde Cartagena hasta Riohacha. Ahora sí la “Cordialidad” suscita ese sentimiento grato que uno tiene cuando lo de nuestro país o región funciona. 2-Costa, Domingo, 12 de julio de 1987
Una poetisa filantrópica Un opúsculo me ha enviado Marianita Vergara de Dávila-Pestana amablemente dedicado. El título “Pensamientos y divagaciones” engloba el resultado que desde su época juvenil le ha deparado su ser naturalmente emocional y romántico. Este librillo además de personal necesidad de expresarse es lógico. Y lo es por cuanto que en la educación impartida en su época el bachillerato clásico inculcaba a los estudiantes el sentir literario mediante el ejercicio retórico de la declamación y el caligráfico gusto por verter en “pensamientos” en diminutos álbumes los propios conceptos efectivos y los de las amigas llegando en veces al “atrevimiento” de solicitarlos a los nunca faltantes admiradores de esa dulce edad de Cordelia. Es necesario leer esa literatura femenina -Loti las incluía en sus obras provenientes de las damas de los serrallos- para comprender la delicadeza del alma femenina. Recientemente otoñal “werther” orgullosamente me invitaba a que leyera los que conservaba desde sus años mozos. Estos “pensamientos” transidos de azul sentimiento hacen de Marianita una poeta (así se dice ahora a las antiguas poetisas) y sus “divagaciones” dejan ver su melancolía por la efimereidad de las cosas de la vida. Un innato y educado sentido de la piedad la ha orientado a servir a los ancianos y así la U.S.C.A. –Unión Social Colombiano Americana- de la cual es ella la presidente ha dado en comodato al I.S.S. una casa para el cobijo y la comodidad de aquellos, Marianita viniendo de Sincelejo ha llegado a sentirse como parte integrante de Cartagena de esta “Cartagena refulgente” en su decir. En esta ciudad de lavado cielo de acuarela ha trocado ella su fina tristeza en una jovialidad de “vino moscatel” que le es característica. Además de proverbial. Fino rasgo este de su espíritu que ahora comparte al escribirlo. A toda señora un fino sentir honora. 2-COSTA, Viernes, 17 de julio de 1987.
El Día de Francia. Rey Sol. Enciclopedistas. Después de mí el diluvio: El rey panzón que se la pasaba arreglando relojes. La frívola austríaca. El rey jurando en el “Campo de la Pelota” con la banda tricolor. Simpatía por Luis. Luis escapa y es reconocido por su efigie en una moneda. Ansiedad al recordar que en ese momento si no hubiera sido por su parecido a su “vera efigie” en la moneda no hubiese sido llevado de vuelta a París. Luis XVII, sacrificado tan injustamente como está siéndolo Camila Michelsen - unánime con Unamuno en aquello de que los niños son sagrados- cambiando lo cambiable. Todo mundo suspira angustiado por el daño a un niño aunque su familia centralizara el sistema corrupto. Hélas! El cabezón del noble arruinado de Riquetti y su verba todopoderosa -Crisóstomo de la Revolución-; -Robespierre- de ojos de agua- y la metraille de Arras. Langouste a la Thermidor. La trenza postiza del Incorruptible también cae. El Corso hace su curso. Luciano se luce como orador. Según la Duquesa de Abrantes Napoleón se desmayó en la Convención. Buonaparte es griego -Kalomeros es Buona_ parte en italiano- ella es Comnena, algo debe saber de ello. La “espada de la Revolución” (l’epée de la Revolution) que dijera Barràs vence en Arcole y Campoformio. Napoleón -que no sabía bailar- baila con las “contesinas”. El estudiante piensa “en cambio el profesor dice que si algo sabía hacer Bolívar bien era bailar con las ñustas”. Además de -claro- vencer a la Naturaleza si ésta le era opuesta. En la mente del infante gana Bolívar, Bonaparte viste la púrpura. Maldito traidor al pueblo. Ahora es él quien se entroniza y se corona. Ultrajó a Pío dice píamente el hermano cristiano. Rabia entre algunos alumnos. Des-quite, fue vencido en Waterloo. A Elba con él. Cien días reflejados en el diario “Moniteur”, a medida que se acerca a París. Oh, lagartería! ¡En fin, dice M. Thibaut: “Le quatorze juillet c’est le jour de la Fête nationale! (Día en que los parisinos se tomaron la Bastilla). El niño sale de clase con el asombro reflejado en sus ojos de alinde dilatados como platos. 2-Costa, Lunes, 20 de julio de 1987
La Mansión Araucaíma Descrita por su autor como un relato gótico de tierra caliente la obra de Álvaro Mutis ha sido llevada al cine con éxito. El relato gótico describe un tipo de narración caracterizado por centrar la acción en historias de terror y suspenso. Como la acción de la obra se desarrolla en América y no en Europa -creadora del género por razones obvias- el poeta Mutis intituló además como tropical. Así, la Mansión evoca en el lector la funesta Casa Aranha (Araña) descrita a partir de la realidad en su novela de la selva “La Vorágine”, por José Eustasio Rivera. La narración se mue-ve en una prosa poética, rica en lenguaje pero precisa y sugerente con diálogo parco. El orden mismo de aparición o entrada de los personajes en la obra recuerda el del teatro y del tipo de relato que venimos describiendo: el guardián, el dueño de casa, la mujer-vagina y el fraile son protagonistas que inician su rol antes de que el narrador nos describa la casa-escenario, lugar de acción único de la trama, tropelías y del suicidio de la visitante. Tal parece que en este tipo de relato el verdadero protagonista es el narrador mismo. Como otros maestros del género policíaco del terror, heredero rebajado del relato -clásico-gótico. En la entrada de la Casa de Usher (símil válido en este caso) en versos escritos por el propietario hay una advertencia o premonición (creadora de desasosiego o suspenso) equivalente a la del Dante en la Comedia: <Lasciate ogni speranza, voi ch’entrate>. Después de narrados los hechos y realizado el funeral en la obra, el patrón de cuerpos y de almas -como cualquier gamonal-abandona la finca donde Barbazul del trópico ejerció su decadente poder finalizado ya para siempre. La alegoría es clara en la obra. Patrón=dueño de la casa. Ésta=una Amé-rica Latina con dueño desde la ya lejana Conquista. El guardián=obviedad de lo obvio, lo mismo que el fraile. El impotente piloto es un ser pusilánime incapaz de la mínima rebeldía. La muchacha vejada=democracia aparente y pura, pero corrupta en el fondo. Con su muerte el ciclo expiatorio se cumple totalmente y la casa se asuela. El sexo, como en la literatura del “Divino” Marqués y de Gilles de Rais y en el cine de Pier Paolo Passolini, es la violación suprema a la integridad personal. Es la tiranía. 2-Costa, Miércoles, 22 de julio de 1987.
Genealogía de Rafael Núñez Siemens S.A. de Colombia se asoció a la Conmemoración del Primer Centenario de la Constitución de 1886 con la edición que sobre los orígenes genealógicos de Rafael Núñez compusiera D. Bossa Herazo en un estudio sobre el inspirador de aquella. El prólogo de C. Villalba Bustillo orienta la comprensión de la amplitud y calidad historiográfica del cronista por antonomasia de Cartagena. Aunque en carta que incluye Bossa dirigida por el biografiado a Elías del Páramo, declara sobre su origen que nunca paró mientes en serlo de “puro” ya que no daba importancia sino a serlo -hidalgo- sino como lo preconizaba Cervantes -por sus obras-. Y por su recta conducta. Dada la trascendencia de las personas se hace necesario para el entorno social de su época y para la posterior de los hombres que hacen la historia, el remontar las raíces que posibilitaron las características e idiosincrasias de los personajes. La historia agiganta como lupa los más nimios e intrascendentes detalles que a la crónica corresponderá decantar y precisar. Alain decía que las cosas todas -las grandes y las pequeñas- estaban en íntima unión y que la sabiduría estaba en establecer ese grado de unidad. La obra -un opúsculo- se sitúa en La Rioja (España) y presenta un detallado cuadro genealógico de la ascendencia citada. Se estudia seguidamente la radicación en América –en la Nueva Granada-.Un documento denominado <Instancia del capitán José Pastor Núñez en solicitud de la Real Licencia para contraer matrimonio> cierra la obrilla que enriquece la ya larga bibliografía del Regenerador. 2-Costa, Jueves, 23 de julio de 1987.
Verde que quiero verte, Cartagena Al pasar y mirar la arbolización que se está haciendo por parte de las Empresas Públicas en diferentes sitios de la ciudad recordé a Juan Manuel Zapatero, asesor que fue en años pasados de la restauración de la arquitectura castrense de Cartagena de Indias. Un libro extraordinario sobre el tema se le debe también a su pluma. En su opinión –autorizada- a la ciudad vieja debía omitirse de arbolizarla en las cercanías de baluartes, cortinas, murallas, lo mismo que en los patios de armas de los fuertes propiamente dichos. Según él estos debían conservar su adustez y rigor militar para conservar la concepción con la que fueron construidos. Pero se viene de pronto a la memoria el memorizado -excepcionalmente- verso de Federico García: “Arbolé, arbolé/seco y verdé” y uno olvi-da todas las razones -por demás entendibles- del historiador castrense ante el embate de la poesía del granadino que echa por tierra el purismo de la idolatración restauradora sin aceptar que en nuestro clima palmeras y otras especies dadoras de sombras para el agobiado viandante -todo aquel que va al Centro sin molestar ennoblece con su presencia a la ciudad viva y humana- servirán además para embellecer y magnificar el majestuoso muro. Ya no hay atacantes que puedan desde los árboles cercanos ganar la muralla. Ahora lo que hay que hacer es ejercer la debida vigilancia para que amén de plantar especies ya adultas se imposibilitara que algunos vándalos -la mayoría de la gente respeta al árbol porque el cartagenero no es arboricida y veamos las nuevas ba-rriadas colmadas de plantas –serán capaces de deshojar al mero ombú citado por el argentino Sarmiento, al baobab del Principito de Saint-Exúpery y hasta - hélas- de dejar al mismísimo Ygdrasil de la saga nórdica como a vulgares chamizos. Recordemos el estribillo del poeta-ecologista que como claqueante castañuela en mano de danzante gitana pregona: “Arbolé, arbolé/seco y verdé”. 2-Costa, Martes, 28 de julio de 1987.
Los hombres del Presidente Todas las incidencias desprendidas del “Irangate” están basadas en el suspenso que la nación norteamericana recuerda con la caída de Nixon. El papel asumido entonces por el “Washington Post” es hoy día más relievante pues lo ejerce el Senado mismo. Y en lo mediato lo que se plantea es el alcance del órgano del poder legislativo para contrapesar la agresividad de la presidencia imperial. Reagan y los “hombres del presidente” enfrentados al cuerpo colegiado que es la mejor expresión y esencia de las ideas democráticas de los Padres Constituyentes de Filadelfia. ¿Sabía Reagan del papel jugado por North, o no? La hipocresía -simulación de la no participación- equivale en este caso al hermetismo de las dictaduras totalitarias pues ambas tendencias persiguen en el fondo el mismo proclive fin: el manipular el poder prescindiendo de la fiscalización democrática. ¿Quién es más gravoso para la vida social y política, Tartufo -personificación genial del farsante cultural, académico o político- o Yago esencia del intrigante de estofado (guiso)? ¿Qué circunstancia encarna mejor la manipulación -el silencio kafkiano o la astucia de Maquiavelo?-. El subsiguiente embrollo, las negaciones, los yo-no-sabía-que-él-sabía-que-yo-sabía-, caponescos, (el cuento del gallo capón), nos dejan la mezquina impresión de que es verdad que la naturaleza humana está conformada de tal manera que todo aquel que engaña con arte hallará siempre a quién timar, que decía Pascal. La arrogancia mesiánica de Oliver North no es sino desdoblada fórmula reiterativa del concepto de que tener el poder permite a quien lo detenta extralimitarse en su ejercicio pues considera que el poder mismo autolegitima su abuso. Las reconditeces del intrigante no son sino el plano mental que les permite escaparse del juego obediencial a las normas institucionales, no a los caprichos del mandamás de turno. La frase de Lord Acton se revalida otra vez: El poder absoluto corrompe absolutamente cuando la base democrática no puede utilizar su ingerencia fiscalizadora. Para eliminar a Thomas Becket el rey sólo necesitó decir delante de sus secuaces: “¿Quién quitará a este hombre de mi camino?” Las voces sibilinas son ejemplo de la ambivalencia entre hermetismo e hipocresía. 2-Costa, Viernes, 31 de julio de 1987
Cartagena y Pereira: ¡Mefisto! A pesar de la celeridad y amplitud actuales de los medios de comunicación todavía hay cierta insularidad regional o lo que se denomina cantonalismo cultural en nuestro país. Todo esfuerzo cultural y literario debe pasar por el centralismo bogotano para, si cuenta con suerte, hacerse valedero en el ámbito nacional. Y lo que producen las capitales regionales tienen un doble limitante, el anotado y la cortedad de los medios para rebasar ediciones limitadas. No obstante lo anterior viene apareciendo con fuerza gracias al apoyo institucional de universidades de Risaralda y con pauta publicitaria múltiple la Revista “Mefisto” que con la edición de abril, mayo, junio alcanza el número 5. Publicación cultural, acoge en sus páginas temas literarios: ensayo, cuento, poesía, reportaje. El “motivo” de su abundante ilustración es el del personaje mefistofélico representado por dibujantes muy importantes que se esmeran en pintar el diabólico personaje. El tema pictórico es siempre el mismo que da título a la revista. Un puente cultural ha tenido a bien tender esta estupenda publicación de gran paginaje -65- entre la “Perla del Otún” y La Heroica para el acercamiento fructífero regional sin pasar necesariamente por el centralismo cultural de Bogotá. Entró enviando a la Librería “La Oveja Negra” ejemplares para su distribución e invitó a colaboradores cartageneros y costeños en general. En este número 5 pluralidad son los últimos citando a Rojas Herazo-maestro-, a Pedro Olivella Solano, Lya Sierra, Juan Dager Nieto; Homenaje a Kelly León; Hernando Socarrás, Rómulo Bustos, René Cueto, J. García Usta y Jocé Daniel. Buen “túnel” éste abierto por la magníficamente editada en gran formato “Mefisto”, de Pereira. 2-Costa, Lunes, 3 de agosto de 1987
Museo: romanticismo moderno Se interroga uno si un museo romántico no es una redundancia, pues la idea misma de museo lo es. Es verdad que el término romántico (romanza, romance) tiene la acepción más generalizada de amoroso o tierno. El concepto filosófico y literario del Romanticismo es, no obstante, más amplio. Con la aparición de la revolución industrial europea del siglo XIX y su secuela de mecanización de los modos de producción y el consiguiente impacto sobre la civilización, sobre todo en lo concerniente al hábitat humano, hubo literariamente la aparición del fenómeno de situar la acción narrativa en tiempos coincidentes con la Edad Media; ésta, pues, sirvió a Scott en Inglaterra y a Hugo, con “Nuestra Señora de París”, de punto focal para ambientar las dos novelas precursoras de la novela romántica. El Romanticismo tiene como características definitorias de su tratamiento literario el sentimiento evocador del pasado y la nostalgia subsiguiente, la humana emoción triunfante sobre la capacidad de intelección y esto abarca el amor y el odio. Elementos constantes en la comprensión del movimiento lo son la admiración por lo raro, de lo insólito incluso y aún de lo grotesco (“Drácula” y “Frankestein”, de Bram Stokes y Mary Shelley, en su orden, son novelas románticas). 2-Costa, Viernes, 7 de agosto de 1987
Música culta para todos Una de la tarde. Se alza el telón de boca y el director de la orquesta con su batuta golpea suavemente el podio indicando silencio. La aguda voz del violín manifiesta el lirismo de “La Campanella” de Paganini, el “pautado con el demonio”. Entonces como en la “Guía orquestal para la juventud” de Benjamín Britten, la libretista del programa induce con didactismo el período musical de composición de la pieza o bien aporta información sobre la vida del gran violinista. Finalizado el “intermezzo” los enormes tubos del órgano de Lübeck dan paso a las notas de las fugas del llamado Quinto Evangelista desgranando sus notas en religioso transporte dirigido a la Eternidad. Otras veces es la música del “prete rosso” y entonces la bucólica melodía vivaldiana de “Las cuatro estaciones” hace las delicias de los cartageneros. Es el único programa radial de este género en Cartagena aunque alarga ya una tradición en esta modalidad que comenzó en Cartagena con Víctor Nieto. Gigas, pavanas “para una infanta difunta”, minuetos, pasacaglias y demás modalidades musicales que en el Renacimiento comenzaron a desarrollar forma culta a partir de lo popular y aún de lo folclórico tienen cabida en este concierto diario de lunes a viernes. El Romanticismo musical con Beethoven concreta el anhelo mozartiano de la dignidad del músico maltratado por Milos Forman en su filme sobre Amadeus Wolfgang quien aparece poco menos que como tarado genial. Cosa inexacta si se lee la inteligente correspondencia del salzburgués. Pero volviendo a “Concerti” nos alegra ahora la wagneriana orquestación o la de Strauss (Richard) con su poema sinfónico “Don Quijote” y vemos en esa música descriptiva al hidalgo en su “tercera salida”, o en la aventura de los molinos que él suponía gigantes. ¡La ma-gia de la música, lenguaje universal! El último acorde indica que ha pasado una hora, el telón desciende. 2-Costa, Domingo, 9 de agosto de 1987
Caballero y Góngora Teócrata de la Nueva Granada El día seis de agosto, Caballero y Góngora ordenó sepultar los despojos de los Comuneros ajusticiados, que desde seis meses atrás estaban a la intemperie. Al serle admitida al señor Flórez la dimisión que hizo del virreinato de la Nueva Granada el rey nombró interinamente por orden de 26 de noviembre de 1781 al mariscal don Juan De Torrezar Díaz-Pimienta. El virrey Flórez entregó el mando el 31 de marzo de 1782. En abril 21 del mismo año Torrezar salió para Santafé llegando a Honda el 22 de mayo. Murió a los pocos días de llegar el 11 de junio y la autoridad del reino quedó dividida entre la Audiencia que asumió el mando político y el regente Gutiérrez de Piñeres que asumió el mando militar. ¿Cómo fue nombrado el Arzobispo Caballero y Góngora virrey, conformando un régimen de carácter teocrático (aunque transitorio) en la Nueva Granada? Él mismo en su Relación de Mando nos lo dice: “Autorizado yo para representar al virrey (Flórez) a (en) la Audiencia lo que conviniese a su servicio exhorté el Real Acuerdo para que abriera el pliego de providencias que guardaba en su archivo, en donde probablemente constaba el sucesor del señor Pimienta (fallecido a poco de asumir el mando como se anotaba antes N.del A.): y en efecto, por fortuna o por desgracia, tan lejos de la expectación (expectativa) pública como de mi ministerio (sacerdocio) o profesión, me encontraron preelegido por el Soberano desde octubre (sic) de 1777, cuando aún me hallaba de Obispo de Yucatán”. 2-Costa, Martes, 18 de agosto de 1987.
Largo día en Ciénaga Con un título que recuerda el de un filme italiano el novelista cienaguero José Manuel Crespo realizó su última obra, finalista en el 5º Premio Nacional de Novela que fue publicada por ese motivo en la colección narrativa colombiana por la editorial Plaza & Janés. Se pregunta el lector si una narración de este género es susceptible de ser catalogada como novela o si es mejor describirla como un largo y totalizante poema donde a través de la evocación nostálgica de la infancia hay referencias continuas por parte del narrador a su tiempo vivencial presente. En largos párrafos exentos de puntuación Crespo reconstruye el discurso mental de quien divaga -no porque no tenga anécdota que contar sino porque prescinde intencionalmente de ella- llevándonos por un espacio que centrado en su natal Ciénaga (ciudad de aluvión social) abarca un amplio espacio zonal del Caribe. Y es ahí en donde debe decirse que es necesaria la coincidencia para un narrador de la geografía de esta zona y de sus gentes y las acciones diarias del vivir de éstas y del bagaje de sus mitos, modos de ver, usos, etc., de escribir como otros narradores del entorno de la misma zona -Carpentier por ejemplo- pero con la seguridad que Crespo imprime a su estilo al sentirse terrígenamente cómodo. La obra -rebúsqueda del tiempo fugaz al modo de criollo Proust-está trabajada como un largo poema preciosista donde no se llega al metalenguaje embaucador sino a una prístina relación y descripción de lo cotidiano del ser costeño. Aunque es ya un estereotipo el leitmotiv de que los costeños somos alegres Crespo ratifica con su obra la ca-pacidad de los mismos para integrar en un tratamiento literario la fugacidad de la vida para combatir contra la enfermedad del olvido, verdadero muermo de las tradiciones y valores de la tierra. 2-Costa, Viernes, 21 de agosto de 1987
Teócratas en México y Perú en la Colonia No sólo Caballero y Góngora fue teócrata en el Nuevo Reino de Granada. Antes de él cuando aún nuestro desarrollo institucional tenía como base de gobierno a la Real Audiencia fueron encargados del poder político como presidentes de la misma dos clérigos, los Arzobispos de Bogotá Francisco Cossío Otero en 1711 y D. Francisco del Rincón entre 1717 y 1718. Ambos elevados al poder por contingencias emergentes, sus gobiernos escasamente fueron más allá de unos pocos meses. Durante el período colonial no fue infrecuente en toda América que los eclesiásticos participaran del poder del Estado; así ocurrió entre nosotros pero también en el Virreinato de México donde fueron entronizados como Virreyes los frailes García Guevara, Payo de Rivera; Antonio y Vizarrón, Núñez de Haro, y Lizarra, arzobispos de Ciudad de México. De igual manera lo fueron dos obispos de Puebla de los Ángeles y respectivamente uno yucateco y otro de Michoacán. También en Perú (Nueva Castilla) el mando civil, eclesiástico y militar de esta modalidad de la monarquía virreinal por delegación -podríamos sugerir que es versión original americana por sus especiales características- se integró en hombres de iglesia pues allá tres obispos ejercieron el poder durante el régimen del Estado-Colonia. De igual manera en la propia Península existen asomos del modelo teocrático en cabeza del cardenal Cisneros y en el mentor -después Papa- de Carlos V, Adriano de Utrecht, quien ejerció el poder teocrático como Regente. 2-Costa, Sábado, 22 de agosto de 1987.
Cartagena acuartelada Si bien no responde Cartagena a la concepción original exacta de la ciudad cuadrada, de una planta urbana dividida por dos calles largas en crucero tal la Roma Antigua, definidora del modelo repetido hasta la “Alta” Edad Media tanto en Europa como en la América de los primeros años de la Conquista, en el período conocido como fundación de ciudades en nuestra historia, por razones de su especial topografía -“foca varada en la arena”- en el verso de Domínguez Camargo, sí tiene mucho de ese concepto de “urbs quadrata” al que venimos aludiendo. Así, la perspectiva que se tiene desde la Calle de la Chichería hasta la Plaza de la Aduana responde a uno de los dos caminos que con el otro que va desde la Calle de los Estribos hasta la hoy Calle del Tablón la dividen en cuatro partes o cuarteles. La Cartagena amurallada y acuartelada está -sin el arrabal de Getsemaní- dividida en cuatro partes como la Florencia del año 1265 -Dante- que dieron nombre a los barrios iniciales o “quartieri” de la ciudad. La Calle del Cuartel tomó de allí su nombre, por estar en el cuarto de ciudad donde tuvo su base el Regimiento de (Pie) Fijo. 2-Costa, Lunes 24 de agosto de 1987
“Soñé ser candidato…” Soñaba una vez que en las próximas elecciones para miembros de la comuna de mi barrio me lanzaría como candidato a integrarla. Pero mi sueño se convirtió en pesadilla porque no tenía programa como todo candidato que se respete. Siempre he soñado -cuando tengo nudos- en que monto en una altísima bicicleta que rebasa los postes más altos y mi angustia es, naturalmente, la de no poder bajarme cuando me haya cansado de pedalear; otras veces, en que empujo a alguien en un puente y observo la ampolla que hace su sangre cuando un tiburón lo devora; otras, en que vuelo rasante pero no me golpeo (espero que alguien me explique estos sueños como cuando una amable señora analizaba freudianamente todas las frases que en una conferencia yo profería. Nunca supe si era la misma que preguntaba desde el fondo de la sala qué clase de insecto era aquel a que aludía Franz Kafka para señalar que el tedio de Gregor Samsa era algo tangible y alienante). Pues bien, como no hay sueño por pesado que sea que no resista el despertar, así lo hice e incorporándome en el catre de estudiante que ocupaba en la pensión me dediqué a redactar mi programa para lanzarme de candidato a la comuna de mi barrio y he aquí lo que maginé: Intervendría ante el alcalde para impedir que Planeación concediera permiso a construcciones que eliminen el garaje para que así las aceras de mi barrio estén aptas para el peatón transitar. Que mis vecinos entiendan que los ramajeos de sus árboles no deben obstruir las aceras durante largos días. Que los dueños de apartamentos de los edificios de la vecindad no permitan que los conviertan en lavaderos de carros ni en servitecas dominicales con radio y cerveza mañanera. Al dueño de la camioneta todopoderosa cuyo rugir no la calienta en la mañana sino que le puede fundir el motor y naturalmente los oídos de los vecinos. A quienes convierten sus casas de habitación en oficinas cuando antes no toleraban ni una porquería de perro en un pretil y las avenidas se convierten en estacionamientos de autos en pleno barrio residencial. A los propietarios de máquinas (vulgo, tocadiscos) a quienes si se les recuerdan los fundamentos básicos de la vida social dicen que ellos están en su casa. También pediría al alcalde que prohibiera el calzoncillaje en balcones como en las películas del neorrealismo italiano de Vittorio De Sica. 2-Costa, Domingo, 6 de septiembre de 1987
La Calle del Cuartel Con nombre que recuerda al del cuartel del Regimiento Fijo que allí tuvo asentamiento, se conoce masivamente la calle de la Divina Pastora, que queda para la crónica historiográfica. Típica calle de la ciudad amurallada cartagenera, existe en ella una casa-palacete de dos altos pisos con entresuelo que perteneció a la familia del prócer cartagenero Manuel Rodríguez Torices. Donaldo Bossa Herazo -verdadero Nero Wolfe de la crónica- deja consignado en su obra “Nomenclátor Cartagenero”, lo que de ella dejaron comentado Araújo, J.D. Urueta y Piñeres, Crawford Ann Fears, Flores Marini, Carlos y Barreda, Felipe A., en los detalles concernientes a las casas y personas comunes además de los personajes que en ella demoraron en algún momento. Pero el fundamental motivo de estas líneas es el de destacar la tarea de restauración que la Universidad de Cartagena viene haciendo de esta mansión que hasta hace pocos años permitió el paso franco desde el Convento de San Agustín –sede central de la Universidad- a la calle que intitula esta nota. De elevado y corrido balcón en la parte superior y de pequeños balcones-ventanas en el segundo piso, la casa fue sede del Instituto Politécnico que desde 1884 fundó el didacta Martínez Olier, elevándolo a la calidad que permitió en la opinión generalizada, considerarlo como uno de los mejores en toda la Costa Norte colombiana. Casa de uno de nuestros más cultos próceres-humanistas, continuó como asiento de un centro docente y hoy parte de la planta física de Unicartagena, que en horabuena la restaura, al menos, en su aspecto exterior. 2-Costa, Lunes, 7 de septiembre de 1987.
<Castellano preclásico>. Desde el segundo viaje de Colón vinieron a América gentes peninsulares en gran número. Junto a personas de alguna ilustración vinieron mayoría de labriegos desdo-blados en soldados de taifas y marineros, cuya habla se nutría con exclusividad en la corriente lingüística popular y caminera, libre de la coyunda sintáctica y de morfología que sólo consultaba las necesidades de expresión y comunicación básicas. A esta modalidad del Castellano se la ha llamado preclásico en obvia referencia a la fecha de la aparición de la gramática de Nebrija y a la floración del Gran Siglo de Oro, formalización y academicización (!) de las formas dialectales de entonces, vigorosas pero erráticas que impedían la constitución de una lengua como factor aglutinante de un imperio que apenas nacía y que no pensaba que la heterodoxia tuviera cabida ni siquiera en la prosodia. Existen aún en Colombia zonas, el Chocó por ejemplo, en donde subsiste el castellano preclásico de alguna forma conservado por los negros que allí se refugiaron después de la Independencia; el cimarronismo, Palenque es un ejemplo cercano a Cartagena, es otro caso que con el del factor de regionalización y cantonalismo permite que aún haya algunas diferencias en el habla común. La lengua escrita y hablada cosa viva es y se hace al andar tanto por las capas cultas como por las analfabetas, pues no sólo se expresa con ella el pensamiento lógico y formal, sino la sicoafectividad de los pueblos y los componentes de los mismos, v. gr. raciales, económicos, políticos, niveles de educación y de dependencia, odio, amor, complejos, apetencias, etcétera. Encauzar el léxico, que a algunos les parece dictadura es cosa necesaria para impedir la babélica confusión. 2-Costa, Martes, 8 de septiembre de 1987.
Ponen bolas al tránsito Antes del actual director de Tránsito el caos estaba entronizado en esa materia en la ciudad. En un largo proceso se ha puesto a marchar en buena parte toda esa problemática. El último paso ha sido ponerle bolas a los carriles que desde la Avenida Venezuela dan curso hacia Bocagrande, encauzando la salida desde la Plaza de los Coches en la misma vía. Para venir a Manga hay que tomar la glorieta que rodea la estatua de Santander. Lo mismo. Al salir desde la calle cerca al Palito de Caucho del Banco de Bogotá. Cosas nimias o aparentemente nimias son la verdadera concreción de las grandes cosas cuando éstas benefician a tanta gente, peatones y conductores. Al fin quedó atrás el temor a ser desguazado por un Fangio criollo que desde la Avenida Venezuela conduzca su auto como en una autopista. Sólo falta que este director meta en cintura a los conductores de motos que siguen haciendo de las suyas rebasando por derecha y siniestra, zigzagueando y hostigando a todos con sus vehículos desprovistos de mofles (exostos) y con mofles inadecuados para reducir el atronador ruido que tantos chistes escatológicos han utilizado. El conductor de autos los respeta considerando que sabe que el propio cuerpo es parte de la carrocería no obstante el desplante torero de algunos de ellos, seguramente desinformados de cómo conducir una moto apropiadamente. Allí le queda, señor Director de Tránsito, la cola todavía de ese dragón que usted en buena medida logró desollar. 2-Costa, Viernes, 11 de septiembre de 1987.
La banalización de Anna Karenina Después de mirar dos episodios de la telenovela que se pasa en estos domingos a las 6:30 de la tarde queda para quienes han leído con atención la obra del gran escritor ruso la sensación de que una gran pasión ha sido banalizada por completo. Si bien es cierto que el conde Vronski es un muchacho rico que intenta lograr un gran amor y no lo logra por su estilo de vida frívolo, no está exento de cierta grandeza. Pero quien es la verdadera heroína es la insatisfecha Anna a quien su marido descuida no por viejo como podría creerse sino por ambicioso y burocratizado hasta el grado de ignorarla. Algo hay en la obra “El amante de Lady Chatterley” cuyo marido es consentidor pero por impotencia física debido a heridas de guerra que se le parece. Pero la parálisis del Consejero conde Karenin es de alma y no de cuerpo. Aunque las dos viven vidas de adúlteras bien distintas son Anna Karenina y Emma Bovary. La primera quema su vida en una pasión que la conduce a la muerte mientras que Emma ensaya su síndrome bovárico de amante en amante por frivolidad. Ana es Emma Bovary pero al revés, su insatisfacción emana de la profundidad y seriedad con que mira al amor. El tema del adulterio sedujo al gran León Tolstoi como temática narrativa pues en la Sonata a Kreutzer (¡ojo! Concerti) al acorde del holandés (Beethoven) se fragua un amor tórrido como el de Francesca da Rímini cuando leía a Lancelote. Tolstoi arrastró un matrimonio lleno de incomprensiones. Él es Ana Karenina como Flaubert dijo que Emma Bovary era realmente él mismo. 2-Costa, Lunes, 14 de septiembre de 1987
Lo de “Corralito de Piedra” fue idea suya El doctor Justiniano Martínez Cueto fue uno de los personajes de la Cartagena de los años cuarenta. Su sentido del humor era proverbial en la ciudad. Pequeño y de frágil apariencia cubría su menuda humanidad en un atuendo que ya en esa época era relativamente pasado de moda como que usaba chaqué, es decir, un pantalón rayado y chaleco cubierto con una chaqueta negra de franel. Se tocaba la cabeza engominada con un cubilete lo que dábale un aspecto de mago. En la mano llevaba a modo de bastón una cañita que en todo le agregaba a lo ya descrito de su extraña indumentaria el impenitente aire de un Charlot cartagenero. Su acerbía era también proverbial y el encanto de sus amigos quienes lo incitaban para oírle sus ponzoñosos apuntes. Una de sus más geniales anécdotas relata que el doctor Martínez tuvo el peso de estar unido en matrimonio con una verdadera Xantipa, la cual le amargó sus días, al menos mientras estaba en casa. Pues la calle era su reino y en ella todos le rendían pleitesía y respeto. Pues bien, cuentan los cronistas que el doctor Martínez sufrió en su vejez un derrame cerebral. Llevado al lecho duró muchos días en coma y posteriormente fue recuperando parte de sus movimientos pero antes permaneció sin gobierno de sus cuatro miembros, es decir, cuadrapléjico. En este estado de indefensión su esposa -la Xantipa- le inquiría con insis-tencia que si la perdonaba. Él, moviendo la lengua de un lado a otro, negó. 2-Costa, Jueves, 24 de septiembre de 1987.
Tugurización de El Cabrero Mientras despiadadamente se asuelan las casas de Manga, algunas de aceptable y relativo valor artístico y arquitectónico, se somete a otros sectores de la ciudad a la tugurización obligada mediante disposiciones que los sacan de ser posibilidades de puntos de desarrollo urbano, de ornato y aprovechamiento para la ciudad. Es lo que está pasando con el barrio cuasi-tugurio de El Cabrero, en la más inmediata proximidad del sector amurallado. Toda una manzana, la primera, se ha ido convirtiendo en una sucesión de cascarones de antiguas casas, deprimidas por el mencionado decreto de congelación que las saca del juego comercial, condenando a sus propietarios al desmedro económico y a veces a la insolvencia. Es que al barrio mencionado no se le concede ni lo que el vulgo bien llama que “ni baila ni da barato”. En buena parte no tiene alcantarillado, lo que lo hace a la larga un emporio del mosquito. Ni se expropia con indemnización ni se descongela el sector. Esto no es una sinfonía inconclusa sino incomenzada. Pero causando estragos entre los pequeños casahabientes del sector. Rescatemos al Cabrero antes de que llegue a ser otro Getsemaní, aun cuando a éste le está tocando ahora un ligero y parcial repunte. No queremos otro tugurio esta vez de clase media económica y en la mejor manzana de la parte norte de la ciudad. 2-Costa, Domingo, 27 de septiembre de 1987
La torre de la Catedral La cúpula fue elemento poco utilizado por los alarifes que erigieron la ciudad de Cartagena. Algunas iglesias tienen en sus cubiertas una saliente abovedada que en el argot se llama media naranja. Aún se conservan las de la iglesia de Santo Domingo (la más antigua de la ciudad) y la de la iglesia del hoy lamentablemente ruinoso convento de San Francisco (su capilla es hoy el cine Colón). También tuvo pero fue reemplazada por la magnífica cúpula o cimborrio que hoy la exorna la iglesia de San Pedro Claver, obra del afamado arquitecto Gastón Lelarge. La “Iglesia”, como se llamaba a la catedral durante la colonia nunca tuvo cúpula pues sus cubiertas eran de dos aguas y en algunas partes de azotea. Cuando el Arzobispo Brioschi la remodeló la torre de reminiscencia morisca como todas las de la ciudad se transformó en esa torre apuntada que oscila estéticamente entre lo sevillano (alguillo, muy poco, de la “Giralda”, no obstante la opinión de Bossa Herazo) y las construcciones del Renacimiento toscano. Mucho se la ha criticado pero lo cierto es que no deja de comunicar a la silueta urbana de Cartagena cierta gracia. Todos estamos connaturalizados con su imagen apuntada al cielo. 2-Costa, Miércoles, 30 de septiembre de 1987.
¡Waterloo, El Álamo, Turbaco! Curioso caso ha sido siempre el que se relata sobre el presidente de México general López de Santa Anna opositor en la batalla de El Álamo del norteamericano Sam Houston. El perdidoso defensor de la integridad del territorio mexicano contra la expansión sajona perdió la batalla. Antes había perdido la pierna. Pero lo curioso es que ordenó darle a aquélla sepultura oficial. El derrotado y después exiliado prócer vino a refugiarse en la vecina población de Turbaco después de residir en la Cartagena del “corralito”. Allá restauró la llamada “Casa de Tejas” entre los turbaqueros de tradición y prosapia. Pero mi curiosidad no tuvo límites de asombro (todo me lo causa) cuando en la lectura de la novela “Los Miserables” del gran Víctor Hugo me topé con que en la “segunda parte” de la obra, intitulada “Cosette”, Libro Primero, capítulo X, intitulado “La meseta de Mont-Saint-Jean” aparece un caso parecido al anteriormente anotado; héroe inglés en el fragor de la batalla, Lord Uxbridge, perdió la pierna y al día siguiente la hizo enterrar. Igual que el habitante de Turbaco, general Antonio López de Santa Anna. El uno estuvo en Waterloo y el otro la perdió antes de El Álamo. Esto es lo que en roman paladino se llaman dos solemnes “metidas de pata”. 2-Costa, Viernes, 2 de octubre de 1987.
Aguaslimpias: boxeador-pintor Decía Diego Rivera que los mexicanos eran un pueblo de artistas plásticos. El colombiano también lo es. La entraña popular siempre ha sido cantera nutricia para las manifestaciones del arte. Es el caso del pintor Aguaslimpias, de quien no sabemos más que lo que hemos visto expuesto en los muros de Bellas Artes. Nos gusta no hablar con los artistas sino partir para un comentario de lo que simplemente vemos. Además este pintor popular difícilmente podría ser retórico pues es persona sencilla en su formación académica. Su anterior actividad era la de boxeador. A partir de esa particular concepción del mundo hace su obra pictórica de carácter ingenuo no exento de oficio y la técnica suficiente para lograr algún acierto. Por ejemplo, maneja bastante bien el dibujo y logra retratos ciertamente buenos. Sus boxeadores con caras de animales nos recuerdan -por el zoomorfismo empleado- la con-cepción de los dibujos murales egipcios. Pero en realidad es la prosopopeya del boxeador con sus apodos alusivos a virtudes asociadas a ciertos animales. La sensación es marcadamente surrealista. Aguaslimpias concibe la “Sa-grada Cena” como un grupo de boxeadores -a partir de los rostros de campeones o aspirantes a lo mismo en derredor de un Cristo negro- visión que está comprometida con su propia raza y extracción de clase. Aguaslimpias maneja un color entre lo popular-vivo y la referencia académica. Mucha academia para este tipo de pintor es auténtica mordaza. Sin embargo no es un primitivo ni aún un primitivista. Es la concepción personal y ambivalente de un modo de pintar que podríamos calificar de lo popular costeño. Y esto nunca será una clasificación valedera ni mucho menos. Con su particular visión del mundo boxeril, Aguaslimpias refleja de todos modos una esquina de nuestro ambiente. 2-Costa, Viernes, 16 de octubre de 1987.
Dominical de “El País”, de Cali La peste de la Soledad Muchas son las obras literarias que reúnen dentro de sus características aquella de ser aviso premonitorio de calamidades. Los griegos son los creadores del mito de Casandra a quien por amor, según la leyenda, Apolo habría dado el maravilloso don de la profecía. Es conocido de todos el tenor imprecante de las obras de la literatura hebraica manifiesto en algunos libros bíblicos. El más conocido, naturalmente, es el llamado Apocalipsis, quinto libro del Pentateúco, que da la denominación al género. El “casandrismo” o anuncio de todo tipo de males era un concepto basado en la noción del sino o tragedia, donde nada era posible hacer para evitar su cumplimiento. El don profético-amenazador del Antiguo Testamento dejaba al menos la posibilidad de, mediante el arre-pentimiento, lograr impedir la catástrofe anunciada. Muchos son los nombres: Nínive, Sodoma, Gomorra, fueron destruídas, entre otras, por sus vicios y abe-rraciones centradas todas en la relajación moral que según el texto bíblico practicaban o despracticaban sus mo-radores. En veces la amenaza quedaba sujeta a la oportuna posibilidad de que no se realizara. Es el caso de Jerusalén, varias veces asimilada a una prostituta, pero nunca castigada en la realidad hasta Nabucodonosor y Tito. El género constituye el llamado casandrismo o estilo apocalíptico. Diríamos que es como la contrapartida dialéctica del otro gran género literario: el de la expresión del optimismo tipificado en la concepción de la utopía. Quienes dan fuerza definitiva al estilo son los grandes trágicos por excelencia: el trinomio Sófocles-Esquiles-Eurípides, cuando introducen en el desarrollo de la tragedia como espectáculo ciertos valores éticos sociales e individuales. Entonces el teatro ya no fue más el mundo sino su representación. La tragedia en su clímax fue el rechazo al miedo irracional como forma de control social o factor de dominación; había nacido el arbitrio individual y por tanto hacía presencia la condición democrática del hombre en la sociedad. En el transcurso del tiempo han sido muchas las obras que coincidentes con períodos de malestar espiritual, guerras, necesidades, hambres, etc., en fin, de los desatados caballos del Apocalipsis de que hablara San Juan en su retiro insular de Patmos, de la estupidez, han tenido gestación en la mente del creador literario. Tenemos el caso de la “pseudonovela” llamada <Satiricón>, de Pe-tronio, donde se nos despliega el panorama de la diso-lución romana: toda la obra, auncuando no vaticine males, tiene un aire premonitorio de la cercana decadencia. Durante el largo milenario interregno de la Edad Media en donde se impuso el código de valores ético-cristiano se asoció la aparición de males generales correlativos al castigo masivo para la población por su descarriamiento, con la promesa de la redención posterior al arrepentimiento. La obra que con mayor trascendencia dio inicio en la modernidad al género tiene relación con enfer-medades de carácter epidémico en cuanto que los personajes que intervienen en su trama se desplazan al campo y narran sus aventuras en él durante el tiempo en que la “Peste” los obligó a dejar la ciudad de Florencia. Nos referimos a la obra boccacciana denominada “Decamerón”; aunque el tono de esta narración es compa-rativamente más expresivo de la “alegría de vivir” y de la placidez de sentirse a salvo fuera de los muros de la ciudad, y en el aire saludable de la campiña más que de la noción de desastre. Sin embargo, las narraciones más interesantes a nuestro juicio, alrededor de este tema, son principalmente dos: “Diario del año de la Peste”, de Defoe (1660-1731), en donde se nos describe con todo su horror la peste londinense sufrida en 1665, salpicando en ella el autor con fina ironía y sentido crítico el cuadro ambiental de la gran metrópolis en lo relativo a materia social, económica, religiosa, etc. Aquella fue una epidemia históricamente real, de las más fatales y dramáticas de todas, junto a la padecida en Lisboa. Por el contrario, en la obra “La Peste”, de Albert Camus, el tratamiento del tema desde el punto de vista es ambiguamente simbólico: la narración es la afirmación más categórica de insularidad social producida por el sentimiento de un existencialismo desesperado y sin salida, a la manera pesimista como la concebía el argelino en su particular visión del desarraigo y de la rebeldía. En ella el tratamiento del existencialismo se diferencia del sartriano en que éste plantea una rebeldía de tipo social que busca el cambio de manera revolucionaria mientras el existencialismo “camusiano” es un túnel de desesperanza ya que considera que la soledad es un elemento inherente a la consciencia del ser humano y propicia la insularidad, el tedio y el egoísmo en su sentido más estricto. “El amor en tiempos del cólera”, aunque de manera atenuada, también tiene como transfondo el ánimo premonitorio objetivo de la peste del cólera que atacó a Cartagena a mediados del siglo pasado (1849). No obstante que el uso de la temática de la endemia en ella rebasa de la categoría de ser más que un recurso para poder desplegar el narrador, con fuerza, el drama real del hombre cotidiano: la sensación de la insu-laridad producto del desamor, elemento fundamental y básico en la trama argumental de la novela. Domingo, 18 de octubre de 1987.
El Maestro Arenas Betancourt El pensamiento de Rodrigo Arenas Betancourt se contiene en la obra “Crónicas de la errancia, del amor y de la muerte”. Se trata de un ensayo autobiográfico en que el maestro Arenas Betancourt se dirige en advocación a los fantasmas que en sus recuerdos constituyen las mujeres amadas, sus amigos, padres y la Tierra, que en su concepción telúrica de las cosas es la gran madre. Después de una infancia misérrima con destellos manifiestos de inteligencia y sensibilidad parte para el seminario donde creyó encontrar su apetencia de lo trascendental y lo cósmico. Su huída para el México sede de la pintura agra-rista y de la escultura monumentalista, trasfondo de la apetencia del pueblo mexicano por un mejorestar. En Yu-catán pica piedra como los egipcios para el rey- constructor y escribe notas y reportajes para la prensa mientras la bohemia constituye su pasatiempo ideal. El sentido de lo terrígeno americano le entra en las venas con la fluidez del lenguaje maya. Entre antioqueños es donde encontramos la inmediata referencia del artista colom-biano hacia lo vernáculo y gentilicio como materia inspi-radora de la idea artística. Pedro Nel Gómez y Arenas Betancourt. Independientemente de las actuales y modales corrientes artísticas que hicieron que críticos como Marta Traba los haya descalificado en sus realizaciones. Arenas es un nuevo Buonarroti salido de la montaña antioqueña y nutrido de la savia popular, que apelmazó músculos y llevó vida de cantero como aquél antes de concebir sus figuras fuertes y plenas de vida tomando como modelos nuestra épica: Bolívar, Córdoba, Rondón, y el espíritu cósmico de la vida en Prometeo; la pareja amorosa de la Universidad de Antioquia que como canto a la vida se levanta en la plazoleta, elevando una sólida estructura con imágenes de la pasión del maestro Arenas por la vida, y su modo de creación, la pasión hacia la Mujer y el Amor. 2-Costa, Jueves, 29 de octubre de 1987.
“La gran comilona” Con un elenco extraordinario entre los cuales el más destacado es tal vez Michel Piccoli realizó Ferrei una de las más directas enseñanzas morales -burla burlando- contra la actual tendencia en la sociedad a la gula como modo consumerista llevado al extremo. El argumento del filme es bien sencillo. Un grupo integrante de un club de cocineros aficionados se reúne periódicamente para llevar de sábado en sábado una sesión de degustación. El mecanismo sabatino los llevó en un momento dado a alienarse de la realidad considerando que la ingestión no debía remitirse al acto de comer para alimentarse. El tema finaliza cuando se deciden a encerrarse en una casa campesina provista de un cuarto frío donde almacenaron durante muchos días todas las viandas que en su imaginación concibieron. A cada uno de los integrantes le tocaba hacer un plato y así, de cena en cena concibieron enloquecidos que morirían en un acto de suicidio por ingurgitación. Sólo quedó vivo Michel Piccoli quien al final estalló en un gran borborigmo que se resolvió en la última dilatación de sus esfínteres. 2-Costa, Lunes, 2 de Noviembre de 1987.
Cartagena Hoyos vda. de Cemento En un tingladillo radial hace muchos años ya Tony Porto y su carnal K-Q-MEN inventaron entre sus chascarrillos el referirse a “La Heroica” como a una señora venida a menos en su viudedad. Y el mote empleado por ellos era el que da título a esta nota. Y es que la señora tuvo un repunte económico durante su nuevo matrimonio con un banquero extranjero que también como todos los humanos ha muerto. Y la renovada viudedad viene acompañada de las mismas penurias. Estas se notan de manera protuberante en el asfalto o pavimento de muchísimas calles de la ciudad. Es, por ejemplo, calamitoso pasar por la vía enfrente del Alcázar de San Felipe sobre todo por ser este sitio de encrucijada y de vía rápida por cuanto que está regulada por la rapidez en el cambio del semáforo. La avenida del Lago que separa a Manga del Pie de la Popa está que ni bombardeada con los consecuentes peligros por ser una vía rápida y además sinuosa en su trazado. En la noche está sumida en la oscuridad. La avenida de la Asamblea es un desastre en la zona del “Trébol”, particularmente. Creíamos que en las proximidades de las festividades novembrinas se le practicaría a “Carajena” el consabido maquillaje asfáltico pero infortunadamente no ha sido así. Hasta hace poco las E.E.P.P. tenían permanentemente a sus cuadrillas refaccionando las vías en la medida que fuese necesario. Ya no. La viudedad nuevamente hace de “Carajena” una viuda de cemento o mejor de asfalto. Y precisamente en la época en que los turistas vendrán en buen número en sus propios automóviles y se hace necesario transitar con más solvencia. 2-Costa, Viernes, 6 de noviembre de 1987
El 11 de noviembre de 1811 La historia política colombiana comienza documentalmen-te el 16 de marzo de 1781 con la redacción de las “Capitulaciones” de los Comuneros. En éstas las reivindicaciones económicas asumen el deseo inexpresado aún de la revolución política de la Independencia respecto del poder imperio-colonial de España en América, que duró desde el momento mismo del Descubrimiento hasta la fecha del 11 de noviembre de 1811, en que de manera solemne se consagra la independencia absoluta de Cartagena respecto de España. Entre el documento público comunero y el Acta de Independencia Absoluta de Cartagena se sucedieron cronológicamente hechos de tanta trascendencia como la “Traducción de los Derechos del Hombre”, de don Antonio Nariño: las “Reflexiones de un Americano Imparcial”, de don Ignacio de Herrera y el “Memorial de Agravios”, de Camilo Torres. Seguidamente, la “Representación del Cabildo de Santa Fe a la Suprema Junta Central de España”. El primer “Acta de Independencia” fue el del pueblo del Socorro (Santander) seguido del “Memorial del Cabildo del Socorro al Virrey”. El día 20 de julio de 1810 hubo cabildo abierto en Bogotá y una junta interina dictaba una nueva constitución política basada en la libertad y la independencia, en un sistema federativo cuya representación debería residir en Santa Fe. Pero en este “Acta” los firmantes protestaban (sostenían) no abdicar de los derechos que ellos juzgaban imprescindibles de la soberanía del pueblo en otra persona distinta al rey Fernando VII, “siempre que viniera a reinar entre nosotros”. Cartagena con su acta de independencia es la primera provincia que de manera solemne consagró la Independencia Absoluta de España. El Acta es la más enfática y clara de todas las producidas hasta ese momento en la Nueva Granada. Enfoca los sucesos españoles como justificativos de la causa independentista americana. Se rechazaron los reconocimientos a la Corona y a sus derechos. Seguidamente se formó gobierno propio. La actitud de Cartagena la hizo la base para que Bolívar dirigiera, al venir de Venezuela después de la derrota de Puerto Cabello, la lucha por la independencia. Le trajo igualmente la fatal consecuencia de que las represalias se centraran sobre sus ciudadanos y debiera presenciar los aleves ataques culminantes en fusilamientos que tuvieron su mayor drama en el sitio con características especiales de crueldad por la muerte famélica de muchos de sus pobladores. La Heroica fue el inicio del periplo glorioso que con Rondón en el Pantano de Vargas se cerró en el Puente de Boyacá. 2-Costa, Lunes, 9 de noviembre de 1987.
Directorio telefónico (de) 1988. En un ciclo –anual- que para estos días se cumple una vez más, ya está circulando la nueva edición del directorio telefónico de Cartagena para 1988. Cuatro excelentes fotografías de diversos ángulos de la ciudad integran la composición gráfica de la carátula. La promotora de Turismo presenta brevemente información turística sobre eventos lo mismo que una sucinta nota histórica. Es una pena que en esta edición no se haya incluido el “Himno de Cartagena” y algunos resúmenes históricos de la historia de la ciudad en forma distinta a una efemérides. Incluye un cuento de Judith Porto de González sobre una relación imposible durante la Colonia. Podría ser de utilidad en el futuro el incluir un listado con las direcciones de los edificios con nombre propio, cosa que facilitaría encontrarlos por la simplicidad de retener los nombres sonoros de estos. Así, el incremento de las líneas obligará prontamente a anteponer el dígito 6 antes de la numeración, cosa que se recuerda reiteradamente en cada pie de página. El directorio telefónico puede ser al mismo tiempo un Libro Blanco sobre “La Heroica” y sus atributos de carácter cultural. 2-Costa, Viernes, 13 de noviembre de 1987.
Tragaldabas, gargantúas y pechugones La fantasía concupiscente realizada con cinismo es uno de los elementos temáticos de mayor recurrencia y fuerza en la obra literaria. Trátese de la literatura de ayer o de la de hoy. Igual se da en la representación teatral que en la Novela sin la omisión de las mismísimas páginas de los periódicos. En veces de manera muy gráfica. Para alelamiento del lector que conoce las necesidades de mucha gente. Es que hay algo podrido en Dinamarca, lo mismo que en la ambientación histórica de la pseudonovela, contentiva de la premonición de la deca-dencia moral o de las costumbres romanas, el “Satiricón”, donde la inmoralidad mayor no radica en el disfrute o goce en sí mismo considerado sino en la búsqueda del placer como modo afirmativo del poder económico sobre las masas irredentas todavía sometidas a las injusticias, “Trimalción” es el César romano mismo representado en el Anfitrión que en una gran comilona hace derroche de galas culinarias “in crescendo” hasta llevar al paroxismo a sus comensales con la aparición de una res salvaje entera embutida de las mayores exquisiteces mientras el “populus” padece hambre mitigada sólo por el “fárrea” o torta de trigo, equivalente hoy en el yantar popular a la mazamorra de plátano o al sancocho de yuca y plátano sin más engaño. 2-Costa, Sábado, 14 de noviembre de 1987
“Bellas Artes” de Cartagena “Todas las generosas irradiaciones salen de la ciencia, de las letras, de las artes, de la educación”. Víctor Hugo, en “Los Miserables”. Una de las medidas posibles para pulsar la vida espiritual de una comunidad es dirigir la mirada hacia las instituciones que organizan y encauzan el ser estético de sus gentes. Dentro de esa alta concepción de que la estética sea la forma deseable de la ética o conducta de la sociedad es señera, gonfaloniera, por su antigüedad y por la labor continua y denodada hasta el día de hoy la Escuela de Bellas Artes de Cartagena. Es, en la práctica, esta institución benemérita en la historia del desarrollo de la capacidad plástica entre nosotros pasada la edad colonial. Es que el ambiente de la ciudad, integrado por la propia naturaleza generosa en luz y color y lo arcifinio del extraordinario trabajo arquitectónico que nos legaron los españoles, la hacen única. Comparable a esa Provenza de los Impresionistas franceses. En este reino lumínico, fuente primigenia para la captación de color y volúmenes, origen de todo arte transformatorio de la materia, es la institución que comentamos la rectora por antonomasia en el intento de la búsqueda de la excelencia en el trabajo creativo de los cartageneros. 2-Costa, Jueves, 19 de noviembre de 1987
Reinado de Belleza Resume el Reinado de Belleza de Cartagena la pluralidad de la etnia colombiana a partir del aborigen que estaba cuando vino el ibérico que trajo al africano. Estaban en un larguísimo estrado desplegadas las candidatas para la lectura conjunta que hicieron del “Acta de la Independencia Absoluta” en el Salón Barahona del Centro de Convenciones. La antioqueña –exultante mestiza en rojo-, la sílfide bolivarense, la negra chocoana, la wayú y caldense de Guajira, señorita Isaza Zuluaga. La albiazul pastusa y la trigueña sabanera estaban representando el extraordinario caleidoscopio que tiene la hermosura femenina en un país como el nuestro que como Brasil está haciendo en este mismo momento la conjunción de las razas hacia esa tipología cósmica de que hablaba alguien amorosamente interesado en la raza americana del futuro. Vale recordar aquí los versos del genial De Greiff cuando en el relato de Sergio Stepansky cantaba: Cambio mi vida…. Por los Colgajos que se guinda en las Orejas La simiesca mulata, La terracota nubia, La pálida morena, la amarilla Oriental, o la hiperbórea rubia Cambio mi vida… etc. ¡Que crezcan todas las flores! 2-Costa, Viernes, 20 de noviembre de 1987
“Locura de Amor” Interesante tema el que nos presenta Alan Parker con el título de “Locura de Amor”. La doble vida amorosa de un padre común y corriente se desdobla en un enredo edípico cuando lleva a su hijo en una noche de comunicación a la casa donde vive con su amante con la que tiene una hija. El sentimiento trágico como imposibilidad de cambiar la vida a través de la voluntad es rememorado en este filme cuando, a pesar de separarse por saber el peso de la condición de ser hermanos-medios, indefectiblemente se buscan el uno al otro en función del sitio donde vive el padre desilusionado ya de todo. La historia se reconstruye delante de un visitante de la mujer quien sirve de testigo de un drama que ya ellos estaban cansados de pensar y contar sin conseguir escapar del drama incestuoso. Algunos visos de la tragedia sofóclea “Edipo Rey” se observan en una película que se inicia lenta pero que después nos hace pensar en un drama posible en esta época de confusión no solo moral sino de gentes y de muchedumbres hacinadas en ciudades y pueblos en donde se pueden tener relaciones dobles. El tema es delicado por la situación incestuosa que es tabú pero no deja de conmovernos este amor de pareja entre hermanos -entre sí- y que vinieron a saberlo sólo después de que comenzaron a amarse con una pasión auténtica que posteriormente los llena de complejos pensamientos. En este caso -por las circunstancias anotadas- los prota-gonistas no pueden siquiera acogerse al viejo aforismo que reza que el “amor es una locura socialmente aceptada”. 2-Costa, Sábado, 21 de noviembre de 1987.
Las bragas de Sonia -a S .B. C.- El novelista Jorge Amado, de arraigado realismo en la costumbres de su natal Brasil y en especial de Baía, logró a partir de su observación de lo cotidiano una obra organizada y artística que los trasciende –a su país y a su ciudad- en destilada depuración del arte narrativo. Muchas obras se deben a su pluma pero el equilibrio no maniqueísta de sus personajes se capta mejor en “Gabriela, clavo y canela” y “Doña Flor y sus dos maridos”, ambas llevadas al cine con fortuna. En las dos novelas -tanto como en las versiones fílmicas- hay una ambientación que contempla la fina ironía, el amor, la alegría, el trato entre las distintas clases sociales, la vida pueblerina de una población histórica (fue Baía el núcleo colonial inicial de Brasil junto con Pernambuco y otros pueblos), la frontera móvil del mestizaje y la ranciedad de las costumbres. Ambas, Gabriela y doña Flor, fueron protagonizadas por Sonia Braga, una super-mulata, lavada, decimos aquí cuando es de piel muy clara como lo es ella, que vivificó la, en ocasiones, cansada pantalla grande del cine que se ve aquí habitualmente. Gabriela es la emigrada nordestina (el sertão o sertón de Guimarães Rosa y de “La Guerra del fin del mundo” de Vargas Llosa, la mejor novela de este último en cuanto a la ambición de la novela totalizante) que entrando de sirvienta es constante y fiel a su patrón, un líbano-italiano, pero que al ser llevada al casorio por la insistencia de éste le adorna la frente con cuernos como a Falstaff. Personajes inefables y tiernos, representación de la admiración y reverencia que el novelista Amado rinde a su personal y ambiental mundo femenino. El mundo feérico (de hadas) compuesto por “garotas” y “meninas” de cuerpo dorado por el sol de Ipanema, (“de corpo dorado pra sol de Ipanema”). 2-Costa, Jueves, 26 de noviembre de 1987.
El Boletín de la Academia Entró en circulación el número 160 del “Boletín Historial” con carátula ilustrada con una vista parcial de Cartagena hacia 1928, con lo que hay una incongruencia con el pie de foto de la sección “antaño y… hogaño” por cuanto que aquel dice que el baluarte de san Pedro Apóstol fue demolido en 1920 y en la foto de “Scadta” aparece. El presidente de la misma institución –la Academia de la Historia- publica un trabajo sobre el “Abanderado de Cartagena” del día 11 de noviembre de 1811. Don Manuel Pretelt Mendoza realizó un ensayo sobre la educación en las constituciones colombianas, donde nos muestra a las claras su luz inalterada. (Mendoza había quedado ciego, nota posterior para la edición de 2006).Es de interés la lectura del artículo que Eduardo Lemaître y Francisco Sebá Patrón elaboraron al sintetizar las confe-siones y alegatos de los próceres de la Independencia. Queda el sabor amargo de que aquellos se desdijeron en el juicio que se les siguió. El historiador de la historia de la Iglesia cartagenera Alberto Samudio de la Ossa nos regala un enjundioso ensayo sobre la enraizada parroquia de Santo Toribio, en el barrio de San Diego, joya que subsiste del elemento múdejar en la arquitectura religiosa de la ciudad. Miguel Camacho-Sánchez nos informa sobre la historia de la “Escuela Naval” de Colombia. El director del Boletín Historial dilucida sobre el lema de la benemérita Academia a partir de la lectura de la <Sátira IV>, de Juvenal. Pulcra edición esta de seiscientos ejemplares con la que la Academia orienta a la ciudadanía en general en el culto del amor a la historia de la patria grande y de la chica. 2-Costa, Domingo, 29 de noviembre de 1987.
Exposición de Batumi Dentro del marco de las relaciones establecidas por Cartagena con Batumi, ciudad soviética a orillas del Mar Negro, se realiza en esta semana la “muestra de arte y fotografía” que será exhibida en los muros de la Escuela de Bellas Artes -convento de San Diego-. Dicha exposi-ción comprende elementos artesanales y artísticos que los jóvenes de esa ciudad georgiana resolvieron obsequiar a sus coetáneos cartageneros -según la revista “Enfoque”- obsequiada a los asistentes al acto cultural lo mismo que los calendarios ilustrados con fotografías de la soberbia arquitectura ruso-bizantina, de cipoladas (acebolladas) cúpulas. Transcribo a continuación la carta que la referida publicación trae de un joven georgiano y soviético para los de aquí: “Mis desconocidos amigos cartageneros -dice Archil Babaidze, de 14 años de edad- mi ciudad es hermosa aunque pequeña. Tengo la afición del dibujo y he concluido mis estudios en la “Escuela de Dibujo para Niños” y confío en ingresar en la “Academia de Artes”. La carta -ejemplo de comunicación espontánea e idealista-continúa diciendo que desea ser pintor profesional y visitar a Cartagena para plasmarla en lienzos pues conoce de oídas de sus bellezas naturales. Finaliza la misiva proponiendo amistad con los jóvenes de Cartagena -ciudad hermanada con la suya propia- fundándose en la solidari-dad que produce el amor por el Arte. 2-Costa, Viernes, 4 de diciembre de 1987.
Diccionario de Construcción y Régimen Don Rufino J. Cuervo murió dejando inconcluso el diccionario que da título a esta nota, pero dejó materiales que permitieron la continuación de la magna obra científica. Así, el Instituto Caro y Cuervo asumió la ingente tarea de concluirlo. En la entrega del fascículo 20 dirigido por el doctor Porto Dapena se continúa el tercer libro que desarrolla los términos “exhortar-expresar”; donde se hace constar lo que sugirió el mismo Cuervo; los vocablos recogidos por Fernando A. Martínez y otros colaboradores y los tomados del fichero de la Real Academia Española de la Lengua; todos son identificables por las convenciones dadas. Se trata de recoger en los clásicos de ayer y de hoy los ejemplos del uso de los vocablos a que hemos hecho mención insertando la ficha bibliográfica completa. Consultándolo a este Diccionario el escritor, el profesor, el periodista, en fin, todo aquel que tenga en la palabra tanto oral como escrita su material de trabajo, difícilmente su-frirá confusiones sobre el modo de construir la frase. Enriquecen estos fascículos el hecho de que las citas, frases, sentencias, refranes, etcétera, están tomados, inclusive, de escritores de hoy en el ámbito americano y colombiano. No obstante, en la ojeada que le dimos a varios apartes capitulares iniciales no vimos que se haya tomado como referencia de uso obras de escritores costeños distintos a G.G.M. 2-Costa, Miércoles, 9 de diciembre de 1987.
La fiesta de San Antero “y por ti, Primavera, sobre alegres pollinos” Soneto “Versos rurales”, Luis C. López Estrofa segunda, segundo verso.
La comunicación con los distintos pueblos y poblaciones de la Costa hacen de esta región grave ejemplo de insularidad con desmedro para todos. La carencia de buenas vías nos impiden el salir por allí en un sábado-domingo a conocer esos sitios en una modalidad de turismo finisemanal como sí les permisible a quienes viven en las ciudades del Interior ya que cuentan con buenas vías en general. La televisión, sin embargo, nos permite conocer algunas costumbres -curiosas por lo menos- como lo es la “Fiesta del Burro” en San Antero, pueblo de economía de pancoger y pesquera. Inicialmente la idea nos pareció irónica y hasta risible. Poco a poco tan peculiar fiesta asnal nos ha hecho pensar en que la cultura siempre ha destacado a los animales por su utilidad, fuerza o belleza o han sido estos considerados totémicos o emblemáticos. Y allí están en los murales los tantas veces pintados burritos egipcios con su sobria mansuetud. La idea nunca olvidada desde los gratos tiempos de la “Red preceptiva” del inolvidable profesor Tarón -“El Tarón”- viene raudamente a la memoria, sobre la “prosopopeia”: la valoración humana de los animales en literatura, para como Esopo, Iriarte, La Fontaine, Samaniego, La Roche-foucauld, y tutti quantti, enseñar y ejemplificar. Es pues natural -al fin y al cabo- el énfasis de los sananteranos por hacer de uno de sus animales más útiles objeto representativo-burlesco de sus fiestas asociadas a las cartageneras según la tradición. El burrito es disfrazado y “embellecido” disfrutando de toda la parafernalia cosmética en la búsqueda de una estética real o pretendida. Farsa que a nuestro campesino -parvo y sobrio- le desata la carcajada que no suelta con facilidad pues no es propenso a la hilaridad sino a la socarronería que del propietario del Rucio -Sancho Panza- aquí quedó con tantas otras cosas. 2-Costa, Jueves, 10 de diciembre de 1987.
Doña Carmen de los Boleros Carmen de Rizo ha recopilado en un “Cancionero” la expresión del sentimiento amoroso vinculado a los boleros, danzones y tangos en número de mil que muestra además de su ser estético su disciplina en la realización bibliográfica. Para los simples –palabra que en Cartagena tiene el mismo sentido que en el Medioevo- puede parecer esto de recoger y conservar en libro con la coherencia requerida algo determinado cosa fácil. Independientemen-te del valor recordatorio del libro de Carmen en cuanto a que esa música del bolero es el más logrado intento de integrar melodía y poesía en la cultura americana a partir de lo tradicional hispánico con su mediatinta de arábigo -recordar “El Collar de la Paloma”- representa la mani-festación tesonera necesaria para en un índice asentar los versos más conocidos y populares de las canciones para la precisión de encontrar la letra total, del nombre del autor o del título mismo. Labor esta de funcionario cedulario o bien de monje quirografario benedictino mientras Petrarca escribía su “Canzoniere” a Madona Laura de Noves. Con índices, muy utilizados en la labor bibliográfica inglesa, particularmente en lo poético. La palabra “cursi”, tan temida como epíteto, es imprecisable en el uso común tanto como en el preceptivo-literario pero se aclara cuando en una audición de boleros nuestra emoción se debate entre lo sublime y lo citado con una indistinguible pero grata frontera de entreverados sentimientos. Como los que suscitan las “Mil y una”, (noches) melodías que Carmen puso en su “Jardín”. 2-Costa, Domingo, 13 de diciembre de 1987.
El gran Archipámpano Nuestra amada ciudad de Cartagena está tan estratificada, no obstante el remezón del ascenso social notorio desde los años cincuenta, que inclusive en los mesteres de la cultura hay quienes creen que sólo ellos comprenden o sa-ben o sienten la importancia de las cosas. Existe en español una palabra bellísima que traduce esa pretendida importancia supuesta por él -el Archipámpano-, (y según él), de todo lo bueno y lo bello con prescindencia de los demás. Es la palabra “archipámpano”. Ejemplo de “archipampaneidad” es la actitud del prócer que en velorio o misa fúnebre hace todo lo posible para opacar a todo el mundo, inclusive a los verdaderos parientes y entenados del difunto célebre. En las ceremonias públicas el “archipámpano” se muestra importante hasta el extremo de pretender que los demás se le acerquen caminando sobre alfombra roja y si en vez de eso se le ignora -es el Hades para él- aprovecha la ocasión para endilgar frases medias. Esto no es extraño en una ciudad como la amada nuestra donde la tradición colonialista causó un orden de precedencia hasta en las cosas nimias como el saludo y otros usos sociales. El drama de Don Archipámpano es el de que de tanto ignorar termina siendo ignorado y convertido en una entelequia, inclusive por aquellos a quienes en el fondo aprecia y respeta. ¡Pobre Don “Archipámpano” sediento de admiración y como Segismundo de compañía ayuno! 2-Costa, Lunes, 14 de diciembre de 1987.
El Francotirador El tema ha dado para mucho y en la historia de la Literatura los ejemplos de “Francotirador” han sido muchos también. Recordemos al Troyano que desde el muro de la bien murada Ilión disparó la flecha que dio a Aquiles en el talón y lo mandó al Hades o a “cualquier región al Hades vecina”. ¿Y qué decir de Filoctetes que en su saeta inscribió la leyenda que rezaba: “Va dirigida al ojo (izquierdo o derecho, no lo sé con exactitud) de Filipo II Macedón”. Es que esa es la ventaja que lleva quien dirige desde lejos su tirada. ¿Y Apolo Musageta, a quien Homero denomina “el que hiere de lejos”? También David, aunque fue con honda, dio certero golpe en la testa golíaca para sorpresa filistea. Inclusive vimos aquí una excelente película con ese título en años pasados. Los clubes de “Caza y Tiro” enseñan a quienes no saben tirar y guardar bien su puntería y ni siquiera engrasar bien las armas. Trátense de armas de corto o largo alcance. En la obra cinematográfica “El día del chacal” sufrimos los espectadores con la posibilidad de que el general De Gaulle saliera muerto o al menos herido. Al final descubrieron al “Francotirador”. Sin embargo, otros de la misma aleve condición han salido triunfantes como aquel Lee J. Oswald que ultimó en Dallas a John Fitzgeraldo. En la realización del gran Kurosawa, “Kagemusha”, el Sho-gún fue herido con la ballesta astutamente dirigida de un soldado. Los francotiradores son, pues, peligrosos y todo blanco debe ser móvil si no quiere ser presa fácil del astuto y ladino personaje a quien enseñan en la novela “Shibumi”, de Trevanian, al autocontrol jugando ajedrez y damas, indistintamente, con blancas o negras. 2-Costa, Viernes, 18 de diciembre de 1987.
El Mundo poético de Kavafis. Konstandinos Kavafis nació en Alejandría de Egipto en 1863, hijo de un comerciante griego nacido bajo el régimen de la “Sublime Puerta” cuyo apellido derivaba de la voz turca para “zapatero”, tal Kheyyam significa en persa el “hijo del constructor de tiendas” (tienda en árabe, “jaima”), para llamar al autor del “Rubaiyat”. Es que el Islam no cayó en el aristocratismo de desdeñar el trabajo manual en una forma directa e inmediata (artesanía) sino que contrariamente lo estimuló. Es más, entre orientales el trabajo manual es también una forma directa de la expresión poética. Era pues su ideal el ser hábil (en árabe, “ústed” significa artesano) en los distintos oficios y ser un sublimador de ideas. Fue el mismo Kavafis quien se interesó en su genealogía como muchas familias que evocan días mejores. Es que el mundo poético de Kavafis tiene un pilar trilobulado en lo evocativo: La “Diáspora” griega hacia Oriente durante el Helenismo, el cultivo de la “Historia” como temática principal y la decadencia económica -más no social- de su familia. Como diría un cartagenero agudo –de esos que hacen su ministerio crítico desde la Calle de la Amargura- con ese cóctel neurótico cualquiera se hace poeta.En su estancia en Constantinopla obtuvo muchos datos en 1882-1885 sobre su origen familiar que consignó por escrito. Al leer a Kavafis se identifican en mi memoria las largas horas dedicadas a la lectura del “Cuarteto de Alejandría”, de Durrell, ambientado en la época del Virreinato inglés en Egipto, asolado norabuena por la “Revolución de los Jóvenes Oficiales” con el Rais Abdel Gamal Nasser a la cabeza, el “Torrijos” del Canal de Suez. El mundo ideal de Kavafis está anclado en el ámbito helenista posterior a la decadencia de la ‘Atenas Periclea’ al desplazarse Macedonia hacia las actuales Siria y Líbano, Persia y Egipto, hasta llegar al padre Nilo, en cuyo Delta erigió Alejandro la ciudad de su nombre –Alejandría, Iskanderiya hoy-, patria kavafiana. Para ese logro tuvo el poeta como fuentes de inspiración las páginas de los historiadores de ese período y para el tema bizantino, otro de sus tópicos literarios, a la bizantina princesa Ana Comnena. Vivió Kavafis en el pasado pero siempre proyectándolo al presente a través de la comparación y del simbolismo poético. No es aventurado comparar a Kavafis con Verlai-ne en Francia, y cambiando lo que hay que cambiar, con el Maestro Valencia, amante éste también de Oriente, siem-pre el inspirador Oriente de los simbolistas y exégetas. Posteriormente derivó Kavafis su poesía hacia un realismo sustantivado en la idea y en la palabra sin entrar, no obstante, en la literatura que llaman comprometida. Kavafis representó en la poesía griega escrita fuera de Grecia el deseo integratorio de las comunidades de la “Diáspora” griega, muy parecida a la siria y a la libanesa para la misma época hacia América del Sur. Después de masacrar los Turcos a los habitantes de la ciudad de Esmirna figuró Kavafis en su poesía el regreso de los Griegos todos a Grecia, en un renovado viaje a lo “Odisea”, de Homero. En esa repatriación –cuando fue posible en 1923- actuó como Comisario para el efecto Nikos Kazantzakis, autor de “Carta al Greco” y de “Cristo de nuevo redivivo” amén de una “Ilíada” en lengua popular o “demotiki”. El nacionalismo griego suspirante por la “Enosis” se sustentó más en la Cultura y la Poesía que en la acción armada para identificar y aglutinar los valores desperdigados en todo el Mediterráneo Oriental en las antiguas parcialidades del enorme Imperio Turco Otomano. Lengua, Historia y Religión sustentaron el renacimiento de la hoy República griega después de 1917, cuya inspiración persiste aún. Con Yorgos Seferis, de Esmirna, y Nikos Kazantzakis, de Creta, el alejandrino Konstandinos Kavafis forma la tríada de la Poesía griega moderna hasta 1950. Diciembre, 1987.
Darío Argento: Cineasta agotado Cuando años ha presentó en el marco del Festival de Cine de Cartagena sus producciones dejó en el espectador la sensación de ser un relojero maniático en la exactitud y en la precisión del montaje temático de sus obras, encamina-das a crear un suspenso realmente insoportable hasta para los espectadores más avezados del género del cine de terror. Su rompecabezas era un esquema a seguir muy bien dosificado. La musiquita infantil premonitoria de un trauma de infancia, la cuchillería más aterradora y profusa, la casa en descampado y laberíntica, una mano enguantada y el cierra-puertas más sorpresivo de que se pueda tener mención en el género del terror susceptible y sicopático. Recordamos especialmente “Tres moscas sobre terciopelo gris”, aunque no ganó el “Premio Catalina” y salió protes-tando junto a su padre que le patrocinaba su talento genial antes de los veinticinco. Pues bien, Argento sale ahora con “Demonios 2”, con una idea cinematográfica de un demo-nio que posee a quienes inocula con sus garras y dientes repitiendo el ciclo vampiresco en un intento de dominar el mundo. La referencia a cosas bien hechas como “El bebé de Rosemary” no hace sino resaltar la penuria del filme de Argento. La efusión de sangre es truculenta y el clima del edificio, en la que el tema se desarrolla, posible, en una ciudad imposible dentro de la lógica. Toda idea, hasta las basadas en la ficción debe ser presentada con aquella –la lógica-, aún más en el cine, cuyo formato suele ser muy definido. Argento (plata, en italiano) peló el cobre y no sabemos bien por qué. 2-Costa, Sábado, 19 de diciembre de 1987.
Pierre Daguet Nunca le vi sino excepcionalmente de cerca -al pasar- y jamás hablé con él. Nunca oí tampoco su tono de voz, pero sostengo que conocí a Pierre Daguet por el sólo hecho de que se hubiera venido a vivir aquí buscando el luminoso tesoro que Cartagena le entregó pródigamente: luz, desde la del rosicler matutino hasta la cenital con que muere el día, y las aguas-linfas marinas de las Islas del Rosario para que vivieran en ellas sus “Ondinas”. En el Viejo Mercado de Getsemaní lo ví una vez acompañado de alguien, o ¿solo?, escoger frutas seguramente más atento a sus formas y colores que a su sabor. En el barrizal estaban desplegados los puestos en cajas o en fiques extendidos colmados de limones, de berenjenas y de tomates, vestido de blanco impoluto dominaba su figura señera el pintoresco y folclórico conjunto -ese cuadro solo habría que “primitivizarlo”-. Pierre Daguet fue pintor de pincel correcto y atinado -un poco al modo del diletante- y en eso radicó su éxito como el gran impulsor y pedagogo en materia de Artes Plásticas y en el sentido de vivir con compromiso inalterado con la estética. En Cartagena los que tuvieron la suerte de su conocimiento y trato fueron y son muchos aún; pero tal vez hay que recordárselo a algunos que no le vieron ni siquiera de lejos. Ese es el porqué de esta nota con motivo de que en la “Escuela de Bellas Artes” se celebra el III Salón de Arte “Pierre Daguet” entre los días 7-22 del corriente mes. El Salón se califica de joven con lo cual se invoca por parte de Bellas Artes la tarea ímproba de Daguet por impulsar, enseñar y orientar a la juventud, por lo que se le rinde incuestionable homenaje de gratitud y admiración. 2-Costa, Domingo, 20 de diciembre de 1987.
Yourcenar y Beauvoir. Marguerite Yourcenar ha muerto. Ella y Simone de Beauvoir constituyen la alta inteligencia femenina del siglo. La primera reconstruye el pasado en obras noveladas con referencia a la historia que al mismo tiempo que mostrarnos el pasado refuerzan la actual temporalidad. Simone tiró el balde al fondo del pozo del alma femenina para defender el papel intelectual de la mujer y la dignidad que se desprende de ello. Yourcenar llega a la conciencia a través de lo objetivo mientras que Beauvoir encara directamente lo subjetivo personal. De hombre a hombre va cero, decía Platón. Y de mujer a mujer también. Ambas humanas, demasiado humanas. Yourcenar escogió sus arquetipos en la historia, Adriano Imperator, Servet, Da Vinci, Paracelso y Campanella. Todos los personajes de Simone son, en cambio, seres minúsculos o anodinos que viven sus propios dramas personales en silencio o consignan su dolor en diarios íntimos como en “La mujer rota”. Tal vez el recuento de su propia relación con un Sastre devorador de vida. Entrambas la expresión de la mejor cultura latina, francesa en este caso, donde la erudición y el rigor del estilo además de la amenidad y la gracia las muestran continuadoras del intento de conocer la condición humana que debe tener el verdadero hombre de letras o mejor, en este caso, mujer de letras. 2-Costa, Jueves, 24 de diciembre de 1987
Usiacurí Por la “vía de la Cordialidad”, después de pasar Luruaco, tierra del maíz hervido y de la empanada con huevo (no “arepeuevo”, giro bogoteño o interiorano) se desprende un ramal en buenas condiciones que conduce a esta población atlanticense. Es tan antiguo que es ejemplo de “pueblo de indios” gobernado por el cacique del cual tomó el nombre. Es de planta irregular dado su emplazamiento en pequeñas colinas. Aquí existen casitas sobre altos zócalos con las características de dos arquitecturas conjugadas en mestizaje: la española y la aborigen caribe. En un collado domina la iglesia cuyo acceso lo facilita larga escalera. Cruzando el pueblo llegamos a la pequeña vega que hace un arroyo. Es la casa del poeta Julio Flórez que de Chiquinquirá vino aquí a los famosos baños de aguas sulfurosas. La casa sencilla con techumbre pajiza y el piso de cemento. En lo que fue su aposento está su tumba en el piso. Cuadros sencillos adornan las paredes sencillas también y una corona áurea con que algún presidente coronó al poeta luengos años ha. Un busto, el patio y todas las dependencias limpísimas. Las sobrinas o entenadas del poeta cuidan la casa con celo y cariño. Le pido un vaso de agua a una de ellas y siento fuerte sabor a azufre; no la bebo. En vez de haber dejado o reconstituido las aguas azufradas para que los costeños hicieran de Usiacurí su Paipa, las entubaron, craso error. En el pueblo entramos a un taller de artesanías de paja de iraca y vimos el proceso artesanal donde opera toda la familia. Trajimos algo de recuerdo para casa. Al regresar por Isabel López salimos otra vez a la carretera principal por un bosque de trupillos típico. 2-Costa, Sábado, 26 de diciembre de 1987.
Cartagena en la Olla “Cartagenera, en tus manos la cocina empieza” Dice el Arcipreste de Hita, Don Juan Ruiz, que por dos cosas trabaja el hombre: “una por haber mantenencia y la otra por tener juntamiento con fembra placentera”. Que conste que no lo digo de mío sino citando al Arcipreste en su “Libro del Buen Amor” así como él terminó que no lo decía de suyo sino citando al Aristóteles que tanto cita el Duque de Calamar, Antonio Escobar, el Van Gogh caribe y de la taheña barba. Pues bien, así fue como Paulina, mi esposa, hubo su libro “Cartagena de Indias en la Olla” de mano mía y como en estos días navideños de mejor yantar que lo habitual en todas partes ella lo estaba trajinando más que nunca, me dediqué a repasarlo. Esta edición fue la impresa por Bedout en 1971 y suma en un largo ordinal el número seis de innumerables ediciones que como largas ovadas de huevos de iguana se suceden ampliadas y mejoradas hasta constituir clásico no sólo de la cocina cartagenera regional sino verdadero libro de historia coquinaria –primero es comer que el pensar- de la cocina vernácula. Las Román (Teresita, Amparo y Olga) constituyen ellas solas una verdadera batería de cocina al propio tiempo que rescatadoras de la tradición culinaria cartagenera, producto de la sabiduría humana de generaciones anónimas de mujeres que ya en el binde o en alta estufa satisficieron el paladar de los suyos. Don Enrique Marco Dorta, autor de uno de los hitos bibliográficos de la historia de la ciudad, escribió el bello prólogo de la edición que comentamos. Ilustrada por dibujos típicos del excelente artista español Juan Horrillo que tan bien la ambienta, y poetizada hasta ser obra de arte por las acuarelas de Hernando Lemaître, esta edición fue el abrebocas de la maravilla editada recientemente en gran formato y que será, estamos seguros de ello, la penúltima edición a juzgar por su utilidad y belleza 2-Costa, Viernes, 8 de enero de 1988.
Notas turbaqueras Siempre hemos visto los cartageneros con cariño a Turbaco y tal vez esto se deba a la conciencia de que la ciudad que es hoy Cartagena pudo haber quedado allí. En la memoria siempre queda aquello de que los Yurbaco defendieron su poblado contra los invasores y que allí muriera Juan de la Cosa, el vizcaíno. Y que allí hubiese agua y en la zona de Cartagena no. Y tantas otras cosas que se asocian. En la plaza de Turbaco hay erigida una excelente estela conmemorando la presencia histórica del cartógrafo anotado, obsequio que hizo la municipalidad española de Santoña, de donde era éste oriundo. El came-llón de Turbaco ha quedado remozado, enfrente de la bella casa que ocupa la alcaldía. ¿Pero, cuándo quitarán de la plaza central el estacionamiento de buses que comunican a la bella población con Cartagena? El desorden no es poco y la inseguridad del tránsito tampoco, pues no hay señales en ella y los buses van por donde quieren. Sería conveniente pensar en la posibilidad de racionalizar la circulación en esa plaza y darle un mejor aspecto al conjunto de la iglesia, alcaldía, camellón y monumento del gran marino y cartógrafo Juan de la Cosa. 2-Costa, Jueves 14 de enero de 1988.
Minca y su agua gélida Saliendo de Santa Marta en dirección a Río de la Hacha una variante carreteable se interna hacia ciertas estribaciones de la Sierra Nevada. Hay en la vía estaderos con piletas pero preferimos llegar a la población. Es pequeña y me sorprendió algo que las gentes del lugar conocen bien, que en las inmediaciones se siembra café y que por eso la Federación Nacional de Cafeteros tiene allí unas oficinas. Es que la geografía a dedo (del pie) es la mejor para definir sitios y lugares. Nos bajamos a las orillas del río que viene de la Sierra y en un recodo vemos un balneario de personas sencillas. El agua está gélida, como ciertos versos marmóreos. La vegetación es tan profusa allí que los rayos del sol al pasar por las copas de los árboles se rompen en mil cuchillas. Bonito lugar Minca, y qué grata el agua fría al par que estimulante. Las rocas están pulidas, al fin cantos rodados dando la sensación de limpieza y pulcritud al lugar. Los peñones (palabra costeña que nunca he visto escrita) recuerdan los huevos de dinosaurio de que habla García Márquez en sus novelas situadas en la bella tierra magdalenense. 2-Costa, Sábado, 16 de enero de 1988.
“Los pecados de Inés de Hinojosa” Uno de los géneros más interesantes de la novelística lo constituye el que conjuga el hecho histórico como armazón estructural de la obra dotándolo además de la vivacidad imaginativa de la ficción que añade al hecho escueto, nervio, sangre y el sentido de lo cotidiano intemporal. En Colombia, no obstante el costumbrismo -constante de nuestra narrativa del cual no hemos logrado despercudirnos- la novela histórica tiene pocas obras y pocos autores también. Cuando la novela –al menos como se escribió después de Cervantes- aún no había llegado al Nuevo Mundo, Juan Rodríguez Freyle escribió su obra “El Carnero”, ejemplo del género intermedio que se ha dado en llamar “historiela” por parte de la crítica especializada. Tal vez la razón sea múltiple para explicar la poca fortuna del género en nuestro medio colonial. Sin duda influyó la condición reinante de la iliteralidad de las masas además de la estrictez del rigor dogmatizante de la cultura imperante en la época. Época de intransigencia y no pluralidad conceptual. El sello del reinado de Felipe II. Es este el tiempo en que se desarrolla la trama de la obra de Próspero Morales Pradilla intitulada “Los pecados de Inés de Hinojosa”. La recreación erudita y vívida de los usos, costumbres, relaciones de clases sociales en una época signada por la implantación del régimen servo-encomendero del siglo XVI en el Reino (comarca cundiboyacense). La trama de trasfondo de esta novela descrita parcialmente como “erótica” es la formación de la sociedad colonial en América y Colombia pasada la brutalidad abierta de lo que el padre de Las Casas llamó la “invasión bélica” en su obra de denuncia “Brevísima relación de la destrucción de las Indias”. Mundo y mundillo de gentes sin escrúpulos y deseosos de la fijodalguía de manera pronta y “como fuera”. Los varones por la fuerza o por la maña y las mujeres con la entrepierna ágil al requerimiento oportuno. 2-Costa, Jueves, 21 de enero de 1988 La anterior nota en la revista “Costa al día” salió por razones de espacio completa en el mes de enero de 1988, así -añado el fragmento que sigue-: “El indio no cuenta sino vertido en la corriente ascendente del mestizo –Inés, la protagonista y epónima de la obra es el ejemplo clásico- y el silencio del hombre común. Tunja –para quienes la conocemos- es perfectamente identificable en la obra: la Catedral, la casa del Escribano don Juan de Vargas, la del ‘cartagenero’ Don Juan de Castellanos, la iglesia de Santo Domingo y tantos otros puntos de referencia novelizada de la ciudad conventual. Trama ágil y consistente, encuadre histórico perfecto, castellano igualmente perfecto y adecuado, con oportunidad cambiante cuando habla el novelista y cuando la narración –a través del diálogo- la hacen los protagonistas según clase social y cultural, y el eterno ingrediente cuadrúple de la obra de éxito: Amor y sexo, sangre o violencia, ambición o codicia de dinero y la sed de poder arbitrario hacen de esta novela colombiana un tratado de la más grata relación del género histórico.
Ciego en Gaza El título que Aldous Huxley puso a su novela bien sirve para ilustrar la actitud de Israel en la martirizada zona. Invadida por el ejército y reprimida a sangre y fuego. La población palestina rechaza al invasor que repele con gases y munición de guerra el movimiento de liberación, cosa que le ha valido el rechazo por parte de los E.U. que siempre lo ha apoyado. Es que esta acción de Israel es una de las más flagrantes violaciones de los derechos humanos en la actualidad. Una de las circunstancias más contradictorias en este caso es que Israel conoce bien el éxodo, la diáspora y la condición de apátrida y debería tener comprensión por lo mismo del drama de los palestinos y particularmente de los de la referida zona de Gaza. El David hebreo se ha convertido en la región en el Goliat prepotente haciendo caso omiso a todas las re-comendaciones del Consejo de Seguridad de la ONU. El gobierno de los E.U. con Reagan a la cabeza ha desaconsejado el plan israelí contra una población gol-peada por el infortunio de haber perdido, inclusive, la patria ancestral. 2-Costa, Viernes, 22 de enero de 1988.
La música en Cartagena El título hace referencia al de la obra del maestro Antonio Escobar editada en Bogotá en 1985 por Intergráficas Ltda. La portada es una excelente fotografía de Hernán Díaz de la del convento de Santo Domingo labrada en piedra con el remate del tipo llamado <tímpano trunco>, terminado en voluta y el escudo de los Dominicos con la guarda de los “perros del señor”, emblema de la Orden Seráfica también labrados en piedra. El temario de la obra comienza con los primeros músicos de la Colonia, el más famoso, Juan Pérez de Materano (según otros el apellido era el vasco Maturana), quien además fue autor del libro más antiguo sobre música escrito en las Indias “Canto de Órgano y Canto Llano”. Las distintas formas musicales que entraron por la ciudad comprenden la religiosa y las modalidades populares aunque los bailes de este género estuviesen prohibidos en la época. Los principales instrumentos musicales están reseñados, la vihuela de Jorge Voto (personaje de “Inés de Hinojosa”, la exitosa obra de Próspero Morales Pradilla, que se desarrolla durante la segunda mitad del S. XVI), el arpa, el órgano y el piano que también fueron introducidos por la ciudad. Adolfo Mejía y Jaime León reciben especial mención del maestro Escobar. Naturalmente son muchos los capítulos dedicados al aporte musical de los pueblos africanos de etnia negra traídos en la trata. Y obviamente, también, el mestizaje musical de lo indio y de lo negro que aparecen titulados de la misma manera. Se dedica un aparte a la música de San Andrés y Providencia y a la de otras poblaciones circunvecinas siempre en la inteligencia de que Cartagena era, más que una ciudad, la enorme Provincia que comprendía la ribera izquierda del río Grande de la Magdalena hasta los confines con Castilla de Oro, hoy Panamá. 2-Costa, Sábado, 23 de enero de 1988.
Entre Odiseo y Simbad Tiene la bahía de Cartagena una especial connotación enmarcada como está por penínsulas, bocas, islas, cayos y la presencia vigilante de la galera de “La Popa” sobre ella. Salimos en el magnífico yate “Alcatraz” y en el paisaje presentado como película donde es el espectador el móvil se suceden “Caño de Loro” y su patética y fantasmal historia del dolor, luego la tenaza pétrea que a lado y lado del canal ejercen, vigilantes, San Fernando, y San José, que además de fuerte tiene su poder extendido en una batería a flor de agua. En San José con su carencia de visitantes el tiempo parece detenerse ante los ojos de quien a su paso prontamente le deja atrás como isla rocosa y geométrica debida a la mano del hombre. El buquecito enfila hacia las islas del Rosario, esas Espóradas (Grecia) de nuestras costas desperdigadas en un mar que tiene los colores que Ciro Mendía cantó en su poemario “Caballito de siete colores”. En las islas la actividad turística es constante, nadie que viene a “La Heroica” deja de convertirse bien en un día o durante varios en Odiseo o Simbad. Buen alojamiento, frutos del mar y la edénica conformación del entorno bendito de la mano divina. El reloj biológico de las aves las congrega en Pajarales donde son señoras impávidas a la agitación del visitante que las contempla cual en natural aviario. De cualquiera de estas caletas o ensenadas bien pudo haber salido Agamenón Atrida cuando conjurando la carencia de vientos ofreció a la dulce Ifigenia. Y al regresar siempre piensa uno en el alivio de ver el sagrado (históricamente hablando) muro cartagenero sin dejar de pensar que aún más debieron haberlo estado quienes en el pasado después de tres meses de navegación llegaban a la ciudad “llave de las Indias”. 2-Costa, Viernes, 29 de enero de 1988
Shaka Zulú, gran documental La del domingo 24 fue la entrega número 7 de la serie televisada de la entidad cultural (esto lo digo sin rubor, pues es, más que un programa, una verdadera cátedra aunando la amenidad, el tratamiento histórico serio y la estética que el cine televisado no siempre entre nosotros tiene) cuya razón social es <Programadora Eduardo Lemaître>. Esto no impide que opine que muchas veces la concepción de algunos programas sean susceptibles de tendenciosidad. Pero en ningún caso es debida a otras personas sino a los realizadores. Casi siempre compartiendo éstos, el enfoque europeizante (es casi una constante prejuicial) contra los movimientos culturales, la conducta de sociedades a las que juzga primitivas y a la idea de que la guerra si no es europea entonces sí es bárbara y cruel y despiadada y bar…bar… La guerra es bárbara hágala quien la haga, sólo que en veces se justifica si el mal que pretende evitar es aún peor que ella misma. Shaka es el pionero de la concepción zulú de un sistema estadual que rebasa la confederación (débil) de su nación, fácil presa del expansionismo holandés en África al que siguió la zarpa del león inglés. Siempre me he preguntado cómo ven los cineastas islámicos a Ricardo Corazón de León. Pues ya vi cómo un realizador egipcio presentó a Salad-din-el-Ayubi en bella película. Ahora debemos es-perar que algún cineasta de la antigua Rhodesia -hoy Zimbabwe- ruede su propia versión del Napoleón zulú. 2-Costa, Domingo, 31 de enero de 1988.
¿Máquina de Escribir o Word Processor? A Libardo Muñoz Venía mi amigo con “cara de preocupado” cuando le vi. Ignoró su estado durante toda la conversación inicial de preguntas sobre cómo estás y que más y tú y la familia. Pero la preocupación persistía y al fin espetó: “Hay que ponerse a estudiar computación y pronto porque si no nos quedaremos sin oficio. Yo voy a ver cómo me enrolo en un curso de ésos”. Y así mi amigo alivió lo que tanto le pesaba. Yo por mi parte -mirándolo fijamente- le dije: “pero eso están diciendo desde antes de que nos recibiéramos de bachilleres y aquí estamos haciendo la lucha. Además los cambios de la tecnología aplicada son progresivos y no bruscos para precisamente ‘paulatinizar’ el cambio y permitir la adaptación a los nuevos usos. Además quienes recibiremos con más facilidad esos cambios somos quienes venimos en el proceso de trabajo trátese del campo que fuere. Nuestro proceso de adaptación nos ayudará. Además hay actividades que exigen cambios más profundos que otras y quienes estén en ellos tienen la lógica de esa actividad y se acomodarán a su vez”. Y aunque mi amigo no estaba muy convencido me miraba con la cabeza ladeada con expresión entre polémica y mimosa. Pero lo cierto es que su actitud gestual había cambiado algo desde nuestro encuentro. Al menos encontraba el beneficio de la duda en contra de su dogmático planteamiento inicial. -¿Tú sí crees?-, me dijo. “Estoy seguro, -le contesté- siempre ha sido así al salir alguna novedad y luego ves que hasta los niños manejan el nuevo portento. Si es que la razón del progreso de la tecnología en sí misma es la acción facilitatoria del trabajo y eso hace que sea comprensible hasta por los “viejos”. Una segunda mirada de mi amigo me convenció que él esa noche dormiría bien. Bueno, chau, -me dijo- y se despidió con un apretón de mano, de la cual ya había desaparecido el sudor. Lo vi alejarse rascándose la cabeza. 2-Costa, Martes, 2 de febrero de 1988.
Cocina árabe-cartagenera Cartagena continúa siendo la ciudad cosmopolita que vocacionalmente es desde los decenios posteriormente inmediatos a su fundación cuando gentes de todas las procedencias vinieron aquí a establecer sus reales. Portugueses (considerados por los intransigentes caste-llanos como “extranjeros”), judíos y moros además de sajones de distintos países y demás españoles fueron por igual hasta antes de la tiranía castellana godos, judíos y árabes. La reacción pronto los perseguiría aquí como ya lo había hecho allá. De todos modos la constante oriental persistió en el mestizaje (el mestizaje es la mejor versión del cosmopolitismo) de gentes andaluzas y extremeñas mayormente los pobladores de la costa Norte colombiana. Por algo se llamó Nueva Andalucía. Este ya largo preámbulo ambienta la presentación de la obra de Farah, Georgette; Chalela, Nelly, y Beetar, Margot, cartageneras que decidieron poner en lingotes lo que ya era en parte conocido por los amantes de la buena mesa en el “Corralito” que llamó el doctor Justiniano Martínez Cueto (ver nota con este título en esta obra). Así quibbes, galleta turca (dib, pita o galleta árabe), laban, tahine y otras exquisiteces se popularizaron aún más. Otras, más complejas y elaboradas no son tan populares y degustadas por varias razones: costos, tiempo de elaboración e ingre-dientes, algunos de los cuales vienen de la tierra de la “Montaña Blanca” (Lubnan en árabe, Líbanos en griego) pero igualmente exquisitas o aún más (auténticos “boccone di cardinale”, la palabra ‘boccato” no existe en italiano). La cocina árabe es riquísima en variedad y aquí sólo algunos platillos se conocen. Abarca extensa variedad con frutos de mar (sus antepasados, son en parte, los Fenicios), verduras, frutas, semillas o frutos secos, miel y lácteos. Las autoras Farah, Chalela y Beetar en un magnífico libro, editado en Mogollón en 1977, condensaron siete mil años de costumbres y usos gastronómicos. 2-Costa, Miércoles, 3 de febrero de 1988.
“Atracción fatal” Del mismo realizador Adrian Lyne, autor de “Nueve semanas y media”, vemos ahora en pantalla “Atracción fatal”. En la vida de un abogado casado y con una hija, la relación matrimonial suya después de nueve años de amor y tranquilidad entra en la monotonía (“sameness”) de lo que ya se considera obtenido. La esposa viaja al campo a cumplir el sueño de vivir en él visitando una casa que desean comprar. Y allí comienza la aventura del amor atediado que pone en vilo al espectador. La dulzura del amor adúltero inicial se trueca en pesadilla. A escenas en que el amor físico se acoge más a la teoría del encontrón y del golpe en vez de la caricia sutil se sucede la verdadera trama, desconcertante. Una sicótica anda suelta reclamando en su soledad que se la quiera a punta de presión excesiva de su propia angustia. Olvidando que el amor sólo con amor se logra. Pero es que allí radica la fuerza negativa de quienes no han logrado educación emocional. Su persecución constituye el crescendo que acabará en una orgía de arma blanca y roja sangre. Lyne toca en esta realización igualmente relaciones estrictamente individuales donde el resto de personas son sólo un entorno de referencias en una sociedad actual donde la soledad y el tedio fungen papeles de verdaderos cánceres anímicos. Adrian Lyne presenta de manera equilibrada la contrastación entre la esposa con madurez y comprensiva y la compulsiva y ocasional amante que en una atracción rápida convirtió una luna de miel falsa basada en la animalidad del sexo sin sentimientos en una auténtica pesadilla. 2-Costa, Jueves, 4 de febrero de 1988.
El cráneo de Pedro Claver Como Hamlet ante el de Yórick, los serpentinos sesos de “mi caletre, caja, testa o bote” se inclinan dentro de la cabeza mía reverente. Y es que leyendo el libro del maestro Luis Antonio Escobar sobre la música en Cartagena de Indias he leído un aparte tomado de la obra del sacerdote Ángel Valtierra sobre “el esclavo por amor”, incluido en la página 73 del segundo tomo de la obra y que también cito textualmente:”Lo refiere un testigo ocular, el médico Adán Lobo: “Era el año de 1645. Estaba de visita en la casa de don Francisco Manuel, en el barrio de Getsemaní. De pronto oyó en una pieza vecina un grito de mujer: ¡No!, ¡no mi padre, dejadme, no hagáis eso! Un mal pensamiento atravesó su espíritu, era amigo de Pedro Claver, su admirador, pero tembló y se dio a una curiosidad malsana. Entró en la pieza rápidamente y algo como un rayo cayó sobre su alma: vio al padre Claver lamiendo las heridas pútridas de una pobre esclava negra. Ella no había podido soportar tanta postración y ese fue su grito de angustia”. Hasta aquí la anécdota, terrible. Y el cráneo allí reposando inerte en su urna, impávido, convertido por la acción del tiempo en óseo sílice. Y la serpiente anudada de los sesos de quien lo contempla piensa: ¿Qué era este hombre? ¿Un lábil mental, un cargador catártico de la maldad de sus congéneres sobre sus iguales o un poeta cuya poesía se escribía en el trato con los mínimos? La serpiente se anuda y desanuda nuevamente, en un actuar inconsciente de movimiento animal. 2-Costa, Domingo, 14 de febrero de 1988.
La prima de Tomás Cipriano de Mosquera Contaba Henrique de la Vega -autor de dos obras sobre literatos franceses- que alguien le decía que por qué escribir sobre literatura francesa y él dejaba ver como respuesta que por qué no puesto que cualquier tema es válido. Germán Espinosa -autor de una de las obras novelísticas colombianas más serias- anotaba en días pasados que el escritor colombiano se había aferrado al realismo mágico de tal manera que se había involucrado hacia el parroquialismo en algunos casos. Y su última incursión en el género tiene como sustrato la Roma de los tiempos del nacimiento del Cristianismo. En 1955 con el sello de Editorial Casanalpe, Donaldo Bossa Herazo dio a la estampa su investigación sobre la esposa del gran rival político de Víctor Hugo, el príncipe-presidente Napoleón III, doña Eugenia de Montijo, Condesa de Teba. El doctor Lleras Restrepo en su obra “De ciertas damas” escribió larga reseña -así las llama él cuando realmente son verdaderos ensayos de la mejor factura- sobre la condesa de Castiglione, una de las rivales de la biografiada de Bossa Herazo. Obra que le mereció a éste último reconocimiento inmediato en alta dedicatoria de don Julián Paz, archivero y bibliotecario de la Casa de Alba y del mismo Duque, sobrino-nieto de la Emperatriz y autor de una obra sobre ella. Muchos datos fueron aportados al De Alba por el toludeño Bossa desde esta América que fue escenario de la invasión a México por Napoleón y de la construcción del Canal de Panamá por el primo de Eugenia, Fernando de Lesseps, motivo por el cual ella regaló la estatua de Colón que vi pues se halla en el puerto panameño del mismo nombre. Alba aseguraba que la Emperatriz de los Franceses aseguraba tener en Tomás Cipriano de Mosquera -a quien recibió en París- un primo nacido en Colombia con quien compartía la consan-guinidad del apellido Guzmán. 2-Costa, Viernes, 19 de febrero de 1988.
Los mingitorios de Tito La televisión a través de sus noticieros y la prensa han jugado a la picaresca en días pasados con la disposición del Alcalde de Bogotá de cobrar impuesto a la actividad económica de los llamados “moteles”. Ha servido la nota para muchos comentarios serios y jocosos entreverados por la negativa inicial de los propietarios y la amenaza de los mismos al trasladar el impuesto al “consumidor”. Sin ánimo chocarrero recordamos aquel pasaje de la historia romana bajo la égida del emperador Tito que a su bonhomía “quiero hacer todos los días una buena acción”, añadía su, en esa época, proverbial tacañería encauzada hacia el fin de imponer a los mingitorios públicos el cobro de una suma, aunque pequeña, para su utilización. El “populus” menos trascendental de lo que estamos acostumbrados a leer en los libros, reaccionó inme-diatamente llamando a los orinales públicos o “titos”. Ahora que los grafitti están de moda recuerdo uno que no lo era exactamente, pues cumplía efectos de obligado cobro en el patio de estación de una compañía de buses intermunicipales en una ciudad yendo yo rumbo hacia Tolú y Coveñas. La cámara relució su lente al sol y la curiosa leyenda pasó a una diapositiva para la colección personal que detalla aspectos simpáticos de lo cotidiano. La anotada leyenda reza escrita en tinta o pintura roja con espartano laconismo y letra patoja: “A 0,50 la orinada”. 2-Costa, Miércoles, 24 de febrero de 1988.
“Así es Colombia”: periodismo didáctico Va, hasta la fecha, en su número 106 la serie fascicular de El Espectador denominada “Así es Colombia”. Los libros de geografía y de texto en general han ido en nuestro país perfeccionándose día por día. Sin embargo, aún no existe un texto verdadero de geografía con enfoque turístico. La corporación turística edita folletos y plegables que sirven para la divulgación y el aprovechamiento de los mapas-guías. Si bien el libro tiene con su mayor cabida una ventaja sobre la publicación periodística, ésta, a cambio, ofrece mayor ventaja sobre la publicación anotada en la actualización sobre los temas, especialmente sobre aquellos en que la actividad misma es de suya tan dinámica como el ir y venir del hombre mismo sobre la tierra. Y ningún mayor movimiento hoy día como el que desarrolla la actividad turística en general en eso que anotábamos del dinamismo. “Así es Colombia”, es, pues, un libro por entregas que sigue la diaria periodicidad. En el formato fascicular puede el catedrático llevarlo a clase y asignar lecturas a sus estudiantes dentro del método tendiente a que el estudiante investigue por la lectura en clase. 2-Costa, Jueves, 25 de febrero de 1988.
In Memoriam Augusto Tono Siempre le bullía algo en la cabeza a Augusto. Caminaba las calles con prisa que permitía creer que su objetividad en la visión de los detalles se había olvidado. Pero no. Formado profesionalmente como arquitecto su cosmovisión del mundo se plantea desde esa óptica. Y era el motivo impulsor de su no siempre entendido quijotismo. En una conversación en que citaba a Viollet le Duc me permitió entender su romanticismo evocador en la arquitectura pero aunado a su sentido de lo funcional adquirido en la escuela de (Frank) Lloyd Wright, que lo seducía. En la soledad creadora -exenta de resentimientos- se dedicó a otra faceta de su condición de artista interpretador de la forma y de la luz, la pintura. Los muchos trabajos de Augusto Tono en aquella tienen como característica la fuerza un poco atormentada que el pintor les transmitía y un rebelde sentido de la torsión y del movimiento. Augusto Tono pensaba en inglés, no obs-tante esto producto de sus largos años de estudio en Illinois su agilidad mental en varios planos de pensamiento le permitía desbrozar un castellano imaginativo para comunicar sus inquietudes profesionales y culturales. Es que la sintaxis es en cierto modo una coyunda del discurrir del pensamiento y se constituía en traba para Augusto Tono. Siempre combatiente sin ser pendenciero y nunca desprovisto de argumentos era viviente atalaya de la conservación de la forma arquitectónica de la ciudad, la del “corralito” y la extramuro. Restauraba y no reconstruía -me dijo alguna vez- deambulando en el grato merodeo que permite nuestra ciudad por algunas calles. Así se inspiró en unos edificios para definir otros: como en su proyección y dirección se hizo la obra del Banco Ganadero. Con el maestro Gastón Lemaître hizo sociedad de arquitectos dejando casas de hermosos techos abovedados y arcadas complacientes con la luz y el aire. Casas frescas y luminosamente penumbrosas (si el oximorón me es permitido) que en cierto sentido hacen de la obra de Augusto Tono parte del patrimonio de la arquitectura cartagenera con sello y diseño personalísimos. Jueves, 25 de febrero de 1988.
Cosas nuestras También Cartagena guarda a contrapelo de los cambios rasgos pueblerinos tradicionales. Son ya escasos y se relocalizan en ese caprichoso vaivén de lo diario. El motivo de esta nota desapareció hace tiempo, no sé cuándo ni importa gran cosa. Sito en la calle de Badillo Primera, abría sus dos puertas al público lo que en el mercado se llama, aún hoy en día, una “colmena”, (por lo ¿colmado?, tal vez), o por los muchos cajones o compartimientos estancos donde se exhibía el maravilloso espectáculo de los granos. De allí su nombre de “El Granero” y a continuación un eslogan hoy infrecuente “ventas al por mayor y al detall’ -con la ortografía anotada- que nos causaba extrañeza de niños. Era una de esas misceláneas de pueblo supérstite en el “corralito de piedra” y que si hubiera vendido papel sellado, azadas y rejos de enlazar sería susceptible de ser llamada como en el tiempo colonial “pulpería”. Las cajas eran de madera pulida por la grasa humana que las trajinaba diariamente. Maíz de Cuba, de cabecita, maíz amarillo, blanco, perlado, Cariaco o violáceo cuasinegro, todos los “Zea mays” de América; para mazamorra, de peto, para hacer bollos, todas las formas del pan nativo, del pan americano. Los colores todos de las dicotiledóneas, los fríjoles rojos, vetiados, zaragozas, azules para buñuelos, color ladrillo, blancos, reposaban desgranados, coronados por una pequeña pala de hierro colado que brillaba en su color de aluminio. Olía a clavo de las Indias Occidentales, a rajas de canela. Como pelo ensortijado de palenquera untado de “manteca negrita” brillaba la pimienta de olor e inundaba en una confusión olfativa la nariz del niño -que hijo parcial de Oriente- las bebía extasiado y las fijaba en su fina memoria olfativa. Y el dueño, un sirio* de lengua árabe, de cráneo brillante y un nombre extraño, daba a aquel ámbito un aire de zoco de Meruan o de Bagdad. Pero transportado al Centro de Cartagena de Indias. · El autor Rafael Ballestas Morales en su obra “Cartagena de Indias” cita el gentilicio de Decrán Basmagi como Armenio. 2-Costa, Domingo, 28 de febrero de 1988.
“Nacidos para matar” Es hasta cierto punto paradojal la idea de que la épica se desarrolle mostrando no los valores sino los vicios. Tal vez ese es el camino que necesariamente asume la sátira para enseñar. El tema sobre la guerra de Vietnam ha dejado de ser tabú. Sobre todo para enseñar cómo es que un país no debe preparar a sus jóvenes para desarrollar la guerra si es que esta se considera justa. Pero es que la guerra vietnamita sólo fue un nido de víboras. La hetairía de los jóvenes acuartelados recuerda a las de las sociedades de jefes nazis, Roehm y otros. La mujer es degradada en el lenguaje del instructor (palabra peligrosa ésta). Es la idea contraria del patriotismo y del sacrificio ante altos ideales. Por eso este filme no puede ser épico. La épica se fundamenta en el peán de la nobleza y del valor. En este filme Stanley Kubrick nos muestra en lenguaje particularmente violento por su obscenidad conceptual y no simplemente verbal como es que el hombre se adentra en la alienación cuando se enrumba por el camino de la perversión, es decir cuando va en contravía de su propia razón de ser. Y la razón del hombre es de modo definido y definitorio vivir y dejar vivir, es más, ayudar a vivir a los otros. La tiranía del sistema encarnado en el instructor (palabra peligrosa) lleva su merecido castigo por uno de los soldados a quien contribuyó a enloquecer. El filme llega de lo truculento y grotesco y entra en lo ridículo en la primera parte de la película. Al melodrama, no por eso menos impactante, en la segunda parte cuando un francotirador, una muchacha vietnamita preciosa y feroz a su vez retiene a los grandes muchachones imbatibles según la educación que el instructor (palabra peligrosa) les propinaba. 2-Costa, Jueves, 3 de marzo de 1988.
DIÁLOGO CON MANUEL ZAPATA OLIVELLA, <DE GETSEMANÍ A DAKAR>. ENTREVISTA Conversación sobre la literatura de Manuel Zapata Olivella sostenida por él con Juan Dager Nieto. J.D.N. En todas tus novelas el realismo que ellas demuestran en su conexión con su entorno social hacen necesario que se haga referencia constante al aspecto ético o a los valores de raza de los protagonistas, o de alguna manera, o a los usos de la trietnia dinámica que está produciendo un tipo de ser humano “mexturado” al modo de los brasileños y que entre nosotros también se echa de ver cada día más. Indios, negros, mestizos, blancos, mula-tos, zambos, y su variedad infinita en el cruce racial son permanente realidad en tu novelística. Aparecen como protagonistas diferenciados o relacionados entre sí; a partir de la novela “Changó...” se hace patente la inversión de esos tratamientos literarios y ya la óptica que utilizas es la de un valor negro como “agonista” y de la historia exaltativa no sólo de los valores sino de la raza negra en toda América pues aunque pudiera parecer que hablas del Negro, en verdad de realidad haces relación, me parece, al negro de América, comprendida ésta desde Norteamérica hasta Brasil, teniendo a Cartagena, primer puerto negrero del Nuevo Mundo, como eje de la referencia geográfica. De tus novelas la más “mestizada” es la que sitúas en “Chimá…”; a partir de “Chambacú, corral de negros” vas perfilando cada vez más la tendencia que anotaba antes y que se echa de ver en el “Fusilamiento del diablo” también. Diría que tu última novela es ya la decisión de un novelista maduro y sin miedos a ser tachado de chovinismo racial por tomar su propia raza como fautora de novela e historia. M.Z.O. “El hecho de que el protagonista sea Changó (símbolo de pueblo esclavizado) no implica que la intención haya sido describir la hazaña liberadora del “mestizo”, del mulato y del zambo americanos como distintivos basados en la piel o color de la misma. El problema que se me planteó al tratar de concretar un personaje universal americano ya había sido resuelto por Shakespeare en Otelo, donde lo menos importante era el hecho de que un negro fuese al protagonista sino el hombre prisionero de sus pasiones. Cuando hablo del ne-gro, del blanco o del indio en mi novela estoy identificando a la totalidad del hombre americano. Por eso le coloco el epíteto o mote del “gran putas”, término con el cual califica nuestro pueblo la visión prometeica del hombre. Planteo un elemento esencial en la concepción de la obra. El mito para mí no es un fenómeno dado, fáctico, un hecho meramente histórico sino que es el producto mismo de la capacidad fabuladora del hombre para concebir su propia realización en el presente y en el futuro histórico. Estoy muy consciente de que al escribir “Changó...” escribí no una historia del negro, pues ésta ya estaba escrita, desde la óptica del historiador blanco colonizador; lo que he escrito es un relato mítico que planteé para el negro y los demás razas, un mejor futuro en América toda sin distingos de ninguna naturaleza. Evidentemente, traté de reunir una ética y al mismo tiempo una estética en mi novela. J.D.N. El problema del tiempo literario lo habías trabajado antes de manera lineal, recuerdo a “En Chimá...”, “La calle 10”, etc. En “Changó...” he leído algo más complejo, pues como es un “flash-back” cinematográfico la acción se desarrolla en el pasado, presente, futuro, sin la lógica, racionalista, del tiempo hacia delante que con los griegos comenzó. Sin duda has apelado a la concepción intemporal mágica de los pueblos cuya acción has relatado, evidentemente esto da muchos recursos en ese aspecto al novelista. A veces tratas el tiempo con total indiferencia cuando relatas el mito africano intemporal. Carpentier hizo algo parecido en “Los pasos perdidos”.Otras veces en las mismas obras eres especialmente preciso en lo mismo (el tiempo).
“ME OLVIDÉ DE LA MEDICINA”
M.Z.O. “No creo que se pueda hablar de evolución en el tratamiento en el tiempo de mis novelas, que vaya desde el manejo de la concepción lineal del mismo a la circular; en realidad el nuevo manejo del tiempo novelístico responde en mi última novela a un concepto originario en la filosofía africana, concretamente en la bantú; para llegar a esto tuve necesariamente que despojarme de toda noción europea del mismo, de cualquier intento de relacionar el tiempo novelístico de mi educación conceptual del mismo imbuido por la óptica del conquistador y colonizador; la conquista fue abrupta; en “Changó...” este tratamiento no hubiera resultado pues los negros en América no dejaron para la época historia escrita sino vivencial. Me olvidé cuando escribía “Changó...” no solo de lo que te digo sino además de mi formación de médico, de mi práctica de antropólogo cultural, de la sicología y toda esa cosa tradicional que rodea al tema para poder comportarme con el pensamiento mágico del hombre negro de Africa, que se mezcló a lo que trajo el pensamiento medieval europeo y a la propia experiencia empiriomágica del aborigen americano. Estos pueblos conciben al tiempo y su noción como tiempo emergente, es decir, como aquél en que se dan simultáneamente el pasado, el presente y el futuro. Eso es justamente lo que pasa en mi novela “Changó...”. J.D.N. Considerando la epopeya como un género literario cuyo ámbito es dilatado en grado sumo, y que otra característica es la de que la acción de los protagonistas cubra este espacio con sus realizaciones destacadas o “hazañas”, creo que tu novela “Changó...” es una epopeya. M.Z.O. Si bien el negro ha sido hasta ahora más un “antihéroe” que un “héroe”, su lucha por la igualdad y también por qué no, sus logros, son muestra de su “élan”. Desde la “Carta de Colón” -primer documento literario de la epopeya descubridora- el tono de la narrativa en relación a América, escrita en América, tiene el tono de lo desmesurado, de lo sorpresivo, de lo pintoresco y de la riqueza idiomática nueva, planteada por una lejanía de los centros culturales europeos para gentes que en contacto con nuevas costumbres, gentes y paisajes eran gente nueva con un idioma propio y liberador para describir muchas cosas también nuevas. De allí que el barroquismo sea algo que se remonta a Sor Juana Inés de la Cruz y entre nosotros a Hernando Rodríguez Camargo.Después Alejo Carpentier, Gabriel García Márquez -especialmente en “El Otoño del Patriarca”- han utilizado a su vez la metáfora, la hipérbole, los demás tropos literarios y una gran riqueza de términos. J.D.N. También tú en tu novela eres escritor abarrocado pues haces uso liberador del empleo del adjetivo, éste es la clave del barroquismo pues el adjetivo es la opinión libre, la emoción manifiesta del autor y del personaje contra la excesiva dictadura del espacio literario o contra quien no quiere que los matices de lo relatado queden bien explicados sobre todo cuando lleva contenido ideológico. “Changó...”, es pues, panfletaria, y en cierto modo una novela dentro de la tradición del lenguaje barroco y en éste sentido es también una novela novedosa en Colombia. ¿Apenas una fórmula estética? J.D.N. En tu novelística siempre planteas el carácter social, incluso haces didactismos del mismo género, crítica sobre usos y costumbres, debidas a tu formación vocacional como antropólogo y médico que conoce la realidad social del país, sirven tus novelas de divulgación de ideas. En “Changó...” rebasas esa intención y el compromiso que asumes es evidente. Tú no ves la literatura sólo como fórmula estética sino también como comunicadora de un planteamiento social. Aunque toda creación literaria es necesariamente una dinamizadora de ideas, el grado de esto es relativo del compromiso mismo del novelista como persona. Lo has llevado hasta el punto tal que he llamada tu novela, por el ardor y el tenor de los capítulos descritos en la lucha libertadora que desarrolló y desarrolla aún el Negro, panfletaria. Este no es un concepto usual para asociarlo al género novela, pero no hallo otra palabra que defina mejor la intención del narrador, quien nunca cae, por cierto, en la imprecación ni el despropósito sino que por el contrario siempre se eleva a un hálito de Humanismo. M.Z.O. Creo que en América el papel del novelista tiene una significación social y cultural determinante como motor de un cambio. En mi caso personal después de mi ya larga trayectoria como novelista y antropólogo cultural he encaminado mi actitud en la conciencia de pertenecer a un país en donde el ochenta por ciento de la población es analfabeta y semiletrada; olvidarse de ésto es reducir el ámbito del novelista o del escritor a una noción excluyente de letrados que están como encasillados y aislados en sus ideales, en sus aspiraciones, ignorando a las grandes masas presentes en urbes gigantescas y en la desolación del campo. Si agregamos que el novelista necesariamente emerge de clases sociales marginadas de la cultura académica, y a la cual forzosamente acude para nutrir sus personajes con los recuerdos de la infancia y del ambiente familiar, cae en una tremenda contradicción cuando escribe, pues testimonia sólo para quienes saben leer. Cuando comprendí esto tomé partido por el hecho de que en América hay que ser novelista con compromiso social y asumir la vocería de los irredentos, el ser simplemente un escriba al modo de los ‘Evangelistas’ para dar testimonio de la filosofía popular, de los ideales populares liberadores y de los principios informadores de justicia. M.ZO. Utilicé en la novela de que venimos hablando una concepción que he llamado “realismo mítico” y no “mágico” simplemente. Para mí estas apreciaciones muchas veces son necesarias como orientación de los recursos empleados por el autor como creador de una dicción que es de suyo inagotable, y por lo tanto compleja ya que cada creador intelectual genera sus propias imágenes de fabulador inspiradas en su particular concepción de la realidad del mundo. En el caso de Carpentier él es hijo de europeo, aunque cubano, y narra de acuerdo a esa realidad que divide en él, como una línea imaginaria lo real que palpa y lo que pertenece a la metáfora y a lo hipérbole del trópico. En García Márquez su concepción al respecto en más de fondo porque si bien no narra la realidad objetiva del Negro al crear maravillosamente un mundo triétnico, por fuerza le da valor al Negro como elemento integrante, además de que su sentido de fabulación es terrígeno, telúrico y autóctono de lo raizal americano y específicamente de lo caribeño. Rulfo, por otro lado, está enmarcado dentro de la concepción etnológica mexicana no obstante su inspiración parcialmente europea, su mundo de muertos y del más allá guarda fidelidad a su raigambre azteca y maya. Yo me atengo particularmente a la concepción totalmente despejada de todo ropaje que tenga trasunto de elementos blancos conquistadores. Por eso “Changó...” es una novela barroca pero desde otra búsqueda, la del estado cultural de lo mítico africano en donde, como en otras ulturas pregriegas, el hombre era parte integrante de la naturaleza y no su dominador, esta idea nació con Grecia y es la herencia que ha dejado al mundo moderno con sus ventajas y también sus inmensas desventajas, en que el hombre se cree Dios en sí y no parte del mundo con los otros seres y cosas. Esa idea anterior la tomé de mis estudios de la cultura filosófica bantú particularmente, pero pertenece a otros pueblos de esa etapa cultural básica o primaria no primitiva, en cultura no hay pueblo atrasado sino con otra concepción. Sin embargo, como es claro advertir, no pude dejar del todo el hecho de que yo como mulato también tengo de blanco y de europeo y por eso en la novela aparecen Bolívar y el Aleijandinho –el “Estropeado” –, gran escultor mulato, pero también el haitiano Pétion, y Padilla, y tantos otros”. Me identifico más bien con la trietnia toda y sus derivados, pretendo exaltarla para ayudarla a evadir y vencer su ignorancia que la obliga a acudir –no puede otra cosa- al pensamiento mítico para explicarse su propia realidad a su propia historia, víctima de su incapacidad para superar esa etapa que la hace pertenecer a la categoría de los pueblos situados culturalmente en la etapa pensamiento mítico-religioso aún hoy día. En cuanto a que “Changó...” es panfletaria en parte de su desarrollo; sobre todo en la relación de los hechos acaecidos en Norteamérica no fue mi intención consciente sino inconsciente tal vez, y ese todo lo dio mi emoción libre y barroca ante un tema que me llega tan hondo como la lucha del Negro por la <Igualdad>, por la <Libertad> y la <Fraternidad>, de todos me gusta que llames a mi novela panfletaria y pensándolo bien después de esta charla creo que definitivamente lo es. Dominical de El País, Cali, 10 de abril de 1988.
Vida y obra de Pierre Daguet Dentro de un ciclo de conferencias programadas para dar iniciación a las celebraciones para conmemorar el cumplimiento de los cien años de la Escuela de Bellas Artes, me cabe el honroso señalamiento de decir algunas palabras acerca de la vida y obra de Pierre Daguet. Comenzando casi el siglo, para ser precisos, en 1903, año de la separación de Panamá de Colombia, nacía en Clermont-Ferrand, Auvernia, Pierre Daguet, hijo de Mme. Jeanne Daguet, quien residió entre nosotros y fue autora de un libro de cocina francesa. En la familia de Pierre hubo antecedentes artísticos, pues su abuelo y dos de sus tíos tuvieron afición y cultivo de la pintura. Uno de ellos, llamado Jean Chalut, fue pintor de escenas paisajísticas y se distinguió también como pintor de flores. La familia de Pierre lo envió, llegada la edad reglamentaria, al prestamiento del servicio militar. Su destino fue Algeria, esa Algerie francesa que tanto pintaron los pintores exotistas, Delacroix a la cabeza de ellos, produciendo tantas escenas llenas de colorido y desnudos y de la violencia que acompaña a la pintura de los románticos en ese momento en que Napoleón III iniciaba su aventura militar hacia Noráfrica y México. Sin duda la luz y lo exótico de ese ambiente le fue definitivo a Pierre en la ampliación de su mundo visual, lo mismo, si se me permite la comparación, que le pasó a Gauguin cuando viajó en el siglo pasado a la isla francesa de Martinique y que acabaría por llevarlo a Tahití, así como a Pierre Daguet el destino artístico lo traería primero a Bogotá, donde residía Mme. Daguet, y posteriormente a Cartagena para definitivamente quedar aquí ya por siempre. Pero antes Daguet quedó en Bogotá y surgió allí su vena docente abriendo una Academia de Arte exitosa y enseñando dibujo y color en distintos colegios al tiempo que empuñaba los instrumentos del pintor en su taller. En 1950 la familia toda se vino para vivir en la ciudad cambiando de clima y de luz, en la magia del trópico. Cartagena fue para Pierre Daguet el reencuentro con la luz y el mar del Caribe, así como en su etapa norafricana el mar Mediterráneo y la costa del África béreber, y las gentes, los mestizos y mulatos de toda condición que hacen el sensacional hibridismo de Cartagena, ciudad crisol además de antemural de la separación entre las razas. Pierre había estado por primera vez en el “Corralito…” en 1934, cuando aún no habíamos nacido la mayoría de los que estamos aquí reunidos hablando sobre él. Varias veces regresó a la ciudad en años posteriores hasta su mudanza definitiva a ella, como lo anotamos anteriormente, en 1950, donde continuó su descubrimiento asombrado de la Calle del Hobo, saliendo a la Plaza de Fernández de Madrid, imagen que dejó consignada en un óleo iluminado profusamente en amarillo de paredes y de restallante luz tropical mientras un hombre en un burrito con catabres vende legumbres a una doméstica y otra lo espera vestida de rosado pastel. Figuras desdibujadas y reino de color en la misma picelada conforman este lienzo de pequeñísimo formato, lleno de gracia pueblerina en medio de la ciudad. Al llegar a Cartagena Pierre Daguet entró como profesor en esta Escuela de Bellas Artes, que funcionaba entonces en muchos lugares de manera transhumante ¡hasta que al fin ha recalado en el noble edificio en que ahora nos encontramos reunidos con el tema de Pierre en el tapete, el Convento de San Diego! Ya vinculado como profesor Pierre Daguet dedicó su vida a dos cosas: su enseñanza en la escuela y su restaurante Capilla del Mar, famoso en toda Colombia cuando era el único restaurante de gran categoría culinaria en la ciudad. En esta escuela Daguet estimuló a quienes en esa época eran sus estudiantes y conformaban un grupo grande de jóvenes y señoritas, que después han venido llamándose o siendo nombrados de modo identificatorio como el “Grupo de los Quince”. De ese grupo han salido artistas de talla nacional, como Darío Morales y Alfredo Guerrero, cultores magistrales del desnudo como lo registró Gustavo Tatis en el Dominical de “El Universal” del domingo 18 de septiembre en su artículo-ensayo “4 Maestros del Desnudo en Cartagena”, en compañía de Heriberto Cogollo, gran seguidor del brujo Lam, con impecable dibujo de pujantes hembras africanas de piel templada y brillante como tambores yorubas, éste, otro de los maestros de alto pincel. José María Amador, pintor y poeta de ninfetas plenas de ingenuidad y plasticidad de excelente dibujante; Gloria Díaz, su esposa, también excelente dibujante, con manejo del color exuberante en sus bellas figuras florentinas, llenas de enigmas en la mirada, y pintora con gran vocación docente a través del tratamiento de figuras históricas. Blasco Caballero Salguedo, cuyo talento quedó en parte prematuro en la ejecutoria que de él se esperaba, pero que alcanzó a dejar cuadros donde la figura se mezcla a la tendencia esquematizada de la geometría, en raro y bien logrado equilibrio, y que además vivió vida de artista completo, como que fue en Cartagena el representante, con otros, de la renovación que significó en el nivel nacional el Movimiento Nadaísta de Gonzalo Arango y seguidores. Siempre, Blasco, como Felipe II, de negro hasta los pies vestido, con la excepción aquella en que el rey aparece en el cuadro de Sánchez Coelho, el valenciano, con el manierismo a lo flamenco de blanco recamado en oro y perlas; Escilda Díaz y Libe de Zulátegui, citadas por el maestro Donaldo Bossa Herazo en el Catálogo, editado por el Museo de Arte Moderno de Cartagena, el Museo de Antioquia –antes de Botero, “Museo Zea” o de “Zea”- de Medellín y la biblioteca “Luis Ángel Arango”, de Bogotá, que con el título “50 años de Pintura” se editó en 1981 para con una exposición pictórica, la más completa, posiblemente, llevada a cabo con la obra de Pierre, conmemorar el primer año de su fallecimiento con comentarios de piedefoto de Edaurdo Lemaître. Augusto Martínez Segrera, arquitecto del muro cartagenero, es otro de los del mencionado grupo que sigue con insistencia su labor artística de escultor, pintor y grabador de esos guerreros lacerados como héctores y aquiles iliádicos, y de temas cuasi medievales que bien hubieran interesado, por lo expresionista, a los aguafuertistas de esa época. Martínez Segrera ha sido fundador del rico taller de grabado de la Escuela de Bellas Artes y es en este momento su guía valiosa y única, pues el grabado poco se trabajó entre nosotros, a fe que de este taller saldrán muchos y buenos artistas en este campo. Cecilia Delgado, cuyos trabajos de casas cartageneras con pisos escaqueados son nostálgicas evocaciones, a lo impresionista, de las moradas de la ciudad, en Cecilia está detenida la magia de elementos arquitectónicos que ya desaparecen; Hamlet Porto, Yadira Vásquez, Ana María Vila; Bruny Gómez; Fraja Jassir; Blanca de la Espriella. Para ese “grupo de los quince” Pierre Daguet fue al tiempo amigo, profesor y mecenas en muchos casos pues les abrió sin ambages su experiencia, su casa, su mesa y su estudio-taller, además de su propiedad de San Pedro de Majagua en la Isla Grande, en esas esporádas regadas en el mar vecino a Cartagena que son las islas del Rosario, hoy en equilibrismo entre lo turístico y lo ecológico. Diecisiete años mayor que Grau y Obregón, y recién llegado a Cartagena en plan de quedarse definitivamente, como lo hemos dicho dos veces antes, Pierre Daguet ocupa sitio claro sino en la pintura colombiana, al menos en la costeña y definitivamente en la cartagenera, lugar destacado que en la dimensión del paso del tiempo se va decantando con claridad hasta juzgarse hoy, ya fallecido él, pero viva su obra, su calidad de gran pintor y dibujante, gracias a homenajes del género de hoy que comprenden exposiciones, un Salón de Arte dedicado anualmente a él, y conferencias, como ésta, sobre su vida y obra, que ahora nos honramos en dictar para ustedes, gratos amigos, que me acompañan en esta tarde en este Salón de Actos de esta noble institución, centro de la cultura cartagenera, que Pierre Daguet después de Rodríguez Acevedo, discípulo a su vez de Romero de Torres ocupa sin duda lugar destacado con sus desnudos y “Ondinas” en la pintura del desnudo en Colombia toda. Pierre Daguet nunca cayó en la pereza ni en la desidia que agazapa su baja credibilidad en la moda de la improvisación y del escepticismo hermanas del facilismo sino que por el contrario mantuvo una tónica de trabajo y de modestia alejada de todo vedetismo para rellenar una obra falsa o huera o carente de sentido artístico o pictórico. Pierre pintó y pintó con insistencia, hasta encontrarse en su búsqueda en la ejecutoria de lo que llama Bossa Herazo ‘pintura submarina’, con su serie de las “Ondinas” en las verdiazuladas aguas de las islas del Rosario, aguas que como las de San Andrés del Caribe colombiano son “caballito de siete colores” como las denominó el poeta en su libro. Me refiero a Ciro Mendía. El desnudo en Pierre Daguet sin duda fue de gran calidad, y de allí que varios de sus discípulos llegaran a la cumbre del ejercicio de pintor como los ya mencionados Morales, Guerrero y dentro de otra intención Cogollo-Cuadrado, el Brujo. Ningún secreto tuvo para Pierre el desnudo que lo fascinó hasta el punto de haber dejado miles de bocetos y en algunos casos sólo sencillos trazos. Ese tesoro pictórico debe conservarse íntegro, alguna institución debería adquirirlo para que así se mantenga compacto el legado que Pierre Daguet dejó de su admiración por la ciudad, que lo cautivó hasta el punto de vivir en ella -siendo francés de origen- treinta años de presencia corporal, porque ya Pierre Daguet está en piedra, “pierre”, en un hito a la entrada de este salón y en tarja con su nombre que lo asocia al desarrollo de las Bellas Artes en Cartagena de Indias. Revista Dominical, El Heraldo, 23 de octubre de 1988.
Médico a lo Sherlock Holmes Llega de la fiesta temprano y al cambiarse de ropa le dice el bordón (¡ojo ágil, si los hay!): Tienes una mancha roja en la pierna, y asombrado se desviste otra vez, notándose la roja falena posada en el resto del blancor de la piel que le queda de su culto heliasta y por lo tanto se muestra impresionado. La alarma se desata hacia el teléfono: Aló, Miguel, me pasa esto y lo otro. La respuesta es ¡vénte para mi casa para verte! Ya, en su casa, en el término de la distancia. ¡Bájate el pantalón!, ordena. ¿Dónde estuviste, en la playa, acaso? Sí, pero no me bañé, sólo tomé el sol, ya sabes que lo disfruto mucho. ¿Tocaste alguna planta? No, que lo recuerde. Entonces tuviste que sentarte en el suelo, ¿cierto? Sí, pero llevamos toallas para extender y además yo llevé mi silla de playa. El Conan Doyle (sabio que vive en Cartagena) hace entonces un respiro y continúa diciendo: Recuerda qué comiste. Y allí viene a la memoria que el día playero, han pasado dos de eso, se le pidió una rodaja de piña a la palenquera. ¡Allí está! dijo, esta es la forma de tu mano, de allí el vacío éste -señala-, es el cuenco de tu mano y estas líneas las hicieron tus dedos extendidos sobre la parte anterior de tu muslo. Esta mancha te la hizo la piperazina de la piña y no tiene la mayor importancia. Pero yo pensé para mi capote, conociendo la vida de este médico amigo mío, historiador, antropólogo y tantas cosas más de una vida entregada al estudio y a la investigación de los seres vivos y ocultos de la microbiología, que importancia sí tenía aunque él no se la daba por cuanto que su mente cartesiana lo hacía un Sherlock Holmes de la medicina cartagenera. 2-Costa, Viernes, 4 de marzo de 1988.
Darío Morales: Un mundo de Mujeres. Quienes le conocimos desde niño, taciturno y soñador, sabemos de su insistencia insoslayable en esa época para que le acompañáramos al fondo del patio para mirar lo que era su pasión en ese tiempo, esculpir en barro la figura humana especialmente la que era desconcertante a su edad, el desnudo femenino. El “Tuto” Morales se desconcertaba pero buen costeño sabía entender sin más sicologías. Al fin y al cabo este es el reino de las mulatas que como servicio doméstico pueblan las fantasías de los adolescentes. Como cualquier Mauricio Babilonia voyerista a través de los nudos sacados a las tablas con que se hacían en el patio los “cuarticos” del servicio. Recuerdo como si fuera ayer una pequeña estatuica en postura de parto a la “india”, que no nos decía nada en ese entonces…. Paseaba por la playa sita en las inmediaciones de un restaurante chino llamado “Dragón verde” en la compañía de la “Catalana”, a quien veíamos como misteriosa porque su papá era el mejor joyero de Cartagena y además buen tasador de joyas en cuanto a calidad y precio. Era el “sabio” catalán pero distinto a Ramón Vinyes que estuvo en Barranquilla y se ocupaba de “caballos en la alcoba” y de leerles a sus contertulios lo último recibido en la “Librería Mundo” de los Hermanos Rondón Hederich, descendientes del héroe del Pantano de Vargas y fundadores del barrio “El Paraíso”. Con una beca sale Darío a su París poblado de Degas, de Maïllol, de Renoir, y del cual nunca salió mentalmente no obstante sus últimos viajes a Nueva York con los hermanos Aberbach y su reencuentro con la Cartagena natal posteriormente. En Darío de manera distinta a Grau no hallamos la mujer negra ni por asomos pues su mundo es el de las modistillas de París. Proveniente de una ciudad con historia y de gentes que tambaleaban en el médano de ese algo impreciso que se llama clase media, en una época en que las mujeres aspiraban sólo a trabajar en los almacenes Mogollón y los varones a vestir sus ropas blancas almidonadas como asistentes en las oficinas de negocios como contabilistas, tocaba el cuidar mucho del menaje de la casa casi todo compuesto de los restos de alguna anterior bonanza, mecedoras vienesas, cosas de cobre y algunas porcelanas heredadas de padres a hijos. En una luz como la de Cartagena -paraíso que podría ser para los Impresionistas- todas esas cosas se imprimen en la mente con fuerza semejante a la de la cera impresa con fierro caliente. En los cuadros siempre fue Ana María idealizada modelo, posando en ese forzamiento del escorzo como una roja amapola abierta a la luz de los ojos del espectador. La luz de las medias de seda parece el brillo de cuchillos a lo largo del muslo generosamente mostrado para la caricia visual. Mujeres en el baño, mujeres en la alcoba, mujeres sobre sillas, mujeres, siempre mujeres. Como Renoir, Darío Morales amó mucho a la mujer pero nunca como un sátiro sino siempre con amor a su intimidad y a su delicadeza consciente de ser ella el centro de la atracción del “hommes aux femmes”. En su etapa final Darío volvía a la tridimensión pues le parecía poco la bidimensionalidad de la pintura y quería reconstruir tal como en la naturaleza misma las formas de sus modelos. Darío muere a los 44 años de su edad cuando comenzaba a perfilar un nuevo filón de expresión y de temas como escultor donde seguramente hubiera durado mucho antes de volver a su tratamiento artístico inicial: la Pintura, en el cual pintó, seguidamente, un mundo fantástico de ilusión, a partir de la realidad del cuerpo humano. ¡Hola Caribe!, 1988.
Murió Darío Morales En la esquina del “Trébol” nos tenía jartos con su insistencia para que le siguiéramos hasta la casa con patio vecina en el sector de Manga denominado “Campoalegre” donde vivía, allí a escondidas de sus padres ejercía su maniática obsesión de plasmar mujeres en su pintura a una edad en que tal vez ni siquiera sabía que el sexo real como placer existía. Bueno, Freud fue de otra opinión. No obstante la vergüenza de sus padres que no sabían explicar a los padres de los otros niños de las inmediaciones lo que le pasaba por la mente a su hijo artista nato. Pues “el Tuto”, su padre, es posiblemente sabio como corredor de bienes raíces y la madre del artista dulce pero su único contacto con las letras y las artes era el parentesco de esta última con “el Tuerto” López, quien dibujó en exactos trazos poéticos los rasgos de una vieja mujer cuya mejilla describió como una “sopa de fideos”. Su indumentaria en los años abohemiados -es un decir- pues era una bohemia donde no se bebía (al menos como ahora), se fumaba poco y en todo caso, cigarrillos, y sólo se pensaba en la novia “pura” o en la recién casada, pura igualmente. Su gran amor con Ana María fue en los tiempos de la playa motivo de fascinación entre todos los que lograban darse cuenta de que se trataba de un gran amor, de esos anclados en la hermandad del espíritu y a los que la delicta carne sólo les servía para considerar el mundo de una manera más poética aún que la propia esquizofrenia que produce un mundo tan inmediatista y material como el actual. Encorvado como un sifón, y con sus chaquetones de pana -siempre se sintió en París-, aún antes de irse para allá a continuar su mundo intimista a lo Maillol y a lo Monet, amantes de la gracia inefable de la mujer desnuda y natural, de los mosaicos de baño, la tina, la toalla y el reflejo del sencillo espejo de pared. Sus mujeres aparecen frescas y plenas de vigor en la pudorosa desnudez que semeja una granada entreabierta. “Ojo que mira”, decía de sí mismo Picasso -otro cultor del cuerpo femenino- y que afirmamos de este Darío que se nos fue. Pintor de pisos de tablas, de máquinas de coser con que la atmósfera de paz holandesa de Vermeer era recreada más allá del ensueño con leve pátina de verde desleído y de brillo de media de seda de mujer coronada de gruesa faja en el muslo prieto. Jueves, 24 de marzo de 1988.
El día 14 de Nisán Apareció Poncio Pilatos en la columnata del Palacio el día catorce del mes primaveral de Nisán vestido con su túnica blanca y roja. Llegaba el ruido de la parte posterior del palacio producido por la duodécima legión <Fulminante> que lo había acompañado a Jershalaím. El Procurador se dijo a sí mismo tocándose la cabeza: ¿Otra vez la maldita jaqueca? Acto seguido entraron los guardias y Poncio preguntó si el acusado era galileo.Entró éste y le fue demandado que respondiera si había incitado a destruir el Templo. Respondió que hablaba en metafóra como lo había aprendido en los libros griegos. Pilatos se asombró y le preguntó si hablaba griego. La respuesta fue parca: Así es, Hegémono. Y además sé que padeces de jaqueca. ¿Eres médico, acaso? No.El cuestionario prosiguió indagando el secretario su procedencia y nombre y apellido. Soy de Gamala y me dicen Ga-Norri dijo señalando con la cabeza. ¿Qué idioma hablas? Si eres judío debes hablar arameo. Sé griego, respondió, y Pilatos continuó entonces hablándole en este último. Dicen que afirmas que todos los hombres son hermanos, ¿eso también lo has leído en un pergamino griego? No, hegémono, llegué a eso por propia conclusión. El hegémono no vio caso sobre el gamalita y más bien lo juzgó un judío de esos hellenissos, influídos por ese pueblo conformado por los sophistas. A lo mejor era un enfermo mental pues su hablar era inasible por aquello de hablar en metáforas, mejor, en parábolas. Llamaría a José Caifás (Kaiaffa) a que lo ayudara en el caso. Como juez romano no lo hallaba incurso en delito alguno. El jefe del Santo Sanedrín (griego para asamblea: sinedrio) entró imponente con su gorro acolmenado y le espetó al Rabbi que si él no estaba al entrar por la Puerta de Susa montado en una asna con Dismás y otros bandidos. Le fue respondido que no conocía. Caifás dijo que Bar-Rabban y Joshua eran reos de la judicatura nativa y que había decidido liberar al primero. Pilatos dijo pero si éste era un loquito porqué condenarlo cuando el otro era un rebelde a la ley mosaica y además asesino. Respondió Caifás: Así lo resolvió la Santa Asamblea. Pilatos se dijo: quién los entiende a estos judíos ya sea que hablen arameo, griego o hebreo. Son tercos por naturaleza. E indómitos -añadió- frotándose la calenturienta frente donde brillaba el sol ardiente del día catorce de Nisán. El ambiente le traía el repugnante olor a cuero sudado de los aperos de la Legión Fulminante que lo había escoltado a Jershalaím. Nunca he debido aceptar este cargo, pensó saliendo de la columnata de Herodes. Jueves, 31 de marzo de 1988.
Snóopidos y estólidos Suman legión, según el autor de “El Elogio de la Locura”, y lo mismo dicen la Biblia y don Miguel de Cervantes Saavedra mismísimo. Suelen andar en grupos compactos apoyándose sus aseveraciones rápidas entre sí y a opinar sobre todo sin juicio previo. Después de decir algo se arranchan en lo dicho y nadie puede hacerles cambiar de opinión. Eso no es lo que los hace seguidores del famoso perrito de Charlie Brown sino su total carencia de humor pues son agelastas por constitución. Nunca cumplen aquel concepto de que la única mueca que es válida es una sonrisa. El humor les está lejano y suelen repetir al día siguiente cuando se encuentran con alguien de seguido un adarme más de la obviedad del día anterior. No hay pecado mayor de ésta (la obviedad) que en insistir en que los demás por acción nuestra sean obligados a continuar nuestro propio discurso mental. A Snoopy lo salva su propia condición de cínico por lo “perro”, lo que no ocurre con quienes se han apropiado de su nombre y aún han formado una cofradía inalterable y compacta. Es una lástima que por no llevar la naricilla (no la de Cleopatra que anda por algún Museo) de sabueso y las largas orejas sean difíciles de identificar y sólo nos percatamos de que pertenecen al perruno clan cuando nos han atrapado en una reunión social, a pesar de todas nuestras precauciones, en la más aterrizada de las conversaciones. Los snóopidos nunca llegan a saber que lo son y sólo saben de ello quienes no lo son así es que ellos pasan por la vida sin ser susceptibles de recibir una explicación sobre el tema. 2-Costa, Lunes, 4 de abril de 1988.
La huella de la historia Han organizado el Banco de la República y el Centro de Historia de Cartagena una exposición de fotografía que resume en imagen un siglo. Siglo en donde se apretujan varias Cartagenas pues es indudable que los cambios se suceden a pesar del deseo de permanencia y estatismo en referencia a la ciudad original. Existen en las secuencias fotográficas varias ciudades superpuestas en una arqueología relativamente reciente. Es que una ciudad es un ente vivo en la medida que la apreciemos desde una determinada perspectiva temporal. En veces desde la perspectiva de la luz solar y su cambio durante el día como en la escuela impresionista. Mirando la fotografía del conjunto de fortificaciones de San Felipe y apreciando su destrucción por la maleza es cuando se echa de ver la portentosa labor de la constancia y el empeño del señor Crismatt, (apellido que originalmente era Christmas) guardián benemérito de la fortaleza. Sin él la traza de la edificación habría desaparecido del todo y la restauración hubiera sido casi imposible. Ese señor fue en sí mismo en su tiempo una sociedad de “mejoras públicas” y con las mayores limitaciones pecuniarias. Hay lugares en las fotografías que arrugan y acongojan el corazón al ver la penuria y la suciedad de algunas partes de la ciudad al par que en otra sí se aprecia que hacia la fecha de 1888, que da iniciación a la fecha de la exposición, la ciudad estaba aún como cuando se hizo el proceso de Independencia. Se trata de lugares abiertos, como el del campo de la “Matuna”, hoy erigido de edificios que acribillan desordenada e impiamente el espacio, ya de-molido el muro o muralla que corría paralelo por la hoy Avenida Venezuela y que muestran una ciudad amuñonada y malherida. Las Torres apuntadas de la “Ermita” de El Cabrero estaban pintadas de color blanco, y han sido restauradas en color, aunque de rojo los techos goticoides resaltaban más en una ciudad donde la luz solar lo devora todo. La muestra es una paciente recolección y reproducción de fotografías bien clasificadas en secuencia cronológica y por temas. En algunos paneles se muestran sucesivas re-presentaciones del mismo lugar o edificación. 2-Costa, Miércoles, 6 de abril de 1988.
Los impuestos del Leviatán El Leviatán de un tiempo a esta parte no hace sino mover la cola para golpearnos. Primero fue desplazar hacia el pago de impuestos departamentales más elevados lo que dizque nos era excusado pagar por concepto de declaración de impuestos de renta sobre sueldos y salarios. Y ahora es notable la prepotencia que está ejerciendo para asustarnos en una desatada carrera de terrorismo burocrático para conminarnos a no sacar el automovilito (herramienta de trabajo y no lujo) a partir del primero de abril, día en que nos pondrán o impondrán -como se le venga en gana- multas repetitivas hasta que paguemos la vinculación al seguro para cubrir los daños a terceros, cosa que es buena en sí misma y que estamos haciendo todos en este momento- y una nueva e inventada boleta de movilización. Es éste otro coletazo del Leviatán que nos ha caído a las clases medias con furor no demoníaco sino dragontíaco. Como si los padres de familia pudiéramos ya tener algo más que esquilmar después de la matriculada de febrero y los libros iniciales de marzo amén de los pedidos diarios de útiles y enseres interminables y fácilmente agotables por parte de los pequeños usuarios. Pero volviendo a los impuestos de “revisión” deberíamos llamarlos de “irrisión” por cuanto que vemos en las vías carros sin exhosto lo mismo que motocicletas desprovistas del salvador caño atronando las calles de Cartagena. Hasta los mismos docentes atruenan el sitio donde van a dictar clases. ¡Hábrase visto! 2-Costa, Domingo, 10 de abril de 1988.
El último Emperador Definitivamente es Bertolucci la convergencia del rea-lismo cinematográfico de Victorio de Sica y la noción evocadora de lo decadente en Visconti, pero embellecida y alejada de la noción del desastre gracias a un esteticismo pleno de vigor y además poético. Ya se había mostrado lo anterior en “Novecientos”, exponente clásico de la película-río. Sin ser tan larga en duración, el enfoque de “El último Emperador” tiene los mismos ingredientes. Pero esta vez la acción se desarrolla en la “Ciudadela Sagrada” de Beijing, y no en la ítala Romagna. Los eunucos chinos y los cortesanos aislados de la realidad social cambiante del llamado “Celeste Imperio”, con la figura apenas visualizada del presidente Sut-Yat-Sen y no “contadinis” o campesinos adscritos a la gleba son los protagonistas del personal drama del heredero al trono manchú. Los señores de la guerra hacen de China un país feudalizado aunque su estructura aparente fuese imperial. A la cabeza una dinastía agotada en una anciana reminiscente y moribunda. Recuerda según Yourcenar a la abuela de Yukio Mishima*, el novelista japonés seguidor del código de honor Bushido. El drama de Pu Yi es más que todo el de un hombre escogido para emperador que terminaría de títere del régimen japonés en Manchuria. * En esta misma obra aparece una nota comentario sobre la novela de Y. Mishima, “El pabellón de oro” 2-Costa, Viernes, 15 de abril de 1988.
La Calle del muro El nombre parece que hubiera sido inventado para describir la pétrea dureza de quienes allí moran. Se trata de Wall Street, el corazón financiero de quienes no tienen corazón sino para amar al dinero. Y el sitio de quienes ahogaron todo principio ético tanto en la sopa como en el tango. Michael Kirk (hijo de Kirk Douglas) hace el papel del tiburón financista que resulta idolatrado por todos los principiantes de corredores de acciones. Uno de estos, novel y ambicioso, implora y “lagartea” su compañía que naturalmente se le concede después de dar informes confidenciales y productivos al “tiburón”. Este controla vida, sexo y relaciones entre sus asociados que se abajan ante él por la posibilidad de auto de gran marca, casa en la playa o apartamento en el East End de Nueva York. El “tiburón” no viene de Saturno sino que es obvio hijo de un sistema atrofiado por los manejadores burocráticos del dinero que viven en grandes oficinas con grandes sueldos y todas las prebendas enredando los pequeños dineros de las viudas y de los rentistas ya acomplejados en una sociedad implacable donde los viejos tienen miedo. El sinvergüenza descrestador no deja de tener coraje en una escena en donde les canta la tabla a los veintidós gerentes de una compañía con sueldos anuales de US 200.000 cada uno. Una de las frases que dijo se la he leído antes al cínico empresario Lee Iaccoca en este mismo periódico: “Los E.U. son hoy día una potencia de segundo orden”. Y deja implícita la idea de que los países deben “gerenciarlos” y no “gobernarlos”. Es decir el rampante tornar al capitalismo más despiadado, esta vez de tipo financiero, peor, quizás, que el manchesteriano pues al menos esta forma de explotación creaba riqueza. Didácticamente el secuaz se arrepiente al fin del filme y ayuda a la policía fiscal a implicar (al) Al Capone que cambió, en los días que corren, de máquina, pues en lugar de la ametralladora usa el Terminal de computador para dar muerte financiera a las empresas “débiles”. 2-Costa, Viernes, 22 de abril de 1988.
Una fototeca para Cartagena No toda la historia de la ciudad está organizada en letras en una temática expuesta cronológicamente. Ni condensada en libros y opúsculos. Particularmente, la historia reciente de la ciudad, con referencia temporal a la del último siglo, hasta el día de hoy. Pero existen otros medios de apreciar y cualificar el desarrollo urbano de la colonial Cartagena. Una fototeca o colección organizada es la tarea que graciosamente ha asumido el Centro de Historia de Cartagena con la colaboración de Dorothy* de Espinosa. La paciente labor dura ya un año de sostenido quemarse las pestañas llevando en la diestra la lupa del detective en algunos casos, fuere para precisar un sitio algo cambiado del entorno urbano o un rostro que se desvanece ya por la acción del tiempo sobre los rasgos faciales cuando no sobre el papel fotográfico. Es la anterior labor una que recuerda la del paleontólogo en su asunto respectivo. Sólo que en vez de tratarse de textos escritos en manuscrita y antañona letra el lenguaje es la graficación emulsionada sobre el papel del daguerrotipo o la plateada fijación de la fotografía propiamente dicha. En el Museo de Arte Moderno está en exposición el resultado de la primera etapa de trabajo. El Centro ha incitado a la filantropía con miras a que las personas propietarias de fotografías las faciliten para su copiado -serán devueltas inmediatamente- o a que generosamente las cedan a la ciudad, que es la recipiendaria agradecida que reconocerá en un fichero el nombre de los donantes o cedentes. Recientemente en Bogotá, emergió del olvido el archivo fotográfico de Juan N. Gómez. También en Cartagena, centro de una gran provincia debe existir abundancia de material interesante para esta colección. No sólo está el valor histórico del material sino que se tendrá en cuenta también su sentido de la actualidad. La idea llegará hasta seguir la evolución de la ciudad en cuanto a que respondiendo a que es la hechura de seres cambiantes ella también lo es. · Dorothy Johnson. Vino desde New Jersey contratada por el Hospital “Andian”, de Mamonal, para trabajar como enfermera, llegando a Cartagena al día siguiente del asesinato de Gaitán en Bogotá. 2-Costa, Martes, 3 de mayo de 1988.
Promoción escolar automática El experimento de la promoción automática, en marcha ya para la primaria, se piensa establecer para la educación básica secundaria. Uno de los aspectos necesarios es crear conciencia entre maestros y profesores para que se integren metodológicamente en este proceso. Muchos docentes tienen aún como método la concepción dentro de la cual hicieron sus estudios, de que el estudiante debe estudiar porque se le dice con insistencia que es provechoso hacerlo. Esto debe ir acompañado de una metodología en donde el estudiante trabaje sobre la materia que se debe aprender, guiado por el profesor a quien le corresponde crear la inquietud y explicar sobre preguntas hechas por el discente. Es decir, a petición de parte interesada. Nada se consigue con la peroración por no llamarla perorata sino con la inducción a la búsqueda y a la utilización de ejercicios o talleres que los excelentes libros de texto tienen hoy en su mayoría. Si los estudiantes no tienen la responsabilidad en esto, es algo relativo o inherente al proceso el desarrollarla, pues precisamente una buena educación rebasa la mera instrucción o introducción al tema y se debe apoyar más la formación del carácter y de la personalidad social del individuo en su conjunto. Y pensar que aún hay en establecimientos de educación secundaria y universitaria algunos presuntos docentes que dictan planas. Fincados en el método acumulativo de la memoria. Mientras no se dé a los estudiantes la posibilidad de desarrollar sentido o espíritu crítico, todo intento será echado por la margen. La condición de estudiante es sólo un tiempo parcial de la vida de quien en un momento dado lo es. Ante todo se es ser humano y por ende ser social por decisión racional. Hay que formar para la vida misma y no sólo para un trabajo, trátese del que se trate por importante que sea. 2-Costa, Viernes, 6 de mayo de 1988. En la revista “Costa al día” de marzo de 1988 el artículo anterior salió completo, reproduzco aquí tomado de ella el fragmento faltante: “Los colegios con posibilidades y consciencia del problema han iniciado Talleres del Pensamiento dentro de esa intención. Materias tales como Historia, Instituciones Políticas, Literatura, Arte y demás disciplinas humanísticas están volviendo a ser miradas como necesarias en esta disolución de valores que estamos viviendo. Es que los valores, a pesar de que se hable de ley natural y otros propósitos muy respetables son esencialmente valores culturales y por lo tanto valores transmisibles y es la educación en el colegio la que realmente los eleva a valores intelectuables pues en la casa son valores aceptados por la costumbre. A esta hay que reforzarla con criterios bien definidos ideológicamente. Educar es formar y no simplemente instruir como algunos creen. Modelemos caracteres y ellos mismos completarán su instrucción”.
Teléfonos-Correo Urbano-Telefax No obstante la línea telefónica sumada a la novedad del teléfono público y a otros adelantos modernos en materia de comunicaciones, cercanas y lejanas, que van desde los tradicionales propios o mensajeros, el correo urbano, y en otras ciudades y países al telefax y el tubo telegráfico, los espantanublados insisten en su actividad. Y uno no entiende el porqué. Nos referimos en esta notícula, con humor, a los espantanublados, descritos por el diccionario como “aquellas personas que de manera inoportuna interrumpen una conversación inane o cualesquier importante comunicación”. Las imágenes primeras que se les ve a estos personajes son las cucamonas o carantoñas que son susceptibles de hacerse con las partes móviles del rostro, a saber: cejas, pestañas, labios y en el mejor o peor de los casos hasta con las orejas, cuando nos ven sentados en compañía de algún contertulio en cualquier fuente de soda, restaurante o similar. En la calle, en ocasiones, se traban paliques o intercambios de palabras entre amigos, sobre todo con los que han venido después de mucho tiempo de estar ausentes en plan de turistas, desde otras ciudades o en veces desde lejanos países a este ‘corralito de piedra’ del famoso dr. Martínez Cueto, para pasar las vacaciones con los suyos. Así, pues, en la charla estamos cuando de pronto vemos el rehileteo de un señor que con muchos aspavientos y pasmarotas se nos acerca o se acerca a nuestro interlocutor, para el caso es lo mismo, arruinando de ese modo la plática. Es que el espantanublados suele llegar con muchas y desusadas pataratas y en algunas circunstancias con alborozados amoricones que nos dejan con mucha extrañeza, pues normalmente ni nos de-terminan cuando vamos sin compañía. Claro está que en materia de aspavientos no se puede decir la última palabra, pues estos caballerosos, se las saben todas en materia de asuntos encaminados a disolver cuanta reunión o conversación ven organizada en sitio público. De esta manera, uno tiene que, si era importante, volver a llamar a la persona que fue interrumpida a mitad de palabra o bien para terminarle la frase que uno ya había iniciado y que por ningún motivo quiere dejar trunca o inconclusa, por aquello de los malentendidos. “COSTA AL DIA”. Febrero de 1989.
La “inmigración siria y libanesa” a Colombia En amable y acogedora nota se refirió hace algún tiempo en “El Diario del Caribe” don José Nieto a las familias procedentes del Cercano Oriente, que a finales del siglo pasado vinieron a establecerse en Colombia y particularmente a las radicadas en Cartagena. Valdría la pena hacer breve bosquejo de esa inmigración masiva, la más grande que sin duda alguna se haya efectuado al territorio colombiano, no obstante las facilidades en el sistema actual de transportes creemos que este fenómeno será irrepetible en la historia nacional. Por muchos es sabido que el principal motivo lo constituyó la opresión geopolítica del Imperio Turco Otomano sobre regiones pobladas por la nación árabe, por judíos y otras minorías étnicas como griegos, armenios, etc. Esas comunidades padecían un sistema que las redujo a la condición de ciudadanos de segunda clase, asfixiante en todos los órdenes. La dicotomía actual Siria-Líbano no existía en esa época, pues esos territorios conformaban un solo país o unidad cultural, la “Gran” Siria, cuya salida natural la constituía el mar Mediterráneo desde la antigüedad pregriega, con los puertos de Biblos, Sidón y Tiro. El poeta Homero denomina en su epopeya, Odisea, de manera genérica, a esos activos navegantes y comerciantes con el gentilicio de sidonios. La parquedad de posibilidades para una gran cantidad de jóvenes en edad laboral les obliga a estos a distanciarse de la patria milenaria. Este movimiento masivo no sólo ocurre entre gente de esa procedencia sino que de Europa toda hay desplazamientos inmigratorios hacia otros lugares, es especial para América, la tierra de la Libertad. Panamá es, dentro del difuso conocimiento de la geografía americana en el Cercano Oriente, el punto focal que atraía poderosamente la atención. Para ello hay que tener en cuenta que lo que se movía en relación a Panamá tenía alguna relación y similitud parcial con el punto egipcio de Suez, lugar relativamente próximo a la zona desde la cual se produjo el éxodo sirio-libanés y que recientemente se había liberado de la dependencia del Sultanato de la Sublime Puerta y con la ayuda de los ingleses se había declarado país independiente con la institución del Jedivato. Dentro de ese orden de ideas muchos inmigrantes pudieron llegar (es una hipótesis) primero a Panamá cuando este era territorio colombiano aún, y de allí se trasladaron algunas familias a la zona del litoral atlántico desde donde, llegados al puerto de Cartagena y de Barranquilla, se internaron tierra adentro más o menos hasta Magangué, río arriba. El movimiento continuó por la zona de Córdoba, teniendo como eje, como es apenas natural ver, las poblaciones ribereñas del Sinú. Damos por descontado que Barranquilla de esa época, ciudad generosa, al fin fluvial y por esa vía también marítima, sirvió de entrada al turbión de inmigrantes. Cartagena, era la época de Núñez, trataba también de alzar cabeza contra el marasmo en que había estado sumida desde la toma que hizo Morillo de ella en 1815-6. Aún cuando no tenemos en Colombia, eso está por hacerse, datos fidedignos sobre cómo, cuándo y quiénes así vinieron al país, con esa procedencia, se calcula estimativamente que son hoy quinientos mil los colombianos que en todo o en parte pertenecen a ese origen. Hoy día la inmigración paró de modo radical; no obstante los problemas políticos que aquejan todavía a aquella parte del mundo, pero con otras características, las concernientes a la liberación total de las naciones de la región de las antiguas potencias imperialistas y las neo-imperialistas de hoy. En todo caso, parece ser que sólo Brasil, en América Latina, cuenta con mayor número de inmigrantes y descendientes de esa etnia. Colombia ha sido país renuente a la inmigración en general y algo xenofóbico, tal vez por la imposición exclusivista del sistema español aquí imperante durante siglos. La América sólo para los españoles. No obstante eso, algunas minorías de origen alemán e italiano (países todavía sin conciencia de nacionalidad hasta 1870) se interesaron y vinieron a Colombia, estableciéndose en Bucaramanga, Barranquilla, Bogotá, Cali y algunos pocos en Cartagena. Lo mismo ocurre con los judíos, que desde Curaçao vienen en pequeño número (el poeta y novelista Jorge Isaacs es uno de ellos). Ese estado de cosas sigue igual, Colombia no es país de inmigrantes.Nunca lo ha sido. Antaño la potencia metropolitana española manejó sus colonias americanas como especie de compartimientos estancos en que sólo permitía el trato en relación con ella misma; la expresión misma utilizada para denominar a la inmigración sirio-libanesa, es no pocas veces despectiva en sus inicios, originada en la transmisión cultural del término por parte de la cultura hispánica aquí asimilada por sus descendientes. El término “turco” en la Literatura española se encuentra para esa época cargado de una semántica asociada a “bárbaro”, “incivilizado”, etc. Hasta cierto punto se da como entendible que por parte de culturas antagónicas, como eran el imperio Turco y España en una época, se emplearan esas formas de agresión verbal, subsistentes inconscientemente hasta fechas relativamente recientes. Con el proceso ya largo de asimilación, la inmigración ya no es más, se suspendió; el vocablo “turco”, aunque, de todas maneras, impreciso, se usa hoy día con simpatía sobre todo por las gentes comunes, las que se mestizan, inclusive, con ellos. Todavía debe haber por allí algún imperial anacrónico a la inmigración sirio-libanesa; demostró ésta, entre otras cosas, poder adaptativo a las costumbres raizales, lo que es muestra de su milenario espiritu contemporizador, de negociador, y de integración, pues el mestizaje racial mismo es una muestra de ello como forma de transacción genética. De manera que esta inmigración estaba dispuesta a imponer su sistema de ventas, el mercantil a plazos, acorde con las posibilidades de sus eventuales clientes en las zonas en donde quiera que se estableció. En la disonancia entre los prejuicios que estaban vigentes en su nueva patria adoptiva y los propios prejuicios ancestrales, la inmigración sirio-libanesa llevaba una evidente ventaja en relación a los nativos raizales, el hecho de no aceptar como vergonzoso desplazarse con un maletín de telas, vendiéndolas de puerta en puerta, por ejemplo. Se adelantaron en muchos años a los vendedores callejeros en aquello de la economía informal, pero sin quedarse de fijos en las calles, como ocurre hoy día en nuestras afligidas calles cartageneras. En ese comercio ambulante y minoritario, con pocos gastos de establecimiento, sumado a la capacidad de sacrificio resumida en el ahorro, estuvo la clave del éxito económico de la inmigración cercano-oriental. Esta inmigración, impuso lo mismo que los judíos en otras partes del país, la democratización en el consumo de ciertos bienes antes que la prosperidad gringa y su capitalización así lo lograran. En ello hay además la idea democrática de que todo el mundo es potencialmente usuario de toda clase de bienes. Sólo una sociedad democrática acepta bien a los inmigrantes, pues bien, hay que contribuir a democratizarla entonces. Resumiendo, creo que a ellos, los sirios-libaneses, se les debe la implantación de esa novedad, sistema que ya era viejo en otras latitudes. LA COSTA AL DÍA. JUNIO DE 1989.
Eladio Gil y la India Catalina. No es grato para mí iniciar un comentario diciendo algo que no lo es. Y además el refrán tiene el cuello torcido como los modernistas hicieron con los postrománticos cuyo emblema era desde Rubén Darío el cisne. Porque el adagio reza que nadie es profeta en su tierra y en este caso eso no es verdad. Eladio Gil Zambrana para serlo tuvo que volver a su nativa España después de larga permanencia entre nosotros llena de tesón y de esfuerzo creativo tanto para realizar su estatuaria como para dentro de la más pura calipedia engendrar a sus bellas hijas, dechado de virtudes y gracia que son. Josefina, talento de ecónomo de abadía así se lo ha permitido. El catálogo enviado de la Península es el reconocimiento pleno, sin recatos mezquinos ni ambages pichicortos, a la obra del Maestro Eladio. Es interesante de ver como los comentaristas y críticos que elaboraron los textos, de los mejores de España, consideran, por una vez entre mil y con fortuna, la influencia de lo americano en la obra de un artista pintor. Y en particular la influencia de la Costa Caribe y en esencia la de Cartagena de Indias. La accésis épica tiende a englobar debajo de los pies mucha tierra recorrida y Eladio resumió la suya entre Cádiz y el “Corralito”. Lo mestizo asume en Eladio su noble pendiente como escorrentía recursiva de creación rebasando lo figurativo-naturalístico en la búsqueda del símbolo. Y a fe que lo logra. En “La Gaitana” y en “Catalina” la de De Heredia. Pero también en el “Chelista” y en “Danza” y en “Maternidad” y tantas obras de bulto redondo, 31, y 9 telas que en el Refectorio de los Claustros de Santo Domingo de Jerez del 18 al 31 de enero de este año se exhiben dentro de las tareas del “Patronato del Quinto Centenario del Descubrimiento de América”, en España inmortal.
La casa del viudo Xius Sólo cuando Bayardo San Román le preguntó que cuál era la mejor casa del pueblo Ángela Vicario se decidió a casarse con él a pesar de su terrible secreto. La casa del viudo está en las goteras de Turbaco entrando al pueblo desde Cartagena. Es una amplia casa de estilo inglés campestre a la cual se llega después de cruzar un dintel formado por las copas de árboles de flores anaranjadas que alfombran el camino. Una escalera de estilo renacentista permite el acceso a una amplia terraza. En la parte de arriba se halla un salón pequeño anexo a un cuarto que la utilería de la película convirtió en una habitación tipo camarín donde la infausta noche de bodas se selló la muerte de Santiago Nasar a los veinte años. La casa fue construida por la administración de Obregón Jaraba en 1940 según reza una tarja de mármol en su interior y fue destinada como la finca que aún hoy tiene treinta y dos hectáreas como sede de la granja agropecuaria del Departamento de Bolívar. Un atento guardián a cargo de la mansión la cuida para su actual propietaria, la Universidad de Cartagena, que piensa en el futuro dedicarla para campus de Economía e Ingeniería. Los constructores del filme comentaron que habían fallado en filmar las escenas de esplendor de la casa antes y no después, cuando Cristo Bedoya volvió después de veintisiete años de la muerte cruel de su amigo y así deterioraron muchas ventanas que hoy están en peor estado que antes de la filmación. Es que esta casa es muy valiosa aunque Bayardo en su afán pagó por ella veinte veces lo que valía para su infortunio pues con ella decidió a aceptarlo a la repudiada y sufrida Ángela, la que tenía el nombre bien puesto. Respecto del actual estado de la casa es evidente su deterioro que aún así la faculta para servir de habitación a su celador. Sin duda la mansión del viudo Xius merece mejor suerte que aquella a la que se vio abocada después del abandono de su propietario en el filme basado en “Crónica…”, y cuya ruina se parece tanto a la de la realidad. Martes, 17 de mayo de 1988.
Libros y anticuarios Dos son los integrantes exponentes de la nostalgia, la evocación del pasado y el deseo de volver a la propia localidad. Sin embargo, parece que existiera un tercer elemento de aquella, la faltante sensación de lo no conocido como si la nostalgia tuviera también un ingrediente futuro. Lo actual es tal vez lo más determinante de ella de todos modos porque es el mayor y definitivo punto de referencia. Dos oficios asocian el comercio a la nostalgia en todos sus matices, el anticuario y el librero de viejo. La miscelánea que atrae la atención del primero es total e indescriptible no sólo por lo insólita sino por su amplitud, la del segundo, en cambio, es específica. En ambos los puntos referenciales son la rareza y la antigüedad pero en el libro se añade el tema tratado en la obra. En una ciudad como la nuestra estas actividades ocupan lugar lógico y natural en sí mismas. Durante muchos años el lugar en que se han desenvuelto los libreros de libros usados ha sido la calle misma, aunque algunos con los años se hayan estabilizado en casetas y uno o dos hayan podido arrendar estrechos zaguanes constelados de colgantes vitrinas atestadas de toda clase de libros. El más definido de los libreros de viejo fue durante toda su vida el que ocupó (ocupa aún) los bajos de la Torre del Reloj quien a pesar de su poco espacio dinamizaba el movimiento de rotación de títulos que hacía pensar a sus visitantes en que sus fondos eran inacabables. Tenía una cultura de solapa y una prodigiosa memoria además de la afabilidad que Carlos Baena Ramos dice que se traduce del contacto con los libros entre voceadores de prensa y revistas. A lo largo de los parques-pasillos en La Matuna se suceden quioscos cuyo material entreverado deja ver al lado de Marcial Lafuente Estefanía el “Discurso del Método”, de Descartes, el “Quijote” compartiendo pila con algo menos clásico. El “Ananga Ranga” de la cosa védica con una gramática a la que el lenguaje vivo y popular rebasa día a día. Entre nosotros los anticuarios de manera formal son novedad ya definida aunque antes hubo intentos frustrados pero siempre hubo anticuarios o anticuarias, ¿porque sino cómo llamar a quienes hacían como Mercedes Bustillo y Berta Jimeno ese noble enlace entre quien juzga que un objeto ya le es inservible por viejo cuando a otra persona le es servible y deseable precisamente por ello. Ojalá que los anticuarios asuman la idea de que el éxito de sus negocios no consiste en lo absurdo de los precios sino en la movilidad de rotación de los objetos de una mano a otra y esto sólo se logra con precios razonables. Sobre todo considerando que entre nosotros pocas son las antigüedades genuinas en estos tiempos. Lunes, 23 de mayo de 1988.
Rosi y el honor sexual Aunque fue presentada en pasado festival está nuevamente en pantalla “Crónica de una muerte anunciada” de Francesco Rosi cuya sustentación argumental es el cinematográfico relato de Gabriel García Márquez, el que nunca ha tenido un buen entrevistador salvo Vargas Llosa que produjo la obra crítica más totalizante sobre la obra del colombiano con el nombre de “Biografía de un Deicidio”. El filme tiene el acierto de la unidad en el paisaje fluvial y la Villa de Mompox con sus casas encaladas y de rojos techados. Los extras aparecen siempre como relleno que posa y dan insistentemente la cara a la cámara. La manía apriorística (las señoras en Cartagena dicen que es sentirse siempre como centro de mesa) asume caracteres de personajes en esta producción. En cambio el aura de tristeza y patetismo se capta tanto en Divina Flor como en la madre de Santiago Nasar. El dolorido amor de la pareja cuyo amor se frustró por una anterior prueba de amor queda manifiesto en la escena del caminito de cartas enviadas durante veintisiete años y que fueron devueltas sin leer. Es un acierto también la escogencia de rostros por parte de Rosi y allí vemos exponentes extranjeros y nativos tanto interioranos como costeños. La obra es un poco lenta hasta el vertiginoso desenlace del acuchillamiento en plena plaza que impacta al espectador sensible. El suspenso de la obra literaria en cambio queda muy disminuido. Jueves, 26 de mayo de 1988. El inquisidor penitenciado Una de las manifestaciones menores de la sensación del “fastidio paralelo” (paranoia) es la regañadera sostenida y la corregidera de los errores reales y/o presuntos de los demás. Otra cosa es la crítica ponderosa y ponderada y la utilización fina de la ironía (la griega “eironeia”) con fines didácticos pues no va encaminada a fastidiar a su vez a nadie sino a pedir atención al discurso mental vertido en la exposición. Sin ironía Voltaire hubiera sido sólo una vieja chismosa. Otra cosa es su sarcasmo. La tortura del inquisidor llega cuando los factores adjetivos de su poder han terminado. Entonces lo vemos mendicante de la solicitud y del cariño del que mientras no tuvo necesidad, premunido de su cargo, desdeñó. Reclama los saludos que no dio y su saludo inicial suele ser el ataque de los débiles. Suele existir este tipo de personas entre quienes tienen ascendencia por una u otra cosa sobre los demás. Olvidan que la verdadera “autoritas” se fundamenta en la autoridad razonada, encaminada a hacer sentir a los demás que van por la ruta no “smarrita” (Dante) sino la vía correcta. Pero eso, según ellos, los hace débiles. El amor es la única cura contra la desconfianza y el temor y por ende contra la sensación de irritación alterna (paranoia), simpatía con simpatía se paga. Y el odio suele ser entre las almas poco educadas el pago a la tiranía. Nuestro trato debe fundarse en el principio de que la cortesía es la -actitud-bella-de-ver-, o areté, de que hablaba el sabio presocrático. Es la belleza verdadera y acrecentable. Son detestables esos ancianos que viven rumiando sus amarguras en los oídos de los más jóvenes que ellos para que su propia amargura les sobreviva en otros. No hay cosa más digna que un anciano noble en su trato y en su lenguaje, lo que los hace bellos (la belleza es la actitud personal extravertida en una ética correcta) y ninguna cosa más odiosa que la bajeza en quienes por sus estudios y condición además de por su ancianidad deben demostrar ser guías del entendimiento. Los inquisidores deben morir en su cargo pues si no al final de su tiranía ni miedo logran suscitar como en antaño y entonces sienten el peso de la soledad que tan bien labraron. Es el drama del inquisidor penitenciado. Domingo, 29 de mayo de 1988.
“Mi bahía”, bello cuento Ediciones Culturales Bussié publicó en Bogotá, 1987, el cuento “Mi bahía”, de Policarpo Bustillo Sierra. Ilustrado por bellos dibujos que refuerzan la idea de la narración y guarnecido de excelentes muestras fotográficas con aspectos humanos del pescador de la bahía cartagenera y de su natural entorno, el paisaje salino de agua y espuma. Dos niveles lleva esta narración, uno, el de la prosa poética y otro el de la prosa sencilla puesta al alcance de los niños -que en la Costa Caribe ha tenido el cultivo de pocos escritores-, excepción dada, como la de la escritora Judith Porto de González de quien hemos leído “Jacinto o el niño que quería ir a la ciudad”. En la obra que comentamos de Bustillo Sierra podemos apreciar el nivel de lectura para adultos detrás del lenguaje para niños que anotábamos, el de la crítica sutil y denunciante de los daños que la bahía sufre por el mal uso y el abuso sobre, bajo y en sus aguas. El lenguaje es inmediato y las metáforas directas -parece un contrasentido pero no lo es- permiten la comprensión del texto pulcro y cuidado en el estilo. En algo nos recuerda -situado en un ambiente narrativo del Caribe- lo que en otros ambientes narra Saint-Exúpery en el “Principito”. Naturalmente cada una es una obra sentida y vivencial y sólo la intención poética las hermana en el cumplido intento de obtener y comunicar belleza para recrearla. Un niño encara en primera persona la narración a Cristina de quien se infiere es una niña del interior del país por el asombro que el niño-poeta le manifiesta en su reminiscencia de la figura del abuelo amado y el papel que este adoptó como iniciador en la mente del niño de los misterios de la belleza y de la vida. Al propio tiempo la obra enseña en el nivel de lectura infantil pues explica a la perpleja niña -convirtiéndose él a su vez en un mistagogo- arcanos de la naturaleza y de la ciencia. En algunos capítulos el tratamiento de la prosopopeya hace que los animales de la fauna marina, parguitos, sábalos, robalitos y sardinitas -bellos guiones de plata- narran su infortunio, contra la depredación de que son objeto por la pesca indiscriminada mediante dinamita. Los pájaros del Caribe vuelan por las páginas de Policarpo Bustillo Sierra como pasan entre el poema del gran Neruda denominado “Pájaros del Caribe”, mochuelos, “tuceros”, canarios, meriños y toda la volatería poética que el maestro Grau ha dejado atrapada -sin barrotes- entre los lingotes de sus afiches. Obra que a su lectura se sucede en el lector un grato sentimiento identificatorio con lo que la vida representada en la belleza y pureza de los niños -los nuestros y los de los demás-, el aire azul y caliginoso de las aguas de la bahía, el encaje de Malinas de la espuma que alcanza a llegar a la playa y el verde oscuro y contrastante de los mangles resultan un canto a la Naturaleza y al hombre que la regula y aprovecha, a la par que le señala su compromiso de mantenerla en su más prístino estado. Miércoles, 1º de junio de 1988.
Aguilar maneja la madera El arte que más se acerca a la realidad visual y táctil es la escultura. La arquitectura tiene además un posibilitante que le confiere enorme ventaja cual es la de que por su función específica es de grandes proporciones. Sin embargo, Moore y otros concibieron esculturas donde el espectador pudiera entrar o pasar. De todos los modos imitan allí a la anteriormente mencionada. El bulto redondo es la más atinada aproximación a la reproducción consciente de las formas mediante la intención estética. Así desde los bloques graníticos y monolíticos de los “Patesi” sumerios hasta los bustos y hermas romanos pasando por la estatuaria retratística griega. Aztecas y mayas fueron depurados maestros de la piedra en la talla y en la escultura. Igual que entre los agustinianos aunque en éstos es más notable la intención monumental y religiosa que la obtención estética en términos generales. Tenemos desde la Colonia tradición escultórica con la talla en madera o imaginería. Alberto Aguilar es un artista que ha encontrado en la madera el mejor de los materiales para hacer entrar en el mundo de la valoración del arte los objetos más inmediatos y aparentemente prosaicos del uso cotidiano. Su tarea comienza, como es obvio, con la escogencia de la calidad del material observando hasta la dirección y variedad de las vetas de las mismas. Sólo así puede lograr Aguilar esa especie de hiperrealismo en su trabajo para lograr dar la textura de tejido o del papel a sus obras. Así como los pintores hacen incursión en la estatuaria para convertir la falsa perspectiva de la pintura en la auténtica de la estatuaria Aguilar ha reducido la de la suya a sólo dos dimensiones pues sus tallas son adosables en algunos casos. Su aproximación al mundo del “xilo” (la madera) equivale, y con el mismo talento, a lo que Darío Morales realizó con pinceles sobre papel o lienzo. Cajas, bolsos, textiles, entre otros objetos, engañan al ojo (trompe l’oeil) cuando Alberto Aguilar los exalta de lo prosaico a lo individualizado, condición <sine qua non> de la tarea artística. Arnulfo Luna comparte con su coterráneo Agui-lar el mundo de los guardarropías y las alacenas, sitios de los más íntimos en el diario quehacer humano convertidos en espacios de la vivienda moderna, en espacios susceptibles a recibir lo bello. El actuar de la creación de Aguilar suma ya muchos intentos en la permanente búsqueda de expresión que algunos artistas intentan; así, ha hecho estatuas, siempre en madera, inspiradas en el logro de las formas del arte aborigen colombiano. La obra en madera de Aguilar posee la madurez y la nobleza de la auténtica obra de arte. Sábado, 4 de junio de 1988.
Cosas de Heródoto El viejo Heródoto según Cicerón “padre de la historia”, (investigación), nos cuenta en su estilo libre y acumulativo de información de todo género, lo relativo a las costumbres (aitía) de los pueblos que visitó. Persas, escitas y griegos desfilan por las páginas de su “Los nueve libros de la historia” con entrevero de rasgos serios y pintorescos procederes. El costumbrismo y aún lo folclórico llaman la atención del acucioso y crédulo historiador. Tucídides estaba distante de eso. De los egipcios narra, por ejemplo, que las mujeres trabajaban fuera de la casa y en cambio los hombres se quedaban en la misma tejiendo.Y segui-damente, sin distingos de calidad informativa entre uno y otro dato, nos endilga la siguiente perla, no por cómica menos diciente, “los egipcios, dice en su obra, son en esto diferentes a los otros pueblos, las mujeres orinan de pie y los hombres, en cambio, lo hacen sentados”.El comen-tario del historiador está dentro de su permanente afán en la obra anotada por comparar en qué cosas los pueblos no griegos contrastaban en sus costumbres respecto de estos. De allí su tendencia a dar este tipo de datos, sólo curiosa, como se echa de ver. Sin embargo, en la lectura de “El Tiempo” vi en esta semana que pasó la noticia del invento de la señora Lore Harp (traduce este nombre “Leyenda Arpa”) de un accesorio desechable para que las damas modernas puedan cómodamente hacer lo que sus congéneres de la Antigüedad a orillas de las aguas del impávido Nilo. El accesorio o “funil” (¿funelles?) se cotizó con furor pues la venta de tres millones de ejemplares produjo la bicoca de más de medio millón de dólares. Sin haberlos visto sino en una escena de una película brasileña colijo que tendrán la forma de los conos que en la ciudad se utilizan para la venta del almibarado “raspao” (en otras partes “granizado”) en calles y playas. La noticia producida por AFP desde Washington dice que la cadena nacional popular de droguerías está encantada con las ventas elevadas por este concepto durante la semana. ¡Imaginamos nosotros que igualmente lo estarán las consumidoras! ¡Abajo las odiosas diferencias! Martes, 7 de junio de 1988.
Festival de Cine 1988 Muchas son las películas presentadas en el marco del Festival número 28. Pudimos ver “Mejor solo que mal acompañado”. Una aparente comedia que se inicia en las extremadas dificultades de un viajero a su hogar en vísperas del día de “Acción de Gracias”. Las excesivas coincidencias posibilitan que uno de los viajeros, persona de ciertas costumbres y buena educación alterne en las circunstancias de compartir habitación, automóvil, tarjetas de créditos, etc. El otro, compañero ocasional de viaje es un vendedor exitoso y simpático con costumbres menos exigentes que irritan al primero. Pero en la soledad y las dificultades del retorno a casa, real para uno e imaginario para el otro llegan a entenderse o al menos a aceptarse y hasta a apreciarse por haber comprendido que más allá de las buenas y malas maneras existía entre ellos el compartido sentido común de las cosas que hermanan al hombre. Comedia salpicada de aventuras que termina felizmente en la llegada a casa y la sorpresa de que quien aparentaba ser superficial llevaba en el hondón el drama de la pérdida de su esposa dos años antes. Presenciamos un Chabrol llamado “El grito del búho” con la misma buena fotografía del mismo y sus bellas mujeres pasionales. La trama es una inacabable sucesión de coinci-dencias excesivas llevadas esta vez hasta la truculencia perfeccionista que sólo existe en la idealidad cinematográfica de Chabrol. Amor-pasión, el temor a la muerte, una de sus constantes aunada al amor intenso a la vida, y la rápida trama son los aciertos de esta película de Chabrol a la que le faltó su habitual desenredo posterior pues deja al espectador en el campo de la posibilidad de la conjetura. Buen cine que llenó el Centro de Convenciones. “Muchos sueños” es el título de una película alemán-Este llevada en el plano real de la dura realidad de una muchacha que siempre aspiró a ser alguien, y que logra para el día de su premiación como “Héroe del Trabajo” reunir a su hija, a quien no veía desde niña, con su amante. La soledad que le dejaba entrever su madurez se equilibraba con su seguridad de ser necesaria, y triunfadora, además de su reconocimiento profesional. Al final de la rechifla por gente que no entendía cierto tratamiento en el nivel de sueño que recordó el onirismo de Bergman el filme se mostró en toda su idea. Algún público no entiende y protesta molestando a los demás. Un Festival es la oportunidad de hacer foros de cine, posteriormente, pero la presentación continúa en varios teatros la dificulta. Muchas son las personas en Cartagena que podrían contribuir a esto. O, al menos, comentar por escrito sus impresiones y opiniones. De mucho valdría. Jueves, 9 de junio de 1988.
El caso Moro Película que logra diez años después del hecho del secuestro de Aldo Moro revivir dramáticamente, cambiando lo cambiable, la actual situación colombiana, al menos parcialmente. Las <Brigadas Rojas> secues-traron en aquel entonces, circunstancialmente lejano y cercano al mismo tiempo aún hoy día, al jefe del Partido Democristiano italiano. En el filme documentalmente tratado se presenta toda la complejidad del caso.Moro, democristiano se opuso a las bases norteamericanas para proveer a Israel. Las Baader-Meinhoff en Alemania y el terrorismo japonés tratan de desestabilizar a Europa entera. Italia, bastión de la democracia demoliberal en centro-sur-europa está singularmente amenazada. Las <Brigadas Rojas> pedían trece de sus compañeros por la libertad de Moro. La razón de estado de la “línea de fuerza” se impuso contra el anarquismo nihilista y errático, la práctica del desarrollo del secuestro en un momento dado hizo que la liberación de los prisioneros quedara rebasada por las circunstancias. E.U. apoyó la “línea de fuerza” –la no negociación-;el Papa Paulo VI -compañero universi-tario de Moro- pidió en una alocución la libertad sin “condiciones” del político basado en su condición de hombre bueno y generoso. El propio partido de éste titubeó o pareció titubear para ceder. El cautiverio se dilató más de 55 días angustiosos mientras la policía allanaba manzana tras manzana de casas. La Logia P2 juntaba a destacadas personalidades de la Banca y de otras actividades con los Generales. Viernes, 17 de junio de 1988.
Las rusas, vienen las rusas El “glasnost” ha llegado a la Unión Soviética también en la modalidad de los concursos de belleza. 2.750 ciudadanas moscovitas concurrieron a la cita que no sólo fue de galantería sino de muestra de habilidades, imagen, encanto, elegancia, garbo y plasticidad. Porque “majeza” mal podría habérseles pedido ya que esto sólo pertenece a la mujer española en exclusividad.Ni el “esprit” de las francesas, especialmente el de las parisinas. O la perfección de formas de las norteamericanas dadas al deporte que tan bien les combina con sus rubios y azules y rosados y su ingenuidad en las declaraciones en los concursos televisados desde cualquier país del mundo. O las orientales de pelos de alas de cuervo y angulosos cuerpos combinados con los sesgados y enigmáticos ojos. Pero volviendo a las rusitas decimos que esto es refrescante para ellos, los rusos, y para todo el mundo pues ya estábamos cansados de la imagen de la rusa tradicional con aspecto de marchante bogotana pero de rubia piel y coronada de la coroza de una inane “pañueleta” color sucio. Ya en los circos y en los filmes teníamos el avance de que las rusas eran también “bollitos” pues de estos abunda la tierra, gracias a Dios, desde Varona, que es lo que significa, según la Biblia, Eva. El título de esta notícula nos recuerda la película entre jocosa y aleccionante en que una población es invadida por los soldados de Papá (Starezt) Stalin antes de este refrescante “glasnost” en que el Imperio del Mal dejó ya de serlo. Con una población de más de 250 millones de habitantes con gentes multiétnicas cuando vengan las rusas tendremos variedad de tipos femeninos. Ucranianas de ojos de agua y altos pómulos con carnación a lo Rubens. Azerbaijanas de fonjes cuerpos de odaliscas y de pequeño bozo cuasi-bigote amén de ojos negros como huríes prometidas por el Profeta Mahoma. O tártaras donde el zíper del ojo corre hacia China o Japón o Manchuria, cuerpos bajos y nalgas enjutas y largas sobre cortas piernas. Les faltan, pues, las morochas africanas a menos que nacionalicen, como en los deportes, a las estudiantes becadas de Angola o del Zaire para que les representen en esa etnia que es la única, tal vez, de que carecen. Pronto Miss Universo será soviética. Atentos, pues, porque vienen las rusas. Sábado, 25 de junio de 1988.
La maríamulata Aves emblemáticas son muchísimas en la historia de los animales en relación al hombre que las ha tomado como símbolos. Desde el buitre que inmisericorde devoraba las entrañas de Prometeo hasta el búho o mochuelo –no me refiero al mochuelo costeño que es un pájaro cantor- que reposaba sobre el hombro de Pallas Atenea allá en el bosque ático. Después se entronizó el blanco cisne romántico acompañado del bulbul siempre presente en las leyendas y fábulas norteñas. La cosa era, pues, entre los notables por su rapacidad y el tamaño de sus garras y los representantes del lírico canto. Los que no se clasificaban dentro de estos grupos o clanes estaban condenados a las intemperancias del desdén zoológico o lo que es peor del olvido taxonómico. Sólo a partir de Edgar Allan Poe, el bostoniano, se fijó la mirada sobre un ejemplar de volátil que no cantaba sino que graznaba y que además tampoco hacía gorgoritos de oro como un canario flauta rubicundo, lo mismo que de su fuerza que era muy relativa y por contera tenía negro –manes de Cam- el plumaje. Pero según el narrador –Edgar Allan- podía imitar la humana voz y no era grotesco ni tan fanfarrón como el loro parloteador pintado de verde flamígero. Claro que el cuervo abunda poco –oximorón- por estas latitudes. En cambio, entre nosotros abunda y del mejor modo una especie con la que se le confunde sin razón: la criolla maría mulata (cassidix mexicanus assimilis). Esta es muy garbosa y anda con mucho movimiento de cola siempre garloteando muy airosa, sobre todo cuando quiere que le den de comer. Tiene librea más clara que el macho que es negro petróleo y es muchísimo más atractiva que él. Suele bajar a las playas –sobre todo cuando hay turistas italianos o canadienses y cuando no encuentra nada mejor- y le gustan en exceso los mariscos que encuentra entre las rocas más generosas. A veces en esta búsqueda pierde más de una pluma o un plumón y en ocasiones hasta se saben casos en que ha perdido alguna de las caudales o remeras. De todos modos sigue olímpica y no pierde sus mañas, que aprende de manera muy insistente y relamida. Abunda también en plazas, en parques, y hasta en los atrios de las iglesias y aún de los cines de la ciudad donde parece divertirse mucho con la cháchara que allí se suscita y de las invitaciones que se le hacen a comer pequeños bocaditos de cualquier cosa. En las poblaciones vecinas tiene un pariente que es el arrendajo cuya librea, capa, o color es amarillo y negro y con la cual anda y vuela móvil cual pluma al viento (come piuma al vento) como la “donna”, (mujer), en la ópera “Rigoletto”, de Verdi. Viernes, 1º de julio de 1988.
¿Escribes rápido? Ante la pregunta de si escribir a máquina (era mi instrumento de escritura junto a la péñola antes del ordenador) es simplemente escribir rápido, muchas son las ideas que se vienen a la mente. Y la respuesta es: depende de quién escriba y qué logros busca quién escribe a máquina. Porque no es lo mismo el estenógrafo que lleva en países donde los hay el registro de lo que se dice en un proceso, para que no se pierda una coma dada la importancia procesal de toda palabra que se profiera en aquel que la simple carta que enviamos a una amiga para reiterarle nuestros respetos y afectos. De todos modos se debe tener mucho cuidado en no equivocar el uso de la coma, por una mala posición del dedo, pues en vez de decir una cosa resulta otra, como el caso del comerciante que pidió en una carta 3 ó 4 micos y quien le escribió la carta puso 304, ¡imagínense la sorpresa! El teclado de la máquina (el del ordenador es igual en la distribución de las letras y demás signos) es la versión moderna que aduna el atril del monje quirografario y la péñola o pluma de ganso al mismo tiempo. El teclado se divide mentalmente en dos y a la cuenta la primera línea de letras o teclas tiene doce y así algunas de las cuatro líneas de arriba abajo tienen doce o trece. Es traición para la mano derecha que la izquierda entre en las teclas que le pertenecen y viceversa. Pero a veces, sobre todo si no se es mecanógrafo experto se hace y resulta al fin y al cabo. Como cuando se piropea a una dama y el novio no se da cuenta. No es lo mismo escribir en acto íntimo de creación que simplemente redactar a partir de la lectura de un libro que tenemos abierto en el escritorio. El acto de escribir creando es un ordenamiento maravilloso de cosas (letras) que resaltan sobre el papel con la negritud que impacta sobre el albor de la página de papel.Poco a poco y releyendo.Contrastando o armo-nizando hasta estirar el escrito, por ejemplo en este ren-glón ya vamos por el número veintiséis. Para escribir sólo cuenta hacerlo. Escritor es quien escribe y no quien dice en alta voz lo que piensa pues las palabras son vilanos al aire y hay que escribirlas en seguida que se las piensa. Mecanografiar es pues una cosa y escribir como acto de comunicación con otros a través del papel es cosa bien distinta. Cuando se piensa en una idea y se la reflexiona durante días u horas, de todos modos, intensamente, ella sale en seguida como fluyendo de los dedos de las teclas. Estas bailotean contentas del zarandeo que los dedos les imprimen y se sienten como acariciadas. Como negras abejitas salen disparadas hacia el rodillo para con su aguijón golpear la cinta (en el caso de máquina) y dejar su imperecedera huella que rescatará cualquier bobería como este escrito del silencio que constituye el que no lo hubiera escrito sino motivado por tu interrogante: ¿escribes rápido a máquina? Viernes, 8 de julio de 1988.
Heresiarcas y cismáticos (I) Aunque no se quiera reconocerlo por parte de algunos esas divisiones ya estaban incubadas en el seno de la división del criterio religioso hebreo. Los saduceos, por ejemplo, se apegaban a la ley mosaica de la más inamovible manera obligados por la tradición y en materia de poder eran partidarios de la concepción césaro-papista desde la fundación misma del intento transicional entre la dependencia selyúcida y la definitiva conquista que los romanos hicieron en Palestina con la monarquía sacerdotal asmonea. Los fariseos, a cuya doctrina y modo se la rechaza injustamente en bloque, en cambio, aceptaban la acomodación de la Ley a los nuevos tiempos y fungían como grandes proselitistas políticos y de igual manera sostenían la separación del poder político y sacerdotal -lo que ha venido a ser una “Iglesia y un Estado”- y constituían una especie ambiciosa de aristócratas provenientes de la actividad comercial y legalista -abogados, se entiende-. Los eseos o esenios, por su parte, se oponían a los dos “partidos” o sectas anteriormente nombradas y eran predicadores de la ratificación de la Ley mosaica con el ítem de su estimación superlativa por la piedad y el comunismo de bienes amén de la obsesión por el mesianismo. Con la destrucción del Templo ordenada por Tito Imperator en el año 70 d.C. la región perdió su relativa autonomía y se proclamó como Judea Capta, provincia romana hasta la disolución del Imperio. El Cristianismo empezó su labor proselitista en el Ecúmene asiático del mundo greco-romano primero hasta alcanzar la difusión en Roma. Con Constantino adquirió su nuevo desarrollo como factor de administración dentro de la burocracia Imperial bizantina donde los obispos o inspectores fueron adquiriendo poder de manera creciente. Sin embargo, los emperadores bizantinos asumieron poco a poco el poder discrecional en la Iglesia escogiendo a los metropolitanos e inclusive a los patriarcas mismos, los basileus se constituyeron en reyes-sacerdotes. En este aspecto se retoma la idea del poder oriental en general y particularmente el de la línea asociada a la religión cristiana que trae ese elemento compartido antaño por los saduceos o zadoquitas por otro nombre, y por los esenios de que el hombre de iglesia fuera al mismo tiempo factor de poder político, embrión del sistema césaro-papista implantado por los bizantinos. Sin embargo, el dogma no era único aún y se permitía la libre discusión entre la opinión cualificada aunque la tendencia era la de limitarlas y unificarlas. El magistrado Justiniano resumió su gobierno en esta fórmula “Un Estado, una Ley, una Iglesia”, con lo que severizó la condición del autócrata. De allí surge la discrepancia de los obispos que sostenían su derecho a la pluralidad de opiniones.Fueron los llamados <heresiarcas>, los que en ocasiones formaron verdaderas iglesias separadas o sectas reprimidas con todo vigor considerándolas delito y pecado al tiempo. Lunes, 25 de julio de 1988.
El demonio de Doña Inés Se denominan capillas “posas” las construidas en las plazas de muchas poblaciones de Boyacá, para “posar” en ellas el Santísimo Sacramento en las procesiones cele-bradas frecuentemente, y son pequeños templos en miniatura, construidos en las esquinas de aquellas plazas, con rasgos estilísticos muy parecidos a los de la iglesia matriz. Algunas “posas” subsistieron, adosadas a construcciones de mayor envergadura, aún en el caso de que la población prosperara como conjunto urbano, son ejemplos de que la pobreza en algunas veces defiende el patrimonio artístico. El templo principal de Tópaga, que la “posa” repite en parte, es muy rico, pues aunque de una sola nave, a todo lo largo de sus muros interiores fueron elaborados retablos abarrocados, a manera de pequeñísimas capillas, en cuyo centro se hallan obras de Vásquez Ceballos y de Baltasar de Figueroa que los enriquecen. Están laminados en pan de oro y muestran la pujanza del templo doctrinero durante la Colonia. Exteriormente es muy sencillo y podría cualquiera pasar de largo por lo mismo. Entrando, hacia el altar uno pensaría hallarse en una logia destinada a bailes y fiestas, a no ser por la rica imaginería cristiana que exorna el interior del templo. La cámara en la mano; un anciano “a lo boyacense” tiró con la suya, de uñas sucias de la noble tierra que da la papa, de la chaqueta del fotógrafo. Este lo mira sorpren-dido, pues la presencia de aquel le había pasado des-apercibida por lo silente de su rezo. Sonreía, dejando ver sus dientes partidos y negros en la boca cuyo labio superior y el mentón amén de las mejillas descarnadas mostraba esa barba escarralada de los indígenas de nuestro altiplano. Un sombrero de fieltro colgaba de su mano libre a lo largo del cuerpo pequeño. Sus ojos legañosos brillaban mostrando picardía ante la estupefacción del visitante. Su dedo gafo señalaba el arco toral, enchapado en madera, donde una figura fantástica con las fauces abiertas y cuernos mostraba policroma al Saitán. El viejecito sonriendo dijo: el demonio. Era Semana Santa, y un escalofrío cruzó la espalda del oyente. No obstante, disparó, tomando la foto del bestial engendro. ¡Era el Demonio que sirve de logotipo o de pre-sentación a la serie televisiva “Los pecados de Inés de Hinojosa”! Miércoles, 7 de 1988.
Heresiarcas y cismáticos (II) Tal vez el primero de ellos fue Manes o Maniqueo, nacido en Persia (215-276), fundador de la secta de los maniqueos –abundantes en la política actual-. Explicaba aquel la mez-cla del bien y del mal a la manera zoroastriana de los dos principios, uno esencialmente bueno que era Dios, la luz, el espíritu y otro esencialmente malo, el Diablo, las tinieblas o la materia. Pero tal vez esta herejía era más de carácter dogmático religioso que político en sí misma. Aunque no hay que olvidar que para esta época la religión es una ideología, por su tendencia totalizante y cohe-rentemente explicativa. Otro heterodoxo notable fue Nestorio, nacido en Siria según se cree en 380 y muerto posiblemente en 451, patriarca de Constantinopla en 428 siendo depuesto después por el Concilio de Éfeso en 431. Su doctrina atribuía dos personas distintas en Jesucristo. Arrio sostenía contrariamente la tesis o, mejor, la teoría (esta palabra significa “saber sobre los dioses”) de que sólo había tenido una, la humana, y de allí el calificativo de “monofisita”. Focio, escritor bizantino y patriarca de Constantinopla, nacido en 820 y fallecido en 891 fue quien planteó el llamado Cisma de Oriente. Aquel fue motivado porque con los años se había ensanchado la separación cultural en todos los órdenes que dividía a Bizancio del Occidente. A principios del siglo V incluso había cesado virtualmente la comunicación entre las Cortes occidental y oriental, salvo que las pusieran en contacto desavenencias que se resolvían de manera áspera. En aquella época de confrontación teológica fueron muy distintos los problemas de ambas partes. Los intereses de los jefes occidentales eran de carácter práctico y atañían a la relación del hombre con Dios. Sus problemas consistían en los problemas de la salvación del hombre o sobre la libertad humana en materia de voluntad. Estaban bajo la influencia del pensamiento de San Agustín levantando un sistema doctrinal propio. Las batallas de los de Oriente eran, en cambio, de tipo metafísico y tenían que habérselas con las relaciones mutuas de las tres Personas de la Trinidad o, más tarde, con la doble naturaleza del Hijo encarnado de Dios. En la Iglesia Oriental la apelación a Roma fue generalmente el último recurso de una minoría en derrota, y la interferencia de Occidente en gran parte se redujo a un papel disciplinante, para corregir las herejías cometidas en Oriente. La Iglesia romana no estuvo en contacto con la bizantina durante casi doscientos cincuenta años de los cinco siglos que van desde el ascenso de Constantino al poder hasta la reunión conciliar en 787. Miércoles, 17 de agosto de 1988.
Heresiarcas y cismáticos (III) Fue un hecho notorio la enorme diferencia de lenguas. En tanto que Roma nueva se había instalado en tierras de habla griega, Italia perdía su bilingüismo en el siglo IV. Este hecho pasmoso aún no se ha explicado suficientemente hasta hoy pero muestra que Italia se enconchaba en sí misma redefiniéndose. En el siglo V cuando la disputa entre Nestorio y Cirilo de Alejandría, patriarca egipcio, apelaron ambos al Papa quien contestó al segundo porque este le escribió en latín pero a Nestorio no se le dio respuesta porque en la Roma papal nadie entendía su carta en griego. El proceso se amplió identificándose al decir de un Magistrado-Rey (basileus) bizantino que el latín había devenido a ser una “lengua-bárbara”. Los grandes patriarcas bizantinos no deseaban inclinarse ante los dictados del Papa y atacaron los derechos de éste. En este tiempo un Papa y un Patriarca de poderosas personalidades hicieron inevitable el Cisma. Focio se enfrentó a Nicolás I (858-867) y hubo una ruptura temporal entre ambas iglesias. En 1504 el poderoso clérigo Miguel Cerulario disintió de León IX que se inspiraba en Cluny. Roma era la ortodoxia pura y Bizancio fomentó la suya para oponérsela. Hasta el año de 692 no tuvieron liturgia establecida pero de allí en adelante la tomó como punto de independencia litúrgica y eclesiástica respecto a Roma. Después de 1054 los emperadores mantuvieron en sus relaciones la idea de la posible reconciliación como simple parte de su estrategia diplomática para recabar de Occidente ayuda militar contra los islámicos que la jaqueaban. La iglesia de los siete concilios -como la llaman- mantiene básicamente su posición en la actualidad de 1988. Domingo, 21 de agosto de 1988.
Heresiarcas y cismáticos (IV) Enrique VII, (Henry Tudor, Teodoro), unió las <Dos Rosas>, la Roja y la Blanca, en su corona, casándose con su prima Isabel de York. Completó su plan de aliarse a los Reyes Católicos mediante el matrimonio de su primogénito Arturo con Catalina de Aragón. Este la deja viuda cinco meses después en marzo de 1502. A los once años Enrique de York, el segundogénito, es el corcho de un remolino matrimonial cuyo árbitro es nada menos que un libro antiguo, muy antiguo, el Levítico. Este prohíbe el casarse con la viuda de un hermano. Era imposible casarlo con Catalina a no ser que ésta aún fuese virgen. Catalina preguntada dijo que lo era y así la dispensa recibida permitió los esponsales nuevamente. Dos hijos fallidos y Ana Bolena (su apellido era Boleyn, de Bull, Toro,) esquiva como su hermana era de fácil exacerbaban los deseos del Rey. Se comienza a mover el asunto del divorcio de éste por “reato de conciencia”, por haberse casado con la viuda de su hermano (el presidente Julio César Turbay Ayala casó con su sobrina carnal y años después en su madurez tanto ella como él adujeron para la anulación de su matrimonio más o menos el mismo argumento legal sin haberlo publicitado explícitamente) y además alegó el deseo de heredero dinástico como razón de Estado. Mientras tanto, apasionado teólogo, escribía contra Lucero a quien llamaba “infernal propagador de cismas” un libro en compañía de eruditos, con Moro a la cabeza de ellos, para vengar los siete sacramentos ultrajados por el hereje que recibió el título de “Assertio Septem Sacramentorum” donde proclamaba la autoridad de San Pedro. Recibió el título de “Defensor de la Fe” por esto. No dejó, claro está, de recibir un montón de injurias de parte de Lutero (Luther) que, obviamente, fueron respondidas de la misma manera a través de sus tirabeques. Como suelen ser las recriminaciones entre presuntos autodidactos y gentes de formación estructural. La negativa papal al divorcio en Inglaterra decidió a Enrique VII a intentar uno en Roma, que el Consistorio decidió en secreto, el 15 de julio, para entrar luego en vacaciones. La dilación era manifiesta. La clásica procrastinación de que habla el periodista y luego presidente Alberto Lleras Camargo en nuestros días. La respuesta fue la sugerencia del clan Norfolk-Suffolk-Boleyn (Bolena, en español) conducente a que el magnate Túdor convocase un Parlamento para que lo divorciara. Reunido éste, Enrique le opina en privado al embajador español que esperaba que el Papa y los cardenales abandonaran la pompa…. Y que si Lutero se hubiese limitado en su celo reformador a condenar estos abusos, él, en 1521 no habría atacado sus tesis sino que las habría sustentado. Concluyó diciéndole a aquél que el poder del clero era sólo el de absolver a los pecadores. Finalmente opinaba que el Papa tenía un poder limitado. Con esto asumía Enrique la idea gibelina de los emperadores alemanes de que el poder político era independiente de la Iglesia. Miércoles, 24 de agosto de 1988.
Heresiarcas y cismáticos (V) Siempre se ha opinado que la causa del cisma llamado de Occidente, o sea la separación de la Iglesia de Inglaterra se debe a los deseos monárquicos en relación al deseado divorcio del Rey y a su ulterior matrimonio como causa única. Y es verdad, sólo que a ese factor se le suman otros varios de profunda índole política (el deseo de enfrentar al Imperio hispanoalemán de Carlos V y a su aliado, el Papa) y a los deseos reales y de la nobleza de Inglaterra de confiscar el inmenso poder económico que la Iglesia británica tenía y que pasó al Exchequer o Hacienda Real en algo parecido a lo que entre nosotros colombianos y en el pasado siglo con firma de Rafael Núñez hizo el General Mosquera o sea la puesta en venta forzosa de los bienes eclesiásticos al mejor postor tres siglos después. Cuando el poder eclesial ha tenido intereses económicos y pretensiones de poder discrecional o político ha provocado la reacción que hubo durante el Renacimiento de parte del nacionalismo deseoso de la autonomía en Alemania y la ya anotada Inglaterra. En la rueda del tiempo que hemos venido tratando en estas notas desde los tiempos inmediatamente anteriores a la aparición del cristianismo como rector social y político tocó a Enrique VIII ya en la Edad Moderna concretar otra vez el poder religioso en cabeza del político (fundamento del césaropapismo) aunque los monarcas ingleses actuales desdibujan en su ejecutoria este rol y lo ejerce, realmente, la Curia Anglicana con su Primado el Arzobispo de Canterbury. Jueves, 1º de septiembre de 1988.
Getsemaní Uno de los símbolos de una ciudad es aquel que se señala con la expresión de los signos espirituales de la misma, y la obra del poeta es la quintaesencia de este sentir sobre todo cuando aquel limita conscientemente su canto al mundo interpretando el sentir de su raigambre natalicia, la ciudad del “corralito” aún se mantiene en sus barrios definida igual que su Arrabal de Getsemaní. El poemario “Poemas de Calle Lomba” es muestra inequívoca de que lo raizal cantado a fondo define lo universal de lo básico de la humana condición. Pedro Blas Julio Romero se ha erigido en rey de su “Congo” apropiándose de modo poético de la materia susceptible forjando así su hermoso libro al cartagenerísimo “Corral de Negros”. Poesía esta de sustantivación básica operante en la descripción con fuerza semántica, en veces dando valores renovadores a las palabras el poeta en intento logrado -no pocas oportunidades- de extender su poder creador de imágenes con una adjetivación fabulante que nos obliga a releerlas para convencernos de su existencia acepcional. En este barrio prototipo se ha cocido en muchos bindes y fogones un particular estilo de vida inquebrantado aún y todavía renuente en algunas callejuelas a desaparecer prefijado por las estrecheces de todo tipo incluidas aquellas que las mismas vías tienen y que han impreso carácter a los habitantes del mismo, cosa que los faculta para construir en algunos casos y en ciertas calles una familia larga. Barrio cuasi una “Kasbah” marroquí por su intrincado diseño es el ámbito que con su pluma denunciante de vicios y anunciante de bondades nos señala el poeta Pedro Blas Julio Romero. Reminiscencias de Benkos se unen en su libro a las de “Liliana Manghatan” (¿Manhattan?) y a las de “Cisco Kid” en una mojiganga intemporal de las gentes arrabalescas. “Getsemaní arriba” describe en todo su descarnamiento la infame feria del amor a destajo en la burdeliana Calle de la Media Luna, nocturno reino del obreraje del falso Eros con la capitana “la dulce Márgara” a la cabeza del venustino batallón y sus mánceres. El poeta es el gonfaloniero de este cuartel e insiste en su poesía donde convergen arrabal y nobleza; contrabandistas del Arsenal y gente que decanta su virtud en actitud rotatoria al abierto vivio, podre y crápula, sin histéricas estridencias ni gelasmos seudomarxistas. Vientos de poesía soplan sobre lo sórdido y decantan el aire que circunda por la Calle Lomba (Leona, ¿en bable?) siguiendo a la Calle de la Sierpe (hay una en Sevilla) y por la “del Guerrero” hasta revertir a la mismísima Bahía de las Ánimas por las apreturas de la Calle de San Juan en el arrabal de Gimaní. Viernes, 16 de septiembre de 1988.
El Cabrero de 1954 Lo que podríamos llamar la erradicación, o mejor, la renovación de los viejos cascarones en que, como buques encallados o sumergidos en el mar, se habían convertido las casas del viejo barrio de El Cabrero, comenzó con la demolición de la casona-tambo situada en la esquina frontera con el baluarte de Santa Catalina, de nombre “La Sirenita”. Después, siendo alcalde Juan C. Arango se compraron, más que se expropiaron, las que tenían “La Tenaza” como patio trasero, dando la vuelta hasta el “Espigón” de la misma, mirando al mar. Cuando yo pienso en El Cabrero lo hago haciendo reminiscencia de un barrio de ancianos, aunque algunos jóvenes debía de haber. Pero eso se debe a que ya vivíamos en otro barrio los hijos y nietos de los residentes del sector que aún vivían allí. Los hijos y hasta nietos, pues sólo estábamos durante pocas horas de visita y escasamente nos veíamos para jugar. Escuchábamos, eso sí, las historias de las Micolao, (Nicolao), -a cuyo padre el presidente venezolano Antonio Guzmán Blanco había nombrado cónsul de su país para que ellas fueran a Italia a educar sus bellas voces y lanzar al aire gorgoritos de oro- en las evocadoras tardes llenas de Soledad del barrio. Sabíamos cómo se trasladaba al mar por una rampa de madera doña Soledad Román de Núñez, para tomar baños en el mar Caribe y cómo pasaba las tardes sumida en el silencio de una mecedora donde el entonces joven don Daniel Lemaître debió entrevistarla para su hermoso y reminiscente libro sobre ella, “Recuerdos”. Supimos de la cancha de tenis donde se competía en el juego de los reyes con los gringos de la zona del Limbo en Bocagrande y más allá. Y de las mesitas de bido (¿o las de póker de algunos otros?) de las matronas libanesas como la mi abuela paterna Falamina (Filomena) Yabrudi y la de mi señorial tía- abuela María Gerala. Supimos de los melancólicos de El Cabrero que murieron de muerte natural y de los que se fueron voluntariamente consumidos por el tedio de la vida, (el “tedium vitae” de Garrik y de Silva), no obstante el vitalismo tropical del azul mar Caribe y del verdor de los cocoteros, y todo por leer a José A. que estuvo de visita en la casa del Pensador de El Cabrero o al maldito, <maudit>, de Nietzsche. El barrio de El Cabrero está en mi memoria como un ghetto lujoso y libremente escogido por los sirios y libaneses, que añoraban, no obstante que ya habían pasado muchos años desde su venida, las oscuras aguas del Mediterráneo y pretendían con sus casas altaneras poder ver la otra orilla desde este lado del Caribe verdiazul. De allí tal vez una alta terraza que conozco bien. En este barrio sólo el plástico que no se había popularizado aún podría subsistir, y así, ventanas se desgonzaban de sus oxidadas bisagras y los amarres de metal de las lágrimas de las lámparas de cristal de Baccarat se disolvían ante el ataque inclemente de la salinidad marina. De allí que la moda era al final de la vanidad que se compraran lámparas colgantes de madera. Aún no eran los tiempos del aluminio ionizado, es decir, que no se oxida. Un solo bus recorría la ruta de la Calle Real, y en ocasiones esperaba o llamaba a la puerta preguntando “si quien vivía allí iba a salir o no”. En el recuerdo no hay tiempo y así esto todo parece ya del lejano “candil y las pajuelas”. Visto desde el lado del mar transitando por la avenida Santander, que acabó con la insularidad del barrio y lo proyectó al nuevo urbanismo, como en los años treinta surgió al estilo pseudo republicano, se ve la hilera de casas que alternan con lotes que se preparan a ser alojamiento de bellos edificios como una dentadura deteriorada. Un nuevo Cabrero surge airoso y bello, además de moderno, y a sólo una cuadra del Centro considerando que uno pueda irse, como cuando éramos niños, a través del Túnel o “mina” de “La Tenaza” al centro o viceversa. Las risas de los niños de hoy se mezclan a los gorgoritos dorados de las Micolao*, entenadas del dr. Núñez que las envió a Italia a educar sus bellas voces de soprano. Lunes, uno de octubre de 1988. *Hoy que el autor recopila estas notas aclara que a la luz de los documentos que tiene en su poder pertenecientes al señor José María Rivera Ibarra, amigo y corresponsal que fue de las señoras Reneta y Conchita Micolao, dichas señoras no sólo no fueron entenadas del dr. Núñez sino que estas realmente fueron enviadas a Italia a estudiar canto por el presidente de Venezuela don Antonio Guzmán Blanco pues nombró a don Ulpiano Micolao, padre de las referidas damas como cónsul de su país en Roma, y no por el doctor Núñez. Ellos eran venezolanos, nacidos en Maracaibo, de ascendencia italiana. El apellido original era Nicolao.
¿Por qué Colón salió de Palos de la Frontera cerca de Moguer? Cuando Isabel tomó Granada en 1492 se cumplió el sueño visigótico que los astures comenzaron con Don Pelayo para reconquistar el suelo ibérico, dominado por un ejército béreber regido por una aristocracia militar islámica, de origen sirio. Meses después se decretó el edicto condenatorio de los seguidores de Mahoma que no se acogieran a la conversión religiosa. Todos los adoradores del Profeta de la verde bandera debieron hacerlo, so pena de la confiscación de sus bienes y del subsiguiente exilio al África originaria de la invasión en 711. De igual manera habría de suceder con los judíos de origen español, o “marranos”, si no abandonaban la Torá, base de sus creencias religiosas. Muchos miles de múdejares así lo hicieron antes del decreto citado, por múltiples razones, pero ahora se trataba de defender el último reducto de la condición humana, la conciencia y la identidad religiosas. Los hebreos se alistaron también en una premonición dramática del holocausto nazi por anticipado a salir de la vieja Sefarad bíblica, España. Para los hispano-árabes, Al-Andalus. El día señalado por la disposición real, fuertemente com-batida por las conciencias más altas de la Corte real por su intemperancia y sus efectos ruinosos sobre la economía de la Península, fue el día 3 de agosto del mismo año que corría, 1492. El puerto indicado por la orden de deportación emanada de la Corona fue el puerto de Cádiz, el mayor de todos situado en la vertiente atlántica de la costa española, y el que tenía la vocación para ser sitio de salida natural hacia la aventura colombina en ruta a Cipango y Catay, que ya sabemos, desde la escuela, cómo terminó, aunque el Almirante no lo hubiera tenido nunca por un Nuevo Mundo. A aquél le tocó escoger un pequeño puerto, descendiendo por la ría para salir con las carabelas “La Pinta”, “La Niña” y la “Santa María”, para el viaje que a muchos les sonaba a embeleco. Colón no pudo, pues, salir del puerto de Cádiz, abigarrado por moriscos y judíos en viaje de deportación, sino del de Palos, sitio antes insignificante. El mismo día se prendió una vela y se apagó un lucero. 12 de octubre 1988.
Paul Gauguin en Panamá Un gran proyecto se le había ocurrido en 1887 durante su estancia en París a Paul Gauguin, que ya se había retirado de la actividad búrsatil y llevaba una existencia muy mísera. Se iría a Panamá a trabajar. Otra de las nostalgias quiméricas productos de sus vagabundeos por las costas americanas, sólo que a esta se le sumaba una nostalgia bancaria pues su proyecto era trabajar en el Istmo con el esposo de su hermana Marie que era colombiano. Y dirigía una casa de banca allí. Ya en Panamá, Gauguin fue fríamente recibido por el que él menciona como el “imbécil de mi cuñado”. No sólo ese Uribe cuyos negocios no eran tan brillantes como parecía no le ayudó en nada sino que según el pintor era “ruin y rabioso”. Interesante hubiera sido conocer la opinión que de su fracasado cuñado tuvo Uribe del pintor que le llovió del cielo en esa época. Se queja también de que los colombianos –los panameños lo eran en esa época- habían transformado la Isla de Taboga, en que según él se podía vivir sólo de frutas en un infierno. Durante su estancia trabajó en la ciudad portuaria de Colón dibujando retratos, los cuales han sido siempre el desvaradero de los pintores con el mecenazgo de la pequeña o en algún caso gran burguesía, cuando ya están consagrados. Gauguin se emplea entonces como destripaterrones en la obra del canal, trabajo agotador pero que llena el bolsillo. Los accionistas de la compañía muestran poca confianza en el desempeño de las obras y el personal comienza a licenciarse. Primero fue para Gauguin la quiebra en París, a la que sucede la de Panamá. Con Laval su amigo y los pequeños ahorros dirígese entonces a la Isla de Martinica. Al fin, enfermo de disentería el pintor vuelve a Francia como marinero en un barco a vela. La aventura panameña ha llegado, pues, a su fin. Pero el exotismo de Paul Gauguin lo llevará otra vez fuera de Francia. Comienzan a desfilar en su sueño “Ana la javanesa: Aha oe Feli? ¿“Qué, tienes celos? Y de “Vahine no te miti”, “Mujer del mar”. Viernes, 4 de noviembre de 1988
En el Anafe Por dos cosas trabaja el hombre y una de ellas es por haber mantenencia, según el repetido verso conocido del jocundo y sanguíneo Arcipreste, que tanto cantó a la copa y al buen comer. Y todo, en versos llenos de humor de la mejor ley. El libro “En el anafe” de Luis Guillermo Martínez, el “Willy”, comienza con la descripción en gustátiles versos de la culinaria más vernácula, como que sancocho, frituras, cazabe y mondongo son los temas escogidos, para en el estilo de trova popular de la décima teja primorosos versos, que se constituyen en pinceladas estampadas de colorido local, o en brillantes cromos de la vida cotidiana cartagenera. El antecedente cartagenero que conozco de esta manera de rimar en broma, y a lo burla burlando, es Don Daniel Lemaître, en aquellos telegramas que la tal Pepa Simanca se cruzaba con sus corresponsales supuestos. El cantar de Willy no entra en rebusques verbalistas, ni apela a tropos ni figuras de los malabaristas de la poesía, sino que se nutre en el inmediatismo del habla popular y de los personajes y situaciones de la tierra. El entorno poético de “En el anafe” es fundamentalmente el Corralito, pero dándole cabida a prototipos de personas de origen pueblerino, como en la mejor trova sabanera. También de este estilo se nutrió, y se nutre, la poesía que pudiéramos llamar “cartagenera”, si eso existe de modo independiente. Es que las menciones permanentes a calles, a personas populares que se han destacado por sus sencillos oficios, y a personajes de campanillas en la política casi nos lo hace sentir de esa manera. La poesía de Willy también entra en aquella, cuasi fabulando y con ligerísima ironía que alerta la mente, para descubrir a los personajes que no nombra abiertamente y la gracia para burlarse sin herir a nadie sino divertirse un poco y alegrar al lector. Algo hay de evocador en la poesía de Willy, y la evocación es la mirada hacia atrás de algo que desde la infancia se grabó en la mente del poeta, desde los tiempos del colegio de La Salle y las idas todas las tardes al Teatro Padilla donde el anafe en la puerta del mismo siempre estaba en ascuas, lleno de patacones, que no eran “pisaos” en esa época, empanadas con huevo (no arepas con huevo), carimañolas y las de maíz dorado que se mojaban con guarapo que un inmediato vendedor ofrecía por unos centavos. En el poema el “Coche Cartagenero”, la sensación de movimiento que se causa en el lector es muy grata y dinámica pues el poeta Martínez lo lleva raudamente de una calle del Centro de la ciudad al Arrabal vecino de Getsemaní, y por las callejuelas nombradas por sus nombres propios. Tiene todo esto muestra de la admiración que Martínez profesa por la poesía del Tuerto López, tan urbana ella, pero también incursionando en “cromitos” provincianos, ligeros y satíricos.
Los seres queridos El culto a la muerte, o mejor a los muertos, es tan antiguo como el hombre mismo. Lewis Mumford sostiene que los hombres fundaron las ciudades cuando siendo transeúntes, tornaban a los sitios donde habían enterrado a sus muertos, una y otra vez. Según eso, habría sido el culto a los muertos la verdadera razón de que los pueblos pastores y carnívoros se asentaran y fundaran las ciudades, y no el establecimiento de la agricultura por parte de la mujer, según otros teóricos de la historia de la cultura. Lo cierto es que como lo dice el Buendía que en un mal día mató a Prudencio Aguilar en “Cien Años…”, sólo con el enterramiento de los huesos que trajo la huérfana desde Manaure y que hacían “cloc-cloc”, ésta se sintió, cómo él, perteneciente a Macondo, recientemente fundada. Es que los seres queridos desde los reyes del antiguo Nilo se han tenido como objeto de un complicado ritual funerario, que además de elaborado, por simple que sea, es asociado a la condición de lo caro que resulta a nuestros afectos el muerto. Pirámides, hipogeos, siguieron a grutas, cavas y empalizadas utilizadas para depositar a los que se fueron antes, como no fuera en la propia barriga de los deudos, en la ingesta antropofágica de algunos pueblos. Entre nosotros son ejemplos de los segundos los cementerios subterráneos de Tierradentro y de San Agustín. Una película llevó el titulo que esta nota tiene. En ella el director hizo gala de su humor, naturalmente negro, para satirizar toda esta parafernalia, que en la ciudad citó a todos los “pomposos” del arte del bien morir, o mejor, del bien enterrar. Esto, no obstante que entre nosotros apenas tiene la gente para vivir, o mejor subsistir, en el mejor vividero del mundo, como los que han viajado llaman a nuestra Carta-gena. Sí, porque después de haberse impuesto contra “cajón y nicho” la idea de la cremación ésta ha resultado improcedente ante las dificultades de implantar un modo que resultaría más barato e idealmente pulcro, además de aceptado por la Iglesia, que sabe bien lo de la idea de que el fuego es purificador, como símbolo y como realidad. En Barranquilla con los “Jardines del Recuerdo” se presentó el caso de que vendidos todos los lotes, los comerciantes abandonaron el campo por la vía de Villadiego, y así se dio el más raro caso que se haya visto: el de que cuarenta personas invadieron como colonos el sitio y de que viven no de cultivar hortalizas sino del riego de tibias y peronés, huesos duros de roer. Aquí se presentan casos como el que me contaba alguien, propietario de lotes comprados y pagados totalmente por su padre, desde mucho antes de éste fallecer. Fallecido éste intempestivamente mi amigo solicitó, al día siguiente, los servicios, mostrando sus papeles de “Propiedad horizontal”, la respuesta que recibió fue que ese lote no estaba excavado, y pidiendo que lo hicieran se le contestó que eso lo hacían con aviso de veinticuatro horas anteladas. En el impasse preguntó con el desfallecimiento propio de un beduino, que qué hacía entonces, que el muerto se le pudría en la sala de velación al lado de dos sirios (no cirios) amigos suyos. La respuesta seca y lacónica, como la de la Pitonisa del Oráculo de Delfos, fue ¡Tiene que comprar uno de los lotes que nosotros en prevención tenemos ya abiertos, pero eso le cuesta el doble de lo ya pagado!
Alcatraz glotón; Urraca ladrona En literatura, grande y pequeña, siempre han anidado las innúmeras especies de los maravillosos volátiles que son las aves. Dejando de lado la literatura mítica que los trata abundantemente nos limitaremos a citar su inclusión por parte de los poetas y narradores colombianos, tanto costeños como interioranos. Entre nosotros ya constituye casi una prototipia la simbolización que don Daniel Lemaître hizo del alcatraz en su magistral soneto. Aunque la humana estupidez los condenara a la extinción, el de don Daniel en una página doblada según las indicaciones del origami, podría, buenamente, surcar los cielos marinos y costaneros de la gloriosa Cartagena de Indias y hasta servir para comprar el número de la lotería, según popular conseja, adquiriendo la cifra que simula en su raudo volar. Pero sin duda el poeta inmenso que fue De Greiff, vivía en la cuadra vecina a nuestra universidad, podría ser descrito como el poeta antonomástico (¿antonomásico?) de las aladas criaturas, las aves, no sólo comparable sino superior, incluso, en la cita y en la abundancia del uso simbólico al mismísimo Neruda que muchas citó en su obra, y de ma-nera muy especial en su canto a las aves del Caribe. En prosa poética, aparecida en escritos periodísticos, también ha dedicado su atención a las aves nacionales y de la costa en particular el poeta Bossa Herazo, dentro del comento crítico a obras pertenecientes al género de la literatura ornitológica que entre nosotros ha tenido cultivadores de la talla del barranquillero Dugand, Olivares, Borrero y de los Hermanos Apolinar y Nicéforo, lasallistas. Cuenta Dugand que las dos primeras aves descritas en relación a la localidad de Cartagena de Indias fueron el chavarrí y la “viudita”, por Linneo en 1776. Carlos Bonaparte, sobrino de Napoleón, clasificó cuatro colúmbidas de las cuales anotamos la “tierrera gris” y la “tierrera colorada” en 1885. En su relato “Zoro”, Jairo Aníbal Niño cita al “avetente”, por otro nombre popular “trompetero”, que en la obra de Humberto Álvarez López, Ph.D., editada en 1979 por el Banco Popular y el Departamento de Biología de la Universidad del Valle, está clasificada como perteneciente al orden de los gruiformes. Pertenece a una familia pequeña compuesta de apenas tres especies existentes en la región amazónica, de las cuales la que Niño inserta en su obra es la nombrada taxonó-micamente como “Psophia crepitans”, que vive en Colombia. Acepta aquella con facilidad la cautividad como especie guardiana y ornamental; supuestamente devoran serpientes venenosas. Son homófilas y de convivencia pacifica con las especies de corral, además de favoritas en los aviarios por su plumaje y su voz, que le da el segundo nombre ya anotado. De allí imagino la tomó el buen narrador de la ya anotada obra, “Zoro”, edición de Carlos Valencia Editores/Bogotá, 1979. Otras menciones posibles, en las artes en general, alusivas a las aves se presenta en la música o mejor en la ópera, como en la denominada “Gazza Ladra”, de Gioachino Rossini, que no debe ser traducida macarrónicamente como pudiera creerse como la “Garza” sino la “Urraca ladrona”. Que como cualquier plumífero pone a buen recaudo su posición, que no postura, para ver de sobrevivir de muy lozano modo. Viernes, 9 de diciembre de 1988
Un pintor de Cámara El retrato y el paisaje fueron los dos grandes temas o géneros de la pintura colombiana de finales del siglo pasado.Gracias a los primeros tenemos una interesante iconografía de los personajes más destacados de nuestro país. Sin duda, el pintor más notable en este campo fue Epifanio Garay, nacido en Bogotá y fallecido en Villeta (1849-1903). Esto hasta el punto que se puede decir de él que fue el pintor “oficial” de la burguesía de la época. Sus modelos posan reposados y constituyen una larga galería ante su pincel, expresivo del gusto y de la sensibilidad bogotanos de la época, aunque dejó obras en otras partes del país. Dejando de lado la anécdota de algún detalle del vestido del retratado, captaba Garay a través del tra-tamiento del rostro y de su expresión característica, personajes auténticos y particularizados. Pintor verista por excelencia dejó un retrato de Núñez, que se halla en el Museo Nacional en Bogotá, frente a su escritorio y mesa donde reflexionaba largamente en su soledad de El Cabrero. De su obra dice Giraldo Jaramillo, refiriéndose a “La mujer del levita” (Museo Nacional de Bogotá): “La ú-nica academia memorable de la pintura colombiana del pasado siglo, que, a pesar de su carácter demasiado patético y teatral encierra positivos valores plásticos”. Garay estudió en Bogotá con el pintor mexicano Felipe S. Gutiérrez (1824-1904) y adelantó los mismos estudios con los franceses Bouguereau y Ferrier. Fue compañero de premio de la famosa María Barkirtseff, tan citada en su novela “De sobremesa” por José Asunción Silva, personaje tan real como novelesco, especie de Nietzsche femenino. Trabajó Garay con dificultades cuando se trataba de inventar un asunto, y se atenía a la academia, lo que lo limitaba artísticamente, según la crítica. Sus obras son fáciles de reconocer, pues su presentación es pulcra y nítida en los personificados y su acabado es de mucha finura. 18 de diciembre de 1988.
Calamarense de gran humor “Paideia” es un vocablo griego para significar enseñanza, educación, como que viene de la raíz “paidós”, niño, pero también en sentido lato se convierte en sinónimo de “cultura”. El simpático amigo Mono Escobar, sostenedor de tesis curiosas -y en cierto sentido revolucionarias- en el buen humor, está organizando en su mansión (apartamento) del barrio de Crespo, en donde las tornasolinas aguas de su amado Mar Caribe lamen casi sus cimientos, un grupo de peripatéticos, si hablásemos en términos de Aristóteles (que el siempre apostrofa como el Estagirita) pero para los cuales convirtió el racional “paideúticos” griego en el para él más caro voquible (horroroso sinónimo, pero obligado para no reiterar) caribeño “paideyunos”, que no deja de sonar a los oídos cultistas de la ciudad como a algo así como lo que amasaba y vendía la mamá de don Miguel Antonio Caro, pandeyucas. Pero así lo ha querido el “Calamarense” y así será para todos los que han respondido al llamado del Festival de Música del Caribe. Entre los asiduos a esos baños de mar con paseos, en donde se habla de todo “lo divino y lo humano también” está el Poeta Turbay, quien recita con su empenachada voz su magnífico poema “Al padre”, traducido a treinta y seis idiomas, y eso sin haber él nunca publicado un libro, con lo cual da un mentís a todos esos intonsos pasados de moda, que suponen que sólo es escritor quién publica bajo ese formato, tan costoso hoy día y tan improductivo, para el escritor y en veces hasta para la misma editorial porque la gente no lee. 21 de diciembre de 1988.
Fabulilla de Homobono Era el día de la Virgen del Carmen de un año cualquiera. La bella advocación que congrega en el centro de la ciudad a multitudes de férvidos creyentes. Y a señoras, que en algunos casos, tienen años de no salir a la calle. Todo por la virgencita del Jardín, que creo es de donde toma el sonoro nombre. HomoBono estaba en un banco, cobrando por ventanilla, como dicen, un chequecito de poco menos de cincuenta…. mil. La hora de salir fue llegada y los porteros del banco procedieron a cerrar las puertas, permaneciendo dentro los usuarios que ya estaban. El cajero comenzó a contar de un fajo de billetes de a mil, que se acababa en sus dedos de prestidigitador, rápidamente, e hizo señal a un “patín”, de que lo proveyera de más efectivo. Así el “patín” volvió y por sobre su cabeza le lanzó al referido cajero dos fajos. Pero eran de la denominación de a dos mil, que ya corrían en el curso forzoso. Y el desventurado, hasta ahora, cajero, no se dio cuenta dando a HomoBono, cobrador del cheque, el doble…. cien mil pesos, contantes y sonantes, y como tales facultaban a su poseedor a quedarse con ellos sin problema. En el barullo del sinfín de gentes, el deseo era tomar el auto y dirigirse al hogar. Al llegar y contar fue como en la fábula, el dinero sumaba el doble del valor real del instrumento-valor. Y comenzó la misma conceptuación de la mujer del pescador de un pez que se había tragado un anillo. Es decir, comenzaron las suposiciones y los comentarios de qué hago, o mejor, de qué haré con este dinero. Llegaba la noche y ya se había hablado de una gargantilla de oro para ella, de nuevas toallas y sábanas, que ya estaban las de diario raídas del mucho uso, o pagar las infaltables deudas de los de la afligida clase media que no puede dejar de firmar contratos leoninos pero tampoco tiene mercancías a las que subirles, en readecuación, los precios a voluntad. ¿Qué hacer?.... Rápidamente la duda se cortó, como el famoso “nudo gordiano”, llamando al gerente del banco afectado. Este dijo, aun estamos aquí reunidos por ser viernes, pero en el arqueo todavía no hay reporte de un faltante como el que usted dice. La voz al fin del hilo dijo, es que yo quiero devolver esta suma esta misma noche. Le fue respondido que ya que había avisado podrían esperarlo, buenamente, el siguiente lunes. Y así fue. Días después, el gerente amigo falleció en infausto y absurdo trance, a la edad en que aún se está en medio del camino de la vida. (Dante dijo: “Nel mezzo del cammin di nostra vita mi ritrovai per una selva oscura”). ¿Y qué pasó con la gargantilla deseada por la esposa del personaje de este suceso? Pues que, aunque parezca mentira, éste se ganó una en una rifa y ésta la luce aún, con el doble orgullo de tenerla y de que su oro no brille con la desgracia de otro. En cuanto a las sábanas y toallas y demás ropas de baño y casa, lo que en francés, bellamente, se llama, “la linge”, está hoy vieja otra vez, pero es otra en todo caso, es decir, siempre se pueden fiar otra vez con la tarjeta de crédito. Lo que he contado es digno de creerse y me limito a transcribirlo. 27 de diciembre de 1988.
La nieta de Rafael Núñez La memoria se nutre ahora con la técnica del ojo subjetivo que rápidamente recorre la confusión reinante en vías y pasillos, desde la Plaza de Bolívar hasta el “Callejón de los Patacones”, en busca de las cartas que nunca llegaran, al apartado aéreo, que persistimos en seguir usufructuando por puro romanticismo a pesar del caos circunvecino, a donde Avianca lo pasó para servir “mejor” a los usuarios. El callejón, obturado por los laminadores de tarjetas y certificados de movilización, se abre en banquetas, que de lado y lado, muestran pantalones y suéteres que se remontan como la hiedra por los muros cercanos a ellas. En el arroyo, un hombre en cuclillas está agachado con un gran cepillo sin mango con el cual ensucia a todos los viandantes, que campantes y desesperados allí se entremezclan resignados. Ojos rápidos sólo ven el conjunto que masifica hasta lo inmasificable: la multitud viva y gesticulante de los rostros humanos que allí están reunidos. Aquí un codazo sin intención, seguido de una pisada en el talón donde la intención de fastidiar es manifiesta, y de pronto un rostro emerge del anonimato. Lo habíamos visto en fotografías antes, con sus sobresalientes y estirados pómulos que dan a la cara un aire de cansancio o de tedio, no sé si filosófico o de desesperanza, pero a los cuales acompaña un gesto labial desdeñoso y soberbio, de forma legítima, que le da la conciencia de ser quien es. Grandes pecas pueblan su frente y mejillas. Las cejas firmes y el paso aún estable, mientras la vemos a la distancia que dan dos cuerpos que nos amarran en el desplazamiento. Un traje de zaraza, o quien sabe si de estameña, o cosa parecida, la cubre ya ajada por los años, con esa chupazón en que en la ancianidad se convierten los pechos de las mujeres. En el cansino (¿Cancino?) gesto cierta dignidad a pesar de su extrema pobreza-cuasi miseria. Mientras ella viva en su aliento vivirá, más que en la Casa-Museo de El Cabrero, el espíritu de su abuelo. 30 de diciembre de 1988.
Monólogo dialogado con Víctor Tuvo don Víctor Nieto la deferencia de citar en amable y bien escrita carta la que sobre el barrio del Cabrero apareció publicada en estas páginas editoriales con mi firma. También una nota periodística puede tener su técnica literaria y utilicé la que utiliza cualquier persona para articular sus recuerdos. Me refiero a que a partir de un título -que incluyó la fecha- hilvané recuerdos de niño. Del que fui entonces. Muchos de ellos, como los de cualquier persona, constituyen un apelmazamiento intemporal de situaciones que se maceran en la memoria durante años y que son despertados por un mecanismo asociativo. No todos ellos se narran cronológicamente pues el tratamiento que se les da tiene poco que ver con las memorias sistemáticas. Más bien son “divertimentos” de carácter literaturizante que me permite en su liberalidad el matutino El Universal, fiel a su tradición desde cuando fue fundado, de que no necesariamente todo lo que aparezca en él sea de índole meramente informativa sino variopinta. En el proceso de recordar hay la inmediata noción de que los hechos son por lo mismo, pasados, y así, basta que unos tengan sólo un día y los otros años, y son para la posibilidad evocadora no histórica válidos en esencia. El relator finge lo que en cine se llama cámara subjetiva, que equivale en el lenguaje escrito a la ausencia de persona precisa, como cuando una escena capta a una persona bajo amenaza vista desde los ojos del asesino, pero éste no es descrito o es sorpresiva su irrupción. O un tiburón que ataca, pero el camarógrafo sólo muestra las piernas del bañista que va a sufrir el ataque. Sólo es una mención, pues mi nota llevaba un tono jovial y amable por lo mismo que son recuerdos gratos. Así lo entendió Víctor en su segunda lectura. Y así me agrada que lo haya hecho. Él mismo podría notar que no todos sus personajes citados eran de la misma edad, pero los asocia como tales por el sólo hecho de citarlos en ese orden. Sábado, 7 de enero de 1989.
Crónica pasajera La ciudad vieja de Cartagena fue definida en sus calles y sitios de paso en un plano realizado en vísperas de la Independencia por el coronel Manuel de Anguiano con fecha de 1808. Posteriormente y con el transcurso del tiempo otros sitios de paso, o pasajes, se abrieron en la ciudad con motivo de la actividad mercurial. Varios fueron estos sitios pero en la actualidad realmente y a modo de calles peatonales con transformación arquitectónica integrada al nuevo uso subsisten todavía, y de modo ya definitivo, por su utilidad y por su integración a las costumbres de las gentes en su desplazamiento el Pasaje Leclerc y el Pasaje Dager. El primero situado en la mitad de la manzana de Getsemaní que enfrenta al Centro de Convenciones y tiene como vecina la iglesia de la Orden Tercera, calle de por medio. El mismo alivia el tránsito peatonal en el mencionado sector, pues permite el paso a la Avenida del Arsenal en cualquier dirección, indistintamente, lo cual lo justifica ampliamente. El otro pasaje está situado en la antigua Calle de la Carreta y franquea el paso hacia la avenida Carlos Escallón, enfrente del Banco de Bogotá. En los bajos de la casa donde se abre el Pasaje Dager habitó hasta su fallecimiento en 1906 don Joaquín F. Vélez. En el año de 1844 y con el sello de la entonces República de la Nueva Granada, se expidió una escritura en la que aparece que por deudas contraídas por el propietario de la referida casa, el señor Domingo Pérez Recuero, se sacó la misma a remate, a los siete días del mes de noviembre de 1844. Lo hizo el procurador del número, señor Andrés Estarita, a nombre y como apoderado sustituto del presbítero señor don José Dávila y Lanas, quien era el acreedor insatisfecho. Pérez Recuero reconoció la acreencia, y sobre su propiedad se trabó ejecución y embargo. El pregón para el remate se hizo desde las doce del día hasta las tres de la tarde. Este se hacía en la ciudad en aquella época vo-ceándolo en lugares públicos, como calles y plazas, entre éstas la de la Proclamación. Hizo postura el señor Juan Antonio de Arias, es decir, ofreció por la casa alta que se estaba pregonando la suma de 8.115 pesos, un cuarto y seis centavos que correspondía a los dos tercios del avalúo de la propiedad. Se apercibió de remate, por voz del mismo pregonero que salió diciendo de la manera siguiente: “pues que no hay quien puje ni quien dé más por la casa alta que se ha pregonado…. apercibo (aviso) de remate, a la primera, a la segunda, a la tercera, que es buena, que buena, que buena pro le haga a quien la tiene puesta”. Con este procedimiento, y diría yo que curioso ceremonial, la casa en mención pasó a ser propiedad del señor José María Pazos. Dos eran los censualistas interesados en esta venta forzosa, el señor Dávila y Lanas y el presbítero Manuel Joaquín Paz, administrador que era de la obra pía de la caridad de n. señor Jesucristo, quienes eran acreedores. Así, a los diez días del mes de diciembre, el señor Rafael Esquiaqui, juez parroquial de la Catedral, para dar efecto a lo mandado le dio posesión “real y corporal” al señor Pazos, con las formalidades, que eran “hacerle pasar por todas las piezas de la casa, abriéndoles todas las puertas y ventanas, etc. Pazos vendió posteriormente al dr. Dionisio Epifanio Vélez la casa en mención, definida entonces como “casa alta, con tienda y almacén; DE PIEDRA, (sic), madera y teja”, que lindaba con propiedades que eran de herederos de Juan Bautista Trucco, enfrente; por el costado derecho, entrando, con casita alta y tienda del señor José Salcedo; por el izquierdo, con casa alta, tienda y entresuelo de la señora Teresa de Janón, y por su fondo o espalda, con casa baja y accesorias, detrás de la carnecería de propiedad del señor Juan Eckart. El señor Dionisio Epifanio Vélez era vecino de Río de Hacha y estaba de tránsito en esta ciudad. Reconoció a su vez el pagar réditos al seminario conciliar, del que era deudor el promitente vendedor señor Pazos. El síndico señor Manuel G. Morales estuvo presente para el efecto en la transacción. Finalmente, en 1932, los sucesores de don Joaquín F. Vélez vendieron la propiedad a los hermanos señores Alejandro y David Dager Bishara. Se ha conservado en algunos pasajes de esta breve, y no exhaustiva relación, el lenguaje curialesco y notarial de la época de expedición de las escrituras que sirvieron de base a esta prueba diabólica cuya fecha más antigua es la de 1844. Martes, 10 de enero de 1989.
Manes de Huxley y Hearts en la cultura No toda clase de obscenidad tiene que ver con la pornografía (de porné, prostituta) o sea con tipo de alusión al lamentable amor venal. Últimamente en los medios escritos y en la televisión existe una avalancha o alud. O riada, o desbordamiento, de otra lamentable posibilidad deprecativa de la humana condición. Me refiero a la noticia miserabilista con la que presuntamente se busca lograr ayuda para los infortunados, mostrándolos de manera tal que agotan en el informe la poca dignidad que les pudiere aun quedar. La “caritas” es un sentimiento de solidaridad mientras que la compasión sólo alienta el desfallecimiento de la voluntad del ser humano para redimirse. Claro que todo esto es presentado con el mayor ánimo sensacionalista de que se pueda echar mano para dar énfasis a la noticia. Otra explotación manipulatoria de la sensibilidad con fines mercuriales tiene como objetivo entrar a saco (es un decir) en la vida privada, sobre todo de los lábiles sociales, desde el punto de vista cultural, como los pertenecientes al ejercicio boxístico, para dirimir en público por parte de locutores de radio y de canales de televisión el problema del caso. En ocasiones la chocarrería, el mal gusto y la carencia de respeto los lleva a entrevistar, a modo de presuntas encuestas, a personas que bajo la forma anecdótica cuentan públicamente asuntos que sólo pertenecen a personas especializadas con alta ética y a los propios incursos en la situación, porque forman parte de la integridad íntima más descriptora de la identidad del ser. El “omairismo” es el nuevo sindrome informativo nacional. Este es ubicuo y polimórfico como Proteo, pues a veces asume la imagen de la fotografía de Molinares atado a la cama de enfermo, acompañada de un repugnante regodeo descriptivo aparecida en los periódicos capitalinos, carentes de toda consideración para con aquel a quienes dicen ayudar con semejante procedimiento. Otras ocasiones el sensacionalismo adopta (término inadecuado pero asociado a lo de la maternidad) la presentación “amarillista” (manes de Randolph Hearts o de la novela de Aldous Huxley), la inverecunda actitud de la revista “Cromos” con la imagen de una niña a la que el infortunio convirtió en madre (no sé cual, pues no compraré esa edición por lo mismo que recházola por manipulatoria de bajas pasiones para hacer dinero con el drama terrible que constituye un hecho como ese en nuestro país) a la edad de nueve años. Repugnante forma de obscenidad y pornografía a la vez, disimulada por los “pseudos” posibles de hacer con la palabra escrita para justificar el que la gente vaya, influenciada por la falencia selectiva y de criterio respecto de lo que quiere ver y soportar, a comprar el número amarillo (“Crome”, en inglés, describe el morbo sensa-cionalista que se usa para vender, en el periodismo, y yo diría que la palabra es susceptible de extenderse a otros campos. Sábado, 14 de enero de 1989.
Gracia y humor de brasileros Entre el material gráfico -periódicos, revistas y libros– que un buen amigo nos deja leer provenientes de Brazil (con Z) nos encontramos con la revista Playboy, editada en portugués (lengua asociada al tortugués), donde se encuentran los registros de la moda en materia de ropas, libros, música, usos y costumbres de tipo variopinto en la balumba cambiante de ese extraordinario Coloso del Sur. Hasta las palabras adquieren nuevos sinónimos o en algunos casos palabras desusadas son dejadas de lado por vocablos castizos, pero que, como dije, se ponen de moda o mejor de temporada. Entre las costumbres de los brasileiros está una simpática, que en el criterio de los desalumbrados parecería chovinista pero que lo que es, en definitiva, es el dinamismo de ese país por volver nacional todo lo que llega a sus playas y asimilarlo, quitándole sentido a la xenofobia y sí domesticando lo que huela a extranjero brasileñalizándolo, si me lo permiten. En conversación con un abogado curitibeño éste me solicitó comprar para sí una cajetilla (maço) de Pallemalle y no pude encontrarle sus Pall-Mall, sus cigarrillos favoritos, hasta que yendo con él los vio en una chaza callejera. Don Jorge Dib hablaba también de Novayorque y de Londra, y para él, el “jet” en que había venido a Colombia era realmente un “jato”, cosa que me confundía porque creí que quería decir “jeep” cuando empleó el término por primera vez. ¡Y el suyo había sido un viaje muy largo! Pero volviendo a la mencionada revista, versión suave de la de Hugh Hefner, recordé la visita de unas jóvenes viajeras que fueron a la Universidad Tecnológica a vender mapas para <pane lucrando> ir mientras estaban de viaje por toda América. Una de ellas preguntó que cómo iban al centro de la ciudad y cuando oyeron la respuesta de que en buseta se sonrieron con malicia. Pero, en esta publicación, la palabra quedó atrás, como lo que denomina, pues en esta temporada (1989) se le dice en Ipanema al trasero, bum bum, lo de garota quedó para la canción de Vinicius de Moraes; y en Copacabana, la otra playa, el término para desplazar al famoso Filho dental o minitanga, es calcinha, así, con nh, ¿no, dr. Jaime Gómez O’Byrne? Lunes, 16 de enero de 1989
Sueños y whisky La novela está para salir. Es una rara mezcla de realidad y magia africana. Donde intervienen personajes prove-nientes de varios continentes y países. Y que además tienen actividades y carreras diferentes, que les permiten tener diferentes versiones de la realidad de los hechos narrados en la misma. Sin embargo, el personaje que centraliza la acción es Hemingway, que los convoca para que lo acompañen al África de sus cacerías y sueños. Los distintos planos de la novela -novela de aventuras y de inquietudes- convergen hacia las montañas sagradas de Kenya donde viven los elefantes que protegen al pueblo de las gentes donde nació y vivió el gran Jomo Kenyatta. Una ensoñación -¿o sería el whisky?- es narrada prolijamente describiendo la matanza compuesta de infantes, animales viejos y hembras, que gimen en la noche africana invocando al Gran Elefante, que protege todas las formas de vida y que ha citado o despertado en “Papá” Hemingway, el deseo de consultar con él sobre todas las inquietudes antes de descerrajarse el tiro en la boca. En la expedición va una fotógrafa, un biólogo, cuyas vidas se enredan en exhaustivos viajes que engloban tres continentes y que dan curso a las pasiones entremezcladas. La magia y el cáncer del “Viejo” están presentes en la obra lo mismo que el fatal pistoletazo final. Es la ira, que antes desfogaba en la pesca y en la caza de trofeos por todo el mundo, desde la “Corriente del Golfo” hasta la sabana africana donde viven los leones de dorada melena que excitaban su ansia de vivir. En la idea mágica esa violencia ahora se vuelve ahora contra sí propio. De allí, como una lejana remembranza se deja velado el hecho de que su suicidio es la consecuencia lógica del castigo. Aunque no queda claro pues el Gran Elefante es, más que todo, un espíritu protector de la Vida. En la presencia de la magia y en su contrastación con el criterio científico de la expedición está la clave de esta nueva novela de Manuel Zapata Olivella. Sábado, 21 de enero de 1989.
Ramillete de nombres La posibilidad de imponer nombres a las personas no tiene límites, según muestra la realidad cuando se leen listas de los mismos en las publicaciones de prensa, ya sean confiriendo premios en las rifas o cobrándoles a los abonados las cuotas morosas del catastro, por los mismos caminos trasiegan las listas de conscripción. Igualmente, al subir a los buses que son denominados, como las personas, con nombres propios. La creatividad, como ahora se dice, para la escogencia de los mismos sirve para dejar lelo al más pintado, con la sorpresa asomada en la cara. Nombres de ciudades y países entran con garbo en la lista. No embargante que muchas veces sean ciudades que sólo se nombran en libros de arqueología. A partir de nombres extranjeros, se realizan conversiones de los mismos para llamar a criollos, de muy original manera. A veces reiterativa como aquellos que reciben en la pila bautismal o en la inscripción en el registro civil el nombre de William Guillermo. De las canteras marmóreas de la mitología clásica frecuentemente se echa mano para esta exótica onomatología (¡perdón!), que no por ello pierde sino acrecienta su atractivo. La gracia es que esas personas encuentren alguna vez en la vida a un tocayo. Si pueden. ZOROBABELIA, por ejemplo, sería feliz si así ocurriere. Muchos nombres emergen poéticamente de las páginas de “Las mil Noches y una Noche” que nos hacen pensar en que son leídas con ese expreso fin, lo mismo que las genealogías bíblicas. Algunos nombres son cambiados en su ortografía por la incómoda usuaria. Cuando llega a la edad adulta y estudia los nombres de las islas griegas. Martes, 24 de enero de 1989.
Avida dollars Es el anagrama con que se le conoció. De mala uva, como se echa de ver. Es una alusión no sé si real o supuesta a su codicia o avaricia. Todo esto ya no tiene sentido pues las inmensas sumas que ganó, pertenecen con su muerte, a la localidad de Figueras, su morada. El Marqués de Pújol (nombre asociado a la picaresca del cartagenero, por la supuesta nobleza de pergaminos de que algunos echan mano para descrestar paramunos) ha muerto. Don Salvador Dalí. En este siglo los dos grandes son él y Picasso, con quien mantuvo un picapunteo de sarcasmos e ironías. Parece que el anagrama se le debe al malagueño, hombre de mucha salerosidad. Pero se respetaban mutuamente. El uno transformó la figura a partir del “ojo que mira”, como lo llamó Vicente Huidobro en un poema, y el otro llevó el problema de la vida inconsciente a la plástica. Hombre genial (no sabio), sino como yo lo veo, es decir, persona que manifiesta su temperamento e idiosincrasia sin tapujos y con carga ideológica pero sin agravio a nadie. Porque hay que decir que Dalí fue desde su locura -entre aparente y real- un hombre de paz y de orden, salvo algún bastonazo que dio en su lejana juventud. Cuando ilustró Don Quijote firmó la obra en París con el registro electrocardiográfico, es que este tipo (ahora se hace necesaria la palabra) llevó a la summae cum laude la expresión del gran exhibicionista Oscar Wilde, relativa a que la gente siempre hablase de ellos. Pero no al modo de cortarle la cola al perro, como Alcibíades, sino con cosas de fondo. Fue galán galante de gala, antigua esposa de Paul Eluard, quien no resistió ser llevada como en un ballet de Diaghilev a vivir a la Torre Galatea. Fue su musa para espantarle la total locura y aunque gastadora era un talento comercialista del arte de su marido. Tal vez ella fue la que motivó el anagrama “Avida Dollar”. Jueves, 26 de enero de 1989.
Cristo en la obra de Kazantzakis Nikos Kazantzakis nació en Creta. Escribió una novela intitulada “Cristo de nuevo crucificado”, donde se narra la vida aldeana de una localidad griega bajo la dominación turca. En la población se recrea en vivo el Misterio de la Pasión, con el significante simbólico de la tragedia de la persecución eterna del hombre por su congénere. Uno de los aldeanos a quien se le ha asignado el rol del Cristo en la representación va asumiendo, a medida que se acerca la época, poco a poco, una realidad consustancial a la actitud del mismo Hijo de Dios. Sus críticas a las inconsistencias sociales, a las injusticias, al colaboracionismo, a las relaciones de los griegos con sus opresores políticos del Imperio Turco, lo llevan poco a poco a un enfrentamiento, del cual ninguna reflexión logra apartarlo hasta que asumió como el “ungido” la muerte otra vez. De allí el titulo de la novela, que no es en sí misma una elucubración idealista, ni una novela religiosa en sentido estricto, pero si el testimonio de un cristianismo basado más que en las palabras en los hechos mismos. No debemos olvidar que Kazantzakis es en cierto sentido un espíritu religioso y un antecesor de la línea que llega hasta Revel con un intento de simbiosis entre Marx y Jesús. Nikos pertenece a un pueblo de alta conciencia mística donde las creencias religiosas y el mismo papel del clero asumieron el liderazgo contra Turquía, que iniciaba después de la primera guerra mundial europea un sustancial cambio político con Kemal Atatürk. La lista de las novelas de Kazantzakis incluye muchas obras, no obstante que en sus comienzos nada hacía prever que su carrera en el Ministerio de Asuntos Sociales de Grecia acallara al genuino escritor que realmente era. Incluye si formidable itinerario espiritual, la conocida “Carta al Greco”, en que se presenta ante el pintor como un soldado ante su general para rendirle un informe, y la controvertida “Última Tentación de Cristo” que ha servido de base para el filme de Scorsese. Sábado, 28 de enero de 1989.
Atlántida La primera mención a este tema fue hecha por Platón, proveniente de la relación que del mismo fue hecha por Solón, proveniente a su vez de la narración que del asunto le fue referida por los sacerdotes de Sais, en el delta del río Nilo. Aquellos relatos incluían el de la guerra sostenida en 1195 a.C. por el faraón Ramsés III que repelió la invasión de los Atlantes o “pueblos del mar”, hechos contenidos en los relieves de Medinet-Habú. Posteriormente y a partir de los diálogos de Platón, el Timeo y el Critias, el supuesto mito de la Atlántida se incrustó en la mente occidental hasta las épocas de las grandes navegaciones de portugueses y españoles que precedieron al descubrimiento de América. Muchos han sido los investigadores sobre el tema y las teorías expuestas al respecto son también numerosas. Pero la mención de Platón ha sido considerada por otros la construcción de un mito filosófico-político y nada más. No obstante, a partir de una aceptación de que la referencia del filósofo es una alusión histórica de hechos acaecidos, los estudios suman legión hasta nuestros días. Las distintas hipótesis van desde considerar la localización de la Atlántida en Tartessos, España; en las Islas Azores, (posesión portuguesa en el Atlántico abierto); en la región de Tanezruft, en el Sáhara, y en la isla mediterránea de Creta. En la obra de Jurgen Spanuch, número 36 de la colección Orbis, Biblioteca de Historia, se agrega la hipótesis que su obra expone, la de que la Atlántida sin duda alguna existió y que estaba localizada en el Atlántico Norte, en la región insular cercana a la costa alemana y escandinava, pro-piamente en las inmediaciones de la península danesa de la Jutlandia actual. Viernes, 3 de febrero de 1989.
Salón Nacional de Arte Con la promoción de Alberto Urdaneta en 1883 se inició la serie de grandes encuentros en el campo de las Artes Plásticas que concierta en la ciudad de Cartagena la versión número treintaidós. Los motivos impulsores fueron la necesidad de integrar culturalmente al país en una época en que las comunicaciones se limitaban al telégrafo, inaugurado años atrás por el presidente liberal Manuel Murillo Toro. De idéntica manera se buscaba en-tre los logros posibles a la mentalidad de ese momento que los artistas nacionales conocieran la obra de sus colegas en el territorio patrio. Los primeros Salones mostraron, naturalmente, la tendencia imperante en ese momento de la escuela academicista -no de la Academia- que había quedado como epigónica o final de la fuerza que en otro momento había producido a Garay. La entrada del Arte Contemporáneo se hace presente en el decenio de los años cuarenta, cuando la actividad se centra en la identificación de la presencia artística de jóvenes que como Enrique Grau logra el premio con su “Mulata Cartagenera”, hoy en el Museo Nacional. Alejandro Obregón, apersona el arte nacional con su obra patética en tonos grises, “Violencia”, en derredor del epi-fenómeno de la contrastación política que ha desastrado al país. Obregón en ese momento es la antena de cuarzo en que se sintoniza el campo pictórico del gran país que somos. Motivo de polémicas en años pasados -enriquecedoras algunas, necias las otras – ha pasado el salón por muchas vicisitudes que han enmarcado su rumbo en los ciento seis años -con las matemáticas (aproximadas) del Maestro Argos- de su existencia. La contemporaneidad se ha presentado durante ese tiempo en Guillermo Wiedemann, Grau -en su período cubista-, Obregón, Negret, Ramírez Villamizar y Botero para sólo citar a los grandes maestros actuales. No hay duda alguna ahora de la necesidad permanente de este tipo de encuentros en materia artística. El Salón -a pesar de todo- sigue siendo el gran encuentro cultural colombiano anual. Y esta vez fue en nuestra ciudad. Lunes, 6 de febrero de 1989.
Los atlantes son los mismos dorios Muchos son los argumentos que Spanuch trae en prueba de su tesis sobre el origen nórdico de las gentes emigrantes del norte europeo hacia el sur mediterráneo, huyendo del hundimiento de tierras de las costas cercanas a la antigua Frisia (hoy Holanda), causado por un cambio climático provocado hacia 1200 a.C. por deshielos en los glaciares, acompañados de marejadas inmensas que sepultaron la zona incluyendo algunas islas. La fecha citada, verificada, coincide con la incursión y el despla-zamiento de grandes pueblos por la vía terrestre hacia Grecia e Islas cercanas con movimientos posteriores hacia el Cercano Oriente, fundando ciudades en las costas de la Palestina hodierna. Textos egipcios aseguran su entrada en el Delta. Pertenecían a la rama indogermánica, de origen lingüístico y racial común a muchos pueblos ya asentados en costas del mar interior mediterráneo. Se les conoce como Dorios en la historia griega y sus apelativos en la zona oriental y africana son los comprobados de filisteos y libios. A éstos logró contener momentáneamente el tercer Ramsés (1195 a.C.) según los textos referenciados en los relieves de Medinet-Habú, en las cercanías del delta nilótico. Con la entrada de los Dorios se inició el cambio de la civilización creto-micénica, dominante en las islas y penínsulas griegas. Apareció el uso del hierro como factor desplazante de la tecnología basada en el uso del bronce. La textilería y la cerámica son artes indicadoras de esta certificada nueva civilización. ¿Entonces Platón, y Solón, antes que él, lo mismo que Critias, el Viejo y el Joven, citados antes por Platón, historiaron, y no crearon un mito o una fantasía, un hecho que necesariamente por sus enormes implicaciones técnicas y tecnológicas, de todo orden, debió quedar en la tradición oral hasta cuando en la edad histórica plena fue recogida por los escritores ya citados? Sábado, 11 de febrero de 1989.
El ámbar y los atlantes Dentro de las tecnologías de que se tenía conocimiento referencial de objetos provenientes de la civilización atlántica, o nórdica, está el asunto de un elemento fundamental, citado por Platón y que ha servido como eslabón inequívoco en la conexión secuencial de que los “atlantes” (pueblos de origen nórdico, indogermánico, que se desplazaron al sur de Europa hacia 1200 a.C.). En Egipto y en el ámbito del mar Mediterráneo se hallaron elementos hechos de ámbar. La duda radicaba en darle al ámbar valoración de metal, y era identificado con el cobre porque el vocablo empleado por Platón para él era “oreikalcos” (auricobre). Pero el cronista dice que era empleado para barnizar los templos y que era soluble en aceite, y el cobre no es susceptible de esto último. Spanuch dedica un capítulo a comprobar con datos científicos como la descripción platónica para el famoso “auricalco” no es dable sino en la sustancia fósil ámbar (resina milenaria, que el mar y los ríos del norte arrojan a la playa en sus movimientos, a partir de savias vertidas por grandes bosques sepultos por las aguas y seguidamente fosilizadas) y que sólo se encuentra, con esa composición química, específica, en la región déltica de los ríos Eider y Elba*, estuario delante del cual estaba sita la serie de islas que incluía a Basileia, que se hundió por completo, en una zona no muy profunda pues las aguas apenas tienen 20 metros de profundidad que han permitido, en épocas recientes, las investigaciones más serias. Estas investigaciones han comprobado que una acrópolis (ciudad elevada) se encuentra allí aún hoy, pasados casi 3.200 años, sepultada bajo las aguas. La Atlántida o la Isla Real (Basileia-Heligolang). Las citas, múltiples, al clima y al horario definitorio de la claridad solar, sólo pueden ser asociados al norte y a sus factores climáticos en la narración que dan Homero y Platón mismo en sus alusiones, tanto en la Odisea o viaje de Ulises, como en el diálogo el Timeo y el Critias, igualmente que la descripción, que según Spanuch, coincide con la que el Poeta definió la Costa y la desembocadura de los ríos donde naufragó el astuto Ulises, la tierra de los Feacios. Jueves, 16 de febrero de 1989.
Pobre Salman Rushdie Él nunca pensó de diferente modo. Está en la esencia de su creencia religiosa. Sostiene ser el heredero de Alí, esposo de Fátima, hija del Profeta. Es un chiíta, un fundamentalista. Su credo está enmarcado en lo que aprendió en la madrasa. De Imam ha devenido también en jalifa, término en desuso, pero no así su función. Es la concreción divina del poder islámico. El clérigo como inspirador de la razón de Estado. Y la base de esa inspiración, la expresión del fundador de esa religión. El coraichita Muhamad. El mismo del periplo de la Meca a Madinat-al-Nabi. El Ayatollah tiene asimismo la concepción de juez al modo sarraceno, es decir, también el poder judicial tiene como base la idea religiosa, que inspira todo el Estado musulmán clásico. El Jalifa como Cadi. De allí su decreto cuasi-militar (Fatwa) para castigar lo que él cree delito en la actuación de Salman Rushdie. Ni siquiera la larga perdurancia de los Pahlavi acabó con la influencia en las masas de la concepción religiosa shiíta en Irán. No pudo el Sha imponer en su país una concepción tripartita del poder que en Occidente alcanzamos con Montesquieu. Ellos no tuvieron Revolución Francesa; sino superposición de instituciones europeizantes que no calaron sino en las clases occidentalizadas. Pero no en la base popular. Ese es el poder del nuevo Jalifa, Ayatollah Rujollah Jomeini. Allah tenga de su mano al pobre Salman Rushdie. Jueves, 2 de marzo de 1989.
Los versos de Satán La Sura LIII es llamada de la “Estrella”. Fue revelada hacia el período de la primera emigración de los seguidores de Mahoma a Etiopía. La intención con la que el Profeta canceló los versos controvertibles es la prueba más enfática de la sinceridad del proceder suyo en esta época. Si así él no lo hubiera efectuado nada le habría sido más fácil que reconciliarse con el poderoso partido de la Meca, que recientemente había expulsado a sus correligionarios. La sura se viene refiriendo al árbol Sidrah, cuando a renglón seguido se hace la mención a los hoy famosos “versos de Satán” a que alude la obra de Salman Rushdie. Rezan así: “vio lo más grande, los signos del Señor. ¿Tú ves a Al-Lat y a Al-Ozza, y a Manat, el tercer ídolo, además? Explicamos que los anteriores personajes corresponden al Alitat de que habla Heródoto y que era adorado en Naklah, lugar al este de la Meca actual. Al-Ozza era idolatrado por la tribu Kinanah; sus sacerdotes fueron los Bany Solaym, tribu situada a lo largo de la ruta mercantil a Siria en las inmediaciones de Chaibar. El meollo está en que Mahoma rechazó esos versos con posterioridad a haberlos escrito, prescindiendo de esta manera de la facilitación que haberlo hecho le daba para resolver uno de los nudos controversiales, en su enfrentamiento con el poder de los jefes de la Ciudad de La Meca, el que en ellos aceptaba la idolatría tradicional mequense, mecana o mequiní y en cierto sentido daba bajo perfil a su concepción de una religión monoteísta. Los versos continuaban así en la primera recitación de la Sura: “Estas son las hembras exaltadas, (o los sublimes cisnes que se remontan más y más cerca de Dios). Y de las cuales debemos esperar intercesión”. Esas palabras que fueron recibidas por los idólatras con alborozo, fueron eliminadas por el Profeta Mahoma a los pocos días, atribuyéndolos a la inspiración satánica y definió el texto como se conserva hasta el día de hoy. Sin duda trató de allanar sus dificultades con un compromiso del que pronto se habría de arrepentir. En las Suras posteriores su énfasis contra la idolatría se hizo definitivamente patente. 22 de marzo de 1989.
O en la cocina o en un museo Antes de ellas el garrote o la carraca de burro fueron las armas usadas por el hombre para defenderse o cazar. En el dominio de los metales nacieron las que se denominan genéricamente “armas blancas”. Aunque no sé a ciencia cierta si las de bronce o cobre de las eras eneolíticas o calcolíticas también pueden denominarse así. Siempre he tenido la tendencia facilista a creer que se llaman así por que los metales en que están elaboradas son de color blanco, o mejor, plateado. Habrá que preguntarles a los oplotecólogos o estudiosos de las armas filosas. Históricamente muchas han sido las formas que estas han tomado en todas las culturas. Pero fue el dominio de la técnica del forjado del hierro la que le dio su bautizo definitivo en la ardorosa fragua. En ésta pasaba el cojo Hefestos todo el día para las armas de los guerreros míticos de la Ilíada. En el ajuar funerario de los egipcios eran pocas pero siempre reincidentes las dagas del duro metal. Han sido hechas largas, cortas, de un solo filo, estrelladas, como las que los Karatecas emplean a partir de la tradición japonesa. En los museos reposan curvas como cimitarras árabes al lado de gumías para la “puñalada marranera”, o traición de los amigos, de que hablan las canciones mexicanas. Cuando pensamos en los agudos “stilettos” renacentistas se nos pone la “carne de gallina” (de que otra carne se nos ha de poner) como en las películas de Darío Argento. Cómo será de compleja la reacción humana a esta fascinante floración de formas metálicas para la paz y la muerte que una de las fobias hace alusión a ellas con la consabida palabra raizal griega. Yo no sé si las macanas (hechas en madera afilada y endurecida al fuego) que emplearon los pueblos ame-ricanos contra el invasor español puedan clasificarse en el término de armas blancas. A lo mejor serán mestizas. La ciencia de un samurai se resumía en el forjar o saber a quién encargar el forjamiento de su sagrada hoja, que en momentos de orgullosa soberbia inspirada en el código “bushido” dirigía en ocasiones el guerrero contra sí en la ceremonia “seppuku” o en el “hara-kiri”. Romperse la hoja era su muerte. Mandobles o para dos manos, espadas, floretes, picas, lanzas, púas, punzones, machetes, rulas, guadañas, mohatras, puñales, cuchillos, facones, yataganes, hachuelas, facas de García Lorca y demás cuchillería vieja y nueva con múltiples usos pueden ser parte de este ya largo catálogo, digno del Museo existente en Lima, donde reposan millares y millares de ellas al conjuro de un coleccionista que llevó su pasión hasta la museografía. Martes, 28 de marzo de 1989.
El general en sus baños. Es un laberinto de baños el que durante toda la obra le prepara al general su mucamo José Palacios en la última obra de nuestro Nobel. Novela impecablemente escrita anclada en una concienzuda investigación historiográfica y decididamente parcializada con confesión de pluma y sin propósito de enmienda a favor del caraqueño. Pero volviendo a los baños estos son como el leimotiv que como un vía crucis de abluciones jalonan el ensimis-mamiento del protagonista principal y sus incursiones al exterior en su diálogo con los otros coactuantes de la obra. Que no es un relato como la obra “Los Elegidos” del expresidente López Michelsen sino una novela plena y completa no obstante el lastre que le ha podido dejar en un momento dado de la creación el sujeto histórico, y además de eso sacralizado, al magistral escritor de Aracataca. Los baños del general no son como los que los románticos llevaron al óleo con intensos cromos aludiendo a los de Sardanápalo (Assurnarsipal) o al aguamarina en la alberca que se mandó preparar en Capri el divino y depravado Tiberio que se adivina en el sensualismo burdo de más de algún soportado viandante en cualquier ciudad tropical. El General no toma baños con mucha espuma y apliques demasiado cosméticos. José Palacios se limita a embal-sarle el agua y a dejársela disponible hasta cuando éste así lo disponga en sus delirios o ensoñaciones hacia el lejano pasado. Los baños del general muestran la acuciosidad de éste en relación a su pulcritud física durante toda la obra en que el novelista muestra su veneración por aquel hasta en esos prolijos detalles de prolijidad y cuidado personal. Creo es una manera de equilibrar el descarnado modo de presentar la decadencia física del ilustre destronado y desterrado. La conjetura es posible en una obra en donde el primero en darse libertades en la recordación de hechos es el creador mismo. De todas maneras la tristeza manifiesta en el descenso del sujeto de ostracismo que terminó en Santa Marta es a todas luces menos dolorosa que otras muertes en que aparece la noción del baño de manera distinta a como surge chorreante un Agamenón matado por su propia mujer o al nunca perdonado caso de la muerte de un ilustre bañista asesinado por su amante Carlota Corday. ¿Será acaso el baño el sitio donde todos los seres humanos se igualan al despojarse del atuendo de las diferencias posibles antes de que estas se eliminen de una vez por todas en la fosa? Viernes, 31 de marzo de 1989.
Flor de Papel La ciudad está florecida toda en esta época. Los patios están engalanados como para fiesta. La que dan los colores vivos de las trinitarias estimulados por la luz solar. Es que la trinitaria es de América. De aquí se la llevó Louis de Bouganville para Europa y todo el mundo. A iluminar con sus hojas de papel los patios y las veredas de muchos lugares. Uno de sus nombres es el de Bouganvillea, por quien desde Brasil la diseminó por el ancho mundo de los admiradores de las flores. Pero otros nombres también la denominan igualmente, por ejemplo, flor de verano, vera-nera, y el que en inglés la describe de modo muy directo, Paper Flower. Flor de Papel. Dicen los libros que es una nictaginácea de hojas brácteas con lo que uno al buscar estas palabras viene a caer en cuenta que lo que parecen flores coloridas no son sino hojas, en coraza, que cubren a la verdadera flor que tiene en el centro y que son poco vistosas en realidad. Las hay por todas partes ahora y en casi todas las épocas del año. Sembradas en bardas, arraigadas en macetas, en-terradas en potes y plantadas en materas, amén de en el suelo mismo. Pululan en todos los sitios, en Manga, Cres-po y en el Pie de la Popa. Pero también en las líneas divisorias de alambres de púas en la vía a Turbaco. Algunas forman emparrados, otras adoptan forma de verdaderos árboles de leñoso tronco cuando en muchas otras ocasiones vemos que es básicamente un arbusto. Los colores son variopintos, el de Fuchs -fucsia-, amarillo de tonalidades cereza, anaranjadas, del color de las lilas y también de rojo-fresa. Es la fiesta toda de los colores incitando con sus pintadas hojas a los insectos. Pues es la estación de la mayor inflorescencia. Es la vida misma que se multiplica. Porteadoras cruzan en esta época del año por las callejuelas de la ciudad pregonándolas a la venta, ya listas para sembrar, en bolsas para este fin adecuadas. La flor de papel es muy agradecida como somos los viandantes en nuestro fuero interno con las personas que las multiplican por todos lados, dando a la ciudad su maravilloso colorido. Domingo, 9 de abril de 1989.
León de Greiff y el desdén de la poesía Algunas ocasiones las calificaciones de los poetas en su temática rondan aspectos como el honor, la belleza, las aves o la geografía y hasta la culinaria, a partir de su insistencia para tratar esos ítemes en su creación. Pero el tema del desdén, o mejor, de los desdeñosos, siempre ha estado un poco olvidado. ¿Y qué cosa, o cuál motivo, describirá mejor que ninguno a esos seres hipersensibles y susceptibles que conforman la raza de Saturno? Soberbios y olímpicos en su multiforme nombradía como Valencia, y de igual manera altivos en su sencillez orgullosa a lo Eduardo Castillo. El tronante Zalamea del “Sueño de las Escalinatas”, que en la antigüedad, se consideraba el vocero de las “gentes de mínima condición”, citándolas a la ciudad sagrada de Benares (Varanasi) para que la palabra “hienda los pechos”, como piedra de honda contra las injusticias. Todavía nos queda Silva, el soberbio Silva de los Nocturnos, pero también el Silva de las más Amargas de las Gotas. Su suicidio siempre me ha parecido, sin dejar de lado otros ingredientes posibles, un acto puro de desdén, hijo putativo de la soberbia. Pero esta adquiere en la pasta del poeta las actitudes más distintas, como que a veces toma el camino que conduce a la materialización de la misma a través de la admonición. Esta tiene el significado de amonestación y el de reconvención, pero no deja de lado su aspecto feroz de también constituirse en advertencia. Sin duda, León de Greiff es el poeta que en Colombia mejor encarna, lo que como clasificación, pudiéramos llamar la “poesía desdeñosa” o del desdén. Inclasificable en las escuelas poéticas colombianas, persona arisca en el trato social, poco convencional en el vestir y escribiendo su obra contra viento y marea, plagada de arcaísmos y retruécanos, alusivos a sus inmensas lecturas, para pasmo de los desprevenidos. Su ironía y su mordacidad, sin embargo, se concentra como exquisito elíxir de las “pomas del mago Zoroastro”, como dicen algunos de sus versos, en su célebre “Admonición a los Impertinentes”, de la que como abreboca transcribimos a continuación la primera estrofa, rarísimo ejemplo de aproximación de poesía y música contentivo de toda una teoría del desdén, propia de los saturnianos. Dice: Yo deseo estar solo. Non curo de Compaña Quiero catar silencio. Non me peta murmurio ninguno a la mi vera. Si la voz soterraña de la canción adviene, que advenga con sordina: si es la canción ruidosa, con mi mudez la injurio: si trae mucha música, que en el Hades se taña o en cualquier región al Hades vecina… Ruido: ¡Callad! Pregón de aciago augurio! Yo deseo estar solo. Non curo de compaña. Quiero catar silencio, mi sola golosina.
Por algo sería que Platón, poeta él mismo, sostenía que a los vates había que desterrarlos de su República, por fabuladores. Pero tal vez lo más difícil en ellos es la condición de ser impredecibles en sus zalemas y en sus desdenes. Lunes, 10 de abril de 1989.
Sustantivos y adjetivos La discusión entre quienes defienden el uso de la adjetivación rica en la redacción y quienes la rechazan ha sido el eje de la polémica entre descriptores y creadores. Entre informadores y ficcionistas. A veces el argumento ha sido evitar la discusión de ciertos temas con algún toque de dogmatismo y en otras es la referencia a la brevedad tan celebrada por Gracián que bien largo que escribió. A García Márquez sus detractores literarios le acusan de esto (de la riqueza idiomática que utiliza en sus novelas y cuentos) y de que en “El otoño del patriarca” hubiese prescindido de la puntuación excesiva (aunque llevó su exceso a casi no utilizar puntuación en la misma) que al fin y al cabo son reglas gramaticales que no siempre permiten y si, algunas veces, impiden el natural desenvolvimiento del ritmo prosódico en la narración. Particularmente la del narrador americano y caribeño que insurge en la literatura cargado del modo ambiental del habla común atropellada y enumerativamente caótica. Quien no entienda eso no entenderá nunca ese tipo de literatura. Aquí no somos azorinianos (tallista del vocablo), aunque él su gracia la obtuvo en parte de su sobriedad idiomática. Muchas veces nuestro sentido eufónico costeño nos obliga a escribir con el mismo ritmo. Es decir escribimos de oído como otros cantan o interpretan música de oídas igualmente. Y de allí pausas pero pocas comas, cuanto más puntos y comas, y sólo el mucho pensar nos recuerda que los puntos existen. Es un problema, sin duda, porque deja dudas y permite muchos resquicios o vacíos. Para la ley o las normas no es bueno ni aconsejable por lo mismo. Pero para el relato sí. Balzac, aunque usaba comas era aglomerativo y asimilativo y naturalmente desordenado pero al propio tiempo era muy parecido en su escribir a la forma natural de dialogar y conversar. En el trópico literario lo mejor es guiarse por el ritmo habitual en el hablar que hemos desde niños, aprendido, y después ver si allí también la gramática aconseja poner la puntuación. Ocasionalmente sale un “zoon grammatikon” a la palestra o al correctivo y nos mejora la plana. Pero ese es un riesgo que debemos correr. Domingo, 16 de abril de 1989.
La lucha en El Líbano La lucha se ha enconado otra vez en el territorio libanés desde la guerra que comenzó en 1979. Y ya ni siquiera se ha hecho elección de Presidente sino que el poder efectivo está hoy en manos del general Aoun en su Laberinto. Porque la situación ya ha dotado esta característica en el intrincado desarrollo del pequeño gran país. Medio país está invadido por Siria y en el sur igualmente han entrado los israelíes. Algunos puertos están en manos sirias y otros en control de las fuerzas de Aoun. La capital está “balcanizada” por completo en muchos cantones que intercambian bombardeos constantemente. Y no dejan acceso a la ayuda humanitaria francesa. La situación cada día se hace más confusa. La prensa internacional controla la información y sólo dice parcialmente lo que realmente pasa. Condicionado a los intereses pro-occidentales que tienen el lugar como un enclave estratégico desde la separación de la zona de Siria con la constitución del Estado independiente de El Líbano bajo la protección francesa y la salida de los franceses después de 1944. Siria es muy clara en su posición: retomar lo que juzga territorio sirio en su concepción de la Gran Siria con la zona libanesa (Antigua Fenicia interior y exterior), una faja de tierra con enclaves portuarios que llega hasta Israel. Este ayuda a los cristianos nacionalistas para impedir la proximidad de Siria en su frontera norte. Las comunidades cristianas tradicionales rechazan la musulmanización del país acelerada con la invasión desde Jordania de la gente con origen palestino. Desde la dominación turca en la zona, ya hace siglos, la zona quería ser independiente y asumió con el Gran Príncipe Bechir II la formula aceptada por aquellos de la autonomía relativa. De allí nace la idea de un Líbano como comunidad separada. Que sólo se hizo efectiva al caer el Imperio Turco después de la I Guerra Mundial. Pero con la ingerencia política de las potencias triunfantes que favorecieron las distintas mociones separatistas existentes en la región. Así el territorio hoy libanés fue separado territorialmente como constituyente de una nueva organización estatal. Este caso se parece en algunos ribetes a la circunstancia de la separación respecto de Colombia de la hoy República de Panamá. La ruptura del pacto entre musulmanes de no recabar éstos la ayuda panárabe y por la parte de los cristianos libaneses marunitas no solicitar el apoyo de los Estados Unidos ha llevado las cosas al punto de hoy, el recrudecimiento de los bombardeos entre barriadas. Sin duda el nudo se desatará cuando E.U. presione a Israel a aceptar la constitución del nuevo estado de Palestina, y Siria vuelva a ver en las gentes libanesas hermanos y vecinos en una integración natural de regiones tan cercanas. Los palestinos tendrán un lugar donde vivir y aliviarán su presión en el Líbano. Buscando el equilibrio entre sus etnias distintas pues allí conviven varias con creencias y estilos históricos bien definidos pero que podrán llevar al país de la sagrada “Montaña Blanca” (Lívanos en griego, Lubnan en lengua árabe) al camino de la tan difícil paz. Sábado, 22 de abril de 1989.
Obregón a la vis-conversa Incurrir en la logomaquia es aceptar que en el principio fue el Verbo. Y es que el verbo fue primero que el Cromos o Íkono, o al menos más descriptor de la realidad que él. Porque si el verbo deja resquicios la matización del color lo que hace es contribuir a la disolución de los elementos más reconocibles de los colores primarios en el mundo de las formas y del cromatismo. Y es lo que ha pasado también al gran artista, pintor y poeta, que es Alejandro Obregón en la literaturización de su pensamiento condensado en la obra “Obregón a la vis-conversa”, escrito por Fausto Panesso. El título de la obra se debe a la expresión debida a Álvaro Cepeda Samudio, quien hizo un pacto con Obregón conducente a que él escribiría los cuadros de Obregón en poemas y a que Obregón pintaría los poemas de Cepeda, el de “Todos estábamos a la espera”. Y ahí comenzó el Mákos agónico entre establecer qué fue primero, el Verbo o el Cromos o Íkono. Obregón tiene 60 años de pintura pero 65 años de verbalización. ¡Y al fin claudicó valientemente -como todos los pintores y artistas de los más distintos campos- al aceptar que la palabra dice más que la mímesis y que la Danza, que la actuación teatral y que la escultura, aunque sea esa versión en vivo que es la lucha libre y el boxeo; y así lo aprueba el hecho repetido una vez más de que no obstante que se sostiene durante toda una vida que la pintura es arte silencioso, o silencio que se pinta, al fin se habla explicativamente de la pintura! Y es que el verbo es primero y que un cuadro sólo es captativo de un segmento aislado de la realidad. La palabra, en cambio, es eslabón inconsciente del acto creador, porque ella es al propio tiempo la idea pura y su exteriorización. Después viene el Cromos. Inclusive la magia logómaca de Obregón radica en que habla y escribe tal como pinta: Aislando cada frase en la sucesión normal del ritmo del hablar. Con lo que reconoce él llenar los naturales vacíos de la pintura tomando sólo parcialmente lo que en un todo fue primero. Miércoles, 3 de mayo de 1989.
¿Son problemáticas las Humanidades? La filosofía como tal desapareció en el momento en que Agustín (Aurelio) de Hipona escribió en la Alta Edad Media que era la sirvienta de la teología, “ancilae theologia”. Durante la edad renacentista tuvo un renacer bajo la égida del Humanismo. De allí el emplear la denominación de Humanidades para el acervo cultural que planteara y desarrollara la conciencia ideológica, moral y estética del Hombre. Como nacía una inquietud de carácter tecnológico para la misma época dialécticamente se definió la primera aún más. En los días de hoy parece que existiera una confusión al respecto, aún entre profesores y cultores de las Humanidades, como disciplinas universitarias. Y de allí, en la confusión de las lenguas, la difusión de tan noble acontecer cultural. Para volver por los fueros de las Humanidades, hay tal vez, que precisar qué son y qué no son al propio tiempo. En primer lugar las Humanidades constituyen el cúmulo o legado que desde la Antigüedad clásica vinieron precisando los pensadores del hecho humano que tuviera como centro específico el progreso en materias políticas como la defensa de la libertad, los derechos del Hombre y de la sociedad, la solidaridad a la patria propia y a la ecúmene o mundo ambiental. El sentimiento de soli-daridad familiar basada en la “pietas” familiar. Además los conceptos valorativos de las buenas costumbres, el honor, el amor a la patria, el valor, la honradez, contenidos en los escritos cuyos estudios recomiéndanse en Humanidades. Pero las Humanidades no son una Sociología aunque de algunos escritos se desprendan verdades sociológicas; tampoco son ideas políticas aunque éstas se desprendan valorativamente de ellas; las Humanidades no son una Historia del Arte ni de la Arquitectura, no obstante que éstas también son un lenguaje semiológico. El hecho humano todo podría ser considerado como “humanidades” en sentido lato o extenso, pero en sentido estricto sólo las constituyen las ya anotadas. Sin este concepto básico un catedrático no podrá defender a las Humanidades en su justo valor ante los embates contra una sociedad que debe defenderse de considerar sólo bienes deseables a los materiales, productos de la sociedad tecnológica cuya valoración-metro es el dinero en sí mismo considerado. Sábado, 6 de mayo de 1989.
Leer o el diálogo a distancia Varios son los métodos posibles para aproximarse al estudio de los textos humanísticos en las escuelas y en las universidades. Y todos ellos son muy antiguos como que algunos se remontan a la época misma en que los testimonios culturales fueron elaborados, como se hizo en la Escuela académica fundada por Platón. La dialéctica, o método contrastante del pensamiento, fue la ruta a la que Sócrates denominó Mayéutica (Parto, Nacimiento) en la búsqueda de la verdad. Más eso fue en una época en que la discusión del pensamiento se podía hacer dentro de un clima de libertad. Pues en otras el método no iba más allá de la reiteración, por parte del estudiante o escucha de la interpretación que el Maestro dictaba respaldado por el sistema imperante completo. Fueron los tiempos de la exégesis literalista o el culto a la letra misma en sí misma. O bien, lo que en roman paladino se llamó <ad pedem litteram>. Maestros en este menester son todos los cultores de los textos sagrados desde el Popol-Vuh de los guatemaltecos hasta remontarse uno al Código de Hammurabi o al poema mágico-religioso “Gilgamesh”, de los pueblos del Iraq de hoy. Es evidente que se aleja más del conocimiento el lector cuando la interpretación sólo es posible mediante los manejadores de los misterios o hermeneutas, los inter-mediarios de siempre entre el lector y la lectura a realizar, sin escaparse de este “laberinto” ni el mismísimo general. La analogía, por lo mismo que es método aplicable a casos concretos, llega a encerrarse a sí misma como posibilidad interpretativa. Todos estos sistemas tienen una base en que sólo se pueden comprender a partir de las imposiciones dictatoriales en materia de libre expresión y de libertad del pensamiento o a la escasez tecnológica para producir el libro como fuente directa de transmisión de las ideas. Vigentes aún hoy día no obstante lo llamativo de los medios de comunicación en los días que corren. La historiografía es la posibilidad de asomarse con criterio a la lectura crítica, con base en la comparación de las más diversas opiniones de la documentación que existiere sobre un tema determinado. Siempre ha sido válido que el lector se acerque desprevenidamente al libro y diga lo suyo. Viernes, 2 de junio de 1989.
Claves recientes de historiografía cartagenera. La referencia acostumbrada es naturalmente el relator primero, denominados en general “Cronistas de Indias”. Para el caso están agrupados en “Cronistas de Tierra Firme”, nombre inicial para la parte sur del recientemente descubierto continente americano. Sus nombres: Juan de Castellanos, Fernández de Piedra-hita, Pedro Cieza de León, Fray Pedro Simón, entre otros. Después de los autores de fines de siglo XIX, Gutiérrez de Piñeres, Urueta, etc., que básicamente repetían lo que habían escrito los anteriores, vienen los autores que dan el calificativo de recientes a estas claves historiográficas. En mi concepto el primero en establecer la historia artística y estética de la ciudad, desde el lado de acá, fue Donaldo Bossa Herazo, pues escribió y editó en 1955 la “Guía Artística de Cartagena de Indias”, antes de que apareciera la obra definitiva para ese tema, debida a la mano maestra de Enrique Marco Dorta en 1960, con información nueva en materia bibliográfica para nosotros, como que sus fuentes eran las del Archivo General de Indias (AGI). En materia relativa a la situación de Negros, Cimarronismo y Palenques, sin duda, con las ya referidas fuentes del AGI, es definitiva para la historiografía cartagenera la que se intitula “Palenque, Primer pueblo libre de América”, de Roberto Arrázola Caicedo, (Marcia, devuélvemelo), que consiste en una recopilación funda-mental y en una compilación de documentos relativos al tema. Aporte nuevo a un asunto que no era frecuente que trataran los historiadores nuestros, con dedicación de obra única, sino con simples alusiones apenas. “Capolavoro” (obra maestra) único, y de referencia incontrastable, es el libro de Juan Manuel Zapatero sobre el asunto de las fortificaciones, todo lo que sobre el tema se diga sin nueva consulta en el AGI es repetitivo. Cuando no, fusilada o plagio o expolio. Otra de las obra claves de la historiografía que tratamos de resumir, por su sentido ordenador, su límpida prosa, y su estilo ensayístico es la “Historia General de Cartagena” de Eduardo Lemaître, la que además sistematizó en cuatro volúmenes los distintos períodos de la historia de la ciu-dad desde su fundación hasta la época republicana. Por su interés en clasificar las distintas referencias en la nomenclatura de la ciudad y su provincia, es también obra única en su género, “Nomenclátor cartagenero”, de la autoría de Donaldo Bossa Herazo, 1981. Y ya para terminar la lista de obra claves, nos viene a la memoria la que escribió don José Toribio Medina sobre la Inquisición en Cartagena de Indias, que es la consulta obligada para quien quiera reescribir sobre el tema. Viernes, 9 de junio de 1989. Conferencia gustosa Somos lo que comemos.El acto selectivo más íntimo no es a todas luces otro -ni siquiera el de acercarse de manera erótica- sino el de la ingesta o ingurgitación de los alimentos. Pues la materia con la cual realizamos el comer será nada menos que parte de nosotros mismos. Este pare-ce ser el credo de toda una estética en el arte del buen comer que sirvió de orientación a la, queda apropiado el término ahora, sabrosa conferencia sobre la cocina que en días pasados nos regaló Lácides Moreno en la tertulia vernesina de la Casa-Museo de Rafael Núñez en El Ca-brero. Todo en él delata al amante de la buena mesa. Con su elegante Dior bien ceñido al más que robusto cuerpo -obeso- semejaba a pesar de la carencia del bonnet o bonete que usan los <gourmet> un “chef de cuisine” en acto paritorio culinario.Y se fue por las historias del mundo ancho y ajeno, por las rutas planteadas por recetarios desde las culturas antiguas hasta las de hoy en el crisol- almácigo de nuevas recetas que es el mar Caribe.La comida americana precolombina en la que se regodeaba Moctezuma y su afición por los aguacates, según los antiguos mexicas fruto que excitaba el apetito sexual, según con picardía anotaba mezclada con alacridad Moreno con ánimo jocundo.Y el acto de beber el irisado chocolate ante el invasor Cortés en 1521. La cocina árabe con alambicada alquimia permitió al conferenciante despertar los borborigmos de los asistentes, cuya audiencia atenta estaba indecisa entre seguir gustando de las sápidas palabras descriptoras del expositor o irse a buscar algo de “mecatear” según término cachaco, pues aquello invitaba a imitar que es el grado sumo de la aceptación de lo que se escucha. De su larga permanencia como diplomático en Japón, Lácides nos relató la minuciosidad de los cortes y de los arreglos cuasi-florales de esa refinada cultura, que en la presentación ha cambiado en ocasiones el gusto mismo del comer por el esteticismo más elevado. Es como comer flores, anotaba algún vecino extasiado. El placer compartido une y comer en compañía además de un acto de intimidad aceptada es muestra de alto aprecio. Así, esta conferencia con tan nutrida asistencia es muestra del poder unificador de la palabra descriptora del mundo, en este caso de las cosas de comer. Con fina ironía Lácides apuntaba que pedía excusas al espíritu nuñezco que estuvo en vida posado en cuerpo tan parco de exigencias alimentarias por dar sobre dichas delicias una conferencia en la que fuera su casa de habitación. Lunes, 12 de junio de 1989.
Ariadnas, Manuelas y Fannys El tema del dictador es una constante inspirativa para la literatura y el cine. Desde la obra primera o pionera en el asunto del “viejo de las barbas de chivo” que llamara Rubén Darío a Del Valle Inclán, “Tirano Banderas”, hasta el “Otoño del patriarca” de G.G.M. y “El Recurso del método” de Alejo Carpentier. Ya antes en Guatemala se había dado el caso para que Miguel Ángel Asturias trajinara en el “Señor Presidente” el mismo asunto. Es la soledad del General metido en su laberinto, sin compasiva Ariadna distinta a la Parca que lo citó en la finca de San Pedro Alejandrino, podemos leer ahora que la novela de García Márquez no es sino una continuación de uno de sus temas favoritos, la soledad que da el poder, como lo vimos representado en el hijo del doliente de Concepción Alvarado. Recientemente hemos visto la comedia paródica de Paul Mazursky, “Luna sobre Parador”, deliciosa sátira edulcorada de un país en donde periódicamente se filman películas, de cuyo elenco las 14 familias dominantes del país escogen un actor para que funja como presidente. En la astracanada el último de los escogidos resuelve liberarse de la coyunda a que era sometido y realizó una tarea en pro del pueblo hasta que un segundo actor fue muerto en su lugar y él volvió a su nativa Nueva York, a contar entre sus compañeros su Odisea, que nadie creyó, precisamente, en un mundo de autores. Es como si Mazursky aceptara buenamente aquel aforismo que dice que en la contraposición entre realidad y ficción la primera supera a la fantasía. En “El general en su laberinto”, la soledad del poder se suma a la otra, la de los afectos. Pues a la verdad nadie sino el novelista ha dado en uno de los asertos más claros en la personalidad de su personaje, la de que como dijo en Cartagena, en la obra citada, Joaquín Mosquera: “ese tipo no quiere a nadie”. Las mujeres eran para este personaje no símbolos de placer sexual sólo, sino que en grado mayor el buscador de ternura, el ansioso del reposo del guerrero, lograba en ellas una distracción a la perdurancia de la laberíntica soledad. Si es verdad que el verdadero amante es aquel que asume en el amor un papel democrático entonces esa clave de la personalidad relievada por G.G.M. es real y verdadera, Bolívar ama en el desespero del despecho, en el del olvido y en el de la lejanía pero en la posesión, en el aprisionamiento de recuerdos y en la cercanía ve a las mujeres como bien dijo de la inolvidable Manuela, como a una “amable loca”. Curiosamente su última carta no la dirigió a ésta última sino a la fantasía mujeril encarnada en Fanny du Villars. Viernes, 16 de junio de 1989.
Félix Laverde, pintor colombianista Dentro de la desesperada balumba de ser artista sin pintar, sin esculpir, sin el manejo del ejercicio complejo de grabar; sin el conocimiento de la rapidez de la pincelada del acuarelista ni la paciencia del serígrafo, es refrescante conocer a Félix Laverde, quien se define como Artesano y dentro de esta categoría como artesano colombiano. Efectivamente, en su exposición de plumillas, impecables en la ejecutoria, siendo él practicante del autodidactismo, seguras y correctas en el trazo además de en el cromatismo con que las iluminó así lo demuestra. En las figuras de indígenas aborígenes colombianos in-tegró a todas nuestras comunidades: Quimbayas, traba-jadores del oro en bulto redondo; a los orífices muiscas, caracterizados por el labrado del metal en delgadísimas hojuelas cuasi-pan-de-oro; a los costeños Kogui y Arhuacos, única nación original nuestra intacta en su desarrollo vital supérstite en la actualidad de 1989; y a los Zenúes de Córdoba y Antioquia, con sus mitos llevados a la imaginería del noble metal también en forma de preciosos tigrecitos y lagartos, y en general la cosa faunística toda de la región. Todo eso mezclado hizo Laverde para escapar de la simple ilustración de los motivos y trascender a los campos del arte pleno. Aunque en la concepción de algunos esté, erróneamente, la idea de que ir a las fuentes de la nacionalidad produzca un arte pasado de moda. Hoy en día no hay escuelas, como en otras épocas, en donde el artista debía militar y copiar para poder dar validez a su obra. Marta Traba trajo a Colombia, con cosas buenas, producto de su gran cultura artística, el complejo uruguayo de ser europeo en América y por lo tanto despreciar a lo autóctono como elemento inspirador de gran arte. Afortunadamente tuvimos en Colombia la generación “Bachué” que en algo sirvió para que lo raizal aborigen no acabara ni fuera despreciado del todo. En todo motivo hay posibilidad de trabajo de arte y te-nemos artistas suficientes para que se destaquen en todos los campos, en el nacionalista también, aunque muchos vivan pendientes de la última moda internacional, cosa que no encuentro tampoco criticable en sí misma. El paisaje nacional con sus ríos patriarcales o hacedores de la patria se suma en la obra de Laverde al verde lujuriante de las florestas de este extraordinario país nuestro. Es que desgraciadamente la idea de patria y de amor a ella se desdibuja en la mente de la gente después de la primera escolaridad. La Patria, sin chauvinismos, debe ser idea siempre clara en nuestra cultura, desde lo aborigen, inclusive.Laverde, un bumangués (no obstante su parecido increíble a Ho Chi Minh) residente en Turbaco desde hace añísimos, interpreta bien este sentimiento de hombre sen-cillo. Laverde no es a mi juicio como él quiere ser llamado, artesano, sino un auténtico artista, desde la idea regidora hasta el realizar final de la obra. Miércoles, 21 de junio de 1989.
Fabulilla de la pobre viejecilla Con los recientes acontecimientos acaecidos en China este país ha ocupado una vez más la atención mundial en el plano político y social. Ya pasaron los intentos maoístas de, con la mística, suplir en todo lo que se logra con mística, pero aunada a la Ciencia y a la Tecnología modernas. Como el caso aquel de invitar a procesar acero en hornículos caseros, que producían un metal tan deleznable que hasta comiendo arroz con pollo con una cuchara confeccionada de ese metal, éste se rompía. Mao invitó, como cosa curiosa, a acabar con una plaga de moscas diciendo a cada chino que atraparan en sus ratos de ocio siete u ocho ejemplares del repugnante bicho. Y sólo a los niños permitía, como directriz del Partido, que se les vistiera con colores vivos pues a los adultos sólo les estaba permitido el vestir de color gris-rata y azul.Nada de rojo ni de verde a un pueblo de tanto sentido estético y cromático. Gris-rata y azul-negruzco en todos los cami-sones para hombres y mujeres. En España, sin salirme del tema, viven muchos chinos que se escapaban de la muralla de bambú, hoy de bambulita, para trabajar en el campo y otros menesteres, pues los extranjeros en España están siendo limitados en sus posibilidades laborales. Hasta los latinoamericanos llega un poco esto. En una ocasión los parientes de una señora china muy vieja, visitaron a un psiquiatra para que tratara a aquella, pues veían que ella nunca botaba una caja, ni cajita ni cajeta, de nada de lo que compraban del supermercado. Y así su cuarto era una réplica, pero con cajas vacías, del supermercado en que sus parientes mercaban. El psiquiatra quiso ver a la señora y llevada al consultorio ésta, la interrogó sobre el porqué mostraba esa costumbre que sus parientes juzgaban tan preocupante que habían planteado esa consulta. -Yo no estoy loca, doltol- respondió la anciana, lo que ocurre es que antes de salir de mi país, China, sólo pude pintar en treinta años mi casa dos veces. Y siempre toda la ropa era gris-rata, como dice Juan Dager Nieto arriba, y azul. Y aquí en España todas las cajas de galletas y de o-tras cosas del supermercado son tan bonitas… que da lástima botarlas, doltol! El psiquiatra al llamar a los parientes de la paciente (a), les dijo que la vieja, fuera del natural deterioro de su avanzada edad, era normal y que él se permitía recomendarles que la llevaran en días de compra al supermercado, para que se diera cuenta que no necesitaba atesorar cosa tanta de las que había abundancia en los anaqueles. Queda la moraleja para aquellos que ven el mundo sólo a través de las necesidades básicas, alienando sus otras potencialidades en aras del Moloch de la manía consumerista. El mundo se logra a través de la búsqueda de la excelencia y lo demás llegará, como bien lo dice la Escritura, por añadidura. Sábado, 24 de junio de 1989.
Egipto y su mestizaje milenario Muchísimo antes de que el europeo viniera a América “descubriendo” a las Indias, y trayendo al negro como mano de obra esclava, el milenario país formado por el padre Nilo había venido asentando en su serpentino y cincomillardario curso a todas las razas. Por la cuarta catarata remontaron a su valle pueblos del reino de Kush, que no son otros sino los que con el denominativo genérico de bantúes fueron traídos en la vil trata por los españoles y portugueses, cuando ya la rueda del tiempo hubo dado muchas vueltas. Desde el África Occidental dominaban los cursos fluviales y por el Níger y otros afluentes llegaban a la esquina oriental que ocupa el país a que nos venimos refiriendo. El aporte lingüístico a la vieja lengua nilótica así lo prueba. Y su inserción en el mestizaje más amplio y completo, históricamente com-probado, de que se tenga mención antes del “meltingpot” americano y de la raza cósmica de que hacía constante cita José Vasconcelos en plena revolución agrarista mexicana. A la raza caucásica se le debe el otro aporte al antiquísimo proceso con la entrada por el norte del valle en las proximidades del Delta, con la presencia de pueblos llamados por los nilóticos “retenu”, gentes que se aposentaron en el período en que la civilización del gran país tenía su esplendor en la proximidad de la “Muy Verde” (¿no es verdad, Iris?), nombre poetizado en su descripción del hoy Mar Mediterráneo. Cuando ame-nazada la momia de Ramsés II fue llevada al laboratorio del Museo del Hombre en París en años recientes, para curarle el deterioro causado por esporas y hongos, su medición antropométrica y el análisis de su estructura pilosa dio con claridad que pertenecía a la raza caucásica-indoeuropea, posiblemente un “libio” de aquella época. Grata era la expresión del “negrista” Manuel Zapata Olivella, nuestro posible segundo Nobel por la consiguiente y coherente obra sobre las etnias americanas que ha realizado, cuando quien esto escribe le daba una perorata semejante a esta que ahora toma la expresión escrita, pues me decía que nunca lo había visto desde ese punto de vista. Más adelante el mestizaje con el aporte de semitas provenientes de las costas del Mar Rojo hacia el mar Mediterráneo (¿cananeos?, “eberu” o hebreos, esclavizados), continuó aceleradamente la creación de tipos más o menos establecidos como prototipos del egipcio de hoy. ¿Acaso el gran Anuar–el-Sadat no podría estar en un busto hecho en el siglo XV antes de Cristo representado con toda propiedad? ¿Y no es la pagadora de un almacén de repuestos de automóviles la más viva efigie de una noble dama egipcia que habiendo resucitado por las vías de la orden genética hubiera venido a vivir en Cartagena? Un valle cerrado como el que hace Hapy (el Nilo) en el África oriental fue el precursor en el mestizaje del ámbito abierto que en el siglo XVI fue el Mar Caribe y América toda. Lunes, 26 de junio de 1989.
La “Tortuga” ha muerto Es el símbolo del filósofo en compañía del mochuelo que reposa sobre el hombro de Pallas Atenea. Por eso la escogió como hermoso ex-libris el nunca suficientemente lamentado Andrés Holguín, que dio ese título a uno su hermoso libro bellamente ilustrado por Enrique Grau. Holguín se paseó por los jardines más floridos, escarmenando las más hermosas rosas de la vida. Graduado de jurista -no de abogado- ocupó muchas posiciones en la vida pública que dejó sin mayores consideraciones cuando vio que su solo compromiso era con la Poesía aunque fuera elaborada ésta en prosa. De la más selecta estirpe fue la suya en sus innúmeros libros sobre la cultura nuestra y la universal, que no tuvo secretos para él. Alex Shuttman lo trajo a Cartagena muchas veces, ciudad que lo fascinaba y a la que vino con frecuencia. Tuve ocasión de presentarlo en un ciclo de conferencias o charlas sobre Grecia en el Museo del Oro con el auspicio del Museo de Arte Moderno, con la batuta de Yolanda Pupo de Mogollón. Y lo presenté como la “Tortuga”, pues así me lo pidió. Uno de sus ensueños era la solución definitiva de la aporía planteada por el grande Zenón de Elea o Eleata. No sé si logró la clave del misterio antes de irse. Pues tuvo tiempo -su Musa fue la Soledad, clima natural del hombre según Nikos Kazantzakis, quien en su obra sobre Alexis Zorba el Griego escribió “la solitude c’est le climat naturel del’homme”- inclusive hasta de escribir su epitafio publicado en uno de sus libros y reproducido por el diario “El Tiempo”. El paso de la noción de éste también cimbró su más viva entraña, su revelación le tomó setenta años de su órbita terrena. El Bien y el Mal le atrajeron como hombre de Ética, y lo conocía teóricamente al segundo, pues a la primera en-tidad la vivió con nervios, bríos, sangre y músculos ya que fue sustancial y constitucionalmente un hombre bueno. Quiso fundar en Cartagena -su bien amada ciudad- una rama de su árbol vital, su escuela libre, denominada “El Muro Blanco” en honor a una de las ciudades de la cultura egipcia que tantas inquietudes le sembraba (Memphis en griego o Ro-Hau en antiguo egipcio), hasta el punto de que se volvió para las juventudes guía turístico llevando excursionistas al Valle del río-padre, el Nilo. Compartía con Jaime Gómez O’Byrne y quien esto escribe profundos celos por la posesión de nuestra amada y misteriosa Nefertiti, “la bella que ha llegado”. Todos estuvimos contentos en nuestra impotencia a través del tiempo pues ninguno de nosotros la pudo poseer y también eso nos hacía amigos. Jaime iba a ser el director de la Escuela que Andrés soñaba para Cartagena dentro de su concepción de que la cultura era para todos un bien accesible. No era petulante en su sabiduría ya que ésta iba destinada a ser compartida y no mantenida como un fortín cerrado. Ya la Tortuga no hace su periplo terrestre en derredor del Mundo Menfita en la búsqueda de la explicación de la aporía de Zenón Eleata pero se desplaza ahora soberbiamente por el orbe celestial, como el Escarabajo sagrado egipcio que intenta describir la órbita del Sol según lo dijo el autor del Himno al Sol que Holguín tradujo del francés en una de las mejores versiones que se conocen de la obra del gran faraón revolucionario Ajanyati o Akhenaton o Ajnatón, marido fortunoso de la <Bella-que-ha- llegado>: Nefer, Kefru-Atón, Nefertiti. Sábado, 1ª de julio de 1989.
El Museo Naval del Caribe El lunes 19 de junio se celebró la inauguración de la muestra de mapas, reproducciones de portulanos y ma-quetas de embarcaciones de distintas épocas históricas. El Museo está en ciernes, pues su inauguración definitiva será en el mes de octubre al decir de Mauricio Obregón en breves palabras iniciales. La muestra es abundante y el visitante sólo tendrá que tener la paciencia de recorrer las bien dispuestas secuencias para tener una idea clara de la prístina concepción ingenieril y arquitectónica de la fortificación española en América y Filipinas. La muestra está dividida didácticamente en cinco áreas que comprenden la América Hispana con el “Atlas Catalán” de 1375 y el Globo Terrestre de Martín Behaim de 1492, señalan el mundo en esas fechas cuando aún no se conocía América y estaba en discusión la forma de la Tierra. Después aparece la presencia de la América aborigen en México y Perú, con Xochicalco y el Centro Comercial de Zempoala, cuyo obeso y amorfo cacique ayudó tanto a Cortés contra Moctecuzoma; la fortaleza de Sacsahuaman que domina la altura desde la cual se aprecia el valle donde está Cuzco, <Pecho u Ombligo del Mundo en donde estuvo el autor). La segunda área hace alusión al marco histórico en que las potencias náuticas, España y Portugal, llevaron a Colón a América, y donde ésta sufre (aún) su transformación con la organización territorial, el control sobre lo americano, la militarización estratégica y los canales de circulación para la integración. Las técnicas de la construcción naval son el motivo del tercer segmento de la exposición, donde dibujos, grabados y planos de los siglos XVII Y XIX dan a conocer las embarcaciones y las instalaciones en tierra en las que se construían estos vehículos de comunicación y transporte. Como ejemplos específicos aparecen los de La Habana y Cartagena, donde existieron centros de fabricación naval. A renglón seguido viene la parte contentiva de la Escuela de Fortificación y Tecnología Constructiva, en este punto sobresalen los planos y perfiles de la Muralla de Cartagena, considerada una de las obras de ingeniería de costas más interesantes. El sistema Abaluartado llegó a su esplendor en el siglo XVIII. Con Puertos y Fortificaciones cierra la muestra con dos maquetas elaboradas en detalle sobre el Castillo de San Felipe de Puerto Cabello, Venezuela, y el Fuerte de San Lorenzo el Real de Chagres, en Panamá. Martes, 4 de julio de 1989.
Un acto de amor Por allí anda un folletito impreso en el estilo de tiras cómicas trabajando para la conversión de las gentes. Pero es cosa bien curiosa la manera que tiene de hacerlo. Pues inspira más la idea del terror a la muerte que al amor a Dios. La narración, en cuadritos, como los de las tiras cómicas o tebeos, muestra a unos ángeles mirando como en las películas policíacas o de espionaje a un señor, que ellos saben habrá de morir muy pronto a causa de un infarto cardíaco masivo, y que no atiende a sus intereses metafísicos ni a la religión pues está muy ocupado y además nadie le habla de la lectura todo-salvadora de la Biblia. Sólo dos personas están cerca de él, pero el uno es su asistente, cobarde, según los ángeles, y la otra es una amiga de la hija del futuro condenado a muerte. Un ángel dice: ¿La operación debe tener éxito? Un aparte después la misma foto del condenado a muerte es mirada por figuras parecidas a la idea medieval de las Parcas y éstas se lanzan en una operación para que el condenado no se salve, y destacan también un plan para impedirlo. El asistente es rechazado también por las Parcas, como por los ángeles, por débil y cobarde, y porque se avergüenza con el Evangelio, y otras linduras contadas con odio y bajeza contrarias al espíritu cristiano, a mi juicio. La esposa del asistente es ambiciosa y esa sí le sirve, la inducen a que le manifieste a Rosés que no le diga al moribundo que lea la Biblia porque no le gustará, que lo despedirá y así perderán la casa. Muchas otras cosas se intentan para evitar que alguien le hable a Estrada -que habrá de morir- de la Biblia, pero fallan y así María Rojas va a su casa y le pregunta a ella qué que libro es ese que lleva en la mano y allí por fin gana el bien contra la muerte. Pocas veces le toca a uno leer versión más truculenta de los modos inductores a rezar y llevar una vida acorde con la religión, aunque en este caso se trate de una de las sectas cristianas que plantean el hecho de la conversión y la salvación como programas de ejecutivos, al estilo gringo, para negocios. Jueves, 6 de julio de 1989.
Autora teatral a la Academia Con exordio, técnica del teatro y de la ópera, sino recordemos a “I Pagliaci” de Leoncavallo, dedicado a recordar la memoria del barroco poeta don Hernando Domínguez Camargo, comienza el ensayo con el cual tomó asiento como miembro correspondiente de la Academia de la Lengua la autora de cuentos e historias con base en las tradiciones orales cartageneras que datan desde los tiempos coloniales y aún de épocas más recientes, Judith Porto de G. Aunque el Teatro en las provincias y posesiones españolas tuvo muchos altibajos y corrió muchos albures algo lograba hacerse desde la permisión que autorizaba los retablos y los autos sacramentales, así como las “loas” y los cuadros alegóricos inspirados en la paganidad pero con contenido ideológico religioso-cristiano, y dentro de esto, católico. No olvidemos que el rey de España era su Sacra Majestad Católica. Al menos lo fue Carlos de Gante, pues su hijo Felipe abdicó de esa pretensión, siguiendo el ejemplo de su padre para devenir en sólo rey español. Cita la autora en su trabajo a don Juan Cueto y Mena y su importante labor en esta ciudad, abarcando actividades que iban desde la medicina en su botica pues era apotecario también, hasta el ejercicio de la licenciatura en cánones y la vocación de literato y dentro de ésta la de dramaturgo. José Fernández de Madrid es el punto de apoyo de esta disertación para referirse a un autor raizal, pues nació en la ciudad de Cartagena en 1789, mesmamente el año de la gran Revolución Francesa que tanto imitaron nuestros pensadores e ideólogos hasta 1810, el año de iniciación de la Independencia, y posteriormente. “Atala” y “Guatimoc” son la base del Teatro colombiano en propiedad. Después del sitio de Cartagena realizado por don Pablo Morillo en 1815, la actividad toda decayó en la ciudad. Quedó reducida a teatrinos o salas de tertuliantes adonde asistían literatos, poetas y demás escribidores. El Centenario de la Independencia, en 1911, inaugura la aparición del Teatro Heredia y las aficiones dramáticas en la ciudad. Relieve especial merece el desarrollo del arte en los años sesenta y la ensayista así lo destaca en su trabajo. Con generosa mención a escritores que, de algún u otro modo, han contribuido al desarrollo de las letras car-tageneras, y en especial al relativo al tema del ensayo-presentación, termina Porto de G. dándolo a conocer por esa tribuna y estímulo que la Costa y la ciudad tienen en el Dominical del diario matutino “El Universal”. Dicha mención se me excusará a cambio de la cita que hago, en la cual se pueden ver a todos los mencionados, quienes no caben en el corto espacio con que cuento ya. Vale. Domingo, 9 de julio de 1989.
Fue Fahrenheit 451 No fueron las lenguas de fuego de Pentecostés ni tampoco las que se desprendían de la flamígera espada del arcángel con la que Dios castiga el pecado. Tampoco asumió el fuego la protectiva misión de alumbrar la negra noche del hombre cavernario, que con su presencia se sentía seguro allá en la oscura espelunca de los primeros tiempos. Ni las pequeñas llamas siseantes del hogar que da vida al puchero, que mitiga el hambre después de la larga jornada de trabajo, donde cuece la madre amorosa entregada a la formación de la familia. Fue el calor destructor e injusto en manos del infortunio y de la tragedia lo que violentamente besó el refugio del Maestro convirtiéndolo todo en cenizas y humo. El Maestro dormitaba lo mismo que la compañera en el disfrute de la noche consoladora después de la diaria y extensa tarea. La tarea de entregarse día a día en la palabra viva y generadora de ideas, esa que además de sus cinco hijos carnales tantos otros innumerables del espíritu le ha dado y que como hueste al golpe de somatén se alistaron a su lado como los soldados ante el atribulado capitán. Todo quedó consumado y en pavesas odiosas convertido. Muebles, objetos varios, los cuadros que sus discípulos en Bellas Artes habían insistido, a pesar de sus negativas, en darle como recuerdo que aprisiona la gratitud. Artefactos de la humana invención, a los que con derecho había llegado a disfrutar después de tantísimos años de honrado acicate sólo debiéndoselos al Creador y a su legítimo esfuerzo como nos lo ha mandado imperiosamente el gran Unamuno, el Unamuno trágico en el sentimiento de la vida. Pero donde ha dolido más y tantas lágrimas ha hecho derramar es justamente en el símbolo que condensa sus logros y la fuerza generadora de sus ideas, ese por el cual se ha convertido en alta mira de ideas y de éticos principios en la sociedad toda. Cuando el fuego amenazante inició la conflagración en la biblioteca llegó la demencia adolorida de querer salvarla. Los amigos estaban allí inertes e inermes sujetos de la acción que aniquila la materia de que están hechos los libros, esa misma materia contra la cual se ensaña a 451 grados Fahrenheit el aletazo aleve en la novela de Ray Bradbury. Pero iremos en romería, el día oportuno, a recomponerla y a nuevamente nutrirla. Sea. Lunes, 31 de julio de 1989.
El humo del Tabaco Ya el Almirante había notado que en las Islas por él descubiertas los aborígenes utilizaban rollos de hojas de “tabaco” para “humar” echando por boca, y narices, espesas bocanadas. En México era <Uei Tatloani> o <Vocero> Moctecuzoma o Moctezuma II, Xocoyotzin (el Chico), quien acompasaba sus dotes de pensador du-bitativo fumando de unas como cazuelas de barro con boquillas, que no eran otra cosa lo que el Cronista así describía que pipas rellenas de picaduras de hojas de tabaco antes de la aparición de las afamadas mixturas inglesas para las cazoletas hechas en madera de brezo. A “Imitación de Longfellow” *, un largo poema de Bau-delaire, sienta las bases del pacto entre Guitchi Manitou y su pueblo en el “divin fanal” del “calumet de la Paix”, la Pipa de la Paz, que estamos en necesidad de usar en Colombia como símbolo de la Armonía y de la Paz entre hermanos. Sin embargo, lo que aspiramos es el humo de Coveñas. Roberto Méndez en amena y comprensiva nota en estas mismas páginas a la nobleza -que no obstante todos los inconvenientes del tabaco- debemos a la hoja de azulino humo. Sin que esto sea una apología a la fuerza para quienes consideran que el humo de aquél impregna la ropa y las manos y pervierte el aliento. Que bien se puede recuperar con goma de mascar y si se hace al tiempo de fumar resulta la combinación muy grata y no ofende por lo ya anotado. No estoy de acuerdo con fumar en recintos cerrados donde ya nadie lo hace sino los más reluctantes. ¿Pero existe algo más grato que compartir un cigarrillo en amable y cómplice intimidad con dona donina? Son tan excesivas las que fuman mucho tanto como las que en ese trance nunca lo hacen. No sabiendo a ciencia cierta de lo que se pierden. A veces hay daño al pulmón a cambio de alivio a los nervios, a la ansiedad de la espera o a ese cáncer del alma que es el tedio. ¡Y qué tal fumar en boquilla hecha de noble marfil que insufla de poesía la vertical columna!
*Años después de esta nota el Autor no resistió la tentación de traducir este sublime poema del Francés, dándolo a la estampa en la Revista Unicarta Nº 88, fechada en agosto de 1999. Martes, 8 de agosto de 1989.
Dialoguillo Buenas tardes, Don Aristarco. Buenas, Don Zoilo, ¿cómo ha estado? Bien, gracias. A pesar, Don Aristarco, de todos esos que trinan cuando usted o yo, cada uno desde nuestra propia severidad o necesidad, decimos algo que no sea igual a lo que piensa de lo que se hace aquel o aquellos a los cuales nos referimos. Sí, cuando la crítica no es favorable siempre nos endilgan los consabidos epítetos como para equilibrar las cargas. Lo que no saben los que se defienden de las críticas mesuradas con epítetos es que son ellos quienes le dan a la Crítica ese sabor acerbo con el que siempre se la identifica. Así es, Don Zoilo, a usted le acusan irreverentemente de no entender o tergiversar de lo que opina y a mí de querer destruir con mi juicio severo, al decir de los referidos. Bueno, Don Aris, al menos la obligada apelación a los críticos indica que éstos sí existen pues no se habla sino de lo existente, contrariamente a lo que debiera existir, sin caer en el garlito semejante a ser considerado como otro Don Zoilo o al menos una especie de Aristarco como usted o como yo mismo, ¿no es cierto? Así es, adiós, Don Zoilo. Feliz noche, estimable Don Aristarco. Martes, 15 de agosto de 1989.
Maquiavelo escribe una carta. Es el gran teórico de la nueva edad, el Renacimiento, que irrumpiendo con fuerza despliega nuevas banderas al viento en la procelosa marcha del Hombre. Ha escrito una obra que ha dedicado a quien ve con ojos lejanos desde Florencia. Pero sólo cuando está en Aragón, pues este príncipe es la exacta versión de la pretensión del momento político y se la pasa viajando con fines militares y diplomáticos por Europa toda. Hará lo mismo su nieto que realizará la gran idea de sus obsesivos ancestros, tanto de línea paterna como materna. Todos sabrán ya que me refiero a Fernando el Aragonés. Fernando Trastámara Henríquez en la pila bautismal. Pero Macchiavelli está ahora retirado. La cosa está revuelta en su ciudad natal y ha debido exiliarse. Cayó en desgracia. El 10 de diciembre de 1513 escribe una admirable carta desde San Casciano, en la cual narra cómo se entretiene, cómo puede estar jugando interminables partidas de chaquete con el huésped, un molinero y dos panaderos. Peleas por un céntimo, insultos al ganador, miseria en el trato, gritos y reniegos. Después, llegada la noche, el antiguo secretario de Estado de la Città de Florencia se dirige lentamente a su biblioteca. Llegado al umbral, se desprende de sus sucias vestiduras. Se viste como si se dispusiera a asistir a la corte de los príncipes: pues, en realidad, son príncipes los que frecuenta allí, son los más grandes espíritus de la época los que le recibían amistosamente y que, durante esas horas de conversación, le devuelven su dignidad. Atrás quedó el ascetismo de Dante: Macchiavelli adora la energía. Para él es la virtud misma. Se opone a sufrir, a expiar, a atormentarse a sí mismo, en suma, ¡vamos!, a castigarse; también a colocar al Soberano en la humildad, en la abyección y en el desprecio por las palabras. Para Maquiavelo, lo primero es gobernar, eso es lo único que cuenta para él. Miércoles, 16 de agosto de 1989.
La yegua de Hernán Cortés Hernán Cortés se largó sin permiso de Diego Velásquez, su superior jerárquico, a la conquista del Anáhuac. Y San Juan de Ulúa es un sitio asociado a este magno hecho. Antes había hecho un periplo -ida y vuelta- hasta Yucatán. Y ya Malitzin lo acompañaba como al madrileño De Heredia le hizo compañía la India Catalina en Cartagena de Indias. Pues era amén de su mujer, su Lengua. El motivo de la desventrada de las naves -no la quema de ellas- fue el impedir que algunos de sus malquerientes se devolvieran a Cuba donde De Narváez al partir Hernán hacia el Altiplano de la nación Méxica. La misma que Moctecuzoma Xocoyotzin, a quien Hernán Cortés vil trato le diera, lo mismo que al chibcha Sagipa se lo dio Gonzalo Jiménez de Quesada en el Altiplano cundi-boyacense. Cortés contó con la desafección que muchos pueblos tenían a los gobiernos Aztecas, implacables en su dominio e imperio, como él mismo le cuenta en su Carta-Relación al emperador Carlos, el de la mandíbula desencajada y los ojos grisacerados. El obeso jefe indígena llamado por la crónica “el Cacique Gordo de Zempoala o Cempoala” fue el primer arribista durante la conquista de México, pues ayudó a Cortés a derrotar a los de Tlaxcala, sus furentes enemigos. Cuenta con picardía Bernal Díaz del Castillo, el anónimo soldado cronista, la estratagema que contra aquéllos hizo su jefe. Atacando de día, porque de noche fue infructuoso su intento, los tlaxclatecas recibieron una vomitada de plomo, pero eran numerosísimos. Ya los caballos les habían inspirado terror pánico no obstante que en anterior guazabara o escaramuza dieron de baja dos los indígenas. Ante una embajada de los enemigos pactada por el mismo conquistador, Hernán hizo traer a un caballo muy rijoso mientras que por otra parte trajeron a una yegua en celo. El animal a la vista, o mejor al olfato de la hembra, dio muestras de gran vigor -brío- y caracoleaba y maneaba que daba gusto. Lo que un estudioso de los animales explicaría hoy día como la acción de las feromonas había funcionado por la maña de Hernán. Dando contraorden de que retiraran la yegua, se acercó a su vez al garañón al que acariciaba y le hablaba en voz muy pasito (como Juan Dager Nieto hizo en Sevilla, España, con la yegua llamada “Castaña” que jalaba el coche que él ocupaba). Calmado el noble bruto explicó Hernán a los tlaxcaltecas mediante su Lengua y mujer, Malitzin, que el caballo -al que los indios juzgaban un ser consciente- quería también entablar la paz con ellos. ¿Será que la toma de Tenochtitlán, en parte, se debió al poder de una atractiva yegua así como la Toma de Troya se debió a la estratagema del Caballo? Miércoles, 20 de septiembre de 1989.
Esclavitud y servomáquinas En la República había Aristóteles clasificado la función social de cada uno dirigida por el Estado sustentador de la estructura social de esa época y no promotor del desarrollo social como hoy día se pretende. Los esclavos harían con su dependencia total la base de la pirámide social. Y el filósofo o pensador teórico sería el conductor social en una aristocracia o conjunto comprobado de los mejores entre aquellos. Con la tecnología llegó a la literatura la posibilidad de tratar del tema de esclavos no humanos que hicieran el trabajo de los esclavos humanos. Y surgió en la mente del novelista checo, su precursor, la imagen de un mecanismo arcifinio cuya posibilidad quedaba planteada por la ciencia aplicada. Lo llamó “Robot” del vocablo checo “Robota” que significa algo así como “trabajo”. Mary Wollstone-craft Shelley al concebir su “Frankenstein” tenía en mente reconstruir el mito de Prometeo, la chispa de la vida, pero a partir de resucitar un cadáver. Nunca su intención fue ponerlo a trabajar ni mucho menos. Y nunca podríamos decir que “Drácula” fue creación demoníaca para que sirviera de máquina para diálisis sino que era la imagen misma del espíritu demónico. La máquina con posibilidades de movimiento detallado y fino o servo-máquina es más bien cosa reciente. Y el do-minio de la técnica de los transmisores o comunicadores de mensajes eléctricos, chips, cada día más pequeños, ha hecho cierta la creación de muñecos que por cierta capacidad de autonomía de movimientos han dado en ser llamados por su parecido en algunos casos a personas, de gallardo parecido unos, los más, de construcción cuasi-frankensteniana, androides, del griego “andrós”, ser humano individualizado pues “ántropos” significa, como todos lo saben, “humanidad”, es decir se refiere al género mismo. Pero queda siempre la duda de si encargar ciertas actividades en donde se debe apreciar el hálito de la alta inteligencia más allá de claves y circuitos es razonable cosa. Hay pues, que poner a los androides en el sitio adecuado para que sus funciones siempre puedan ser dirigidas por la razón humana. No sea que con su falta de emociones, nervios y sentimientos que lo hermanen con el sufrimiento y necesidades de sus congéneres se convierta en un regulador limitado en sus posibilidades. Nunca, es-tamos seguros, podrá a pesar de toda la conversión aplicada a la tecnología llegar el magnífico mecanismo a la condición de -como el Hombre lo es- secundus imago Dei (a semejanza e imagen de Dios). Sábado, 23 de septiembre de 1989.
Artesanías de Colombia en Cartagena Existen dentro de la abundancia de las entidades del Estado algunas que asumen por aquel la cara amable de su actividad. En este caso me estoy refiriendo a Artesanías de Colombia que en buena hora ha vuelto a sentar reales en la ciudad, en la calle de los Santos de Piedra. Con sede nueva aquí y dentro del objetivo de estudiar y analizar, de proponer programas integrales para el desarrollo de las artesanías en nuestro país, Artesanías de Colombia ha promovido un Seminario sobre el tema cuyos antecedentes han sido los encuentros realizados en Villa de Leyva (Boyacá) y en Tenerife (España). La estructura del Seminario establece en su desarrollo cinco módulos: A) Investigación y Planeación; B) Capacitación y Diseño; C) Producción y Comercialización; D) Organización y Promoción, y E) Legislación. Además, a los visitantes participantes se les dictan charlas sobre la historia del país y de las ciudades en que se desarrollaron las actividades. Cartagena siguió a Bogotá en el turno de ser la sede de estas actividades durante nueve días, comprendidos entre el viernes 22 hasta el treinta de este mes de septiembre. Las conferencias en Bogotá estuvieron a cargo de D. Germán Arciniegas y Gabriel Betancourt, y en esta ciudad inició con una exposición sobre “Cartagena, ciudad construida artesa-nalmente” quien esto escribe, en un destacado hotel de la ciudad. Numeroso fue el grupo de visitantes que oriundos de México, Guatemala, Nicaragua, Costa Rica -cuya dele-gación contaba con la presencia de la distinguida dama Karen Olsen, esposa del Presidente (por antonomasia) de ese país, Don José Figueres-; de Panamá; de Venezuela; de Ecuador; de Perú; lamentándose que por la presencia en el Caribe del huracán “Hugo” otras delegaciones no hubieran podido trasladarse a nuestro país oportunamente. Todos los anteriores se mostraron maravillados por el progreso de la ciudad, (algunos ya la habían visitado), como el importante hombre público del Ecuador don Claudio Malo González; y por su belleza, que durante estos días “Artesanías de Colombia” les hará conocer entreverada con un riguroso plan de estudios, dentro de la organización del importante evento. Martes, 26 de septiembre de 1989.
La voz es el instrumento La afición a la música permite la identificación personal con los instrumentos mismos. El violín con su aguda y melancólica voz tiene muchos seguidores que encuentran en el concierto para violín de Beethoven la concreción melódica de sus evocaciones y ensoñaciones románticas. El piano con su voz opaca y relativamente pobre, desde la concepción musical, solaza a muchos. Y así el cello o el fagot; el contrabajo o la mandolina; el corno (sonoro) y la marimba y tutti-quanti instrumentos existentes en el salón de música de Adrian Leverkhün, en la obra <La montaña mágica> del gran Thomas Mann. La ópera en el decir del gran humorista ya fallecido, Alfonso Castillo Gómez, era manifestación de los gritos de una cantante teutona (¿tetona?) a quien habían pisado un callo. Pero él mismo sólo lo decía como leitmotiv para suscitar la vis cómica de los lectores de su “Coctelera” en el diario “El Espectador”. Los gallegos y portugueses en el siglo XIII se referían a la fonética de sus vecinos en términos de “esos que fablan como trompas resonat”, pues el lenguaje de los primeros es cadencioso y melodioso mientras que el castellano aún hoy conserva la resonancia lapidaria que le confiere el ser fundamentalmente grave como su lengua madre, la latina. Lo que hace que algunos sin la necesaria educación en los matices del manejo vocálico al hablar, más darán la sensación de un latido o ladrido que de la frase grata y melodiosa. Porque cuando se pasa de la admiración exclusivista por el violín o cualesquier otro instrumento, se llega a la noción veraz y verdadera de que el instrumento, por decirlo así, por antonomasia, es realmente la voz humana, entendiendo la que traduce matices, inflexiones y cadenzas al proferir las palabras. Sábado, septiembre 30 de 1989.
Burgos Ojeda, ensayista La ponencia sobre la pintura de Velásquez, particularmente en lo atinente al humor, es el tema central del libro que Editorial Iqueima con el título de “España íntima” le publicó en 1964. Narrado como los libros de tono confesional en necesaria primera persona, el autor relata en él su romántica elación con la España inmanente, que se bebe en las linfas de la historia y la literatura del dorado siglo amén de en el arte, que exaltaba en su manifestación de lo cortesano y de lo popular el hiperbólico pero incontrastable hecho de que en sus dominios el sol no se ponía. La obra es semblanza y al tiempo bitácora cultural, donde la emoción embarga al autor presentando de manera intimista su relación con un país y una cultura, que su condición de hombre de ideas le permitió conocer antes de viajar a él, en un viaje identificatorio que con parte de su mestizaje hizo como representante -invitado por los organizadores del III Centenario de la muerte de Velásquez- a quien conmemoraba el Instituto de Cultura Hispánica. En “Las meninas” y en la calipigia “Venus del espejo” logró el sevillano la más alta cima de la pintura española, que con la “Maja desnuda” del gran Goya -Cayetana- resume el escaso tratamiento que los pintores españoles han dado al desnudo femenino. Burgos Ojeda recuerda en su estilo a Enrique Gómez Carrillo y a Ángel Ganivet en “Granada la bella”. Domingo, 8 de octubre de 1989.
Mauriac en Noráfrica El gran escritor francés recibió en su larga vida muchas satisfacciones pero era de natural modesto. Esto no lo caracterizaba -sin embargo- entre quienes viven deseosos, cosa muy humana, de reconocimientos a su obra, pero sin hacer tampoco ostentación de desdenes en relación a preseas y demás, pero también prestos a responder en su aceptación de los que en el fondo de sí mismos íntimamente anhelan. No obstante que hayan recibido grandes distinciones siempre responden al halago por pequeño que éste sea. El autor de “Nido de víboras” y “Genitrix” recibió el Premio Nobel en 1952 y era el escritor más sobresaliente y reconocido de la postguerra en su país, lo que fue tenido en cuenta para invitarlo en una gira de personalidades francesas a la región del Maghreb o Noráfrica, asociada a la metrópolis en la conmemoración de las festividades anexas a la liberación de esa región de las fuerzas nazis derrotadas en El Alamein. En el viaje se incluyó una ceremonia en un viejo templo greco-romano, abierto a la brisa del desierto y preparado para el homenaje al grande escritor. Jovencitas núbiles fueron escogidas para, portando peplos griegos con cintas azules, anunciar a todos los espectadores el título de las obras más sobresalientes del celebrado personaje. Mauriac, ante el anterior despliegue de simpatía dejó su escepticismo desdeñoso, y rompió a llorar ante la consternación del público. Posteriormente, en su discurso dijo, cosa más o menos, que siempre había deseado en su fuero interno, secretamente, un homenaje como el que se le había ofrecido. Y que al verse entendido no había podido contener las lágrimas. Es natural desear premios por alguna ejecutoria. Lo que no tiene sentido natural es fingir que se los desdeña. Porque puede ser que nos veamos descubiertos casualmente. Miércoles, 8 de noviembre de 1989.
La región más transparente del arte Cuando Diego Rivera se le confesó literariamente a Loló de la Torriente, enfáticamente le apostrofó que el pueblo mexicano era artista por naturaleza propia y por el entorno geográfico, y si no fuera así continuaba el gran muralista qué era/es entonces el arte lapidario y estatuario de los toltecas y olmecas antes de que sus conquistadores y continuadores bajaran desde la región de Aztlán al sitio donde estaría el águila sobre la nopalera. Y el pintor sostenía que hasta el aire del Anáhuac, ese que Carlos Fuentes novelizó con el título de la región más transparente, es alimento terrestre para el espíritu artístico del más sencillo de los pobladores del país. Inclusive, el barroquismo mexicano quedó teñido en el proceso de transculturación iniciado en el encuentro de culturas de un modo o variante que ahonda sus raíces, como el erizado magüey en los ejidos y a lo largo de las grandes vías, para ese néctar indígena que es el pulque. ¿Habrían creído las masas aborígenes en un dios con un templo inferior a la Catedral Metropolitana, que cubre con sus cimientos del templo que fue el gran edificio para sus ritos en pleno Zócalo? Rivera castigó en el mural del Palacio Presidencial de México a quien durante siglos aún no ha sido aceptado del todo, históricamente hablando, por el nacionalismo mexicano: Hernán Cortés. Y el ostracismo continúa por las plazas de la nación en versión distinta a la de la feúra deforme que le dio Rivera. Malinchismo o traición es vocablo de diaria vigencia en la pugna política y es hecho de larga recordación. Las puntas hirsutas del magüey se yerguen como lanzas cuando se acuerdan de la “Noche Triste”. La Escuela Mexicana de Pintura en toda América es, no la continuación del muralismo miguelangelesco, sino la continuidad de los artesanos que en Teotihuacan pintaron los muros del templo llamado del Papalote. ¡De eso, Rivera siempre fue rabioso paladín! Viernes, 1ª de noviembre de 1989.
Dos testimonios Tras la muerte de Moctezuma y la “Noche Triste”, ocurrida un 30 de junio, Hernán Cortés decidió finalmente, al cumplirse el aniversario de aquella, tomar definitivamente la ciudad de Tenochtitlan. Pero esta vez su adversario sería otro: Cuauhtémoc. A raíz de la Semana Cultural Mexicana en la ciudad nos visitó el buque-escuela de la marina de ese país, bautizado con el nombre del gran caudillo mexica, cuya efigie constituye su mascarón de proa. ¿Pero quien era realmente el gran cacique, cuyo sonoro nombre significa “Águila que desciende”? El soldado-historiador Bernal Díaz del Castillo en su obra “Conquista de la Nueva España” nos cuenta del personaje en los términos que siguen: “…. Se prendió Guatemuz y sus capitanes en 13 de Agosto, a hora de víspera (al anochecer)…. Año de mill e quinientos y veinte y un año”. A renglón seguido nos dice el cuasi anónimo cronista que se hizo un silencio absoluto en el campo de los mejicanos, que antes estuvo lleno de ruidos de guerra.Y continúa “…. Dejemos esto y digamos como Guatemuz era de muy gentil disposición, ansí de cuerpo como de faiciones, y la cara algo larga y alegre, y los ojos más parecían que cuando miraban que era con gravedad que halagüeños, y no había falta en ellos, y era de edad de veinte y un años, y la color tiraba su matiz algo más blanco que a la color de indios morenos, y decían que era sobrino de Montezuma, hijo de una su hermana, y era casado con una hija del mesmo Montezuma, su tío, muy hermosa mujer y moza”. Por su parte Antonio de Solís, siguiendo un poco al anterior nos narra en su obra “Historia de la Conquista de Méjico”, de adalid, lo que sigue: “…. Era Guatimozín mozo de veinte y tres años a veinte y cuatro años, tan valeroso entre los suyos, que de esta edad se halló graduado con las hazañas y victorias campales que habilitaban a los nobles para subir al imperio. El talle de bien ordenada proporción: alto sin descaecimiento, y robusto sin deformidad. El color tan inclinado a la blancura, o tan lejos de la oscuridad, que parecía extranjero entre los de su nación. El rostro, sin facción que hiciera disonancia entre los demás, daba señas de la fiereza interior, tan enseñado a la estimación ajena, que aún estando afligido no acababa de perder la majestad”. Domingo, 12 de noviembre de 1989.
Recordando a De Greiff De cuando en cuando salía a la esquina de la calle en que vivía. Unas veces desastrado con un largo chaquetón de alargados bolsillos por el peso de montones de novelitas de vaqueros escritas por Marcial Lafuente Estefanía, que en ellos llevaba. Una gabardina suelta al viento le servía, según sus propios versos, de “tabardo astroso y yo le creo clámide augusta”. La actitud nerviosa le impelía a dar pasos y más pasos casi en el mismo sitio. La cabeza glabra y llena de pecas como pasas y las venillas finas y rojizas en la breve varicilla respingona. El ojo como ido debido al “arcus senilis” pero aún buído ante el movimiento de la sofaldada. Cruz Ana dio motivo al famoso “Ritornelo”. Y la rosa fue testigo del amor que si no fue ninguno otro amor sería. Caminaba sobre la Cra. 22 hacia la “Séptima”, pero no sin antes hacer estación en la librería de viejo. Allí se repos-taba. ¿Maestro, lee usted novelitas de vaqueros? Leo, como Cervantes, hasta los papeles de la calle. Las devoro acostado en la hamaca. Como desde otro mundo preguntaba, ¿quién es usted? Fulano de Tal. Conocí a Gabriel Turbay, gran tipo. También él era libanés. La “Sétima”, como siempre col-mada de gente, y el poeta como ausente, sólo presente en llegar prestamente al “Automático”, cerca del Parque Santander, ya estrenando local vecino al anterior. En otra ocasión -éramos vecinos- me acerqué a saludarlo, aunque tenía fama de hosco, y me espetó con ese su hablar, como expulsando el aire, de los antioqueños y más si como él son prognáticos: ¿Edición Completa, ese libro que usted lleva si todavía no me he muerto? En ocasiones, aparecía en la esquina impecable en terno perfectamente cortado y la barba en pompón, que “jalaba” aún más su rostro a lo Carlos V. Años después vino a Cartagena con el pintor Augusto Rivera -su retratista- y lo sacamos en vilo por las escaleras de la casa de la Aduana, en donde se ofreció el coctel de esa gran noche de exposición. Ya en la vía al Hotel del Caribe, en compañía también de Rivera, dijo el gran vate, perdido en la noche que tanto cantó en su poemática: -la última vez que vine a Cartagena conversé con el “Tuerto”, fui muy amigo de él. Y algo más, se diría, compartieron en algún momento el Modernismo. Su resistencia a los vapores báquicos era extremada, y bajándose del auto se fue con sus propios pies en la noche, “símbolo de toda humana y divina proteidad”. Miércoles, noviembre de 1989.
Asiesca Asiesca es la sigla de la Asociación de Instituciones de Educación Superior de la Costa Atlántica. Es un organismo de carácter académico y cultural constituido como entidad de utilidad común y sin ánimo de lucro. Pretende vincular en su seno a todas las instituciones de educación superior reconocidas oficialmente para constituir un bloque regional común en defensa y pro de los intereses costeños sin oponerse, no faltaba más, sino en inteligencia con organismos que como ASCUN hacen lo propio en el orden nacional. La reunión última de Asiesca se verificó en la ciudad de Valledupar a donde concurrieron los rectores o representantes de universidades de Córdoba y Sucre, del Magdalena y de Guajira y por parte de la ciudad de Cartagena el rector de de la Corporación Tecnológica de Bolívar y el Secretario General del Colegio Mayor de Bolívar, (quien esto escribe), Colegio que fue recibido en el seno de la asociación como miembro integrante de la misma con todos los derechos y deberes anexos a esa distinción. Es que los Colegios Mayores ocupan hoy día un espacio de amplia participación en el proceso educacional y de volcamiento social a la comunidad. La reunión fue organizada por el rector de la Universidad Popular del Cesar con el apoyo de la Gobernación del Departamento a la cabeza del cual está doña Paulina de Castro Monsalvo. Muchos fueron los temas a tratar en esta ocasión especialmente los relativos a los problemas de la calidad y eficiencia de la educación superior, al humanismo necesario como rector de la ciencia investigativa y de la aplicación de la tecnología, y a la debida participación que deberían tener en materia de decisiones en asuntos de gran trascendencia las instituciones de educación superior. A la reunión anotada asistió un representante del Corpes lo que da indicio de la trascendencia de este tipo de asociaciones en defensa de los altos intereses sociales de la región. Lunes, 11 de diciembre de 1989.
Betsy Ángel en Skandia Betsy de Zúñiga esta vez se firmó Ángel. Y a fe que estuvo acertada también en esto. Porque su obra compuesta por diez cuadros exhibida en Galería Skandia traslucen el duende o ángel de su gracia pictórica, buscadora de belleza -el arte también es para mostrar belleza, señores- y carente en absoluto de drama y de conflicto, y en cambio pleno de sentido de la armonía y paz, producto seguramente de la idiosincrasia sin repliegues de la pintora Ángel. En esta muestra Ángel nos enseña su línea acorde con su naturaleza, y por eso legítima, tratada mediante intenso y vibrante cromatismo en veces llameante rivalizando con la luz del trópico que la nutre. Todo esto sin desmerecer ni descaecer un dibujo correcto de líneas que no persiguen hiperrealismo sino que se confunden al modo impre-sionista con el entorno difuminante. La combinación de desnudos e interiores -me refiero a rincones pictóricos íntimos- han sido complacencia de pintores desde el Renacimiento hasta nuestros días y Ángel incursiona en el estilo con un tratamiento pulcro del tema. Las naturalezas vivas -que no muertas- o “still life”, como son descritas en inglés, son para Betsy Ángel tema para gozar de la realidad de la forma natural con el aditamento del color llevado al paroxismo. Lilas, naranjas encendidos como llamas cuasi de Blake, verdes papagay y el amarillo cercano al supuesto blanco de la luz, que es la luz misma, y que hizo en vida de Van Gogh que este profiriera aquello del ¡Amarillo, que viva el amarillo! Ángel es una perfeccionista dentro de lo suyo y así nos mostró variedad que enriquece, a saber: dos jarrones de flores, seis figuras humanas, una combinación de figura y exterior, una figura en un interior y por último un interior con objetos. Jueves, 14 de diciembre de 1989.
Antonio J. Con el título de “50 años de cuartillas” se ha dado a la imprenta una serie de notas periodísticas de la mano de Antonio J. Olier. Algunas de ellas aparecieron en la columna que el autor llamó “Campanario”, desde la cual oteó la cotidiana realidad de la ciudad y sus gentes. Muchas notas (o artículos, realmente) de él aparecerán sólo después de investigación detallada pues figuran sin nombre bajo el generalizante editorial a lo largo de muchos años, en distintos órganos de la prensa costeña y capitalina. En Cartagena estuvo vinculado a “Diario de la Costa” -ya desaparecido- fundado inicialmente por ese maestro del periodismo costeño que fue Gabriel Eduardo O’Byrne y proseguido por el doctor Carlos Escallón Miranda. La prosa de Antonio J. es concisa, breve y sin adjetivaciones, como compete al ejercicio de una corriente de periodistas de sus comienzos y de hoy, coexistente con una manera más abarrocada en esta época de gustos llamativos y abrillantados que usa vocablos impactantes. Ha sido discusión permanente ese asunto y por lo tanto de interés a toda prueba. Es el viejo intento de acompasar literatura y periodismo y por otra parte sólo informar escuetamente. En este último estilo se ha destacado hasta nuestros días Antonio J. Olier. Estamos todos a la espera, con María Teresa Herrán, de que Antonio J. -como profesor de Literatura y Español- nos regale sus enseñanzas sobre periodismo en un nuevo libro al respecto, que seguramente tendrá todo el apoyo y la difusión que ha tenido el que ahora comentamos en todos los medios de comunicación, para alegría de sus amigos. Sábado, 16 de diciembre de 1989.
Ética y etiqueta Curiosamente la voz etiqueta viene, como Ética, de la palabra griega -excusar la obligada alusión al viejo idioma nutriente- “Ethos”, que como todos sabemos significa uso, hábito, costumbre. Lo que creemos, pues, que es cosa nueva no es al fin y al cabo sino vino nuevo en odres viejos. Pues usos, hábitos y costumbres son tan ancianos como la Humanidad misma que siempre se ha valido de ellos como de un sano mecanismo de interrelación entre los seres humanos. Aunque en el caso del tema que Evelia Porto de Mejía ha presentado constituye tema en relación a las maneras que desde hace ya algún tiempo, y hasta nosotros han sido creadas para situaciones en que se trata de reuniones para compartir la vida social en su aspecto festivo, si se quiere. Pero que quede claro que siempre ha existido un proceder acatado y enseñado de generación en generación para demostrar respeto por los demás en la civilidad. También debemos señalar que no obstante las diversidades culturales históricamente existentes en el pasado y en el día de hoy, todas las sociedades tienen un elemento que como común denominador sirve para mostrar que sicológicamente la etiqueta es una necesidad cultural digna de ser atendida y acatada por todos. Sin llegar a extremismos que irían en contra de su condición de amable invitación y sugerencia desdoblada en cortés obligación para convertirse en odiosa tiranía ridiculizadora. Sirva, pues, la mención para recordar que los usos cambian en ocasiones con presteza. Libros muy sesudos y en veces desconcertantes como el de Levi-Strauss, “De las maneras de Mesa”, toman el asunto, naturalmente desde otro ángulo al que le ha conferido la autora Porto de Mejía a su libro “El arte de la Etiqueta”, como fruto paciente de su actividad docente en este campo. Pero con esta edición que está a punto de ser lanzada en la ciudad seguidamente a la presentación de la obra en Bogotá por parte de Diners y la Editorial Gamma se llena un vacío dentro de la bibliografía cartagenera y costeña, que poco a poco va teniendo autores propios sobre los más diversos temas. Miércoles, 20 de diciembre de 1989.
Lentes y máscaras La gente siempre se inquieta -atenta que está a todo- por los objetos que usan los otros. Me refiero a los que tienen que ver de una manera u otra con la indumentaria que usan los demás. Me pregunto si será sólo curiosidad externa o una inclinada a conocer cómo le quedan o le quedarían al preguntante las cosas del atuendo en general sentido que observa en los otros -el infierno son los otros, decía Sastre- llevan sobre sus propias humanidades. Así pasa con el uso de bastones, paraguas, sombreros y de más aditamentos que la humana condición por uno u otro uso o por una y otra razón culturalmente ha inventado para ponérselo encima. En las culturas donde el hombre dentro de un ritual ha necesitado desdoblarse, sea en el ritual religioso o en la representación teatral ha sido y es aún hoy en día permitido el uso o la utilización de la máscara. Palabra inquietante porque cualquiera podría considerar que significa más cara, es decir, otra cara más que se suma a la natural. Pero estas cosas sólo le son permitidas a Cortázar o a Cabrera Infante, re-creadores, sin Zoilos, pero ni Aristarcos tampoco, como auténticos maestros de las palabras. ¿Pero volviendo a las máscaras, queda la inquietud de si el uso de los lentes o gafas o antiparras o quevedos al fin de cuentas, además de su en ocasiones uso necesario, no constituyen también una vuelta al uso de una máscara posible en los días que corren? Porque en el caso de ser necesarias, tendrían entonces una doble posibilidad para el ocultamiento de esa “niñas” o “pupilas” que los poetas han dado en llamar eufemística y metafóricamente “las ventanas del alma”. El ocultamiento de éstos, los ojos, ya lo hizo posible la naturaleza con las persianas naturales de los párpados que al entornarse hacen la gracia de las mujeres con su expresión de “yeux en coulisse”, a que aluden los galiparlantes. El inglés tiene una expresión parecida que es “bedroom eyes”. Pero de manera arcifinia el talento del hombre con su creación de los lentes de tipo estético, es decir de uso no correctivo, permite a sus usuarios muchas tretas, marrullas, triquiñuelas y pequeñas aranas para desviar los ojos del punto focal que realmente inspira la atención. Llega uno a la conclusión después de este pensamiento de retruécano de que entonces a la pregunta hecha con anterioridad de que los espejuelos (uno de los trucos posibles) constituyen, al modo de los usados por sacerdotes y chamanes y por actores de teatro “No” japonés, una máscara posible dentro de una sociedad que detesta las máscaras, sobre todo aquellas que logran, a pesar de todo, usar los Yagos o hipócritas (su significado en griego, sorprendentemente, es “debajo de la máscara”, en árabe el término para lo mismo es “munafiqun”). Martes, 26 de diciembre de 1989.
El paraje encantado Adquirí para obsequiárselo a mis hijos la obrita que escribió Adelina Covo de Guerrero con el maravillante título de “Los animales del paraje encantado”, editado por el Inderena e ilustrado magistralmente por Gastón Guillo Lemaître, con láminas trabajadas con lápices de colores representando temas animalísticos y faunísticos. Aunque el prólogo lo califica de libro de cuentos técnicamente se aproxima más a un relato de secuencia única. Sin duda, la autora se vio influida, como lo hemos estado todos, con la universal literatura para niños que inicia sus peldaños en Esopo, pasando por LaFontaine hasta Samaniego y Grimm, pero con la manifiesta influencia de Lewis Carrol en “Alicia en el país de las maravillas” y de una tira cómica que no recuerdo bien ahora pero que trataba de una pequeña cuyo nombre era Juana que después de un trabalenguas simpático se deslizaba por un túnel en la tierra con un “ábrete sésamo” donde ella profería ¡hazme tan pequeña como Sifo!, y allí comenzaba la aventura que en el “paraje encantado” empieza con un sueño liberalizante de la realidad para entrar en un mundo mágico debajo de una escalera-desván. La manifiesta intención didáctica del relato se encamina a lograr en niños, pero también en adultos lectores, la necesidad de la toma de conciencia de que algunas especies -por maltrato- están desapareciendo de la “faz de la tierra”, pues para los segundos resultará obra de interés tanto como para los primeros ya que la tensión del discurso prosístico se sostiene hasta acabar la lectura. El lenguaje tiene que ver en ocasiones con el estilo “prosa poética” pero sin rimbombancias ni estrafalarismos metafóricos sino con propiedad y decoro a todo lo largo del número de páginas que según la UNESCO debe tener una obra para ser considerada libro. Y esto lo apunto con alguillo de ironía. Estamos seguros de que los lectores en esta época de navidad, tan grata al espíritu, gozarán como lo hicimos nosotros con la Ballena Helena, con Andy Panda, con el “Flamenco” y tantos otros…. Sábado, 30 de diciembre de 1989.
Un posible museo de arte negro Al ser el Negro traído a América perdió con su entorno geográfico su idioma natal y sus costumbres. Su religión sufrió igualmente un proceso de desaparición al cual sólo le quedó, en ocasiones, la asimilación de sus dioses a personajes del Santoral cristiano. El arte Negro desapareció con ella, puesto que siendo, en las comunidades primitivas, la religión el conjunto de ideas trascendentales y simbólicas, perdió sus raíces sustantivas. En América existe, no obstante, una continuidad artística basada en elementos de las culturas africanas y es en Haití. Naturalmente, todas las etnias con ese origen aquí en América se confundieron en sus fundamentos y resulta hoy día difícil establecer en puridad los valores del arte afroamericano. Pero es éste mezcla decantada de la hechura de yolofos, ibos, ararás, angolas, mandingas, congos, minas, lucumís o lucumíes y demás, que aquí continúan hasta cierto punto manifestándose. Según los patrones artísticos occidentales es cierto discernir en el arte haitiano popular qué es una obra de arte o qué es una simple manifestación de vital artesanía asociada a las creencias del común de las gentes. El conjunto de obras que ha reunido Juan Zapata Olivella comprende elementos de talla de madera, pinturas, preferencialmente primitivistas, de los artistas naturales e ingenuos del Haití actual. Se diría que es éste más un Museo de carácter etnológico que puramente artístico, por lo actual y descriptivo del modo de vida de sus realizadores, pero aunado a la concepción de crear en nuestra ciudad un sitio donde se pueda exhibir, estudiar y analizar la idea del modo de hacer arte de la Raza Negra en América. Es Cartagena, ciudad declarada Patrimonio de la Cultura Arquitectónica Universal, ciudad turística, parcialmente caribeña y por ende mulata, el escenario lógico para la creación de un Museo de este tipo, cuyo arranque sería la colección que donaría a la ciudad Zapata Olivella, y así contar, aunque sea en un plano de relativa modestia, con otro museo que se sumaría a los ya existentes, a saber, el de Arte Moderno (debió apellidársele Contemporáneo), al de Arte Religioso de San Pedro Claver y al Zonal del Banco de la República sobre las culturas del Oro, y del Barro, (arte cerámica), de los aborígenes de la zona del Sinú. ¡Ojalá! Martes, 2 de enero de 1989.
Piedad y Tragedia La tragedia clásica desemboca, naturalmente, en la muerte y excepcionalmente en Olvido. Muerte motivada por sui-cidio o causada como efecto del poder del tirano, a lo que se añade la prohibición de sepultar a los muertos. A lo que contrasta en muchas de las obras clásicas la invitación a la mesura, a la piedad, especialmente hacia los muertos y la invitación a resistir al despotismo. En la literatura poemática se encuentran gérmenes de elementos trágicos a los que en el desarrollo posterior del género, por parte de Esquiles, Sófocles y Eurípides se daría enorme dimensión. En la Ilíada, Príamo, rey de Troya, implora a Aquiles, matador de su hijo Héctor, para que le sea permitido darle sepultura. Aquél accede después de muchos ruegos del anciano rey. La insepultura asume en sí misma el máximo de desconsideración e infamia, además del castigo llevado a los límites de la injusticia. En la Ilíada se cita aquello de que a los hijos de Níobe los mató Apolo en compañía de Ártemis, porque la madre de aquellos osaba compararlos con los hijos de Leto. Nueve días permanecieron tendidos en su sangre y no hubo quien los enterrara porque el Cronión a la gente la había vuelto de piedra; pero el día décimo los dioses celestiales los enterraron movidos por la piedad. En “Las Suplicantes”, a Etra, aquellas le ruegan que interceda por sus hijos ante el Rey, su hijo, para que les devuelva los cadáveres de aquellos que los Tebanos, contrariando las normas helénicas, han abandonado en el campo para presa de los perros. El héroe Teseo comienza rehusándose pero al retirarse las Suplicantes, Edra, su madre, le exclama: ¿Es posible que se toleren semejantes maldades? Y continúa: “¡No las consientas tú, si eres mi hijo! Tú, que has visto afrentar a tu ciudad y escarnecerla y en sus tristes ojos el duelo de la injuria recibida; y las has visto, afanarse con el dolor, crecer en los peligros. En tanto que los pueblos apocados se desvanecen en su propio miedo y esconden la mirada temerosa. Ayúdalas, acúdelas, oh, hijo mío. De sólo haber dudado me arepiento. Escucha su clamor y el de los muertos.” Teseo cede entonces a la instigación materna. Después de todo, está acostumbrado a combatir contra cualquier opresión sin reparar en los peligros. No se diga entonces que ha olvidado las antiguas leyes divinas, cuando Atenas tiene fuerzas bastantes para oponerse a tales agravios. Es un acto de piedad que extrema levantando, él mismo, los cuerpos desfigurados, los ha lavado, incluso, y los ha tratado “con amoroso miramiento”. No se ha valido para ello de esclavos. Cosa impura y corrupta a los ojos de los atenienses. Esquiles, al final de “Los Siete contra Tebas”, nuevamente plantea este problema. Creón ha dispuesto que de los dos hermanos que murieron, uno, que es Eteocles, sea sepultado con todos los honores del rito. El otro Polinice, será dejado a los vientos abiertos y a las incursiones crueles, por inconscientes, de aves y perros. A su vez Sófocles, en “Antígona”, retoma el tema. Muertos los dos hermanos, el tirano de Tebas, Creón, manda que se quede insepulto Polinice. Su hermana, Antígona, resuelve sepultarlo. Invita a Ismene para que la acompañe. Aunque esta se niega por acatamiento a las leyes de la sociedad, Antígona va, y exponiéndose a la ira del rey, cubre el cadáver con tierra suelta. Afronta la condena y es enterrada viva en rocosa caverna. Aunque la tragedia es el enfrentamiento entre la obediencia a las leyes de la naturaleza y de los dioses y el desacato a la ley del tirano, echemos de ver como el ‘jus naturae’ es el verdadero y auténtico modelo para el ideal griego del momento. Cuando Ayax, otra vez el sino trágico, pretende las armas de Aquiles y sale fallido en su intento, da motivo para que Sófocles, con datos que no aparecen en la Ilíada sino en la leyenda, diga que Atena lo volvió loco y así matará carneros y bueyes pensando en que realmente mata a los argivos. Ayax se suicida, y la mujer que recibió como botín y que lo acompaña como esposa halla el cuerpo, al fin. Intenta sepultarlo y ruega para que se le permita el sepelio pero Agamenón y Menelao aparecen y se oponen a que sea sepultado, como castigo. Agamenón se niega, pero ante el argumento de Ulises, enemigo de Ayax, que lo impresiona con su nobleza de ánimo cede y autoriza la sepultura. Sófocles equilibra la sumisión a las normas tradicionales y políticas y la dignidad del hombre que puede oponerse a ellas cuando le son nocivas y van contra principios más elevados que atisban en su interior. Contrariamente, y por la trascendencia del hecho mismo, la piedad en su grado máximo se resumía en el hecho de la honrosa sepultura a los muertos, manifiesto ampliamente por Pericles en su “Discurso fúnebre en loa a los muertos en la guerra Peloponesia”, síntesis constitucional de lo que en Atenas se entendió por Democracia. Revista “Mefisto”, de Pereira, 1990.
Bastones, sombreros y paraguas Ya se trate del garrote del anciano conductor o de la azagaya del joven guerrero o del cayado del pastor todos son unos. El bastón ha tomado muchas formas según el uso. En ocasiones ha tomado forma recta y otras curvas, cuando no ha asumido el diseño de ángulo recto, como el garabato ad-usum de nuestros campesinos, que posi-blemente ha dado nombre a la Danza donde se lo emplea, hasta los que portaban los reyes o patriarcas que se transformaron en el sofisticado cetro como simbólico recuerdo de las antiguas culturas ganaderas. Con su vara de viaje mató Edipo, sin saberlo, a su padre, y fue premiado con su cetro por haber dado muerte a la Esfinge, que acogotaba al país. Fue tan importante el uso del bastón que quedó en el lenguaje inserta la voz “imbécil”, que hace alusión a quién no lo portaba. Y el símbolo del viajero en la representación de Mercurio es la vara que en los médicos está representada con dos culebras. En estos días de sol intenso, hasta hacerse picante, se pregunta uno por qué nuestras mujeres dejaron el bello hábito de algunos años atrás, como lo era el de usar sombrilla en las horas de la más intensa canícula. Lo mismo que los varones dejaron la cómoda costumbre de usar sombrero (pajizo) siendo tan fresco su porte y de uso tan extendido aún en el resto del Caribe, área con la cual coparticipamos del caluroso clima. Algunas personas aún lo utilizan. Otros usan gorras deportivas en el campo de juego, y en canchas y playas, pero el uso no es masivo ni habitual en actividades comunes al trabajo y a la vida diaria urbana. También algunas damas resguardan, como japonesas y chinas, su tez de la demasiada influencia de los rayos del astro-rey. Poetizando el ambiente por donde van. Uno no sabe, al usar paraguas, si en la Costa luce bien portar en la mano uno largo, de negro color y de punta metálica, que además nos permite su uso como bastón o adquirir uno de cortas dimensiones, que a su vez se vería ridículo en Bogotá, por ejemplo. La verdad dicha es que ver a alguien caminando con avances del negro artefacto en balanceo, es al par que una imagen “demodée” una estampa macabrista ¿Será, acaso, porque un paraguas plegado parece un gran murciélago que cuelga de nuestra mano? Sábado, 6 de enero de 1990.
Tres cristales El primero de ellos está ligado a la alimentación y el hombre debió consciente o inconscientemente buscarlo en los sabores que le apetecían. Históricamente es muy antigua su explotación y los romanos llamaron a la contraprestación por el trabajo “salarium”, pues se entregaba al soldado una bolsita llena del sápido cristal: la Sal. Condimento básico en todas las cocinas, sirve a la función primordial del hombre, la alimentación. Pero es su abuso vehículo y fuente de enfermedades para el ser humano como las que tienen que ver con el corazón. El otro cristal (en el argot o jerga, significa “dinero”, alusivo a sobornos y coimas), tiene, según algunos, origen asiático, pero hay quien aduce un presunto origen americano para él. Será cosa, tal vez, de preguntarle a algún personaje de escritorio si le gusta el tinto con mucho “azúcar”. En la Edad Media, su uso se suplía con el de la miel, pues aún no se había popularizado su costoso consumo. Su explotación se asocia a los plantíos de cañadulzales en las islas antillanas. Es sabrosa y útil, igualmente que la sal, pero tiene inconveniencias de semejante modo para la salud, sobre todo para quienes necesitan cambiarlo por otro tipo de edulcorantes. Nada es perfecto, sino perfectible, gracias al humano esfuerzo, y todo viene variopinto y entreverado y si no piense usted en cuáles cosas tan necesarias y útiles son también causas de muchas inconveniencias y problemas. El otro cristal, fuente de placeres, (se les halla en minas o “placeres” -otro sentido del término- es tal vez el que más circunstancias de alegría causa, sea por motivo de compra o del homenaje que significa su obsequio, pero también el que más desdichas ejerce pues es el símbolo de la Codicia, y ésta es un pozo de desdicha por las secuencias que trae aparejada: guerras, abusos, violaciones de la Ley, mentiras, manipulaciones, prepotencias, y demás laceraciones, entre individuos y naciones, a quienes su mágico y facetado lustre les hacen concebir ilusorios nirvanas. Martes, 16 de enero de 1990.
De beatitude Describe un estado de ánimo santo en relación con la idea de la divinidad, y de armonía con las cosas pertenecientes a la naturaleza. Ese es su único y prístino sentido. Y a ello se puede llegar por los más diversos caminos. Dante lo logró con la ayuda de Beatriz, que sin duda no era la niñita Portinari sino la idea misma de la conexión a la perfección mediante la belleza suprema. De tan alta concepción se ha pasado a una forma más rebajada, la de la “beatería”, la aprobación única de lo que pertenece a todos como cosa natural. Y la fastidiosa insistencia sobre algún aspecto del mundo de las ideas o de las personas durante años, sin admitir de nada ni de nadie otra opinión que altere “la idea santa”. La “beatería” entra también por los vericuetos del culto a ultranza. En veces contra toda humana concepción. Y contra toda divina previsión. La idea reiterada y el monotema constituyen la base principal del edificio a que nos venimos refiriendo, lo mismo que el autobombo y el culto a la personalidad, aunque ésta sea auténticamente valiosa, más allá de lo razonable. Porque lo único que puede ser peor que esto es el culto a la falsa personalidad. Suele el “beato” terminar cualquier cosa que emprenda en su original idea, aunque dé rodeos intermitentes, en el punto de siempre. Cualquier cosa fuera de eso, (lo que sea), le parece inane, o lo que es aún peor contrario a toda lógica de que el mundo es una interrelación dialéctica, donde como decía alguien poéticamente “el todo nada valía y el resto valía menos”. O que la totalidad viene de la suma de las pequeñas cosas. Y que por mínimas (que sean) tienen su puesto también. Pero la “beatitud” (no me refiero a la genuina, naturalmente) se apronpicúa aún más a lo cursi cuando a ella se le suman aspavientos y molinetes de pésima factura. Yo imagino que contra la situación “de beatitudo” no existe sino el remedio de la paciencia y la aceptación de que también la obviedad es parte substancial de la evidencia de las circunstancias. Aunque pensándolo bien, tal vez la sola forma de beatería aceptable sea aquella que se nutre de gratas sorpresas. Viernes, 19 de enero de 1990.
El capitán Veneno Don Pedro Antonio de Alarcón nació en Guadix, España, en 1833, no confundirlo con Ruiz de Alarcón, Don Juan, quien nació en ¿1581? en México, en la hoy turística población de Taxco, en la vía al balneario de Acapulco. Don Juan era jorobado y en cambio Don Pedro se distinguía por desarrollar una obra que en ocasiones rondaba lo polémico. En estas vacaciones forzosas que dispone nuestro absurdo sistema de estudios (por lo largas y propiciadoras de indisciplina y poca seriedad en las cosas académicas) me di a la lectura de la obrita que sirve de intitulación a ésta, espero que brevísima nota. Trátase de un capitán que en una trifulca buscada por él mismo, pues pedía hacer licencias de oficial a cargo, en las guerras carlistas, salió herido en una pierna, fue recogido por una señora que presumía de noble y de que su marido iba a ser jubilado póstumamente para ella y su bella hija sobrevivir. Esta se dedica -con la angelicidad que otorgan los veinte años en una mujer- a curar al enfermo que es un “gato fiero”, no obstante su natural bondadoso y sediento de ternura y cariño, pero basado todo esto en algo así como un tributo que aún a sus cuarenta años debía pagar a su timidez, pues por ello se había quedado solterón “casi”. Situación de “casi” a que se dedicó la niña de sacarlo, pese a sus rabietas de niñón pateta, que en su egoísmo ejercía verdaderas dictaduras emotivas, que alejaban de él a todos los que por allí estuvieren. La trama de la obra, que propicia tanto la astracanada o enredo, termina en que el capitán Veneno hereda la herencia que no quería heredar, se casó con la joven a quien insultaba a diario, satisfizo su nombre con un título de nobleza (satirizado) y fue encontrado por un antiguo condiscípulo, que al ir a visitarle fue pasado a la biblioteca, donde al abrir la puerta vio al capitán Veneno llevando en lomos a su hijo, con el ángel ya citado, que le voceaba ¡Arre! Tal vez la obra más conocida hoy de Don Pedro Antonio de Alarcón, nacido en Guadix, España, en 1833, sea “El sombrero de tres picos”, llevado por De Falla al pentagrama, pero su obrita más natural (naturalista) posiblemente sea ésta que he comentado, amable lector, para usted. Atentamente. Miércoles, 14 de febrero de 1990.
El diamante de Bokassa Un amigo nuestro que aduna una poderosa imaginación poética a un claro y humorístico sentido del humor, nos comentaba en reunión tertuliana a Juan Zapata Olivilla y a quien esto escribió, en días pasados, en este leidísimo matutino, una nota sobre la posibilidad de crear un Museo de Arte Negro en la ciudad que los vio llegar, importados desde las Factorías del África Occidental, durante la Trata Negrera, de negra recordación histórica para todos los espíritus sensibles. Pues, dicho nuestro amigo , viajando imaginariamente por el mapa africano, comenzó a colegir qué Presidentes y Primeros Ministros de esos países habrían de venir como conferenciantes a Colombia, para la inauguración del comentado museo, y cuáles serían los regalos que los que no pudieran venir habrían de enviar para hacerse copartícipes de la obra. Y decía ese alguien, insisto, en tono jocoso, alta muestra de inteligencia y ejemplo para los agelastas, que Jean Bedel Bokassa (no importando que ya le dijéramos que estaba derrocado y en el exilio) nos regalaría para el museo un enorme diamante, para ser colocado como muestra de la riqueza de algunos pueblos africanos en el día de hoy. Pero según nuestro amigo, Zapata y yo habríamos, según, (otra vez), el fantasioso y nunca realizable viaje, de quedar mondados de dinero en el retorno, y nada menos que en la Ciudad-Luz. Así y acuciados por el doble deseo de ir al “Molino Rojo” y comprar algún perfumito, para alguna admirada dama domiciliada aquí en Cartagena, Zapata Olivella y yo nos miraríamos a la cara con expresión pícara, diciéndonos al tiempo que por qué ante tantas afugias y deseos no iba a estar justificado cambiar el enorme carbunclo, regalo de Bokassa, por una buena imitación que, al fin y al cabo, iba a servir para mostrar la riqueza….etc. etc. de ese país extraordinario del mismo modo, y al propio tiempo nos permitiríamos algunos gustos. ¡Y que al fin de cosas cuántas personas se darían cuenta de que el expuesto no era un diamante genuino! Zapata y yo reíamos, a mandíbula batiente, de las ocurrencias de nuestro cordial amigo. Jueves, 22 de febrero de 1990.
¿Participaron Árabes en el Descubrimiento? Si contestamos rápidamente probablemente diremos que no. Y diríamos cosa verdadera o “cos verdadera” como dice en su obra el Arcipreste. Pero si analizamos los por qué de este aserto aparente tendríamos que confesar -no tan rápidamente quizás- que no lo sabemos. Ahora que después de la muerte del general Franco Bahamonde las distintas nacionalidades que conforman la nación española pueden manifestarse como culturas autonómicas, varias de ellas, ejemplo, la de los vascos, han reclamado con una abundante bibliografía al respecto para señalar que gentes de su región participaron activamente en el Descubrimiento de América y que no obstante esto siempre Castilla opacó su participación. Y no dejan de tener razón los protestantes vizcaínos al hacerlo pues así ha sido. Como todos los lectores saben Castilla fue la realizadora de la magna empresa que ha de cumplir en el 1992 su Quinto Centenario, y asumió ella misma la Conquista, exclusivamente, hasta cuando la realidad hizo que permitiera la venida de gentes de otras regiones o reinos. A los árabes españoles no les fue tan bien puesto que para ellos y los judíos la orden de expulsión de sus pagos nativos fue, como se dice, inexorable. Esa es la razón de que de manera abierta no hubieran participado, como históricamente debió haber sido, en la empresa a que dio puerta la hazaña colombina. ¿Aunque crípticamente parece que sí, pues si no ¿por qué la Inquisición encausaba aquí por ser moro o judaizante? Sábado, 24 de febrero de 1990.
El libro de Leyva Hemos recibido por envío hecho a la recepción de nuestro matutino “El Universal” el libro de Álvaro Leyva Durán “La guerra vende más”. Entendiendo que es una obra que toca temas de actualidad, sacando ratos al día y a la madrugada, en que los niños de toda la ciudad se aprestan para irse para el “cole”, dimos lectura al paginaje de 179 guarismos, a lo que ayudó mucho el estilo ágil y cuasi periodístico de la narración. La escritura lleva ínsita la idea del “bestsellerismo” o del vedetismo en la divulgación, que de ambos tiene. Comienza con el Caso Gómez Hurtado, secuestrado por el M-19 en acto entre publicitario y de presión. La secuencia nos lleva entonces a las distintas e indistintas reuniones que con los alzados en armas de varias orientaciones, planeó y en parte llevó a cabo el senador Leyva Durán. Contado en primera persona de manera cuasi coloquial Leyva no oculta, eso sí, su manía protagónica o apriorística, manifiesta y evidente a todo lo largo de la lectura, fácil, de la obra en mención, tanto en lo relativo a lo anecdótico personal como en lo que él llama “papel histórico”, desempeñado, claro está, por él mismo. Amén de eso, casi todas las personas (muy) importantes de ambos partidos y de la izquierda siempre están presentadas para apoyatura o plafón del papel escénico del autor, incluyendo al Presidente Barco con la política de paz del gobierno. Libro ameno, ágil, como hemos dicho, y de expuesto deseo de base para una campaña de precandidato. Lunes, 26 de febrero de 1990.
David Sánchez Juliao Siempre creímos en ese joven estudiante que conocimos en la Universidad de los Andes, adonde concurríamos a escuchar cursos de filosofía griega y literatura del Siglo de Oro español. Bajando un día por las escalinatas, nos dijo: ¡Me voy! Quiero irme para México y estudiar allá el cuento ese de investigar en la sociedad actual tal como lo ha hecho el autor de “Los hijos de Sánchez”. Ese es el tipo de literatura que yo quiero hacer. Y no lo volvimos a ver hasta que un día en compañía de León Trujillo nos invitó a una velada exquisita en casa de no me acuerdo adonde, donde las damas eran bellísimas y espirituales -también estudiantes- y escuchábamos música interpretada por una de ellas al piano. Muchos años duró por allá y bien que la experiencia le ha aprovechado, pues supo cuál era el destino que habría de imprimirle a su extraordinario y nato sentido de narrador. Así, poco a poco, fueron publicándose sus “Cuentos de Racamandaca”, “Papá, llévame en canoa al hospital” y tantos otros, donde la fuente nutricia era la vida de las gentes de Lorica -Lorica Saudita- y en general de Córdoba. Cuando leí y escuché en casete -siempre ha creído en la literatura oral, cual los auténticos narradores- “Abraham al Humor”, posiblemente Iskander Dager, mi abuelo, o Dager al Badawi mi bisabuelo, eran también conterráneos de don Abraham, prototipo del árabe soñador y empresario. Sus éxitos “Pero sigo siendo el rey” y otros han sido ahora traducidos, entre otras lenguas, al griego moderno o “demotiki” y él en persona irá próximamente a Aziné -Atenas- al lanzamiento de la obra. Felicitaciones y envidia de la buena, ¡a ti sí, David Sánchez Juliao! Martes, 27 de febrero de 1990.
Tablillas, papiros y libros Las más antiguas acumulaciones escritas que pudiéramos considerar como auténticas bibliotecas son probablemente los yacimientos de tablillas sumerias encontradas a finales del siglo XIX en Irak. De allí surge el conocimiento de los más vetustos poemas antecesores de los homéricos en casi dos milenios. Posteriormente, podríamos considerar, como lo hicieron los historiadores antiguos, que las pirámides en sí mismas consideradas eran doblemente formas arquitecturales y condensaciones de la experiencia escrita, aunque hoy día el turista no pueda ver ese aspecto de ellas porque el recubrimiento de losas se ha perdido. El papiro sirvió de base a la memoria colectiva de la literatura y de las ciencias egipcias, rescatable aún hoy día. La de Alejandría es tal vez la biblioteca históricamente más elaborada y completa, aún contemplándola en términos actuales, pues servía de fuente de investigación a los sabios y era susceptible de ser consultada por el público en general. Aunque naturalmente antes de eso los Pisistrátidas habían posibilitado el paso de la oralidad a la literalidad a los poemas del viejo Homero. En el siglo VI. Nobles y monjes guardaron durante la Edad Oscura al noble objeto que es el libro en conventos y castillos, hasta que los burgueses decidieron entrar en el mercado “bibliográfico”. La biblioteca moderna y contemporánea es realmente el culmen de un proceso que permite hoy día la consulta por pantalla del computador para un grueso público que incluye estudiantes, estudiosos, curiosos, e investigadores. Sin embargo, el libro como tal y su masificación no tiene sino algo más de doscientos años. Lunes, 5 de marzo de 1990.
El Coramvobis Se define con este latinismo o latinajo, según quién lo diga, a la persona gruesa que siempre se muestra solemne, tal como el sacerdote vuelto a la feligresía, indicándole al Pueblo de Dios que su corazón estaba con ellos en un acto identificatorio de amor. Y de veras que en este caso es muy bella la intención además de que es un gesto litúrgico de grande y exquisita teatralidad que sobrecoge justamente los corazones de quienes asisten al oficio religioso, que aún sigue siendo hermoso, no obstante que algo de su magia fue eliminada por el Concilio Vaticano II, dentro de una concepción ritual más moderna, la del “aggiornamento”. Por uno de esos cambios semánticos debidos al capricho que los que ven el árbol pero ignoran el bosque no captan ocurrió alguna vez la incomprensión a la respuesta sobre un interrogante acerca de la voz “turiferario” en el sentido de que significaba “seguidor”, “obsecuente”, “secuaz”, etc., que causó ira santa en el “purista” que dijo que no era posible pues el término se definía como el acólito que en el antiguo rito eclesial llevaba una especie de calderillo humeante con el cual aún hoy día se sahuma en las iglesias durante determinadas ceremonias. ¿Y entonces es que el valor de los términos es sólo sustantival, o precisamente son valiosos porque se usan por extensión, tal es la fuerza de las imágenes que despiertan en la mente del hablante? Pero volviendo al tema de nuestro coramvobis, qué descontentadiza cosa es tratar con él. Como el agelasta nunca se ríe pero agrega a esto el hecho de que engola la voz hasta para pedir un vaso de agua. Aquella suena como decía el Profesor López de Mesa* que sonaba el río Amazonas al salir al mar: “Pororoca”. Tal decía este sabio que pareció que jamás rió y todo lo escribió y dijo con un coramvobismo exquisito. 12 de abril de 1990 *Se atribuye al doctor López de Mesa lo de que cuando fue Ministro de Relaciones Exteriores de Colombia tuvo cierta política xenofóbica contra la inmigración siria y libanesa.
Suskind, ¿otro Kafkiano? Sin duda pertenece a lo kafkiano y no a lo obsesivo la visión que en dos de sus novelas ha dado a los lectores el alemán Patrick Suskind, me refiero a las tituladas “El Perfume” y “El Contrabajo” publicadas por Seix Barral en Colombia. En monologada intervención un músico nos pone al tanto de su visión del mundo a partir de su pasión por el instrumento que según él es la <summa cum laude> de los artefactos sonóricos, injustamente despreciado hasta por los grandes músicos que en el mundo han sido, incluido Beethoven que lo consideraba una alfombra musical para los agudos del violín y la sonoridad estruendosa de las vibrantes orquestaciones. Pero el narrador preasume (no presume, mi querida e inteligente amiga) la defensa del instrumento, que es la suya propia. Como en “La metamórfosis” (querida pantallista, ¡déjele la tilde!) toda la acción de este relato que, no cuento ni novela en sentido estricto -qué géneros tan problemáticos-, en un microcosmos más mental que real y encuadrable en las paredes de una estancia. Desde allí la paradoja rápida a lo Unamuno sobre aspectos sociales, sobre la comedia bufa y el valor de lo costumbrista y de lo clásico, de lo bello y de lo bueno. El arco del contrabajo es el trozo de clavileño para escapar de lo trivial y de lo banal, mediante el culto obsesivo y virtuoso de la pasión, cualesquiera que ellas sean -en este caso es el virtuosismo musical como en el anotado “Perfume” lo fue el virtuosismo, fatal, de la agudeza olfativa en el protagonista. De todas maneras escribiendo esta nota me he encomendado, escuchando el “Doble Concierto” de Johannes Brahms, a los manes de la relativa gravedad del contrabajo, que tanto defiende el narrador de su modestia ante la brillantez apabullante de su pariente -en la familia de las cuerdas- el violín. Viernes, 27 de abril de 1990.
Arte académico y arte academicista Mucho se escuchan, indistintamente, las dos expresiones para referirse a las escuelas de Arte y en particular para las de Artes Plásticas. Por lo parecidas dan la impresión de tratarse de cosas iguales cuando resulta todo lo contrario. Hasta el punto de que algunos cuando quieren demostrar su desafección por el Arte Formal, apegado a ciertos cánones lanzan inmediatamente la invectiva: ¡eso es arte academicista! El arte académico, es decir, aquel que en su ideación y concreción se rige por conceptos teóricos en materia conceptual y en el oficio se basa en la buena ejecución constituye en sentido riguroso la clasificación de arte perteneciente a/o según la Academia. En relación al término académico se sigue el de academicista, utilizado por los pintores de mediados de siglo pasado en Francia como peyorativo, al limitarse los artistas decadentes a hacer arte sin emoción y sin contenido conceptual, inspirándose sólo en la copia reiterativa de los grandes maestros y en la ejecución manualista de trucos pictóricos. Dentro de esta idea se comprende que la posibilidad de hacer arte dentro de la escuela académica es tan válida como hacer arte ingenuo o primitivista, por sólo citar al más alejado, en su concepción, del arte académico en mención. Hoy en día en materia artística y pictórica, claro está, son actuantes todas las posibilidades e intenciones, sólo sujetas al resultado de la creación y a la calidad y al mensaje portador. Es tan pertinente hacer buena academia como buen expresionismo, que es la tendencia de moda entre nosotros entre los que ahora salen a la actuación en materia plástica. Como será siempre de improcedente entrar en la liza de lienzos y pinceles con mal arte académico o expresionista. Por sólo citar dos de las escuelas posibles. Porque hasta el llamado arte “Mauvais” tiene que ser complementación de asunto de arte de buena calidad en la idea y en la manifestación exterior. Miércoles, 7 de marzo de 1990.
El Agelasta Así se llama a quien es incapaz de emitir “ese ruido” que Lord Bolingbrooke, en broma, claro está, dijo que no debería proferir el ser humano y que Bergson trató magistralmente en su obra “La Risa”. Es que el agelasta nunca ríe. Pour tant n’est ce pas l’homme qui rit. Cuando él cree hacerlo es cuando deja escapar de su garganta un ruido, ese sí, que semeja al de la madera seca al quebrarse. O el del latido del perro. Sus labios sólo se separan para hablar incansablemente y siempre en serio. Suele lanzar parrafadas como una borrasca o como un chubasco sin esbozar siquiera una sonrisa, prima hermana de la risa. Si se refiere un chiste blanco con juego de palabras, él, el agelasta siempre se va por el sentido trascendental de la ambigüedad y deja al inocente gracejo sin piso. Es que el agelasta no ríe ni en el grado extremo de que se le suministre protóxido de nitrógeno o gas hilarante. Ni siquiera en la misma animalidad deja de haber algunos animales, que fingidamente, producen un ruido que puede en algunos casos producir la “sensación” de que no carecen de sentido del humor. El agelasta le explica con seriedad a alguien el más gracioso de los chistes. Cuando ríe o él cree hacerlo sus labios se fruncen en un rictus semejante al que producía -según los herbolarios- la planta sardónice o su tráquea emite el regorgoteo de la hiena en la noche de África cuando los espíritus salen a atormentar a los tribuales o tribeños. Los músculos del agelasta siempre aparecen tensos en la cara y no presenta la clásica arruga naso-bucal. Bueno, al menos con eso se ahorra la visita al cirujano plástico. Esta nota lamenta no haber sido escrita con toda la solemnidad con que se la pensó inicialmente por temor saludable del autor a no caer en lo mismo, la Agelastia. Jueves, 15 de marzo de 1990.
Nosotros, los Qulumbiyes Hace poco empleé la palabra que mucho tiempo hacía que no escuchaba y que asocio con los días jueves de empanaditas triangulares de queso y de carne (ahora las encontramos en todas partes desalojando a las de maíz en forma de medias lunas), de sopas de piragüitas con leche cortada (laban), de arroz con lentejas (su nombre suena así como “enyardara”, o cosa parecida), del feroz tabbule y del quibbe crudos (uno de los elementos descriptivos de nuestra condición de “qulumbiyes” era padecer de agruras al comerlos) o de los envueltos en hojas de parra, llamados si la memoria no falla “yabrak” o algo así pues no soy árabe-hablante, con lo que yo solo me lo pierdo. Pero volviendo a nuestra intitulación digo que estando los niños en una mesita esquinera tal vez por eso mismo estábamos pendientes de la charla de los adultos y allí saltaban de cuando en cuando sonoros arabismos que yo suponía eran sólo vocablos extraídos del libro de Don Quijote. Un día precisé este que comento y que no sé por qué me pareció que tenía que ver con algunos de los que allí estábamos y que entre ellos me encontraba yo, naturalmente. Mi padre me dijo al preguntarle: nosotros también somos “qulumbiyes”, a mucha honra, pero empleamos el término todavía para tal vez rescatar sentimentalmente nuestra procedencia que está ya irremediablemente perdida; eso es lo que la palabra significa cariñosamente sobre todo porque quienes más la usamos somos aquellos que más necesitamos de ella para identificarnos en esta balumba de comer tajadas de plátano frito con quibbe. Ya la inmigración (será irrepetible) acabó, y todos o casi todos hoy somos qulumbiyes y hasta la palabra ha desaparecido de la memoria de muchos, como me pasó a mí en que tuve que remontarme a los jueves en la casa de la abuela y desde una esquina del amplio comedor escuchar ese término que antes de saber sabíamos que se refería a nosotros: los ¡qulumbiyes! Sábado, 21 de abril de 1990.
Robespierre Es con Danton la figura más interesante entre los hijos de la Revolución. Y hubo varios de este género como -Vergniaud- con dotes políticas y morales que encarnaron con suficiencia la mentalidad revolucionaria. Nunca ejerció el mando directo hasta el año Quinto pero ninguno ha quedado tan asociado a ella como él. Su fama de incorruptible siempre le acompañó como a Danton la de ser un verdadero “fripon”. Sin embargo, contra toda subjetividad histórica está comprobado que se opuso a que se vertiera la sangre de aquél. Su fama trascendente hasta hoy a pesar de no tener una sola estatua en París -Danton la tiene- esta anclada como una presencia ideológica hasta nuestros días. La personalidad revolucionaria dio modelo nuevo al trabajo político. Su ferocidad y demonismo eran más asunto de su oratoria que de verdadera crueldad, pero le fue compañera fiel y nefasta en el día 9 de Termidor. Lo que no lo disculpa en nada de los errores cometidos en nombre de la rectitud y la moral revolucionaria. Fue una verdadera conciencia política -única- sólo encarnada de modo igual por Lenin hasta los días recientes. No obstante que de modo diferente a éste fue hombre de ideas más que de acción. Viernes, 4 de mayo de 1990.
Cerámica DEL BARRO VENIMOS. Y de él ha hecho el hombre las primeras cosas. Claro que en orden ascendente hasta crear de él cosas útiles y obras de arte mismo. Desde las salas del rey acadio Sargón I vemos las tabletas de arcilla vidriadas, manifestativas del arte cerámico (¿será mica?) que continuó hasta ser una industria con barrio propio en Atenas, el famoso keramicós o cantón artesanal, fuente económica de gran importancia en aquel entonces. En Cartagena se ha creado en los últimos veinte años un taller que se desglosa en otros a medida que sus estudiantes se van volviendo sin ningún título, maestras, pero con la vocación y el arte necesarios que permiten que a partir de la artesanía aparezca el verdadero arte. Es decir la manifestación concreta de la ley de la dialéctica que reza de que de la cantidad va apareciendo la calidad necesariamente. ¿Y quién lo negará viendo esta exposición que se presenta desde el pasado viernes 27 de abril en la sala de la casona de la calle de Baloco donde Judith Porto apoya todo lo que tenga que ver con su cargo cultural y muchas cosas más en pro de la ciudad toda? En esta exposición se presentaron hechuras y obras de tantas participantes que sería improcedente nombrarlas a todas, pues corro el riesgo de que por lo largo no salga ninguna, pero recuerdo, asistido por Mnemosine (PARA TENER EL GUSTO DE CITAR LA SIMBOLOGÍA GRIEGA) a Edith y Gloria Jiménez, y a mis estudiantes de arte en años pasados, y además, amigas personales y familiares, Nicole Beetar y Dorita de Ambrad, quienes se muestran aventajadas (como todas las participantes) en tan delicado y diría que femenil arte. Viernes, 11 de mayo de 1990.
Copito de nieve No, no me estoy refiriendo a ninguna novela de algún autor japonés esta vez. Y dedico esta nota a todos los niños y niñas que tienen la dicha de tener un perro pero aún más la frescura de alma de amarlo. Pero también a los adultos que hacen lo propio. Porque guardan aún no obstante las trampas de la existencia el culto a las demás formas vivas que con nosotros pueblan las aguas y la tierra. Él era saltarín como todos los de su raza, pues era puro dentro de su vertiente y por lo mismo muy caracterizado y definido tanto en las posibilidades de su color como en su vivacidad caracteriológica. Blanco impoluto como ya lo saben los que recuerdan todavía el título de esta notícula. Sedosa la textura de su pelambre casi comparable a la de la llama y aún no empece la finura de la de la vicuña si la cotejamos en las yemas de los dedos. Su amable dueña lo había vanidosamente pero con donosura engalanado con un rojo collarejo en donde se usan los collares. Y era como un sanguíneo golpe de rojo que causaba alarma y gusto al tiempo. Un día “Copito de Nieve” recibió ladrando de alegría espontánea como tal vez sólo la experimentan las almas infantiles y las animadas de los animales la visita de los amigos de su propietaria y compañera de juegos. Y ladrando y moviendo la restada cola pues el hombre juzga que se ve más bonito causándole una dolorosa mutilación bajó de tres en tres y de dos en dos los peldaños de la escalera hasta el garaje y loco de alegría exultante emprendió veloz e incontenible carrera hacia el vecindario. Y sobre el piso el infortunio quiso que la albura que sobrepasaba tal vez la de la nieve recién caída quedara tendida inerte en el también para los animales misterio de la cesación de la vida…. Un símil real de su collar se escurría en el suelo….
Tango vos… …que estás en todas partes. Y corres por allí con tu aire malevo después de tantos años. Cuando tu entonación es ya cosa extraña en la dicción y tu lenguaje lunfardo es sólo entendible con diccionario a la mano aún para los bonaerenses que te vieron nacer; ¿pero qué diríamos entonces de los argentinos todos? Tango vos, que naciste de extraña mezcolanza aún en discusión y que llena libros de interpretaciones de los eruditos de tu forma popular. Pero es cosa cierta que algo tuvo que ver con Pastor Rodríguez el genial payador con tu aparición cuando compuso la “Comparsita” y años después ésta tuvo letra para seguir como la paica Rita tu ritmo avasallante y embaidor. Tango vos, que te fuiste de farra con Lepera y Gardel por el mundo todo desde “Buenos Aires, la tierra del Plata”. Pero que antes en la voz sociológica y ya pasada de entonación te encaminaste con Irusta y Agustín Magaldi por esos pagos y pampas y caminitos…. Tango vos, que corriste con “Leguízamo solo” en los mejores hipódromos y ganaste por una “cabeza de un noble potrillo”. Tango vos, que hacés que Gardel cada día cante mejor y eres secreta cofradía en donde ni siquiera quienes te aman se conocen abiertamente pero que palpitan en sus cora-zones cuando te escuchan móviles como fuelles de bandoneón en una “Noche Triste” ante un calefón. Tango vos, que recuerdas a Sonia desde la estepa solitaria del vate José Asunción Silva, con los lobos que para el prisionero son como barrotes vivientes que impiden su evasión. Tango vos, que con Borges y Sábato entraste en la literatura sociológica de expedientes criminales que se cantan. Tango vos…. Jueves, 29 de marzo de 1990.
Nicolás Curi Dentro del interesante proceso que vuelve a dejar en manos de cada municipio la elección de un mandatario inmediato como lo es el alcalde municipal (o distrital), le correspondió a este médico el turno de ser el segundo alcalde elegido por voto popular. La reforma del régimen municipal volvió por los fueros del municipio tal como lo fue durante la Colonia, antes de la excesiva centralización de la Constitución del 86, que sirvió sin duda para vertebrar al país, después de los sue-ños anarquizantes del federalismo utopista de la del 63. Nicolás Curi es el clásico hombre “hecho por sí mismo” (self made man) de que hablan los gringos desde los comienzos de su servicio social a la comunidad, primeramente como médico cuyas labores estuvieron siempre en función social y después con la creación a partir de nada de una clínica en función de las clases populares. Esa sensibilidad social tenía, indefectiblemente, que buscar un más amplio derrotero concibiendo la política como el modo necesario para acceder a posiciones de mando y de gobierno, desde las cuales fuera posible concretar soluciones a sectores cada vez más amplios del cuerpo social. En el caso de Curi Vergara el acceso al gobierno municipal es el natural y lógico proceso en que tenía que acabar el hecho de ser tantos años concejal, con lo que representa esto en el conocimiento de los problemas del orden municipal. Hombre abierto y sencillo ya dio democrática publicidad a su gabinete, entre quienes se encuentra Félix Turbay como Secretario Designado y otros profesionales. Con la prudencia necesaria en relación al proyecto de Tierrabomba ha mostrado Curi Vergara su deseo de acertar sin precipitaciones ni desasosiegos hasta observar todas las implicaciones que un proyecto de magnitud tal traerá a todos los miembros del cuerpo social. Muchos son los problemas y necesidades de la ciudad en materia de vías y de servicios. Tiene, pues, el nuevo alcalde muchos frentes en los cuales satisfacer las necesidades más urgentes de la ciudad. Martes, 15 de mayo de 1990.
Salvamento de la Licorera La situación que vive la Licorera de Bolívar viene desde hace ya bastante tiempo. No obstante todas las medidas de carácter administrativo que se han tomado en el pasado, la situación ha empeorado hasta la crisis actual. El problema fundamental según explicó el señor Gobernador en rueda de prensa es la abultada nómina de la empresa. Más de doscientos sesenta empleados de oficina contrastan fuertemente con los operarios de la elaboración de los licores que la empresa produce. De bulto se puede ver la desproporción de que de cada veintiséis personas en la administración hay diez en la trinchera efectiva, por así decirlo. El gobierno premunido del deseo de salvar a la empresa y los empleos que son productivos ha iniciado un plan de reajuste en que quedarán en ella los productores efectivos. Ninguna empresa puede tener más erogaciones que aquellos montos que produce, esto es una verdad de Perogrullo que a algunos les cuesta entender al principio pero de cuyos frutos han de alegrarse todos posteriormente. El principal interesado en el salvamento de la empresa es el mismo Gobierno toda vez que el asunto tiene implicaciones de orden laboral-social para las muchas personas que devengan el pan de esta actividad. También porque la empresa es gran contribuyente mediante impuestos a la Hacienda Departamental, aunque tal vez no sea lo ideal este asunto ya tradicional en nuestro régimen fiscal. Sábado, 26 de mayo de 1990
J. J. Rousseau En junio de 1737 el <Mercure de France> publicó una canción con música suya. Por esos días estuvo intensamente dedicado a la misma. La mezcla de argumentos, poesía y música aunada al dramatismo de la acción teatral lo cautivaba y escribió entonces una ópera de corta extensión a la que intituló “Narciso o el amante de sí mismo”, que tuvo algún éxito. ¿Pero fue realmente un músico este joven vago que vivía parasitariamente de las mujeres maduras a la edad en que tenía veinticinco años? Inventó un sistema de notación musical con números que presentó a la Real Academia de Ciencias con una conferencia sobre la misma. Escribió un ensayo sobre la música moderna e inclusive dictó clases de música a alumnos privados. Su formación como músico era precaria pues se interesaba y conocía más de la melodía que de la armonía que aunque algún que otro diccionario de la música da como sinónimos son cosas bien distintas. Sin embargo tenía bastantes conocimientos de aquella y de historia de la música que seguramente fueron uno de los pilares de su amistad con Rameau. Su interés pronto pasará a la química -J. J. era hombre de carácter constante e inconsistente- sobre todo cuando a pesar de que su presentación a la Academia fue hecha por nadie menos que por el gran Réaumur fue un fracaso, pues quedó en claro que si bien su obra era útil para cantantes, poco servía para instrumentistas y orquestas dada su dificultad. Además, no era precisamente modelo de originalidad. Elemento indispensable según la Academia para su aprobación, no debemos olvidar que aquellas encauzaban la veracidad de la investigación científica contra la charlatanería que a veces ha rondado el saber científico. ¿Fue J. J. uno de esos charlatanes o avivatos? Tal vez lo fue sin flagrancia, pues lo cierto es que algún relativo talento musical tenía, sobre todo el que intenta en la música acompasar poesía y la música misma. Pero lo más importante de esto es tal vez la enorme gama de intereses culturales que lo acuciaban tanto a él como a tantos otros de sus contemporáneos, en un proceso que conduciría a la aparición del movimiento enciclopedista. Martes, 29 de mayo de 1990
El quehacer literario de López El Instituto Caro y Cuervo viene cumpliendo desde la Hacienda de Yerbabuena loable papel de difusión cultural con la publicación de obras de variado tipo, históricas, filológicas, poéticas, ensayísticas y políticas. Todo esto responde a la tarea para la cual fue creado, y que continúa bajo la acertada dirección de Ignacio Chaves Cuevas. Los últimos libros en la mesa tienen títulos variados tales como “Escritos Políticos”, del polígrafo Don Miguel Antonio Caro; “Poemas de la vida y la palabra”, del poeta Luis María Sobrón, argentino, y del ex presidente Alfonso López Michelsen “El quehacer literario”. En este último se reúnen la pluma diserta y galana del autor catorce ensayos sobre distintos temas, divididos en las categorías de prólogos, artículos y conferencias. Dice López Michelsen en la presentación de la recopilación que siguiendo la tradición nacional este su libro no es sino la retrospectiva de lo ya publicado en periódicos y revistas y en libros prologados por él, amén de intervenciones en público. Llaman especialmente la atención el intitulado “El manuscrito de B. K.”, perfil psicológico de un inmigrante calvinista a nuestro país procedente de Alemania, que tiene visos del estilo de Hermann Hesse empleado en “El lobo estepario”, sin la noción de desesperanza de este último. Aunque el autor sostiene una línea de narración tan precisa que nos hace entender que sigue un modelo vivo se enriquece la narración del relato con agudas dotes de observación y perspicacia en el conocimiento del ser humano. El ensayo sobre la vocación imperial de Cuba es de mucho interés por lo original del esbozo pues nos resulta paradójico, por decir lo menos, que la Isla a quien siempre hemos visto como dominada primero por España y después mediatizada políticamente por los Estados Unidos tenga, según López Michelsen, una vocación de dominadora ella misma. Sobre José (Asunción) Silva, el autor de los “Nocturnos”, nos entrega en charla dada en la Casa Silva de la calle Catorce en Bogotá, interesantes datos sobre la personalidad del gran poeta a quien cataloga, después de confesarse incapacitado para decirlo por pura falsa modestia de orador público, como el primero de los modernistas latinoamericanos sobrepujando a quien juzga como mecánico, el nicaragüense Rubén Darío, el de la “Marcha Triunfal”. No cita sin embargo el ex presidente al gran lírico que fue Rafael Pombo. Un ensayo sobre “El Príncipe” de Nicolás Maquiavelo no agrega nada nuevo sobre el gran politólogo y cita en relación a éste datos que están en contravía de lo que dice sobre el florentino su biógrafo Louis Gautier-Vignal. Con una carta-prólogo sobre la obra de vallenatología escrita por Consuelo Araújo-Noguera se enriquece la publicación que venimos comentando, entrando en abundantes e interesantes precisiones el expresidente López Michelsen sobre música y folclore nacionales. Libro de elegante prosa, ágil y amena, donde el buen estilo del autor se aúna al hombre de varia y amplia experiencia y al lector dotado del sentido de la ironía y de la agudeza crítica. Martes, 26 de junio de 1990.
Gastón Lemaître Con la muerte de Gastón Lemaître el entorno tertuliante de quienes fuimos sus amigos, muchos, se ha empobrecido. Y queda la obligación moral de decirlo así. Este es, pues, el motivo de esta nota necrológica para tratar de llevar algo de consuelo a quienes lo conocieron, y lo apreciaron. La formación profesional de Gastón Lemaître fue el estudio de la Arquitectura, hacia la cual encaminó su innata vocación estética y su sentido claro de los volúmenes y de las formas. Debió mucho a su estancia como estudiante en la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional donde cursó sus estudios, recordando siempre él que era de las primeras promociones en egresar de aquella, y la notable influencia que éstas recibieron de profesores europeos, particularmente italianos, que vinieron a Colombia en busca de la libertad, como tantos otros, impulsados por el deseo de evadirse de la tiranía hitleriana y fascista o por buscar nuevas oportunidades. Para Lemaître siempre fue una constante en sus diseños la referencia a la arquitectura colonial cartagenera con sus bóvedas en el techo, el aprovechamiento de la intensa luz de nuestro entorno y una de las ideas literarias expresadas conceptualmente por Violet Le Duc que tanto citaba en relación a los “hortus conclusus”, o patios cerrados, por los cuales por un lado se dilataba la vista y la perspectiva de quienes estaban en estancias cercanas a aquéllos. Su arquitectura fue formal, ordenada y sencilla, respon-diendo a su claridad conceptual en relación a ésta, sin estrambotismos ni salidas en falso, muy alejados de su sentido cartesiano y riguroso. Casas cómodas, amables para vivir y gozar desde adentro con una media sombra y frescor. Gastón fue persona de amplios intereses culturales y por ende un gran lector. Alejado de la pedantería sorprendía de cuando en cuando oírlo decir cosas de mucha profundidad en frases muy cortas que quedaban en la mente prendidas. Pues entre sus maneras no estaba la de las exposiciones largas y tediosas ya que parecía que sus ideas respondieran a la brevedad de rasgos gráficos. Entre sus preferidos autores formaban parte Cortázar, especialmente el de los cuentos, que leía una y otra vez sin cansarse nunca. Sitio de especial predilección tenía para los temas de Borges, que le rebotaban en sus seseras en acción repetida como espejos enriquecedores, usados por éste último en infatigable margen de sorpresas al modo de las mágicas cajas chinas. Sábado, 7 de julio de 1990.
11 años en Unicartagena El término “álbum” viene de la costumbre romana de escribir los anales-recuentos de los hechos sobresalientes de la actividad gubernamental narrados con carácter retrospectivo en tablas de cera que presentaban el aspecto de blanco color. Que es lo que significa la voz anteriormente citada. De allí que también a este tipo de publicaciones se las llame “libro blanco” muchas veces. Luis H. Arraut ha publicado con este fin uno -bien editado con gráficas alusivas- para condensar en él las realizaciones efectuadas durante su administración rectoral de la Universidad de Cartagena, período comprendido entre febrero de 1977 a mayo de 1988. Con el diseño gráfico del publicista Jorge Dager y la coordinación editorial del comunicador Carlos Ospina y con la colaboración de los profesores Nayib Abdala y Javier Hernández, quienes organizaron el material literario a partir de las distintas referencias sobre el tema publicadas con anterioridad. Una breve presentación histórica de los 160 años del <Alma Máter> inicia el trabajo al que hacemos comentario en esta nota. Con los temas alusivos a las reformas administrativas, jurídica y académica se desarrolla el segundo aparte intitulado “El último decenio”. La ciudadela de la salud con las facultades de Enfermería, la nueva sede de la de Medicina, el edificio para albergar las actividades de la facultad de Química y Farmacia, además de la construcción de la biblioteca de la Salud, son ítems expresados claramente en las páginas siguientes para ilustración sobre la tarea que exalta hoy a la Universidad de Cartagena. Con la reproducción del cuadro al óleo de Jeneroso Jaspe que reproduce el antiguo convento de San Agustín -que por cierto era muy modesto arquitectónicamente en su planta original- continúa esta publicación que se extiende hasta la mención del antiguo convento de Santa Clara, uno de los nueve que la ciudad tuvo en un entonces, y la Granja de Turbaco, viejo sueño de la Institución para ampliar sus instalaciones en el futuro próximo. Dentro de la administración docente y universitaria es muy importante no dejar de lado el aspecto humano del personal docente en lo referente a las calidades del desempeño laboral y a la cobertura de los servicios médicos y culturales -también de pan vive el pan y no sólo de la arquitectura funcional y/o bella- se constituyó la nueva concepción del bienestar universitario y de integración en la misma. En el opúsculo viene explicada la visión que quien fuera antiguo rector tiene al respecto y que aquí detalla con suficiencia. Así, estos aspectos se dirigieron en el mismo sentido a cobijar al estudiantado. Este álbum -libro blanco- queda como un testimonio directo de su autor para historiar el lapso del decenio a que alude, y para la crítica leal -democrático ejercicio- incluye en este pequeño libro pormenorizados cuadros estadísticos alusivos. Martes, 10 de julio de 1990.
También era maestro de la oralidad Con la desaparición de Antonio J. Olier desapareció como ha sido justamente reconocido por todos en la prensa local y nacional un maestro del arte de ser periodista. Pero quienes fueron sus interlocutores regulares también podemos dar fe de que era igualmente un maestro del arte de la oralidad. Bastaba iniciar una conversación que le interesara para ver como se rebullía de contento en su silla y la mirada distante se le concentraba en una intensa brillantez de inteligencia. Lector como se debe de ser se interesaba no sólo en la forma del libro sino también en el estilo fuera aquel novela, poesía, ensayo o teatro, pues los temas más diversos le gustaban todos por igual. Incurría seguidamente en dar su opinión crítica de la obra y disfrutaba relacionando lecturas. El manejo ordenado de su memoria así se lo permitía con facilidad que asombraba. Afluía de sus labios la frase medida y certera y el término preciso. No obstante siempre daba a su contertulio el margen de la respuesta y escuchaba con paciencia, consciente de que saber hablar incluye el arte de escuchar. Matizaba su saber de manera lenta y en ocasiones asomaba algo así como el diablillo de la ironía pues jamás llegó a la sorna. Era muy sabedor del alcance de la influencia de la palabra hablada como de la escrita. Es más, pienso que sabía escribir porque sabía hablar, aunque hay quien diga de algunos escritores-informadores o escritores-novelistas que saben hacer lo uno pero no lo otro. En él se resumía lo uno con lo otro de forma por demás coherente y justa. Buen escritor en la medida de buen oralista. Una prueba de esto fue su ejercicio en el profesorado durante largos años en indistintas entidades educativas donde su saber como gramático y estilista del habla encontraba el escenario preciso. Amenos, y largos, fueron los encuentros en que tuve ocasión de oír sus opiniones muy personales sobre la novela de Hugo, teniendo por “los “miserables” especial admiración, que le asomaba a los poros cuando mencionaba a Jean Valjean. Él y Antonio Dager Gerala eran, según parece, en Cartagena, los más grandes admiradores del gran Víctor Hugo. El viajero y periodista Gómez Carrillo constituía de igual modo lectura de su predilección, sobre todo en los comentos críticos de aquél en relación a sus viajes por Japón y Grecia e India. El realismo parecía ser su escuela vernácula, cosa que no resulta extraña por su sentido descriptivo de las noticias. Era en esas cosas que no escribía donde se desataba su locuacidad amena y su gusto por el alejamiento del laconismo que empleaba en el ejercicio periodístico. Esto digo auncuando escribió cosas de alguna extensión cuando la ocasión así lo demandaba o ameritaba. Muchas cosas más se podrían decir dentro del rico venero de recuerdos que dejaba su trato, siempre interesante, pero en esta ocasión se pretende decir sobre un gran periodista-escritor su otra faceta que lo complementaba cabalmente: su justo sentido del uso de la palabra comunicante y embellecedora. Domingo, 15 de julio de 1990.
Platón y los transeúntes A las personas que no han tenido la oportunidad de leer el libro “Politeia”, de Platón, les parecerá desde lejos que su lectura es difícil cuando no lo es precisamente, por eso en las universidades y demás centros de estudios hemos vuelto sabiamente a enfrentar al estudiante con los textos mismos, para así reestablecer el sano diálogo autor-lector. El filósofo-poeta habla incluso de cosas tan elementales como que para circular en la ciudad ideal el transeúnte que va y el que viene deberán venir e ir por la derecha… igualmente se refiere al aseo de calles y demás que muchas personas creerían que son temas de tanta prosaicidad que el sublime creador dejaría de lado… pero no es así. Al respecto y dejando de lado al antiguo pensador vale la pena comentar dos anécdotas valiosas. Una de ellas tiene que ver con un viaje a Miami y en particular al centro de diversiones de Walt Disney en Orlando. Pues bien, bajando por una de esas rampas conducentes a uno de los espectáculos ofrecidos en nuestra excursión, integrada por colombianos, abocó el descenso queriendo, como hacemos aquí, pasar a quienes iban adelante sin más recato. Inmediatamente y sin insultos, llamadas de atención ni demás protestas, al isocrono (mismo tiempo) y como automáticamente se cerró la fila precedente de manera tal que el orden se restableció inmediatamente. Y esta otra: En un bus, también en Miami, yendo ya para el aeropuerto uno de los pasajeros ignorando que los pasillos son para eso, para pasar, puso de sus múltiples compras un enorme tigre de felpa que había comprado para su hija y dos bicicletas, que cuando el culto y fornido sajón -ya sesentón- le rogó en base a una ley federal que así lo establecía en una placa del mismo bus lo desalojara se negó a quitarlo injuriándolo de H. de P., y le amenazó acto seguido con dispararle a una de las llantas del vehículo. El paciente conductor le dijo que no daría marcha a aquél hasta que obedeciera la norma. Sólo así y en vista de que la tardanza nos haría perder el avión pues salíamos para el aeropuerto con destino a ésta, de mala gana acató la orden. Ya en el aeropuerto el sajón le comentó a su socio conductor del otro bus que integraba la excursión qué había pasado. El negro media dos metros al menos de estatura y tenía en el vientre prominente con el cual empujaba al insultante que aterrorizado quedó mudo como enantes era un guapetón. Desde una esquina y algo lejos, con ojos buidos reíamos…. Miércoles, 20 de julio de 1990.
Manuel Puig en Cartagena Corría el año 1971 o 1972 cuando supimos que el novelista argentino Manuel Puig estaba en la ciudad como turista y después de las diligencias pertinentes nos pusimos al habla con él para ver si estaba de acuerdo con dirigirse en una charla al público universitario de la ciudad. Amablemente nos acogió sin más reservas y se mostró dispuesto a nuestra petición inmediatamente. Y así tuvimos el agrado de tenerlo en la “Tadeo Lozano” hablando sobre su trabajo literario, que ya había rebasado las letras de su país e iniciaba una amplia difusión por todo el continente de habla castellana. Estaba convencido de la idea de que el escritor se nutría de su propia experiencia y había depurado ya su estilo novelístico dándole gran sencillez, encargándose de un tipo de novelas que girando en torno de problemas minimalistas que al mismo tiempo rebasaba hacia temas de entorno social más amplio. Diría que su literatura estaba o está escrita con fines de ulterior desarrollo cinematográfico de manera consciente. Su afición por el cine era manifiesta y había colaborado con Arthur Ripstein en la filmación de la película “El lugar sin límites”. Para la época de su visita a nuestra ciudad vivía en Río de Janeiro y se mostró comparativo de nuestra bahía y la de ese lugar. Su maravilla fue manifiesta al llevarlo a la Cima de La Popa con el despliegue paisajístico de sus caños, lagunas y albuferas, islas y penínsulas pero se mostró confundido al girar la vista desde el Salto del Cabrón hacia la zona sur-oriental que lo obligó a exclamar:¡Pero ché y esto qué es!, no obstante que él conocía bien las favelas del Brasil. Una rápida conversación alternó sobre Borges y Sábato de quien era o había sido contertulio contándonos lo difícil del trato “enroscado” con el primero de éstos. Aunque no era un contestatario del régimen autoritarista de su país en ese entonces manifestó que para escribir era necesario un clima de libertad. Dentro de sus reacciones es dable recordar el asombro que manifestó ante un “perezoso” o perico ligero que era mantenido allí a modo de mascota. Estas breves y sencillas líneas sólo son valederas para dejar dicho el paso de Manuel Puig, fallecido recientemente en México, por esta ciudad nuestra con su entorno cautivante de escritores y artistas. Martes, 24 de julio de 1990.
Van Gogh: 100 años de su muerte Por la tarde se debilita. Hacia las once de la noche agoniza. En la madrugada del día 29 murió silenciosamente. Tenía treinta y siete apenas. Se cumple, pues, el siglo de su entrada a la gloria que con aritmética tan irónica se le mostró en vida de tal manera que de no ser por la generosidad de Théo, su hermano, que fue su amigo y mecenas…. El motivo para que se le considere a tantos años de su muerte como el artista más importante del siglo diecinueve y uno de los más significativos de todo el arte universal es que con él inició el arte contemporáneo cuando comenzó a plantear el problema de la expresividad. Van Gogh es el hombre que superpone su expresividad genuina (ALLÍ ESTÁ SU IMPORTANCIA) a la simple objetividad cultural. La pintura como pasión y no como manifestación de una teorización de formas y de colores. Esto lo hace con Gauguin, que menosprecia un arte ideal. Antes de los dos ha habido en el arte universal y particularmente en el europeo expresividad como en el arte románico, por ejemplo, pero ésta aunque triunfante no es sino el minuendo o cosa restante de una objetividad (AMOR A LA REPRESENTACIÓN) lejanamente pre-tendida. Con Van Gogh, en cambio, la expresividad de los comienzos del arte contemporáneo naciente a finales del siglo pasado tiene un aspecto combativo y militante contra los prototipos, los arquetipos y los tipos, todas cosas preconcebidas o formales que responden a ideas sobre las formas o sea a teorizaciones del arte, éste visto como ejercicio intelectual hasta cuando el “loco” aparece con su intensa carga emocional a cubrir lienzos de amarillos y aproximar verdes a azules como en la tela “La noche estrellada” (“La nuit etoilée”). Viernes, 27 de julio de 1990
Dick Tracy y “Fea Cristina” Aún en caricatura resulta bien realizado. Sombrero de ala ancha levemente inclinado sobre el rostro. Gabardina ama-rilla suelta para iniciar sus agitadas carreras en persecu-ción de los maleantes de la ciudad. Enfrentados a él estuvieron todos menos “Fea Cristina”, una de sus enemigas más encarnizadas durante muchas de las aventuras. Fue la excepción entre la fuerte tendencia al gangterismo masculino de Chester Gould. También brilló por su ausencia “Flato”, quien tenía un automóvil lleno de maravillas tecnológicas. Queda en la duda qué quería decir “Flato” para referirse a éste delincuente pues era bien distinto a “Cabeza Plana” en el filme. Mientras el jefe de los gangters “Big Boy” refuerza sus decisiones con frases de Benjamin Franklin, Lincoln, Platón mismo y el alemán Nietzsche, Dick es el alejamiento de toda celebridad más bien encaminado hacia la acción (reacción acaso ante detectives tan deducidores como Sherlock Holmes y Hércules Poirot) en el deseo de luchar contra los criminales. El realizador dice en una frase a la cual no se le dio autor que la vida seguía al arte postulado de los Cubistas en su intento de dar vigencia a lo creado independientemente de la copia de la realidad. Sin embargo, el realismo de Dick Tracy es permanente en la película no obstante el aire surrealista de las escenas. El único personaje real de verdad es el representado por Madona como “Susurros” Mahoney aunque encarna un doble papel anónimo como “Cara Borrada”. Teresa Corazón Veraz es la fiel novia cuyo carácter está definido en el nombre pero se obvió el de Sam que en la versión española aparecía como Matraca. Recreada la tira cómica en los colores primarios del espectro parece verse en la dinámica que ofrece el cine con un aspecto de caricatura aunque involucre a personajes humanos. ¡Regresó el Viejo Dick! Uno de agosto de 1990.
Carta abierta al rector Villalba Todos sabemos que el reconocimiento que se le hizo al designarlo como rector de la Universidad de Cartagena estuvo fundado en sus dotes de administrador reconocidas por todas las gentes de la región. Pero fue sin duda, ante todo, por ser usted un humorista integral. Pues bien, sin hacer prescindencia de sus primeramente citadas dotes es a la segunda de las mencionadas a la que me dirijo en esta carta abierta. Después de muchos años de creado el Departamento de Humanidades sigue siendo una dependencia de la Facultad de Derecho, tratada, dicho sea con gratitud, con respeto por ésta pero deseosa hoy día en que el Derecho entra en cauces de tecnología hasta el punto cierto de ser en propiedad el centro en torno del cual giren las Ciencias Humanas o Humanidades en sentido estricto. Todos sabemos del gran interés que usted ha mostrado en relación a ese proyecto, pues en muchas oportunidades públicas cuando la ocasión así lo ha ameritado usted se ha manifestado en ese sentido. Es de común conocimiento que los embates de la tecnología sin la formación de los altos valores del espíritu que se conjugan en las Humanidades corroen los cimientos sociales. Sabemos que usted es conocedor de esta potísima verdad. Elementos que vienen de su formación de jurista e historiador. Auténtica garantía en el ejercicio de su ele-vado cargo de rector. ¿Será verdad, acaso, lo que algunos humanistas andan diciendo por allí que las Humanidades perdieron la batalla en un mundo de máquinas y de precisiones técnicas y aún tecnológicas? El elemento humano y vocacional lo acompaña, señor rector Villalba, en el magno trabajo que representa sacar adelante tan elevado ejercicio en los predios de la “Alma Mater” cartagenera y bolivarense. Lo que nos inquieta es la demora de la concreción de ese proyecto. Pasan los días y parece dilatarse todo. Sepa que modestamente con-sideramos que uno de sus más altos logros podría ser, al fin, la creación tan esperada y anhelada de dicha Facultad. Si usted no la logra pasarán seguramente muchos años antes de que otra vez se vuelva a plantear la necesidad de esa realización. Queremos recordarle respetuosamente que muchas cosas están dadas para ello y que lo demás radica con certeza en un empujón final para triunfar sobre las horcas caudinas de la burocracia omnivalente y omnipresente en este país. Sírvase llevar a cabo esa noble ambición que muchísimos lo acompañaremos en su tarea. Seguro servidor y discípulo. Jueves, 3 de agosto de 1990.
Lexicón, Lazarillo, Tradición Una de las cosas gratas de la vida es el repaso de la lectura de las colecciones antiguas de periódicos, sobre todo cuan-do están encuadernadas, cosa que facilita y ameniza el proceso de revisión y estudio a que estamos aludiendo. En estos días de asueto, tuvimos ocasión de hacerlo con una publicación periodística que se recordará apareció en Cartagena en los meses del año (19) 63 con el nombre de TRADICIÓN dirigida por Antonio (Tolín) de la Vega. Uno de los apartes trata sobre el libro de Mario Alario di Filippo “Lexicón de Colombianismos” y aparece allí mismo un centón de vocablos con su equivalencia semántica regional o local, intención vocativa de la obra en mención. Recientemente he recibido la obra* que desde Hamburgo me ha enviado el profesor de esa Universidad José María Navarro de Adriansens. Se trata de una obra similar, pero en relación a establecer un diccionario para los estudiantes de español y literatura hispanoamericana, especialmente latinoamericana, para la mejor comprensión de la lectura de los autores propios de ésta, especialmente los del llamado “boom”. Cuando Don José vino a nuestra ciudad le cité la obra de Alario, y acto seguido sacó de su cartera la ficha de biblioteca con la mención de que la obra no se hallaba entre sus fondos, y se lamentaba de ello. Pero me encaminé a la librería que en la calle de Don Sancho tenía Pío Alfonso García en esa época y le pedí otro ejemplar (comprado) de los dos o tres que allí reposaban aún en sus anaqueles. Mucha fue la alegría de Navarro de Adriansens con ese recuerdo de Cartagena que pudo regalar a la Universidad. Por su parte él nos regaló una magnífica conferencia sobre “El Lazarillo de Tormes”, que según dijo había refrescado en el avión con una nueva lectura hecha en un libro en rústica que había encontrado en la librería del aeropuerto. Jueves, 9 de agosto de 1990.
*Esta obra jamás llegó a mis manos, por la sencilla razón de que mi fantasía optimizante (siempre es así) me llevó a creer que Navarro en gratitud por haberle regalado el libro de Alario me la enviaría, lo demás es absoluta verdad de la cual doy fe. El Autor.
Notícula Bien lejos de los arcanos y oráculos griegos existen cosas aparentemente inexplicables y extrañas aunque la afición humana a la elucubración de lo macabrista permita al fin y al cabo un intento de explicación. Dos son los casos semejantes entre sí, aunque por diversas razones, de la pérdida de dos de los cráneos más creativos de las cosas más propias de la humana condición como son las artes de la música y de la pintura. Es de todos sabido la confusión que se presentó con el sepultamiento de Mozart en la mísera fosa común, cosa que facilitó la imposibilidad de discernir cuál era su verdadera osamenta y por ende la de su caja, testa o bote (nombres todos humorísticamente apropiados para refe-rirse al aposento del serpentino cerebro). ¿Hizo, acaso, el gran Shakespeare, sin esa idea expresada anteriormente, su portentoso monólogo, aquél, amable lector en que Hamlet le habla al cráneo que fue de Yorick? Pero qué pasó con ese que dentro de sí amasó óleos y telas; colores enteros y mediastintas; pinturas de desnudos (después de Velásquez vino la Maja Desnuda, de Goya) y la magia de los drapeados insuperables del Sordo; toros alanceados y niños; gentes vendimiantes y monstruos mitológicos. Me refiero al cráneo de Francisco de Goya y Lucientes (parece que no tenía derecho al “de”). Cuando con la referencia de que Schiller, el romántico poeta alemán, compartía sepultura común pero con la seguridad de que allí estaba su osamenta fue entregado a Gerásimov, escultor antropológico ruso, quien reveló fi-nalmente el misterio de éste, mediante un dibujo que permitió la reconstrucción de sus rasgos sin duda alguna ya. Contó con más suerte que el de Goya el cual nunca fue encontrado después de su macabro robo. Martes, 21 de agosto de 1990.
Los cuentos de Miguel Facio En el prefacio el autor Miguel Facio nos dice que el motivo de dar a la estampa el libro responde a la intención de colaborar con el “Año internacional del Niño”. La fecha de publicación es la de noviembre del (19)79. En una segunda lectura reciente quedó la motivación de hacerle difusión a tan expresivo material literario. El primero de los cuentos es “El niño y la Golondrina”. La Villa es Mompox. El tema: el diálogo de un niño y su amiga la Golondrina. Tiene el tono de una fábula, con moraleja incluida: el de-seo del niño de que el entorno de su Villa haga permisible la vida de los animales que se trastorna con la tecnificación de la agricultura en las cercanías de la colonial ciudad. “La muñequita de trapo” recuenta a la niña que por la decadencia de su familia no puede tener un muñeca lujosa como las de sus amiguitas, pero a quien la vieja empleada de la casa le hizo una de trapo con delantal de letines y demás arandelas. Es su compañera ideal y todo se lo cuenta. Margarita, la niña, llegó a ser una mujer casada, llena de lujos. Su marido le regaló entonces toda una colección de muñecas. Pero cuando la vida, “Hay días en que somos tan lúgubres”, la hacía sentirse triste su compañera era siempre su vieja muñeca de trapo. Los amigos fieles son los de la infancia. “Benito, corazón de hierro” es el desalado sentimiento de un niño que en la Navidad sólo recibe de las señoras del pueblo un pito de lata, mientras que sus compañeritos paseaban en sus bicicletas. Preguntado el padre por el infantino que por qué el Niño Dios no le había regalado nada, éste le dijo que los regalos los daban los padres y golpeó con rabia el yunque. Benito tuvo desde ese mismo día el “corazón de fierro”. Tres cuentos más, “Caballito de palo”, “El pajarito” y “Barquito de papel” completan la publicación. Escrita en prosa llana y sencilla, muy fácil de entender para sus recipiendarios, los niños. En la intención hay mucha nostalgia y no están desprovistas las narraciones de un dejo de protesta triste a distintas cosas injustas. El paso del tiempo deja la sensación de que el ámbito psicológico de los niños tiende a fijar imágenes con fuerza. Además, todos están narrados por niños, en primera per-sona, para ser leídos también por niños. ¡Difícil género és-te! Detrás de esos distintos narradores los hilos conducen todos a Miguel Facio que como un prestímano mueve sus recuerdos infantiles. Sábado, 25 de agosto de 1990.
El Museo del Buen Amor El erotismo es una de las nociones del ser humano más fuertes e incontrovertibles. Y ha alimentado por lo mismo el arte de todas las culturas. Desde las más antiguas hasta la modernidad en una constante invariable. Naturalmente ha habido períodos en que ese desarrollo es más notorio. Y así en Literatura y Pintura, Escultura y Relieve podemos citar a Asirios -el pudor ha acabado con el seguro legado histórico del Egipto antiguo en la materia- y a hindúes ¿Indios? Con el mural de Seguiriya y sus famosos códigos del arte del Buen Amor y del Buen Amar sitos en el Kamasutra y el Kamasastra (cuyas primeras sílabas parecieran a los de habla hispana prevenirnos sobre el tema); y, entre árabes, “El Jardín Perfumado” del sheik o jeque Nefsaui, por dejar aquí citada una brevísima relación de una larguísima continuidad en el tema, desde aquellas indudables invi-taciones al proceder sexual de las jocundas esteatopígicas (nalgonas o nalgudas) del Paleolítico como la de Esplu-gues y la inverecunda de Willendorf. Pero ahora sólo quiero referirme a la tradición que pudibundamente queda oculta a los ojos de lo americano, la necesarísima cultura que debió florecer en ese quehacer elaborado por el hombre de América. En el Museo Larco Herrera de la ciudad de Lima, después de pasearse el visitante por sus poco adecuadas salas de mansión venida a menos contemplando sus maravillosas colecciones de cerámica pertenecientes a todas las culturas habidas en el Perú y asemejadas por los apresurados generalizantes del asunto como Incaicas, le dicen a uno que allá abajo en el jardín y en construcción tipo caseta está a la vista del público una muestra de la creativa mente del indio precolombino sobre las artes de las trabazones humanas y las posibilidades entre dos estructuras corporales humanas y entre éstos y sus otros compañeros de ruta biológica de todas las especies nativas del Continente. Es una de sus cosas más interesantes aquella de ser imaginativos a partir de la realidad y no de la invención fabulosa ¿Porque qué gracia?, al menos en este interesante campo de la apetencia humana. Martes, 4 de septiembre de 1990.
León Batista y el sentido del ahorro La teorización y recomendaciones del proceso capitalista iniciado en el siglo catorce en Europa y particularmente en Toscana, Italia, logró la realización de numerosas obras de autores, que en los llamados libros de familia resumían los avisos que algunos de familias de mercaderes hicieron a modo de consejos para los elementos integrantes de aquéllas. Tenemos el caso de uno de los más célebres del asunto en Leon Batista Alberti, integrante de una gran familia de comerciantes, pero podríamos incluir en la lista a otros citados por Werner Sombart en su esclarecedora obra sobre la constitución del espíritu capitalista o “burgués”, tales como el abuelo de Leonardo da Vinci o Giovanni Rucellai o Pandolfini, quien escribió el ABC de la época en el buen arte de la administración. Libros y autores todos que precedieron a los bien loados de los escritores posteriores sobre el tema: Daniel Defoe; el ministro de Finanzas de Luis XIV, Colbert, y el padre de la “burguesía”, Benjamín Franklin. Alberti en su libro habla de “santo” en relación al espíritu de economía, o como quiera traducirse el término empleado por él: “Sancta cosa –dice en dulce toscano- la masserizia”. ¿Pero qué entiende el autor por masserizia? En diversos pasajes de su obra encontramos explicaciones de esta palabra, pero no todas coinciden. Tomando -dice Sombart- el concepto en su sentido más amplio de forma que encierre en sí todas las normas económicas que dicta Alberti a los suyos, significará más o menos lo siguiente: 1.- La racionalización de la administración económica, un buen administrador -nos dice Alberti- PIENSA SIEMPRE EN LA MEJOR FORMA DE ADMINISTRAR: “La solecitudine e cura -no necesita casi de traducción por su parecido a nuestra lengua- delle cose, cioè la masserizia”. Y continúa, recomendando a sus hijos que nunca permitan que sus gastos sobrepasen a sus ingresos. Pero también da el autor al término “masserizia” el valor o significado de economización de la administración, que se resumía no en recomendar a los pobres que nada tienen para poder hacerlo, sino que, cosa entonces insólita, la extiende a los mismos ricos que solían derrochar sus fortunas en gastos señoriales. El tema de la obra de Werner Sombart es revelador por su sentido humanístico, ¿hay alguno que dude de ese valor de la economía aún?; y por la abundancia de sus lecturas y citas de otras obras finimedievales que no sufren -como bien nos lo dice el autor tantas veces ya citado- en sus posibilidades el de estar editados sino que son manuscritos inéditos. Sábado, 8 de septiembre de 1990.
Madame de Sevigné El individualismo tiene en la expresión epistolar su mejor y más íntimo acomodo.Y Madame de Sevigné es una de las más altas figuras de esta corriente con su gracia y su belleza rubia que hizo decir a uno de sus admiradores que era la muchacha más linda de Francia. Fue Madame de Sevigné una especie de femenino Cicerón de la Francia de las “preciosas ridículas” en donde el pensamiento secreto y recatado tuvo como tramoya posterior la fronda del árbol cuya mejores ramas fueron Racine (valga la antinomia, pues significa “raíz”), Cor-neille y el gran Bossuet, además de que fue el momento de la aparición de la edición de las cartas que con el título de “Provinciales” iluminó a los Ilustrées (“Ilustrados”) el genio de Blaise Pascal, es la época del estilo de los “Pensamientos” y de las “Máximas” de La Rochefoucauld. Unía Madame de Sevigné a su equilibrio espiritual que la situaba lejos de los ataques de odio y de la intemperancia sin causas, una exquisita prudencia que se encauzaba sin desdeñar la crítica ni el consejo sensato. En sus cartas, guardadas por su hija y publicadas después de su muerte por su nieta Paulina se encuentra entremezclado el clima espiritual y político del reinado del Grand Louis a la confesión pequeña de parte de la madre amorosa a quien embarga la pasión maternal por la hija distante. Nacida Rabutin-Chantal decía con salero que entre sus maestros y preceptores contaba con la presencia de una abuela santa. Viviendo en una época de cambio de las costumbres sociales que se tipificaba en una monarquía centralizada que aniquilaba toda resistencia supo mantener su distancia entre los extremos de una creencia religiosa que nunca ribeteó la santurronería y que admitía alguna validez en las ideas de los sectarios jansenistas sin llegar al extremo de éstos en relación al asunto de la predeterminación de la Salvación. Asediada con razón, fue llamada por sus galanes la muchacha más linda de Francia como dijimos antes y esto rebasa su física belleza, en una época definitivamente galante supo mantenerse fiel a su inconstante y veleidoso esposo y también después de la muerte de éste fallecido por muerte en duelo, según la mala costumbre de la época que no pudo erradicar totalmente como vicio social ni el autoritarismo del Cardenal Richelieu. Falleció Madame de Sevigné a los setenta años dejando entre sus allegados la idea de que era la mejor amiga con que se podía contar en la vida, según palabras de su yerno, multiplicándose sus amigos cuando publicadas sus cartas, todo el mundo, aún aquellos que no la habían tratado, cayeron en la cuenta de que lo que afirmaban aquellas era una verdad llana. Jueves, 8 de noviembre de 1990.
Curiosidades periodísticas La editorial Guadarrama publicó sobre el tema <Periodismo y Literatura> la interesante obra de José Acosta Montoro, presidente de la Asociación de la Prensa de San Sebastián (España), de deliciosa lectura sobre asunto tan fecundo como poco explorado. Embebido en tan ameno trasiego fui marcando las páginas en las que hallaba datos o referencias de peculiar interés para resumirlas en una nota. Entre ellas cito la frase de Stanley Worker que definió la noticia diciendo que ésta era interesante cuando englobaba en la información mujeres mezcladas con intereses en el recuento de fechorías. Mucho antes de que se pudiera hablar formalmente de periodismo el poeta culterano Luis de Góngora y Argote escribía el 23 de agosto de 1622 a Cristóbal de Heredia, le dice en cierto punto que el Conde de Puebla ha asistido a la relación de algunas de sus cartas empleando dentro de su afición renacentista el neologismo SEMANAGUIZO, dándole el valor de recuento equivalente a periodismo. Otra de las curiosidades hace relación a que el primer periódico regular del que hay constancia histórica es el “Últimas Noticias” (Nieuwe Tijdingen), aparecido en Am-beres en el mismo año en que se editó la primera parte del Quijote de Cervantes (hay uno de Alonso Fernández de Avellaneda) en 1605. Enriquece el dato anterior el hecho de que en ese periódico se publicó la primera caricatura política del mundo, según nos dice el autor Acosta Montoro. Otra de las anécdotas interesantes refiere como estando Montesquieu en Inglaterra, preparando su obra “El espíritu de las leyes”, se paseaba un buen día por las calles de Londres: un albañil subido en un andamio leía una gaceta. El teórico de la política, como cualquier otro, vio en aquello la revelación que sintetizaba el periodismo. Montesquieu no pudo dejar mejor constancia de lo asequible que era el periódico a todas las clases sociales inglesas. Resulta a todas luces interesante saber que en la época de las novelas-folletón aparecidas en el periódico durante el siglo diecinueve fue, entre todos los innumerables cola-boradores del muy leído género Alejandro Dumas, el que más ganó: Doscientos mil francos por año y también quién más líneas cobró, naturalmente, ¡la bicoca de sesenta y tres mil francos por doscientas veinte mil líneas anuales! En el afán de captar la atención de los lectores y de vender más en la dura competencia que ya se iniciaba entre los grandes diarios, es de anotar la inventiva que tuvo el escritor Henry Morton Stanley, que trabajaba para el edi-tor James Gordon Bennet, para elaborar la noticia más manufacturada que se haya hecho, la preparada en relación a la búsqueda del “perdido” misionero David Livingstone por el mismo Stanley, reportero que era en el “Herald”, asunto que terminó con su dramático encuentro en Tanga-nika. Morton no olvidó en ese instante la validez perio-dística del reportaje cuando lo inició diciendo: “¿El doctor Livingstone, supongo?, a lo que el misionero-explorador contestó: “Sí, yo soy”. Y añadió, mostrando el anhelo del hombre por saber de la actualidad según nos narra en su obra Acosta Montoro, “¿Qué pasa por el mundo?” Y hasta aquí estas curiosidades periodísticas que espero que les hayan gustado, amables e invisibles lectores. “El Universal”, Miércoles, 14 de noviembre de 1990.
Popayán Entre los días 19 y 23 del mes de noviembre que corre se realizó en la ciudad de Popayán y propiciado por la Universidad del Cauca, -que dicho sea de paso también tiene una de las más exitosas facultades de Ingeniería en el país, lo que demuestra que no está reñida la técnica con las Humanidades sino que por lo contrario la técnica está al servicio del ser humano en toda la dimensión de sus necesidades-, con su Facultad de Humanidades a la cabeza, el segundo encuentro del VII Congreso de Historia de Colombia y el I Taller de Historiografía Latinoamericana. En el magno salón de actos -Paraninfo- que tiene como trasfondo el magnífico mural del Maestro Efraím Martínez, donde se alegoriza la historia de la noble ciudad se dio comienzo a la nutridísima asamblea que acogió a centenares de ponentes, docentes y estudiantes de antropología, etnología, etnohistoria, historia-literatura, sociología y demás disciplinas científicas en relación al humano acontecer y sus consecuencias sociales. Gentes de todas partes del país, y venidas de Suecia -con el historiador Roland Anrup a la cabeza-, de Estados Unidos, Perú y Francia estuvieron presentes en el evento, cuyas connotaciones culturales resultaron de mucho beneficio y frutos didácticos para todos los asistentes, y que se compilarán en unas memorias para su posterior difusión. Es realmente gratificante para el país y la región del Cauca en particular, con la noble Popayán a la cabeza, ser el escenario de este nuevo verdecer de laureles en pro del análisis y la didáctica de las ciencias humanas e históricas en particular, en la formación de analistas del hecho nacional y también en las mentes de los creadores de la grandeza nacional en otros campos del humano trabajar. Ninguna ciudad, con la excepción de nuestra Cartagena, pudo ser mejor marco para un encuentro de esta naturaleza como Popayán -que después de La Heroica, donde se escribió y se hizo la historia nacional primigenia en los primeros doscientos cincuenta años de su creación con casi total prescindencia de otras regiones- realizó con la participación de la región de Boyacá, el proceso de Independencia que igualmente preparó Cartagena, para dar fundación a la epopeya del proceso separatista respecto de España y vida al novedoso fenómeno de participación de las masas en el decurso de la vida nacional. Casi totalmente repuesta del desastre telúrico del 31 de marzo de 1983 se alza la ilustre Popayán, con sus enjalbegados muros y grandes casonas otra vez gloriosa, aunque con un inmediato horizonte plagado aún de inconveniencias y grandes problemas, pero con la manifestación de nuevo vigor en la procura de futuros logros. Ciudad de prosapia y elegancia en la conducta de la gente, aunque en extremo recatadas y reservadas, debe ser casi escudriñada por el visitante para poder develar sus secretos tesoros de altísimo fulgor interior, que como los interiores de sus casonas semejan alegóricamente el recato de la vida interior rica en relaciones del espíritu. En pocos lugares en estos momentos que vivimos le es dable a un colombiano ver a tantísimas personas interesadas en los temas de los cuales hemos hecho mención. Realmente la vida universitaria es uno de los pálpitos vitales de la ciudad, ínclita ante los avatares de la lucha social y las inconveniencias de la naturaleza misma, que en muchas ocasiones en el transcurso de varios siglos la ha mutilado y azorado, para verla emerger feniciamente otra vez de sus destrozos con vigor. Ciudad para reflexionar sobre la Patria y su destino, ahora que estamos en las vísperas de una nueva Constitución política, para discernir los meandros místicos de la vida del espíritu en el afán de trascendencia. Para el culto al arte y a la arquitectura, como soberbias manifestaciones que son de la capacidad de creación del talento verdadero, con la armonía de la naturaleza andina, que destila contrariamente a lo que cantara el ilustre payanés, no la sustancia demencial de la mandrágora que teatralizara Maquiavelo, sino el grato producto de las abejas de Jonia, concentrado en las cimas del Himeto monte, en la modalidad de la Música y de la Poesía en las plumas de tantos de sus hijos y de sus bienquerientes, que somos todos los que la conocemos, y de sus visitantes que suman como dijera el clásico, legión. Viva por siempre Popayán, paradigma emblemático -con la simpar Cartagena de Indias- en el concierto de las ciudades hidalgas por excelencia de nuestro país, viva siempre para ejemplo de los colombianos todos que junto con sus gentes raizales la admiramos. Noviembre de 1990. Inédita.
Las estampas de Mister Tollo Sin duda alguna es un libro que se las trae, como lo pregona el subtítulo con mucha gracia. No sólo porque viene cargado de cosas abundantes se las trae sino porque además es el resultado reminiscente de toda una vida dedicada a la captación del hecho menudo que nutre la crónica de la ciudad. La obra va saliendo airosa, poco a poco, de los picos de la pluma de su autor Alberto Lemaître, como ya se sabe que salen estas crónicas, una a una, en las periódicas páginas de revistas y diarios. La crónica puede perderse en lo cotidiano pero no ocurre así cuando refleja el agitar diario de una ciudad como Cartagena, que en su tejido social es polifacética en situaciones y polimorfa en tipos cotidianos. Cartagena, no obstante la mediatización que los nuevos rumbos imponen, todavía ofrece esa rara flor de lo que se llama ‘peculiar’ en la condición de algunas de sus gentes. Y lo peculiar particulariza y distingue de la obviedad. He ahí el interés que suscita el libro de Mister Tollo (su seudónimo es uno de sus buscados “arreveces”), pues pudo haberlo concebido como “Don Tollo” o bien “Mister Shark”. Y esto sólo lo digo empleando el singular modo de Alberto Lemaître para constituir la paradoja en la búsqueda de sus particulares “arreveces”, que él cultiva con tanta dilección. En la memorabilia escrita sobre la ciudad muchas son las obras existentes, unas son ejemplares, otras indispensables o bien simplemente recurrenciales; otras veces, las de más allá, son meras reproducciones nutridas del estilo de claras linfas, que combaten contra el pedregoso estilo original de alguno que otro escritor. La obra de Tollo (le quito confianzudamente el “Mister”) es asemejable a las crónicas del peruano Ricardo Palma, pero sin el tono uncial de este último, porque Lemaître encauza su estilo por el humor cuasi-lopeciano (pienso en el cariño que les tenemos a los zapatos viejos, contra toda la disposición de Azorín que opinaba que del vestido o atuendo lo que había de cuidar más el ‘político’ era su calzado). Y apenas un poquito más allá, por cierto, de la obra de su pariente Daniel. Las modas todas están en boga en materia histórica, que si la historiografía, que si la historia de Anales, que si la de carácter particular a lo Carlyle o la de tipo general, pero siempre existe una tendencia estilística que se encarna bien en estas “Estampas de Ayer, un libro que se las trae”, como que es la que encarna la ‘mentalidad’ de toda una época. A juro que el libro de Mr. Tollo retrata cosas que lo trascendental rechaza y que es la huella de la gente común. Es decir, capta el tejido vivo mismo de una ciudad tan <sui generis> como Cartagena de Indias. Hola Caribe, Cartagena, enero de 1992.
Tres libros del Caro y Cuervo Tres son los libros recibidos por correo remitidos por el Instituto Caro y Cuervo. Por estar en el tapete el autor Otto Morales Benítez como postulante a Designado por un grupo de distinguidos intelectuales, haré referencia pri-mero a su obra, que lleva el título de “Momentos de la literatura colombiana”, de un paginaje de 483, siete ilus-traciones de personajes a los cuales estudia literariamente Morales Benítez, con la pequeña mácula de que la de uno de estos, Zapata Olivella, lleva en el índice el nombre de su hermano Juan y no el propio correspondiente de Ma-nuel, estas gráficas son de la autoría de Sergio Sierra. Interesante la opinión que Chávez Cuevas, director del Instituto, hace sobre la literatura de Carrasquilla, de quien dice que no dejó escuela en el país mientras que los retoricistas greco-quindianos sí, como si la literatura de lenguaje descarnado se alejara del gusto colombiano, amante del tropo y de la metáfora y no de la escuetud en el decir escrito. La obra está dividida en 19 segmentos, por así decirlo; por la unidad temática de los ensayos que los integran, y seis más tienen identidad propia puesto que son aproxi-maciones a los aspectos más variados sobre la obra de Germán Arciniegas, Jorge Zalamea, Jorge Isaacs, Eduardo Caballero Calderón, el barranquillero Álvaro Cepeda Samudio, Uribe Ferrer, René, a quien nunca habíamos oído mencionar, y por último a Zapata Olivella, Manuel, de quien leímos por amable préstamo que alguna vez nos hizo ¡Levántate, mulato!, en la edición francesa hecha por Payot. En ocasión pasada recibí en la misma colección ésta, “La Granada entreabierta”, otro interesante conjunto de ensa-yos sobre Arciniegas visto por muchos otros escritores, si mal no recuerdo recopilados por mi estimado Juan Gustavo Cobo Borda, y el que engloba las polémicas en que intervino el gran “Carrasca”, libros que ya hoy día a la corta y relativa distancia son fuente obligada para estudiar y comprender el espíritu y la mentalidad de los colombianos. Hace ya algunos años, que no puedo corroborar con exactitud en el momento de elaborar estas líneas, compré editado por Colcultura, en la época de oro de esta institución, ilustrado por Marta Granados, un volumen grueso repleto de sabiduría escoliada por Nicolás Gómez Dávila, de quien es la autoría de las segunda obra que comento del último paquete recibido del Caro y Cuervo. Aquella a la cual hago referencia se llama “Escolios a un texto implícito” y esta se titula “Sucesivos escolios a un texto implícito”, con lo que imaginamos, aún leyéndolos todos los anteriores es imposible memorizarlos, que esta colección es de producción posterior y no una selección reducida, republicada esta vez por el Caro, de cuya imprenta no sabemos si ha salido antes otra obra de Gómez Dávila. En la Serie Minor XXXIII salió publicado de Rafael Eugenio Hoyos Andrade, “Introducción a la lingüística funcional”, cuyo título como se echa de ver define el tema por lo preciso, aunque, o tal vez por lo mismo, es un libro especializado o para especialistas. Siete capítulos y una síntesis final lo componen. El índice general nos permite copiar los temas de una introducción histórica; descripción del lenguaje; lenguaje y lengua; noción de sintaxis y otros ítemes de gran interés para estudiantes, profesores y estudiosos del tema. Viernes, 10 de julio de 1992.
Lo que no erradicó la Inquisición A la serie de obras sobre magia negra y blanca, brujería, hechicería, escrita en el país, recordar a don Pedro Gómez Valderrama y a Germán Espinosa, se agrega este libro escrito por Jesús Cárdenas de la Ossa, con el título que encabeza esta nota. Aunque la literatura radica fundamentalmente en la gracia al narrar tiene su técnica y la del autor de este libro fue la de utilizar un relator, de origen campesino, para que en sucesivas visitas le contara sus conocimientos sobre las creencias sobrenaturales de algunos sectores de la población. Ño Pérez es el relator de estas consejas -según él- adquiridas de los conocimientos que tenía su madre sobre la magia blanca o sea esa que supuestamente puede contrarrestar el poder de la magia negra enseñada por el Diablo a sus seguidores. La blanca es como una búsqueda de la tranquilidad mediante las aseguranzas que proporcionan, en las cuales Ño Pérez es todo un señor conocedor. Para las personas citadinas ya estas consejas o conocimientos esotéricos y brujeriles son desconocidos, y será así de manera creciente con el natural avance de los conocimientos de tipo científico, en una época como la de hoy en que hasta los indígenas emberá de la costa del Pacífico acuden al médico ante un ataque de cólera, como nos lo contó recientemente la prensa en su momento, así es que libros como éste registran esos “saberes” como expresivos de la vida espiritual y de la mentalidad de algunos sectores de la población en una época determinada. Que pertenece cada vez más a tiempos ya preteridos. El lenguaje que emplea en la narración Cárdenas de la Ossa es limpio, sin ese tipismo costumbrista -válido sólo en pocos como en el caso de Candelario Obeso- que impiden hoy día la lectura, o bien la hacen engorrosa, no obstante que su personaje central, el mitógrafo oral Ño Pérez es de cultura de corte popular. El autor de la obra, que tiene 234 páginas, utiliza a veces términos cultos -que son de Cárdenas- en las trans-cripciones que éste hace de la parla de su sanchezco personaje, o a que éste ya estaba connaturalizado con esos vocablos y conceptos en el roce social -la cultura es un hecho entreverado- ejercido durante su larga existencia de ochenta años. Pero estos son pelillos, pues la obra escrita en trancos, o si lo prefiere así el Lector de esta nota, diecisiete capítulos, es de fácil lectura que la amenidad y sencillez de Ño Pérez, no impostada, nos hace leer varios de una sola tanda de lectura. La carátula está ilustrada por Panti y Espitia Impresores la procesó editorialmente. Carece la obra de pie de impresión y lugar de impresión, pero es esto último cosa que se desprende de la nota de agradecimientos en donde aparece que el patrocinador o mecenas fue la empresa “Cartagenera de Acuacultura Limitada”. Jueves, 23 de julio de 1992.
Autores costeños de la Palabra. Es ya de vieja data la inclinación entre los escritores de la región atlántica o caribe hacia el tema o los temas que tienen relación con el Idioma y sus entrañas. Ya a media-dos del siglo pasado durante su exilio en Jamaica el escritor prolífico que fue el también político Juan José Nieto elaboró un diccionario bilingüe inglés-español y español-inglés de carácter puramente comercial que consi-deró necesario su autor para las relaciones mercantiles prósperas de la Nueva Granada con esa zona del Caribe. Allí aparecen traducidas a entrambos idiomas comentados las mercaderías que eran objeto de intercambio en la época, ese <Diccionario> constituye hoy día además de un antecedente curioso una fuente de información sobre los artículos que eran en esa época de producción nacional, de saber cuáles eran las apetencias de las gentes de la región en materia de necesidades y objetos suntuarios. El presbítero Pedro María Revollo (a quien la picaresca costeña identifica, ignoro si de manera justa o inadecuada, con unos cuentos salerosos y picantes que se le atribuyen, con la sospecha que tengo de que son inventados) escribió igualmente sobre asuntos lingüísticos lo mismo que el atlanticense de origen alemán Adolfo Sundheim, quien elaboró un libro sobre el asunto. Heredero de esa tradición y quien supo aprovecharla para confeccionar uno de los libros que más socorren a los amantes del sentido de los vocablos, especialmente a los interesados en las connotaciones semánticas regionales, lo fue con su obra “Lexicón de Colombianismos” el filólogo Mario Alario di Filippo, cuya obra de las ya citadas es la más reciente y difundida en los tiempos actuales pues las ediciones de los primeros autores se han constituído con el paso del tiempo “que todo destruye” al decir del viejo tango es “rara avis” que están pidiendo la reedición para salir de la catacumba literaria como le ocurrió con la pluma de Vargas Llosa a la novela de caballería del catalán Johanot Martorel, tan reconocido por Cervantes en el “Quijote”: Tirante el Blanco. El novelista Manuel Zapata Olivella ha incursionado en el género con su obra “Nuestra Voz”, aportes del habla popular latinoamericana al idioma español, editada por ECOE en abril del 87. Dentro de este mismo orden de ideas debemos incluir los muchos estudios que sobre el español de los negros de la población de San Basilio de Palenque (Bolívar) y del Caribe ha escrito Nicolás del Castillo M., de los cuales varios han aparecido en las distintas series bibliográficas del Instituto Caro y Cuervo. En los días finales del año un dilecto amigo me envió dos o tres ejemplares de la obra que sobre el tema que vengo comentando taxativamente publicó en Editorial Lito-gráficas en la ciudad de Cartagena el investigador Cárdenas de la Ossa, Jesús, con el sugerente título de “Inventario” (derivado de la propiedad de inventar que según él posee el hablante costeño) del habla costumbrista de la Costa Caribe. Libro prologado por Milton Pérez de la Rosa, quien escribe sobre asuntos idiomáticos en el matutino cartagenero “El Universal”. Aunque me extienda un poco quisiera mencionar los aportes que a la lengua castellana ha hecho el escritor barranquillero don Elías Muvdi, colaborador de la “Real Academia de la Lengua” en la elaboración del último Diccionario de ésta según consta en cartas que al mismo le ha enviado el Secretario Perpetuo de la gran institución. Pero prometo -con la anuencia de “El Universal”- volver sobre el asunto con reseñas más detalladas sobre las últimas aportaciones costeñas al arte de la palabra más adelante. Nota escrita citando datos del libro de don Elías Muvdi recibido en octubre de 1992, ergo su fecha es aproximadamente la presente.
Música de Acordeón La “Asociación Carbocol Interior” ha editado recien-temente (1990) un libro, graciosamente ilustrado por Covo. Del dibujo de Covo varias son las cosas que hay que decir. Una de ellas, su limpieza en el trazo que recuerda -cuando lo hace a lápiz con ausencia de color- la precisión, y lo digo sin exagerar, que tiene la de los más connotados dibujantes de monitos o personajes, pues juzgo, aceptando prueba en contrario, que Covo no es un caricaturista. Lo anterior es una consideración, que en nada excluye decir lo que sigue: que el dibujo de Covo tiene la inefabilidad que confiere el humor bueno, ese que conduce a la sonrisa y en ocasiones a la desternillante risa por tocar, con realidad, pero sin desmedro del hombre su característica de lo cursi y aún de lo ridículo, es decir, de lo que mueve a la expresión de la risa. Pero después de hablar de Covo es bueno que retomemos el motivo esencial de esta nota, su libro MÚSICA DE ACORDEÓN, el cual en el índice nos dice después del obligado prólogo que se narra (toda la obra con ilustra-ciones asistidas con parlamentos) la historia de la música de la zona sur de Guajira (Fonseca y San Juan del Cesar) y del Valle de Upar o la provincia o zona vallenata, expresiones todas que narran en apelativos al amor que les tienen, con razón, estas gentes vallenatas a su terruño. Valledupar es la ciudad más limpia que he visto en Colombia, condición que comparte con Bucaramanga. Covo relata gráficamente la lucha de Francisco el Hombre con el Diablo, por el dominio del arte de tocar el acordeón cantándole el credo al revés. También aprovecha el dibu-jante para contar la historia de la fundación desde la “Colonia”, de los pueblos y ciudades de la región. La entrada del instrumento <sine qua non> de la música vallenata queda suficientemente ilustrada por Covo, desde cuando un cargamento de éstos quedó olvidado en la población de El Paso, cuando era llevado al interior del país y de allí se difundió a todas las partes su uso. Los ítemes de acordeón y canto, el de la piqueria y la procedencia de los instrumentos distintos de esta clase de música y el aporte que cada uno de ellos hace, quedan relatados aquí con mucha claridad. En la página diecinueve sí se me hizo una claridad que me era necesaria en este asunto y es la diversidad de los ritmos que son, a saber: merengue, puya y en quinto lugar tambora, con sus descripciones y alcances y las diferencias con los demás modos musicales. Cada uno de ellos acompañado de una canción famosa del género, y que por ser muy famosa y de todos escuchada, citaré que para el primer ritmo se incluye la letra de “La muerte de Abel Antonio”, del autor Abel Antonio Villa. Las obras que han servido a Covo para apoyarse en el relato histórico y demás pormenores son, además de la ya citada de “La Cacica”, la de Tomás Darío Gutiérrez Hinojosa, de título “Folclor vallenato, Origen, teoría y pruebas”; la de Rito Llerena Villalobos, “Memoria cultural en el Vallenato”; de Consuelo Posada “Canción vallenata y tradición oral” y por último la obra de Ciro Quiroz Otero que lleva por nombre el de “Vallenato, Hombre y canto”. Ilustrada obra que se debe al patrocinio de Interior y Carbocol. Miércoles, 6 de enero de 1993.
En la sección CARTA DE LOS LECTORES de El Espectador correspondiente al Sábado, 23 de enero de 1993 apareció la nota siguiente:
CARTA DEL DIA Cartagena: y ahora, a vuelo de alcatraz Cartagena es posiblemente la ciudad más graficada de Colombia hoy día y creo que desde su fundación también, claro que para esa época el gráfico correspondía a los dise-ños, múltiples y detalladísimos, que eran necesarios para construir sus fuertes y baluartes amén del cordón de murallas que, como párpado de piedra que dijera el poeta en la Colonia, la circunda protectivo. No hubo viajero por aquí durante siglos que, ya como dibujante o grabadista, no diera a la estampa la efigie de la ciudad. Así nos ha sido posible seguir los cambios que la ciudad ha sufrido en su conformación arquitectónica desde las iniciales calles que tenía en los albores de su fundación hasta los días presentes. Al iniciarse la revolución que representó el perfeccio-namiento de los mecanismos fotográficos para la captación de la luz coetáneamente con el desarrollo del arte impresionista que captó entonces de manera diferente ese descubrimiento, o mejor invención, también llegó hasta nuestras playas y solares. Contrariamente a lo que se supone el cartagenero siempre ha estado pendiente de las innovaciones para aplicarlas en función de su propio amor y concepción al terruño. Pero en los campos de la pintura también existen testimonios del interés por captar a la ciudad con los pinceles, sean los de óleo o los de la acuarela. Y ahí está el nombre de Jeneroso Jaspe para constancia de ese esfuerzo y modernamente, de manera irrepetible, Hernando Lemaî-tre. Aunque no conozco en detalle el archivo fotográfico Jaspe, que está en mora de editarse de manera completa, algo de él entiendo que reposa en la fototeca que está en la Casa del Marqués de Valdehoyos, se sabe por difusión en la ciudad de la riqueza contenida en él. Y cómo no mencionar en una nota como ésta, sin pretensiones, los muchos libros que se han editado en el pasado y recientemente con la intención puramente fotográfica y visual de registrar a la ciudad de tanto ensueño. Entre los anteriormente anotados se recuerdan los de Nereo, Hernán Díaz y Daniel Lemaître Díaz-Granados que se dedican a resaltar ángulos y efectos de la luz de sectores de la ciudad y a veces del ser humano que circula por las calles en presentaciones de gran belleza y originalidad. Recientemente este noticulista estuvo ojeando y hojeando el libro más actual, creo yo, que sobre la ciudad se haya producido de manera gráfica, exclusivamente, prescin-diendo de textos salvo los preliminares que son de uso en estos menesteres. Se trata de la obra “Cartagena, a ojo de alcatraz”, del aviador y fotógrafo aéreo Jaime Borda Martelo que con orden impecable es secuencia en cuanto al seguimiento fotográfico de la historia de la construcción de la ciudad, nos la muestra de manera única -sólo y con las limitaciones técnicas propias de la época se conocían fotos testimoniales aéreas de la ciudad y su entorno, realizadas por encargo de Andian en la época de su existencia en la misma- por su totalismo que pudiéramos llamar como en el arte, maximalista, pero con precisión y claridad tal que, con la carencia de una lupa, bien podemos en ocasiones identificar hasta nuestras calles y querencias bien amadas. En este libro que venimos anotando es en donde resalta lo que por inmediatez de la mirada que llamaríamos terrestre o mejor pedestre -en ambos sentidos- es la verdadera con-formación anfibia de la ciudad con sus bahías, albuferas, ínsulas, y penínsulas, amén de los lomos de sus dos dinosaurios echados en su suelo: el pétreo de San Felipe, obra de la mano de Dios, recubierta de la obra de la mano del hombre para fines defensivos y el de la Galera de La Popa, coronado por el edificio que santifica a Dios en su afán de vigilia sobre la tierra y el mar circundantes. En una época (diciembre) en que libros así son maravillosos, éste es único. El Espectador Roberto Méndez Villarreal Todavía muchas personas lo recuerdan como el director de “Pascual”, escuchadísimo programa radial de hace algunos años y sobre el cual escribió en años recientes una sentida nota acerca del origen del nombre que dio a ese espacio radial. Allí en esa nota Roberto mostró su sentido de gratitud a quien en Bolivia -creo- había sido su “valet” o mucamo, durante su permanencia como miembro del cuerpo diplomático colombiano en La Paz. Y así le rindió homenaje a las personas sencillas a quienes ayudaba en el proceso del ascenso social, aunque muchas veces ese apoyo fuera meramente moral, basado en la comprensión de las dificultades de cada quien. La verdad es que Roberto se sentía bien hablando con la gente popular tanto como con las de altas calificaciones. Tenía, más que bonhomía, interés por ellas. Ese interés permanente era ramificación -tal vez- de un oficio largamente ejercido como periodista en muchos medios -últimamente en El Universal- como lo anotó el diario en la nota obituaria de primera plana que le dedicó el día de su deceso. Además de político, -hombre que se interesa por su ciudad-, su polis, Roberto fue hombre cosmopolita como que ejerció el servicio diplomático en otros países, o parte del Cosmos –mundo- en el cual también mostró interés en sus escritos. El ejercicio de las letras -Méndez Villarreal era hombre de letras- lo llevó además de al periodismo radial y escrito a incursionar en el estudio y en la escritura de la Historia, y en particular sobre la de nuestra común ciudad, Cartagena de Indias. Decía sabiamente el Viejo Rober, como me permitía llamarle en respuesta a su modo para conmigo, un poco entre amable y zumbón de Mesié Dagué… que Cartagena era garantía de éxito para todo libro que se escribiera sobre ella, y tuvo razón pues su obra “Cartagena, bucanera y antropófaga” se agotó prestamente cuando salió al público, hará cosa de dos años o poco más. Pero además de escritor sobre temas históricos tenía Méndez Villarreal el prurito de la literatura del orden imaginativo y creativo, y así pude tener el honor ocasional de que me pidiera que leyera una obra que estaba componiendo sobre asuntos referentes al amor desmesurado y desgraciado de un personaje llamado Asdrúbal, “el desventurado”, cosa que constituía un cierto defecto en demasía que le concedió a este protagonista la naturaleza. Junto con ese relato de tracto largo que recuerda un poco la literatura rabelesiana, oral, de nuestra Costa, Roberto dejó listos tres escritos más que ojalá vean la luz pública en la estampa del libro. Pero amén de sus condiciones intelectivas y afectivas Méndez Villarreal adunaba en su personalidad compleja y algo escéptica -nunca hiriente- las condiciones del hombre de mundo, o como hemos dado en llamar en la ciudad la de “mundólogo”, asunto que ejercía con gran goce en sus tenidas de bohemia, donde lo que faltaba era el trago y abundaba la buena conversación. También en la clasificación rigurosa y alternada que hacía de la buena mesa de los restaurantes que escogía con primor para almorzar en ellos, pues se retiraba apenas oscurecía a su familia y hogar. Su amor a la buena mesa estaba regulado por la parsimonia, virtud que ancla el buen comer a la calidad y no a la cantidad pantagruélica y necia, y por tanto a sus casi setenta y cinco años su elegancia corporal, que sabía vestir sin estridencias pero con alguna modernidad para evolucionar también es esto, como solía decir siempre -faústicamente- buscando la fuente de la eterna juventud, la que no lo abandonó hasta el último de sus días, que como en el verso de Horacio llegó como un “carpe diem” también para él, pero identificado en la idea del vate romano de que mientras ese día llegue ¡vive vibrantemente! Roberto Méndez Villarreal fue un buen discípulo del excelso poeta. Vale. Sábado, 13 de febrero de 1993.
Prólogo a la novela “Rosa Patas de Mosco”, de Everardo Ramírez Toro.
Con nombre curioso (que el lector podrá descifrar al avanzar en la lectura), ha escrito una novela Everardo Ramírez Toro y me ha pedido un prólogo para ella, que después de la lectura me he apresurado a pergeñar para este amigo de quien siempre he creído que le hice decidirse a publicar su primer libro, un excelente poemario titulado, como el verso de Horatio, “Ars longa vita brevis” (“Largo es el camino del Arte más la vida es corta”), donde por cierto él me dedicó amablemente uno con el nombre de “Canto a las cosas sencillas”, que incluí, por su tenor luis-carlos-“tuerto”-lopezco en mi reciente libro, editado en 1992, sobre Luis Carlos López y los hispanismos de origen arábigo usuales en su poesía. El libro escrito por Everardo Ramírez Toro se llama “Rosa, Patas de Mosco: Pasión del atardecer”. Es el relato de una historia de amor (tiene todos los visos de ser autobiográfica en parte) al tiempo que una confesión tierna y algo remordida de quien asume la narración o mejor el escribir con pasión y no por método o por trabajo de escritor. Y de allí se desprende esa calidez del relato que impide que el lector esté tranquilo antes de terminarla, a lo que ayuda el hecho de que este escritor bueno elabora su obra sin pretensiones de complicaciones técnicas, que aunque en las plumas de algunos son ingredientes de sápida combinación, se pregunta uno si no son veladuras para ocultar una mala pintura por parte de un pintor mediocre, por decir lo menos. Lo anteriormente anotado hace referencia al estilo de escritura utilizado por Everardo Ramírez Toro, que es aquel que los entendidos llaman lineal y que el vulgo simplificador dice sencillamente que es “de los que se leen de un tirón”, porque la trama se narra a sí misma sin mayores digresiones a lo “Rayuela” de Córtazar, que hacen de la lectura un ejercicio para quienes están iniciados en el complejo arte de leer y asimilar, que es algo más que pasar los ojos por las líneas que como “paticas de mosco” van dejando el mensaje del pensamiento en negro sobre blanco. Resta por decir algo en materia de estilística acerca de la novelita (el diminutivo, por un lado, es por la ternura que ella deja sita en el regusto del lector y, por otro por su corta extensión en cuanto al paginaje aunque excede, con mucho, el paginaje de lo que técnicamente es un relato en sentido estricto). En cuanto al lenguaje, es valedero decir que Ramírez Toro despliega una riqueza notable sin llegar a ningún tipo de rebuscamiento conceptista (me atrevería a definir esta obra como una novela popular, de calidad desusada en ese género, si aquel pudiera ser considerado como tal, que no lo es). El autor, inclusive, en la parla coloquial ha em-pleado términos o expresiones nuestras, localistas, que cuando no se abusa de ellas, como en el caso presente, hacen gustoso el yantar del suculento plato literario. Detrás de la tramoya, contada sin tapujos desde el principio, que es la narración de un hombre maduro y casado que se enamora de una mujer joven, se advierte la riqueza de emociones y de conceptos que sobre la vida tiene el protagonista masculino de la obra sobre temas tales como la capacidad de amar, de sufrir, de remorderse en la intensa lucha entre el conocimiento del ideal enseñado como postulado para ser acatado y la realidad de la vida misma con su cuota de pasión, como antídoto contra la inclinación a existir con un mínimo de riesgo y contra la vaciedad acartonada de la vida seudomoralista de los fariseos y de los filisteos, cuando no de los amantes de Mammón (palabra fenicia que tipifica al dios del dinero, y que ha pasado a designar la avaricia y el amor al dinero en sí mismo considerado). Everardo Ramírez Toro se remonta a la vida anclada en la comprensión de las ideas fundamentales como son la sinceridad para con los otros a partir de la lealtad para con uno mismo; el rechazo a la doblez y a la hipocresía en las relaciones humanas; el deseo de entregarse al ser amado con totalidad sobre toda otra consideración inauténtica y la generosidad en la dación de las cosas a quien en amor las solicita, sin la mezquina idea de que quien lo hace es un simple explotador de la ingenuidad de los otros. El autor dice, por ejemplo, que aunque hay mujeres explotadoras que mediante el amor quieren lograr cosas o dinero, sin embargo, la mujer verdaderamente enamorada es la que pide cosas al hombre sujeto de su amor, idea no por simple menos importante, y que Ramírez Toro rescata como un valor genuino y posible hoy día, cuando quien da y quien recibe lleva cada uno por su lado y con su propio sistema contable un registro minucioso digno de un baremo. En la obra de Ramírez Toro, hay de todo: amor, drama, tragedia, como en toda obra que aspire a la totalidad de la comprensión de la materia narrable, como él bien lo sabe, pues es hombre que después de muchas lecturas, así lo demuestran los epígrafes que naturalmente anteceden a cada capítulo de la obra, pertenecientes a las mentes más prominentes de la humanidad -Platón, Dante, Shakes-peare- ha logrado, buscando lo elemental, lo básico y lo esencial, un estilo sencillo y grato, portador a la vez de ideas elevadas (conste que este mío, si es que tengo alguno, lo dirán los entendidos, es farragoso y abarrocado, sin intención y con ella: así como me sale lo escribo, sin mayores bachillerías, posteriores componeduras del escrito finalmente concebido). Pero volviendo a la obra en comento, la damos como afortunada tanto en el tema como en el estilo y si nos fuera dable -porque la palabra es peligrosa en todos los sentidos- la calificaríamos de “clásica”, por lo equilibrada y por su condición de “digna de imitarse”. El lector la tiene a la mano y es mejor que después de tantas bachillerías aducidas aquí por quien firma este descabalado prólogo, pase a considerarla por sí mismo, pues estamos seguros que verá que si bien este prólogo está hecho, ciertamente, por un amigo fervoroso y solidario en la amistad para con el Escritor, lo que no está es pergeñado por un “menteur” literario. 8 de abril de 1993.
De nuevo en El Universal Ha sido motivo especial para mí y obligante invitación de este diario nacional (ya a El Universal le queda inade-cuado el calificativo de “local” al escucharle uno a los amigos que proceden de distintas partes del territorio nacional decir que lo leen y se enteran de tantas cosas en sus sitios de domicilio) para que intente yo hacerlo de nuevo con esta nota variopinta por su contenido de reanudación. Y es que el doctor Zúñiga además de la dirección que con tanto decoro lleva a cabo es, además, maestro, por cuanto siempre tiene en su actitud con los demás la palabra estimulante y reconocedora. Son estas actitudes el reflejo de su bonhomía por la humana condición en general y por la de sus amigos en particular, producto de sus larguísimos años de enseñanza en la cátedra y que ahora se ve manifiesta en el importante cargo de regir el pensamiento oficial del matutino. Muchas gracias doctor Zúñiga, por lo que en este caso modestamente me atañe. Y decía yo que volvía al periódico con esta nota después de tres años y un mes de no hacerlo, salvo con las esporádicas colaboraciones que hice de una nota sobre el libro de Cárdenas de la Ossa sobre el lingüismo regional costeño y otra sobre un libro de historia de la música vallenata que ilustró con acierto Covo, el gran dibujante cartagenero, quien se asoma también a la prensa nacional bogotana con tinosa regularidad que lo ha colocado ya entre los mejores. El motivo de mi retiro durante largo tiempo tuvo variedad de matices: quería intentar publicar algo en el formato libro. E inmediatamente me di cuenta que sin ser yo escritor de oficio había escrito para el diario cartagenero muchísimas notas, desde 1986 hasta 1990, y que muy bien me podrían servir para ello.Y así fue como Alejandro Obregón me lo ilustró (posiblemente fue la última de sus ilustraciones para carátulas de libros, que muchas hizo, pues ninguno de sus amigos y aún otros que no lo eran tanto se quedó sin que el gran artista y pintor pero incomparable persona satisficiera sus deseos)…. “Señora Muerte se va llevando lo mejor que en nosotros topa, dejándonos a un lado a la mísera gente de tropa”, decía el Viejo León (de Greiff)… Pero quedó entonces el regusto y allí sí que fue Troya, pues comencé a reburujar papelorios varios y hete aquí que la afición a las letras había hecho que hubiera por allí algunos trabajillos más, que con ninguna impudicia me di con empeño en dar a la estampa, y así tuve la ocasión de convertir en simpatía algo que antipatía me causaba en una variante de la poesía del “Tuerto” López. Supe del poeta desde que era poco más que un niño pues aunque el monumento a las “botas viejas” aún no estaba erigido como ese monumento que fue posteriormente factor de trasvación popular de que gozó el poeta tanto en el orden nacional como localmente. Gonzalo Zúñiga Ángel está ahora diseñándole nuevo emplazamiento a dicho monumento a las “Botas”, dado que será removido de su sitio inicial para ampliar la entrada al nuevo puente De Heredia. Domingo, 23 de enero de 1994.
El alemán volante: Karl Otto Buch ¿Porque cómo denominar a quien ha realizado ochenta viajes internacionales saliendo de su ciudad natal en la Baja Renania, que con el nombre de Saärbrucken limita con Francia en una zona cargada de historia como la que más en ese continente que construyó la <Ruta de Santiago> y que dio nombre al hecho de peregrinar con la palabra “romero” que viene de Roma? ¿Es que acaso le ha dado vocación a su ansia viajera el sufijo de la ciudad natal que significa “puente”, puente sobre el río Saar? ¿O dado que su pasión es el viaje hacia esta América tan visitada por los alemanes curiosos en el pasado tiene algo que ver en ese destino su apellido Buch con su traducción española de “libro”? Porque viaja a Londres o a Madrid a buscar libros sobre la construcción militar española desde Quebec hasta México. Y los cas-tillos de La Habana y Puerto Rico. Había pedido a una destacada agencia de viajes entrar a Colombia por la Isla de San Andrés en busca de su El Dorado que descubrió en su trascendencia en el periódico <Saärbrucken Zeitung>, cuando en una nota se hacía referencia a Cartagena de Indias, <Llave y Antemural del Reino>, etc., hace ya trece años.Y ya no pudo este viajero impenitente a lo Gauguin dormir tranquilo hasta venir un día a visitar el sistema defensivo del Castillo de San Felipe de Barajas. Muchas cosas más se pueden decir sobre esta ciudad y quedaríamos cortos pues se ha dicho y se dice y se dirá por siempre de ella y también sobre los viajeros a ella desde su fundación. Pero pocas veces ha venido a ella alguien tan apasionado por ella y se le ha podido ver de cerca en su complacencia por haber venido. Debemos ver que es un viajero particular que no viene encargado ni por revista ni por periódico ni de parte de la televisión de ningún lugar del ancho y ajeno mundo. Es una pasión personalísima y con pecunia propia. No es un tránsfuga del viaje sino alguien que vino a medir la ciudad con su cuerpo después de haber leído muchas cosas sobre ella y traer mapas de propia confección. No quiero extenderme más sobre Karl Otto Buch, “el alemán volante”, porque pecaría de exagerado y la mesura, como dice Sonia Burgos, siempre debe estar con uno. Sólo que dejo este cordial testimonio a quien como banquero y propietario en algún lugar de Alemania me dijo que como no tenía herederos directos pensaba desde cuando vio los barrios desde el Salto del Cabrón hacia la zona sur-oriental en los niños pobres de Cartagena. Y que sería difusor de Cartagena en el puente sobre el río Sarre. Miércoles, 23 de marzo de 1994.
De Chiquinquirá yo vengo….* Usiacurí es uno de esos pueblos o aldeas colombianas que los españoles no fundaron. Los encontraron ya hechos en sus correrías por las tierras de lo que llamaron con el nombre genérico de Nueva Andalucía. Situada en la banda occidental del gran río de la Magdalena. Es uno de los llamados en la crónica “pueblos de indios”. Todavía conserva regido por su topografía de pequeñas colinas lo que debió ser parte de su original diseño en derredor de una gran colina, pétrea en parte, sobre la cual se alza cual humilde acrópolis -una iglesia católica pintada con los colores de la virgen María-, el Partenón es el templo dedicado en Atenas a la Virgen Atenea. Así llegó el poeta Julio Flórez desde su Chiquinquirá natal -después de un largo periplo vital y viajero que abarcó México y España- adonde le envió el presidente Reyes a la Legación Colombiana como funcionario subalterno pero bien asoldado con mil pesos, a establecer sus lares. Fueron las aguas azufradas de sus hoy secos pozos las que le condujeron allí desde Barranquilla -cual atormentado Odiseo buscaba el “repos du guerrier”, y allí se lo dio Petrona Moreno Nieto, emparentada con el general Juan José Nieto. Con ella tuvo cinco hijos que fueron como un propio bosquecillo de trupillos -árbol de la zona hasta la Guajira- para cobijarse en sus sombras de paz el popular silvano. Desde el ventanuco de su cuarto -modesto- podía ver el poeta el descenso de la suave pendiente que termina hoy, seguramente como ayer, en un hondón, seco lecho de un riachuelo que se constituye en la temporada de lluvias, tal como se comportan los arroyos-ríos de la vecina Arenosa. Del otro lado de la cañada se levanta la herradura de laderas de la otra vertiente. Hasta allí le llegaron las coronas de bronce patinado cuyo verde invita a los dedos a que sucedan a la mirada para verificar si son del apolíneo olivo -o no- ya que tan magistralmente lo imitan. Tan verdes se conservan colgadas aquellas de los modestos clavos afincados en las paredes del sencillo aposento donde moran ya para siempre sus restos. ¿Estará cerca -acaso- de esa corona otra <Araña>, descendiente biológica, tal vez, de aquella a la cual cantó el lírida mucho antes de hallarse aquí y que tantas amarguras le deparó cuando invitado por sus amigos a participar en un recital ofrecido en el teatro Colón de Bogotá se negó él a concurrir toda vez que se pretendía pedirle el poema que habría de recitar a pedido del señor Caro, que lo apreciaba, y que quería evitarle problemas con el Gobierno, del cual él -el señor Caro- era el tronante ejecutor? Esa <Araña> habría de perseguir al vate Flórez hasta su cercana muerte –pensaría el poeta para sí mismo- exhausto ya por el mal que lo carcomía y que lo haría viajar desde el lecho de enfermo hasta el propio piso del cuarto bajo una sencilla cubierta de cemento coronada por una lápida inclinada. Todo allí en la digna pero humilde casa campesina –pero señorial si se la compara con aquella otra que en Bello, Antioquia, sirvió de cuna al hijo de doña Rosalía, don Marco Fidel Suárez – recuerda al aeda más popular que sin duda alguna haya tenido Colombia, Tierra de poetas y de poetisas y…. Leones, según Rubén Darío. A ese último refugio siguen yendo en la actualidad –aunque nos parezca extraño- gentes de todas partes a escuchar entre las ramas y hojas escarraladas de los trupillos las notas estremecidas de “Mis flores negras”, himno nacional popular que fue en su momento. En esta casa en Usiacurí –sin posibilidades de pensar lo contrario- dejó Julio Flórez las “ruinas de sus pasiones” enterradas y subió al azul con que añoran todos los Poetas y Poetisas que en el mundo han sido. Como el Albatros del autor de esas otras flores –malditas- el francés Charles Baudelaire, hombre “heautotiroumenon o atormentado por sí mismo, como se autodescribió en un poema suyo, pero a quién no le cupo en suerte tener el equivalente de una Petrona en un Usiacurí, en la geografía de Francia. * No se explica el autor cómo este artículo apareció en El Heraldo con la firma “Julio Flórez”, siendo de su autoría y como resultado de una excursión a Usiacurí con fines expresos. La fecha de publicación es: viernes, 27 de enero de 1995. León de Greiff y Luis C. López Este 22 de julio de 1995 se cumple el centenario del natalicio del vate sueco-paisa León de Greiff. León representó en la poesía colombiana con su obra una de las más vigorosas y amplias escritas por poeta colombiano (si damos a don Juan de Castellanos este epíteto) alguno en toda la historia del país. La obra de León de Greiff es de largo aliento tanto en la temática como en la técnica de construcción, pues el poeta escribió en casi todos los pies poéticos y formas estróficas. No es raro hallar en la obra desde una nenia hasta una serranilla –al estilo del marqués de Santillana- incluídos rondeles y sonetos. Y todo eso por pretender cumplir personalmente el viejo sueño de los poetas: aunar la palabra poética o verso y la música. Y a fe que lo logró. El musicólogo Hernando Caro Mendoza* publicará para este año su libro sobre la música en la poesía de León de Greiff. Seguramente aparecerán en este año otros libros en referencia a la obra del poeta antioqueño. Personalmente me permití enviar al Instituto caro y Cuervo bajo la atinada dirección del doctor Chaves Cuevas, hace ya por lo menos un par de años (1993), los originales de un trabajo lexicográfico sobre los arcaísmos, neologismos, etc., que el poeta utiliza en su magna obra. De igual manera este diccionario-lexicón permite saber el significado de las alusiones que León hace de personajes de la Historia, de la Literatura, de la Música, en cuanto a personajes de la Ópera, tan de moda en estos días con la venida a Colombia del gran tenor italiano Pavarotti. León de Greiff comenzó su poesía desde la adolescencia casi y era en ese sentido el revés de la intención que manifestó en la suya Jorge Luis Borges, quien muchos años después habría de decir que en sus comienzos su poesía estaba llena de palabras culteranas, pero que con el correr de los años había simplicado su escritura. Lo contrario de la de León de Greiff, quien comenzó con una poesía sencilla como el renacentista Góngora y después, como éste, giró hacia una poesía cada vez más compleja llegando al enigma en muchas ocasiones. Aunque Donaldo Bossa afirmó en el prólogo que hizo a mi trabajo que la metáfora en De Greiff era clara, y no como la de Góngora: oscura. De cualquier manera es la poesía de De Greiff “sibilina”, como él mismo la califica. De allí que él mismo haya en el año 19(48) realizado un diccionario para leerla. Mi trabajo está en esa línea pero abarca temas que el poeta trató abundamente en su poesía después de su trabajo lexicográfico. He solicitado en días pasados recientes al Instituto sobre mi trabajo que había sido pasado al comité de estudios por el Director mismo del Caro y Cuervo. Sería, eventualmente, mi propósito realizado al celebrar el centenario del natalicio del gran poeta De Greiff quien con Luis C. López en “Atajos” –aquí en Cartagena el primero me dijo que había sido su gran amigo- y Luis Vidales con “Suenan timbres” demolió el edificio, ya en ruinas, de la poesía colombiana, llena de, como los denominó De Greiff: “los búhos rectos, rectos, rectos, retóricos, retóricos”. Nunca se lo perdonaron. Martes, 7 de febrero de 1995. Apareció en El Heraldo de Barranquilla. *En estos días que corren, 8 de abril, leí que el referido libro de Caro Mendoza fue impreso, no sé si esta se trata de una segunda edición o se trata de que sólo hasta ahora se edita la primera edición.
“Contra viento y marea: lucha de Rafael Núñez sobre el Poder” Es el libro número 53 de la serie “La Granada entreabierta”, que edita el Instituto Caro y Cuervo en el taller de la “Imprenta Patriótica”, sita en la finca Hierbabuena. El año de edición es el de 1990 y el lugar del mismo Bogotá (sic) antes del cambio de nombre de la capital de la República a Santafé de Bogotá. En el prólogo nos dice el autor que la razón de ser de este libro nació del deseo de defender a Núñez, pues según él algunos persisten en el espíritu antinuñista. La obra comienza en los momentos en que el futuro regenerador se aleja del país, en 1863, para no regresar sino hasta 1875, cuando ya es proclamado candidato presidencial. El autor Eduardo Lemaître analiza la constitución de Ríonegro de la que narra que fue una constitución hecha a la medida y no para tener en cuenta la idiosincrasia, las costumbres y las exigencias generales del país, y para atarle las manos a Mosquera, entonces aliado a los liberales radicales, antiguos gólgotas, en quien veían un aliado demasiado prepotente, porque ellos se aprestaban a tomar el poder para su propia causa. Aquí el autor dice que la frase de Hugo no fue la de “que era una constitución de ángeles” sino que hubiera abolido de ella la pena de muerte por cuanto él había luchado mucho por eso. Lemaître dice “que la Constitución del (18)63 era una Constitución endiablada”. Núñez se abstuvo durante el corto tiempo que asistió a la Convención de Rionegro: no habló, no votó y no participó en ningún debate salvo el fracasado proyecto de trasladar la capital de la República a Panamá. La obra consta de 39 capítulos escritos para periódico en la variedad de ensayos sucesivos, que luego el autor resumió y publicó y que son el resultado de innumerables lecturas sobre Núñez y su obra, como nos lo dice el mismo Eduardo Lemaître de igual manera en el prólogo. Tal vez los más interesantes sean los que narran su trato con Soledad Román, en el aspecto humano y como amante; el denominado “La célebre evolución Otálora”, caso magistralmente contado por el autor donde se pone de relieve en grado sumo cuanto de verdad resume el apogtema de Montaigne de que “el hombre es cosa vana, ondulante y variable”, tanto para el señor Otálora como para Barba Jacob, a quien la frase le sirvió de epígrafe para uno de sus poemas más famosos. Los libros de la llamada “nuñología” son abundantes y para esta obra el historiador Lemaître consultó 65 libros, según nos tomamos el trabajo de contar, 12 o más escritos por autores cartageneros raizales o adoptivos. Viene un índice de ilustraciones con 15, una de ellas la del célebre retrato al carboncillo que Ricardo Acevedo Bernal hizo del doctor Núñez y otra muy interesante del cortejo fúnebre del doctor Núñez en 1894. Lo único que no es grato en este libro es el comentario que en el prólogo hace su autor de que tal vez este sea su último libro. Llévemosle la contraria, y ¡esperemos que así no sea! P.S. Después de su muerte aparecieron dos libros más: “Poesía vergonzante” e “Historias detrás de la historia de Colombia”. Jueves, 16 de febrero de 1995. El mural de Obregón en Juan de Acosta
Juan de Acosta tiene muchos años de fundado por un compañero de la hueste de don Pedro de Heredia que le dio el nombre a esa población del Departamento del Atlántico llena de trinitarias y laureles (realmente son ficus) en todas sus calles, saneadas por el pavimento en su mayoría. Las personas allí son muy atentas y educadas con los visitantes y muestran una cordialidad muy digna en sus atenciones; el ancestro hispánico de sus fundadores fue reforzado muchos años después por los inmigrantes provenientes de Andalucía y Extremadura que vinieron después de declarada la Independencia y constituída la República. Queda cerca de Barranquilla Juan de Acosta por la vía del mar, yendo desde Cartagena, una vez que se ha pasado Santa Verónica tomando una bien asfaltada vía, aunque angosta, que está a la derecha y que tiene una longitud de ocho kilómetros hasta el pueblo. Al visitar un pueblo nosotros siempre nos dirigimos a dos edificios claves de entre los que forman el poblado: la iglesia y el cementerio. La primera en Juan de Acosta no es gran cosa, desde el punto de vista arquitectónico pues, sin duda, no responde sino a una expresión actual que sustituye la que debió de ser la original o a aquella (s) sustituida (s) por esta última. No la visitamos por dentro por la premura del tiempo que se nos acortaba rápidamente. En cambio si lo hicimos en el cementerio leyendo ávidamente las lápidas para establecer nombres y años contenidos en ellas. En esas, vimos una cripta elevada, de dos o más metros todas luces y observamos detrás de las vidrieras. Un muro pintado por una mano maestra pero la impresión que tuvimos inicialmente, y ahora también, ¡qué caray!, era la de una pintura “kitsch” o como llaman en Santafé, “loba”. Al salir del cementerio el encargado del mismo se dirigió a mí diciéndome que si no había visto la tumba en la cual aparecía una pintura de Alejandro Obregón de la “Dama de Verde”, ya referida. Ella tiene la expresión gestual de la placidez y el aire que Obregón dio a todos sus rostros femeninos, incluidos los de las vírgenes llamadas <Annunziatas> que Monseñor Macchi llevó al Museo Vaticano. Dos grandes alas se abren en sus delicados hombros tal los ángeles de Figueroa o de Vásquez Ceballos. Porta en la mano un cartelito al estilo de Lucas Cranach que dice su nombre: Ana Isabel. Su mirada nos sigue desde cualquier ángulo en que la observemos. Y en derredor de ella la floralia del estilista que fue Alejandro. Y seguidamente la pregunta viene a flor de labios: ¿Y qué hace este mural de Obregón aquí? Y como jugando al “viejo enterrador de la comarca” nos soltó el encargado fragmentariamente lo que con ayuda de nuestras preguntas entendimos en su totalidad. Se trata de una bella historia de amor filial y es como sigue: Un hijo que había salido de la población al poco tiempo del deceso de su madre que siguió muy cerca a su propio nacimiento volvió muchos años después a establecer el sitio preciso donde ella había sido sepultada y ordenó proceder a cerner o cribar la tierra donde ella yacía en su última morada. Así estableció con sus parientes maternos la justeza de su hallazgo y procedió a erigir un nuevo sepulcro en forma de cripta e invitar al creador de las barracudas y de los cóndores a ensalzar la prístina belleza joven de su fallecida madre. EL Heraldo, Dominical, Barranquilla, domingo 5 de marzo de 1995.
“Poesía vergonzante”; libro póstumo de Eduardo Lemaître Eso fue lo que siempre dijo a sus amigos respecto a este tema: Soy poeta pero poeta vergonzante. Tal vez a algunos se les dificulte el comprender esa aparente contradicción ínsita en ese calificativo que se daba a sí propio el muy definido hombre de letras que fue en vida Eduardo Lemaître Román. Pero es que había que haberlo oído como crítico literario, papel del cual no hacía presunción, para conocer su autocrítica en relación a su personal tarea poética. Algo de eso nos adelanta Lemaître al escoger como epígrafe para su poemario un párrafo de “Mazurca para dos muertos” del Nobel español Camilo José Cela que reza: “A mí me parece que es un acto de impudor eso de leer a los demás las propias poesías. ¿A quién puede importarle?” Pero sin duda era imposible para Eduardo restringirse en la profundidad de la noche de dejar salir por los picos de su pluma su personalísima visión estética y reflexiva de la vida misma. Como Tito, hijo de Vespasiano y emperador él mismo, de cía al comienzo de su imperio finalizando el día que se satisfacía de haber hecho una obra buena diaria. Lemaître a quién le oía le decía que había que aprovechar el día para hacer un poco de algo que embelleciera al mundo. Esa era para mí su más repetida afirmación de su papel como escritor y como personalidad. Eduardo Lemaître rebasó conscientemente su condición de escritor explorando el llegar a ser un maestro para la sociedad y ese fue el sustrato de su constante y compulsiva escritura. En este libro podemos sus amigos verlo de alma entera pues era muy reservado en esos temas con natural elegancia azoriniana. En sus escritos periodísticos Lemaître dejaba con suave ironía ver su opinión sobre la poesía actual que le parecía extraña y creía todo el mundo que el propugnaba volver a la vieja métrica que rigió en el pasado al “Gay dezir”. Pero no fue así sorprendentemente para los lectores de “Poesía Vergonzante”, pues con excepción de un poema dedicado a Dante Alighieri también utilizó en su estilo Lemaître el verso libre de la poesía actual y contemporánea. Eso en cuanto al estilo de la arquitectura poética pues en la temática se asoman a esta obra muchas cosas que interesaban a su autor con excepción, en este caso, del tema histórico que tanta atención le captaba en otro tipo de obras. Porque es que aquí podemos ver al Lemaître inti-mista que siempre se redujo o sustrajo a sí mismo en ese aspecto a un escasísimo grupo de amigos, y aún así…. El humor está presente en esta obra y rebaja un poco el tono de lo grandilocuente que podría ser un libro al cual se le hizo circular después de su muerte pues no es una edición póstuma ya que lleva como adorno únicamente la firma del autor, además de estar numerado hasta el doscientos. Es conmovedor y muestra la vena romántica de Eduardo Lemaître el que el autor hubiera sentido la necesidad de dar al público esta obra después de su partida final. No hay que verlo como algunos han querido (no le conocían bien) asumirlo como un acto teatral. Esos no le conocieron. Tuve el agrado de conocerle. Martes, 7 de febrero de 1995.
Los Juegos Olímpicos en la Antigüedad (I) A don Chelo de Castro C. Con este título que parece parcialmente una nota deportiva de actualidad con razón de los juegos que se desarrollarán en Barcelona, España, apareció en la “Serie Minor XXXII” del Instituto Caro y Cuervo, con fecha de año de 1990, escrito por el sacerdote jesuíta Manuel Briceño Jáuregui. En 222 páginas con 17 capítulos, bibliografía y cuatro índices: el onomástico, el geográfico, el de ilustraciones y el índice general, se narran los orígenes prehistóricos de los juegos y los mitos y leyendas, además del culto a los muertos en asociación de aquellos. Acto seguido en el capítulo número dos se presentan los orígenes históricos en relación a la ciudad de Olimpia con abundantes fuentes de información desde los comienzos que fueron insignificantes hasta el aumento de las competencias con el “pancracio” o boxeo y lucha combinados, y además la carrera a caballo. En el capítulo III se describe la topografía de la ciudad de Olimpia donde en la época pareció haber un cuadrilátero donde se encontraba el estadio, el gimnasio, la palestra, el hipodrómo y los demás edificios para el servicio del santuario y la administración de los juegos. Los temas del capítulo IV nos dejan ver que a pesar del espíritu atlético también en esa época se presentaban fraudes y abusos entre los competidores de las justas y nos trae entre otros el ejemplo del boxeador tesalio que en la Olimpíada XCVIII en el año 338 a.C. recibió un castigo por haber comprado a tres de sus rivales de parte de los funcionarios que vigilaban los procederes de los participantes, los llamados helanódicos. Estos eran también quienes hacían grabar los nombres de los vencedores en el catálogo oficial que estaba expuesto en el gimnasio, los helanódicos eran exclusivos de Olimpia. La obra está abundantemente ilustrada con muchas anécdotas extraídas de obras clásicas de corte histórico y literario. Pero también trae 25 gráficos reproducidos a partir de reconstrucciones de planos de lugares, de vasos de cerámica, de objetos como la “haltera”, equivalente a un pesado boomerang que se arrojaba como una pesa o disco en los días modernos. Las características del Pancracio -uno de los juegos que más espectadores atraía- están descritas con lujo de detalles lo mismo que las de los demás juegos que entraban en las competiciones. El autor de la obra es un gran conocedor del tema y lo agota cuando en el capítulo XI nos detalla los elementos del Pentatlón que eran: el salto largo, disco, jabalina, carreras de velocidad y lucha. Al propio tiempo nos cuenta que el entrenamiento de éste era juzgado benéfico para la salud aunque en la época algunos juzgaban que ese deporte era una medianía - según nos narra Briceño Jáuregui- que no sobresalía en ninguna como aquellas competencias de orden único. La abundancia de información y datos que contiene esta obra es tal que querer reseñarla en su totalidad sería obra de griegos y no “de romanos”, lo que resulta imposible dada la cortedad de una reseña por larga que esta sea, pues es un género corto en sí mismo. La popularidad de las carreras de a caballo era enorme lo mismo que la competición de dos carrozas, en este aspecto inserta Briceño en el capítulo XII dos pasajes maravillosos por lo descriptivos de este tipo de competencia, el uno pertenece a Homero, rapsodia XXIII de la Ilíada y el otro está tomado de la Orestíada, de Esquilo. Pero no queda allí la intención del escritor sino que la extiende hasta incluir la descripción que el autor de la novela Ben–Hur (Lewis Wallace) hace en su libro para que sirva de elemento de comparación al lector de su obra, a la cual hay que darle el calificativo de magistral, sencillamente. Nos indica Briceño como la mujer también participó de esos juegos, aunque no en Olimpia, y nos relata como Pausanías dejó el testimonio en su obra sobre el hecho de que Licurgo, fundador tradicional de la constitución espartana prescribió los ejercicios físicos para las mujeres con el fin de prepararlas para ser madres de soldados. Aunque hay un silencio sobre las mujeres debido a la “androcracia” –prioridad social del varón- en la cultura griega sabemos de los nombres de muchachas atletas tales Hedea, Hermesianacte y Trifosa, que ninguna joven de hoy dejaría de cambiarse hoy día si así sus padres las hubiesen llamado en la pila bautismal. El Heraldo, Viernes, 10 de febrero de 1995.
Los Juegos Olímpicos en la Antigüedad (II) Aunque no había patrocinios, ni sueldos, ni siquiera propaganda comercial -como hoy día es tema candente en las competiciones atléticas- los atletas sí recibían recompensas y honores al triunfar tales como sustanciales sumas de dinero, objetos preciosos, trípodes de bronce, telas ricas, y honores que al decir de Briceño Jáuregui hoy día parecerían excesivos. Los atletas victoriosos, u “olimpionikai”, más famosos de la historia de los Juegos la trae este exhaustivo libro del tema en el capítulo XVI con los nombres de Teagenes de Tasos, Millón de Crotona, Polidamas de Escotusa, Prómaco de Pelene, Diágoras y su hermano mayor Damageto y “tutti quanti”…. Para coronar la interesante obra, el autor Briceño Jáuregui deja para el final de la misma el papel que pretendían, tenían y buscaban las celebraciomes de los Juegos Olímpicos en la civilización griega. Una tabla de las doscientas sesenta olimpíadas con las fechas correspondientes de antes de Cristo y después de Cristo dan cierre como -en este casi sí que es apropiada la expresión- broche o fíbula de oro, a la amenísima y documentada realización del jesuíta padre Briceño Jáuregui, quien en vida ocupó la presidencia de la Academia Colombiana de la Lengua.
Miguel Camacho Sánchez* El médico Miguel Camacho Sánchez vino a Cartagena como me dijo alguna vez “en bendita hora”. Y yo creo lo mismo que él afirmaba por la razón que seguidamente anoto: que sólo ciudades como Cartagena son el ámbito urbano propicio para el cultivo de la tradición y de los estudios históricos -con salvedad que anteladamente anoto- cosas ambas que a él le seducían desde antes de estudiar medicina aquí en la Universidad de Cartagena. En realidad en la personalidad de Camacho Sánchez bulle el espíritu del investigador y de allí que repartía su tiempo entre su especialidad, la cual atiende a la microbiología, y las ciencias liberales y las artes literarias e históricas, en raro desdoblamiento entre nosotros donde muchos profesionistas (prefiero este término al de profesionales, como es usado en Méjico) no suelen ver más allá de los circuitos de su asistencia a la Universidad. Miguel Camacho Sánchez estudió alguna especialidad en nada menos que el Instituto Pasteur de Francia en el tema que le atraía y que ya he anotado. Mientras colaboró en la Universidad aplicó mucho de eso a su desarrollo como docente y científico. Existe en Miguel Camacho un eje alrededor del cual gira todo lo demás: su curiosidad y un inmenso deseo de superación personal y diría que el ánimo de destacarse socialmente en el servicio a sus amigos y a la sociedad en general pues me consta de muchas ayudas que propinó (dio) en variadas ocasiones a jóvenes pagándoles el colegio y demás gastos para ayudarlas a destacarse socialmente. Miguel Camacho Sánchez tenía una vena como filántropo que muy pocos conocen en la ciudad. Y la vena de filántropo sólo se desarrolla en los agradecidos con la vida. Como historiador Miguel Camacho Sánchez era persona de criterio polémico y poco comulgador con ruedas de molino, como se dice castizamente. Miguel Camacho Sánchez escribió una versión de la historia de Cartagena con la asistencia de otra interpretación a la tradicional y en algún momento me pidió que la ofreciera graciosamente a un centro de estudios donde estaba yo vinculado en ese entonces, y gustó mucho la obra, pero, lamentablemente, no pudimos lograr su estampación. Es una pena que Camacho Sánchez no haya publicado en la forma libro, pues en la forma ensayo, artículo, es abundantísima su producción durante cincuenta años habiendo publicado por primera vez en el suplemento de “El Tiempo” de Bogotá. Gran conversador, era como dijo el poeta “Un torrente impetuoso”, tal era el cúmulo de ideas que lo asaltaba en su pensamiento. Acucioso y preocupado, Miguel estaba pensando en qué habría de ser de su querida Academia de la Historia de Cartagena donde publicaba y dirigía en los últimos tiempos el Boletín de la misma. Miguel Camacho Sánchez, por su dedicación a las ciencias biológicas hubiera logrado en un ambiente más propicio, desde el punto de vista de inversión para el desarrollo de la medicina, un hito semejante -han pasado ya muchos años de su momento universitario- al de Elkin Pararroyo, su amigo, otro médico desdoblado en investigador científico. Muchas cosas más pueden decirse en relación a este hombre rico en letras y ciencia, pero sólo añadiré una de las que más le gustaba exhibir: ser cartagenero por adopción y haber escrito como colaborador en El Universal, como el más antiguo de los mismos poco después de que el fundador, doctor Domingo López Escauriaza iniciara el periódico. Sábado, 18 de febrero de 1995. *Este artículo se publicó también en El Heraldo con fecha Sábado, 18 de febrero de 1995.
En “El Heraldo” de Barranquilla, apareció la presente nota el día 23 de febrero de 1995.
Víctor Gedeón Ghisays Víctor Gedeón Ghisays ha fallecido en días recientes pasados. Sin que se supiera que estaba enfermo siquiera en la ciudad a la que dedicó todos sus ideales y miras de empresario. Desde muy temprana edad, casi desde la salida del bachillerato en el colegio de La Salle, él y su hermano Roberto ya habían decidido que el mundo de los negocios sería el propio. Es que lo que se hereda no se hurta y era muy clara esa vocación a partir de su padre don Aziz Gedeón, hombre de grata memoria entre quienes le trataron quién se unió en matrimonio aquí en Colombia con una de las mujeres más distinguidas por el espíritu de la delicadeza, Carmen Hafsa Ghisays, hija de Labibe Dager y don Lázaro Ghisays. Durante muchos años y en sabia hermandad Víctor y Roberto adelantaron una incipiente industria de con-fecciones que ganó prontamente un espacio industrial y comercial en la ciudad y en el área toda de la costa caribeña. Una de las condiciones del empresario auténtico como lo era Víctor Gedeón hace sin duda referencia al equilibrio que el capitán de la empresa hace de su capital pero teniendo siempre en cuenta que su acción tiene un carácter social como lo es el que muchas personas derivan de allí su posibilidad de ascenso social y el pan para la mesa de sus hijos amén de la contribución de su tarea de concertante de la paz social. Víctor Gedeón siempre tuvo ese derrotero en la tarea de constructor que desde el despertar de su personalidad tuvo como su escogimiento, como ya lo hemos anotado. No obstante de que la diosa fortuna trajo bendiciones a su cuerno de la cornucopia, hablo de la abundancia y de la prosperidad, Víctor Gedeón se caracterizó en la vida social por tener esa discreción que engalana al hombre que por su esfuerzo tuvo un intento superior. Pero también el afán constructor que es partícula del resorte psicológico del empresario hizo que Víctor Gedeón dedicara sus esfuerzos y desvelos y toda esa masa de situaciones espirituales y mentales a indistintas empresas en las cuales sólo citaré auí que tuvo mucho que ver con la tarea de su suegro, el señor Mansur Juan, quien fuera uno o el más grande tal vez de los importadores de automotores junto a otros grandes del ramo en Cartagena como lo fuera don Antonio Chalela. Eran los tiempos en que los automóviles eran todos americanos aquí antes de que el país con el esfuerzo del capital y el trabajo de gentes como Víctor Gedeón posibilitaran el crear una red de distribuidores de Renault, coche francés, y la consiguiente prestación de servicios de mantenimiento y repuestos. Fallece Víctor Gedeón Ghisays apenas pasada la primera madurez, esa que calificó Víctor Hugo como la juventud de la vejez, de la cual estaba, ciertamente muy lejos aún Víctor y que infortunadamente para su familia y amigos no coronó. Es que como dijo Jorge Manrique la vida es un río que va a dar a la mar que es el morir. Pero su vida antes de eso fue fecunda y deja una historia de trabajo meritorio que aquí quise como homenaje testimoniar. Jueves, 23 de febrero de 1995
Prólogo al “Refranero”, de Jesús Cárdenas de la Ossa (I) El autor de esta obra, Jesús Cárdenas de la Ossa, me ha solicitado unas líneas, que pudieran servir a manera de palabras preliminares para ella. Y habiéndola leído detenidamente en el original, como es de uso normal entre amigos que escriben, para con algo de sentido crítico que no provenga del mismo autor del trabajo establecer posibles erratas, precisiones adjetivales recomendables, escapadas cacofonías, la miseria filológica de que hablaba Azorín, grafías correctas para la fonética popular,tratándose, como en este caso, de una recopilación de refranes, proverbios, aforismos, dichos y apotegmas que campean en el uso popular, digo, pues, que no podía ser sino doblemente obligante la invitación de Jesús Cárdenas de la Ossa de que fuera yo mismo quien se la prologara. Y a decir verdad amén de esa grata petición se sumó a ella mi antigua afición de conocer refranes y máximas, afición que tiene más de inclinación a leerlos en “Refraneros” que a utilizarlos yo mismo en mis conversaciones. Pero sí el haber gozado desde la adolescencia bachilleril con quienes los empleaban en sus charlas y hasta el haber intentado el recogerlos, en esa época, en un más pretendido que logrado centón de los mismos.Vehículos de esos refranes los constituían personas que pueblan hoy día la memoria de mis afectos sin ser parientes míos. A todos cuantos hayan leído el Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha les habrán saltado a los ojos los innumerables refranes que el “fiel escudero” desgrana en la obra, aunque también los tiene la parla de Don Quijote, que de cuando en cuando, y de vez en vez, suelta alguno donosamente. Aunque los del Hidalgo dejan más regusto a apotegmas que a refranes. Y es que como bien los califica en su libro “Proverbios, adagios y refranes del mundo entero” Julio C. Acerete, la diferencia ascendente a partir del refrán, del adagio, del aforismo y del apotegma es la aplicación de un mayor valor de sabiduría filosófica y general de la ética y las costumbres sociales. El primer peldaño de la escala de las máximas es el refrán y el pináculo de la misma es el apotegma. Refranes, adagios, proverbios, aforismos y apotegmas llenan frecuentemente las páginas de las literaturas iniciáticas de Sumer, Fenicia, Grecia y Roma en Occidente, con equivalencias en los libros de los filósofos chinos y en los libros sagrados de la India védica. Aunque estas “Máximas” coinciden en valores aproxi-mados algunas veces entre las emanadas de una cultura u otras, muchas de ellas responden a auténticas y especiales visiones idiosincráticas (o idiosincrácicas). Recuerdo uno que como árbol en la llanura viene siempre a mi memoria, que lo atesora desde cuando lo leyó en la “Ilíada” y que reza: “Más vale perro vivo que rey muerto”. También los filósofos griegos denominados presocráticos, desde Cleóbulo Líndico o de Lindos hasta Periandro de Corinto, enseñaron con máximas que en unas veces son refranes y en otras verdaderas sentencias apotegmáticas. Y seguramente algunos de esos pensamientos fueron apro-piaciones que ellos hicieron de un saber secular ancestral. Como quiera que realmente haya sido continuaron ellos como vehículos de la vigencia memorial de esa sabiduría. Un nuevo impulso literario recibió en el Humanismo renacentista la recolección de refraneros, de modo especialísimo tuvo resonancia el de Erasmo, que elaboró su libro “Adagia”, el cual tuvo gran éxito de venta y repetidas reimpresiones. Además tiene el libro de Erasmo el valor literario de que influyó en algo en la novela de Miguel de Cervantes, a quien llegó el pensamiento erasmista a través de la obra de los seguidores españoles del insigne holandés. Sirvió, pues, el “Quijote” de receptor de los adagios del libro de Erasmo y difusor de allí en adelante del pensamiento antiguo. 15 de marzo de 1995.
En El Heraldo:
Diccionario de Etiqueta, libro de <Belles manières>. Así, en francés, se nota cómo entre pueblos de alta conciencia social y ciudadana se las denomina “bellas maneras”, y con eso las han elevado a la categoría de las otras artes que tipifican las musas seguidoras de Apolo, a pròpos, Eduardo Lemaître se mostraba muy orgulloso del nombre que su admirado personaje Rafael Núñez había escogido para el parque enfrente de su casa en El Cabrero, pero en fin….) Estoy buscando perfilar este comentario-reseña, y a eso paso, del segundo libro que sobre el asunto ha compuesto (éstos libros no son escritos sino compuestos pues su estructura orgánica así lo demanda) la autora y conferencista sobre esos temas, Evelia Porto de Mejía (esposa del gran señor que es Alfonso Mejía). Este libro es como todo diccionario un enorme acopio de saber enciclopédico, pero para darle un ejemplo, lector, de su utilidad piense en que usted no sabe, por ejemplo, otra vez, que uso tiene esa bonita cucharilla con bordes dentados que le pusieron en casa de doña Tera Pizarro y, zás, sabe usted inmediatamente que es para comer pomelo o toronja. Pero hablando ya sin humor sino en serio -tan serio como lo es la etiqueta (en una nota periodística de hace años cuando la autora presentó su primera obra sobre Etiqueta decía el que esto escribe que etiqueta es un diminutivo francés del término de etimología u origen griego “ética”, proveniente a su vez del vocablo “ethos”, que como todos recordarán tiene como significado el de “uso en las costumbres” de lo que es agradable a los demás. De allí puede considerarse la importancia de ella, de la etiqueta. Este libro es un esfuerzo de belleza formal y utilitaria, de perfección editorial -Gamma- y de notable trabajo de claridad en la indexación que lo constituye en un auténtico manual para refinados o aquellos en trance y gusto de serlo; a la par que para hoteles, restaurantes, “gourmets”, y en general, para todos los que comprenden la necesidad del uso de la “finesse” en las maneras en sociedad que Grecia -siempre estamos debiéndole algo a Grecia- denominó en boca de los filósofos como “carteria” o “actitud digna de ver”. Nadie más indicado o indicada en este caso para realizar un libro como este que Evelia, que repito, ya lo dije en mi obra “Flores de Papel”, ha vivido su vida como una auténtica obra de arte. Por su belleza, espiritual y física, su prudencia en el trato con todos, sin diferencia de que sea alto o mínimo. Este libro tiene una de las condiciones que los libros de esmerada presentación poseen y es la de su generoso grafismo, me refiero a las elegantes e ilustrativas fotografías que sirven de apoyo a los acertados y precisos comentarios sobre cada tema de comportamiento y uso en los menesteres del trajín del ejercicio de la etiqueta. Entre los arreglos que han servido como “mise en scène” para las fotografías están los aspectos de la casa de Juan Montoya, famoso decorador colombiano de gran éxito en Nueva York, y la de Jaime Botero, imagino que es el director de teatro o sino un homónimo frecuente entre apellidos antioqueños. Entiendo que dentro de esta línea de tanto éxito en la utilización de la obra Evelia tiene una obra específica sobre asuntos relacionados con agasajos de boda, que siempre suscitan intereses amenos, demostrados en el despliegue manifestado en estos días sobre el tema con la boda en Sevilla de la Infanta Helena de Borbón y Jaime de Marichalar, plebeyo, y afortunado ahora, contra todos los chismes de la hispánica ciudad de los Benamejí. Evelia es además conferencista sobre estos asuntos y esta manera de enseñar por el libro es otra faceta de su condición innata de educadora, siendo muy destacados los seminarios por ella conducidos en muchas instituciones, dentro de las cuales se cuenta y honra con su didactismo el Colegio Mayor desde hace muchos años, por la razón de que este plantel tecnológico hace mucha referencia a la etiqueta como asunto de interés académico, que segu-ramente servirá para quien lo estudia para solventar todas las situaciones de su vida social de allí en adelante. Entre tanto libro portador de tanto asunto enredado es un frescor hojear uno ameno y precioso como este. Y, ¡vale, Evelia! 24 de marzo de 1995.
Pura carreta Ningún nombre es más apropiado para ponerle el título a un libro como el del periodista de “El Universal” Libardo Muñoz: “Pura carreta”. Y aunque el libro está denominado aludiendo a la charla cotidiana intrascendente en el lenguaje coloquial costeño y mejor aún “argot” cartagenero de nueva hornada, nada hay más lejano a esa modesta manera de interpretar el autor su propia realización literaria. Antes decíamos hablar carretilla y después devino a algo más corto. Y sólo en lo corto existe algún símil entre la denominación y el contenido de este delicioso volumen de pintorescas escenas de la cotidianidad de la Ciudad Vieja, del “Corralito de Piedra”, de que hablara por primera vez el médico Justiniano Martínez Cueto hace ya muchos años. Don Daniel Lemaitre ampliaría con su mayor amplitud de convocatoria lo de “Corralito…” para Cartagena de Indias. Pues la carretilla sólo se conduce en las calles de la estrecha y colonial ciudad. La carretilla es la litera del pobre que no tiene umbral propio. Y ya aludiendo a la prosa de Libardo Muñoz debemos encararla con la gracia y el salero que ella destila. Lo primero que me viene a la cabeza es el libro de estampas peruanas de don Ricardo Palma, que es un clásico del género y un hontanar de recuerdos de lo simple y de los igualmente simples de su época. En Muñoz se encarna el cariño a las gentes humildes y sencillas de la ciudad de manera muy distinta a esa desagradable costumbre cartagenera de tocar la identidad del pueblo sólo por sus defectos y carencias bien, y que podrían estar en una corte de los milagros de Monipodio y demás. No, la intención de Libardo Muñoz siempre es la de dejar bien parados a sus personajes pues los ha visto con los ojos especiales de la simpatía universal. Nada de locos ni de locas sino de gente buena y trabajadora y nimbada de algún estro nostálgico. Para alguien tan decente como pensador y pe-riodista como Muñoz, esto no es esfuerzo sino apenas el trasunto normal de su visión del mundo o como dirían los entendidos de su <weltanschauung>. Simpatía es lo que derrochan estos personajes de Libardo Muñoz, cuando el relato es de personajes, y amor por la Naturaleza cuando se trata de animales o de la madre natura mismamente considerada. No dejan los personajes de Muñoz de recordarle a uno, que ronda los cincuenta años, aquel momento previo a la adolescencia en que escucha aún hoy día decir al hombrecillo de las griegas, como renovado y realista Sancho Panza, al estilo de Nietzsche, que él que hacía las griegas dudaba que allí estuviera Dios como enseñaba la doctrina cristiana católica. ¿Pero qué va entender de ello quien siendo hacedor de “galletas griegas” no tiene al propio tiempo la “fe del carbonero”. Una de las constantes de Libardo Muñoz es la de la memoria gastronómica casera y coquinaria esquinera. ¿Quién no recuerda aquellos patacones dorados de la puerta del cine Padilla y que en una carreta un copón enorme de aluminio remachado lloraba las frías gotas que le causaba desde adentro un rojizo guarapo colonizado de grandes trozos de hielo de fábrica? Libardo es un turista del olfato y de los aromas callejeros anclados en la memoria del gusto cuando está en su etapa de formación. Particularmente yo recuerdo la peculiar grasa de las frituras callejeras de la ciudad del Cuzco, Perú, y el hedor milenario de su barro cuando llueve. Libardo Muñoz con orgullo que le dignifica lleva en su condición de habitante urbano de barrio el nostálgico aroma del matarratón que con cañabrava integró la cerca del patio del abuelo pueblerino que todos tenemos en esta ciudad, cuando el cerco morillano del año 1815, del pasado siglo, que despobló a la valiente opositora, Cartagena. Afortunadamente Libardo Muñoz en un momento de la ciudad estampó estas imágenes de “Pura Carreta” que con el adelanto modernista aún no han cedido su puesto en la diaria concurrencia. Este es un libro de buena prosa, dúctil, elegante, sin invenciones falsas ni verbos de rebusque que disuenan lo mismo que los otros vicios del lenguaje en la obra escrita de cualquier autor. Pero jamás el manejo del periodismo en Libardo Muñoz lo habría permitido.Es el libro de un periodista y de un literato, sumados. Y espero que quienes lean lo anterior no digan que cómo escribe tanta “carreta” sobre el autor en esta nota escrita como el testimonio de un lector que mucho lo gozó. DOMINICAL DE EL UNIVERSAL, DOMINGO, 2 DE ABRIL DE 1995.
En <ELHERALDO> Arenas Betancourt: cronista de la errancia y de la muerte El escultor Arenas Betancourt nació en Fredonia, tierra de libertad, palabra que atestigua como otros denominativos de tantos pueblos antioqueños (Palestina, Jericó, Filandia -tierra de amigos-) el ansia andariega que nos narró en su libro de viaje otro gran andariego que se tragó la Montaña, el filósofo de a pie, Fernando González. Pero es que los antiocos, como amablemente llamo a mis amigos de la frisolera y del choclo, son por esencia caminantes por los cuatro lados del mundo, pero asimismo nautas de sí propios en el arte y en el pensamiento. Este hombrecito barbado a lo Miguel Ángel es el dueño loco del estilo de un arte colosal en la línea enorme -fuera de norma- del Buonarotti. Autor de “Crónicas del amor, la muerte y la errancia”, contó allí su itinerario por las tierras de Yucatán -tierra de mayas lapidarios e ingenieros- en la rebúsqueda de la idea de mostrar la madre nutricia de América, con el desarrollo de un arte propio regido por las ideas de la escuela mejicana del arte social y expuesto en la calle, unido a la teoría de los peruanos que con don Julio Tello exaltaban el arte megalítico de Nazca y el pórtico de Tiahuanaco, amén de la escalera pétrea de Macchu Picchu, que fue visitada por mí después de que Alejandro (Obregón) me dijo que había ido a esperar la salida de Inti (el Sol) para pintarlo al salir por la “puerta” del Inca, en una sierra cercana -abandoné los pinceles, me dijo, y me dediqué a ver-. Es que Rivera reunió en su entorno lo mejor del arte megalítico y cerámico en su casa-museo de Coyoacán, donde además había mesa franca (que no cama franca muy a pesar de Frida (la libre) Kahlo, que ya era después de su accidente, y de su genial hipocondría, poco más que un cangrejo humano. Arenas Betancourt, que debe de ser de la “madre” de todos los betancures que en este mundo han sido, es tipo que para ser poeta no le empece ser de “pata pelá”. Es que el campesino y el poeta son un “solo” en tierra antioqueña, plena de “piones” emprendedores. Sólo así los entenderemos, el resto de sus compañeros de patria en esta esquina que dijera López de Mesa que era Colombia, entre dos mares, “casa de esquina”, a los antioqueños de “todo el maíz”. Sobremodo nosotros los cartageneros nacidos en esta tierra del “mosquito y del jején”. Este patirrajado de Arenas Betancourt le recuerda a uno lo que un cartagenero de campanillas, bien llevadas, eso sí, me dijo alguna vez lo que le producía como sensación hablar con Obregón. “Se le sale lo camionero”, dijo. Pero es que sólo así -con reciedumbre- se pueden esculpir las Manos de la Madre, donde las suyas se suavizaron en el culto de Ella, pero no esa obra monstruosa que es la galopante marea de los catorce caballos de la carga de Rondón (manes de Paulina) allá en el ex Pantano de Vargas, donde se exalta lo grande de este país con taladro: ¿Porque cómo llamar simplemente buril al instrumento con que ha realizado Arenas Betancourt esta obra gigantesca? Este es Arenas Betancourt, alimentado con las obras ciclópeas de las pirámides de Uxmal y con la limeña pirámide trunca de Wallamarca, situada en un barrio como el Bocagrande de Cartagena, adonde ni siquiera van los turistas a verla. Pero el gigante se volvió pequeño cuando en una tarde aborrascada, en compañía del gran penalista Pacheco Osorio, nos encaminamos a Rionegro en el oriente antioqueño para visitar, no la casa de la Constitución del 18(63) sino al gran Córdoba, mínimo esta vez en su grandeza de gran mártir en las manos escultóricas de Arenas Betancourt. Sólo a Cartagena -repasando la geografía nacional- no se le midió en el sentido escultórico Arenas Betancourt- y se pregunta uno si fue el innato sentido de modestia de los grandes del arte y del pensamiento, que se lleva en el alma como fuerza aluvial que nada resiste, ni aún la muerte errante misma, y que se la suscitaba el cantero gigantesco que está echado en la otrora marisma cartagenera y que se llama San Felipe de Barajas. Creo que fuera de ella, en la geografía “plazolar” del país, buena parte de nuestras ciudades tienen la impronta escultórica del Buonarotti antioqueño. Sábado, 20 de mayo de 1995.
En <EL HERALDO> Claudia Cardinale: la Chica de la Valija Era la época del cine llamado de la “Nueva Ola”, la “nouvelle vague” del cine francés. Y del cine neorrealista italiano que narraba la dura realidad del período posmussoliniano, que había dejado muchas heridas en la Nación italiana. No era el cine francamente inclinado a contar las excelencias de la intervención norteamericana en la Guerra Mundial, sino un cine para mostrar las lacras que condujeron a Europa a la catástrofe social y política que culminó en ella, precisamente. Era la época del “Ladrón de bicicletas” y de “Arroz amargo” que tanto impacto tuvieron en su momento y que hoy constituyen historia del cine. Italia y Alemania habían sido vencidas y se desenvolvía en ellas un sentimiento de frustración colectiva que ni siquiera la ayuda del Plan Marshall lograba mitigar en la estupefacción general. En ese mar de duras realidades aparecían las obras de Curzio Malaparte, de Alberto Moravia y de Vasco Pratolini, con su carga de cinismo y corrupción social, en un mundo de nueva sensualidad y de sexo explícito. El cine europeo corría un nuevo camino más allá de las películas de guerra en que los alemanes eran un tonto Fritz y el japonés era el “macaco amarillo”, cumplimentada esta historia con la presunta cobardía de los italianos arrastrados por la soberbia del Duce a una guerra que no habían querido en el fondo. Europa tuvo que mirar hacia el mundo que había ignorado hasta el momento y que todavía no se llamaba el “tercer mundo” colonizado antes por las potencias europeas perdidas en la guerra. Ahora había que mostrar el mundo tal cual era. Y surgió la nueva ola de que hablábamos al comienzo de esta nota. Con Roger Vadim comenzó el descubrimiento de las nuevas divas. Y “Dios creó a la mujer”, con Brigitte Bardot, el símbolo sexual de Francia para el mundo. Los italianos giraron en busca de lo propio y allí estaban primero Sofía Loren y su émula Gina Lollobrígida. Se había abierto la caja de Pandora, entregando los dones de la belleza italiana al mundo mediante la pantalla de cine. Y después llegaron nuevas estrellas al firmamento, entre ellas la inolvidable chica que llevaba la maleta: Claudia Cardinale en la “Ragazza de la valigia”. Era la beldad ítala plena de rostro (lo que llaman en República Dominicana popularmente “cara de pancarta”), con un color oliváceo que me recuerda a mi estudiante en el Bachillerato, Florina Lemaître, (a quien sus condíscipulas le decían por ello “la Verde”), muy propio de las mujeres mediterráneas y de los personajes andaluces de García Lorca. Claudia Cardinale hizo mucho cine pero apareció inolvidable ya para siempre en “Il gatopardo”, basado en la novela de Giuseppe Tommaso di Lampedusa, del mismo nombre. Elegante y bella supo estar a la altura del desaparecido Burt Lancaster, el aristócrata (como el novelista mismo) consciente de un mundo de privilegios que se hundía en Italia al subir al trono Vittorio Emanuele II, que creó la unidad italiana con el conde Cavour en 1871. Todo un mundo que moría en “El gatopardo”, animal que se mimetiza para eludir el ataque como el noble siciliano que le dice a Cardinale en el filme: “Para que todo permanezca igual todo debe cambiar”. Benvenuta, Claudia. Viernes, 2 de junio de 1995.
Bellas Artes no debe de ser vendido. Mientras que en la vecina Barranquilla se vive un reverdecer de laureles en materia cultural y artística, situaciones diferentes son las que pueden acaecer en nuestra ciudad. Se trata del anuncio del Gobernador, don Miguel Navas Meisel, hombre viajado y de cultura, de que se procederá a vender el antiguo convento de San Diego, asiento legal de Bellas Artes, para obtener el dinero necesario para refinanciar a nuestro Departamento de Bolívar. Sin duda, ese propósito del señor Gobernador es de trascendental importancia, pues esa es la función de un buen administrador. Pero también es papel de la primera figura departamental el ser guardián de la riqueza cultural de sus gobernados. Después de muchas vicisitudes y muchos años de andar como arrendatarios por varias casas altas de la ciudad pudo materializarse el que Bellas Artes tuviera asiento -que juzgábamos final- en el convento obra del mejor alarife de la ciudad en tiempos de la Colonia, Simón González, según es el parecer de los historiadores de la arquitectura religiosa cartagenera. El Representante a la Cámara por Bolívar, en ese entonces, Joaquín Franco Burgos, tomó como bandera el lograr ese propósito, que tuvo algunas otras ayudas y un final feliz. De alguna manera hemos tenido esa casa como el sitio para que en ella viva y crezca lo mejor de la muchachada, interesada en la vida creativa y trascendental de las bellas artes. Y recordamos en varios años a centenares -tal vez un par de miles- de ellos, atentos a las clases y plenos de emoción, invirtiendo sus mejores momentos y fuerzas. Señor Gobernador, don Miguel Navas Meisel, sus amigos y admiradores de la ciudad y del Departamento le piden que reconsidere este fementido proyecto, que será lesivo para los jóvenes y la cultura espiritual de la ciudad de Cartagena, nuestra ciudad. Esperamos, los que creemos que también es válida la noción de la riqueza de la sensibilidad y de la emoción, que usted no desbandará toda esa hechura que viene desde cuando don Rafael Núñez nombró, para director de la Escuela de Bellas Artes, a Epifanio Garay, hace más de un siglo ya. Contribuya, más bien, a acrecentar la obra de Núñez en ese sentido y no a servir de síndico liquidador de su gran obra. Estamos seguros de que usted oirá el clamor del pueblo que me permito, sin ningún protagonismo, encauzar con esta nota. Viernes, 27 de octubre de 1995
De Chandrika para Wenceslao Triana Estoy extrañada por dos cosas, don Wences (permítame que le llame así aún cuando no le conozca). Esas dos cosas son en su orden las siguientes: la extrañeza de su nombre, aún cuando no soy experta en castellano entiendo un poco de portugués del traído por aquí, a mi patria, por los ilusos lusos o lusitanos que navegaron el “Mar Indicus”, Da Gama entre toda esa gama o pléyade de grandes nautas. La otra extrañeza que le anotaba, don Wenceslao, no le llamaré ahora por el hipocorístico nuevamente, para no caer en lo que llaman tan finamente en su aún no vista pero imaginada ciudad, lisura; pero volviendo a lo de mi sorpresa esta es relativa a cuánto sabe usted de mi patria, hoy Sri Lanka, ayer Ceilán y otrora, cuando las falúas árabes surcaban ese mar, Serendib. En otra carta usted aclaraba que yo no había venido a su ciudad y se mostraba extrañado de eso, pero yo le explicaré la razón de mi no ida a su bella ciudad amurallada -en mi Isla no existen ya murallas ni nada que se les parezca-. Pues una larga estancia aquí, después del Estrecho de Palk, nos confiere cierta seguridad histórica, desde cuando los Sánscritas dominamos esta tierra para bien y para mal, ya ve usted estos ataques suicidas de los tamiles que nos amargan, periódicamente al pueblo que pone los muertos y a mi gobierno que hace lo posible humanamente para que todos los descendientes de las criaturas del dios Hanumán vivan en paz sobre la Tierra toda, allá en la sufrida Colombia y aquí en la Isla que usted con tanto sentido poético y cultural llama Trapobana. Imagino que ya supo acerca del último ataque tamil, esta es una violencia milenaria ya y se gana a la de los irlandeses contra Inglaterra en Europa. Y pasando a tocar asuntos de menor gravedad quiero contarle a usted que me quedé con el sari listo para llevar a la Cumbre de los NOAL, con un jefe de prensa que explicara que esta es nuestra forma de vestir y de elegancia en el atuendo, para evitar algunos recortes de periódico contentivos de comentarios que me han llegado de periodistas cachacos (sé que así denominan ustedes a los interioranos de su bello país Colombia, qué coincidencia se parece al nombre de mi capital, Columbus, no quiero aparecer como pedante, ¿pero será por el gran navegante? Él por aquí no vino, me parece recordar entre mis recuerdos de bachillerato. Quiero decirle que alguno creyó allá en Colombia que yo era varón no obstante que, como en español, mi nombre termina en “a”. Además no soy la única mujer en el gobierno en la historia de mi país pues antes de que en la India, nuestros vecinos y madre patria, gobernara Indira Gandhi ya una mujer había llegado al poder aquí y en mi familia y es nadie menos que mi madre Sirimabo Bandaranaike. Espero en próxima ocasión, posiblemente en la “Cumbre Antidroga” maligna, ir a su país y conocerle personal-mente a Samper -entiendo que su hermano es un periodista mamagallista llamado Daniel Samper- que hasta acá se le lee. Pero en el fondo creo que tendré una mayor y más íntima satisfacción en estrecharle a usted y agradecerle la admiración que manifestó por mí, en su carta publicada en el diario “El Universal”. Que el dios mono, Hanumán, se lo pague mientras tanto. Martes, 14 de noviembre de 1995
Muerte del Libertador En Barranquilla llegó a decaer en tal grado la salud del Libertador que el médico que lo asistía le declaró que debía irse inmediatamente a un lugar de recursos, y en donde pudiera disfrutar de las ventajas de un clima favorable y de facultativos hábiles. Con este consejo tomó la resolución de ponerse inmediatamente en marcha para el primer lugar donde se lo permitiesen las circunstancias y el estado lamentable en que se hallaba, que ya le había privado de gran parte de su energía y de toda su fuerza física con qué resistir el progreso de su enfermedad. Su plan favorito fue desde el principio irse a Jamaica, internarse en los lugares templados de la isla y, con la asistencia de los hombres del arte que se encontrasen allí, ponerse en cura formal. Siempre tuvo un presentimiento de que no debía ir a Santa Marta y constantemente había visto este viaje con el mayor disgusto; parecía que su destino le anunciaba lo que había de sucederle. Aún estuvo seriamente dispuesto a irse para Cartagena para seguir a Jamaica, pero cedió a las instancias del General Carreño que le representó el peligro que corría en exponerse al rigor de aquel temperamento (clima). Consintió desde luego en irse a Santa Marta y, después de un viaje por mar muy favorable, pero que para él fue muy penoso, llegó a la ciudad el uno de diciembre. Allí permaneció cuatro o cinco días sin presentar sus males mejora alguna. Los facultativos que le recetaban eran un americano y un francés llamado Alexandre Próspero Reverend: el primero se fue a los tres días dejando algunos medicamentos preparados, y el segundo, que era el médico de aquella ciudad continuó asistiéndole.Éste le aconsejó que debía seguir a San Pedro, una hacienda que dista una legua de la ciudad, y el día 7 por la tarde verificó su mudada a aquel lugar, con bastante dificultad y molestias. Al día siguiente se levantó muy alentado y estuvo paseando toda la casa y conversando muy placenteramente con sus amigos. Esta mejoría continuó al parecer dos días, pero el 9 empezó de nuevo a decaer, durmiéndose a cada rato y manifestando síntomas de gravedad. Nos lisonjeamos con que le pasaría -dice su sobrino Fernando Bolívar- y que serían efectos de la debilidad causada por falta de alimento, ejercicio y demás. El día 10 siguió empeorándose demasiado, cosa que alarmó a todos, y muy temprano se le escribió al General Montilla dándole parte del estado de S.E., y suplicándole que mandase música para distraerlo. Un par de horas después se le repitió el aviso a Montilla, instándole a que viniera en persona a ver con tiempo qué se hacía para conservar vida tan preciosa. Se temía el fin inminente. A pocos momentos se presentó el Obispo Estévez mientras sonaban unos pífanos que se habían conseguido para aliviarle del mal rato. Pero ni la presencia del Obispo pudo mantenerlo despierto pues había caído en un letargo y decadencia. “¿Cómo saldré yo de este laberinto?” habría exclamado cuando se le dijo que era necesario que pusiera sus negocios espirituales en orden con la religión. El Obispo Estévez se acercó a la hamaca en que yacía el Libertador y le dijo de lo útil de la religión para tranquilizar y fortalecer el alma contra la adversidad. El General dijo que estaba de acuerdo, que lo meditaría y que el Obispo podía volver al día siguiente para saber su resolución. Acto seguido Bolívar se levantó de la hamaca, y paseándose le dijo a Montilla lo que decidía tocante a sus bienes quedando en profunda meditación. Decidió tomar el viático esa misma noche. Agregó algo a su alocución a los colombianos para evitar la anarquía y nombró albaceas. La espada de Sucre dijo que se la devolvieran a su esposa -dijo-. Que sus papeles se quemasen, añadió. Y que su cadáver se llevara a Venezuela -hijo de la infeliz Caracas, había dicho-. El 11 amaneció muy pensativo. Al medio día el “Padre de la Patria” comenzó a delirar y al caer de la noche se agravó. Desvarió hablando sobre sus criados y su viaje. Tuvo pocos momentos de despejo a partir de entonces hasta el día 17 -un día como hoy- en que expiró a la una de la tarde. Miércoles, 17 de diciembre de 1997.
En la Academia estamos de luto De luto estamos en la Academia. Se fueron los grandes intelectuales que fueron Roberto Méndez Villarreal, Eduardo Lemaître Román, Donaldo Bossa Herazo, en este orden de despedida. Y ahora sufrimos la pérdida de Roberto Burgos Ojeda. Estamos de luto en la Academia. Fortunosamente nos quedan sus enseñanzas y sus libros y sus experiencias, manifestadas en los muchos años que cada uno de ellos ocupó en los últimos sillones de la Institución. Podríamos decir aquello de que la “Guardia muere pero no se rinde”, que dijera Cambronne en Rocroi. Durante la presidencia de Burgos Ojeda entró la Academia en un período de renovado vigor. Logró de la empresa privada apoyo para la dotación del cafetín gracias al mecenazgo de Postobón. Roberto Burgos Ojeda deja también dotada de un sistema de fax a la sede de la Academia. Se interesó Burgos O. también en establecer mediante firma un acuerdo para fines editoriales entre la Corporación Simón Bolívar de Barranquilla y la Academia, en el cual estamos esperanzados. Además de la fructífera tertulia de la academia Burgos Ojeda abrió las puertas de la Huerta de la Casa de la Inquisición para iniciar una granada serie de conferencias que seguirán según programación el año entrante. Quiso Burgos que la Academia estuviera representada en la Sociedad Bolivariana que impulsa el cónsul de Venezuela don Armando Rojas Sardi, que sueña con que haya una Casa al culto del gran Bolívar. En materia de comunicación con la comunidad tuvo ésta bajo la dirección de Roberto Burgos la oportunidad de publicar un bello boletín historial que enviamos al mundo entero. Todos saben en el mundo mediante estas publicaciones que aquí hay un centro de historia especializada en nuestra ciudad. Y está en ciernes el plan de vincular a la Academia al sistema de Internet para que nuestra Academia esté “navegando” también en esa larga y rápida singladura moderna. La Academia necesita apoyo y así lograría ella revisar su biblioteca, rica en temas de historia, “Juan García del Río”, en lo tocante a resistematizarla en su Sala de la Casa de la Inquisición con un sistema de computación para el fichero. Además, darles a los estudiantes un lugar con un buen aire acondicionado para que investiguen allí a gusto. La Academia es por ley la guardiana del Palacio de la Inquisición y vela en ella hasta el último cantero y pináculo. Es decir, desde los sillares básicos hasta esos enhiestos adornos en el techo, producto de la artesanía momposina en irisado verde al viento que corona la Gran Casa. Muchas cosas tenía programadas Roberto Burgos Ojeda y seguiremos en ello en la Academia, lo mismo que recordándoles con sumo aprecio y afecto a él y a los demás hombres próceres que han trabajado en loor de la historia de Cartagena de Indias. Deberíamos, es una sugerencia, definir colgar su retrato en los muros de la institución para su honor lo mismo que el de Eduardo Lemaître que ya está autorizado mediante disposición interna y que aún no tenemos. Merecido lo tienen, sobre todo porque no se lo pusieron ellos mismos en manifestaciones de enfermiza egolatría que el tiempo no resiste. Seguiremos los que quedamos en la Academia en número de sólo 24 posibles miembros constituyendo un patriciado de amor a la Cartagena inmortal y siempre nueva. ¡Estamos de luto en la Academia de la Historia de Cartagena de Indias! Miércoles, 31 de diciembre de 1997.
Correspondencias entre Pessoa y Kavafis Los dos son culturalmente pertenecientes a dos países imperiales, Konstandinos Kavafis desciende de griegos radicados en Estambul, y Fernando Pessoa nació en Portugal. Sin embargo vivieron en países diferentes a los nativos, Kavafis en Alejandría de Egipto por traslación de su familia y Pessoa fue llevado desde niño a Natal (África del Sur) por su madre cuando ésta se casó en segundas nupcias con el cónsul de Portugal en ese país. Kavafis tuvo como lengua nativa el griego y dominó el francés y el italiano tanto como manejó un excelente inglés. De la misma manera Pessoa empleó el inglés ampliamente hasta el punto de que ya mayor al regresar a Portugal debió rescatar como lengua literaria el portugués. Una de las características (en literal sentido) que compartieron y expresaron en sus obras poéticas es la sensación de soledad y extrañeza; Kavafis nacido en Turquía se sintió griego y poco trato tuvo, aunque vivió toda su vida en Egipto, con árabes egipcios lo mismo que con sus empleadores ingleses con quienes su relación era sólo institucional. Como funcionarios lo fueron de poca monta y derivaron su subsistencia de exigüos sueldos. Inclinados al celibato manifestan algo de misoginia, suavizada en Pessoa, quien dio buen tratamiento literario a la mujer, tanto como fue distante de ellas en el trato diario. Kavafis en la obra suya prescinde de ella como tema hasta llegar al “antinoísmo” o exaltación de la homosexualidad femenina. Fueron muy reservados en sus vidas privadas y tímidos neurotizantes con alguna inclinación a la neurastenia. Tanto la poesía de Kavafis como la de Fernando Pessoa están nimbadas de la melancolía evocativa de pasadas glorias, ya nacionales, ya familiares. A una dulce remembranza de las glorias del helenismo y de la epopeya portuguesa por los mares del mundo. En el caso de Pessoa esta evocación tiene como centro el mito del <sansebastianismo>, movimiento espiritual popular asociado al ánimo de independencia de Portugal respecto de España en el siglo XVI. En cuanto a Kavafis, el sentido del helenismo -según él no era griego sino heleno- era el punto de referencia en torno del cual se podían reagrupar los valores y la identidad cultural de los griegos radicados en Egipto, Siria, Armenia, Persia (su tronco familiar venía de allí), el Líbano de hoy, Chipre y otras parcialidades territoriales del Imperio Otomano. Kavafis se da a la tarea de relievar el papel de la lengua griega como factor <sine qua non> de la conciencia de que había que aglutinar los espíritus en la creación de la idea de nación que se había perdido o al menos relajado. Pessoa dejó como muestra de su aprecio al portugués su poemario intitulado <Mensagem>, última de sus obras, pues sus primeras publicaciones fueron expresiones en lengua inglesa y francesa. “Mensagem”, como su nombre lo indica es una auténtica afirmación testimoniaria pues por unos pocos meses no resultó obra póstuma del gran poeta portugués. Por último y para darle sentido cabal a esta presentación de afinidades y correspondencias entre las existencias vitales y las obras de Pessoa y Kavafis citamos la opinión expresada por el poeta también griego y estudioso de este último, Yorgos Seferis, que reza textualmente: “Kavafis, fuera de sus poemas no existe”. Sorprendentemente es el mismo Pessoa quien dice en boca de una de sus creaciones o poetas alternos, o heterónimos como él mismo los denominó, llamado Soares lo que sigue: “He creado en mí varias personalidades. Creo personalidades constantemente. Para crear, me he destruído; tanto me he exteriorizado dentro de mí, que dentro de mí no existo sino exteriormente”. UNICARTA 84, REVISTA UNIVERSIDAD DE CARTAGENA, SEPTIEMBRE DE 1998.
A propósito de “Crónica…” El maravillante juego de bautizar personajes
“Fugaces tonterías tras de las que me voy en todo instante, a toda hora, así inconsciente, ellas dirán, ¡locuelas!, mi manía inherente. Más no! , no lo digáis… que la venia no os doy ¡” León de Greiff
Aunque la Onomástica es la ciencia que trata de la catalogación y el estudio de los nombres propios y mi referencia es a nombres de personajes de novela, algunos de ellos encarnan por la fuerza de su existencia apelativos que asumen identidad a veces más consistente que la de muchas personas de carne y hueso. Aunque, con sentido contrario, Rulfo sacó de los osarios y tumbas nombres de seres anónimos para prestárselos a sus protagonistas que aún hoy los llevan y los llevarán por mucho tiempo en la historia de la literatura latinoamericana. Magistral en la escogencia de los nombres de sus caracteres es el autor del Quijote a partir del flaco caballero de La Mancha; Quijote se llamaba a una parte de la armadura, también podría ser el apellido Quijada o Quesada, que el autor mismo deja en la ambigüedad. El caballo de este es “Rocin-antes”, como la fea princesa es Micomicona y el pedante bachiller es Carrasco-significa ‘extensión de terrenos cubierta de leños’-; Maritornes y Marisabidilla conforman un hermoso ejemplo de antinomia en cuanto a nombres y personalidades de los que aparecen en la obra. La primera es una prostituta y la segunda es una mujercilla pedante. Estos son solo algunos ejemplos de los más atinados y que quedan fijos en la memoria inmediata. La “Crónica de una muerte anunciada”, es también, en la lectura de sus nombres, obra que fascina pues observándolos encontramos que el dominio de la palabra en el escritor lleva hasta la manía la precisión en la escogencia de lo que para muchos pasa indiferente pero que al creador literario tanto le ha costado precisar. Es que en el apelativo y no en el verbo está el principio identificatorio del mundo, al menos el del narrador. Al fin de cuentas toda esencia no es sino sustancia y la parte de la oración que da base a la acción o verbo es el sustantivo, o lo que es igual, la sustancia. Común o propio -el sustantivo- es la base de la comunicación. No es, como parece, labor frívola la de ajustar nombres a personas o a situaciones, o viceversa, dentro de la novela, cuento o cualesquiera otro género literario, una “Crónica…”, por ejemplo. Consciente de eso su “autor” -G.G.M.- en boca de Bayardo San Román cuando siguió con la mirada a Ángela Vicario hasta el extremo opuesto de la plaza: “Tiene el nombre bien puesto”, dijo. ¡Pero es que en la obra todo mundo tiene el nombre bien puesto! Por ejemplo, Santiago Nasar resume en el suyo el del mestizaje de godos y árabes en Iberia; el apóstol y el gentilicio árabe para designar a los cristianos. ¿Azar acaso? Toda una actitud dialéctica se plantea en el nombre del protagonista de simple manera. La madre de éste en su nombre lleva su virtud más sobresaliente: Plácida, todo está dicho de ella en la obra. El dolor de cabeza eterno que después padeció fue causado por el desasosiego producido por la muerte de su hijo Santiago. ¿Será lícito ver en el regazo acogedor de María Alejandrina Cervantes el de la Virgen maternal y protectiva del amado hijo en la huída a Egipto para impedir su destazamiento por los vicarios de Herodes? LAS ALFORJAS GUARNECIDAS ¿Divina Flor, cuya madre actuaba de cancerbera de su “flor” para impedir que Santiago, -“gavilán pollero”-, se la arrebatara, tal el padre de éste le había quitado la suya, no es acaso el más bello nombre para una mujer? Pedro y Pablo, (los Vicario), sus asesinos, se parecían tanto entre sí que eran susceptibles de ser reemplazados el uno por el otro -al fin vicarios, o dobles genéticos, como gemelos idénticos que eran-. Dentro del mismo orden de ideas el papel desempeñado por Bayardo San Román, con sus alforjas guarnecidas de plata y nadando él mismo en oro, hijo de reina de belleza de las Antillas y con un padre general llamado Petronio (petrus -sillar o piedra-) que evoca la idea del patriarca en su estilo, no enamora a la novia sino que deslumbra a la familia de ésta con su poder económico comprando la mejor casa (acaba ganándola a las cartas), con un auto con placas en letras “góticas” con su nombre grabado y con toda la parafernalia de regalos demostrando un fausto pueblerino de señor feudal a lo “juantxoperna”. DE LAS INTENCIONES SATIRIZANTES Mucho de su planta y atuendo está narrado con esta reminiscencia. A Poncio Vicario lo ponían en puesto de honor, lo confundían con otro y lo “cambiaban de lugar”, impotente a causa de su pérdida de la memoria -lavatorio de manos mental en su implicación simbólica- y con la expresión errática de “ciego demasiado reciente”. A un autor de tanta cultura como G.G.M., lector frecuente de libros de historia, le es fácil hacer reminiscencia para usar un personaje histórico como nombre del marido de Clotilde Armenta, Rogelio de la Flor, inspirado en el del alemano-catalán (1266-1307), jefe almogávar contra los bizantinos a quien Miguel Paleólogo elevó a duque de Bizancio. El tenor medievalesco corresponde a la inten-ción satirizante del autor hacia el hecho de que a una mujer se la devuelva a su casa por parte de su marido al descubrir que no es virgen y a la muerte ulterior de su enigmático “autor” por parte de los hermanos de aquella. El Nobél colombiano enseña volterianamente escribiendo novelas y no tratados filosóficos que nadie entiende hoy día. La actitud consciente de G.G.M. en la escogencia de los nombres está en el orden de sus lecturas, suscitadoras, como en todo creador de ideas, de inserciones y citas en su propia urdimbre narrativa. Por último, digamos que el juez que conoció del proceso contra los Vicarios, como en la figura literaria llamada “alusión elusiva” que usara Cervantes cuando dijera aque-llo de “en un pueblo de La Mancha de ‘cuyo nombre no quiero acordarme’ -quedó al fin de la obra sin nombre pues éste no apareció por parte alguna. Pero al menos sabemos de él que era “hombre abrasado por la fiebre de la literatura y había leído a los clásicos y conocía bien a Nietzsche hasta el punto de que las notas marginales, y no sólo por el color de la tinta (que usaba), parecían escritas con sangre”. Cuando Nasar se despedía de Cristo Bedoya, a quien se dirigía Yamil Sahium para consultarle si le decía a áquel que lo iban a matar los Vicario hizo con éste último una conversación en árabe: el autor de la “Crónica…” dice que “era un juego de palabras con que nos divertíamos siempre”. ¿No es eso, acaso, la Literatura, sino un juego de palabras, maravillosamente urdido, para divertirnos? UNICARTA 86, REVISTA DE LA UNIVERSIDAD DE CARTAGENA, FEBRERO DE 1999.
Carta de un lector con mucho humor a propósito del texto anterior. Al publicarse el anterior ensayo en el <Dominical> de “El País”, de Cali, el domingo 2 de agosto de 1987, recibió el autor de aquel, Juan Dager Nieto, la siguiente carta, hasta hoy inédita, del lector y profesor Mr. Herbert Hilsen, Miembro del Departamento de Idiomas de la Universidad del Valle, que reza así: “Estimado Profesor Dager: Acabo de leer su ensayo “El maravillante juego de bautizar personajes” en la sección Dominical del País (sic) de hoy. Como ud. soy profesor universitario, catedrático en lenguaje y literatura, e intrigado por la “labor... de ajustar nombres a personas o situaciones o viceversa dentro de...cualesquier género literario...”. ¡Conoce ud. el poema de e.e. cummings (así escribe él su propio nombre, a propósito, en letra minúscula como para decir (“soy modesto, pequeño”) cuyo título y primera línea reza Anyone lived in a little how town? (¿Cualquiera vivió en un pueblito?) El pronombre Anyone (“cualquier individuo”) se vuelve nombre propio (de una persona).El poema trata sobre un hombre y una mujer enamorados rodeado por una sociedad materialista y sin amor. Cummings contrasta las calidades de los enamorados con las de la sociedad por llamar a su héroe anyone (“hombre cualquiera”),su heroína no one (“nadie”) y la sociedad everyone (“todo el mundo” y someone (“alguien”).Una inversión de significado se involucra aquí, ya que si la sociedad piensa en los enamorados como gente insignificante, y si Cummings aparentemente acepta tal juicio en el bautizo de sus personajes, se implica, sin embargo, que en realidad él aprecia a sus enamorados como más importantes. Entonces, el bautizo es justo, e impresiona por su ironía, siendo su significado verdadero una oposición a su significado aparente. Se me hace (aunque el autor es norteamericano usa giros o idiotismos muy colombianos, N. de Juan Dager) que todos estos ajustes de nombres, o bautizos, se pueden considerar como alegóricos, a veces sutiles, como en sus ejemplos del Quijote; otras veces más reconocibles como en el ejemplo de Cummings (aunque a algunas personas les parezca menos obvio); y otras veces, como en obras norteamericanas del siglo pasado, obviamente alegóricas, bautizos sin tapujos. Me refiero a obras de teatro melodramáticas con personajes bautizados a rótulo de todos los vicios y virtudes concebibles. Pero en el siglo XX también hay ejemplo. Cito nuevamente de e. e. cummings:
Three wealthy sisters swore thye’d never part; Soul was (I understand) Seduced by Life ; whose brother Married Heart, Now Ms. Death. Poor Mind….
La experiencia humana, en la alegoría, es una encarnación de ciertos intangibles. Los personajes involucrados son abstracciones personificadas, bautizados con los rótulos de Alma, Vida, Corazón, Muerte y Mente. Alma fue seducida por Vida, cuyo hermano, al casarse con Corazón, reajustó el nombre de esta en señora Muerte. Y la pobre Mente soltera se quedó. Es decir, Alma, Corazón, y Mente (hermanos pudientes) debieron originalmente quedarse juntos, pero los separaron Vida y Muerte, dejando a Mente sola: Las altas facultades del Hombre -la visión espiritual, los sentidos y sentimientos, y su comprensión- deberían integrarse en un todo armonioso. Pero no son así integrados. Los poderes del alma se dispersan por las distancias y pequeñeces de la vida física; el corazón se distrae y se debilita por temores a la muerte; y la mente se divorcia de todos ellos por aislamiento estéril. Un ejemplo más, en la obra <Muerte de un vendedor> de Arthur Miller (hay buena versión en español, y me conmovió mucho el buen montaje de ella por un grupo de teatro en Bogotá hace algunos años) el protagonista Willy Loman tiene nombre intrigante: Willy sugiere una interrogativa “¿Será el capaz...? (Will he....? );la misma palabra <will> quiere decir “voluntad” y Loman sugiere el homónimo “Low man” -hombre bajo, desaventajado....”. Tengo más ideas sobre esta cuestión, y vislumbro la posibilidad de un trabajo más extenso, tal vez un ensayo de literatura comparada, inglés y español. (¿Habrá, Profesor Dager, posibilidad de alguna colaboración?) Ojalá que nos sigamos escribiendo. En el futuro, prometo escribirle a máquina (la carta del profesor Hilsen fue manuscrita originalmente, es interesante destacar aquí cómo utiliza el giro apropiadamente “a máquina”, y no “en máquina”, siendo anglohablante.... N. de Juan Dager). En el futuro, prometo escribirle a máquina. (Es que mi Facit está en el taller. En vez de esperar los quince días para que me la entreguen, resolví escribirle de una vez). Atentamente, Herbert Hilsen
Después de recibir tan interesante carta de alguien a quien yo no conocía le respondí a mi vez con una misiva a la ciudad de Cali (que no he podido hallar en mi archivo y que por eso no incluyo en este trabajo) cuyo tenor está contenido, sin embargo, en la respuesta que el profesor Hilsen dio a ella en una segunda carta de él, que por juzgarla igualmente de algún interés transcribo aquí, se-guidamente, y dice así: “Estimado Profesor Dager: Qué puntual su bienvenida respuesta! Pa’que vea -me arreglaron la FACIT en tiempo record, de tal manera que su carta, la cual me inspira muchas ideas, será motivo para estreno de máquina arreglada.... Sí, “soy hijo de la montaña”; y aunque algunos dicen por aquí que lo demás es loma, olvidan que también hay la Costa, y los que tienen la buena fortuna de vivir y desempeñarse en tan extraordinario ambiente geográfico, histórico y humano. Aunque estamos interesados en los hombres -digamos alegóricos- del discurso literario me es grato saber que a ud. le gusta dar rienda suelta a su imaginación, aprovechando no sólo la semántica y la fonología española sino también los recursos del inglés. Extra-literario, tal vez, pero creativo, eso sí. Todos los bilingües (o aspirantes a serlo) lo hacen. Y más allá que la mera diversión, tales juegos reflejan y desarrollan, creo, toda la estructuración cognitiva de la competencia y actuación comunicativa de quien hable tanto el inglés como el español. Entre otras cosas, entre los profesores de idiomas, todos lo hacemos. Entonces, como usted ya me bautizó a mí, me pongo a pensar que usted es “Dios benévolo-puñal-grandchild”. ¡Qué elegancia! Me hace recordar que la ex presidente de nuestra ASOCOPI (Asociación Colombiana de Profesores de Inglés) se autobautizó “Mary helper with Mother-in-law” (María Auxiliadora Consuegra, traducción del Autor de este libro). Creo que la traducción no le costará trabajo a usted pero si tiene dudas, avise, y le aclaro con mucho gusto. Últimamente, por el Departamento de Idiomas aquí en la Universidad del Valle he oído: “Square the box”, al describir el trabajo de la cajera; y ¿qué tal le parece el saludo, “How is your person?, lo que me sugiere algo como un pariente muy respetado, o un animal acompañante que uno pasea con una traílla (cadena). Cummings, a lo mejor, de (cumin) (comino).Se me ocurre también que tiene las variantes Cummins y Cumins también. Será como usted dice de referirse a cosas sencillas. Curioso es, creo que muchos apellidos ingleses se refieren a condimentos: Curry, Pepper, Salt, son comunes: y si ampliamos a otras cosas sencillas, agregaría Bean (fríjol) y Cotton (algodón) también. Ah- y “and have you had your shoes emboled (embowled?) recently (¿ha embolado, lustrado, sus zapatos hace poco?).Y otro nombre: el Profesor Expensive (Caro).Y cómo se clasificaría eso -un hombre que se llama Valderrama, y siendo calvo él, lo llaman “Balderrama” (calvo, en inglés, es “bald), tiene referencia doble no sólo por la calvicie sino también como “espectáculo” (rrama, <espectáculo>, como en Cinerama). ¿Y ha tenido usted muchas diligencias -aplicación- que hacer en estos días?). Cosa curiosa es que los bilingües mantenemos un buen control sobre este interlenguaje, el Spanglish. No recuerdo haber oído a ningún adulto decir estas cosas como errores verdaderos. En cambio, los niños norteamericanos en su inglés corriente dicen con toda seriedad cosas tales como: “Tell the maid no to stick into things that import nothing to her” (“...que no meta un palo en cosas que no le importan”.).También me intrigan los amigos jamaicanos que traducen “el tipo de las galletas” como “the biscuits guy”, (“el homosexual de las galletas”). Una vez oí a un sandresano decir. “by coconut noise”, que me imagino es por aquello de “a la bulla de los cocos”. Y usted seguramente ha caído en la cuenta de cuando un norteamericano o un inglés se sonríen al ver el aviso de la funeraria que ofrece “Servicio Permanente”, es porque están pensándolo en el sentido “de quien se va no vuelve más”. Caigo en la cuenta ahora que los ejemplos que hemos dado; usted, en su ensayo sobre “Crónica de una muerte anun-ciada”, y yo, en estas dos cartas que le he enviado son muy distintos a nuestro primer intercambio de “bautizos” monolingües y alegóricos en el discurso literario. Inclusive, tal vez sería interesante clasificar, hacer alguna taxonomía de todos estos ejemplos -tan característicos de los recursos totales de los bilingües”.
Y continúa el Profesor Hilsen en su amena carta diciendo: “La literatura y la lingüística han sido mi vida profesional. Y ya que me jubilo en diciembre estoy pensando en cómo voy a aprovechar el tiempo que tanto he anhelado tener durante tantos años para poder indagar, investigar, y escribir más. De ahí, viene mi sugerencia para una colaboración entre nosotros, y a medida que voy organizándolo, le voy avisando. Otra cosa que quisiera hacer: a través de los años he ido coleccionando ensayos, artículos, editoriales colombianos. Mi idea ha sido escribir algo sobre el ensayo colombiano contemporáneo. Me falta de Cartagena. Con decir “de Cartagena” quiero decir escritos por cartageneros sobre Cartagena y sus alrededores. ¿Quiénes son sus ensayistas? ¿Hay algún compendio, tal vez, de selecciones de las revistas dominicales de sus periódicos? ¿Cuáles son: el diario de “El Caribe”? o ¿se llamará el “Diario de la Costa”? ¿Es “El Relator” de Cartagena? No estoy seguro de cómo se llaman sus periódicos. También me interesarían cuentos cortos cartageneros, es decir, cuando pienso en escritores de Cartagena, encuentro que no conozco a ningún ensayista, articulista o cuentista. García Márquez no es cartagenero. Ni ha escrito -que yo sepa-artículos, ensayos o cuentos sobre Cartagena. Manuel Zapata Olivella es novelista. Ramón de Zubiría sobre estilística española, como la poesía de Antonio Machado. Intuitivamente, tengo la idea que el ambiente geográfico, natural, y humano de Cartagena, se muestra en ensayos y cuentos que todavía no conozco y que me brindará una investigación más fructífera que lo que tengo sobre el interior y el occidente colombiano. Es algo que he sentido en Cartagena en mis varias visitas. Sé que muchos tenemos esa sensación. La diferencia es que yo quiero sondear, enfocar, y articularlo. ¿Cuáles serán las llaves maestras para abrir las puertas y ventanas que dan sobre su mundo? ¿Cómo penetrar en el erario (sic) íntimo de sus misterios? ¿Cómo llegar a su Ser con ojos abiertos y oído avizor’ Si usted me pusiera avisar sobre nombres, contenido, etc. Los artículos periodísticos serían buenos, por ejemplo, sobre todo que se encuentren, como en otras regiones del país, ya analizados. (Es impresionante el número de estos compendios que han aparecido en Bogotá, por ejemplo).Por ahora suspendo esta carta demasiado larga. Espero tener el gusto de nuevas noticias suyas. Sin más por el momento, estoy agradecido, y me suscribo. Atentamente, Herbert Hilsen
Don Elías E. Muvdi Recientemente falleció en la ciudad de Barranquilla Don Elías Muvdi. Don Elías descendía de una familia que en “La Arenosa” se identifica con filantropía y el desprendimiento con fines altruístas. Hago referencia al Parque Muvdi. Al iniciar sus estudios universitarios quiso ser ingeniero pero a instancias de su padre escogió la profesión nobilísima de abogado. Hizo sus estudios en la actividad de Triboniano y Ulpiano en la Universidad Javeriana de Bogotá. Su visión del mundo jamás se apartó de su formación universitaria pero poco a poco emergió de él su afición filológica que ocuparía todo su tiempo y lo destacaría en la autoría de libros sobre el lenguaje y un ejercicio periodístico permanente sobre materias variadas: gramática, filología, etimología y sintaxis entre otras particularidades de la lengua castellana. El orden en el pensamiento se llama Lógica y en la escritura Sintaxis. De allí que el bien escribir sea consecuencia del bien pensar. A aclarar y enseñar lo anterior se dedicó muchos años don Elías Muvdi desde varios periódicos costeños y nacionales. Resultado de ese trajinar publicó varios libros entre los cuales “Apuntes de español” constituye una alta muestra de comprensión idiomática. Algunos, malamente, por ignorancia o desconocimiento que se acerca a la envidia, quieren asociar a don Elías a la tarea de corrector impertinente de otros en sus artículos o escritos. Pero no. Don Elías Muvdi fue escritor culto y enterado en las humanidades además. Con mucho acierto tuvo larga y fecunda correspondencia con miembros principales de la Real Academia de la Lengua como Lázaro Carreter en procura de aclarar vocablos de origen americano y colombiano para lograr su inclusión en las ediciones de la que “Fija, pule y da esplendor” a la lengua en que nos comunicamos casi quinientos millones de personas, desde Filipinas hasta nuestra América Latina. En “Apuntes de español” vienen muchas de las cartas cursadas en relación con lo dicho anteriormente y que muestran a las claras la versación de don Elías en sus estudios lingüísticos. Por demás está el decir que en su última edición el Drae incluyó muchas de sus opiniones al respecto. Don Elías seguía la trocha que otros en nuestro país han marcado como cultores de la lengua viva y fresca, pensemos en el gran Cuervo, me refiero a Don Rufino. Don Elías vivió una vida creativa y fecunda además de luenga. Como Don Rufino también utilizó su fortuna personal en aras del idioma. 19 de noviembre de 1998
Breves palabras sobre “Un paseo por la historia” Iris, diosa de los mensajeros, en este caso, Paulina Rondón, me trajo de Mavis Preston de Padilla, el encargo de solicitarme unas palabras escritas sobre el libro escrito por ella “Un paseo por la historia”, del cual me enviaba un ejemplar. Inmediatamente di cumplimiento a la solicitud de la autora ya que juzgo que ese es parte de mi papel social como aficionado a las letras. Meses después la autora, Mavis Preston de Padilla, me pidió que dijera en la presentación del libro en Cartagena unas palabras alusivas. En este momento estoy dando grato cumplimiento a ello. Mavis Preston de Padilla, es una dama cartagenera con ancestros paternos ingleses establecidos primero en Jamaica y luego aquí en Cartagena, y panameños con proyección en el Chocó, como que su ancestro materno se vincula con el discutido general Prestán. Ella epigrafa su libro con una frase de su padre en relación a que a él se le había olvidado la historia y que quisiera él que ella escribiera un libro sencillo para que así él recordara el arte de Clío. Y a fe, añado yo, que Mavis Preston de Padilla, cumplió el cometido que le sugiriera su padre. “Un paseo por la historia” es un libro que relata hechos históricos en un orden cronológico pero con arreglo a la escogencia que de hechos históricos hiciera la autora. Está pulcramente editado, casi sin erratas, y con una bella carátula de la “Muralla de China” para contener a los Manchús, fotografía que también tiene a Mavis como autora, pues ella lleva su interés por la historia y la cultura al hecho de constituirse en viajera también. Este libro que hoy presentamos está muy lejos de esas clasificaciones que algunos dicen deben ser los libros de historia y que al propio tiempo que son descriptoras de ciertos requisitos son restrictivas para otras clasificaciones o escuelas. No es, pues, un libro de historia cuyo baremo sea la microhistoria pero tampoco la macrohistoria. Además no es libro adonde afloren las individualidades al estilo de Carlyle pero tampoco es un libro donde las masas sean las protagonistas como “chez les marxistes”. Ni siquiera es un libro de análisis histórico pero tampoco tiene sentido crítico histórico. Pero, quién lo duda, es un libro de historia, pues narra hechos que los hombres desarrollaron en un tiempo y en un espacio geográfico, aunque no minimalice ni tome períodos esquemáticos. De todos esos esquemas históricos siempre queda algo irreconstruible, algo humano que siempre escapa, precisamente porque la historia no es sino un recuento aproximado y parcial de la hechura cultural y espiritual del Hombre, de la humanidad. Aquí cabe, otra vez, aquello de que por estar observando el bosque se ignora al árbol o a <contrario sensu>: por mirar al árbol obviamos observar el bosque. Aquí como en el verso del vate León de Greiff “de todos modos la llevamos perdida”. Y no añado a lo anterior, por economía de discurso, aquello del origen de clase del historiador de turno. O sus odios, resentimientos y antipatías cuando no sus amores e intereses. Este libro sin pretensiones, más allá de lo que dice, es el esfuerzo sincero y admirativo de Mavis Preston de Padilla, quién al realizarlo se gradúa hoy sin universidad de, quién lo duda, historiadora. Domingo, 29 noviembre de 1998.
Los ojos del Lector se cerraron a la 1:00 p.m. El Libertador leía mucho, y daba su preferencia, en los escasos ratos de ocio, a obras de historia. O’Leary
Simón Bolívar cerró sus ojos de gran lector en un hoy 17 de diciembre de 1830 a la 1 p.m. en la quinta de San Pedro Alejandrino. Es necesario convenir en que Simón Bolívar, al llegar a España en su primer viaje, adolescente de diecisiete años de edad, no poseía mayores conocimientos. Tenía unas lecciones de gramática de Andrés Bello, las de matemáticas en la Academia del Padre Andújar y las del que fue más adelante su verdadero preceptor, el célebre “Robinson” o Simón Rodríguez. En la carta en que el joven Bolívar, viajero a España con escala en el puerto de Veracruz, (Méjico) le relata a su tío Pedro Palacio se revela, según un autor, un estilo detestable y adocenado, además con asombrosas “faltas de ortografía”. Cuarenta y dos. He aquí un tema de meditación. A la edad en que Bolívar escribía esa carta no puede predecirse el destino, ni siquiera pensar las capacidades intelectuales de un joven. Las sorpresas que da su vida suelen ser asombrosas. De Lacroix, escribe Ramón Zapata en su obra “Libros que leyó el Libertador Simón Bolívar”, se encarga de declararnos en su célebre “Diario de Bucaramanga” la predilección del Libertador por el anciano de Ferney (Voltaire) cuando le atribuye estas palabras: “En Voltaire se encuentra todo: estilo, grandes y profundos pensa-mientos filosóficos, crítica fina y diversión”; y en otro pasaje del citado libro: “En la conversación (Bolívar) hace muchas citas, pero siempre bien traídas. Voltaire es su autor favorito, y tiene en la memoria muchos pasajes de sus obras, tanto en prosa como en verso”. El propio Bolívar nos cuenta algo de su primera educación en carta a Santander refiriéndose al viajero francés Mollien: “Lo que dice Mollien de mí es vago, falso e injusto… No es cierto que mi educación fue muy descuidada… Robinson, que usted conoce, fue mi maestro de primeras letras y gramática; de bellas artes y geografía, nuestro famoso Bello; se puso una academia de matemáticas sólo para mí por el padre Andújar, que estimó mucho el barón Humboldt…. …Ciertamente que no aprendí ni la filosofía de Aristóteles, ni los códigos del crimen y del error; pero puede ser que Mr. Mollien no haya estudiado tanto como yo a Locke, Condillac, Buffon, D’Alembert, Helvetius, Montesquieu, Mably, Filangieri, Lalande, Rousseau, Voltaire, Rollin, Berthollet y todos los clásicos de la antigüedad, así filósofos, historiadores, oradores y poetas: y todos los clásicos modernos de España, Francia, Italia y gran parte de los ingleses”. Fue Bolívar, sin duda, el Gran Autodidacto. ¡Qué distancia entre la carta a su tío a los diecisiete años desde Veracruz y ésta a Santander a los cuarenta y dos! Lunes, 14 de diciembre de 1998.
A la Academia se le niega el pan No entendemos porqué. Hemos notado que dentro de los itinerarios establecidos para los viajeros o turistas que vienen a la ciudad no está la visita a la Casa-Museo de la Inquisición.Y no entendemos porqué se la excluye. Quiero recordar y establecer una vez más que es la Casa o Palacio, como algunos todavía llaman a la más importante muestra de la arquitectura no castrense ni religiosa o conventual de nuestro sector amurallado. Su portada de piedra es excepcional y única pieza del barroco ornamental no sólo en Cartagena sino en América y aún en España. No es arquitectura doméstica tampoco puesto que el Tribunal del Santo Oficio que allí funcionó era de manera mixta estatal y clerical. La Iglesia era el brazo del Estado en aquella época. Fortunosamente dejada atrás. Ojalá para siempre. Es verdad que la Casa de la Inquisición muestra exteriormente signos de alguna obra en ella. Pero no hay que confundirse, la primera parte de la obra de restauración y reconstrucción está acabada ya. Los pasillos, escaleras y todos lo sitios de paso están perfectamente limpios y habilitados para ser visitados. El museo está limitado a unas cuantas estancias pero permite por otra parte visitarlo y verlo mejor. Pero lo que hay que saber de una vez por todas es que el sólo hecho de entrar a la Casa constituye una visita museográfica completa pues hasta cierto punto los museos tradicionales son un conjunto de objetos sacados del contexto pertinente y aunque dispuestos didácticamente siempre lo son sólo de manera aproximada. Por otra parte una casa como la de la Inquisición guarda sin cambio su diseño original y así se constituye en ejemplar testigo de una época ya preterida en materia arquitectónica. Aparte, en la Casa hay guías especializados que trabajan libremente y que reconstruyen el ambiente espiritual que allí radicaba durante el tiempo en que la Inquisición funcionó allí desde la fundación en 1610 hasta su afortunada abolición en 1811, como consecuencia del grito y Acta libertaria de Cartagena de Indias. Muchos miran con recelo a la Casa de la Inquisición suponiendo que lo que hay allí es un culto al cruel régimen que albergó. Pero es un craso error de comprensión o al menos de incomprensión, que debe juzgarse de buena fe. Realmente lo que hay en este tipo de museo es además de la satisfacción de la natural curiosidad del turista toda una didáctica de lo que fue y nunca más debe ser. La entronización de una dictadura ideológica en aras de cualquier creencia sea política o religiosa, ambas por separado menos graves que cuando dichos conceptos se entremezclan y maridan entre sí. Esa es la visión democrática con que debe ser visitado un museo de este tipo. Muchos creen, malamente, que los académicos reciben estipendios o sueldos del resultado de la taquilla (cuyos montos son equivalentes a otros museos cartageneros) según visitantes. Pero no. De allí salen gastos indis-pensables como el pago de los funcionarios de nómina que son siete y que tienen que ver con la contabilidad, aseo, jardinería y otras erogaciones imprescindibles. Nulla cosa es lo que recibimos de entidades del Estado sea distrital o departamental. En ocasiones el pago de algún empleado y la energía eléctrica, algo es algo, pero no lo que se merece una entidad de este tipo en un país que sabe que sus niños aprenden allí una lección de libertad cuando les permitimos entradas gratis con permisos que vienen de funcionarios del distrito o de la Gobernación del Departamento. No damos más porque no tenemos más pero sí damos lo que tenemos. Porque como dice el aforismo legal latino “Nemo dat quod non habet” (Nadie da lo que no tiene). Laus Deo. Sábado, 26 de diciembre de 1998
Trazado en cuadrícula de Cartagena amurallada La historia de la civilización es la historia de cómo se han construído las ciudades. Munford sostiene que el cementerio o lugar de enterramiento es el primer asentamiento adonde vuelve el hombre nómada. Y después, para estar cerca de sus muertos, crea un asentamiento definitivo: la “Ciudad”. Con este tema ha escrito Augusto De Pombo un libro sobre las ciudades hispanoamericanas después de la Conquista, que sucedió al Descubrimiento. España fue fundadora de pueblos. Civilizadora. Cartagena ocupa en el libro al cual nos referimos lugar eminente como que es el trazado de las ciudades el sustrato de la obra en mención, que he leído en el levantamiento de textos previo a su edición por parte del ICFES. El tema central de la obra es el de la cuadrícula en el diseño de las ciudades de América y en particular de Cartagena. De Pombo nos narra como comienza la ciudad como realización humana definitiva y la va estudiando cronológicamente desde Egipto y Mesopotamia, en Asia Menor; y a Grecia y Roma en el mundo Mediterráneo y en la América posterior a 1492. No todas las ciudades históricas tienen el mismo trazado.Pero uno que se fue imponiendo parte de Hipódamo de Mileto, que se ha sucedido en el tiempo hasta nuestros días. Aunque Vitrubio planeó ciudades concéntricas. Y aunque no pasó de la concepción en el plano de la idea, en la idea del plano llegó a diseñarla. Pero de igual manera los habitantes de Mexcaltitlán, Méjico, formaron una aldea circular de pescadores de camarones por simple lógica habitacional. El París del Barón de Haussman responde a un diseño concéntrico. Y Moscú tiene cinco anillos concéntricos. En esta lista de ciudades que escapan al diseño de la cuadrícula está la ciudad-piloto de Jupiá, en Brasil, construida cerca de una gran planta hidroeléctrica para albergar a 12.000 trabajadores. Pero aquellas son excepciones a la férrea tradición de la costumbre fundadora de las ciudades y a las disposiciones de la Monarquía española que imponía el damero como diseño. Ideal al menos. Es el dominio del trazado que en Roma iniciática se denominó “urbs quadrata”. Pero entre los indios, por motivos místicos, se ha impuesto de nuevo la ciudad circular. Ejemplo de esto lo constituye Auroville, la ciudad de la <Unidad Humana> que la “Sociedad Sri Aurobindo” construye a pocos kilómetros de Pondichery (India), en cuyo centro está la “Matrinandir” o “Esfera Dorada”. De Pombo dedica a Cartagena hispánica um capítulo central didáctico y esclarecedor con relación a su trazado. Toma varios puntos de la ciudad que nace. Las plazas como eje. De cómo en Cartagena el eje de la Plaza de la Aduana fue desplazado por la Plaza, hoy de Bolívar, antes Plaza Mayor. El libro viene con una serie de ilustraciones de ciudades coloniales con el fin de contrastar y también comprobar la existencia del plan rector en la hechura de la ciudad: <la Cuadrícula>. De Pombo trata de la ciudad que se acomoda a su entorno a partir del modelo de esa cuadrícula. De la ciudad que está situada en un llano; de las que como Cartagena tuvieron la otra condición desde la Antigüedad, la de ser construida como ciudades con fines defensivos en islas continentales, así Tiro (Tsur) en Fenicia (Líbano actual), que de isla se convirtió en península. Cartagena responde a este modelo de igual manera. Fue fundada sobre la Isla “Cangrejo”, después San Sebastián en la era española. Cartagena de Indias no fue como Florencia en Italia y otras, encuadrada en rigor, por el entorno del mar y su sistema lagunar o lacustre que lo impidió. No tiene aquella Cartagena el par de calles que atravesaban en cruz a la ciuda romana, el cardumano y el decumano, pero los tiene en esencia (al menos en la intención), y van desde Santo Domingo hasta la calle de la Cruz y desde la Puerta del Tejadillo hasta la de los bajos de la Alcaldía. La <Cuadrícula> era un modelo acomodaticio, y no se aplicaba siempre recta. Sufría ligeras desviaciones. Sobre todo cuando la ciudad crecía y no todo lo que se construía era controlado con rigor. El juez Juan de Vadillo hizo el primer trazado e inició la construcción de la ciudad, o por lo menos de su trazado, pero se le encausó por construir calles muy rectas contra la costumbre. Lunes, 11 de enero de 1999.
Tras fusilados, desnarigados y decapitados En esta tierra de martirologio permanente por los excesos en las diferencias económicas de los hombres es dable hablar o escribir de mártires. Me referiré hoy entonces a los que genéricamente denominamos “Mártires”, que dan nombre al Camellón de ese apelativo en la ciudad. Fueron nueve los Mártires de Cartagena: Pantaleón Germán Ribón, José María Portocarrero, Miguel Díaz-Granados y Núñez Dávila, Manuel Rodríguez Torices, Manuel Anguiano, Manuel Del Castillo y Rada, Santiago Stuart, José María García de Toledo y Antonio José de Ayos. Todos tienen plenamente el título de mártires de la libertad, aunque algunos de manera humana y comprensible sintieran el horror de la propia muerte y mostraran algunas inconsecuencias y debilidades que no empañan otras actitudes asumidas por ellos en el proceso de Independencia de la Cartagena de entonces, de manera absoluta en relación al poder colonial aquí establecido. Sus estatuas fueron erigidas el 11 de noviembre de 1886, setenta años después de sus fusilamientos, el 2 de febrero de 1816, valga la precisión ahora. No tengo certeza palpable o comprobable de que los bustos o hermas allí presentes en la actualidad sean del noble material en que estuvieran esculpidas las originales, mármol de Carrara. No son obras excelsas como podrían serlo las de Mario o Cicerón o Sila en Roma estatuaria, pero son aceptables para recordarnos sus “veras efigies”, quiero decir que son obras de artesanos y no de maestros del noble arte del bulto redondo. Así y todo, las gentes las aprecian y están acostumbradas a ellas como punto de referencia urbana y amoblamiento del entorno público. No obstante, los iconoclastas o destructores de imágenes, sean religiosas o civiles, dieron y han dado en tomarlas como punto de diana para sus resentidas actitudes cinegéticas o de caza. De allí se desprende el porqué a estas estatuas se les ha desprendido la nariz, frágil parte de la estatuaria. Si no que lo diga el vate De Greiff que dice en su verso “o por la naricilla de Cleopatra que debe estar en algún museo”, en su filosófico relato de Sergio Stepansky. Así como la referida Cleopatra del bardo De Greiff permanecen hoy impasibles (qué otra cosa pueden hacer, Nicolás Curí, si tú no les haces caso), es decir, desnarigados, los mártires siguientes: Manuel Anguiano y Manuel Rodríguez Torices, dos manueles sin las probóscides que dan personalidad a la cara toda: más afortunados han sido Martín Amador y Miguel Díaz Granados quienes a la vista solo (¿sólo?) muestran algún daño en el násico pero no en el de Publio Escipion Nasico sino en el propio de cada uno de ellos. Menos indemnes o más fortunosos han sido en el tiempo el pobre (muy de veras) don Pantaleón Germán Ribón que está ausente, igual que Manuel Del Castillo y Rada, a quienes hay que sumarle a José María Portocarrero, según quieran verse sus ausencias. ¿Qué se hicieron los Infantes de Lara y Aragón? es lo que vale preguntarse ahora. ¿Y qué de aquellos caballeros que tanto ruido trujieron? ¿Dónde las Aglaes e Cidalisas e Magdalenas? ¿Dónde ídose han? Frases todas evocativas y dolientes de la poesía, que para el caso vienen muy a tono. Nicolás Curí, allí está el escultor Eladio Gil Zambrana, que hace graciosamente esas narices y otros desperfectos por sólo el material necesario y el salario del obrero-escultor. Sólo por amor a la ciudad que él ama y de la que sueña ser hijo adoptivo, pues él es escultor de más alto vuelo como hay pruebas fehacientes en varios sitios de la ciudad puesto que alcatraces ha esculpido, dañados también por el <Icono clasta Perverso>. Mientras esto pasa recuerdo que a la Academia van unos líderes comunales a promover un parque en la “Piedra de Bolívar” con un empeño digno del “Mejor Alcalde el Rey”. Martes, 19 de enero de 1999.
Don Peripatético Haschemita Salió de su casa don Peripatético a las diez de la mañana en su diario periplo por la ciudad. Don Peripatos (para usar el hipocorístico tan usual, entre nosotros, los costeños), opinaba que no por madrugar amanece más temprano; de todos modos, según el sueño, él trabajaba desde muy temprano en sus cosas, que se pueden hacer fuera de finca, tienda o fábrica. Se apeó del vehículo en las calles en que está permitida por el alcalde Jurí (esa es la pronunciación, en árabe, de ese distinguido apellido que significa “sacerdote”, y observando que el cielo tiene en este febrero ese resplandor acentuado, en esta especie de primavera del trópico, que las plantas sienten más que los humanos pues ellas están adaptadas mejor para ello, que los humanos, que se creen dueños de la Tierra. Don Peripatético enfiló su marcha por la calle de la Chichería (detrás de la antigua Tadeo y el Teatro Heredia (no de Heredia, como pusieron en el aviso de Juan Manuel Serrat) y llegó a la esquina que esta calle hace con calle del Cuartel, y don Peripatos tuvo que bajarse otra vez en la calzada, porque en cada esquina allí hay una trampa para el peatón, o mejor dos, porque en la esquina del Cuartel del “Fijo” hay otra. Qué ciudad, se dijo el viejo don Peripatos, ya no se puede caminar por las aceras, este alcalde como que nunca sale a pie de su palacio encantado. Pero, en fin, se dijo don Peripatos, a mí que me importa si yo voy caminando con la cabeza gacha, nunca me caeré en esas trampas sotanescas sin sótano, conservaré las tabas y el astrágalo. Y muy orondo, salvado del peligro anterior, siguió don Peripatos, saludando a algunos y dejándose saludar por otros, llegó a la esquina de la calle de don Sancho, donde desde hace muchos años tienen los Morón Díaz su residencia, y he aquí que una esquina de ella hacia la plaza de la Merced, la de la antigua Tadeo por el frente, cerca de un hidrante esta también rota.¡Caramba, consideró don Peripatos para sí mismo, debe ser que de las calles y aceras rotas que hay en Cartagonova yo suelo caminar por ellas, que tienen que ser las únicas, estoy seguro, es sólo mala suerte mía! Tendré que cambiar de ruta y no hacerme el habituado a sólo unas de ellas. Lo pensaré. Bajaba entonces don Peripatos Haschemita contemplando la calle donde se dice que vivió don Sancho Jimeno de Orozco, en la esquina está la casa de su tercer nieto, García de Toledo; y hete aquí que casi mete el pie en otra trampa (¡caramba!, entonces no es una casualidad lo que pensé), díjose el ingenioso don Peripatos. Cruzó la calle hacia la de la Iglesia y otra trampa en la esquina correspondiente. ¡Cinco! Seguro que he pasado la última de ellas, seguro. A diez metros, enfrente de un almacén de artesanías -donde hay unos sombreros muy lindos- don Peripatos encontró en pleno frente del almacén otra enorme trampa que abarcaba toda la acera menos un filito de ella, por donde con mucho equilibrio de funámbulo, se escabulló dando gracias a Dios, que era tan bueno con él, que le iba a permitir en su propia ciudad llegar a su destino urbano, sano y salvo. Sólo -se dijo- voy en la mitad del camino, como el de está nota, pero estoy sano aún, por lo que no me debo quejar, pues hay seguramente ciudades peores que esta en este sentido, aunque la verdad no me acuerdo de ninguna que haya visto antes así, y he visto bastantes en este mundo de Dios, y ninguna como esta, en lo relativo a las aceras, llenas de trampas. A quienes creían que esto era más, lamento dejarles la incomodidad, esta nota es apenas la primera salida, como Don Quijote, de don Peripatos Haschemita, que se ha autonombrado veedor de la Ciudad Perínclita!
El Portal de los Postres Envío: A todas las palenqueras que pregonan “alegrías” en Manga. Es lo último que se ingiere cuando se está a manteles. Lo postrero. Al menos ese es el semántico significado del término aun cuando no sea realmente así pues para algunos queda el café o la aromática, seguida naturalmente del pousse-café. Pero ni sigamos con esto pues es asunto de nunca acabar y prefiero ya que hablemos (es un decir) de cocina o mejor de lo que se cocina, mejor es “no meneallo”. Con el título de “Mis postres”, que es una versión literaria del Portal de los Dulces, la autora coquinaria Teresita Román de Zurek ha compuesto (este tipo de libros son compuestos) un libro con cuarenta recetas melíficas en ochenta páginas, sobre sus preferencias culinarias en tal dulce asunto. Sin duda ella tiene, como todos los que escriben sobre cocina, el principio rector que reza que placer compartido une. Y es lo que este pequeño libro logra con sus recetas que una vez elaboradas serían un grato motivo para compartir. El azúcar es la vida, pregona una propaganda comercial en un mundo actual de complacencias condumiales. Azúcar, palabra dulce, si las hay, de arábiga reminiscencia, assukkar…. En este libro de gran cuidado editorial viene como regalo al órgano que come primero, el ojo, una serie de fotografías del fotógrafo, cartagenero también, Daniel Lemaître Díaz-Granados, que antecede a las recetas que nos obsequia, recordándolas, Teresa, en cuyas manos, sin duda, la dulzura empieza. Este libro tiene además la garantía de edición de Consuelo Mendoza de Riaño, avalada por muchas obras publicadas del mismo modo exquisito. Además la diagramación y el diseño se deben al talento ordenado y gráfico de Pámela C. Zurek, norteamericana, esposa de Enrique Zurek Lequerica, hijo, a quien recuerdo como estudiante aplicado e inquieto en el Cojowa (sugiero que se modifique esta sigla por la más eufónica Coljowa), colegio colombo-norteamericano bautizado así en honor del gran prócer y santo de la revolución americanonorteña, Jorge Washington. Y exquisito es lo que es este libro, es decir, como uno lo quiere. Yo creo que vale la pena decir que está en las librerías de nuestro “Corralito”. Por mi parte, además del Festival del Dulce y de mis ocasionales “razzias” o incursiones de “comedulces” en el portal de los ídem, hemos enriquecido nuestra pequeña biblioteca de cocina para Semana Santa y todo el año, dulcera por antonomasia, aquella, y porqué no también este último, con este libro, en lo que serán con mucho, de ahora en adelante, no “Mis postres”, sino también NUESTROS POSTRES. Y como casi lo grita Celia Cruz en su pregón: Azúcaaaaaa… Domingo, 4 de abril de 1999.
El Museo del Buen Amor de Lima El erotismo es una de las mociones del ser humano más fuertes e incontrovertibles. Y ha alimentado por lo mismo el arte de todas las culturas. Desde las más antiguas hasta la modernidad en una constante invariable. Naturalmente ha habido períodos en que su aparición es más notoria. Y así en literatura y pintura, escultura y relieve, podemos citar a asirios, el pudor ha acabado con el seguro legado histórico egipcio en la materia, y a indios, con el mural de Seguiriya y sus famosos códigos del arte del buen amar y del buen amor, el Kamasutra, (cuyas primeras sílabas parecieran a los de habla hispana prevenirnos del tema), y entre árabes el “Jardín Perfumado”, del jeque Nefsaui, por dejar aquí citada una breve relación de una larguísima continuidad del tema, desde aquellas indudables invitaciones sexuales de las jocundas nalgonas del Paleolítico como la de Esplugues y la inverecunda de Willendorf. Pero ahora quiero referirme en particular a la tradición que pudibundamente queda a los ojos de lo nacional y lo americano, la necesarísima cultura que en esa materia elaboraron los aborígenes americanos. En el Museo Larco Herrera de Lima, después de pasearse el visitante por sus poco adecuadas salas de mansión venida a Museo, contemplando sus maravillosas colecciones de cerámica, pertenecientes a todas las culturas en el Perú, y asemejadas por los apresuradores generalizadores del asunto como incaicas, le dicen a uno que allá abajo en el jardín y en construcción tipo caseta está a la vista del público (con pago de nueva boleta, naturalmente) una muestra de la creativa mente del indio pre-colombino sobre las artes de las trabazones y posibilidades entre dos estructuras corporales humanas y en ocasiones las inimaginadas entre el ser humano y sus otros compañeros de ruta biológica, de todas las especies nativas del continente. Es uno de sus atractivos la de ser imaginativa a partir de la realidad y no de la invención. ¿Porque qué gracia?, al menos en este interesante campo de la apetencia humana. Disparados bajan los turistas a la citada nueva dependencia y bajo la severa mirada de una ancianita (que a uno no deja de parecerle muy distante de lo allí mostrado) entra a contemplar con algo de estupor -no hay que creerse nunca muy adelantado en estos menesteres- toda aquella imaginaria labor de color arcilloso o de decorado suntuoso que agrupa todo aquello que Dios crió y el Diablo junta. Salimos encandilados al sol de la saleta -galería- y cuando la viejecita nos devuelve la cámara fotográfica que dictatorialmente casi nos rapó al entrar, no pudimos menos que desviar la mirada de sus límpidos ojos azules de inocente de todo aquello.
Hablando de Sonetos, he aquí Cinco. Confesión de pluma -sin propósito de enmienda- de un aspirante a sonetista-. Los presentes sonetos -cinco tan sólo- contenidos en este trabajo, un pequeño poemario, o que bien podríamos llamar también sonetario, conforman en materia numérica el frustrado intento en momentos pasados de escribir uno por cada una de las cartas que contiene mi libro <Cartas a Rita (Grau).... y a Otras>. Esas cartas son diecinueve, pretendieron ser veinticuatro, pero yo tan sólo escribí cinco de los sonetos en su momento y este no es uno propicio ahora para que culmine la tarea que me puse ayer y en otra parte. Hago pues lo que el poeta Horacio recomienda: vive el aquí y el ahora, que él llamaba el <hinc et nunc>. El Soneto ha sido, y es, a pesar de todo lo que se diga, el diamante que constituye la pedrería preciosa de la Poesía. Su denominación proviene de la voz <Son>, ritmo, en el diminutivo italiano, significa, pues, <sonecillo>, o “pequeño son”. Tiene varias métricas posibles tanto en el número de versos de la estrofa como en el número de sílabas del verso. El rey de reyes o la zota de las zotas de este naipe de la versificación, o séase el soneto quintaesenciado lo constituye el endecasílabo, compuesto de once sílabas, o bien el llamado “alejandrino”, integrado de catorce sílabas, <ad libitum>, o sea al gusto del versificador o sonetista. Tratan estos cinco -pentapoemas- que a continuación po-drán leerse en este escrito, en su orden, de la fascinación, del entusiasmo suscitado por ver el rostro de alguien, del <fascio>, que significa <cara> en la virgiliana lengua de Roma, en este caso la faz del glorioso busto de Nefertiti, <La Bella-Que-Ha-Llegado>, y de cómo sus devotos, pasados ya longuísimos siglos aún van en muchedumbre a rendirle admirativa pleitesía en su nido del Museo de Berlín. ¡Oh, tú, Nefer-Neferura-Ua en Ra! Como la invo-caba el sacerdote de Atón. Seguidamente secundado de otro soneto dedicado esta vez a Eugenia de Guzmán, Condesa de Teba, Emperatriz de los Franceses, esposa que fue de Napoleón III, cuya ordinal nomenclatura de gobierno responde al homenaje que éste le hace, pasado mucho tiempo, a su tío Napoleón I, Emperador de los Franceses, quien llamó a su hijo el rey de Roma, el “Aguilucho”, o Napoleón II, aunque nunca reinó. La condesa Eugenia, según (un) cronista era policrómica: rojizo cabello (tenía la estirpe paterna escocesa), ojos in-tensamente azules y estaba <llena de graça>, pero dicho en la lengua de Vinicius de Moraes y no en español, lo que sería equivalente a <llena de gracia> para la “chica de Ipanema”, pues tenía Eugenia de Montijo mucha gracia en sus movimientos (era por la estirpe materna, andaluza) y eso es lo que contiene el soneto ofrecido a ella por el autor. El soneto que canta a Madonna Lisa dei Giocondo, Monalisa, la recuerda humorísticamente en el primer cuarteto pero también la evoca en el primer terceto y retrata la bruma gris y el paisaje melancólico que “il Vinci” dio a su obra, eterno como el sutil misterio femenino que evoca su enigmática sonrisa, “il bel risso”, de Madonna Lisa. Este es el tercer soneto de este modesto sonetario -tanto en calidad como en calidad-, tanto que me temo que el nombre lo rebasa. A continuación el que corresponde a Simonetta Vespucci, en que se la describe danzando alada bajo tules al dulce canto del laúd y la viola, con las otras dos bellas del tiempo, Albiera de Florencia y Eleonora de Milán, el soneto termina atristado cuando dice que vivas eternamente en el Arte son prematuras en el llamado de la muerte, en el Otoño final. El otro de los pentasonetos dedicado a Manuela Sáenz, le recuerda al Lector que su vida fue agitada y que muriendo de tedio en el confinante convento marchó con Safo a Lesbos Jónica. Y, cómo, en compañía de Boussingault, próxima ella a Cartagena, en las cercanías del <Pie de la Popa>, adonde viajó apresuradamente desde Turbaco, en donde fue retenida por las autoridades desde cuando llegó de Santafé, profirió desde su caballo arrebatada manifestación dirigida a su amado el romántico Bolívar, quien rumbo ya de Santa Marta y de San Pedro Alejandrino, ardía, pero de tísica fiebre. Este trabajo incluye algunos versos libres que aquí se omiten. Aunque creo en el verso-librismo en ocasiones, dudo que los míos en ese estilo sean verdadera poesía. Al menos, en cuanto a los <Sonetos>, el corset que representa la métrica -no sé cuán perfecta sea la que he utilizado- me da más confianza Estoy muy lejos de ser poeta, pero sí posee quien esto escribe algo de la <weltanschauung> o visión poética del mundo: la buena voluntad para trastocar algo de la miseria de aquel mundo en alguna cosa grata. ¿Porque con qué cara sale uno a decir que es sonetista después de leer los sonetos de Francisco de Quevedo, o los 36 de Garcilaso, el Toledano, perfectos, o los de su grande amigo Juan Boscán de Almogávar, quien dijera que él era el primero que había escrito soneto al modo italiano en lengua castellana? De todos modos, el soneto siempre inspira por su gracia en el ritmo, su elocuente brevedad, su paso de la palabra hablada a la musicalidad escrita a intentar escribirlos uno también. De la calidad de estos, para reforzar la inseguridad del sonetista, dará fe el Lector. 3 de mayo de 1999.
A Nefertiti
Al egiptólogo Miguel Camacho-Sánchez
1
Nefertiti, o La Bella-ha-llegado. Con tu aliento femenino prosperó La Ciudad del Horizonte Levantado. Que como un nuevo Dios Egipto iluminó.
II
Emergiste de las sombras de Olvido En dos bellos bustos bien presentada, el uno policromo y de cuello alado, el otro exento de su luenga cabellera.
III
Airosa posas en el Museo de Berlín, Enigmática, de la piedra al esplín sometida, la boca roja de carmín.
IV
Y hasta allí te llega en muchedumbre el devoto, el curioso de tu nombre, deseoso de que tu único ojo-Ra-alumbre.
Soneto a Eugenia de Guzmán, Condesa de Teba, Emperatriz de los Franceses
A su biógrafo, Donaldo Bossa Herazo
1
Los Guzmán son de visigótico origen y están emparentados con los Alba, los Doce veces Grandes de España, y tú la su sola altanera Virgen.
II
De donde el contraste de tus cabellos rojizos y tus sesgados y azules ojos, te hacían policrómico modelo, vestida de tu gracia y de tus tules.
III
De tu futuro Imperio la gitana te adivinó su verdad al leer tu mano. mucho antes de que Luis se antojara
IV
Y por tu grande belleza soberana, Ya de los Franceses al trono hermano de esposa -consejera- te elevara.
Soneto a Monnalisa
Dedicado a Paulina Rondón de Dager
I
Monnalisa, de enigmática sonrisa, cantaba, no sé si un refrán, comercial o un aviso, de eso hace un año total, la radio que al banal público avisa
II
De tanta insulsa cosa que se precia o se vende u ofrece en el mercado restándote del Arte toda la Gracia con la que te captó Da Vinci Leonardo
III
en una mañana penumbrosa de otoño, eso colijo yo (que) por el gríseo brumar que se observa detrás de tu torso
IV
Paisaje triste, pleno de melancolía, plomiza bruma, remedo de la lunar que me hace trasegar una dulce folía.
Soneto a la Bella Simonetta Vespucci
Dedicado a su <Pan>, Germán Arciniegas Angueyra
Epígrafe: “I’mi trovai, fanciulle. un bel matino di mezzo maggio in un verde giardino”
1
Simonetta Cattaneo te llamaste en vida; vida en exclusivo sólo para la Eternidad dell’Arte, pues fue breve y vivaz tu tránsito.
II
Dejaste atrás la nativa Génova para viajar a Pisa y a Florencia, debiste haber parecido cautiva, en el Purgatorio, para la Caricia.
III
Y en la grata crepuscular hora danzásteis las Tres al son del laúd y viola. Tú, Albiera de Florencia y Eleonora
IV
de Milán, las Tres, vivas bailarinas, detenidas por el Arte y que mueren prontamente, al Otoño viajan finas.
Soneto a la Libertadora del Libertador, Manuelita Sáenz
A Alberto Miramón, autor del libro <La Vida ardiente de Manuelita Sáenz,>
1
Utilizaré el título que más adorne para llamarte, pues tuviste varios desde que casaste con el inglés Thome allá en el andino y conventual Quito
II
El agitar de la vida fue tu lapo, ya en el convento de tedio te morías se dice que allí aprendiste, tal Frida, los goces que con deliquio cantó Safo.
III
Boussingault te acompañó en la carrera desde el Altiplano, ya para nada. Cartagena estaba para Tí cerrada
IV
Y al saber de la partida del Héroe, que en viaje de escape a Europa tendría postrer aliento en Santa Marta.
Colofón: a los cinco anteriores sonetos añado este que dediqué al gran escritor, periodista, esteta, profesor y amigo, quien a medida que pasa el tiempo más falta hace dejándonos a tanto <panopinante> ignavo, Jaime Gómez O’Byrne, en <greiffo- góngoro- tuerto-lopezco estilo>.
I Místico anacoreta; Anacreontes vano, mezclado con Aristófanes, entubado visionario nefelibata, Que tocas ditirámbico, hojalata. II Inulto y furruñoso y Dílico Andas por allí; vanamente dístico En la imbele folía, y coruscante Lágrima quevedesca echas constante III En espleenesco país, para tu albo Copetín, andas como un semivalvo, Y buscándole pelea a un <paz y salvo>. IV Yo no te llevaré a la dulce Erín do vienes, Shaw-anamente, alacrín, Portando el acerado de Arlequín.
Vida íntima de T.C. Mosquera El historiador norteamericano Lofstrom especializado en la historia de Bolivia y particularmente en la del héroe de Ayacucho, Sucre, tuvo que dejar la actividad de profesor por razones de que con sus ingresos no podía mantener a sus siete hijos. Eso nos cuenta Lofstrom (que suena a origen sueco) en su prólogo a la sico-biografía (alerta historiadores, he aquí otra escuela, hoy en boga, que no tiene conexión inmediata a los hechos económicos). Sino a las motivaciones del individuo como ente social, familiar e intrínseco como persona. Y antes de eso vino Lofstrom a Colombia, donde fue profesor en Cali, conociendo del llamado gran general T.C. de Mosquera. Para combatir la inopia que no le permitía mantener a sus siete hijos entró en la carrera diplomática de su <Foreing Office> y fue embajador de su país en Colombia, en Bogotá. Allí recordó a su admirado T.C. de Mosquera y con la ayuda de los Archivos del Cauca y de la Luis Ángel Arango, de Bogotá, se dio a la ímproba tarea de leer más de treinta mil infolios y cartas del Gran General. Interesaba sobre toda otra cosa o aspecto a Lofstrom la vida íntima y sexual de T.C. T.C. era un personaje aquejado por la manía de la prioridad, (o manía apriorística), es decir, siempre querer ser “centro de mesa”, como dicen las señoras muy señoras. Y de allí que guardara cartas que casi podría uno leer en “Memorias” de Casanova o en Anäis Nin o bien en las “Confesiones” de J.J. Rousseau. Sí, porque T.C. trata en esa correspondencia de enfermedades sexuales suyas y de los remedios que se le recetaban para “eso” curarle. Dentro de las cosas que me llamaron la atención en el libro es la opinión, sustentada por las fechas, de las cartas que muestran la estancia de éste aquí en Cartagena, coincidente con el contagio de la gonorrea que lo martirizó durante toda su vida de manera cíclica. En opinión de un corresponsal de la familia de T.C. esta ciudad era una réplica de Sodoma y Gomorra en aquella época. Y le pedía que volviera al viejo Popayán. La verdad es que en su juventud más pimpolla T.C. vino a Cartagena por razones de comercio (no le fue muy bien) y aquí largó el trapo en materia de mujeres. Sabemos de sus amores con María Candelaria Cervantes que era cartagenera nata. Con ella tuvo un hijo, al cual trató siempre con esa manera que dio a todos sus hijos durante toda su vida, a los matrimoniales y a los extramatrimoniales: distante y tiránico a la vez, con excepción de Amalia, después de que esta era bastante adulta y ya muy trabajada por su pésima relación con Pedro Alcántara Herrán, su marido. A esta mujer, María Candelaria, a quien también se referían como Candelaria a secas, era una costurera muy activa en Cartagena y juzgada buena mujer, Mosquera la olvidó con facilidad porque como todo ególatra excluyente (hay los incluyentes) después de aprovecharse de algo o de alguien olvidaba con premura. Vaya uno a saber. Pero después de su matrimonio endogámico y de conveniencia (conflictivo hasta cuando ella murió) conoció T.C. de Mosquera, -como Balzac se puso un “de” de supuesta nobleza que su hermano el arzobispo Manuel José burlaba-, también en Cartagena, muchos años después de Candelaria, la que sería tal vez lo que Josefina (Talleyrand dijo de ésta que era “tant peur que belle”, “peor que bella”, tal vez el mejor piropo de la Humanidad) fue para Napoleón o doña Gregoria de Haro para Núñez. Esa mujer nueva era una mulata como Shirley Soto lo era, pero con los ojos verdes como mares. No era cartagenera nata sino antioqueña y lo enloqueció durante un largo período aquí, en Barranquilla, en Nueva York y en otros lares. Fue, según las cartas que Löfstrom estudió con tanta inteligencia como denuedo, su verdadero amor. “Love History”. Con ella no tuvo hijos, raro en él, que le engendró a su segunda esposa un muchachito a sus setenta y cinco años pasados, edad de su segundo enlace. Tal vez la gonorrea actuaba en esos días. O la mulata de los ojos verdes como trigo, que canta Miguel de Molina, era estéril. Vaya usted a saber. Hay cosas que ni aún las cartas dicen o atestiguan. A la que no quiso le hizo un hijo y a la que amó se lo quedó debiendo este garañón impetuoso, don T.C. de Mosquera, que presumía de descender de Dórico, príncipe de Moscovia, y de quien su primera mujer y prima hermana a la vez, Mariana, habría dicho al saber de su elección por primera vez a la presidencia: “Tomás Cipriano como presidente será como mico en pesebre”. Así fue. Sábado, 15 de mayo de 1999.
Prócer, presidente y mártir: García de Toledo (I) * Prócer. Miembro del notablato (el “Establecimiento” del cual habla en sus obras Harold Laski) de Cartagena. Nació en ella el 11 de febrero de 1769, veinte años antes de la “Revolución Francesa” de 1789 y diez antes de que Jorge Washington fuera elegido por primera vez para la presidencia de las <Trece Colonias>. Por la línea materna fue nieto de Andrés Ildefonso José de Madariaga y Mo-rales, primer conde de Pestagua. Este último ya tenía en su poder un vizcondado de Salamanca, denominado así a partir de la gran isla fluvial del río Magdalena en su salida al mar, en las inmediaciones de Barranquilla de hoy. Carlos III de España, en la <Puerta del Sol> en Madrid tiene una excelente estatua ecuestre sobre un pedestal oblongo en donde se cuentan todas sus ejecutorias de monarca ilustrado, en que entre otras cosas lo denominan “el mejor alcalde de Madrid”, ennobleció a este abuelo de García de Toledo en 1770. Pertenecía este último mediante la riqueza y la utilización de ella para acceder a títulos nobiliarios a esa clase que en general era denominada por los peninsulares, pobres y ricos, como “nobleza indiana” (de Indias), o como Garcilasso, el Inca, uno de los grandes mestizos de América, los llamaba también: “peruleros”, aludiendo a la posibilidad, y en algunos casos a la realidad del enriquecimiento con la plata o el comercio en el Perú. Tenía don José María García de Toledo una de sus estirpes o ramas familiares vascongada o euskera en su ascendiente don Sancho Jimeno de Orozco, quien fue esforzado defensor del desaparecido castillo de San Luis de Bocachica en 1697, contra el desolador ataque, y definitivo, pues en su solar sólo años después se volvería a construir otro fuerte: San Fernando de Bocachica. Se midió allí con ribetes caballerescos este antepasado de García de Toledo, prócer y mártir, contra el Barón de Pointis, Jean Bernard Desjeans. Fue García de Toledo recipiendario en segundo lugar de los apellidos Madariaga-Fernández, de aquel Sancho Jimeno fue, pues, su tercer nieto. Tataranieto es la palabra precisa en este caso, onomatopéyica y extraña. El padre de José María García de Toledo fue José García de Toledo y Marzal, quien estuviera aquí en Cartagena desempeñando cargos tales como Contador del Santo Oficio de la Inquisición y el de Procurador General de la Provincia. El Cabildo de Cartagena, en 1809, con fecha del 29 de marzo, envió un informe sobre García de Toledo al Virrey de Santafe en el que reza: “Doble nobleza tan antigua como Cartagena misma, aprestigiaban la cuna del infante, nacido en una época azarosa en que la piratería y el corso (práctica de los corsarios) había empobrecido y des-poblado la ciudad”. A esta doble nobleza, materna y paterna, se le unía igualmente doble riqueza. 28 de mayo de 1999. *El anterior artículo tuve que enmendarlo pues tenía muchos errores míos y erratas ajenas.
María Auxiliadora Banda* Yendo hacia Turbaco, a la altura de Terpel, hay un ramal, a mano izquierda, que conduce a San José de los Campanos. Este peripatético de la vieja y Nueva Ciudad de Cartagena, no conocía el sitio más allá de la carretera ya mencionada. Unas manzanas más abajo se encuentran la “Concentración Escolar Comfamiliar” y poco más de cien metros, por un llanito lleno de verde césped, está situada una experiencia educativa bajo la dirección de una maestra, cuyo nombre implicó seguramente un compromiso desde sus edades más tempranas: María Auxiliadora Banda. Muchas veces vi sus ojos sevillanos de abenuz brillar de emoción al relatarme los pródomos de su empeño, el Jardín Infantil Nacional de San José de los Campanos. De allí que en la celebración del trigésimo séptimo aniversario del mencionado Jardín Infantil Popular, me “encampanara” (para usar un giro muy cartagenero) para allá.El periplo y las señas ya los he adelantado al comienzo. San José de los Campanos fue zona tugurial y por eso nadie quería el lote (grande), donde estaba un experimento del tipo mencionado, sin gracia y sin rumbo, que iba a la bartola. El Jardín Infantil venía del largo peregrinar de haber estado inicialmente en el experimento de barrio popular cartagenero Martínez Martelo. Las madres de los niños que van al Jardín son doscientas y dan al mes dos mil pesitos por el derecho de sus infantes a ir al plantelito (está construido en forma de cabañas articuladas), tomar un refrigerio a media mañana y recibir allí el inmenso amor educativo de María Auxiliadora Banda y su plantel educativo, entre quienes está Vilda Cueto (es autora de dos libritos de cuentos para niños), y varias maestras más como son María Teresa, Olga, Patricia, maestras que son del aporte de un ente oficial (Secretaría de Educación y Cultura Distrital). Estos jardincitos escolares deberían pulular en la ciudad a imitación de la experiencia de María Auxiliadora, para sembrar la Colombia del futuro pues es la edad en que el educando tiene el alma sensible a la recepción de valores sociales, especialmente el del amor. El gobierno de Japón tiene allí colaborando, venida de Tokío, a Keiko, en un programa de juventudes mediante convenio con la Secretaría de Educación Distrital y Cultura, la cual le aporta a dicha estudiante-pasante vivienda y manutención. Estuve muy contento con la tuna del Colegio Biffi y después de un piscolabis emprendí con mi hermano el regreso a casa desde San José de los Campanos, adonde me había “encampanado” desde las tres de la tarde de ese viernes 27 de mayo (la estación florida) al Jardín Infantil Nacional del barrio ex tugurial. Auxilios continuos es lo que necesita, para proseguir con su tarea, María Auxiliadora Banda. Sábado, 5 de junio de 1999. *Esta nota causó una oleada de envidia entre sus colegas de docencia, según me lo manifestó la homenajeada en llamada telefónica para agradecérmela. Le dije que no hiciera caso y siguiera.
Palabras sobre “Mitos y Leyendas”*, de J. Daniels. Me ha solicitado el autor de la obra que se presenta hoy en este magnífico megarón de la <Casa de la Aduana> Joce Daniels unas palabras alusivas al asunto de que dicha obra trata. Titulada “Diccionario de Mitos y Leyendas”, editada por la Alcaldía de Cartagena mediante la Secretaría de Educación y Cultura del Distrito, el tema a que aludiré será obligadamente al de una de las culturas de que trata el libro: Grecia. Como sobre Grecia antigua mucho es lo que puede decirse circunscribiré mi intervención al fenómeno (phainos noumenon) de esta cultura iniciática que hasta hoy día proyecta sus luces. Se trata entonces de la característica inicial de la cultura ateniense clásica: la exclusividad, y de su subsiguiente apertura al mundo no griego, que a mi juicio dio origen a su universalidad como fuente de la cultura de Occidente. Cuando Atenas, quintaesencia de lo mejor de la <Hélade> antigua, fue invitada por otra cultura mediante la ocupación que de su territorio realizó el Estado persa quedó en claro que los Griegos cerraron aún, si cabe, su presunción de que culturalmente eran superiores a todas las naciones que conocieron. Presunción que se reforzó en el éxito que las armas griegas obtuvieron en Marathon, (“Valle del Hinojo”), en el año 490 a.C., y en Platea, en el año 479 a.C. Cuando años después Grecia, con otro abanderado, en este caso Alejandro, -aunque el raizal ateniense que era Demóstenes consideraba al padre de éste, Filipo de Mace-donia, poco más que un “bárbaro”-, invadió a su vez a la Persia del imperio Aqueménide expandió algunos de sus postulados o valores que se encarnan en la frase de su filósofo de cabecera, Isócrates: “Doy gracias a los dioses por tres cosas, por haber nacido varón y no mujer, griego y no bárbaro, y hombre y no simio”. Aunque fuera nada menos que el maestro de Alejandro en su adolescencia el Estagirita Aristóteles, otro griego universal a quien por su origen pues nació en Estagira, lo juzgaban también los atenienses como “periférico”. El segundo filósofo de Alejandro fue Isócrates quien fue más allá del provincianismo en sus ideales, pues pregonó que si Grecia deseaba permanecer como cultura dominante debía considerar que todo aquel que hablara griego era griego, no embargante su origen o clase. Con lo que dio a los valores griegos dimensión universal. La <Koyné>. Es entonces cuando se habla del <Mito Universal>. De las creencias que comparten todos los pueblos que han producido el Mito y la leyenda, hermanados e identificados en lo básico: el Amor, el Miedo, el Misterio, el Odio, la codicia, entre otros profundos sentires de la humanidad. Bienvenido este libro que rescata del olvido mediante su reciclamiento un tema eterno: el Mito y la leyenda. Sábado, 12 de junio de 1999. · Un duende cualquiera del levantamiento de textos hizo de este artículo una “carnicería” literaria, pues parece que algo de su contenido no le gustó, irrespetando el artículo y al autor. Esto pudo haber ocurrido <motu proprio> u ordenado. ¡Vaya usted a saber! De todos modos lo rehice.
Baltasar Pérez, primer tutelante de América Nació según la obra escrita por Apolinar Díaz-Callejas, en su propio pueblo de Colosó. Denominado así por la eponimia del cacique Onné Colosó, de la cultura sinú, desde mucho antes de que Colón descubriera América, al decir también de Díaz-Callejas en su obra. Este Baltasar Pérez, “indio natural del pueblo de San Miguel de Colosó”, solicitó a la <Real Audiencia> de Santafé de Bogotá, entre 1675 y 1680, que se le tutelara (amparara) su derecho a pactar (aunque fuera de manera leonina en su contra, añado yo) el trabajar con quien él quisiera y en lo que quisiera, pues el encomendero Fernando de Castellar y su administrador Pedro de Castañeda le obligaban a él y a su mujer e hijos, inclusive, a trabajar como rozero, transportador de mercaderías, y además a bogar para el efecto anterior hacia Cartagena desde las costas marítimas cercanas a su pueblo. Este hombre se quejaba también, en la presentación de su queja y petición de amparo o tutela por parte de la Real Audiencia de que el encomendero imponía también “trabajos de cosina” (sic) y otros “servicios a su mujer”. La legislación española de la época no era retardataria pero los encomenderos se aprovechaban de la situación de los indígenas (“se obedece pero no se cumple”) a quienes órdenes reales incluían perentoriamente en el o los Resguardos (y estaban exceptuados por lo mismo de prestar servicios), a disgusto de los encomenderos que querían convertirlos a todo trance en esclavos o semiesclavos. Baltasar Pérez recibió de la <Real Audiencia> (siglos antes de que la constitución de 1991 reconociese la acción de tutela -de amparo, se denomina en la constitución española de 1978 de donde fue tomada- el reconocimiento a su petición con un “Despáchese como lo pide”, el 19 de septiembre de 1685, “atento a la distancia” (considerando la distancia y a pesar de ella) y la lentitud de los trámites en el procedimiento legal y judicial colonial español, y deja pensar que el “indio colosoano” Baltasar Pérez introdujo el recurso de tutela (de amparo judicial) cinco o diez años antes de la fecha de la sentencia sobre la misma, entre los supradichos años de 1675 y 1680, al menos. Fue, que se sepa, el primer hispanoamericano en obtener para sí, su mujer e hijos, el reconocimiento de su derecho, y el de éstos, por parte de la autoridad competente para celebrar libremente contrato de trabajo. Desde los tiempos mismos de la conquista española hubo muchos pleitos, demandas y sentencias en asuntos relativos a tierras, límites, derechos de resguardos de indígenas, linderos, cercas, servidumbres de uso de aguas y de tránsito, etc., y mil temas más. Pero el caso de la petición de tutela o amparo, como me parece más exacto llamarla, pues la tutela es una figura jurídica que cubre la totalidad de los asuntos legales relativos a menores de edad, y de otros, definidos por la ley como incapaces relativos o absolutos; este “indio colosoano” es hasta la fecha, comprobadamente por documento, el único de quien se conoce solicítola, y que además al obtenerla se constituye en un caso aún más interesante. Sábado, 19 de junio de 1999.
Yo, Don Blas de Lezo Se me ha infligido la más dolorosa herida, ya no en mí martirizada carne humana sino en la carne de la inmortalidad que me gané con mi valor y las pérdidas que sufrí en la primera: el Bronce. Esa herida la constituye el haberme llamado pirata. A mí, que combatí en el mar contra almirantes de empenachado tricornio pero también contra corsarios, “boucanes” y piratas. Estos últimos quemaban los barcos después de asaltarlos. De allí su denominativo. Llamarme a mí pirata es como llamar al Bien el Mal. Siempre tuve sentido de pelear por la patria, allí donde se me necesitara. Y así estuve en veintidós batallas navales antes de servir a mi Rey llevando la grímpola de los colores del Imperio en la ciudad <Llave de las Indias y Antemural del Reyno>: Cartagena de Indias, la vieja “Cangrejo” de sus aborígenes pobladores, los Karamairís. Veintidós combates -estuve en Málaga y Toulon- allí perdí mi pierna izquierda en la primera refriega, y dejé después de la segunda batalla fuera de la órbita izquierda también mi ojo. Nadie sabe el color de mis ojos cuando ya la muerte me ha arrebatado el otro. Lucen vacíos en las cuencas de mi estatua. Alejandro Obregón me pintó el que me quedó con el intenso azul vidriado que tenían lo suyos antes de “cascar”, como decía él. Llamarme pirata a mí que fui general de la mar. Dirigía yo el combate con la infantería que se lleva a bordo, como cuando la <Armada Invencible>, en que Medina-Sidonia comandaba la flota pero Parma era la voz a seguir en la batalla por los <Tercios> de mi Amada España. Llamarme pirata a mí que estuve a cargo de la defensa de Cartagena de Indias contra el ataque de Vernon, quien vino con medallas ya acuñadas en que me ponía de rodillas entregándole ya no mis otros miembros sino lo que ha sido para mí más importante que el cuerpo mismo: la gloria. Nunca aprecié la carne con que mi madre me parió sino la que pare el cincel del escultor, la carne de la inmortalidad, el Bronce. Y ahora me llaman pirata. Me ha causado más angustia esta palabra que la lisiada de mi brazo derecho.Estoy ahora manco como el de Lepanto. Pero si él pudo escribir de su herida que la había recibido en la “más alta ocasión que vieron los pasados siglos, los presentes, ni esperan los venideros” así yo aún tengo brazo suficiente para escribir mi “Diario” sobre el ataque que Vernon hizo a la ciudad que se me había encomendado, y que bien defendí. Llamarme a mí pirata que tengo en más aprecio una Muerte digna que una Vida vil. Llamarme pirata a mí que combatí al “Inglés”, que venía con muchos de ellos al servicio de su Reina, (o ¿Rey?), en sus 51 buques de guerra y 135 de transporte con 2.000 cañones y 28.000 hombres sobre las armas. Además de que morí olvidado con un solo ojo, con un solo brazo bueno y sólo la pierna derecha, superando las nueve heridas que recibí en el Sitio a Cartagena, ahora recibo la suprema herida de ser considerado pirata…. Domingo, 27 de junio de 1999.
Miércoles, 7 de julio de 1999, repitieron el artículo sobre “Mitos y Leyendas”, de J. Daniels, con el mismo texto mutilado que la primera publicación realizada por el Duende del linotipo, quien irrespetó al autor y al lector con su mutilación.
Prócer, presidente y mártir: García Toledo (II) Dieciséis años tenía al irse a Santafé de Bogotá a estudiar como colegial en el Colegio Mayor del Rosario. Allí obtuvo un grado de doctor en ambos derechos (utroque iuris), es decir, en Derecho Canónico y en Derecho General o Leyes. A partir de eso solicitó ser diplomado o licenciado por la <Real Audiencia> (órgano legislativo, con ribetes de administrador y de consultor al propio tiempo durante la etapa colonial) para ejercer como abogado en 1972. Mientras, en Francia regía la “Asamblea Legislativa”, paso previo a la “Convención” que comen-zaría su gobierno el 20 de septiembre del mismo año. José María García de Toledo contrajo matrimonio en Santafé de Bogotá en el año de 1793 (gobernaba ya Robespierre con el Comité de Salubridad Pública en Francia, pero especialmente en París), con Juana Manuela -castizo nombre al lado de las Berleides y Sirloines de hoy día- Díaz de Herrera y Gálvis, que era bogotana o san-tafereña, igual da, e hija de Juan Díaz de Herrera y Mathei y de su esposa Manuela Galvis (este apellido era también escrito en ocasiones con tilde y otras veces tomaba la forma Galves) y Larreátegui. El mártir, fusilado con otros ocho en inmediaciones del Banco de Bogotá (hay estela alusiva), tuvo dos hijos: Inés García de Toledo y Díaz de Herrera, nacida en 20 de enero de 1796 o 1797, aquí en Cartagena. Esta mujer perma-neció célibe, entrando posteriormente de monja y pro-fesando en el Monasterio de la “Visitación” (de María Vir-gen, se entiende) en la ciudad de Madrid, España. Esa rama se extinguió para el apellido del prócer. El segundo hijo, un varón, fue llamado en la pila bautismal Joaquín Mariano, pero en época de apellidos y nombres también largos, naturalmente, se llamaba además José, Rafael, Ramón e Ignacio de la Trinidad, suprimí algunos de ellos, en este caso, porque eran más sus nombres. Pero para no cargar. Este Joaquín Mariano casó con inglesa y fue diplomático colombiano en Londres. Aunque hay descendientes de éste y del prócer -por lo tanto- en Nueva York, aquí en Colombia parece ser que no, aunque el académico Guillermo Hernández de Alba en la “Genealogía de García de Toledo”, según opinión del poeta Gregorio Castañeda Aragón, sostenía ser descendiente de quien fuera algo así como primer presidente de la “República de Cartagena”, en los días del once de noviembre de 1811 y de la expulsión del último gobernador tradicional español aquí en Cartagena y su Provincia, Francisco de Montes, quien con su maletica fue desterrado a La Habana el mismo día en que se le depuso, rumbo a los Madriles. Miércoles, 21 de julio de 1999.
Viendo a Velásquez en El Prado Ir al Museo del Prado es una obligación estética que tiene todo aquel que vaya a los Madriles. Sobre todo el que conozca de alguna manera al pintor Velásquez o haya tenido referencia al hecho de que en 1999 se cumplen los cuatrocientos años del sevillano. Desde sus primeros trabajos pictóricos ya asombraba a quienes vieron su perfección en el dibujo, el tratamiento del ambiente o la composición, y aún el clima psicológico de su o sus personajes. Incluso los caballos parecen ser personas -prosopopeia- únicas como aquel que cabalga el Conde-Duque de Olivares, de color aguapanela, o él (la) que lleva tan airosamente al niño príncipe Baltasar Carlos. Los coches de Sevilla son tirados por bestias espléndidas (duele llamar así a tan noble animal) y la “Castaña” se llamaba la de la calesa que me paseó durante un buen rato por el Parque de María Luisa cerca del Guadalquivir, y que resultó tan familiar en el aspecto a la montura del gran Olivares, Richelieu de Don Felipe IV de España. Los reyes del Museo del Prado, en donde hay tantos y buenos pintores, son, quien lo duda, Goya y Velásquez. Obras como el “Cristo del Sevillano”, “Vieja friendo huevos” y “Las Meninas” son cumbres de la pintura que vino después de Apeles. En “Las Meninas” está el gran secreto de Velásquez, un cuadro en varios planos de profundidad en donde el pincel captura a la infanta Margarita de Austria en compañía de Nicolasito de Pertusato, enano ateliótico (sólo en tamaño), y a María Bárbola, enana acondroplástica, que posan divertidos en compañía de un perro. Como en una caja china el pintor mismo aparece pintando al grupo y en un espejo la imagen difusa de los Reyes en el momento de asomarse a la estancia donde se realizaba el cuadro. Velásquez fue pintor al servicio exclusivo del rey Felipe IV y debía por lo tanto pintar sólo por encargo, no obstante lo anterior todo lo que pintó lo hizo a la perfección. En “La exaltación de Baco” o “Los borrachos”, logró en la mano de aquel (Dioniso o Baco) una de las representaciones de objetos de vidrio más perfectas que se hayan logrado en el lienzo jamás, en igual calidad El Greco hizo un frasco de vidrio en “Magdalena penitente”. Otra cosa que llama la atención en la pintura de Velásquez es el color mate de la piel que logra en un marfil oliváceo. Velásquez fue pintor extraordinario de todo, de caras, de manos -una de las cosas más difíciles de la pintura- de ropas, de cacharros de cerámica y representa la psicología del personaje cuando es un retrato. Pero además de dibujante es maestro del color. Antecedió varios siglos a Goya en esta última materia. Su pincelada es a veces difuminada como en el rostro del Conde-Duque de Olivares y adelántase así al movimiento impresionista de fines del diecinueve. Su estatua sedente adorna la entrada del Museo del Prado en la carne de la gloria: el Bronce. Sábado, 7 de agosto de 1999.
La Ruta de Cartago pasa por Cartagena de Indias Más de sesenta ciudades (algunas, meras poblaciones) en todo el mundo con excepción de Australia u Oceanía tienen el nombre glorioso de Cartago o Cartagena. Este es el contenido del proyecto cultural que Túnez ha presentado en la UNESCO, segmento de la ONU para estímulo de la globalización de la cultura, dentro de la mística que planteó el de la “Ruta de la Seda” y el de la “Ruta de la Fe”, en el último decenio que finaliza en el año 2000, este llevará el nombre de las “Rutas de Cartago”. Su inspiración es la de promover en el nivel mundial <Paz, Solidaridad y el Co-Desarrollo de los Pueblos>. El reencuentro de culturas, de civilizaciones y de continentes es su aspecto práctico. Se busca por este medio, reciclando siempre las oportunidades propicias para hacerlo, la solidaridad internacional, el porvenir y una mirada que a partir de estas ciudades de “la esperanza, de estas nuevas ciudades” (ese es el significado de Kartadesh, palabra fenicia que dio Cartagena) renueve tan bella virtud social. Las propuestas son que todas las ciudades que lleven el nombre de Cartago o Cartagena se unan en esta iniciativa mundial. El promotor de este magno proyecto es el doctor Ridha Tlili, <Encargado de la Investigación en el Instituto Nacional de Patrimonio de Túnez>. En días pasados recientes ha dado él una conferencia sobre el tema con la ayuda de diapositivas en el Salón Principal de la alcaldía de Cartagena por invitación que el Alcalde Curí le (nos) hiciera para que explicara los cometidos del proyecto en detalle pues Cartagena de Indias es la más gloriosa de las Cartago o Cartagena actuales en el mundo, sin demérito de Cartagena de Levante (Murcia, España). La primera Cartago se fundó entre fines del siglo noveno y el séptimo antes de Cristo; la princesa Elissa, o Dido, como la llamó el poeta Virgilio en su obra “Eneida” salió de Tsur, Tiro, en el Líbano actual, con sus seguidores, y fue la que realizó los primeros trabajos conducentes a la fundación de Cartago africana o “Kart-Hadash, término fenicio que alude a la “Ciudad Nueva”. Con esa consideración Tlili plantea un encuentro de renovación espiritual y de remozados ideales al final de esta muriente centuria que cierra el Milenio también. Los fundadores de Cartago fundaron, a su vez, a la hoy Cartagena de Levante, otrora Cartago Nova de los romanos, y de allí según el maestro Porras Troconis el nauta o navegante vizcaíno Juan de la Cosa habría, por la semejanza de sus puertos, utilizado el de Cartagena para esta nuestra ciudad, apellidándola de Indias para diferenciarla de aquella que se denominaba de Levante. Sábado, 14 de agosto de 1999.
El Palacio de la Inquisición Está en proceso de restauración desde hace algún tiempo. Después de esta restauración se hará un nuevo trabajo de presentación museográfico para mostrar el patrimonio que allí radica. La custodia o guarda de la <Casa de la Inquisición> es asunto de la <Academia de la Historia de Cartagena de Indias>. La “Casa” posee una espaciosa Huerta que se puede observar desde el primer patio posterior a través de una reja que fue de clausura en el Convento de Santa Clara. En los muros hay empotrados algunos elementos y lápidas de piedra o mármol relativos a cierta historiografía (lápidas obituarias, conmemorativas) que así se han preservado para el futuro. Muchos colegios envían a sus estudiantes a conocer la casa y se les da un tratamiento especial, con rebaja. La casa es muy visitada durante todo el año, inclusive ahora que está sometida a trabajos de arquitectura. Su portada es única en Cartagena, de estilo barroco. Está un poco deteriorada por la acción de microrganismos lesivos a la piedra coralina que es su material. En uno de los muros se puede leer sobre alicatado una breve historia acerca del Tribunal del Santo Oficio hasta su finalización en los comienzos de nuestra Independencia de la “Metrópolis” española. Un cuerpo de guías desarrolla allí con apoyo de la <Academia de Historia> su función explicativa a los visitantes que deseen contratarlos. Algunos pueden expresarse en otros idiomas como el inglés o francés. Es una pena que los tures guiados por buses no lleven a los visitantes que vienen en barcos de crucero a la ciudad a la <Casa de la Inquisición>. Eso debe ser corregido pues así no ven aquéllos una de las casas más representativas de la arquitectura colonial. N.B. “El Acontecer”*, Año 1, Nº 3, agosto-septiembre de 1999. *Colombia es “país de revistas”, y añado yo que de periódicos (efímeros) también. Los “periodisticas” se rebuscan editando estas “flores de un día”, o mejor, de un mes o bimestre. Lo dejo como testimonio.
«Précis de Litterature Française», de Antonio Dager. La editorial ABC de Bogotá publicó un libro, hace ya 54 años, intitulado “Compendio de Literatura Francesa”. Estuve en estos días revisando en él algunas lecciones sobre el duque de La Rochefoucauld, el autor de las “Máximas”.Y pasé de allí a reverlo todo, dándome cuenta que conserva plenamente su actualidad, claro, si la literatura francesa y sus autores son eternos. Ahora que la actividad de la <Alianza Colombo-Francesa> ha revigorizado sus actividades nuevamente en Cartagena con su nuevo director, el vasco-francés Eneko André (Ignacio Andrés), me ha venido a la memoria el recuerdo de Antonio Dager Gerala. En los años siguientes a 1943 publicó él este libro cuando era profesor de Humanidades y de francés en Cartagena. El escritor Nicolás Bayona Posada fue su prologuista y citado éste dice así sobre el libro de Antonio Dager: “Profundo conocimiento sobre el tema, gusto refinado por la meditación y el estudio, sensibilidad quintaesenciada de esteta, y, ante todo y por sobre todo, amor contagioso a la Francia que no ha dejado de ser Francia, anima y embellece la obra del docto profesor, escrita para que nada falte, en un francés tan elegante como sencillo”. Hasta aquí el prólogo. Pero es que Antonio estudió en el Colegio Henri Quatre su Bachillerato. Además de ser Francia siempre Francia, David, su padre, vivía allá como exportador de bienes hacia Colombia. Y a que Francia fue la nación protectora de Líbano, costa marítima natural de Siria, origen del padre del autor del libro, evento que establecía entre los inmigrantes libaneses una especie de relación afectiva entre los dos países y sus habitantes. Antonio fue, pues, aplicado estudiante y al venir a Colombia escribió la obra que anotamos: “ Deseo hacer saber al estudiante o al lector que este <Compendio de Literatura Francesa> es, ante todo, una obra de buena voluntad antes que una obra de alta crítica literaria”, dice modestamente el autor. Es la obra de “Précis…” o resumen, o compendio, un libro de 194 páginas, bien capitulado según los períodos o épocas de la literatura francesa, desde sus comienzos en la <Edad Media> hasta una quinta época que se cierra con Stephane Mallarmé. Aparece una analogía escogida de textos al final. Quiero destacar el amor que Antonio Dager manifestó por Cartagena en su obra con la escogencia que hizo del poema del cubano-francés José María de Heredia dedicado a Cartagena de Indias, que incluyó en francés, y que dice:
¡Morne Ville! jadis reine des Océans! Aujourd-hui le réquin poursuit en paix les scombres Et les nuage errant allonge seul des ombres Sur la rade oú roulaint les galeons géants.
Que traduje en versión libre de la siguiente manera:
Ciudad triste, ayer reina de la mar. Hoy los tiburones persiguen en paz los escombros. Y las nubes vagan alargando las sombras. Sobre tu cala donde atracan los galeones gigantes.
Este libro de Antonio Dager Gerala, quien fue presidente de la <Alianza Colombo-Francesa>, que es tal vez la única obra escrita por un cartagenero en lengua francesa, hasta el día presente, amerita que esta Institución, que representa culturalmente a Francia en Cartagena lo reedite al cumplirse, sin merma de su contenido, más de medio siglo de su publicación príncipe. Sábado, 21 de agosto de 1999.
Funes (Borges) el Memorioso Es el tema de este cuento, o tal vez sea mejor denominarlo narración, con ese aura que Borges imprime a sus relatos en que no queda determinado si es el resultado asociativo de sus lecturas, su experiencia personal o la descripción objetiva de casos narrados a partir de la realidad. Siempre quedan en ese limbo para el lector de las obras del fantástico argentino. Ireneo Funes es la historia de un hombre del campo a quien conoció el narrador (elusivo) de la obra mencionada en uno de sus viajes a la campiña en compañía de su padre. Años después volvió al poblado enterándose de que había caído de un caballo quedando reducido en su locomoción. Visitándole en la casa rural donde Funes vivía en compañía de su madre éste le requirió que le facilitara unos libros en latín y un diccionario de la lengua de Latio igualmente. En la primera visita en que escuchó de él la primera vez quedó sorprendido porque Ireneo podía recordar los hechos más nimios del pasado con una precisión que abarcaba inclusive la hora exacta. Cuando en la segunda visita recibió la petición de los libros se hizo la consideración de si un palurdo podía con sólo un diccionario entender una lengua que no había aprendido antes. Le envió para complacerlo “Historia Natural”, de Plinio, y un lexicón para probarle que esto no era posible. Regresado que fue en una tercera ocasión se sorprendió cuando el gaucho le comenzó a citar en el idioma de Cicerón todos los casos de efectiva y sorprendente capacidad de memoria de personajes citados por Plinio en su natural historia. Igualmente Funes tenía un proceso de asociación ilógica de la memorización de los números con nombres o conceptos que estaban lejanos del proceso matemático y que según él decía le hacía fácil retener una larga ringlera de guarismos aunque aquello -reconocía- no sirviera para nada. Y que además fuera ilógico. Es que Funes era un fenómeno de Nemosine, diosa simbólica de la memoria, y eso lo distraía en su invalidez forzosa pues vivía más dedicado a rememorar que a ver cosas inmediatas. Nadie -continúa Jorge Luis Borges- podría precisar en imágenes el movimiento que causa la palada de un remo en el agua lo mismo que donde otros captaban y recordaban el pecíolo de una hoja, que aquel Funes, el Memorioso, que podía reconstruir la forma de cada nervadura y su dirección y la línea sinuosa que suelen tener las hojas de los árboles pero aquello llegaba no a una sola hoja sino a todas las hojas del árbol y a todos los árboles que había visto en su vida. Deliberadamente oculté al principio de esta nota, que leí -la manera posible de escapar a la memoria es tratar de olvidar- en alguna hoja, esta vez libresca, que Borges, Jorge Luis, no podía dormir por su manía de querer recordar (onomatomanía) todo lo que leía y le leían y que en una noche de desvelos concibió el argumento de Funes, el Memorioso. Aunque pueda reafirmarse que el ámbito situacional de las narraciones de Borges son inatrapables como comentamos enantes, algo de razón hay en la idea de que Funes el Memorioso, bien puedo intitularse Borges el Memorioso. No obstante, esto no nos aclara el misterio de la memoria. Sábado, 4 de septiembre de 1999.
Curiosidades papales Sin duda, es el Papado la institución más antigua que ha guardado continuidad hasta nosotros, el aquí convertido en el siempre. De la lectura del libro “Lives of the Popes”, del escritor Richard P. McBrien, que vengo traduciendo, he escarmenado las siguientes curiosidades: Aunque la tradición mira a Pedro como el primer Papa, la primera lista de sucesión da como tal a Lino. Pedro fue sólo considerado obispo de Roma a partir de la finalizante segunda parte del siglo segundo o de la iniciación del tercero. Esto tiene como base que fue el primer discípulo llamado por Jesús. El papel electoral del Colegio de Cardenales data sólo de 1059. Antes de esto, el pueblo de Roma elegía al Papa, puesto que él era el obispo de Roma. Establecido que Lino es hoy el segundo Papa en la lista, tenemos a Anacleto, su verdadero nombre, que significa en griego “libre de culpa”. Dado que era nombre común para esclavos es posible que ese fuera su origen social. El Papa sirio Aniceto prohibió a los clérigos usar el cabello largo. Víctor I fue el primer Papa africano. Hubo varios. Se cree que San Melchiades y Gelasio I también lo fueron. Dámaso I fue hijo de sacerdote y Papa. Pero Inocencio I sucedió a su padre en el Papado. El Papa Bonifacio I expresó el siguiente axioma: “nunca ha habido norma que haga a la Sede Apostólica reconsiderar sus decisiones”, lo que de manera más familiar se traduce como: Roma Locuta Est: Causa Finita Est. La enfermedad de Sisinio, sirio, era tal que la gota lo invadió hasta el punto de no poder alimentarse él mismo. Sus manos eran inservibles. Fue un Papa de alto valor moral y sensibilidad social. Era añoso y falleció a los veinte días de su consagración. Gregorio III, sirio por nacimiento, fue aclamado por la multitud en el funeral de Gregorio II, llevado de Letrán y elegido Papa. Zacarías fue el último Papa griego y también el último en mandar una notificación a la Corte Imperial Bizantina y al Patriarca de Constantinopla. Esteban III, independizó al Papado del Imperio Bizantino y lo puso en la órbita de los francos, así el Papado sale de la influencia oriental y pasa a depender de la occidental o romana. Otra lista lo cataloga como el segundo de ese nombre. Adrián II, casado antes de su ordenación, era Cardenal-sacerdote de San Marcos de Venecia, era tan respetado que fue elegido dos veces antes de la definitiva, pues declinaba las elecciones y finalmente sólo acepró porque no se ponían los electores de acuerdo para poner un Papa en el Solio de San Pedro. Había tres clases de Cardenales: Cardenales-obispos, Cardenales-sacerdotes y Cardenales-diáconos. 22 de septiembre de 1999.
El sillón de magistrado del General Santander Por estas calendas se conmemoran ciento cincuenta y nueve años del fallecimiento del general Santander, tan bien historiado por doña Pilar Moreno de Ángel, para subsanar un enorme vacío en la historiografía neogranadina y colombiana, no obstante las distintas y numerosas publicaciones que se han hecho, contando entre estas las impulsadas por el gobierno del Presidente Barco desde una dependencia oficial para honrar a su paisano y antecesor histórico en el gobierno de la República. Una buena tarde un compañero estudiante, Antonio Pinedo Bárcena, me dijo que había estado con una amiga de estudios de él en la casa de don Eduardo de Heredia, situada en la zona de Chapinero cerca de los cerros bogotanos, sobre la Avenida Séptima, que allí continuaba, pero en la calma que aún regía en el barrio para esta época; invitados, fuimos a una casa de estilo cuasicolonial, según puedo aún recordar, y avisada, sin ningún protocolo, nos atendió doña Cuca, creo que se llamaba Constanza o algo así, que había sido suegra de la amiga de mi compañero, que había quedado viuda muy joven por un fatal accidente de tránsito de su hijo, hermano del pianista Eduardo de Heredia, descendientes, según me dijo la amable señora, del fundador de Cartagena, don Pedro de Heredia. Doña Cuca era una ancianita doblada por la lordosis hasta la cintura, de una amabilidad exquisita, que no obstante ser nosotros unos muchachos estudiantes no tuvo empacho en abrirnos las puertas de su casa, llena de colecciones históricas que su marido, también llamado don Eduardo de Heredia tenía, convirtiendo la casa en un Museo. Pues eso era la casa, particularmente la sala, llena de cosas antiguas y bellas. Su marido, gran amigo del doctor Santos, era con éste uno de los más grandes admiradores del ilustre cucuteño. El mencionado Presidente Santos fue uno de los más grandes patrocinadores de los distintos museos, especialmente del que radica en la llamada Casa del Florero, en la esquina nororiental de la Plaza de Bolívar de Bogotá. Cuca, la ancianita, cuyas arrugas eran tantas que se parecía a las señoras que dice Camus que acompañaron el sepelio de la madre de Mersault, en su obra “El extranjero”, (la traducción exacta es “El extraño”), nos llevó hasta el sitio donde emocionada nos dijo que estaba el sillón del general Santander, en cuyo espaldar, tallada en madera estaba su heráldica: un sable sobre el cual reposaba un libro abierto, el de la Constitución. Acto seguido nos decía que las directivas de la Escuela de Oficiales General Santander lo querían para encerrarlo en una urna, en la sede de la benemérita institución -donde creo que está hoy-. Así será, decía la buena señora, pero cuando yo muera, pues ahora es la pieza que mi finado esposo quería más. Además, allá, -decía- estará en una urna donde será convertida en objeto de museo y ya nadie podrá sentarse en ella, y los viejos - remató- nos acabamos cuando ya nadie nos utiliza. Al decirle, sin impertinencia alguna, que allá estaría seguramente muy bien cuidado, y sería cuasi-eterno, nos preguntó de pronto que qué estudiábamos y al responderle timídamente que Derecho, nos invitó coquetamente a que nos sentáramos en el sillón del llamado <Hombre de las Leyes>. Si nos sentamos o no, plenos de emoción y de respeto, ¡quiero callarlo! 29 de septiembre de 1999.
Günther Grass: “El Rodaballo” y “El Tambor de Hojalata” Günther Grass ha sido elegido Premio Nobel de Literatura de 1999. Sin duda, los ejes de su obra literaria son “El Rodaballo” y “El Tambor de Hojalata”. “El Rodaballo” es la historia del acontecer histórico de la humanidad narrado por un pez, el rodaballo, que vive en el cieno de una ría en el Mar Báltico. Con sus ojos en un mismo eje, este pez aplanado, teleósteo, del suborden de los anacantos, que vive sujeto al fondo y que testimonia el devenir o el acaecer histórico, desde el período neolítico hasta épocas tan relativamente recientes como la invasión de los ejércitos napoleónicos a Europa del Este. “El Tambor de Hojalata”, es el relato de un niño que nace por casualidad, ya que sus abuelos se conocen por azar, su abuela, miembro de una minoría étnica, recogía papas cuando su abuelo huía de la policía y se le coló debajo de la falda de múltiples polleras, mientras que ella desorientaba a la policía, y la copuló allí mismo en una noche helada. Este niño, Oscar Matzerath, no quiso, al nacer, crecer más. Se fue convirtiendo en un enano, en sujeción a lo que hoy llaman el sindrome de Peter Pan, el no llegar a adulto para evadir la confrontación con los problemas de la existencia. De allí en adelante cuando lo irriten o quieran los demás imponerle algo gritará en un crescendo que fracturará vidrios, después de que en una ira se percató de que tenía ese poder de elevar agudísimamente su tesitura. En las dos novelas referidas, sus dos obras maestras, Grass narra en bella prosa constelada de metáforas y otros tropos literarios, no exenta de cierta amargura e incluso de cinismo sobre la existencia del Hombre. Llama la atención el que muchas de sus obras literarias -también ha escrito teatro y poesía-, lleven nombres o títulos de animales, o que estos, dentro de la figura denominada prosopopeya asumen, como entre los fabulistas, una valoración y un actuar humanos. En “El Rodaballo”, la presencia de la mujer es una constante, ella es la <Madre Nutricia>, la <Mater Nutrix>, que los romanos y otras culturas endiosaron, ya sea la esteatopígica y prehistórica Venus de Willendorf o ya aparezca la mujer como la mítica cocinera que aparece durante las guerras napoleónicas, que alimenta con sus mágicas recetas a todo un ejército de gentes creando la magia de la Cocina. El lector nunca debe olvidar que la obra de Günther Grass al modo de las novelas de los utopistas ingleses, Swift o Defoe, tiene varios niveles de lectura: arriba, el lineal, sugerido por el tema o la anécdota, carente de juegos con el tratamiento del tiempo literario, y abajo, subliminal, el tratamiento o visión política, dentro de la concepción de la “novela-río”, que plantea el relato de manera total, como lo es la vida misma del Hombre sobre la Tierra. Sábado, 9 de octubre de 1999.
Erick Bozzi Anderson Amigo, cuando recuerdo tu amplia sonrisa de viking me imagino que entras gozoso en el Walhalla de la poesía. Pero, tu saga la escribiste en otro mar, en este Caribe desaforado que vio cruzar tu medio siglo apenas; mezquina edad para la larga que mereciste vivir. Escandiendo versos en este mar del cual dijiste en uno de tus versos que era el único mar azul del mundo. Nunca supe cuán cartagenero fuiste hasta que hiciste tu poesía, pues la ciudad está presente en toda ella. Releyendo el cuadernillo de la “Caterva”, Literario 3, encuentro que le dedicas a Rodrigo Palacios los siguientes versos premonitorios:
“Ahora amigo/ que hemos amado/ y que ya sabemos mentir/ te prometo que cuando mueras/ cuidaré de tus hijos.
Dejaste de lado todo por tu afición a la visión modernista que Cartagena con sus lugares de bohemia, incluido Rolando Laserie, te producía. “Soledad, yo soy tu amigo, ven que vamos a charlar”, son los lugares de tu referencia a la amurallada ciudad. Tu irreverencia para con ella y sus costumbres eran sólo otra cara de la admiración. Con tu humor corrosivo le rendías homenaje. Lo dijiste todo en tu poema “Curriculum vitae”: “Veedor de la luz en el Caribe, mal hijo y mal padre pero hijo y padre, sin enemigos propios, sin propósitos de enmienda (si fuiste negado para la doblez y la falsía)), sin propósitos de ninguna clase, aprendedor del silencio, adorador del silencio, practicante del silencio y rétor que enseñaba que: “ojalá nadie hablará nunca”. Tu “Curriculum Vitae” también fue tu manera de testimoniar que la vida está ante todo y sobre toda otra cosa. Moriste en la inanidad del movimiento. Viviste con la memoria, con los ojos azul metálico con que matabas la intensidad de nuestra luz tropical. Estabas hecho para ver mejor los objetos en la noche, pero no te sustrajiste a la contemplación del día. Jesucristo y Odín debieron recibirte al entrar impetuoso en el reino de las sombras donde ángeles y Ases comparten y celebran tus espontaneidades de niño que nunca creció, beberás con ellos un vaso de caña y bailarás un bolero mientras te dirás a tí mismo con un tono bisojo:
“¿Porqué le torció el Diablo la torre a la Iglesia de Santo Domingo?”.
Aun en la afasia final hablaste con claridad, como el submundo a donde bajaste, derritiendo tus claras pupilas en el resplandor, como un iceberg de tu parcial Skandinavia se derrite en su deriva final al trópico que lo convertirá en clara linfa. Jueves, 20 de octubre de 1999.
La poesía nació en Grecia. La poesía nació en Grecia. Al menos la poesía que hemos dado en llamar occidental, dentro de la cual hemos estado antes de que la ‘liberación’ poética aboliera toda la tradición en esa materia, eliminando la rima y la métrica la mayoría de los poetas cultores del versolibrismo. Y en algunos casos del facilismo, tanto el formal como el de contenido. El primer poema de cultura conocida es el poema épico ‘Gilgamesh’, perteneciente a los antepasados de árabes y hebreos, los sumerios. Aunque de carácter épico no deja de hacer menciones a distintos tópicos o temas de validez universal en el campo de la poesía. Grecia, decíamos, inventó hasta el nombre, <poesii>. Muy amplio, porque describía a quien trabajaba con la cabeza, o mejor, con las ideas. Era el mundo de la conceptuación. La otra parte del conocimiento o quehacer humano era la “tecné”. La poesía era, pues, mester aristocrático, en cuanto que el autor no trabaja manualmente. Y claro, caía en ser por lo mismo cortesano, siempre buscando un Mecenas que lo favo-reciese. Todos los poetas buscaban su arrimo a la sombra de un árbol frondoso que los cobijara, es decir, el trato con los poderosos; ¿porque qué más les quedaba si no tenían, como dicen, ni tienda ni hacienda? De allí que Silva quisiera, también él, hacer ‘platica’, pero no por la platica sino para seguir haciendo versos. Fue el ‘poesii’ puro de la literatura colombiana y creo que lo seguirá siendo. Y más lagarto que Darío, aunque también excelso poeta, nacer no pudo en América. Afortunadamente hallaron en este sitio (la casa de Dr. Núñez) que los congració, y que no les dijo como a Cervantes el rey al pedir un puesto en Cartagena que lo buscara ‘aquí entre nosotros’, (en España), para hacerle merced, y lo dejara al fin como al coronel en la obra de García Márquez, es decir, esperando. Pero volviendo al tema de la poesía griega que es nuestro tema del ‘piscolabis’ de hoy, digo de la tertulia de hoy, digamos que para mejor entender este lío de situarlos en el tiempo citaremos, como siempre se hace, a Grecia antes de la <Democracia> (ateniense), siglo V a. de J.C. y añadiremos que después del derrumbamiento de este intento, parcialmente logrado incluídas sus frustraciones: La tiranía y el populacherismo. Es decir, dos formas de la tiranía. Esos poetas que comentaremos parcamente hoy haciendo lectura de algunos de sus poemas son ocho. A saber Ar-quíloco, que era muy cuerdo, como veremos adelante; Tirteo; Alceo; Safo, a quien tenemos como invitada especial para complacer a la audiencia femenina por razones obvias y a la masculina por obvias razones igualmente. Simónides de Ceos o Kíos; y al anacreóntico Anacreonte, un exquisito sinvergüenza, amante y precursor de los temas que llamaría también la atención al persa Omar el - Kheyyam; Baquílides; Teócrito y al greco-libanés Meleagro, griego mestizo, probablemente nacido en las playas del Líbano actual. Hasta el período griego de Alejandro siempre se cantó la poesía. Ya fuera con la lira de Bécquer o la cítara actual de Ravi Sankar siempre había un instrumento acompañante. O la guitarra (mejor, su antecesora) de los Beattles, que no nos gustaban cuando teníamos veinte años pero ahora sí. Siempre buscando el pasado, y la idea de que lo pasado fue mejor es una de las constantes del ser poético, sumado esto anterior a la idea de lo efímero que es la belleza y la vida misma.Muchos de ellos (los poetas citados) dirán versos donde muestran esa desazón.También los renacentistas Quevedo y Góngora, que pusieron de moda a Anacreonte y a otros poetas durante el siglo de oro de las letras españolas. Góngora decía “ayer naciste y morirás mañana, para tan breve ser quién te dio vida, grosero aliento cortará tu tallo, etc. etc.” ¿Y qué decir de los versos de Quevedo a las amadas muertas y al grande y poderoso Girón, duque de Osuna, de quien fue su secretario en Nápoles, cuando a los españoles no se les ponía el sol ni siquiera a las espaldas? Varios de ellos son anteriores a la democracia ateniense y sólo uno apenas es anterior un siglo antes de Cristo, y en cierto sentido y modo es su paisano, cuando la gran Fenicia incluía a Palestina. Anacreonte vivió largamente como Sófocles, y al morir, ya vino la tiranía de que hablábamos al comienzo de esta charla. Y Baquílides fue tío de nadie menos que del gran trágico Esquiles, rival en la justa teatral del gran Sófocles. Teócrito desarrolló su poesía en Egipto aunque griego de etnia, pues nació en Cos. Decía Platón, que fue poeta, en “República”, su libro de política, que los poetas debían desterrarse de la misma, por embusteros y fabuladores en los que no se puede creer, e iniciaba la diatriba nada menos que contra el ciego Homero. Pero resulta que Platón fue fundamentalmente un poeta, y basta leerlo para convencernos de ello sus diálogos, y yo diría que cuando diseña la ciudad ideal y la ordena hasta en sus calles muestra algo que es de los poetas, el orden contrapuesto al caos, al menos de cierto tipo de poetas.La mala fama de los poetas comenzó literalmente allí, con una cuña del mismo palo. Bueno, es verdad que algunos de ellos han sido ‘malditos’. Pero, en fin, eso es asunto de ellos. Pero volvamos a Grecia muerta y viva aún, para quienes como nosotros aún hablamos de ella a pesar de la sorna burlona de algunos. Los griegos fundaron la poesía, es decir, los metros y el tipo mismo de poesía también. Así, la oda para celebrar, el epinicio o canto triunfal; el peán, canto de guerra para darse calor en la batalla ante el frío natural de la cobardía; el lirismo puro para cantar al Amor; la elegía o el treno, para como hacen aún los pueblos primitivos, llorar ante la derrota o sobre el cadáver de Agamenona Atrida, como lo hizo su hijo Oreste llevado de sus hermana Electra; la sátira, para dar “clavo”, como hacía el que con don Rafael Núñez escribió la del 86, el señor Caro de sus amigos, el que dijo de Marroquín aquello de ‘cintica azul y proceder villano’ y gran demócrata, llamado el Menéndez Pelayo nuestro. La égloga y la bucólica, asociadas al amor a la vida rural, lo mismo que el idilio, término que tanto molestaba a Jorge Isaacs aplicado a su novela ‘María’. Uno nunca ha leído un poema tan largo como la “Ilíada”, pero lo es y no una novela en verso, como cualquier despistado podría creer. Y aunque esté en prosa versada es verso auténtico. Verso contador de historias. Y ahora quiero decir que los poetas y la poeta -no le gustaba a Lucila Godoy ser así llamada- Safo, quien ha dado muchas sospechas de tipo anfibio; tiene sus detractores y quienes dicen que todo es un gran chisme pues fue mujer unívoca y de gran alma y talento. Pero ahí tenemos a la Navratilova, vestida de blanco y millonaria. Todos los poetas quisieron, y estos también además de cantar, buscar el melós, decir algo, trasmitir alguna idea. Así, hay poemas filosóficos, no tan pedregosos y duros como los del Dr.Núñez ni como los de Heráclito el Oscuro, por cierto. Poemas hay sobre el amor inmediato y el soñado; sobre la delicia de estar vivo -recuérdese aquello de que más vale perro vivo que rey muerto, frase que nos endilga Homero en su obra. Poemas a lo Omar-el-Kheyyam, sobre el vino y el amor sexual y orgiástico y hasta el ‘gay’. Pero incluye poemas a cosas como jarras y copas y otros objetos y temas que podrían servir para ejemplificar bodegones pictóricos, cosas todas de uso práctico y cotidiano, y tal vez de allí sacó Dante asunto para su ‘Comedia’, que hoy nos parece culta depués de los siglos pero que en su época la entendían hasta los carniceros, dadas sus sencillas metáforas, recordemos aquella de ‘e caddi come corpo morto cade’, y ‘caí como cae un cuerpo muerto’). Todos los temas, pues, se cantaban y se trasmitían en verso hasta cuando aparece el diálogo y la apologética como escritos políticos y defensivos, y el escrito judicial amén del ensayo, logrado también por primera <vez por el viejo Plato y Aristos, ¿porque qué otra cosa son los ensayos que escribieron bajo el nombre de diálogos?. En los suyos el Estagirita coqueteó entre la metafísica y la física hasta lo último, quiero decir, hasta su muerte. Antes de los colosos ya nombrados los filósofos escribieron en verso sus sistemas y fueron al tiempo poetas. Poco a poco, sin embargo, la poesía perdió el envión inicial y el escrito científico la dejó en el campo como solitaria flor de la poética y de la estética, es decir, del arte puramente considerado, hasta hoy en día en que la misma se debate con trágico aleteo de mariposa atrapada, que se quiere liberar sin antes perder algo del polvillo que les cubre las alas. Pero, en fin, después de las tinieblas viene la luz, ya lo vimos con el paso del huracán Joan; y siempre habrá poesía, ya lo dijo Bécquer. Dominical de El Universal, domingo. 31 de octubre de 1999.
El Acta de Independencia La historia política colombiana comienza el 16 de marzo de 1781 con la redacción de las “Capitulaciones de los Comuneros”. En dichas reivindicaciones económicas se vislumbra el deseo, aún impensado, de una revolución política que condujera a la independencia respecto del poder imperial y colonial español en América establecido desde el momento mismo del Descubrimiento hasta la fecha del 11 de noviembre de 1811, en que de manera solemne se consagra la <Independencia Absoluta de Cartagena>. Entre el documento público comunero y el “Acta de Independencia Absoluta de Cartagena” se sucedieron cronológicamente hechos de tanta trascendencia como la “Traducción de los Derechos del Hombre”, de don Antonio Nariño; las “Reflexiones de un Americano Imparcial”, de don Ignacio de Herrera, y el “Memorial de Agravios”, de Camilo Torres. Seguidamente la “Representación del Cabildo de Santa Fe a la Suprema Junta Central de España”. El primer “Acta de Independencia” fue el de Socorro (Santander) seguido del “Memorial del Socorro al Virrey”. El día 20 de julio de 1810 hubo Cabildo Abierto en Bogotá, y una junta interina dictaba una nueva Constitución Política. Basada en la libertad y la in-dependencia dentro de un sistema federativo, cuya representación debería residir en Santa Fe de Bogotá. Pero en este Acta los firmantes protestaban no abdicar de los derechos que ellos juzgaban imprescindibles de la soberanía del pueblo a otra persona distinta a Fernando VII, “Siempre que viniera a reinar entre nosotros”. Cartagena en su “Acta de Independencia” es la primera Provincia que de manera solemne consagró la “Independencia Absoluta” de España. El texto del Acta que prologamos, es el más enfático y claro de todos los textos producidos hasta ese momento en Nueva Granada. Enfoca los sucesos españoles de ese momento como plenamente justificativos de la causa de la independencia americana. Se rechazaron los reconocimientos a la corona y sus derechos. Seguidamente se formó gobierno propio. La actitud de Cartagena hizo posible el que Bolívar dirigiera, después de la derrota de Puerto Cabello, desde ella, la lucha por la independencia. Le trajo, igualmente, el trágico destino de ser víctima de las represalias contra sus ciudadanos y debió además soportar un asedio heroico donde el famelismo masivo y el fusilamiento individualizado coronaron la rosa sangrienta de la “Pacificación” de don Pablo Morillo. Jueves, 11 de noviembre de 1999.
Lincoln oró en Gettysburg Discursos políticos existen muchos. Y dentro de los buenos del género los hay gloriosos y didácticos para que la masa continúe la tradición de la excelencia en el amor a la Patria y a sus defensores, como el que profirió el arconte Pericles con motivo de la celebración en “Loor de los muertos en la guerra del Peloponeso”. Texto sublime, trascendental, piadoso y empático con el público, citado por el historiador Tucídides -homónimo del archienemigo del presidente arconte Pericles en ejercicio del gobierno- en la obra “Historia de la guerra del Peloponeso” que compuso. Cicerón, con la “Catilinaria I” oró de manera metódica -desde el punto de vista de la dialéctica- de quien ejerce el mando contra Lucius Sergius Catilina, de manera híspida, hipócrita (le amenaza, al mismo tiempo que le dice que sería incapaz de ello), prepotente, cuando le comunica en el recinto en el cual están reunidos como Senado que está rodeado de doble guardia, y además se burla de él diciéndole que cuándo se convencerá de que lo que él supone un complot clandestino es para él -Cicerón- un secreto a voces. Cuando Demóstenes en su “Tercera Filípica”, del año 341 a. C. recordaba a su pueblo que lo que había dicho en la “Segunda Filípica”, tenía ahora visos de inmediatez, le hizo ver a los atenienses que ellos estaban inmersos en la extraña situación de creer en una paz -con Filipo de Macedonia- que no existía en la realidad sino en la flojedad de carácter. Pero, al menos, tan ardido y vehemente discurso tuvo esta vez los efectos inmediatos, que no obstante no obtuvieron éxito en la guerra que Atenas perdió en el año 338 a.C. contra el macedón. Demóstenes había tenido razón antes pero sus gritos de: ¡El lobo, viene el lobo! no habían surtido efecto alguno. Los anteriores discursos -las Filípicas- son igualmente piadosos, vehementes, exhortativos, entre otras categorías. Todos son relativamente largos comparándolos con el “Discurso de Lincoln en Gettysburg” que consta de sólo 271 palabras en el original inglés, que está a la vista en mi escritorio, oración dada por “Honest Old Abe”, como se le llamaba popularmente, en la inauguración del Cementerio Militar de Gettysburg, cuatro meses y diecisiete días después de la victoria definitiva de Meade, de 3 de julio de 1863, hace, este 19 de noviembre de 1999, cienta treinta y seis años de ello. He aquí dicha pieza oratoria: “Hace ochenta y siete años que nuestros padres establecieron en este continente una nueva nación concebida dentro de la libertad y dedicada a la idea de que todos los hombres son creados iguales. Ahora estamos empeñados en una gran guerra civil, probando lo que esta nación o cualquier nación así concebida, y así dedicada puede durar. Nos encontramos en un gran campo de batalla de esa guerra. Hemos enviado a dedicar una porción de tal campo como sitio de reposo final para aquellos que aquí dieron sus vidas para que esa nación pudiese sobrevivir. Es justo y apropiado que lo hagamos. Pero, en un sentido más amplio, no podemos dedicar -no podemos consagrar- no podemos bendecir. Los bravos, vivos y muertos que aquí han combatido, lo han consagrado muy pronto encima de lo que nuestras pobres fuerzas puedan agregar o disminuir. El mundo notará muy poco y no recordará por mucho tiempo lo que digamos aquí. Pero no puede olvidar lo que aquí se hizo. Nosotros los vivos debemos dedicarnos más bien ahora al trabajo inconcluso que aquellos que aquí combatieron han tan noblemente comenzado. Es mejor que nos entreguemos en adelante a la gran tarea que queda ante nosotros, que de estos honrados muertos tomemos fervor creciente por la causa a la cual ellos dieron la máxima medida de devoción -que resolvamos aquí, por lo alto, que estos muertos no han fallecido en vano- que esta Nación, bajo Dios, tendrá un nuevo nacimiento en la libertad y que el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo no se extinguirá de la tierra”. Sábado, 20 de noviembre de 1999.
EL DISCURSO DE LINCOLN EN SU VERSIÓN ORIGINAL INGLESA, QUE INSERTO A CONTINUACIÓN, FUE UN OBSEQUIO DEL MÉDICO MIGUEL CAMACHO-SÁNCHEZ.
LINCOLN’S GETTYSBURG ADRESS Four scores and seven years ago our fathers brought forth on this continent a new nation conceived in liberty and dedicated to the proposition that all men are created equal. Now we are engaged in a great civil war testing wheter that nation or any nation so conceived and so dedicated can long endure. We are met on a great battlefield of that war. We have come to dedicate a portion of that field as a final resting place for those who here gave their lives that that nation might live. It is altogether fitting and proper that we should do this. But in a larger sense we can not dedicate –we can not consacrate- we can not hallow this ground. The brave men living and dead who struggled here have consecrated it far above our poor power to to add or detract. The world will little note nor long remember what we say here but it can never forget what they did here. It is for us the living rather to be dedicated here to the infinished work which they who fought have thus far so nobly advanced. It is rather for us to be here dedicated to the great task remaining before us that from these honored dead we take increased devotion to that cause for which they gave the last full mesure of devotion that we here highly resolve that these dead shall not have died in vain –that this nation under God shall have a new birth of freedom -and that government of the people by the people for the people shall not perish from the earth. Abraham Lincoln Nov.19, 1863.
“El Pabellón de Oro”, Novela de Yukio Mishima Lo vio desde niño cuando su padre, monje budista, se lo mostró. Desde ese día ya no pudo encontrar la “Belleza” en otra parte sino en él. Y con el tiempo se le hizo una obsesión.Y, diariamente, iba a satisfacerla contemplándolo erguido, como altísimo crisantemo, que en la altura del aire parecía una versión japonesa de la “Escala del Sueño de Jacob”. Y por allí, él quería subir al firmamento. Todo estudio, toda experiencia la adquiría pensando siempre en el magno edificio. Creció con los años y entró, como todos, en la complejidad de la vida pero nada le llenaba. Su “Pabellón de Oro” era su única admiración y también su único deseo. Anteponía a su conocimiento de la Mujer y de la Amistad su secreta complacencia en la maravillosa arquitectura, que se recortaba en el azul como una artificial seta, con sus varios pisos y sus techos cóncavos, semejantes a faldellines en el cuerpo esbelto del “Pabellón de Oro”, Aquella obsesión excluía de su mente toda otra emoción, o mejor, las resumía en sus muros de madera y en sus techos, que se reflejaban en el agua limpia y pura del lago vecino. Sin duda, la idea de los arquitectos al haberlo construido era condensar el arquetipo, que señalara las imperfecciones posibles de los otros templos, y la didáctica de los templos por hacer. Y lo habían logrado en su criterio. Pues juzgaba que el “Pabellón de Oro” era el súmmun de la “Belleza” en lo hecho por el Hombre, y aun de las creaturas de la naturaleza misma. Lo único que le molestaba era que su vida, fuera de la admiración del pabellón, era triste y vacía, pues este absorbía toda su potencia anímica, de manera apasionada. Llegó a sentir celos del “Pabellón de Oro” que concentraba toda su atención, y que le hacía desdeñar cualquier otra cosa. Su vida era vacía, pues el “Pabellón de Oro” era inalcanzable, como todo desideratum o ideal, y su amor por él le hacía desear poseerlo. Lo cual era imposible y lo era cada vez más, en cuanto a que su admiración por el Pabellón de Oro crecía en la medida de su deseo creciente e inalcanzado. Él sabía que el pensamiento clave que él debía cultivar era el de no desear algo, pues era la fuente del deseo el motivo de su sufrimiento. Pero nada podía hacer para ceñir su pensamiento a ese canon de orden pues era para él el Pabellón de Oro el arquetipo de los arquetipos. Poco a poco, fue surgiendo en su mente un deseo de liberación y pensaba en que el único modo de lograrlo era quemar, como el antiguo, el objeto de sus amores: el Pabellón de Oro. Así, pensaba, este ya no le molestaría más como objeto inalcanzable de su vida, y vendría la paz para él por fin. Pero, era una idea que reñía con su naturaleza de esteta, y se debatía entre esos pensamientos funestos. ¿No sería mejor que él se fuera lejos del Pabellón de Oro y así este no existiría para él, igual que si el Pabellón desapareciera? Sábado, 27 de noviembre de 1999.
“La Orestíada” de Esquiles Esquiles, por su mentalidad, representa la escuela “arcaica” del teatro griego. Su “Orestíada”, compuesta de tres obras, “Agamenón”, “Coéforas” y “Euménides”, es la única trilogía supérstite del teatro griego antiguo. Recientemente el grupo de teatro TPB presentó dicha obra en el Teatro Heredia. Este grupo teatral es uno de los más antiguos del país como que tiene treinta años. Vino a Cartagena para dos grandiosas representaciones desde Méjico, pasando por Barranquilla y Caracas, en un paseo teatral triunfal de fin de año. La gelidez del Teatro Heredia, debida a su sistema de refrigeración, contrastaba con la calidez de un público que premió con grandes salvas de aplausos el despliegue maravilloso de vigor y exactitud de la obra del gran trágico. El primer segmento, -“Agamenón”- narra la historia, ya legendarizada, del rey de los argivos que sale en su escuadra para ir con sus reyes confederados a la guerra de Troya. Y se ve forzado a sacrificar a su hija, Ifigenia, para invocar un viento favorable para el zarpe de la flota. Al volver victorioso, su resentida esposa, Clitemnestra, en compañía de Egisto, primo de Agamenón, su amante, venga la muerte sacrificial de su amada hija Ifigenia, en el baño, cubriendo al “Ánax”, con una paralizante red. Electra instiga para que Orestes vengue al padre común, y las Erinnias lo persiguen para castigarlo por su matricidio. Orestes acude a la protección del dios Apolo y de la diosa Atenea. El tercer segmento de la trilogía es un interesante diálogo dramático entre el coro de las Erinnias que dicen: “que les sea entregado quien desde su cuna fue adobado para su mesa”, es decir, Orestes, dentro del sino establecido desde cuando Atreo, su abuelo, mató y guisó a sus sobrinos -hijos de Tiestes- y convidó a este último a un banquete con esas viandas nefandas. En el tercer drama, Atenea convoca a un alto tribunal de ciudadanos para que juzgue a Orestes por la muerte de su madre Clitemnestra, ante la protesta de las Erinnias que sostienen que las leyes las dan a ellas como sancionadoras del horrendo delito. Apolo es el defensor de Orestes, de quien dice que con su matricidio ha castigado a la asesina del rey -personaje sagrado-, su padre Agamenón.Y sigue Apolo diciendo cómo la muerte del Rey es delito más grave que la de la muerte de la propia madre, pues es el varón quien engendra los hijos, y que la madre sólo es la tierra abonada para esa simiente, y pone como ejemplo en presencia de Atenea el hecho de que esta nació sólo de padre ya que Zeus la parió por la cabeza, pues ante sus insoportables dolores Prometeo (según Eurípides) o Hefesto (según Píndaro) con un hacha le abrió la testa, y que de allí había salido Atenea, ya armada. Esto, pues ella era epitetada en esa advocación como “Prómaca”, la “Guerrera”. Las Erinnias o Furias sostienen -por el contrario- que el crimen mayor que puede cometer un hombre sobre la Tierra es el asesinato de la propia madre. Sometido el litigio a votación de los ciudadanos con la advertencia de Atenea, de que si aquella resultaba en un empate, Orestes será declarado inocente. Así ocurrió, y motivó a las Furias (Erinnias) a que en un proceso de conversión pasaran de ser las “Vengadoras” a ser las Euménides (las “Justicieras”), mostrando que Esquilo conocía el desarrollo del Derecho griego desde la época arcaica hasta su propio tiempo -siglo VI a.C.- en que comienza el desarrollo pleno de las Instituciones griegas. Esquilo murió de edad de noventa años, y de tal vez la causa de muerte más eventual de la historia: le cayó una tortuga en la cabeza al zafarse esta de la garra de un águila que la había atrapado. Jueves, 2 de diciembre de 1999
Don Peripatético Buséfalo En esta ocasión don Peripatético sale en bus (con aire acondicionado) desde su casa hacia el centro de la ciudad. Va, como decían hace unos buenos años ya, a “bajar al centro”, expresión hoy en desuso. Aunque Bucéfalo se llamaba realmente el caballo de Alejandro Magno, en la germanía o argot cartagenero, significó (¿significa aún?) bus, en esa alegra academia de los costeños hacia el lenguaje. Pues bien, don Peripatético Buséfalo (tal vez queda mejor escrito así, con “s”) mandó, con una señal displicente de la mano, a que parara el bus indicado. Entró en él muy modosito y, como siempre que puede optar por sentarse adelante, asi lo hizo. Ofreció pagar (con una moneda de mil, tan útiles en esta estagflación) pero la azafata o cobradora del bus iba muy sentada en la magnífica silla del copiloto del bus –con una excelente vista posible gracias al magnífico vidrio panorámico del vehículo- y ni siquiera se amoscó. Iba comiendo melcocha, o “arropilla”, como se llama a ese tubular dulce en Barranquilla, seguramente por la voz “arrope”, dulce, que en Andalucía denominan “arropía”, melcocha. Don Peripatético esperó entonces muy comedidamente el momento en que la azafata o cobradora –vestida de melcocha y verde- se dignara cobrarle. Ella, después de una paciente espera, le estiró la mano cuán larga la tenía y don Peripatético, paciente ususario del bus, extendió la suya también cuán luenga era, pero siendo la distancia un poco mayor que los dos brazos extendidos no dio la extensión de aquellos lo suficiente para que don Peripatético Bucéfalo depositara la útil moneda de mil en la mano de la azafata o cobradora del bus. ¿A quién le tocará levantarse –se preguntó don Peripatético Buséfalo muy educadamente para sí- recoger la moneda que ha caído en el pasillo del bus? Pero la belleza de las flores que iba mirando por la ventanilla de vidrio polarizado que resaltaba los colores de aquellas, al servir de filtro contra la fuerte luz natural de estos días decembrinos lo distrajo prontamente de pensar en dicho “pleito chico” –recoger la moneda caída- cuando la azafata le tocó el hombro que daba al pasillo y le llamó la atención para darle las vueltas de la ya recogida moneda de mil. De vuelta a su observación –don Peripatético ha descubierto, transpuestos los años de su vida hacia la madurez, que él es lo que la literatura mística llama con tanta precisión como acierto un “contemplativo”. Contemplación que don Peripatético Buséfalo sólo pudo encaminar, tras tantas interrupciones, hacia el esfuerzo visual necesario, pues aunque no quisiera, no siendo él sordo del todo, llegó a sus sentidos un ululante canto Vallenato que entre la pobreza de la voz del “cantautor” y algún daño en uno de los circuitos de salida de la música (wafles) no pudo precisar si era “La gota fría”, al menos el aire del bus lo era bastante, o si el chófer era Francisco el Hombre cantando el número de la placa: “039”. Pero don Peripatético se dijo filosóficamente a sí mismo: “Bueno, antes era distinto al presente de hoy”, y a pesar de la melcocha, de no levantarse a cobrar la cobradora y este concierto vallenato forzoso mucho es lo que los buses (algunos, a $800) han mejorado desde los días del Bachillerato, finalizados con un doble de cine en el teatro Padilla (por prudencia no lo digo) o en el Rialto, (indigno “puente de los suspiros” ante la soez vulgaridad mayoritaria de su público). Cuando para llegar en bus a las seis y media había que de Manga salir con hora y cuarto de antelación. Por eso no me quejo –se dijo don Peripatético Buséfalo suspirando-. Jueves, 9 de diciembre de 1999.
Germán Arciniegas en Cartagena Dentro de las situaciones encaminadas a preparar a las gentes mediante la prensa y sus escritos, libros en proceso de publicación, constitución de comités para tal efecto y lemas para denominar con una nueva óptica cultural y etnológica la llegada de Colón a Guanahaní en 1492, hecho que se ha denominado históricamente el “Descubrimiento de América”, corría en el año de 1985 una expectación en América toda. Muchas de esas circunstancias tenían a Germán Arciniegas como centro, ya que había manifestado querer llegar hasta esa fecha del Quinto Centenario. Pero aún le faltaban siete años, pues nacido en 1900, sólo contaba con ochenta y cinco. Así las cosas y en los días previos al doce de Octubre de 1985 pensó la “Corporación Tecnológica de Bolívar” en invitar a Cartagena a una persona tan vinculada a esas circunstancias como el autor de “Amerigo Vespucci” y “América en Europa”, en donde escribía sobre el tema de América influyendo en Europa, su tesis con relación a este asunto, y su descubridor preferido el florentino Vespucci. Me correspondió presentarlo ante un público que abarrotaba el Auditorio de la sede de Manga de dicha institución, dentro de las funciones de un modesto cargo cultural que allí orientaba quien esto escribe. El tema, naturalmente, escogido por el Maestro Arciniegas fue el del “Descubrimiento de América”, contado con gracia y salero (hay algunos conferencistas que asumen un tono de arenga).Cumplimos el cometido de poner, mediante el apoyo de “El Universal”, también en Cartagena, el advenimiento de la celebración del “Quinto Centenario del Encuentro de las Dos Culturas” en el tapete. Allí se tuvo ocasión, en cena ofrecida posteriormente por la “Universidad Tecnológica”, de escuchar en vivo al Maestro Arciniegas en el despliegue de su bonhomía otoñal la anécdota que le sirvió de eje, para años después, y ya en Colombia, para que escribiera una obra -un libro exquisito- sobre su admirada Simonetta Cattaneo, también llamada Simonetta Vespucci. Contaba el escritor, con la misma delectación con que le escuchábamos, cómo desde Roma había logrado una cita con la familia de Simonetta en Génova, para su investigación sobre la “Diva”. Llegado que fue por callejuelas impregnadas durante centurias a olor de pescado en cercanía muy estrecha de la propia bahía de la ciudad, encontró la casa indicada y tocó la puerta. Allí -decía- estaban las estancias donde Simonetta había paseado su belleza en la adolescencia, antes de salir de esa ciudad hacia Piombino, y ya casada con Piero Vespucci salir para Florencia donde posaría con Eleonora de Florencia y Albiera de Milán para Botticelli, en el óleo “La Primavera”, antes de morir a los veintitrés años, en una primavera, igualmente. Rezó Arciniegas ante el oratorio de Simonetta, pintado por diestra mano, delante de un tríptico, y después la descendiente de la “Bella” Simonetta le mostró la enorme mesa de plata maciza que había pertenecido a la genovesa. Agregaba, y finalizaba Arciniegas, con su natural picardía, que quien le servía de guía por la mansión se refería a Simonetta como si estuviese allí, viva, en otra estancia de la casa, como una vieja tía que ya no baja a la primera planta. Jueves, 16 de diciembre de 1999.
Ideas educativas de Bolívar “A la sombra de la ignorancia trabaja el crimen”, frase exacta y lapidaria del Libertador, nos dice en su libro, “Ideas educativas de Simón Bolívar”, el ilustre filósofo y diplomático venezolano Armando Rojas, padre de quien se desempeñara hasta hace poco como cónsul de su país en Cartagena, el poeta Armando Rojas Sardi, quien está adscrito hoy al M.M.R.R.E.E., en Caracas. La obra ha sido publicada, en la edición colombiana, por la Secretaría de Educación del Departamento de Bolívar con prólogo de Miguel Raad Hernández y consta de diez capítulos y cuatro apéndices con un paginaje de 284 folios, e impresa por Editorial Lealon de Medellín. Bolívar estaba convencido de que la grandeza del grupo social sólo la podía lograr el Estado si dotaba a sus integrantes -los ciudadanos- del bien supremo de la educación. “Un hombre (persona) sin estudios es un ser incompleto”, es frase en una carta a su hermana María Antonia. El pensamiento político de Bolívar era el de que la educación constituía condición indispensable para ejercer los derechos políticos. En Angostura en su discurso se le oyó decir que “saber leer y escribir” era una de las condiciones para ser ciudadano activo. En el “Manifiesto de Cartagena” apoya -entre otros conceptos- su argumentación contra el régimen federal en la carencia de preparación de sus ciudadanos para el libre y absoluto ejercicio de sus facultades. Bolívar se interesó, sobremodo, por la educación primaria. Al igual que Rousseau, recordar que uno de los libros de cabecera, digámoslo así, de su maestro Simón Rodríguez o Carreño, fue el famoso “Emilio”, o “de la Educación”, del ginebrino. Aunque Roussseau avalara la discriminación de la mujer respecto de la educación, tal como en la antigüedad, Bolívar, hombre comprometido idealmente con los postulados de la “Enciclopedia” y de la “Ilustración” se separó de este caduco concepto. El uno de mayo de 1825 llegó a Arequipa y las educandas del colegio de allí le organizaron un homenaje. En presencia de un gracioso auditorio las estudiantes le hicieron entrega de dineros y alhajas para el sostenimiento de las tropas patriotas. Bolívar allí les expuso sus ideas sobre el aporte de la mujer a la lucha por la libertad. Dos meses después, el Libertador firmaba en el Cuzco, patria de Garcilaso, el Inca, el insigne mestizo, (su casa es hoy un hermoso museo restaurado en 1985 que vi cuando tuve la fortuna de cumplir mi deseo de un viaje con el ánimo de conocer la ciudad “Ombligo” del Incario), un histórico decreto en que instituía un colegio para niñas. Esta obra de Armando Rojas, quien nació en Tovar, Estado Mérida, Venezuela, en 1918, es un asunto que le traía interesado al autor desde cuando siendo él educador regentó el Liceo Simón Bolívar, de San Cristóbal. Obra de la cual el autor nos dice en la presentación que fue escrita gracias a los ricos fondos de la “Biblioteca Nacional de Bogotá”, donde halló preciosos materiales para su empeño. Este libro está escrito con donosura estilística y tiene plenitud de información con relación a su título, pero también de enseñanzas propias, análisis sobre ambigüedades en el tema y, naturalmente, algunas discrepancias sobre una de las facetas en ese momento (1951) ignoradas de la “Espada de la Independencia de cinco Naciones en América”. Miércoles, 22 de diciembre de 1999.
Sofronín Hace muchos años comenzó mi comunicación con Sofronín cuando él me habló de Gabriel y Alfonso Rondón -cosa que me sorprendió- a quienes él conocía de atrás como músicos en Barranquilla. En la medida que transcurrieron las ocasiones fuimos teniendo otros encuentros -los más de ellos callejeros- en los que después del cordial saludo, que siempre acompañaba con blanquísima sonrisa, había comentarios y reminiscencias mutuas sobre amigos comunes: Gastón Lemaître, Policarpo Bustillo Sierra, Tito Zubiría y otros. Reía siempre cuando alguna que otra vez le espetaba yo un saludo en el cual hacia referencia al significado de su nombre en griego -significa “equilibrio”, “buen consejo” y otros valores más- añadiéndole, ya al despedirme, que o su padre le conoció el carácter temprano o él se había comprometido moralmente en la vida con lo que su nombre traducía al español. En variadas ocasiones le solicité su colaboración como intérprete de la guitarra para distintas instituciones educativas -nunca quiso recibir contraprestación-, con las que he tenido vinculaciones culturales. Con puntualidad cumplía la cita y después de las magníficas veladas a que daba ocasión con la perfecta digitación de su estilo en la guitarra, en su propia complacencia y con gran naturalidad, entonaba entonces canciones del repertorio cubano, o puertorriqueño o dominicano o mejicano, sus preferidos, para finalizar con alegría, pues eso era lo que cantar le producía, en la exultante “Granada”, de Agustín Lara, o en alguna velada canción de María Grever, que paseó por el mundo la “jarocha” Toña, “La Negra”, con su limpia voz, o Elvira de los Ríos, con el terciopelo de su garganta como en “Noche de Ronda”. Memorioso del bolero, me dijo alguna vez en su casa turbaquera, al señalar la vitrina, que allí estaba “su” música. Con llave -añadió riendo-. Donde mejor se integró, y dio vida al lugar, hoy infortunadamente clausurado, fue en “La Quemada”, no repetiré la palabra que Salvo Basile no vaciló en echar al aire cuando pasó en bicicleta por allí, aludiendo al cierre. Pero en boca de un napolitano fue una palabra definitiva. Eso fue “La Quemada” para Sofronín (Sofrosyne), donde él fue la luz de la penumbra en un semi-jazz muy propio, como debe ser, expresión de sentimiento. No carecía de cierta elección propia en la ropa -solía vestir guayabera blanca- aunque a veces usaba atuendos de abigarrados diseños en gris, negro, sin estridencias, siempre en su mesura. Supo que la maledicencia era mal negocio y jamás cayó en la murmuración ni en la desagradable repelencia. Desarmaba a los murmuradores, quien puede hacerlo -hablar mal- con un hombre que reía como él, todo Bondad. La “Musa” le permitió viajar, y murió recibiendo una medalla. ¡Cuerdas de su guitarra, guitarra mora, llorando están! Miércoles, 29 de diciembre de 1999.
Saramago.Ensayo sobre la Ceguera. <Según la religiosidad griega arcaica, existe como ya se ha dicho, un abismo entre hombre y Dios. Cuando un hombre, con un acto cualquiera de soberbia, quiere romper ese abismo -cuando se acerca demasiado a los dioses-, entonces la divinidad le envía a este <ate>, ceguera que es causa de su ruina, yugo ineludible al que está uncido. La <ate> de Ayax, que ha llevado su furor demasiado lejos, ha sido su batalla impensada contra un rebaño>.
El ciego más famoso de la historia de la literatura es, sin duda, Homero. Es más, lo que el nombre significa, es eso, ciego, en griego antiguo <omeron>. Ya en la época clásica, en que aparece el género trágico el ciego está representado en la persona de Tiresias, que descubrió a Edipo, quien le insistía en saber lo que ignoraba: que había matado a su propio padre y casadóse con su propia madre, ¡Yocasta! En su novela “El rey-escorpión”, el autor inglés William Holding tiene como protagonista a un niño ciego -posiblemente escogido por eso precisamente para ser futuro faraón-; Ernesto Sábato escribió su <Informe para ciegos> (le leí parte de él a petición suya a mi amigo ciego, ya fallecido, Pío Alfonso García, y Umberto Eco en “El nombre de la rosa” rinde a su vez un homenaje al ciego progresivo que fue Jorge Luis Borges encarnando en Jorge, el monje ciego que sabe dónde se encuentra el libro perdido de Aristóteles sobre la “Poética”. El libro “Ensayo sobre la Ceguera” del escritor portugués José Saramago, premio Nobel de 1998, es una novela patética sobre el tema. Un hombre (no hay nombres en esta novela) que va manejando su autómóvil, repentinamente queda ciego, con una ceguera blanca, y es ayudado por un -otro- hombre (no hay nombres en esta novela) aparentemente compasivo, quien posteriormente le roba el auto. El hombre (no hay nombres en esta novela) queda ciego también. Es una epidemia de ceguera que incluye a un oftalmólogo y a muchas otras personas más. Las que son recluidas en un hospital psiquiátrico que había sido desocupado por las autoridades. Allí, se les lleva comida gratis pero son vigilados para impedir su salida del hospital y controlar así lo que parece ser una epidemia de ceguera de la cual no se sabe la causa. Sólo la mujer del oftalmólogo conserva la visión, aunque ella lo oculta. Nadie se percata de que ella puede ver. Posteriormente, entran más de doscientos ciegos que establecen a la fuerza una dictadura sobre la comida y sólo la dan a cambio de favores sexuales de las mujeres ciegas que han entrado en el hospital inicialmente. Asqueadas, las mujeres se rebelan contra los ciegos abusadores, y la mujer del oftalmólogo, quien conservó la visión, mata al jefe de aquellos con unas tijeras. En busca de la revancha contra los abusadores queman el hospital y salen de él a vagar por las calles porque toda la población ha enceguecido. Su lucha es entonces deambular buscando comida por los supermercados asaltados y desvalijados. Después de la salida del hospital, donde pasaron la cuarentena, se dieron al intento de buscar sus propias casas. Llegaron al apartamento de la ‘Chica de las Gafas Negras’ (antigua prostituta antes de la plaga de la ceguera), sus padres de ella no estaban allí sino una mujer vieja que cultivaba coles y comía carnes crudas de conejo y de aves de corral. En un hedor, -que recuerda al Lector el que nimbaba a la ciudad en la novela “La Peste”, de Camus (aquí me encontré con una abogada italiana estúpida de Ravenna que insistía contra toda observación en contrario en llamarlo Camú)-, insoportable, cayó la lluvia lenitiva que les permitió bañarse en la terraza con abundante jabón (no era este un artículo prioritario para saquear en los supermercados abandonados). Con esta agua lustral vuelven a ser personas, a sentirse personas. La mujer del médico oftalmólogo que fue la única persona que conservó la visión durante la peste de la ceguera, guió al “Primer Ciego” hasta la que fuera su casa antes de la ceguera y tocó a la puerta hasta que el que era su habitante de ahora abrió, un escritor que reconoció que la casa era suya, y que aceptó abandonarla si así se lo solicitaban, le dijeron que no era necesario y entonces el escritor que era también ciego les dijo que él podía escribir, preguntado que cómo dijo que se guiaba por el tacto y que lo que escribía tenía, naturalmente, que ver con lo que le había pasado en la vida. Era seguramente Saramago quien se incluía, como suele hacer simbólicamente en sus novelas, aludiendo a su oficio de escritor. La mujer del médico, que era la única vidente, les leyó unas páginas de un libro hasta que quedaron dormidos. Buscando la comida en el supermercado que la mujer del médico había descubierto, esta se sintió desfallecer y le pidió a su marido que la dejara descansar un rato cuando vio una iglesia, que al entrar en ella, la hallaron llena de gente. Las imágenes y cuadros tenían los ojos vendados con una venda blanca o un lampazo de pintura, blanco también. Después de las sorpresas de las gentes, bajo exclamaciones, los primeros ciegos, los “Seis”, comenzaron uno a uno a ver, la <Peste de la Ceguera> había pasado ya. La mujer del médico, que en la ceguera había conservado la visión, se acercó a la ventana, de pronto vio todo blanco, y se dijo, ahora me toca a mí la ceguera, y se asustó. El miedo súbito la hizo bajar los ojos. La ciudad aún estaba allí. La novela de Saramago tiene dos niveles de lecturas posibles, uno, el de la anécdota, que versa sobre una peste de ceguera que cae repentinamente sobre una ciudad innominada (en esta novela no hay nombres), y el otro, es el de la crítica social sobre el egoísmo, la insularidad, el abuso del poder, el compañerismo, la dependencia, la esperanza y el descreimiento, donde al final aparece un hálito de confianza sobre la condición del hombre sobre la Tierra. El Universal, Dominical, 2 de enero de 2000.
Los Papas En la Roma monárquica y republicana los sacerdotes se dedicaban a la construcción de puentes y de allí el término Pontifex con que se los denominaba. Cabeza del Colegio de Sacerdotes lo era el Pontifex Maximus. Cesar fue Pontifex Maximus. Daba influencia social y política aunque no era un cargo propiamente político. Pero sí electivo. Al colapsar la estructura del poder romano el vacío fue llenado por los magnates o terratenientes, algunos senadores y uno que otro rey invasor de los pueblos germánicos, que asediaron a la Roma Imperial y acabaron con ella como sistema. El rey Dietrich se llamó entonces Teodorico y pidió modestamente el ser considerado senador al dominar Italia del Norte. El gobierno de la naciente Iglesia cristiana tomó la conformación del sistema griego y romano de gobierno, al cual deseaban suplantar. La palabra Abbas, Padre, de origen Arameo, lengua semítica, sirve para denominar al sacerdote cristiano. Es posiblemente el origen del término con que en Roma los obispos y sacerdotes del cristianismo comenzaron a llamarse. Episkopos, “el que mira alrededor”, fue la palabra griega de la que viene, al español, Obispo. Inspector, vigilante. De la fe, se entiende. Pero lo que hizo carrera, de manera definitiva, fue la referida palabra Papa para el obispo de Roma hasta nuestros días. Tal vez ayudó a ello el que “papa” es un término onomatopéyico en casi todas las lenguas, es casi como el balbuceo del niño hacia la persona más familiar para él. En casi todas las lenguas de origen indogermánico, y el español por su ascendiente latino también lo es, se dice “padre” de manera semejante. El primer Papa fue Pedro. <Tu est Petrus>. Eres la « Piedra ». A partir de allí se desenvuelve una larga lista de Papas hasta Juan Pablo II, Papa Wojtila. En esa larga serie ha habido, en tiempos pasados, de todo como en toda agrupación humana, y la Iglesia lo es. Papa juzgado pornógrafo por sus enemigos como Eneas Silvio Piccolomini, antes de ser coronado. Militares, como Giuliano della Rovere, que vistió coraza renacentista y combatió al frente de sus ejércitos. Preguntado por Miguel Ángel, que lo retrató, si quería como atributo en el cuadro un libro en las manos, le respondió al Buonarrotti: “Si yo no sé leer, mejor pónme una espada”. Pedro de Luna, Papa Luna, como se le llamó en España, no quiso abdicar como tal siendo Papa en Avignon, al mismo tiempo que Gregorio VII en Roma, y al ser elegido un tercer Papa para resolver la disputa vivió una larga vida de más de noventa años en Peñíscola, propiedad de su familia, alegando patéticamente que el Papa lo era sólo él. Se coronó como Benedictus XIII. Al lado de Papas santos, o juzgados santos, existen personajes como Bonifacio VIII, imperioso y dominante, a quien Dante Alighieri, colocó en el respectivo círculo del “Infierno” de la “Commedia”. La política, buscadora del Poder, llevó al segundo Borja, valenciano, al Trono Papal, como Alejandro VI. Tuvo hijos antes del Papado y fue fastuoso y prepotente.Su hijo César pudo haber logrado la unidad de Italia que sólo logró Garibaldi. Giovanni Maria Ferreti-Mastai fue el Papa asediado por aquel. Intentó con sus ejércitos, al invadir Toscana, que sus Estados cayeran en poder de Vittorio Emanuele, rey de Piamonte, pero ya autoproclamado rey de Italia. El escollo era el Papa y su soberanía en el Estado Pontificio. En realidad no hubo rey laico de Italia hasta cuando Garibaldi no hubo tomado a Roma. Celestino V es el Papa de la gran renuncia, (“il gran rifiuto”), de que habló Dante también, quien tenía sus decantados odios politicos. Lo eligieron Papa a aquel siendo un ermitaño troglodita (vivía en una cueva de abrupta montaña), y renunció a los pocos meses. Adriano de Utrecht fue ayo de Carlos V en la infancia, cuando su pupilo llegó a ser candidato a la corona imperial de Alemania y vencedor en ello, fue a su vez candidato a Papa; elegido, fue el último Papa de nacionalidad no italiana antes del polaco Juan Pablo II, Papa Wojtila, reinante. Lunes, 10 de enero de 2000.
“Manual de pintura y caligrafía”* Un pintor de caballete, consciente de su mediocridad, narra en primera persona un proceso personal interno de aislamiento espiritual del arte. Retratista que cobra bastante duro por su trabajo, resuelve, de su último cliente, pintar dos retratos simultáneamente, uno en presencia del modelo y el otro, el segundo, cuando aquel se ha retirado de su estudio. Agobiado por sus reflexiones, va derivando hacia la escritura, (él la denomina caligrafía), en la cual se siente, de manera sucedánea, cómodo. Cuando S., un fabricante (que no desea el retrato realmente sino que lo quieren los directivos para colocarlo en la sala de la mesa directiva de su heredada empresa, al lado de los de su padre y abuelo) posa para el pintor, este desarrolla una extraña polémica propia, pues el cliente ignora todo el proceso. El pintor con su análisis de su retrato y la aproximación sexual que tiene con la secretaria de aquel descubre cómo el retratado no deseaba el cuadro y que sólo accedió a posar para él debido a la insistencia de su familia, propietaria de la empresa que había iniciado su abuelo y continuado su padre, que posaban en sendos óleos en las paredes de la sala general de la Junta Directiva. La novela, deriva después de un viaje del relator a Milán, Italia, a la inclinación de este hacia la escritura, en este caso de sus impresiones de viaje, en su mayoría valoraciones estéticas. La amante le dice algo para él desconcertante: que un escrito o un artículo (era un artículo) constituía al mismo tiempo una autobiografía. Un viaje por Italia, no sabe el lector si real o imaginario, (Saramago, en una entrevista para la televisión española, dijo cómo él es un gran visitador de museos, especialmente los de Pintura), en que el pintor da curso a su afición a escribir y a su amor por la pintura, y va dando cuerpo a un libro, que se piensa editar por parte de un amigo cuando la amante del pintor frustrado comenta de la obra sin consultarle antes. El pintor recibe un encargo, pintar a una futura pareja de esposos con sus padres, los de ella. Al avanzar el óleo se le comunica que los del encargo ya no lo quieren. Se suscita una discusión en que el pintor no quiere entregar el cuadro porque desea acabarlo y los mandantes lo quieren sin terminar, para no pagar o pagar menos por él. Allí resuelve no pintar más retratos. Después del viaje crítico-literario por los museos de Italia, Florencia, Siena, deja también a su amante, a quien (ya) no ama. Se emplea el pintor en una agencia de publicidad y un día cualquiera, repentinamente, recibe la llamada telefónica de la hermana de un amigo que le dice que este le había pedido que le llamara si era apresado algún día por la policía fascista del dictador Antonio Oliveira Salazar. Después de acompañar a la joven mujer a la cárcel la invita porque se siente atraído por ella y en días sucesivos siente otra vez el deseo de pintar. Su larga frustración, nunca supo denominarla con precisión, ha desaparecido, y con la revolución de las Fuerzas Armadas de Portugal se ha logrado liberar al país. El pintor (H) se libera también políticamente (fue activista antes). Al final de la novela, vuelve el frustrado pintor a pintar, cosa que produjo como resultado la novela que el Lector tiene entre las manos, e incursionar en el retrato, propiamente, en el Autorretrato, como han hecho Rembrandt, Van Gogh, Alfredo Guerrero.Quiere diseccionarse “el pincel es como un bisturí”, dice. En su proyecto de autorretrato enuncia, entonces, su concepto de la pintura. Ya sabe cómo pintar, cómo alejarse de la sensación de ser un pintor por encargo, carente de espíritu en el pincel. “Comencé a liberarme”, dice, cuando decidí co-pintar, a hurtadillas, el retrato de S., el rico heredero que a regañadientes aceptó la invitación de su familia para posar para un retrato que debía ir en la galería familiar del Salón de Juntas de la empresa de creación de su abuelo, al lado de su padre, que a su vez estaba al lado del suyo, el fundador. Pintando a alguien que posaba a desgano descubría que él, a su vez, pintaba con desgano igualmente. En esta novela, “Manual de pintura y caligrafía”, se narra también lo llena de trivialidades de que está conformada la vida social, pues el pintor, (H), nunca es nombrado con claridad, es un solitario familiar al estilo del que Hermann Hesse describe en su novela “El Lobo Estepario”. 12 de enero de 2000. * A este artículo tuve que repulirlo, pudiendo deberse a errores del autor, o por erratas, (e-ratas), ya no lo sé.
El Misterio Divino de la Humana Memoria El escritor Miguel Facio-Lince López tiene en mente la reedición de su libro “Cuentos para Niños”, aparecido en 1979. Es su propósito ampliarlo con producción posterior, así es que se trata de la ya clásica reedición -aumentada- pero con la salvedad de que no será “corregida”. Este libro de cuentos para niños es, en otro nivel de lectura, un libro para adultos. Pero por sobre eso es un patético canto a la palabra. A la palabra que se ha perdido y que se sueña con recuperar. Sí, porque según confesión del autor, la narración escrita de ellos ocurrió bajo la circunstancia patética de que el relator al contarlos estaba bajo el efecto de haber perdido el uso de la palabra oral, motivado por una afasia total. Sí, el doctor Miguel Facio-Lince no podía comunicarse con la voz. Este aislamiento lo volcó hacia la consciencia, plena, de la mano como vehículo de comunicación mediante el negro sobre el blanco. Y el niño pudo salir de su encerramiento. Cuando el autor de estas líneas leyó por primera vez este libro de cuentos, escribió, en una nota periodística, que el narrador, un niño, le parecía un niño triste y reminiscente, pero también lleno de la alegría de la esperanza al propio tiempo. Ignoraba la real causa. Me viene a la memoria una lectura hecha hace ya muchos años en la “Odisea”, de Homero, relativa al viaje del héroe Ulises al país de los lotófagos, que sufrían la enfermedad del olvido, por comer aquella planta. Y el pasaje de “Cien Años de Soledad”, de Gabriel García Márquez, en que los habitantes de la aldea de Macondo perdieron la memoria de manera tal, que resolvieron, con cartelitos, ponerle nombres a las cosas para poder nombrarlas otra vez, y luchar contra la soledad del Olvido. La Memoria es un misterio -no divino- sino humano. ¿Qué es lo que hace que recordemos lo aprendido y lo traigamos al mundo del Logos, de la Palabra? Philippe de Broca trató el asunto como médico, cuando llamado a Inglaterra desde París a ver a un paciente, herido con la punta de un paraguas al caerse -era un día de lluvia-, aquella le hirió en el ojo pasando por fuera de la membrana esclerótica que lo protege, lacerándolo en la zona que el doctor de Broca sospechaba que era el centro de la palabra. Su sorpresa fue mayúscula cuando el paciente -que era profesor de griego y de latín- hablaba en esos idiomas pero no en su lengua materna, el inglés. Y supo entonces que además de un centro de la palabra podemos desarrollar una zona aneja a aquella donde el misterio de la memoria atesora el lenguaje. Estos cuentos, además de su bella sencillez, en que el niño que todos hemos sido, antes de llegar felizmente a otra etapa de la vida, cuenta sus impresiones y sentimientos, han sido para su autor el más bello camino para salir de sí mismo y elevarse como individuo contra la incomunicación, mediante el sonoro puente de la magia de la voz, que se vuelve por lo mismo canto articulado. En esos “Cuentos”, el médico -y político de gran conciencia social- que es Miguel Facio-Lince López, muestra a niños y mayores la delicadeza de su pasta humana -de su índole-, sus más tiernos y primigenios sentimientos, su amor por los demás seres humanos, especialmente por los “meninos”, los niños. En el dolor de verse arrebatado por el carro del silencio, como el Eliseo biblíco lo fue por un carro de fuego que lo transportó al cielo, el doctor Miguel Facio-Lince fue conducido a la gehena del silencio. “Ningún dolor es mayor que recordar el tiempo feliz en la miseria” *. Cantó Dante en la espiral de su alto estro. Así, Miguel Facio-Lince amó, aún más, la palabra hablada cuando la perdió, y luchador tenaz e infatigable, después de mucho tiempo y ejercicios pertinentes, unió otra vez su voz al inmenso coro que conformó la humana condición cuando se elevó cultivando el Lenguaje. Y es que en el principio está el Verbo, reza la Escritura. 19 de enero de 2000. * <Nessun maggior dolore che ricordarsi del tempo felice nella miseria;>. Estos versos pareados (121-22-23) del “Inferno”, Canto Quinto, terminan así: <E ciò sa ‘l tuo dottore>. (“Y yo soy tu doctor”). El último verso: “ciò…dottore”, son las palabras que Virgilio en su “Eneida” puso en boca de Eneas, cuando el héroe se aprestaba a narrar la caída de Troya; y a la princesa fenicia Dido, después de que fue abandonada por Eneas.
La Popa es una Acrópolis.
“El 13 de mayo/ la virgen María/ bajó de los cielos/ a Cova de Iría”.
A quienes les hayan enseñado esta estrofita difícilmente habrán de olvidarla, especialmente en este mes de febrero, mes de flores, y que representa entre nosotros una especie de estación primaveral. El culto a la Mujer en la cultura oriental, sumeria, tenía varias representantes, una de ellas la hija de un dios, al que ella le pidió una sanción para el héroe del poema, Gilgamesh, quien por estar ocupado en sus hazañas, la despreció sexualmente. El padre de aquella envió un toro celestial que el héroe despachó con pericia digna de torero andaluz. Y allí quedó la cosa. Al moverse los caldeos desde el Mar Rojo al Mediterráneo, se conocieron allí como fenicios (“los del gorro rojo”). Y apareció ya una diosa singularizada, que imperaba sobre todas las otras diosecillas del femenino panteón. Ishtar o Astarté, se representaba por una estatuica, abundamente modelada, y que aparecía desnuda, como diosa de la fecundidad que era. La leyenda griega la sitúa en Grecia, vistiéndola en su representación y rebajados sus símbolos sexuales, pudorosamente. Athenai entre los atenienses era su diosa principal. Y muchos nombres se le daban, como a la virgen María desde el Concilio de Nicea. Cuando la querían defensora de su ciudad, la llamaban Prómaca, castizamente traducida como “Peleadora o Defensora”, y en período de Paz era la diosa de la sabiduría, con el búho en sus hombros, como en el poema de Poe. En las fiestas “thesmoforias”, las jovencitas le llevaban flores y frutos a la <Acrópolis> ateniense, donde ella vestía su peplo, con sus colores: azul y blanco. Como la iglesia en la colina de Usiacurí. O de María Auxiliadora, siempre virgen, de los cristianos, o mejor, de los mariólogos. Y pensar que sólo en el Concilio de Nicea (Turquía) el Cristianismo machista reconoció que la mujer tenía alma. De allí en adelante creció el culto a María. El Arte cambió la figura de ella por la de su hijo, Jesucristo, y muchas fueron las advocaciones de ella surgidas en muchos pueblos durante la <Edad Media>. Contemporáneamente, el culto mariológico recomenzó en Fátima, (Portugal), y Lourdes, (Francia). Pero también está la virgen de la Caridad del Cobre en Cuba, la <Chestoscova> en Polonia y la mejicana, que lleva pintada a Juan Diego en el reflejo de su ojo, la <Guadalupe>. El genio griego -ático- de la pequeña península elevó a la Mujer, simbólicamente, mediante esta diosa, Atenea, que unas veces asumía el papel de “economista” (el óbolo llevaba su animal emblemático) y otras veces llevaba el broncíneo yelmo en la batalla. En bello aplique de mármol está en el monumento a Manuel Dávila Flórez, erigido en la plazuela enfrente de la Universidad de Cartagena. Algo maltratado ya por la mano iconoclasta de un erróneo transeúnte. Volviendo a la Virgen, hay que recordar que un pintor polaco descubrió, por primera vez en el arte, el pecho, -redondo en su pincel cual dulce durazno-, de las Madonas, pues era la costumbre el vestirlas hasta donde la carnación sólo aflorase en rostro y manos. El culto a la figuración de la mujer virginal siguió durante todo el Medievo, pero ya trascendía los reductos de la estatua y del cuadro, y llegaba a la exaltación de la mujer viva y riente. Porque, ¿qué otras cosas eran Simonetta Vespucci y Albiera de Milán? ¿Y qué decir de Eloísa, y de Laura de Noves, novia imaginaria de Petrarca? Durante el desarrollo de la cultura árabohispánica se desplegó la batería de flores en honor de la mujer por parte de los poetas de lengua arábiga y hebrea. Entre esas loas está “El Collar de la Paloma”, del príncipe Ibn Hazm de Córdoba, que subió por la vía pireinaica hasta los cultores del “lai” (canción) provenzal, llegando con el poeta Arnaut Daniel a las orillas del Arno, en Italia, para desplegarse en cantos a Beatrice (Bondad) y a tantas vírgenes emblemáticas de la gracia y de la delicadeza. Es que la mariología engloba a santas y a mujeres que no lo son. El símbolo es el mismo. Es, en resumen, la adoración a la Mujer en cuerpo y alma. Entre nosotros, tenemos a la santa madre aborigen Bachué que llevó a Acuña, Rozo y Arenas Betancourt, a representar a la madre nutricia americana y aún a la tierra misma, contenedora de toda la Vida. ¿Y no es acaso Pacha Mama -la madre telúrica peruana- el mismo concepto dador de vida que Afrodita, (la romana Venus Genitrix), nacida entre espumas o “anadiómena”, como Botticelli la captó en su tela llamada “La Primavera”? Eduardo Lemaître, grande amigo y poeta, la estampó en su libro de versos como ilustración de la carátula. ¡Venus, siempre Venus, que todos los poetas loaron antaño y cantan hoy! En el mandala de la Vida siempre está el doble símbolo de la Mujer, dominada en la realidad aún hoy día y cantada en la poesía, y al revés, la mujer liberada en la realidad y denostada en la literatura. Todo comenzó cuando Grecia subió al sumo altar de su Acrópolis a su Partenos, Athenai, “Todobella y Omnisapiente”, en la tierra del mochuelo y del olivo. Miércoles, 26 de enero de 2000.
Gonzalo Ariza: pintor de la melancolía Abatido y delgado como la rama del bambú japonés que tanto pintó en sus telas, en todas las estaciones pictóricas posibles. La que da a la naturaleza su color, según el momento del año, y aquella estación que sólo se experimenta en el color anímico: la melancolía. La selva en general la llamó Ariza con fuerza, y en general a la Naturaleza, tanto a la culta como a la inculta. La selva lo devoró como a Arturo Cova en “La Vorágine”. Pero en general fue simplificado por quienes observaban sus telas como si fuese un pintor ecologista, que era lo último que pretendía. Su verdadero propósito era el alma humana y su tópico para llegar a ella era el bosque. Un bosque cuasi-onírico. Un bosque inexistente. La idea de un bosque. El arquetipo de un bosque. El bosque en sí mismo considerado. El arque-bosque. Salió al Japón. Sabía que allá encontraría el descarnamiento de su intención en la pintura. La contemplación de esas pinturas japonesas desprovistas de anécdota. Iguales todas, aparentemente. Que no captan la realidad de lo observado por el pintor. Sino apenas el alma de lo que el pintor observa y trata de pintar. Bosque sin personas y sin animales. Con soles lejanos. Soles murientes como aquellos en que el alma se sume en el ocaso de la muerte, una muerte pacífica y grata. Como un sueño de nirvana de Gautama. La búsqueda del Infinito. La anonadación. La integración con la forma cósmica. La unidad en el Todo. Eso era la pintura de Ariza. Su obra fue para escogidos. No hizo nunca alharaca. No hizo propaganda. Pasó silencioso como un “shaolín” escueto haciendo su pintura silente y mística. Uno no sabe si Gonzalo Ariza llegó a la pintura por el budismo o al budismo por la pintura. Tampoco sabe uno -sabrán los entendidos- si fue al Japón por identificarse o para anonadarse en la escuela de pintura propia de monjes y santones. Pintores de un día. Pintores de un patio de gravilla en que diariamente un monje dibuja un motivo cuya vigencia sólo dura hasta el día siguiente. En que el ciclo recomienza con otro dibujo en un marco que desaparece en seguida. Que no se cuelga. Que no se enmarca. Que no es papiro, ni piel, ni tela, ni madera, ni marfil, ni siquiera el acero que con mordiente dé un grabado que se reproduzca hasta el infinito. Gonzalo Ariza estará, con lo poco que le quedaba de físico, integrado en la materia del cosmos único. Miércoles, 9 de febrero de 2000.
Diréis si tengo razón El Instituto Caro y Cuervo, gloria de la filología colombiana y universal, respondiendo a su tradicional intención, continuada hoy por su esforzado director el profesor Ignacio Chaves Cuevas, ha enviado a quien esto escribe, parte de la copiosa producción bibliográfica de los últimos tiempos. En mi escritorio (nada del ingenuo eufemismo “mesa de trabajo”, en mi biblioteca, en vez del fonje circunloquio “estudio” o “cuarto de libros”) tengo a la vista, copián-dolos ahora, los siguientes títulos de tantos otros libros, a saber: “Contribución al estudio del apodo en el habla bogotana”, por Mariano Lozano Ramírez; “Epistolario” de Ezequiel Uricoechea, cruzado con varios colombianos, sus restos mortuorios estuvieron como los de Renán, sepultados en Beirut, Líbano; “Difusión internacional del español por radio, televisión y prensa”, por Marina Parra; el poemario “Trechos del itinerario”, (1958-1997), de Carlos Germán Belli; “García Márquez, Hawthorne, Shakespeare, De la Vega & Co. Unltd”, por Carlos Rincón, quien cita en él a mi admirado amigo el escritor Alfonso Múnera Cavadía, autor además de la mejor visión panorámica de la historia de la región en el siglo XVIII, en alusión clara al contenido de la obra de aquel, “El fracaso de la nación”, justa crítica que comparto. El libro final de este envío del “Caro y Cuervo”, al cual haré un comentario un tanto más amplio, es el que lleva el sonoro nombre o título de “Faunética, antología poética zoológica panamericana y europea”, que consiste en un acopio, ordenamiento, introducción, traducciones y notas, realizadas por su autor, Víctor Manuel Patiño, y que corresponde a la serie “La granada entreabierta”, número 85,1999. Esta obra de 845 páginas es un extenso “Bestiario” (no fantástico como el de Jorge Luis Borges, sino uno muy real), los de la cultura de Occidente tienen origen en el “Physiologus”, una recopilación en griego, al parecer empezada en Alejandría o en la región situada entre Egipto y Siria, a fines del siglo II o a principios del III de nuestra era, y que a partir del siglo V se tradujo al etiópico, al armenio, al siríaco y al latín. El “Physiologus” se refiere a animales reales, como el león, la ballena y el pelícano (símbolo de Cristo), y a animales fantásticos como el unicornio y el ave fénix, en una tónica moral dentro del cristianismo primitivo. Recuerdo el inefable (que no se puede describir con palabras) que trae Borges en su “Zoología fantástica”, el terrible “catoblepas”, cuya mirada de sus rosados ojos causaba lo mismo que la Medusa, o Gorgona, que convertía en piedra a todo aquel que lo mirara directamente. En este libro “tesoro”, no están poemas dedicados al perro, grave falla, pero sí al gato, cómo dejar fuera “Le Chat”, de Baudelaire. Trae uno de Vinicius de Morães (el autor de la muchacha o “Garota de Ipanema), al “mosquito”. Hay una “Elegía a una pequeña borboleta”, (“mariposa” en portugués), de Cecilia Maireles, y tantos otros, imposibles de citar aquí en esta modesta reseña. Unos leídos y otros vueltos a leer aquí en esta obra, otros sorprendentes (¿aún más?) que los pintados en el artesón de la casa del escribano don Juan de Vargas, en Tunja, y otros que busqué dolorosamente con ansiedad en esta obra, pero faltantes en ella.Para que el extraordinario compilador y antologista, y aquí añadiría que taxonomista literario, don Víctor Manuel Patiño, los recuerde, y los tenga en cuenta para una futura reedición o un volumen II sobre este tema, porque estoy seguro que él seguirá con tan bello asunto, le agrego los que siguen
Fabulilla I Y aquel gran tigre cebado, que con saña se comía de noche y a pleno día los burros de mi cercado, II Se murió…todo el ganado Solípedo le temía, cual teme la burguesía La zarpa del potentado… III Tigre viejo, sabio y fuerte Que a muchos asnos dio muerte Y se murió como en broma Para que más de un jumento Clamase con sentimiento: -¡Murió como una paloma!
En Cartagena todos sabemos -o casi todos- a quién aludía Luis Carlos López en esta “Fabulilla”, pero no lo diré yo ahora aquí. Sí diré que era italiano de nación. Y añado esta otra, del mismo vate bisojo anterior, que reza: Fabulita “¡Pax vobis”. Wilson I “Viva la paz, viva la paz”… Así trinaba alegremente un colibrí sentimental, sencillo, de flor en flor… II Y el pobre pajarillo trinaba tan feliz sobre el anillo feroz de una culebra mapaná…
III Mientras en un papayo reía gravemente un guacamayo bisojo y medio cínico: -¡Cuá, Cuá!...
Es un faltante que por haber yo vendido parte de mi enorme biblioteca por razones logísticas y también por quedarme con lo que más utilizo de ella hoy día pero sin dejar de añorarla y de evocarla no tenga yo ahora a la mano mi ejemplar de “Nuevas odas elementales” o al menos las “Odas elementales”, en donde en uno de los dos está la brillante, como el nácar de las conchas, Oda “Mollusca gongorina”, que Neruda escribió como puente entre el lenguaje poético de Luis de Góngora y su propia afición a la colección de conchas, por las cuales cuando apenas llegó a Chile el biólogo y escritor Julian Huxley preguntó: ¡Y Neruda el malacólogo!, citado en “Confieso que he vivido”, del gran Pablo. Del poeta cartagenero Daniel Lemaître Tono añado, por último, este soneto que junto a “El Albatros”, de Charles Baudelaire, el poeta de los gatos, son profundos como símbolos que representan los animales en la Literatura, en la Poesía, y tan elevados son como las alas que los convierten en “alados príncipes del azur”: El Alcatraz I Llega cuando el invierno empaña el día Y, heraldo de la recia tribunada, Bate por la quietud de la ensenada El remo gris de su melancolía… II De pronto corta el vuelo; se diría Que lo ha herido la muerte a la pasada, Y cae, como cosa abandonada Y rompe el vidrio azul de la bahía. III Certero el deglutir. Del pico enorme Sale un reflejo de metal pulido: Es el trágico fin de un pez que albea! IV Después, viejo filósofo conforme, Como si nada hubiera sucedido, Se deja columpiar por la marea…
DOMINICAL DE “EL UNIVERSAL”, DOMINGO, 20 DE FEBRERO DE 2000.
Don Peripatético y su amigo el Galgo Don Peripatético estaba alojado en el Hotel Alcora (en arábigo “cora” o “coria” es “distrito”, y se encuentra este topónimo en los nombres de sitios con frecuencia, inclusive existe un Coria del Río), en Sevilla. Fue invitado por los Laboratorios Bussié, existentes gracias a la munificencia de Policarpo Bustillo Sierra, su creador, a partir de hacer medicamentos que él mismo, como químico farmacéutico, creaba en su alquimia de Midas científico. Cuando don Peripatético contó al autor de esta nota lo anterior, quedó asombrado, pues él, como coronista en pequeño de la ciudad, sólo conocía dos casos de invitación semejante aquí en Cartagena, la que don Daniel Lemaître le hizo a su hermano Federico (padre del arquitecto Gastón) y la que Carlos Lemaître hiciera a su hermano Alberto, Mister Tollo. Y sin rebajar la generosidad, que es la misma, recordó don Peripatético que ambos invitantes eran a su vez hermanos de los invitados. Pero don Peripatético era sólo (¿solo?) amigo de Policarpo. Pero allá en Sevilla estaba don Peripatético alojado en el Hotel Alcora con la ciudad a sus pies, pues este queda elevado en un alcor. Y había leído en la recepción de dicho alojamiento que había una excursión con salida en la madrugada, todos los días, a “Granada, la Bella”, de la que escribiera en un bello e inteligente libro el Silva granadino, don Ángel Ganivet. Hechos los arreglos, como suelen decir las novelas décimonónicas, salió muy puntualmente don Peripatético en la madrugada para el Álcazar de Granada, “al-jamrá”, la “colina roja”. Aún estaba “colgada del cielo” la bandeja de plata de la luna sevillana que disfrutaba don Peripatético mientras terminaban de recoger a los pasajeros de la excursión. Al alba estaban en la vía a Granada. Por el madrugón no habían comido los pasajeros nada y don Peripatético tampoco. El bus entró entonces en una explanada y en un pequeño collado, coronándolo, estaba una cafetería, después de dos tramos escalerados en ángulo. Don Peripatético se dirigió allí a zancadas y entró de primero al bar. Ordenó un chocolate y el del bar le aclaró que si chocolate, como se dijo, o “chocosoda”. Explicado, don Peripatético optó por el “chocosoda”, que es lo que aquí comemos (en esta crisis de la canasta familiar) por las tardes, con patacón y queso, pues el chocolate-chocolate de allá (al menos el que ordenábamos en Madrid) era tan espeso que la cucharilla (no la “cucha”) con que lo sirven se puede quedar parada. Al salir del bar con una bolsa de papel -sin “Flores de Papel”- con los restos de un bocadillo de queso y jamón de york, don Peripatético vio que se le acercaba brincoleando alegremente un perro: un Galgo. Ingenuamente, creyó don Peripatético que la alegría del can (tal vez porque no se trataba de su admirado Can Grande della Scala) era por él mismo, hasta cuando cayó en la cuenta que el galgo hocicaba (¿hociqueaba?) la bolsa de papel que llevaba en la mano, con los restos del bocadillo que le serviría para comer en el camino. El conductor del bus le dijo entonces a don Peripatético: ¡Se ha hecho usted a un amigo! Al oír esto don Peripatético abrió la bolsa y dio todo al galgo, alegre de tener un perruno amigo en España. Al subir al bus con picardía, en él característica, dijo don Peripatético a una señora que allí cerca estaba, como lo escribió el poeta en un verso drolático (burlón) y jocoso: ¿Es galgo o (es) podenco? La gracia del poemilla radica en que el diccionario trae las voces “galgo” y/o “podenco” como sinónimos. Ocurre lo mismo con la expresión “por los cerros de Úbeda” al saber que Úbeda carece de cerros y está levantada en un terreno plano. 23 de febrero de 2000.
Johann Sebastian Bach El día 28 de julio de 1750 murió en Leipzig, Johann (Juan) Sebastian Bach, el músico alemán. Este año cumple, pues, doscientos cincuenta años de haber fallecido. Al morir tenía 65 años y nació en Eisenach. Existe flotando la inquietud de que en su familia la inclinación a la música ha podido tener alguna explicación genética. Es posible, no se descarta, pero me inclino por creer más en la transmisión por las facilidades del ambiente cultural. En pueblos y pequeñas ciudades de esa Europa, y en particular de la Alemania de esa época (hoy también), se cultiva el hacer música en el hogar. No existía la radio, pero sí grandes nevadas. No había televisión pero tampoco buenas carreteras y automóviles. El luteranismo tendía a cierto misticismo y la música pasa por ser (al menos la música religiosa) el Arte más abstracto de las Bellas Artes, aunque una dama me dijo una alguna vez que era tan material como las otras, pues las ondas acústicas también eran fenómenos físicos y el sentido del oído en los seres humanos tenía más huesecillos que engranaje tenía un reloj mecánico. Digo, pues, que en un ambiente tal aparece ese inmenso río que es el cantor de Santo Tomás, el llamado “Quinto Evangelista”, Johann Sebastian Bach, aunque su apellido traduce “arroyo” del alemán. Cultivó por su educación e ilustración, amén de su profunda religiosidad, una faceta de música eclesiástica permanente. Amaba la gloria musical en sí misma. Pero la otra fuente del poder, el político, representado en los magnates, fueran obispos, arzobispos después, y aún los Príncipes-Electores, encargaban la música profana para fiestas, tertulias y paseos al campo. Las iglesias barrocas de Alemania parecen salas de fiestas. Las ceremonias reli-giosas son eso, fiestas. Menos las de difuntos. Trabajó mucho por algo de dinero también. Sin resentirse su obra de mercantilismo. Fue un hombre honrado, con la ética del protestante, que él suavizaba en su ocasional rigidez fundamentalista con su sentido eutrapélico, inclinado al buen humor y al optimismo. Gustaba del sexo, pues se casó dos veces, tuvo del primer matrimonio nueve hijos y del segundo, ya viudo, (no se divorciaban tan fácilmente en su época como hoy) hubo trece hijos, es decir tantos hijos como para integrar una “Camerata” u orquesta de cámara. Eso hizo, y la “Cantata del café” la compuso y escribió para “hacer” música con su talentosa prole a quienes les escribía roles considerando sus propias sensibilidades e inclinaciones musicales. Ana Magdalena Bach, su segunda esposa, escribió un delicioso libro íntimo al cual llamó “La pequeña Crónica de Ana M. Bach”, sobre su vida familiar y conyugal (con exquisito gusto no dijo de su marido cosas como las que Simone de Beauvoir (traduce “bello mirar o ver”, o bien, “buena vista”) relató de su compañero Juan Pablo Sartre, en su obra “La Vejez”, cosas que yo obviaré aquí también, pero no por falso pudor). Hombre de sentido del humor, comentaba en la mesa (comía mucho) que uno de sus estudiantes a pensión, dictaba clases de música para redondear sus ingresos,-13 hijos-, de apellido Krebs, en alemán, “Cangrejo”, vivía en casa de los Bach, (“arroyo”, en alemán). Ana Magdalena lo cuidó tanto como Marta Montañés a Pablo (Pau) Casals. Como exquisita voz ella veneraba la “Vis musicae”, o talento integral, de su lejano pariente y esposo. Él, a sus quince años, cuando las gónadas no corríanle aún totalmente en su líbido, fue una gran voz soprano, no sé si “coloratura”, pero tampoco de “castrati”, -no un botón para la muestra-, sino trece más nueve hijos, veintidós. Puse a mi segundo hijo, Juan Christian de nombre, imitándolo. Este hombre de carácter bien temperado, como su órgano musical, barrigón como un pequeño burgués o un congruo hacendado de pueblo, a veces cogía sus rabietas de dómine. Además, mostrando cierta sensibilidad, que sirve de muro al fanatismo religioso, cuando estaba de buen humor en el ánimo y en el bolsillo (faltriquera) se fumaba su buena pipa ante un buen fuego de troncos en su (en el momento) helada Alemania. Jueves, 2 de marzo de 2000.
El “cogollo” de Cogollo El Museo de Arte Moderno de Cartagena sirvió de escenario a la presentación del libro “Cogollo”, editado por George Nader Latinamericant y “Forma y color”, en el cual se presenta la obra del extraordinario dibujante y pintor Heriberto Cuadrado Cogollo. La velada, la noche ya caía, fue hecha por la multitudinaria concurrencia al acto que comenzó con una presentación de Alberto Abello Vives y de Jorge García Usta, sobre el pintor y su obra, preparatorias por lo dicientes de una muestra de un vídeo sobre el pintor, emitido por la “Señal Colombia”, Canal Cultural, programa “Babelia”, con la autoría del realizador Pardo. En la “Sala Republicana”, resaltados por los reflectores colgaban los cuadros que representan en conjunto la obra presentada recientemente por Cogollo: el “cogollo” de Cogollo. Su nombre es Heriberto Cuadrado Cogollo, pero como los franceses sólo utilizan un apellido, fue llamado Cogollo desde su llegada a París desde Madrid, en la modalidad de “autostop”, o chance, como decimos aquí, y aventón, como los mejicanos. El dibujo de Cogollo es de línea exuberante, y de esa que llaman “hiperrealismo” en la pintura, es decir que es una representación muy exacta y detallada de la cosa y/o persona (s) que da (n) origen iconográfico a la pintura. Nalgas yorubas en mujeres de carnación coloreada a lo Velásquez, un rosado oliváceo. Mujeres fuertes, con muslos, caja pélvica amplia, de mujeres dadoras de vida. Plenas. A pesar del aparente hiperrealismo en la repre-sentación son irreales estas mujeres. Mucho desnudo en Cogollo, pues es consciente, como artista, de la existencia del poder del sexo de la mujer en la vida social (es una pintura sexista hasta cierto punto). Algunas obras de Cogollo, expuestas en esta ocasión, son recipiendarias de la intención de aunar las dos escuelas que abarcan o han abarcado su proyecto pictórico: el subrrealismo y el realismo. A la primera la abandona para lograr en su actual madurez vital y artística un lenguaje de pintura que llegue a todos sin conceptuosidad sino sólo con rasgos de pintura, de sólo pintura, de pintura pura. Pintura para sólo ojos y no pintura para el cerebro. Donde el ojo impera para dar información al cerebro, del cual es proyectada parte. Cogollo en el momento, con la memoria de Darío Morales, la presencia de Grau y de Alfredo Guerrero, sumado al gran Molina y José María Amador, constituye la esencia del gran dibujo de la figura humana y de la riqueza del cromatismo aplicado a ella en la pintura cartagenera. Esta muestra de gran calidad bien podría llamarse el “Cogollo” de Cogollo. Sábado, 11 de marzo de 2000.
Elecciones en España Si no se tratara de España, cualquiera creería -despistado- que se trata de elecciones en algún país del norte de África, donde hubo otrora protectorados españoles. Pero es que en España hubo tres culturas amalgamadas o en trance de ello. De allí los apellidos de los dos candidatos sobresalientes en estas elecciones a realizarse el día domingo 12 de marzo. De allí que el candidato se llame Joaquín Almunia, cuyo apellido significa “huerta” y de que por el Partido Popular sea José María Aznar, cuyo apellido traduce como se lo dijo el mismo Arafat, en una renovada visita en Madrid: “torre de fuego”. Pero volviendo a las elecciones, éstas tienen un aspecto de tranquilidad, la tranquilidad que produce la estabilidad y la prosperidad de España hoy día. Y el deseo de los españoles a la paz política -sin embargo tienen ese duro escollo que es la “Eta”- y dedicarse a trabajar y disfrutar de la vida. Aznar representa a la Derecha, o mejor, a la centro-derecha, pero con matices propios de España; y Almunia también encarna un partido de izquierda, como se le entiende hoy en Europa y en España, por supuesto que es una izquierda respetuosa de las libertades y de los derechos humanos, pero con un matiz de intervención del Estado para repartir las cargas y moderar la voracidad del capitalismo que sólo cree en el producto del capital y en las leyes del mercado. No puede ser de otra manera la vida política de la España de hoy, después de tanto desequilibrio político desde las guerras carlistas hasta la Guerra Civil de 1936-39, que se resolvió con actos de increíble heroísmo del pueblo español, fuese cual fuese el bando donde se hubiere militado; entre los nacionales o franquistas, o en la confusa amalgama política de la república que comenzó en el año 1931, el día 14 de junio, con el triunfo de los socialistas y otros coaligados. El régimen franquista comenzó a ablandarse un poco al final y de la dictadura se pasó en los últimos años a un régimen autoritarista que terminó con la muerte de Franco y que posibilitó la etapa política que ahora se vive de la Monarquía Constitucional, fue el abuelo del actual rey, Alfonso XIII, un indeciso entre el ser un rey en una monarquía legislativa, que era lo que le correspondía según el sistema parlamentario bajo el cual reinaba y su deseo malocultado algunas veces de asumir poderes de rey constitucional, que no era, y que contribuyó en buena parte a su desprestigio antes de su renuncia. Aznar responde a un cierto talante autoritario, que intenta disimular sin éxito pero a quien la salud económica del propio país le favorece -no es gestión exclusiva-.En cambio a Almunia le tocó ser -como aquí intenta Serpa- el rescatador del buen nombre de su propio partido, después de los escándalos ocurridos bajo el mando del Psoe, y creo yo al carácter polémico y enfrentador de González como si la España acomodada de ahora sólo quisiera el no estar sujeta a crisis o crispaciones sino a la calma y a la estabilidad, que ya era título de honrilla entre los antiguos faraones. Un matiz interesante de Almunia es que ofreció gravar con impuestos a las empresas del Estado vendidas a particulares, cosa que atrae al pueblo raso y a los votantes, por supuesto. Aznar se vino preparado en su deseo de durar con medidas para elevar el salario pensional a la base y proclama que los triunfos en relación al Euro y otros asuntos se deben a su gestión. Treinta y cuatro millones de electores sobre una población de cerca de cuarenta podrán votar en esta ocasión, en elevado porcentaje y con un mínimo de abstención (fue más amplia de lo que se esperaba) que en sí mismo ya representa una muestra mediante la participación que el pueblo está contento en lo básico.No hay problemas insolubles en España hoy día en materia política. Ojalá pudiéramos decir lo mismo aquí. Sábado, 18 de marzo de 2000.
Don Peripatético por las rúas cartageneras En trance de mejoramiento para todos, el Parque de Bolívar ofrece ahora una nueva distorsión de su entorno que aparece en el panorama por venir. Esta es una ciudad donde la tradición pesa tanto que también se van aferrando las malas y perniciosas tradiciones y por eso hay también que cortarlas de cuajo. Es el caso de la calle de los Santos de Piedra, (¿dónde andarán?, es el título de una popular canción), a la cual le cambiaron el nombre por el de un distinguido prócer, pero a cuya eponimia con respecto de la calle nadie le hace caso, don Pantaleón Germán Ribón. Pues bien, allí va don Peripatético paseándose por las rúas, en realidad no se pasea, sino que utiliza las calles de la vieja ciudad para ir a los indistintos sitios a que lo obliga la vida cotidiana. En la esquina confluyente del ahora rescatado parque, el final de la referida calle, que allí se ensancha un poco, han resuelto los carros parquearse (¿aparcarse?) perpendicularmente a la acera, a semejanza de sardinas en una lata, o sea el diseño que los catalanes llaman de “sardinel”, por lo mismo; y no linealmente, a lo largo de la acera o sardinel, como igualmente lo llaman los habitantes de la vieja Barranquilla, porque algunas tenían o tienen allá ese diseño. Es el mismo diseño textil (ojo, Sara Pau) que se denomina “espina de pescado” o bien abreviadamente “espinapez”, que utilizábamos Fernando González Pacheco y quien esto escribe cuando veíamos a León de Greiff por las rúas bogotanas. El mismo diseño que en inglés se denomina “herringbone” -“espina o hueso de arenque”-. Aunque no lo utilizábamos en cosa de mala milicia, sino de mucha altura, como se está haciendo ahora en la calle de la Iglesia, anterior a la iglesia Catedral. ¿Qué dirá el Datt de lo anterior?, es lo que se inquiere pacientemente don Peripatético en esta nota. Porque en relación a la callejuela que quedó enfrente de la casa de la Inquisición, tapada con una verja de quitapón, se estacionan diariamente allí muchos flamantes carros que destruyen la acera de piedra allí presente, los que sumados a un tarro de basura y otro eventual carro que se sitúa (no sabemos con permiso de quién) en la herradura de la esquina de la calle de la Inquisición obturan, tapan, taponan, obliteran y ciegan el acceso a los transeúntes que vienen y van de la plaza a la calle o viceversa, o como dice un cántico pueril: “se pasea, se pasea, de la sala a la cocina, y de la cocina al comedor”. Es decir, se acabó un problema, el del Parque de Bolívar, y se dejó “tradicionar”, verbo bárbaro, otro problema, que no se sabe ahora cómo corregir. Porque dejar surgir malas tradiciones es también una falta de tradición en el buen manejo de las aceras y sardineles, calles y rúas, soportales y/o portales, pasajes y puertas, portones y portañuelas, portazgos y poternas, amén de plazas, en esta ya atiborrada ciudad, donde sólo el manejo respetuoso del espacio público la puede hacer grata al andante, o “peripatético”, de cualquier latitud que fuere. Don Peripatético tiene detectados otros puntos conflictivos en el paseo o circulación pedestre por la entidad que es la ciudad amurallada, que ojalá pueda describir en el futuro con la venia del director de nuestro matutino, en notas sucesivamente alternantes con otros temas, para no caer en lo monotemático, que es otra forma de fastidiar, como lo hacen los malos olores -no las feas hedentinas- como dijo el réprobo en un ripio pues la “hedentina” ya es de suyo fea, que de tanto olerlos uno acaba finalmente con anosmia en relación a ellos, es decir, en la incapacidad para advertirlos olfativamente o percibirlos por las narices, tal parece que algunos tienen tan largas como sus propias pretensiones en relación a una supuesta propiedad excluyente de la ciudad. Como es la de quienes parquean sus carros como sardinas en lata en la calle de los Santos de Piedra, que la hacen de difícil paso o trance. Jueves, 23 de marzo de 2000.
El “animal de la vista baja” y el Unicornio La literatura medieval fue profusa en la materia. Los libros llamados “bestiarios”, fueron innumerables y nutrieron no sólo la fantasía literaria sino la pictórica, a partir de Bosco, y las láminas de libritos plenos de imágenes de endriagos, monstruos y demás concepciones de animales fantásticos. Hasta los albores de los viajes océanicos, hallamos cartas naúticas con las horrorosas reminiscencias, causantes del terror entre los navegantes con la excepción de Colón. Todos los pueblos han concebido un bestiario donde han permitido que se grafiquen sus temores a lo demoníaco y a lo ignorado. Quimeras de Edipo; el violador Pan, terror de las ninfas, y qué decir de serpientes y demás bestias. Pero nunca la fantasía de los hombres llegó a la realización de un bestiario tan poblado como el de la edad previa a la renacentista. Edad en que la fábula fue sólo eso: fábula. Egipanes, endriagos, grifos, anfisbenas, dragones y serpientes de ollares humeantes conforman una larga lista que sólo Rabelais da completa en su obra “Gargantúa” y que ratifica Jorge Luis Borges en su recención maravillante y afortunada, en donde parece que a su influjo de relator y compendiador literario la obra sea original y no una larga tradición de animales literarios. Fue Francisco Gómez Silva de Quevedo y Villegas, -hoy día no lo habrían bautizado así-, el cantor de un Soneto dedicado al Puerco, nombre que lo denomina, moderna-mente, al que en algunas regiones aún se llamaba en aquel entonces, con injusticia y precisión, al sápido puerco, el “animal de la vista baja”. El eufemismo ya había sido empleado por los “bestiaristas” anteriores, que habían denominado a un animal, cuyos párpados eran de color rosado y que como la “Hidra” petrificaba a quienes se los vieren, con el nombre de “catoblepas”: “el animal de la vista baja”. Animal inmundo, que se aparece al monje San Antonio en las tentaciones que Flaubert describe en la obra del mismo nombre, cuando el santo eremita (sexófobo) se retiró a Tebaida. Flaubert estuvo en Egipto, especialmente, para recorrer el desierto en algún momento de su vida muy crítico. Quevedo, en cambio, reivindica en sus versos al tenedor en sus costillas, a los exquisitos chicharrones, a los torreznos o lascas de jamón, y a los tocinos con los que Góngora amenazaba “untar” en sus peleas literarias, a Lope de Vega. Con un soneto así el chancho, como dicen en el Perú, subió de categoría en todas las mesas y se lo miraba con altas miras gastronómicas. Ya no fue más el marrano estigmatizado, con su pezuña hendida, y desapareció aquello de “animal de la vista baja” para él. La oleada de animales fantásticos llegó hasta nosotros, siendo ya pasado el temor a los mismos. Pero constituyendo aún fuente de inspiración viva a través de las láminas de los libritos, que eran el “tesoro” de los pintores de la Colonia y que también se denominaban “bestiarios”. Podemos ver en Tunja en los techos de la “Casa del Fundador”, Gonzalo Suárez Rendón, un magnífico y único ejemplo subsistente de pinturas de los míticos animales, inmarcesibles en sus colores gracias a la técnica “al fresco”. Tal vez el que más vivazmente recuerdo es el de la figura de un rinoceronte resguardado por sus placas defensivas, y del tamaño de un elefante, con el supuesto afrodisíaco cuerno del tamaño del que llevaba en el testuz el único animal medievalesco que no inspiraba temor: el Unicornio. Jueves, 30 de marzo de 2000.
Un gran comunicador: Everardo Ramírez Toro Es un gran comunicador entre nosotros los cartageneros Mediante sus libros será un gran comunicador también para los que habrán de venir después de nosotros. Para todo aquel que lea o haya leído sus libros. Con una sólida formación humanística recibida en Seminarios y universidades de la Iglesia católica. Un día le dijeron: “Tu est sacerdos ad aeternam”, y esto le marcó de modo indeleble. La Antigüedad, le ocupó en sus primeros esfuerzos como lector y como profesor. Pero él es algo más, rebasó con dolor esos roles para convertirse en un Comunicador, en un puente de ideas. El libro lo ha llevado a un grado excelso en esas latitudes. Lector latinista y helenista, es de los vasos canópicos vivos que contienen ese saber en estas latitudes costeñas y colombianas. Conoce la “Patrística” y las Humanidades del ayer siempre eterno, que se desdoblan hasta hoy cargadas de verdades inmanentes y eternas como la condición del Hombre sobre la Tierra. La cultura contemporánea es para él una sucesión continuada de esos estudios del ayer olvidado en el tiempo pero permanente en el mismo. Puede entrelazar las profundidades de la esencia a la frivolidad de la accidentalidad cambiante de los tiempos de hoy. Recientemente he leído el libro último de su actividad de filósofo y está escrito en una serie de “filosofemas”, que constituyen motivo de alta reflexión entre el arcano remoto y la sabiduría más inmediata. Escribo sin pudor recatado de mi admiración por Everardo Ramírez Toro esta nota, pues para un comentarista escribir sobre su conocimiento es mirar a lo alto de la vida del espíritu. Ese libro en su parte primera, “La pirámide encantada”, es una obligada fuente de reflexión que nos ofrece nortes en los enfoques sobre muchas disyuntivas de la vida intelectual y vital a la par. Everardo está escribiendo siempre en su ordenador, pasó de la romana péñola a la pantalla, pero su espíritu como lector, escritor asimilador y comunicador son una sola cosa. Algo muy buído y fino. Qué alegría la que enseña, la que distrae y consuela como sándalo bálsamo. Estuve leyendo recientemente sus “Lecciones de filosofía para costeños” y quedé enterado de su capacidad de navegante para bajar el vuelo del pensamiento de los presocráticos a la altura de una nave desde la cual se puede ver en la ruta el suelo, es decir, el convertirlo en algo muy comprensible a todos los públicos, sin perder nada de su esencia, a los estudiantes de hoy, y estar dirigida a los costeños con un humor que nos pertenece a todos cuando lo mezclamos con las verdades del saber filosófico. En una rica metáfora, Everardo nos dice en ese ensayo cómo la sabiduría del mar del Viejo Mundo, el Mediterráneo, en rica pleamar saliente desborda sus aguas al Atlántico y cómo con la magia natural de las mareas las insacula en este mar Caribe que se abre en sentido contrario a aquel para contener sus ahora nuevas aguas después de ser aquellas milenarias convertidas en nuevos mares en cuencas nuevas también. Sábado, 15 de abril de 2000.
El Estilo es el Hombre Me refiero al estilo en el escribir. La gramática es una gran ayuda para el bien escribir. No obstante, en ocasiones el apego excesivo a ella puede traer al estilo la sequedad, que opera como un muro en la comunicación. Existen escri-tores como Conrado Naxlé Roxlo, nacido en Argentina en 1898, año que define a la gran generación de escritores y de pensadores españoles, a quienes les tocó vivir la crisis española en sus antiguos dominios coloniales. Nalé Roxlo podía en su estilo, al escribir, imitar a indistintos escritores, inclusive su propio estilo. Fue George Louis Leclerc, conde de Buffon, naturalista y escritor francés, el autor de la frase que da título y sentido a esta nota: “Le style c’est l’homme”, que significa que el estilo refleja el espíritu de un escritor. ¿Y entonces Nalé Roxlo, de quien nos queda la inquietud de si tenía estilo propio o no, ya que podía imitar estilos variados de otros, no tenía realmente un estilo propio, por lograr comprender, mediante la gramática, los apegos que a ella tenían los otros escritores y aún los desaciertos de cómo escribían los otros? Unos perfeccionistas del asunto no quieren, castigando su propio estilo, usar sino las partes mínimas de la oración al construir lsus frases, inclusive el otrora llamado complemento circunstancial, (que ahora tiene otro nombre). Utilizan, pues, sólo el artículo, el sujeto y el verbo. Queda una pequeña frase como la de un liliputiense, luego ésta, por ser un escrito de alguna extensión, necesita de otra frasecita, y así… Es el estilo que llaman periódico (por período) o estilo cortado. El último calificativo lo describe de mejor manera. Al uno leer ese estilo en frases tan cortas, queda igual, así, cortado de información. Es verdad que Azorín llevó este estilo a la depuración, desbrozar la escritura de todo floripondio o vana retórica, pero nunca a la pobreza del idioma. En su libro “El Político”, donde se refiere a la vida de los grandes ministros, o privados, de los reyes españoles Felipe III y Felipe IV, en su orden, don Rodrigo Calderón, el Duque de Lerma y el Conde-Duque de Olivares, la frase es justa, magra, pero no pobre. Pues aunque no le agradaban los ripios a Azorín, ni siquiera en la prosa, pues en el verso es vicio aún peor, huía al propio tiempo de la que él llamaba “miseria idiomática”. En estas cosas del estilo podríamos traer a cuento dos anécdotas. Una, de Honorato de Balzac que decía que al escribir hacía cuatro cosas, tres de ellas borrar. La otra es de don Eugenio D’Ors que, preguntado sobre cómo escri-bía sus artículos dijo: “es muy fácil, los escribo de un tirón y quedan inteligibles y después los complico un poco al final”. Miércoles, 3 de mayo de 2000. El descascaramiento del dictador Uno de los yerros -fue un grave error político- en que incurrió el idealista presidente Allende de Chile fue invitar a Fidel Castro a que fuera a su país. Nunca se entendió el porqué de una visita tan larga y por todo el país, como si aquel hiciera una catequesis proselitista de la Revolución cubana, que había sido anunciada por Castro teniendo al Ché Guevara, como ejecutor en Bolivia. Dentro de la idea de que “Chile era un país democrático” se cayó en el exacerbamiento de los opositores, a quienes no les gustaba aquello que preco-nizaba Fidel de que “quien controlara la calle controlaba también el poder”. Craso error, pues la “Calle” no puede con el “Cuartel” sino cuando el cuartel se alía con la gente de la calle, como ha sucedido en todas las revoluciones triunfantes. Fidel era a ultranza en la época a que hacemos mención partidario de hacer de los Andes la “Sierra Maestra de América”. No el Fidel de hoy sin el apoyo de la Unión Soviética, fenecida en uno de los fracasos políticos más grandes de la historia combinado con el mayor engaño político de la historia también. Pero una cosa es el levantamiento, o pronunciamiento, como se decía en España en los días de 1936, asunto muy complejo para analizar en una simple nota periodística y las consecuencias de ese levantamiento a la cabeza del cual estaba Augusto Pinochet Ugarte, en esa época un oscuro general, vestido de gris, al cual posiblemente sólo lo conocían en su país. Pero el mundo lo vio todo en un “flashback”, o retroceso cinematográfico, al ser retenido en Inglaterra, por orden del juez español Baltasar Garzón, por los crímenes cometidos durante el tiempo en que estuvo al frente del gobierno de Chile, resultado de su acción de guerra contra el gobierno de Salvador Allende. Desde la Dina -policía secreta del Estado- transmitían las órdenes que él mismo daba para eliminar a los opositores y partidarios de la coalición allendista. La muerte sumaria, el ser arrojados desde aviones al mar, en esto sus maestros fueron los generales argentinos que controlaban a ese país y que decían que la guerra contra los comunistas o socialistas sólo se podría hacer así, desconociendo todos los derechos humanos y aplicando a la guerra de guerrillas urbana la llamada “guerra sucia”. Hoy Pinochet Ugarte vuelve a encarar -después de su retención en Inglaterra, larga y casuística- un nuevo litigio en su Chile natal, adonde regresó, tendiente a despojarlo de su “amarre” constitucional, mandado a hacer por el mismo, de su condición de senador vitalicio exento con la inmunidad parlamentaria, o mejor congresional, de toda posibilidad de ser juzgado en su país, por más de setenta denuncias, por sus presuntos crímenes contra la humanidad del pueblo chileno. En Chile los cuarteles vuelven a moverse intranquilos por ello, pero ya los tiempos han cambiado: está en el poder nuevamente un socialista, con perdón, más aterrizado que Allende, ya Castro no representa una amenaza real (su economía y hasta su personalidad se han resquebrajado), amén de que los Estados Unidos de hoy día ya no le marchan a este tipo de agresiones brutales*, además de que el pueblo de Chile se ha reequilibrado en su postura de que los excesos radicales retrasan muchas veces procesos que se pueden hacer, aunque más lentamente, creando espacios sólidos de participación democrática y no revueltas, fácilmente aplastables, por el “Cuartel”. El otoño del patriarca ha llegado inexorablemente y aunque desaparezca antes, por la muerte, el verdadero símbolo de estas acciones queda claro, para Chile y América. La fuerza se legitima cuando es esclava de la Ley. Miércoles, 17 de mayo de 2000.
Vargas Llosa, el Escribidor. La “Tía Julia y el Escribidor”.Es el título de la novela de Vargas Llosa, candidato otrora a la presidencia del Perú, contra la primera de Fujimori. La facilidad aparente de esta obra viene a convertirse, después de leerla varias veces, en la consciencia de la plena admiración a su autor, por hacerla, gracias a su ingenio, así, cuando en realidad es que es el resultado de una complicada técnica novelística. Vargas Llosa es un narrador vocacional sumado a un profundo conocimiento de todas las técnicas literarias, como lo muestra la <opera magna> que ha logrado crear en los más diversos géneros: en drama, “La Señorita de Tacna”; en cuento, “La Ciudad y los Perros”; en novelas, “La Guerra del Fin del Mundo”; de carácter histórico, la rabelesiana (satírica), “Pantaleón y las Visitadoras”, “La Casa Verde”, etc.; en el ensayo dio a luz -género entre nosotros aún en el almácigo- el notable trabajo sobre la obra y la personalidad literaria de García Márquez, “Biografía de un Deicidio”, y “La Orgía perpetua”, revelador estudio sobre uno de los grandes realistas de la Literatura, Flaubert. Pero volvamos, después de tan larga introducción, a esbozar un comentario sobre la obra que da nombre a esta nota periodística, “La tía Julia y el Escribidor”. Trátanse realmente -aunque a la simple lectura aparezcan muchas narraciones muy alejadas e inconexas unas de otras- de sólo dos temas, narrados con la técnica de alternarlos, para escapar, mediante el intercalamiento, a buscar dos cosas, a la linealidad excesiva y al tedio. En Vargas Llosa nunca debemos olvidar al conocedor de la secuencia en el teatro. De las dos historias, una es la relativa a su vida de estudiante de Derecho en la Universidad de San Marcos, de Lima, y a su oficio, como guionista de noticias, para el periodismo radiofónico en una cadena de emisoras de radio especializada en temas diversos, una de esas emisoras emitía las famosas radionovelas tipo “El Derecho de Nacer”, del “gran” Félix B. Caignet, que hizo llorar a dueñas y sirvientas al unísono, al democrático olor de ajos y cominos, en las horas previas a servir la mesa como ahora hacen sus sucesoras, las telenovelas. Descendientes ambas de la novela-folletón (feuilleton) parisiense del siglo XIX, con su carga cursi y enseñadora trivial de la expresión de sentimientos personales y colectivos, en el lenguaje comunicante y llano que todos los radioescuchas compartían. Con la llegada de Pedro Camacho -El Escribidor- la cosa se desdobla, pues este escribe todo el santo día una pluralidad de guiones -redivivo y popular Balzac radiofónico- para alimentar el insaciable hambre de los innumerables seguidores de semejantes tramas urdidas a lo ángel y a lo demonio, y que se pasan durante todo el día en la radio donde en la novela trabaja, como dijimos antes, Vargüitas. En la medida en que los guiones respondían al proceso de delicuescencia mental del “Escribidor”, éstos fueron presentando cruces entre sí de situaciones y de personajes, quienes salían de una radionovela para entrar campantemente en otra hasta la locura final, que dio al traste con la exitosa carrera, hasta el momento, del “Escritor”. ¿Pues, qué otra cosa era este hombrecillo de ojos saltones, “Popeye” solitario, que vivía sólo para escribir sus argumentos retorcidos todo el santo día sin dar importancia alguna a su mujer, a sus hijos, a la comida caliente y decente, a una habitación limpia y a una cama tendida? La literatura, como el Amor, enfebrece (da fiebre) pero en la multitud de los mil y uno se pueden recordar como escritores torturados de la primera a dos de quienes hago mención, a Pedro Camacho, El Escribidor, que hemos comentado, y a aquel que en “Crónica de una Muerte Anunciada” se desempeñaría al final del relato como juez en la Guajira escribiendo con tinta roja, color de la roja sangre a que aludía Nietzsche como a aquella con la que se debía escribir para ser digno de credibilidad -y que todos sus lectores creen que es clara (¿enigmática?) alusión a sí mismo: García Márquez. Sábado, 27 de mayo de 2000.
“Piar, Petion y Padilla, tres mulatos de la revolución”. En su tarea de mecenazgo, la Universidad Simón Bolívar, de Barranquilla, ha reeditado muy hermosamente la obra de Juan Zapata Olivella intitulada “Piar, Petion y Padilla, Tres mulatos de la Revolución”. En el interesante prólogo a la obra de la mano de José Consuegra Higgins, hay un cuestionamiento a la obra de Zapata en relación, escrito en forma de imaginario diálogo, al planteamiento que este da a lo largo de toda la obra del concepto de que por ser mulatos estos tres héroes fueron desconocidos y obliterados en vida, lo que permite que Consuegra Higgins le plantee al autor de la obra que los conceptos y opiniones al respecto, que tienen que ver con el papel del Libertador, desgastan a este en su nombre histórico y que son conceptos del historiador, y de quien fuera presidente de la República Dominicana, Juan Bosch. Quien, en opinión de Consuegra Higgins, es adverso al Libertador Simón Bolívar. Consuegra opina que en ese momento histórico la lucha era por la liberación contra el yugo español y no una lucha de clases o étnica. Zapata dejó intacto el imaginario prólogo que le fuera enviado por Consuegra para su posible enmienda (el cual era difícil no aceptar o al menos enmendar para él pues su mecenas era precisamente Consuegra Higgins, quien usó inelegantemente de su posición dominante) y dejó así sentado que persiste en su opinión y expone -quien calla no siempre otorga sino que también afirma- sus argumentos con claridad y conociéndose el lastre dejado por la esclavitud y la separación clasista y exclusivista del sistema del cual Nueva Granada se separaba, no es muy difícil hallarle a esta tesis expuesta por el autor, si no una explicación total de los acontecimientos, sí una influyente presencia de manera muy notoria. ¿Y para qué negar esa realidad? Muchas veces los héroes, y aún los santos, tienen prejuicios de tal tipo, porque la insidia de los prejuicios se bebe desde niños y luego el desarraigarlos es ímproba tarea de titanes en un proceso de reeducación. De todas maneras, no faltaba más que así no fuera, cada quien es dueño de sus opiniones históricas y Juan Zapata es no sólo un historiador confiable y respetable en el ámbito nacional e internacional, sino también un decidido cultor de los valores identificadores de la raza a que dice pertenecer (a la que pertenece), y desde los comienzos del libro queda claro que su obra es una defensa histórica del rol de los tres grandes personajes que ameritan su obra, sobre ellos escrita en doscientas páginas y que es al propio tiempo una crítica humanística del presente mediante el hecho de mostrar los prejuicios del pasado para que las telarañas de quienes puedan hoy albergarlos, o crear unos nuevos prejuicios sociales sobre patrones establecidos en prejuicios raciales, queden al descubierto en su insensatez, y se acojan a una didáctica basada en el concepto de que la raza humana es sólo una, y de que la variedad en lo accidental sólo debe exaltarse para matizar la identidad de la esencia. El estilo de Zapata Olivella tiene la poética en la narración, perot ambién un cúmulo de datos que demuestran una concienzuda lectura investigativa, para establecer los datos y fechas pertinentes para su tesis. Es, pues, la obra un ensayo, y no trata por lo tanto de agotar el tema, pues busca un fin específico en el libro: demostrar que Piar, y Padilla, tuvieron fines desgraciados al final de sus vidas, y marginamientos durante ellas, por el mero hecho de ser mulatos, por las discriminaciones étnicas. No así, me parece, es el caso de Petion, de quien Juan Zapata Olivella pinta una bella semblanza en derredor de este personaje, el Presidente Petion, de Haití, que agiganta en la mente del lector la imagen amable que todos tenemos de este prócer que tanto sirvió a la causa de la Independencia, y a quien Zapata llama en su capítulo pertinente como “el Magnánimo”, muy apropiadamente. Petion fue una mente universal, en cuyo trasfondo sólo estaba una realidad: el logro de la felicidad del ser humano, y su petición a Bolívar de que liberara a los esclavos tenía esa finalidad. Libro este de Zapata elegantemente escrito, y que como se dice comúnmente no se puede dejar de la mano hasta no terminar de leerlo. Sábado, 10 de junio de 2000.
El libro de Samper Su título: “Aquí estoy y aquí me quedo” me recuerda la expresión costeña utilizada en béisbol: “Quieto en primera (base)”. Y más allá, la que se dice que profirió Luis XIV de Francia: “El Estado soy yo”, -‘L’État c’est moi’-, frase que nunca dijo, aunque en un documento dijo cosas parecidas que podrían resumirse en el famoso aserto. Esta que utiliza Samper la dijo en un discurso público en los días en que sufría el jaque de la oposición para que abandonara la Presidencia. En esta obra Samper da su versión de los hechos que rodearon su ejecutoria en muchos aspectos: la posibilidad de que en su campaña entraran dineros provenientes del narcotráfico, su asombro de que Fernando Botero manejara dineros de la campaña en cuentas privadas en el exterior, el atentado contra el profesor Antonio José Cancino, el asesinato de Gómez Hurtado, la acusación de que hubiera recibido personalmente seis maletas llenas de dinero de la mafia de Cali, la emocionante entrevista en Palacio a que convocó al general Bedoya para solicitarle que renunciara a su cargo, la salida de aquel y tantas otras situaciones que rodearon su mandato convulso y turbulento. De las partes de la obra más gustosas (todo en ella lo es, este libro pretende constituirse en un “álbum”, o Libro Blanco, vale decir una defensa de su Gobierno y de sí mismo). Samper es un maestro de la ironía y aún del sarcasmo, es como decía Góngora y Argote: “Bachiller en ironía y doctor en sarcasmo”. Y la aplica cada vez que puede a lo largo de la obra. Pero no todo es rigor, Samper también relata aspectos suyos personales en relación a sus hábitos, a sus comidas preferidas, a su ropa, a su “manía (según él mismo) explicativa”, y a su compulsión a organizar y componer los objetos de su entorno. Alude también a sus coleccionismos de libros, bastones, billetes, (sobre todo billetes), etc. Su familia -dice- en días de gran tensión, y la charla “mamando gallo”, con algunos amigos lo aliviaban de las tensiones, y la valeriana en gotas con la avena le permitía dormir algo mejor, pues no tomó, dice, “pepas” ni somníferos en los muchos días y noches de angustia. Apartes del libro están dedicados a Gaviria, a López Michelsen, a De la Calle, a Botero, y establece sus opiniones sobre ellos con matices que van desde la ironía, el agradecimiento y el reconocimiento, la burla sangrienta, el odio velado y el resentimiento, sobre lo primero dice no haberlo sentido en grado intenso y de lo segundo dice que espera disolverlo con el tiempo. Allí está el simpático “pasaje” de la implantación de la “lú”, (luz), a los habitantes de la isla de Tierrabomba, que publicó “El Universal”, lleno de gracia como el <Ave María>. Cuenta Samper, como siendo él un gran lector, no pudo leer con regularidad durante su Gobierno, dejando sus lecturas para los días de vacaciones. Entre los autores que dice leer dos o más veces, excepcionalmente, está Nikos Kazantzakis, muy interesante habría sido saber, se trata de curiosidad gratificante, cuáles obras leyó del gran escritor griego contemporáneo, si “Cristo de nuevo crucificado”, “Carta a El Greco”, o la versión moderna de la “Odisea”, o bien, “La última tentación de Cristo”, del famoso escritor griego, fallecido en 1957, quien fue Comisario Político de Grecia para la repatriación de los griegos desde Turquía en 1923. Pero la obra en comento, hay que tenerlo en cuenta, no es propiamente un libro de crítica literaria ni aún menos unas memorias de Samper sino la personal visión, explicativa y justificativa, de uno de los períodos presidenciales más críticos y criticados desde la segunda presidencia de López Pumarejo, que culminó con su renuncia. Cosa que Samper no posibilitó con su actuar basado en el argumento de “aquí estoy y aquí me quedo”. Como intituló su libro. Sábado, 17 de junio de 2000.
El enigma del retrato del medallón “Planeta” con la autoría de la historiadora Carmen Ortega Ricaurte ha editado un libro digno, por la capacidad deductiva de la autora, de Bernard Spilsbury o de Agatha Christie. Se trata de un trabajo polémico en pos de establecer si las dos últimas hijas de Antonio Nariño, el Precursor, fueron engendradas por él o por otro lado, naturalmente, eran sólo hijas de su mujer, Magdalena Ortega, durante su prisión en Santafé de Bogotá, en donde estuvo incomunicado durante el tiempo en que esas hijas fueron concebidas y nacieron. La historiadora Carmen Ortega Ricaurte después de graduarse de Filosofía y Letras en la Universidad Nacional se graduó en Arte en la Ludwig Universität de Munich. En sus últimos cargos fue directora del Museo Nacional y del Museo 20 de Julio, en donde se encuentran muchas de las reliquias de don Antonio Nariño, en buena parte resultado de la munificiencia del doctor Eduardo Santos. Este interesante libro surgió de la elaboración de un trabajo que la autora preparaba para ingresar a la “Sociedad Nariñista”, en Bogotá, cuando héte aquí que se topó con el asunto atrás anotado. Que haciendo la primera parte del trabajo investigativo de los miembros de la familia de Antonio Nariño y Magdalena Ortega, su mujer, para establecer pequeñas y necesarias biografías encontró que las últimas vástagos, Mercedes e Isabel, estuvieron en el vientre materno y nacieron durante el emprisionamiento de su padre. Es decir, que eran hijas adulterinas, como hasta hace poco los llamaba el Código Civil con la infame expresión de “hijos de dañado y punido ayuntamiento”, según el sistema de filiación discriminatorio por razones de herencia de bienes y conceptos religiosos insertos en la legislación.Y siempre aplicación de la inicial concepción que vemos en el Derecho Romano de que la madre siempre es cierta. ¡Matrem semper certa est! Pero aunando su entrenamiento y experiencia sobre arte y museografía inició la autora una investigación iconográfica del retrato que le realizó a la esposa de Nariño el pintor Joaquín Gutiérrez, en donde la dama sostenía sobre su regazo, como se dice, a su menor hija, Mercedes, de casi tres años y está otra vez en estado de “buena esperanza”, como se dice, al decir de Carmen Ortega Ricaurte. Estos datos la hicieron ahondar aún más en el tema, y como recordaba ella el cuadro donado al “Museo Nacional” de doña Magdalena revivió todo el proceso de restaurarlo, que abarcó el radiografiarlo (lo mismo se hizo en la “Escuela de Restauración del I.C. de Cultura” otrora, con el retrato del general Juan José Nieto que está en el Salón de Actos de la Academia de Historia de Cartagena,* devolviéndole su originalidad después de tantas repintadas infortunadas) y descubrir que había sido repintado para eliminar detalles originales en su elaboración. Y según Carmen Ortega Ricaurte, en el medallón que ella lleva en el cuello, que surgió a la luz tras la restauración que le practicó el samario Ataúlfo Mendivil, ella aparece suntuosamente enjoyada y peinada, llevando un adorno con un retrato que es para la autora del libro el verdadero progenitor de las niñas, don Jorge Tadeo Lozano, hijo del primer marqués de esa denominación en Santafé de Bogotá. Después, la obra contiene todos, o casi todos imagino yo, simple lector, los posibles argumentos en contra de esa conclusión, que causó escándalo el día que se leyó su trabajo en la anteriormente citada “Sociedad Nariñista” y en la prensa nacional. Jueves, 29 de junio de 2000. *Este Salón en que reposa el retrato del general Nieto es ahora parte integrante del Museo de la Inquisición.
El Muro de Nopal* se ha derrumbado Con la caída del “Muro de Berlín” se derrumbó finalmente el Estado Soviético, después de su implantación que duró setenta años. Fue abierta y declaradamente una Dictadura del Proletariado (al menos en teoría) con un régimen tiránico y opresivo, basado en años subsiguientes a su establecimiento en la fuerza y el sistema policial stalinista. Durante la Segunda Guerra Mundial el estado mismo de guerra estableció “per se” una dictadura obrera en aras de la producción, el sistema stajanovista, que el pueblo ruso, siempre patriótico como pocos, aceptó para sublimar sus sentimientos de libertad en el propósito de derrotar al ejército nazi que invadió su país, repitiendo así los manes de Bonaparte, que supuso mal en que su invasión a Rusia dizque para implantar las ideas republicanas, en realidad para imponer su propia dictadura bajo esos principios, haría saltar al régimen zarista en cumplimiento de cerrar el ciclo de la “Revolución Francesa” que pretendía acabar con el feudalismo para siempre. En Méjico se dio cumplimiento hace poco (el día domingo 2 de julio) a las elecciones presidenciales para reemplazar al actual mandatario Ernesto Zedillo, a quien hay que reconocerle la serie de reformas en relación al ordenamiento interno de su partido para suprimir el llamado “dedazo” o escogimiento del candidato a quien el PRI le concedería todo su apoyo, y la financiación justa a los diversos partidos que tomarían parte en los comicios. Además, del mejor reparto del tiempo disponible entre aquéllos de la propaganda política en la televisión. A rega-ñadientes se aceptó la vigilancia de entidades internacionales que pudieron hacer presencia para comprobar la pureza de las elecciones y del escrutinio en general, pues Méjico mantiene hasta el día de hoy cierto chovinismo (exacerbado nacionalismo) en materia política que es el equivalente a su inveterado y típico machismo en el nivel individual. Pero a pesar de todo allí estuvo Carter, y otros, siguiendo el proceso en el cual finalizaría su existencia el “Muro de Nopal”, que se resquebrajaba poco a poco. Fox, el candidato ganador, del PAN, acabó defi-nitivamente con él. Después de setenta y un años de hege-monía política, en que sus iniciales componentes fueron el fervor revolucionario de la victoria contra los “cristeros” y terratenientes, el resentimiento histórico nacional contra la invasión napoleónica y la ablación territorial que sufrió el país con la pérdida de Tejas, (Texas), aunada al repudio de la dictadura personalista que tipificó Porfirio Díaz y la invasión norteamericana a su territorio, el PRI derivó hacia lo que se llama el concepto de “partido-estado”, semejante en algunas cosas a la “Nomenklatura” soviética, pero exenta del principio de la dictadura proletaria y del sistema policial logrando sus objetivos excluyentes a base del negamiento de las condiciones de igualdad a sus opositores, del fraude o la mentira electoral, del “acarreo” o traslado de votos mediante auxilios o la compra directa el día de las elecciones, y en ocasiones, se dice con intensidad, con el colombiano “chocorazo” (no conozco como se le llama allá), el sistema era así una inexpugnable fortaleza en cuya demolición gastó muchos años la denodada oposición de Cuauhtémoc Cárdenas, y en días más recientes e inmediatos Vicente Fox, candidato ganador y hoy presidente electo de Méjico, que tomará posesión el próximo uno de diciembre. El “Muro de Nopal” ha caído… Miércoles, 12 de julio de 2000. *El Nopal o Nopalera, en náhualt “Nochtli”, está asociado a la leyenda mexica sobre el sitio en que debía ser fundada la ciudad de Tenochtitlan, es una planta del género Opuntia, de la familia de las cactáceas.
“¿Si no hay pan por qué no comen tortas (biscochos o pastelitos)?” El título de este trabajo es la frase que se le atribuye a María Antonieta, esposa de Luis XVI, rey de Francia, o la que, por lo menos, la historia dice que el pueblo dijo que dijo: “si non è vero è ben trovato” (en italiano, si no es verdad al menos puede serlo).
El aprovisionamiento de pan Este era uno de los asuntos en los cuales se colocaba el sumo interés de la administración de Francia. Para París, la capital, era necesario un millón de libras de pan diarias, dos libras por persona, para las gentes de la gran ciudad el pan equivalía al consumo de arroz para los costeños atlánticos colombianos. Esto nos da una idea de la trascendencia del tema en los días previos a la “Revolución Francesa” de 1789. El aprovisionamiento de grano de París, lo mismo que el de harina y pan, se regulaba minuciosamente. En la periferia de París estaba delimitada un área de diez leguas (85.572 metros y un pico) en la que los granos que rebasaban esta cifra en el consumo de los pueblos pertenecientes a ella eran derivados a proveer a la capital. Las categorías de comerciantes del ramo eran: los de cereales, los “petites blatiers” (comerciantes en pequeño de grano) y las grandes compañías de aprovisionamiento de trigo. Los comerciantes en cereales sólo podían comprar fuera de la zona establecida de diez leguas y en algunos pueblos dentro de ella, definidos. Estaba prohibido comprar trigo sobre la cosecha futura, el comprar directamente en la granja del campesino o comprar almacenamientos para engordar. Algunos de estos comerciantes tenían permiso del Ayuntamiento (Concejo) de París. Debían aprovisionar sólo a París, pero estaban sujetos a intensas vigilancias y drásticas sanciones por infracciones a la norma, como entregar, por ejemplo, trigo podrido o agusanado, etc., su interés por cumplir las normas, era en sentido adverso, premiado con primas o bonificaciones. Por otra parte, los comerciantes en grano de los alrededores de París compraban fuera de las diez leguas, para acaparar y especular, granos que guardaban en pueblos de las cercanías a la capital. Los “petites blatiers”, o pequeños trigueros, hacían lo mismo, pero en cantidades reducidas por no tener más capital. Los terceros en categoría eran los “gordos” o las grandes compañías, se les había encargado traer trigo de las provincias y del extranjero hasta la región de París. Las más importantes, y por eso damos sus nombres, eran la Malisset (se le acusó del “pacto del hambre”), la compañía Mabille, la compañía Doumerc y la compañía Thelusson. Compraban en orden de cercanía a París y en razón a la escasez. Cuando importaban del extranjero lo hacían por el puerto de Marsella desde las zonas arabizadas del norte de África (lo que se conoce en lengua árabe como el Magreb (Argelia, Túnez, y Marruecos de hoy día). En ocasiones el trigo venía de Holanda o de Polonia por el puerto de Le Havre. El trigo así adquirido se procesaba en los molinos de las cercanías de París, se sabe que había más de 4.000, de los cuales 3.000 funcionaban con aguas de ríos; además, había mil molinos de vientos (como los de La Mancha, tan combatidos por Don Quijote) en las colinas de Montmartre, inclusive en las goteras mismas de la capital francesa, París. La harina así procesada entraba a París por “puertas de arbitrios” (especialmente establecidas para contar y cobrar impuestos sobre los bienes que por allí entraran), París, en esa época, estaba circundada de murallas toda y tenía en total cuarenta y ocho puertas. Allí compraban los panificadores privados que hacían su propio pan y el resto de la harina debía ir al mercado público. A finales del siglo XVIII toda la harina del mercado de las Halles era ya comprada por los panaderos parisienses. Había tres clases de panaderos: los panaderos de la ciudad, los panaderos de los “barrios” y los panaderos foráneos. París tenía entre doscientos y trescientos panaderos. Muchos barrios estaban por otra parte desprovistos de panaderías. Muchos panaderos eran pobres. Sólo cocían entre dos-cientas y trescientas libras de pan diario. Según el cálculo anteriormente citado sólo proveían pan para cien o ciento cincuenta personas. Tenían utensilios anticuados y estaban en desconcierto con el crecimiento demográfico de la capital, que ya tenía 600.000 habitantes. Por otro lado, estaban los panaderos de los barrios en número de trescientos. Entre ellos los privilegiados del populoso barrio de San Antonio, que nos describe muy bien Víctor Hugo en su novela “Los Miserables”, vale la pena añadir en estas líneas que el protagonista de la novela, Jean Valjean, sufrió todo lo que esta narra por el robo de un pan cuando era apenas un mozalbete, un “pelao de la calle”, un “gamin”, término francés que ha quedado como bogo-tanismo, de los que andan por la ciudad a ciencia y paciencia del Estado y del Distrito. No todos se regenerarían como Valjean en la novela y serán entre nosotros los criminales del futuro en nuestras calles. Dichos panaderos lo eran sólo en pequeño, tenían capital insuficiente y no soportaban dar el pan al fiado, lo que era frecuente en un barrio obrero, o mejor de gentes artesanas, aún no se concebía el proletariado como tal, con mucho “parado” o desempleados. Sus quiebras eran frecuentes. Los panaderos foráneos aumentaban, producían más y mejor con el resultado de un pan realizado con harinas compradas fuera de París, en Versalles había muchos y su especialidad era el pan blanco, a partir de flor de harina, especialmente apreciado para aquella época. Era al pan de otro color, al que aludía la Reina cuando dijo: “¿Si no hay pan por qué no comen tortas?” Era el otro resultado de la panificación a lo que aludía como “tortas”, pues no conozco tortas que no se hagan con harina, aunque en otras partes hoy día se hacen con la harina de maíz, pero no es este el caso de que aquí se trata. DOMINICAL DE EL UNIVERSAL, DOMINGO, 16 DE JULIO DE 2000.
Sobre un “Compendio de Derecho Constitucional” Con amable dedicatoria recibí en días anteriores la obra que Editorial Leyer publicó a Jorge Pérez Villa con el título que sirve para esta nota periodística. Una de las funciones obligantes, éticamente, de quien escribe en medios públicos es, entre otras cosas, el de dar registro a las circunstancias establecidas en derredor del hecho de escribir y publicar un libro. En este caso, al primero de ellos sucedió por parte del autor Pérez V. la escritura y publicación de un segundo tratado, “Compendio de Derecho Constitucional”, Tomo II. Allí es entonces imperativo dejar cualquier otra cosa que interese para escribir, y abocar el hacerlo sobre ese algo meritorio de sostenido esfuerzo, como lo es el publicar dos obras completas en materia tan larga y compleja, con el buen éxito de calidad intelectual y el lenguaje justo para el contenido de las materias jurídicas tratadas. En el primer “Compendio” el autor emplea catorce capítulos, que abarcan desde el concepto de derecho Constitucional hasta el de la reforma de la Constitución o el mecanismo ideado para tal efecto, pues no alude a una reforma en particular. Entra el autor desde el Capítulo II, “La formación del Estado Constitucional”, a tratar de los antecedentes históricos sobre el asunto en los primeros pueblos que accedieron a ello: Los Hebreos, griegos (orden que en mi modesto concepto debería estar invertido), romanos, etc. Jorge Pérez V. consideró a bien el excluir a culturas que influyeron mucho en la Antigüedad clásica como fueron el Egipto faraónico (muchos legisladores griegos afirmaron que debían mucho a este país del Nilo entre ellos Solón) y Súmer, (el que realizó el primer código y cuyas influencias de todo género dieron origen al nacimiento del Hebraísmo después del Segundo Cautiverio de Babilonia), omisión que con facilidad podrá enmendar en las seguras posteriores ediciones de su útil y capaz obra de Derecho Constitucional. Trata esta obra de Derecho Constitucional, pero esa es la osatura para el contenido del libro, de lo cual se dio oportuna cuenta el autor Pérez V. para no dejar por fuera la carnación misma de la creatura, me refiero a que se asiste, como debe ser en todo otro tratadista, sea este cual fuere, al tratamiento del asunto histórico (en este caso mayúsculo) que rodea el punto a explicar. Muchos estudiantes de Derecho no entienden mayor cosa de lo que se trata en clase, séase el tema el de las Instituciones de Derecho Romano, o el del reformismo constitucional, o bien sobre los conceptos del Derecho Laboral, o por otra parte lo relativo al ítem de “Bienes” (lo que es peor en este último caso) porque algunos profesores o tratadistas en el ancho mundo no saben, o no quieren, explicar los contextos históricos básicos en la clase o en sus libros. Con lo que se presenta la materia fragmentada y fuera del contexto histórico para el novel estudiante, y difícil de captar. En el cuarto capítulo, y de manera muy completa, establece el autor los conceptos históricos del Estado-Nación después del período feudalista presentados como compete. Este libro posee elementos sine qua non una obra de consulta para profesores y estudiantes sirve de poca cosa. Tiene un detallado índice de materias, lo cual lo hace fácil de utilizar con rapidez y eficiencia. Pero también es ameno de leer como libro de lectura despaciosa y meditada. En este libro se compendian tecnicismos, conceptos, opiniones, ideas y mecanismos constitucionales, pues también el Derecho en su aplicación práctica tiene de ambos, de la Teoría y de la “Tecné”, como toda actividad completa de la Ciencia y del saber. Es evidente que el método de Pérez es la concreción de una decisión personal suya de continuar en el oficio de escritor sobre temas de Derecho, el Constitucional en particular, aunque se desprende de su interés por la actividad de Papiniano (para yo citarlo también como se suele al gran jurista) que también otros asuntos relativos a la ciencia de “dar a cada quien lo suyo”, que decía Justiniano (para yo citarlo igualmente como se suele), le atraen como asuntos susceptibles de ser tratados por su pluma e interés, que hacen de él un autor de obras de Derecho. Jueves, 20 de julio de 2000.
¿ERA CORSO EL EMPERADOR DE LOS FRANCESES?
Según la Duquesa de Abrantes en sus Memorias era de origen griego. Dice la Duquesa de Abrantes (viuda del general Andoche Junot y famosa novelista) en sus “Memorias”, que ella nació en Montpellier, el día 6 de octubre de 1784, y que su madre de ella había nacido bajo la tienda que sus padres levantaron en suelo para ellos extraño, pues desde las orillas del Bósforo hubieron de emigrar a las soledades del Taigeto, Grecia, lugar que abandonaron después por las montañas de Córcega. Continúa la Duquesa diciendo que hará una breve explicación acerca de su propia familia. Que es como si-gue: cuando en virtud del tratado concluido con la república de Génova pasó Córcega a ser provincia francesa, hacía ya tiempo que las tropas de esta nación, como aliadas de los genoveses, intentaban la conquista de la isla. El conde Boissieux y el marqués de Maillebois había intentado ya lo anterior, antes que el señor de Castries sometiera por la fuerza a los corsos. Estos eran fuertes lu-chadores desde sus reductos montañosos y ninguna fuerza humana los habría vencido, a no ser por el error de malquistarse con los griegos de la colonia de Paomia. Estos, resentidos por la tala de sus bosques, coadyuvaron después de doscientos años de haberse resistido contra una gran nación, Francia, por preservar sus derechos individuales y sus libertades patrias, a que los franceses dominaran a un pueblo libre como el corso. ¿Pero quiénes eran esos griegos residentes en Córcega? Eran -continúa la Duquesa- las familias griegas refugiadas, a las cuales el Senado genovés acogiera cuando fueron conducidas por Constantino Estefanopoulos al huir de las discordias civiles de su país, Grecia, y que abandonaron Mania , y buscaron un refugio seguro en territorio italiano. Esos griegos del Peloponeso obedecían entonces a uno solo de los suyos, y esta jefatura estaba en la familia Comnena, desde que Jorge Nicéforo Comneno, último de los hijos de David II, llegó a Mania en 1476. De cómo los Comnenos dirigieron otra emigración. Un descendiente de Jorge Nicéforo, Constantino Comneno, fue el número diez en la sucesión de los jefes de Mania o “protógero”, con la emigración desde Grecia, su segunda patria, hacia Italia, el 3 de octubre de 1675, la colonia griega le siguió forzada por no ser esclavizados por los musulmanes. Tres mil personas salieron hacia Si-cilia, hasta arribar a Génova el 1 de enero de 1676, concluyéndose después un arreglo entre el Senado genovés y el protógero Constantino Comneno: aquel hizo que los recién llegados embarcaran para Córcega, propiedad genovesa, el día catorce de marzo de 1676. Córcega cedió mediante determinadas condiciones, que Constantino se comprometió a guardar, las tierras de Paomia, Salogna y Revinda, conservándole a aquel su título de jefe privilegiado, protógero, con sus honores y distinciones. Origen de la rivalidad entre griegos y corsos. Apenas establecidos los griegos en Paomia desarrollaron la excelencia de su trabajo como expertos agricultores de árboles frutales y legumbres, y recibieron más privilegios del Senado genovés, que aprobaba tantos beneficios a su Isla. Así, corsos y griegos, vivieron durante cincuenta años hasta que los primeros se insurreccionaron contra Génova. Invitados los griegos a volverse contra sus favorecedores, los genoveses, se negaron rotundamente, y sus campos fueron entonces talados y las casas incendiadas por los corsos. La colonia agrícola griega se trasladó, derrotada, a Ajaccio. Su jefe era en ese momento el primer Comneno súbdito de un país extranjero. Su nombre era Juan Estefanopoulos (hijo de Esteban) Comneno, hombre su-perior, y, orgulloso como era de su doble estirpe de espartano y mesinés, contempló cómo las mujeres, niños y ancianos perdían el asilo construído por sus padres desde su llegada de Grecia a Córcega. Este Juan Comneno se enfrentó militarmente a los corsos (que se habían constituído en sus enemigos al continuar ellos con los genoveses que los habían acogido) y tomó la capital, Ajaccio. Tuvo cinco hijos, de los cuales Teodoro fue nombrado arzobispo de los griegos en Roma. La duquesa de Abran-tes narra que era su tío segundo, o sea, primo de su madre Lucrecia Comnena. El otro hijo, Constantino, murió joven y amargado y no permitía que se le hablase de su noble origen de emperadores, ni hablaba de eso, y sufría mal las humillaciones por su carácter independiente. Este, que te-nía cuatro hijos, dedicó tres a ser clérigos, para extinguir su apellido, y la cuarta hija era la madre de la esposa de Junot, duquesa de Abrantes, que como hemos dicho antes era tocaya de la madre de Bonaparte y su gran amiga, autora de las “Memorias” que sirvieron para el desarrollo del presente trabajo. ¿Era corso el después Emperador de los Franceses? Según la Duquesa de Abrantes en dichas “Memorias” re-lata, era Bonaparte de origen griego, descendiente de una de esas tres familias que se habían desplazado desde Grecia a Italia y después a Córcega. En el Capítulo tercero de sus “Memorias”, la duquesa de Abrantes, mujer de Andoche Junot, edecán de Bonaparte, y muy asociada familiarmente a la familia del anterior, dice que es cosa vana hacer genealogías sobre personas secundarias en su actuación, pero que no lo es así en el caso de un personaje tal el “Emperador de los Franceses”, el corso de ascendencia griega, Napoleón Bonaparte. Y la misma Duquesa nos dice, más adelante, cómo, cuando Constantino Comneno, su antepasado, llegó a Córcega, iba con él uno de sus hijos llamado Calomeros, el cual fue enviado por su padre a Toscana, a una misión delante del Gran Duque; muerto su padre este Calomeros se quedó al lado del ahora italiano Medici, que también tenía origen griego cuando se apellidaba su familia en griego, “Iatrós”, “médico”, por petición de éste, en Florencia. Origen del apellido Bonaparte. Traducido literalmente, Calomeros, significa “bella parte” o “buena parte”, es, pues, un griego italianizado (muchos griegos bizantinos vinieron a Italia después de la toma de su ciudad por Mahomet II, en 1453, siendo antes de la toma el primero de los famosos que emigró el Cardenal Besarión, gran humanista, quien llevó a Italia su rica biblioteca de igual modo que el griego Iatrós, palabra con que se designa a los médicos, y apellido que nombra a una familia también oriunda de Mania y que fue traducido al toscano (base del italiano, como Médici), tal era la costumbre de cambiar los apellidos que tenían algunas traducciones posibles desde la semántica y que continúa siendo costumbre aún. ¿Fue el mismo individuo que llegó a Córcega con el nombre de Calomeros, descendiente del primero de este apellido, el fundador de la familia Bonaparte en la Isla? ¿Fue el primer Calomeros, el mismo que salió de Córcega para Italia, quién después regresó de Italia a Córcega, algunos años más tarde? La Duquesa dice no saberlo, pero afirma los datos de la partida del uno tanto como los de su vuelta. Asimismo, dice cómo su familia, descendiente probadamente de la familia imperial bizantina Comnena, al referirse a los Bonaparte de Córcega se servían del vocablo griego “Calomeros”, “Calomeri” o “Calomeriani”, según se referían a uno solo de ellos o lo hicieran en el plural. De otra manera, las dos familias estuvieron estrechamente ligadas en Córcega, como se verá en el próximo párrafo. El historiador Hénin, representante de Francia ante el gobierno veneciano, escribió una obra intitulada “Ojeada histórica sobre la casa imperial de los Comneno”. Cuando en 1789 hablaba de Calomeros (o “Buona parte”) Comneno, estaba lejos de sospechar Hénin que un miembro de esa familia subiría al trono de Francia, con el nombre de Bonaparte (Napoleón I). En la infancia de Napoleón los griegos de Paomia se establecieron en las ciudades fieles aún a los genoveses, quienes les dieron el territorio de Cargesio; allí las dos Leticias se conocieron, Leticia Comnena, (madre de la memorialista, la duquesa de Abrantes, a la que tanto hemos seguido en este trabajo), y Leticia Ramolino, madre del futuro Emperador. Eran, pues, la escritora esposa de Junot, Laurette Permont Comnena, y Napoleón Bonaparte, primos. De allí la distinción que el “Gran Corso” manifestó siempre por su General y edecán. Y de que el primer amor de Bonaparte, Desirée Clary Permont Comnena, en la costumbre onomástica francesa sólo se lleva el apellido paterno, fuera hermana de la biógrafa del mismo, la Duquesa de Abrantes, Laurette Permont (igualmente “née”, o nacida) Comnena. Traspuesto el drama de la caída de los Comneno, siglos antes a esta fecha, del trono de Bizancio, volvieron por la vía femenina a tener una significación relativa algunos miembros de la gran familia destronada, Desirée fue Reina de Suecia al casarse con Bernadotte, y Laurette, su hermana, fue una de las primeras escritoras de novelas de Francia, aunque la crítica se inclina por creer que su obra más lograda son sus famosas <Memorias>. Unicarta, Revista de la Universidad de Cartagena, julio de 2000.
El “Clan de Mamá Cola” La lectura de esta obra de Abel Ávila me trae a la memoria la existencia en el género “Novela” del concepto de novela-río o novela totalizante. Aquella que resume toda la experiencia que en materia vital y reminiscente agobia la mente del escritor. Es, para usar símiles semejantes a los que alude el creador de ésta, un sancocho: sí, porque un sancocho contiene, dentro de la culinaria regional de la zona norte de Colombia, una heteroclitud de elementos comestibles, o bastimentos, que no quiero dejar de emplear esta metáfora pedestre en esta comparación. Aquí lo grotesco linda con lo sublime; lo refinado de la cultura del narrador de cáracter universal con el folclorismo regional de nuestros pueblos. El sincretismo pulula por las páginas de esta “Novela”: tiene las dos faces de Jano. La figura de la “Mamá Grande” ha asediado a todos los narradores cumplidos en el almácigo que son nuestras regiones. Allí esta el tratamiento que García Márquez hizo de ella en los “Funerales…” y Rojas Herazo en “Celia se pudre”. Pero muchas veces más esta figura aparece en nuestra narrativa. Es la presencia de la “Madre”, de la <Mater Nutrix>, que encarnaron los romanos como símbolo de la dadora de la comida y de la educación, la mujer que le pone juicio en el hogar al macho costeño que entre nosotros funge como desmesurado Ayax arbitrario y fantasioso.Es ella la Úrsula eterna. La formación de una familia seguramente asociada fijamente a la memoria vital de Ávila es el centro de esta larga narración novelística. Cola o Escolástica es la matrona en cuyo derredor gira con intensa fuerza centrípeta el desarrollo del pueblo mismo, su construcción familiar se repite en pequeño en cada una de las familias y ella las encarna a todos como un tipo, mejor, como un arquetipo eterno y posiblemente universal, cambiando, según la cultura, lo cambiable. “La madre siempre es cierta” es un viejo aforismo romano que tiene una gran valoración en el derecho de aquella anciana cultura. La creación de esta familia comienza con el noviazgo y el subsiguiente nacimiento de los hijos, el crecimiento de la casa vivienda y de los negocios y me recuerda indefectiblemente a la obra primigenia en esta materia, “Cien Años de Soledad”, con esa casa que fui a visitar en Aracataca, que iba creciendo a medida que los hijos nacían y los negocios de los dulces con figuras de animalitos prosperaban (yo ardía de gozo en mi infancia al ver al confitero llevar en vilo el madero balso con esos dulces de vivos colores insertos en él: rojo, verde, traslúcidos, con figura de tijeras con sus delicadas orejas fácil de morder, conejitos, y otros,). Pero aquí hay que añadir que la obra de Ávila no le debe nada a la del Nobel colombiano, sólo es un parecido aparente debido a que ambas (cambiando lo cambiable) se nutren temáticamente de la vida misma. Son novelas vitalistas, siendo la de Abel Ávila una carente del llamado realismo mágico, si es que eso ha existido alguna vez en Literatura. La obra de Abel Ávila es más directa y es de un, ahora sí sea dicho, inmediatismo mágico a partir de la desmesura de algunos elementos de la narración que pudieran parecer mágicos, cuando en la realidad de verdad son reales porque son auténticos. Por ejemplo, el pantagruelismo de las <Bodas de Camacho>, que puede extrañar a algunos, es veracísimo, en muchas gentes de la Costa Atlántica existe esa desmesura en el yantar, conocí la gula fenomenal de un viejo amigo, ya fallecido, que despachó en una tertulia rociada con licor más de veinticinco huevos salcochados, como aperitivo antes del descomunal sancocho, sólo que en esa ocasión aquél no se hizo rociar con agua de una manguera como solía hacer para atemperarse el intenso calor que la ingesta de la comida le producía en esta intensa canícula cartagenera y costeña en general. El “Clan de Mamá Cola” es una novela sociológica y al propio tiempo una novela de esas que suelen llamar ahora minimalista, pues relata el desarrollo de una pareja que, como Adán y Eva, se hallan mitificadas o, al menos, legendarizadas por doquier en la Costa de Colombia o tal vez en todo el país y aún en el universo mundo. Abel Ávila deja para la memoria colectiva los usos y los modos pueblerinos de los pueblos nuestros y encarna, como dijera el rural señor de Yásnaia Poliana, el concepto aquel tan repetido, por exacto y axiomático, de que si quieres hablar o escribir sobre el mundo debes acercarte profundamente a desentrañar el alma de tu aldea. Jueves, 3 agosto de 2000.
Libros del Instituto Caro y Cuervo Opúsculo con el título: “Rufino José Cuervo: el encuentro con la palabra”. Recoge con la presentación de María Claudia González R. las palabras que con motivo del Día del Idioma 1999, se profirieron en el Instituto Caro y Cuervo por Neyla Graciela Pardo Abril sobre el “Seminario Andrés bello, 40 años semillero de sabiduría” y los discursos del novelista Carlos Fuentes sobre el quehacer novelístico como creación de la realidad y del lenguaje; las palabras de Jesús de Polanco sobre “El Instituto Caro y Cuervo, monumento de un pueblo a su lengua”; el discurso de Danilo Cruz Vélez sobre “Rufino José Cuervo: primer científico en la historia cultural colombiana”; palabras de Ignacio Chaves Cuevas sobre “Tres insignes difusores de la lengua española: don Carlos Fuentes, don Jesús de Polanco y Danilo Cruz Vélez, finalizado con la intervención del Presidente de la República, Andrés Pastrana Arango, con el título de “Los espejos del señor Cuervo”. Libro que comprende 109 páginas, incluyendo los dos índices que trae: el de ilustraciones (fotografías) y el general. Impreso en 1999, en la Imprenta Patriótica del Instituto, en Yerbabuena. Pasa el viento. Con el subtítulo de “Antología Poética, 1942-1998”, se reúnen en este volumen los poemas de la autora barranquillera, de origen o ascendencia libanesa Olga Chams o Shams, (Sol, en árabe), quien ha hecho de su pseudónimo un verdadero nombre: Meira Delmar. Este libro pertenece a la serie “La granada entreabierta”, y su número es el 88. El prólogo es de Fernando Charry Lara, “Premio Casa Silva”, recientemente. Reúne dicho volu-men selecciones de los libros de Meira, “Alba del Olvido” (1942), “Sitio del Amor” (1944), de “Verdad del Sueño” (1946), “Secreta Isla” (1951), “Reencuentro” (1981), de “Laúd Memorioso” (1995), y finalmente, de “Alguien pasa” (1988). Al final, unos hermosos poemas en la métrica japonesa denominada ‘haikú’, de los cuales inserto uno: “Quillas al viento, zarpan los alcatraces, del viejo puerto”. La obra termina con la lectura de un texto sobre la poetisa, intitulada “Meira Delmar o la Secreta Isla de la Poesía”, realizada (hecha, dice el libro) en la “Biblioteca Pública Departamental Meira Delmar”, de Barranquilla, en el homenaje rendido a la insigne poeta, el día 12 de noviembre de 1999, de la pluma y viva voz de Juan Gustavo Cobo Borda, estudioso de la obra de Borges. Impreso en el año 2000. Paginaje, 225, Imprenta Patriótica del Instituto. Yerbabuena. Borges enamorado. En la serie “La granada entreabierta”, con el número 87, ha publicado el Caro y Cuervo, de la autoría de Juan Gustavo Cobo Borda, quien es de origen caleño y antiguo alumno del Externado de Colombia, tal Álvaro Burgos Palacios, poetas ambos y ambos amigos, la obra cuyo título es: “Borges enamorado”. Comprende: “Ensayos críticos”, “Diálogos con Borges”, “Rescate y glosa de textos”, “De Borges y sobre Borges”, temas a los cuales les pone como “coda”, este libro es una verdadera “caja de música”, una extensa Bibliografía sobre el otro gran ciego de la literatura después de Homero. Confirma esta obra, la constancia, la tenacidad y la dedicación de Cobo Borda, pues ya el “Caro y Cuervo” le había dado a la estampa, en la misma serie aquí referida, una obra capital de compilación que hizo Cobo sobre José Asunción, con el título de “Leyendo a Silva”, en tres tomos, con fecha de 1994, tal vez el mejor estudio, en conjunto, sobre el “Divino” Silva, que se haya realizado, y sin exageración, que no cabría como tenor en esta modesta reseña, que se pueda hacer. Allí el prólogo es igualmente de Cobo Borda, pues la dirección de la edición es de Luis Fernando García Núñez. Este trabajo tiene como número el 67 de la ya anotada serie. Sábado, 12 de agosto de 2000.
La Cruz, el Diablo y yo Con una prosa precisa y dura, sin eufemismos tontos. Asistida la narración con fina y leda ironía. En una ambientación urbana que, bajo la forma de actuar, recuerda a la distancia los usos morales de los pueblos unidos con rara simbiosis de gentes ya urbanas, pero con rurales ancestros. En el fondo, de manera elusiva, aparece la ciudad nuestra, con su arrabal de Jimaní y sus pelafustanes; Lo Amador, el famoso “Loa”, con su detritus salpicado de algunos elementos de matonismo. Lo sabemos, cada uno con su propia ciudad vivida e imaginada. Porque Régulo Ahumada, como narrador, soslaya todo eso. No escribe él en esta obra, “La Cruz, el Diablo y yo”, una crónica periodística sino una obra de literatura con vida propia, aunque como se sabe todo material viene necesariamente de la experiencia en torno del escritor. Todo este amacijo pulposo de recuerdos, de noticias de periódico, de trato con gentes que rozan el filo de la bausanía y de la bacanería, el desfile de las gentes por las calles de la “Vieja Ciudad”, orgullosa y rocambolesca, aristocrática y lumpenesca, es la masa que Régulo pone a secar, como arcilla blanca, para construir su adobe de papel, base del esgrafiado de su pluma. Poca es la literatura urbana en Colombia, con ligeras excepciones, algo ha aparecido en Barranquilla, (“Cosme”, de José Félix Fuenmayor); en Cali “Viva la Música”, del joven suicida Caicedo) y en Bogotá (“La Calle 10”, de Manuel Zapata Olivella) al lado de mucho costumbrismo (demasiado). Es como si no quisiésemos olvidar que cu-ando algunas de nuestras ciudades crecieron eran sólo pueblos. Los fenómenos urbanos están poco ínsitos en nuestra literatura. No hablo de otra cosa que de la hechura diaria de los comunes, de la calle, de la tienda, de los cuarticos tufosos de la pobrería, de los estancos ciegos, hediondos a “cervezorina” (neologismo). Régulo Ahumada deja ver en esta obra su experiencia relativa a la literatura urbana a partir de algunas de sus obras de teatro con el diálogo que utiliza, con propiedad, inserto en esta narrativa. Régulo es diestro igualmente en el arte de escribir para el periódico y emplea en sus artículos elegantes giros arcaizantes de gran prosapia idiomática, pero aquí, en este libro de narrativa -contiene anécdota y, por lo tanto lo calificaré como relato- deja de lado el primer lenguaje, anotado antes, y adopta un verbo escrito, o tenor, escrito escuetamente, en donde cada palabra tiene su prístino sentido, nada de perífrasis, ni de epímene, para complacer a los que saben cómo se llaman algunos tropos literarios. Cuando recurre a la hipérbole (vale decir exa-geración) es para escarnecer. Pero conociendo uno personalmente al autor sabe que escarnece solamente para corregir. Ahumada Zurbarán tiene algo de acrimonia en su captación del mundo, no en él mismo, asimismo siente curiosidad por cierto lado oscuro del ser humano. Sabe, por su larga experiencia, que el ser humano es al propio tiempo “angelo o demone”, como en un cierto diálogo de la ópera “Rigoletto”. Pero esa es una faceta de la realidad humana en la cual él, en este trabajo, no ha tenido participación alguna sino apenas como observador y como escritor, pues es de carácter tímido y acomplejado, “hombrebueno”, modesto e inofensivo. Tal es así como hombre con entereza, como escritor también, que sólo se “desdobla” de manera literaria para escribir de lo que no haría nunca ni tampoco de lo que nunca aceptaría como conducta apropiada, utilizándolo a ese material de conocimiento sólo para hacer crítica social. ¿Y díganme ustedes si el “Teatro del Mundo” no ofrece cantidades tremendas de ese tipo de material para recrearlo? Conscientemente he dejado de lado el recuento de la anécdota del relato -cuasi una novela- de Ahumada Zurbarán, para sólo hacerle un comentario de la propia opinión como simple lector, y entonces dejo aparte la anécdota para que cada lector que Régulo haya de tener lo sepa por sí propio. Es un relato que no tiene compromiso expreso ni con el Tiempo ni con el Espacio. En sí mismos considerados. Es sólo Literatura. Única y exclusivamente Literatura. Tiene vida propia esta narración. Podemos asegurar que en esta obra Ahumada Zurbarán usó el tema sólo como cauce para tener una directriz o avenida para dar curso a sus valientes dotes de narrador. Sin tema anecdótico habría sido también una muestra de lenguaje puro. De puro lenguaje. Colofón: Como curiosidad, en materia de lenguaje, el autor utiliza bogotanismos como “chapol” (policía), “cachifo” (escolar hasta los once años), “turmas” significa “papas”, pero también “testículos”. Los costeñismos: “chácaras” (testículos) y “zipote”, también “cipote”, cartagenerismo que significa por extensión idiomática, “grande”, “raro”, además de alguna otra polisemia al uso del hablante, pero que tiene una original (cigote) connotación sexual para el término: “¡pene!”. 19 de agosto de 2000.
Los policías cívicos o los nuevos sicofantes. Leemos en “El Universal”, y escuchamos por la radio, sobre el programa de policías cívicos del nuevo gobierno de Álvaro Uribe Vélez. Se trata del plan de integrar un grupo de personas, he oído que mil, para la tarea de hacer inteligencia o espionaje sobre los movimientos de los delincuentes en toda la geografía nacional y de dar parte seguidamente a las autoridades a cambio de una suma que despierte la conciencia de colaborar con las autoridades y logre bajar los niveles de insularidad e indiferencia, dos de los más grandes defectos de los colombianos. Ante el Caos nacional y la audacia de los malhechores es dable que así sea porque la fuerza pública oficial no da abasto en el momento histórico en que vivimos para cubrir un país tan grande como el nuestro. En la historia esto no es nuevo, en la “Revolución Americana” el granjero se desdoblaba en fuerza pública con el nombre de “minuteman” u “hombre-al-minuto”. En la antigua Persia (el Irán de Amahdinejad de hoy) el sistema de gobierno de las satrapías estaba montado sobre el principio de que los sátrapas o gobernantes regionales eran los “ojos y los oídos del “Shah” o “rey”), con su red de informantes. Continuando con lo anterior después del derrumbe de las Instituciones griegas atenienses se instauró un sistema de policía cívica pagada por la Ciudad-Estado (la Polis) para vigilar o pesquisar a quienes intrigaban contra el Gobierno de Cleón, que representaba a la clase popular u oclocracia. Dicho sistema recompensaba la información con deter-minadas cantidades de higos y de allí se conoce dicho sistema con el nombre de Sicofantía, pues los delatores, espías o informadores, recibían el nombre de “sicofantes” lo que traduce más o menos los “reveladores o informadores por /o a cambio de higos”. Estos últimos eran muy apreciados por los Griegos antiguos pues formaban parte de su dieta diaria. Son los famosos y exquisitos “orejones” de Sevilla. Los enemigos de Cleón advertían que aquello deformaba o podía deformar la moral pública pues se informaba por el interés de recibir un valor económico por ello, pero sus sostenedores afirmaban que sólo se premiaba con ello la colaboración con el gobierno. Que los ciudadanos debían o deberían informar al Estado como actitud natural para defenderlo de sus enemigos. Ya podemos ver la división de opiniones al respecto de este novedoso sistema que el Gobierno actualmente está organizando contra el asedio inmisericorde a que la narcoguerrilla, la delincuencia organizada, el narcotráfico y el criminal común “robagallinas” lo tiene sometido, y en jaque, lo mismo que a la sociedad que dirige. Se pregunta el común si es justificable este método para estimular la vigilancia de los caminos y carreteras que padecen tomas, cortes de circulación ocasionales y momentáneos con asaltos, destrucción y muerte para sus usuarios. Siempre que haya control para evitar los abusos que puedan desprenderse de este sistema es válido que el Estado defienda a la sociedad que él representa y que busque los medios para hacerlo.Y que no puede atender con las fuerzas públicas tradicionales. Es imposible tener detrás de cada eventual delincuente un agente de la autoridad para vigilarlo. Agosto de 2000.
Luis Carlos López: Dibujante y Pintor. El título de este trabajo es un aspecto inédito de la obra de este vate cartagenero. Leyendo y releyendo su obra en períodos diversos se me hizo patente un matiz interesante en el empleo que hacía de vocablos hispánicos provenientes de la lengua arábiga (ya desde mis comienzos del Bachillerato) incrustados en el español y que permitieron -a quien esto escribe- realizar un ensayo sobre el tema con el título de “Hispanismos de origen arábigo en la poesía del cartagenero el ‘Tuerto’ López”, que salió impreso en el año 1992 con doscientos ejem-plares, con reedición en el 2000 de mil ejemplares. Otra faceta incógnita es la que representa el motivo de este trabajo, la condición del poeta como dibujante, pero ya no con el lápiz o el carboncillo sino esta vez con la pluma, pero tampoco con materiales propicios al dibujante como lo constituyen el papel o el cartón o la cartulina para el dibujo definitivo o el boceto. Se trata, pues, del dibujo hecho, con letras, o mejor del dibujo o presentación literaria al cual podríamos también denominar repre-sentación y más precisamente descripción. Después de la también reiterada lectura de la obra “El ‘Tuerto’ López al alcance de cualquier Bachiller”, libro compuesto al alimón por Policarpo Bustillo Sierra y Jaime Gómez O’Byrne damos desarrollo al estudio de este as-pecto del poeta cartagenero, nacido en el movimiento modernista que tuvo como inspiración un nuevo manejo en el lenguaje, en el tratamiento de los temas, en el uso de las metáforas, en la utilización de los símiles, en el empleo de los símbolos poéticos, en el discurrir del humor, en la contraposición entre lo bello y lo sublime y aún en el tratamiento de lo feo y aún de lo grotesco y más allá de eso en lo sórdido. Si el “Impresionismo” en la pintura destacó la “Luz” como tema esencial de ella y pronto vino el “Expresionismo” a inspirar un arte cuya temática constituía precisamente la categoría de lo sórdido, del desespero, de la pobreza, y aún de lo brutal y lo horrible como contraprestación de la búsqueda de la armonía y del orden en el Arte. El “modernismo” de Luis Carlos López dejó atrás la manera poética de Rubén Darío, de Enrique Gómez Carrillo, de José Santos Chocano, de Leopoldo Lugones, de Valencia, y de José Asunción Silva, etéreo y fugaz no obstante a que en “Gotas Amargas” bajó a lo terrenal, no tanto como Julio Flórez, que de lo terreno descendía a lo macabro de la fosa cuando no remontaba su estro, como la luna de su poema, a lo sideral. Luis Carlos López desmitificó a la poesía en buenos versos, con un lenguaje excelente, parco y preciso; con buena rima, aunque a veces quebrada (pocas veces con versos “cojones”, o cojos, pero también los tiene) intencionalmente, para aguzarlos aún más. Mostró las costumbres pero solo como base para la crítica y en ocasiones para su “divertimento”. Buscó el realismo para llegar a lo cotidiano inmediato. En el formato métrico escogió el soneto, por su brevedad y concisión. El molde limitante del poema. Más que palabras utilizó líneas, trazos, esbozos vigorosos y la ausencia de estos suplida por su ironía. Fue el caricaturista en verso, el bocetador en verso. No fue fotógrafo sino pintor. Y pintor cromatista o cromático, como buen pintor, dando al color que empleó una valoración única e inusitada antes en la poesía, en la literatura colombiana. Sólo retrató lo indispensable de las personas descritas en su poesía y lo esencial de los hechos. Así describió y coloreó a su tinglado teatral, la “Comedia Tropical”, que ya descubrió Zalamea, y a los personajes que hizo desfilar por su personal “guignol” o tinglado. Su Color dejó de ser rojo, azul, amarillo, y, así su-cesivamente, creó un nuevo matiz en él. Precisó su natural inclinación a la pintura estudiando y practicando dibujo y pintura en la “Escuela de Bellas Artes” de Cartagena, dirigida entonces por Epifanio Garay, quizá allí decantó su facilidad hacia la plástica para dibujar, retratar o hacer caricatura, pero como concepto vertido en rima o en verso. A continuación iniciaremos una cita, primero sobre el uso del color en su particular manera y después una de la utilización del grafismo literario seguido de la metáfora como recurso descriptivo a través del símil empleado en los versos del poeta Luis Carlos López, el “Tuerto” López: En “A bordo”, un soneto compuesto de 4 cuartetos, dice: “Teñido con semilla de zapote”, al final de la primera cuarteta. En la 3ª cuarteta, primer verso, dice: “negra nube”. Al finalizar el poema, la 4ª cuarteta reza: “su entrecejo canoso…” En “A don Luis”, poema dedicado a Luis Patrón Rosano, el quinto verso dice: “pardo búho”. En la 5ª estrofa, con formato de décima, anota en los versos 6 y 7 lo siguiente: “Sobre la verde grama Confidencial”. En el soneto dedicado “A Julio Flórez”, en el primer terceto, segundo verso, dice: “Que siempre libre en tu prisión dorada”. En el soneto “A Luis C. Visbal”, la cuarteta reza: “La sonrosada aurora”; “La negra desventura”; “Los ojos de azabache”; “La boca de coral”…, así, entrecomillados, lo que atestigua que son citas de otros poetas (sin identificación) hechas por L.C. López y por la dificultad que radica en que dichas metáforas sean lugares comunes en poesía (de allí la ironía con que López los mira) y que pueden ser versos de cualquier poeta. Al menos de aquellos a quienes fustiga León de Greiff al llamarlos “poetas del gélido polo” y “del canoso invierno”. Expresando esos tópicos fáciles López, “a rebours”, da su concepto novedoso del color. No es, pues, como se ve, casual, sino intencional en él. En el poema, compuesto por dos estrofas de seis versos cada una, en la segunda de aquellas dice en el comienzo del primer verso alejandrino: “Los blancos, bellos cisnes que salen de las frondas”.Homenaje a Darío. El soneto “A Rosalbina”, dice en su 1ª cuarteta, 2º verso: “Que ante vuestro mirar de ojos de gato”, En la costa atlántica o Caribe decimos de un cierto color de ojos, que es “gateado”. El soneto “A un bodegón”, 1er. cuarteto, 2º verso, trae el siguiente uso del color blanco y del negro, en una figura llamada “oximorón”, a saber: “De juventud qué blanco era tu hollín”. En otro soneto con título “A una maestrita”, dice en los versos 2 y 3 del 1er. cuarteto, como sigue: “Su flequillo rosado de travieso borriquillo”; y en el 4º verso: “y su boquita roja, su boquita en flor”, en la 2ª cuarteta, 2º verso: “Tierna manzana de rojizo brillo”. He aquí lo que podríamos llamar tres matices de color “rojo”. “Al padre Donoso”, es un soneto en el que en el último terceto, verso dos, con una metáfora, novedosa para el uso del adjetivo se lee: “Las unas con el pelo de mantequilla”; El soneto “¡Adiós!”… es un soneto irregular, la estrofa es un quinteto, donde el azul (término arábigo) campea como se echa de ver, en los versos, 4º y 5º, iniciando la lectura, así: “Bajo el zafir del cielo, cortando la infinita turquesa de la mar”. En el soneto nombrado “Añoranza” la luna pasa de un matiz del blanco, presentado por el color amarillo, al blanco puro de la plata, 1er. terceto, verso 3: “Y de un charco amarillo surgió la luna de color de argento,” En el soneto “Apuntes Callejeros”, 1er. terceto, 2º verso, lleva el “colorado”, rojo, a la desmesura, con el adjetivo “voluminosamente”, constituyendo así un color novedoso. En la lejanía de “Barrio Holandés”, soneto de versos quebrados, el color que cita L.C. López recuerda al del pelo y al de la barba de Vincent Van Gogh, en el 1er. cuarteto, 4º verso, y a continuación el 1er. verso del 2º cuarteto: “Por la calle. Amarillo de mamey”. Y en el mismo irregular soneto, el 1er. terceto, verso 2º dice: “Con un remiendo azul en el fondillo,” “En camino de Bogotá”, otro soneto de pie quebrado, emplea en el 2º cuarteto un símil inusitado, creando un nuevo cromo, al decir: “Color de cera Sucia”. Otra novedad en el color se encuentra en el poema compuesto de 6 estrofas, de tercetos, que finaliza en un cuarteto intitulado “Campesina, no dejes…”, en cuyo terceto inicial se lee en el 2º verso: “Con tus rubios cabellos -coliflor en mostaza-“ Y el tercer terceto: “Con visos de pavón, su cabellera funeral como el ébano y la endrina” y más abajo, en el terceto final, verso 3º “bajo el sopor azul de la morfina”. En “Cinematografía”, un poema en tres estrofas, integrado por cuartetos, comienza con un verde que no se encuentra en ninguna otra parte, acaso el de la mirada de la Gorgona: “Todo verde, de un verde que maltrata los ojos…Reverbera” En “Crepúsculo sedante”, en el segundo verso de un poema escrito con dos cuartetos encontramos: “La tarde -satinado papel multicolor”. En un soneto, cuyo título es premonitorio, como que se intitula “Cromo” hallamos un despliegue cromático: En el 1er. verso de la 2ª cuarteta: “Amanecer. Por fin el confín cetrino”. En el 1er. verso 1er. terceto: “La campiña, de un pálido aceituna,”. Para finalizar, en el 2º terceto, con: “Y el viejo Osiris sobre el lienzo plomo” Yal final: “Quien va sacando una calcomanía…” En otro sonero de título “Cromito”, se lee: “brilla con los tintes de la mermelada, y detrás de un techo de color de ají”. “Croquis” es un soneto en cuya 1ª cuarteta se emplea un nuevo matiz de color, “blancura de la clorosis”, seguido de otra metáfora cromática “cana neblina”. En el mismo soneto en color gris toma un renovado matiz al denominarlo “remedo gris de telaraña”. “Croquis hogareño”, poema de tres cuartetas, trae en la última de estas, en el 2º verso, otro “gris”, esta vez “de un invernal cariz panza de burro”, que nos recuerda el color de la barriga del rucio de Sancho Panza o la de “Platero” de Juan Ramón Jiménez. El soneto titulado “De caza”, en el 1er. cuarteto trae los versos, 1º y 2º, “de mariposa tornasolada”, y en el 3er. verso dice también “blanca fuga”, donde el color tiene un nuevo valor cromático. En el poema “De mi predio”, 2º verso, dice L.C. López “enjalbegadas”, que el Drae trae como “blanqueadas”, para las paredes, con cal, yeso o tierra blanca. Al final del mismo poema, da un nuevo tono al ocre, al denominarlo “ocre bermejo”. “De Postres” es un soneto donde el color campea por sus fueros, en el primer verso dice “color de chocolate”, en el 2º dice “color rapé”, que es el que tiene el tabaco en polvo o rapé, los costeños aún decimos “zapatos rapé”, etc., y que es el mismo color marrón. En el soneto “De tierra caliente” se utiliza para calificar el color del mar, “bilioso”, de color verdoso como la bilis. El poema “Desde mi celda”, además de un “verde” trae “monacal verdín”. “Desde mi predio”, (soneto) es muy rico en llamadas al color, 1er. verso, 2º cuarteto, trae “rojo”, seguido de “verde”, y en el 2º verso del 2º cuarteto, utiliza “azul”, al final, en el 3er. verso, 2º terceto, trae “tornasolada”. El soneto “Desde un pontón” trae “amarilla” en el 1er. cuarteto, 3er. verso. En el poema “Despedida”, utiliza un especial verde, “el verde perico”. En la 2ª cuarteta de “Despilfarros” emplea “tornasolada”, nuevamente, para describir a la cabeza de un camaleón; al final del mismo dice del cielo que es “gris”, en la estrofa III. En este mismo poema, estrofa VII, dice “ribete rojo”. En la estrofa XI emplea el verso “lejano color amatista”, matiz del violeta que tiene la gema llamada amatista, que se usaba en Grecia antigua para evitar la embriaguez. En el mismo poema, estrofa XVII, dice cielo “azul” y lo repite, “azul”, en el siguiente verso. En otro soneto, “Despilfarro” emplea “glaucas”, de color verde mar. En el soneto “El zagalón de Pepe”, en el 1er. terceto, verso 4º, emplea “azafrán” como color de los cabellos de aquél. Al final, en el 2º terceto, verso 3º, a “unción” la adjetiva con el color “blanco, (a)”. En “Guámbaro”, otro poema, la joven descrita en el 2º cuarteto, verso 2º, lleva un delantal “gris”, un color que tiene al propio tiempo del blanco y del negro y que es la negación de la luz tropical. En el poema “En el malecón”, primer verso de la 1ª cuarteta, dice que el sol es “rubicundo”, o sea “rojizo”. En el soneto intitulado “En la penumbra”, en el 4º verso del 1er. cuarteto describe a la sed como “caliginosa”, oscura, pero que el diccionario también describe en poética como “nebulosa”. “En la playa”, soneto, describe la lona del barco como “triangular”, en una especie de trazo literario de un dibujo. Otro rasgo lineal está en el 1er. terceto, verso 2º y 3º, “viendo la raya, esa raya del confín”. En el soneto “En Odeón Platz” dice L.C.López, nuestro poeta dibujante y cromatista, en el 2º cuarteto, 3er. verso, que es más “rubio que un canario”. Metáfora magistral. El poema “Fresco amanecer” trae en la 1ª estrofa, verso 2º, el empleo de la expresión “faz clorótica”, que el diccionario describe como un barbarismo para aplicar a los seres humanos, a los cuales se les clasifica con más propiedad como “anémicos”, para calificar al sol en su color. En “Hongos de la Riba”, en la 2ª estrofa, dice “rubio como la estopa”, en una nueva aplicación del color rubio que utiliza López en este soneto. En “Hongos de la Riba”, III, en la 2ª cuarteta, 4º verso, se lee “feliz con su terno canario y turpial…! En el poema denominado “Tercera epístola”, 2ª estrofa, emplea el término “giro” en el 1er. verso, “gallo giro”, que se dice del color amarillo o rojizo, sobre todo para calificar el color del plumaje de los gallos. En “Los que llegaron de Paris”, soneto, en el segundo cuarteto, emplea para el sustantivo falda un “color mimoso” y un “azul lilial”, y un verso adelante usa “rubor de lacre” (rojo) para el sustantivo “cabellos”. En “Llovía…” las metáforas están en “encaje sucio del agua” y en “paisaje al crayón”. En “Mi azotacalles”, 1er. cuarteto, el 1er. verso alude al término “lienzo”, para entrar a narrar por parte de un pintor la situación de pintar a su modelo. En este soneto se describe el pintar un cuadro de manera literaria. En el soneto intitulado “Mi burgo”, en el terceto final, hay un “azul” para calificar a un “cielo”, siempre primaveral. En el poema “Misantrópica tarde”… se utiliza por parte de L.C. López un original “barcino”, que proviene, según el Drae, del término árabe “barsi”, y que traduce, “mezcla de color mixto de cetrino, o negro, y rojo”, es decir, un color abigarrado, manchado, para calificar a los animales de pelo blanco y pardo, y a veces rojizo, como ciertos perros, toros y vacas. Al final del mismo poema, en la última estrofa, en el 2º verso, comienza hasta finalizar, el 3er. verso: “una fresca pincelada de luz”. En el poema “Naturaleza irónica…” hay tres alusiones al color y a la representación gráfica: “tu cielo azul”, la primera; seguida en el verso tres por “de una benevolencia de zafiro”, en la segunda estrofa hay “un barco de cromo”, en los versos 2º y 3º. “Noche de pueblo” es un poema donde la luna tumefacta como un grano, está en el “azul” plafón. En una metafóra muy localista el poeta nos habla en “Noche señera” de que la “luna es un medio mamey”, comparación insólita con una fruta muy nuestra que constituye en sí misma todo un resumen gráfico. En el soneto “Non plus ultra”, en el 1er. cuarteto, emplea el color “cetrino” que es el color descrito como verdoso o amarillento por el Diccionario. En “Nota de viaje”, en la última estrofa, el carromato, la rara vegetación y las aves zancudas sirven para “dibujar un biombo japonés”. Este poemilla tiene el fondo de un “kakemono”, o pintura vertical, de un pintor del Imperio del Sol Naciente. Con una clara alusión al contenido del poema, el título del mismo, “Paisaje de Sorolla”, alude al tratamiento que el famoso pintor español, nacido en Valencia (1863-1923) da a la representación de escenas marítimas, mejor marinas, con luz abundante y colores lumínicos, en el que aparecen los versos siguientes, “el río anaranjado”, “color de yodo” y “fondo amarillo”, todos expresivos de colores en la gama del rojo. En el soneto “Para ti”, penetra por la ventana el “opalino retazo”, el color aquí es el blanco azulado con reflejos irisados. El soneto “Pero” está dedicado a matices del azul, en un verso canta el “zafiro del cielo”, donde el mar se “argenta” al golpear el hosco malecón y todo es “azul”, calificándolo como de Prusia. En el último terceto de “Por el Atajo” el cielo tiene ahora un “amarillo anémico de color del alpiste”, fuera de serie, para ambientar “al sol que parece un gran buñuelo”. El poema de dos cuartetos “Postura difícil” describe el cielo como de “color de pus”, que ambienta el fastidio del poeta ante la anodina conversación del ama de llaves. En el soneto “Puerto, mar y cielo”, con solo el título del mismo tenemos un cuadro paisajístico pintado a la acuarela, pero además está dedicado a Daniel Lemaître, en clara alusión a su polifacética condición de pintor, músico y poeta. En el 2º verso del último terceto el “azul es impoluto”, y el paso del vuelo de una golondrina lo rubrica nuestro poeta como a un trazo final en la firma. En “Rima” encontramos el color de la aurora, calificando “de enfermiza palidez”. En el soneto “Rincón de Provincia”, en el 1er. terceto, Luis C. López nos da un color absolutamente impensado, como que en un verso nos “ofrece un muro color de zaquizamí”. Color que solo entenderemos sabiendo que aquel es un cuarto o desván oscuro que tiene la arquitectura egipcia y árabe con algún ejemplo en la vieja arquitectura cartagenera. “Trazo” es el título de un soneto elaborado en solo tercetos, en el primero de ellos, el verso tercero describe al sol que se aleja por entre las nubes, que él llama o califica de “motas”, de color de aciano, que es una planta de color azul como lo dice el término. En el terceto final emplea el término “acuarela”, que define tanto a una obra de pintura como a un género de técnica pictórica. Otro soneto, es en apariencia la métrica versificadora predilecta del vate L.C. López, de tan difícil factura, pero que al mismo tiempo posibilita la economía del lenguaje ante su formato tan estricto y su necesaria concisión y precisión, y que es comparable en literatura al cubismo sintético. En este caso se trata del intitulado “Una viñeta”, que alude a una representación gráfica, en la cual el caserío es como un “croquis” pintado al “crayón”. En el soneto de título “Vejez”, al final del 2º terceto reza un verso que entre comillas, dice “ese cielo azul que todos vemos”, seguido de “aquel bello carmín de doña Elvira”. “Versos futuristas” es el título de un poema en el que la sombra es el pincel mismo, que dibuja en el plano de un tejado y de una pared una oreja de un burro o jumento, así lo llama él, que se alarga en el crepúsculo morado. “Versos rurales” es un poema constituído por cuatro estrofas de cuatro versos cada una, en que nuestro poeta rinde, sobre el tema de la primavera, un homenaje a los colores que encarna simbólicamente el nacimiento y la muerte en la Naturaleza, el verde del nacer y el morir del amarillo que avisa la marchitez o lo marcesible. Es así como en la primera cuarteta, en el tercer verso, “Todo está verde” y en el cuarto verso reza “ya se fueron las hojas amarillas”. Este poema que trata de la juventud y de la vejez, en la tercera estrofa, segundo verso, pone el “tinte cenizo de un retazo de invierno” a temblar en la lejanía. En el soneto “Y eres traidora…” aparece el rubor, color rojo, con “pinceladas de anilina”. Letras y colorido, cromatismo y Literatura. El Universal, Dominical, enero 27 de 2002.
Las confecciones textiles en Cartagena de Indias. - Entrevista con Roberto Gedeón Ghisays-
La necesidad de la Textilería La búsqueda de abrigo encaminó al ser humano a buscarlo en la cueva, en la espelunca, en el hondón, en el abra, o bien en el cobijo debajo del árbol (“el que a buen árbol se arrima buena sombra le cobija”), o bien, en la espesura del bosque, en la de la ramada, etc. Tal vez, donde fue posible, y lo que aún hoy ocurre, el hombre fue primero peletero, pues en su aprendizaje de cazador, necesariamente valoró en la piel de los animales, que él fundamentalmente cazaba para comer, también aquella suave, al par que fuerte capa o cubierta, que los protegía a los animales de algo que a él, en cuanto ser sujeto a las inclemencias del tiempo de igual manera le mordía las carnes en el frío, y le achicharraba la piel en el calor, o en la exposición al sol. No se conoce con exactitud cuándo y dónde nació la actividad textil. Posiblemente fue en varias partes al tiempo, pero se sabe que es muy antigua y que fue ubicua en el mundo. Los egipcios, por ejemplo, no obstante las duras condiciones climáticas de su largo territorio, labrado en el desierto por el padre Nilo, el mismo que era el causante del aliento vital del país, eran idólatras (no encuentro un mejor término) de la textilería. Concibieron un dios para simbolizar los Oficios y las Artes. En los dibujos hay tocados, faldas plisadas (las usaban los varones de gran alcurnia), batas de gran diversidad, incluidos los bikinis, usados por bellas mulatas que tañían flautas para aliviar las jaquecas menstruales de Nefertiti, y que soplan en los gozosos saraos que muestran los dibujos murales. En la tumba, el gusto de los egipcios por los textiles los llevaba a amontonarle al difunto gruesos rollos de telas, además de la mortaja (“como el matrimonio ésta del cielo baja”) que es una larga sucesión de bandas aforradas al cuerpo. En las cartas que se cruzaron entre los reyes egipcios y sirios, y los príncipes cananeos hay constantes y permanentes referencias a las telas, a las ropas, a los textiles, etc. Son los egipcios presuntuosos de sus linos, de no vestir ropas con rayas y del llamado, y exclusivo, lino real. En América, están acá, en esta otra parte del mundo, las telas de Paracas, multicolores, finas, en el Perú del Inca Garcilaso, llenas de dibujos animalísticos y geométricos, que vi en el Museo Larco Herrera de Lima. Todos los pueblos que llevaron a cabo civilizaciones dieron gran importancia a la actividad o industria textil. Ocupa esta una gama amplia de oficios, a partir del agricultor que siembra, cultiva y recoge la fibra de origen vegetal hasta el pastor que cría, que alimenta su rebaño, que lo cuida en el pastoreo y lo aprovecha en la esquila, la escarda, la retuerce, la hila, y tiñe la lana, hasta que obteniendo la larga, undosa, suave, lene, leve, buída materia, la diseña, la corta, la cose, para dar el acabado a la abrigadora cu-bierta que protegerá, adornará y, ¿ por qué no? embellecerá al portador/a. Asociado a los textiles está el darles el color. Sí, los egipcios, como ya hemos escrito estaban orgullosos de su blanco lino y contrastaban por ello a sus vecinos semitas, a quienes miraban como a “esos que usan y visten vestidos con rayas”, con algo de superioridad simbolizado en el atuendo. Pero semitas, proto-árabes y proto-hebreos, adoraban sus chilabas y manteos de rayas negras y azules, como la hoy bandera de Israel. Aunque, sea dicha la verdad, lo que más le solicitaba el rey Subiluliuma al faraón era oro. Sobre el tema de los textiles hay mucha tela para cortar pero no se tiene aquí la pretensión de agotar el asunto en este escrito sobre el tema. En las lecturas quedan términos asociados a telas, verbi gratia: el 2º Imperio Francés de Luis Napoleón venció a los austríacos en la batalla de Solferino, lugar donde se logró el tinte para ese especial tipo o matiz de rojo que lleva el mismo nombre; la tela llamada <Calicó>, de tanta prosapia popular (porque lo popular también tiene su prosapia, o ¿no?) y uso, otrora entre nuestras clases medias y bajas obtiene su nombre de la ciudad de Calcuta, Calicut, en inglés. De Boyacá en los campos, o la “Tierra de las mantas” En Boyacá, la “tierra de las mantas”, dicho en lengua muisca, propia del pueblo chibcha, tejen hermosas ruanas (se llaman así porque eran confeccionadas en telas traídas de Ruán, Francia, (me viene a la memoria el libro de Perrier con sus versitos: “A Paris, a Paris, sur mon petit cheval gris / A Ruan , a Ruan , sur mon petit cheval brun”) las dejan blancas con el hermoso color overo o “beige”, o del afamado color “rosado Soacha”, que es en materia cromática un canto a la vida, y que hace de la dama que lleve una ruana con ese color semeje una trinitaria viva y móvil, como los árboles en el drama de Shakespeare, Ricardo III. En Holanda por otra parte nació el Olán, la popelina que era confeccionada para las telas de las cofias que usaban las monjas.
La empresa textil en la primera revolución industrial La empresa textilera ha sido el comienzo de la actividad industrial en los comienzos de la primera revolución capitalista de Inglaterra y del mundo, con máquinas inventadas para mercerizar y brocar realizadas por Mercier y Jacquard. También en Colombia este tipo de trabajo constituyó una de las inquietudes de la actividad empresarial en nuestro amado país. Durante la “Colonia” la ciudad de Cartagena fue el centro del mercado de ropas provenientes de España, que hacía venir gente a comprar desde el mismísimo Perú. Eran las famosas “ropas de Castilla”. Recordamos que eran fuentes de derechos de aduana (en inglés customs, del francés coutume, vestido). Esta historia está por escribirse en la Costa. Aunque algunos trabajos se han elaborado ya al respecto. No pretendemos en este texto, en unas escasas líneas, condensar lo que es material para ser tratado en muchos volúmenes. Los textiles en Cartagena en los comienzos del S. XX Es de todos sabido que hubo (no hubieron, que decía la presidenta de una Academia en Titiribí, Antioquia) algunos intentos, con relativo éxito, en Cartagena a comienzos del siglo XX. Como también lo hubo en un desarrollo relativo en materia de confecciones de ropa también, durante varios períodos a partir de los años cincuentas. Durante los años de mi escolaridad (dichosos) y bachillerato veía con frecuencia avisos comerciales de fábricas de camisas y de pantalones, y de otro tipo de ropas en distintos lugares de mi amado Centro de la Ciudad. Las confecciones en Cartagena hacia el medio siglo XX Recuerdo la mención frecuente en mis oídos de la fábrica de camisas de Eduardo Dager Gerala, (casado con Olga Dager, quien cumplió 90 recientemente), llamada <Taboga>, con el sellito o marbete detrás del cuello, adornado con palmeras, siempre me inquietó saber, mientras fui niño, el por qué del nombre, hasta que ya adulto y al haber viajado a Panamá, encontré que allí está la Isla de Taboga. En la calle del Porvenir estaba situada la fábrica de camisas de Yamil Zammata, que creo que llevaba su nombre como razón social, y de la que recuerdo con alegría una camisa con un hermoso estampado de una linterna clásica en la pechera. Allí estaba Yamil con su esposa Adela. En la calle de la Iglesia, y posteriormente en el crucero a mano izquierda de la misma, o sea en la calle de Ayos, veía hasta hace poco (creo que felizmente existe aún, pero debe estar en otra parte, por donde yo no suelo pasar posiblemente) la fábrica de confecciones <Toledo>, a partir del apellido de su fundador viene el nombre de la razón social de la empresa. En la calle de la Moneda (donde hoy ya está, por fin, restaurada la magnífica casa del Seguro Social) duró muchos años, casi perduró, diría, la fábrica de confecciones del esforzado Joselito Dager Gerala, con su acrónimo de <Joseda>, en compañía de Judith. De los hermanos Roberto y Víctor (el mayor de los dos este último, ya fallecido prematuramente) Gedeón Ghisays y Jorge Baladi Kayata hay memoria, hasta hace poco, en el campo de las confecciones en la ciudad con las marcas denominadas “Don Quijote” y “Montclair”. Este trabajo no es uno de esos que los investigadores suelen llamar de campo y se basa modestamente sólo en recuerdos y en las consultas a algunas personas de fácil acceso por teléfono para mí, así es que no estoy posando de historiador profundo en el tema al elaborarla, sino sólo de pequeño cronista. Por eso he recurrido a Roberto Gedeón Ghisays para que nos ilustre sobre la actividad en el orden de las confecciones en la ciudad durante el tiempo en que él vio y participó de ella, muy prolongado. Cuenta Roberto de su natural inclinación a la actividad industrial en el entorno familiar debido a que su padre Aziz Gedeón creó desde los años 30 una fábrica de camisas en la calle de Vadillo Primera en 1936, y que después pasó a la calle de San Agustín Chiquita, en donde vivían en familia en el segundo piso y en el primero (a rez de chaussée, o sea, abierta a nivel de calle) funcionaba la fábrica de confecciones de camisas. Tenía aquella el nombre de <Sisa> (que si se lee bien es un acrónimo, al revés, del nombre de Aziz. A propósito, y aun cuando no viene al caso, este nombre significa en árabe “poderoso”. En ese momento de sus vidas Roberto y su hermano Víctor pensaban en fundar una fábrica de baldosas, ya que sólo había en la ciudad una con el nombre de <El Tendal>, de los hermanos Vélez, en las cercanías del cerro de La Salle, en el paseo de Bolívar, en Torices. En esos tiempos que corrían en los años treinta y cuarenta era Cartagena la ciudad que tenía más industrias de camisas (especialmente de camisas, calzoncillos y piyamas).Esto tiene como asidero que la ciudad es una ciudad portuaria, (fundamental para aquello de “import-export”), y que tiene la vecindad de Barranquilla y que amén de eso está a relativa larga distancia, más acentuada en aquellos momentos, de Medellín. Es más, cuenta Roberto que de esta plaza se vendían camisas a Medellín. Sirios y Libaneses en el ramo de la confecciones Es notorio cómo en la ciudad el ramo de las confecciones estaba en manos de la actividad comercial (lo que fue rebajado, tontamente, durante mucho tiempo llamándosele “vendedores de telas”) y pequeño-industrial de sirios y de libaneses de lengua árabe y religión cristiana, y de sus descendientes de la segunda generación, ya cartageneros natos. Nada de raro, pues el inmigrante de estos ya señalados países vie-ne de culturas con una gran tradición de comercio, y al hecho universalmente notorio de que el comercio es una actividad que concede libertad a quien la ejerce, con la salvedad de que el comerciante queda sujeto a su propio esfuerzo, a su inventiva y a las azarosas leyes (?) del mercado. Ese es su riesgo. Pero también es el precio que se paga por la libertad de acción y la posibilidad del enriquecimiento. Los pioneros Entre las familias de esa procedencia tuvieron como actividad la de fabricantes de ropas y fueron las pioneras en Cartagena, las siguientes: los Moukarzel, los Ilelaty; los Stambulie; los Murra; los hermanos Raúl y Teodoro David, la familia Yacamán y los Beetar, con el distinguido Esteban a la cabeza. Los continuadores En una segunda serie, algo más jóvenes, comparativamente, están (o estuvieron) Eduardo Dager Gerala, Edmond Ghisays,Yamil Zammata, y José Dager Gerala. Posteriormente, entre los años 1949 ó 50, se fusionaron en una especial de vernáculo “pool” cinco de esas pequeñas fábricas de confecciones en una, obviamente, más grande, que integró, con la razón social de <Manufactura Tropical>, a las empresas del ramo pertenecientes a Moukarzel, Stambulie, Yacamán y Edmond Ghisays Dager. Dicha <Manufactura Tropical> se estableció en la calle del Sargento Mayor, al lado de la casa aledaña a la Iglesia de Santo Toribio de Mogrovejo, en el barrio de San Diego. La producción de dicha empresa entró a competir en el mercado nacional con la marca “Primavera”, que operaba en la ciudad de Medellín. Cuenta Roberto con nostalgia como uno de los productos “bandera” de <Manufactura Tropical> era la camisa blanca de cuello y manga larga, con botones, y posteriormente también para mancuernas, y de camisas cuyo motivo ornamental eran las rayas. Ambas de mucho éxito comercial, o “salida”, en el argot particular de los comerciantes. Esta fábrica, <Manufactura Tropical>, tuvo una larga vida, pues funcionó durante 15 años, entre los de 1965 a 1980. Después fue vendida a la familia Azout de la ciudad de Barranquilla (hoy inversores de Carulla) que en aquella época ya eran dueños del almacén <El Vivero> de aquella ciudad. Y sigue Roberto Gedeón relatando cómo ellos, Víctor, su hermano, y él mismo, al ver que se había hecho aquella fusión de 5 empresas de confecciones observaron que con seguridad habría un espacio para la fundación de otra, aunque pequeña, dice, por parte de ellos. “Don Quijote” y “Montclair”: Los Gedeón. Narra Roberto Gedeón Ghisays que comenzaron la empresa con 20 costureras, en Cartagena hay una tradición de ellas en todas las capas sociales, por necesidad laboral entre las mujeres de modesta condición socioeconómica, y por creatividad y amor al oficio entre las señoras de mejor condición económica. Porque hasta los varones conocemos de las calidades de la ropa para mujer que elabora en su restaurada casa de San Diego Conce de Castro, y la que pulía hasta la perfección doña Carola Domínguez. Y <olivos y aceitunos, todos son unos>. Es la capacidad laboral y el empuje de la mujer cartagenera. Los Gedeón Ghisays tuvieron varias marcas de combate con nombres de impacto, como <Don Quijote>, quién no ha oído “lo de (don) quijotesco”, con admiración al personaje, sí pero también con algo de auto-ironía, y la marca <Mont Clair>, que preguntado responde Roberto que se debió al haber visto en taxis en Canadá la propaganda en los laterales de los mismos, y también en la prensa diaria, el equivalente a <El Universal> de allá, esa marca de cigarrillos: <Mont clair>, “monte despejado”, era un buen augurio. Y así fue. La empresa arrancó y siguió largando trapo, como se dice en mesteres de marinería, a toda vela y con buen viento de popa. Otra marca que producían ellos era <Strechini> (ropa para niña y mujer), con cuya casa matriz, <Bobby Brooks>, concertaron ellos la franquicia o permiso para usarla, pagando como es de uso comercial regalías a aquella casa de Nueva York. Esta empresa de textiles confeccionados de los hermanos Gedeón Ghisays, tuvo la existencia de nada menos que 32 años. Como anécdota, posteriormente, recordó Gedeón que inicialmente le pusieron a las camisas la marca <Robertico>, pero que al entrar el producto en la ciudad de Barranquilla resultó que el comerciante Roberto Sper tenía allá registrada la marca para sus almacenes <Robertico>, y por eso cambiaron el nombre. Pusieron entonces para solventar este impase el nombre de <Trébol> a la camisa que producían con un logotipo representado en una flor de lis. Con el nombre de <Montclair> la fábrica llegó a tener en su tiempo de existencia pico hasta 250 operarios (de los cuales sólo 10, poco más o menos, eran varones). Ante el asedio del contrabando de telas, relata Roberto que una guayabera de matute, de las que compraba mi amigo Hernando Caro Mendoza, crítico musical de Radio Nacional de Colombia, al venir a Cartagena en vacaciones de sol y playa acompañado del director de orquesta de la Sinfónica, el lituano Olaf Roots, costaba en los almacenes “agáchates”, 10 pesos de aquella época, y a ellos les salía el sólo valor de la tela por 10 también, sin añadir la famosa <plusvalía>, o agregado, que un producto elaborado implica. Y así sí que no se podía, dice Roberto. Había que buscar tierra alta como la tanga, como dicen en Sampués y Arjona, y decidimos cambiar de actividad para poder sobreaguar. Pero no quisimos perjudicar a nuestros consagrados operarios y duramos dos años en proceso de liquidación y de entendimiento con ellos, lo que implicó en ocasiones ayudarles a conseguir “coloca” en otras empresas que por su lado continuaban, y dejando en todo una paz laboral completa. Nos dolió, pero no había alternativa, dice Gedeón suspirando con algo de filosofía. Otro de los recursos de genio empresarial de los Gedeón, para sobrevivir en tal difícil campo fue desdoblarse en representantes o agentes en una Importadora Textil a la par que comercializar sus propios productos en almacenes también propios. A eso y a haber diseñado un modelo de estímulo al productor operario consistente en que mientras más hacía el trabajador ganaba más, hasta el punto, dice Roberto, que muchos operarios ya sabían al final de la medida de tiempo establecida para el pago cuánto habrían de percibir. El Sena -añade Gedeón- nos proveía de técnicos para enseñar, venidos de Bogotá, que enseñaban a nuestros operarios en nuestras propias máquinas. Estas eran provistas por Singer, en dotación y en mantenimiento, pues los reinos de esa actividad son Alemania y los E.E.U.U. Allí están, en esa época, en lo nacional, Rodolfo Martínez Tono, y en lo local, Augusto de Pombo Pareja, quien diseñó la casa de Roberto. Señala Gedeón Ghisays que ahora hay otra vez un buen momento favorable a las exportaciones a Venezuela, que en su tiempo de fabricante de confecciones fue bueno y después se maleó con un bajón económico en Venezuela, lo que contribuyó no poco al languidecimiento de la actividad que motivó su liquidación en la Costa caribe estando naturalmente incluida la de los propios hermanos Gedeón. Finalizando tan ilustradora y grata entrevista el visitante, Juan Dager Nieto, pide a Roberto terminar de ver la casa, pues se interesa en la arquitectura hasta el punto de haber terminado, en días recientes, un <Diccionario Artístico y Arquitectónico de Cartagena de Indias>, y se topa ¡oh maravilla! con el hermoso jardín que ha creado su esposa Aída. ¡Idea de jardín que los árabes tomaron de Persia para difundirlo por el mundo! 10/4/2002.
Los festines de los Chivos A la larga lista de los novelistas sobre el tema de los dictadores se sumó recientemente Vargas Llosa con su novela sobre Rafael Leónidas Trujillo, intitulada “LA FIESTA DEL CHIVO”. Pero no todos los dictadores han sido “chivos”, desde la antigüedad el caprípede Pan o sátiro ha sido considerado como símbolo de la sexualidad desbocada por excelencia, “animal hormonado y testiculado”, como dijera el expresidente Turbay Ayala de sí mismo en un chico pleito sobre asuntos de cotilleo, fue escogido por los mitos como centro de la “Tragedia”, a partir de que se le suponía suicida en la desesperación, y de allí que su balido llamado “tragoon” diera nombre o título al gran género literario. Tenemos, por ejemplo, el caso de la novela que abrió el tema sobre el asunto, la intitulada TIRANO BANDERAS, de Ramón del Valle Inclán, el de “las barbas de chivo” según dijera de él Rubén Darío, dicho dictador se llama Don Santos Banderas. Es descrito no como un chivo sino como una rata fisgona, con su levitón de clérigo, y su esparcimiento es de los más sencillos que se puedan concebir: el juego de la rana. Además se le pinta como taciturno, lechuzo, sombra con voz de rama hueca…etc. Como se ve lo más lejano de los chambergos emplumados de Trujillo y de sus tricornios a lo Schonberg, puesto que los de Napoleón eran simples, mientras fue solo cónsul, pues como emperador dejó de usarlos. Este Tirano Banderas era un monje en sus gustos y uno que no tenía era precisamente el sexual, como los perversos. Enfrentado a este puritano tenemos a otro personaje de novela, en este caso al protagonista de la obra “El Recurso del Método”, de Alejo Carpentier. Este es un dictador que todo lo somete al sistema cartesiano de la “duda metódica” y ama, como no, a París, para él la vida se hace allá, ama los placeres intensos, las grandes emociones. Se involucra este “Primer Magistrado”, así se le llama en la novela, en construir una Casa de Gobierno, -imitando al Capitolio norteamericano, uno de los más grandes y bellos edificios institucionales, inspirados en el esteticismo griego y romano antiguo, con apoyo estético en el Renacimiento, y que se puede ver en Washington D.C. - o bien distrayéndose en las sórdidas actividades de burdel. En la galería donde están como estafermos los anteriores, Tirano Banderas, esperpéntico como el título de otra obra de su creador el manco (de verdad) Del Valle Inclán, y el Primer Magistrado de Carpentier, podemos leer a “Yo, el Supremo”, quien protagoniza la obra del paraguayo Augusto Roa Bastos. Dicha obra está construida a partir de las “Memorias” dejadas por el Doctor José Gaspar de Francia, tomando como base las circulares del Tirano a sus subalternos y los apuntes de su cuaderno privado. El novelista Roa Bastos no establece donde terminan esos documentos históricos y donde comienza la novela. Con los dictadores latinoamericanos, en todo caso, esos límites son alucinantes, así es que no importa. Aquel no es de vida sencilla a lo Tirano Banderas, ni sensual como el Primer Magistrado sino que, por lo contrario, hace categoría aparte: él es un místico en el sentido espiritual, no como se suele emplear en la Costa caribe, donde significa “delicado” o escrupuloso, o distante, o desdeñoso, al gusto o tenor de quien lo emplee, aunque sea con imprecisión. En “Yo, el Supremo”, hallamos a un Doctor en Sagrada Teología, a alguien que es el Mandatario del Paraguay, que se pasea a caballo todos los días a la misma hora, que vive austeramente, que se viste mal y come peor (salvo en las grandes recepciones, con cubiertos de plata) y duerme en sábanas de holán, como nos lo cuenta Conrado Zuluaga en su ensayo sobre las “Novelas del Dictador, Dictadores de Novela”. Los placeres de este “Supremo” son simplemente intelectuales, aunque prohiba en su país (Alfredo Stroessner no salió de la nada) la entrada de periódico alguno, salvo los que él mismo lee para saber lo que pasa en Argentina, tampoco dejó editar en su Paraguay ninguno durante los 27 años de su gobierno. La afición de este último era: la elaboración de teorías, el estudio del firmamento y de los movimientos celestes, y la creación de neologismos (en lo único que se mostraba novedoso). Al referirse, por ejemplo, a sus opositores en la <Junta de Gobierno>, cuando aún compartía el poder con su compadre Fulgencio Yegros -continúa Zuluaga- los llama: “paniaguados síviles”. La fila la cierran -son más de cuarenta los personajes de la historia de los dictadores de América Latina- los que “honrosamente” han ganado un puesto en la vasta iconografía de los dictadores. Más de treinta de ellos entraron a la corporación de “Generales del Universo”. Casi todos subieron al poder por “golpe de estado” o apadrinados por el departamento de Estado de los Estados Unidos. La última novela -que se sepa- sobre los dictadores es la del peruano Vargas Llosa, que con el título de “La Fiesta del Chivo” nos retrata a Rafael Leónidas Trujillo, de quien Zuluaga nos ofrece su “protocolo” o lista de títulos, a saber: El Benefactor de la Patria; el Honorable Presidente; el Paladín de la Democracia; el Primer Médico de la República; el portador de la Gran Cruz de la Orden Papal de San Gregorio; el Supremo Coloso; el Genio de la Paz; el Salvador de la Patria; el Protector de todos los obreros; el Caballero de Honor de la Soberana Orden de Malta; el Primer Maestro de la República; el Padre de la Nueva Patria; el primero y el más grande de todos los Jefes de Estado dominicanos; el Héroe del trabajo; el Primer Periodista de la República; el generalísimo de las Fuerzas Armadas; el portador del Collar de la Orden de Isabel La Católica y otras ochenta y siete altísimas distinciones. Como se ve el único título de que carecía fue el de “El Gran Paranoico”, asociado en él a su megalomanía, expresada en su obsesiva búsqueda y dependencia de títulos, distinciones, honores, preseas, medallas, diplomas, cruces, órdenes, y demás objetos de la parafernalia de los honores, este hombre de quien sus súbditos dijeron que sufría una “enfermedad de sí mismo” a la cual llamaron “Amo con celos” que se parece mucho a aquella en que el adinerado envidia a quien tiene menos que él. Unicarta 95, Revista de la Universidad de Cartagena, abril de 2002.
Régulo Ahumada y Chambacú Régulo Ahumada Zurbarán presenta una obra que es ya referencia obligada en este género del teatro en la literatura local nuestra, se trata de la segunda edición de la obra “Chambacú”, esta vez acompañada de un anejo estudio-ponencia de la autora norteamericana Beatriz J. Rizk, Ph. D. El teatro, entre nosotros, ha sido un género literario de difícil práctica desde los tiempos de la “Colonia”, pues salvo los llamados “Autillos de Fe”, en que haciendo un esfuerzo pudiéramos reconocer algunas manifestaciones teatrales o, al menos, escénicas, estas estaban prohibidas. Y claro, sin poder representárselas, se decapitaba el deseo de escribirlas amén de que la impresión de este tipo de obras estaba también sujeta, como otras de ficción o de imaginación como se decía, a un permiso especial o imprimatur. Además, de que el género Teatro ha sido siempre, desde el le-gendario Tespis, el vehículo idóneo para comunicar ideas o plantear conceptos a públicos relativamente amplios, aunque fuesen estos de carácter analfabeto, por la inmediatez en la comunicación y en el uso del lenguaje llano. Allí está, para ejemplo, el teatro inglés, español y francés, para no remontarnos otra vez a Grecia, que comprendió muy prontamente la bondad didáctica teatral en la cultura de las masas urbanas. Entre nuestros antecedentes, durante el periodo posterior a la Independencia, tuvimos al autor de obras de teatro, el cartagenero don José Fernández de Madrid, realizador de algunas piezas teatrales de carácter didáctico-histórico, como la que llamó “Guatimotzín”. Otra de las causas significativas entre nosotros de la poca existencia o al menos de la muy relativa presencia del cultivo del teatro, es el, digamos, dominio, que tuvo hasta ciertas épocas el género histórico sobre los otros géneros, alucinados tal vez los hombres de pluma con el proceso del Descubrimiento, que fue portentoso él, y de las posteriores conquistas, fabulosas ellas, o quizás del simple deseo de medrar, haciendo del elogio del sistema imperante su empeño o de la justificación de los hombres en armas un “leitmotiv”. En la primera mitad del siglo veinte, recientemente caducado, se construyó en la ciudad el teatro Heredia, que sirvió de escenario para la representación de obras escénicas por grupos, o “troupes”, como se las llamaba afrancesadamente, que solían venir desde el extranjero a nuestra patria entrando siempre a ella por la vía marítima de Cartagena para después seguir al interior del país. Y que despertaron, otra vez, de su aletargamiento el cultivo del género escénico. Régulo Ahumada Zurbarán ha sido en esto de la literatura dramatúrgica entre nosotros un pionero, y muy posiblemente, pero yo dejo que lo diluciden ustedes y lo decidan así, un Régulo o regidor modélico de este estilo de literatura, entre quienes han venido después a cultivarlo, ya que él hizo reverdecer una vez más los lauros de la escena con sus obras a comienzos de los años sesenta. Dióse cuenta Régulo Ahumada, desde sus comienzos como urdidor de dramas, sobre la dificultad de representarlos, y por eso quiso imprimir sus obras para difundirlas y para conservarlas en el tiempo. A eso se debe, y no a la escasa representación de sus obras, su bien ganada nombradía como dramaturgo o trabajador de dramas. Y por eso les es dable hoy, a quienes sólo habían oído del título de la obra, la posibilidad de leerla, teniéndola en conserva hasta cuando la puedan ver representada, revivida, en las tablas. ¿Pero qué hay de malo en esto?, al lector siempre le es posible o grato saber antes de verla el tema de una obra teatral, o de una ópera, hasta cuando pueda ver a “Rigoleto” en escena con su giba, o al rey Enrique pidiendo un caballo a cambio de su reino y también a este Capuleto de Ahumada y los otros dos orates, escapados del manicomio, que aparecen en la obra “La ruleta rusa”, de Ahumada Zurbarán. O esta reeditada “Chambacú” puesta en escena en el año sesenta, según Ahumada, me lo comentaba en los días en que escribía yo estos comentarios, con su drama minimalista, pero que al propio tiempo es arquetípico de mucho más, donde el hijo extramatrimonial de un hombre de raza blanca con una mujer negra, de muy diferentes extracciones sociales, es adoptado por su padre, que lo devuelve poste-riormente a su madre, que vive en Chambacú, cuando se casa, más adelante, con otra mujer, esta vez de su propio nivel social, aunque Régulo no nos dice sino veladamente si es negra o blanca de etnia la nueva esposa. La obra de Ahumada titulada “La ruleta rusa” nos recuerda algo del coloquio llamado “Elogio de la Locura”, de Erasmo de Rotterdam, en cuanto a que sus temas son universales. “Chambacú”, por lo contrario, dramatiza asuntos muy propios de nuestro modelo sociológico, asunto en que Régulo corta en leves capas del tejido social, para criticar con acrimonia los vicios propios de nuestra sociedad. Naturalmente, estas críticas llevan insertos en ellas los propios prejuicios morales y sociales de Régulo Ahumada, al manifestarse como novelista después de ser inicialmente autor de teatro, en la novela “La cruz, el diablo y yo”, por ejemplo, en la cual utiliza mucho de los temas que he tratado, y ha ejercitado antes en su creación como dramaturgo, miremos sino con atención la temática de su narrativa y veremos que allí aparece el conflicto social, las contradicciones dialécticas en la conformación de la sociedad clasista, la conciencia de la dificultad de la vida pero también la conciencia de las soluciones que ofrece la vida, el optimismo antepuesto a la dura realidad, pesimista de suyo; el crimen y la sanción, la preferencia por la gente común como personajes y la presencia en su escena o en las páginas de su novela o de sus relatos de los irredentos o del propio lumpen… En cuanto al manejo del lenguaje, el de Ahumada Zurbarán es descarnado, cruel, directo, sin tapujos, en veces lacerante como un escalpelo. En materia de teatro sus diálogos (el teatro es el diá-logo platónico representado en la escena ante un público más allá de quienes participan en él), están bien construidos, porque son cortos, precisos, porque están libres de faramalla verbal, porque van directos al oido del espectador que tiende visualmente a entregarse casi todo a la contemplación del ojo, sin, a veces, hacer caso a lo que se dice en la obra. El ver es más fácil como vehículo de placer que el oir, que el escuchar, que implica como respuesta un proceso de pensamiento trabajoso en quien oye. Régulo sabe eso y de allí su parlamento de tipo “golpe de mazo” en la frente. En el género cuento usa un recurso de gran impacto cual es el elemento sorpresa, y que todos saben que consiste en aquel desenlace inesperado que nos asombra y deleita con el recato inicialmente usado. Pues bien, el mismo recurso lo utiliza Ahumada Zurbarán por técnica de dramaturgia, pues lo que nos parece extraño por su voluntad literaria al principio de la obra se nos justifica al fin de la misma. Ese diálogo loco, en “Ruleta rusa”, por ejemplo, lo atribuimos inicialmente a derrotistas sin oficio que están en un bar, luego al beber los protagonistas de una infaltable botella de ron, nos parece el típico diálogo de borrachos, pero nos queda claro al fin de la obra que lo que es verdad en realidad es que toda aquella conducta es así porque de lo que se trata es de que los personajes son locos fugados… Ahumada Zurbarán tiene pocas obras, su producción es corta y sustantiva como dramaturgo pero abarca además una extensa gama de la literatura periodística en géneros como la crónica, el artículo, el reportaje, la nota, la reseña y la glosa, que harían un grueso volumen reunidos en el formato libro. En el día de hoy me voy a valer también (este trabajo fue leído en la presentación de la reedición de la obra “Chambacú”) de los conceptos expresados por la doctora Rizk en una carta sobre su profundo ensayo de la obra en mención para que me ayude con su sabiduría escritural a hacer un análisis de la obra “Chambacú”. En esta carta con fecha de 1995 le dice la investigadora Rizk a Ahumada lo siguiente: “Me interesaría incluir su obra “Chambacú” en un número especial de la revista “Tramoya”, publicación especializada de Teatro de la “Universidad Veracruzana de México” y de Rutgers University en Estados Unidos sobre el teatro afrolatinoamericano con obras de Cuba, Puerto Rico y Brasil. Sostiene la autora que la obra de Ahumada Zurbarán, hasta donde ella alcanza a conocer sobre esta materia del tema de lo Negro en la obra teatral “Chambacú”, donde los personajes -afirma- asumen una personalidad étnica propia y expresan su propia cultura, y no co-mo personajes que apenas desfilan por una obra como relleno o adorno, una cultura que se expresa en voz y nombre propio con sus valores y su lenguaje propio. Esta obra “Chambacú” tiene como anécdota, vaya uno a saber si sólo es una anécdota, el asunto de un niño mulato, hijo de una negra del barrio y de un señorito blanco de la ciudad, que le quitó el hijo a Filomena, la negra, y se lo devolvió cuando posteriormente él se casó con una mujer de su propio contexto clasista. Tirciano, el joven, ante el conflicto, derivó a convertirse en un truhán y tuvo un fin trágico. En algunos parlamentos las negras del entorno materno de Tir-ciano dejan ver sus opiniones de rechazo a ese muchacho por ser mulato (prejuicio de los negros contra los mulatos (N.del A.), dicen que el muchacho salió así por “mezclao”. Régulo Ahumada critica el racismo de los blancos tanto como el de los negros, que también infortunadamente lo cobijan. Una negra dice a otra en la obra que el “chico lleva el infierno dentro de sí mismo por tener del capataz y del esclavo”. Este “Chambacú” es el testimonio de un barrio que ya desapareció materialmente, pero se pregunta uno si sus elementos culturales y axiológicos lo han hecho también de manera tan radical como lo fue la erradicación de las casuchas del antiguo “Chambacú”. Eso se lo debemos preguntar a Juan Gutiérrez Magallanes, autor del libro “Chambacú”, a la tiña, puño y patá”, y antiguo poblador del barrio, él responde a lo anterior con lo que escribió en su libro y que cito textualmente: “Era pobre y miserable, pero lo recuerdo por los valores que el barrio tenía como toda comunidad humana”. Dominical de El Universal, 23 de junio de 2002.
Gustavo Ibarra Merlano. Álvaro Suescún viene adelantando una interesante tarea con-ducente al estudio de varios escritores cartageneros. Le escuché una conferencia sobre el poeta Jorge Artel en la biblioteca que lleva el nombre del autor de “Botas y Banderas” y de “Tambores en la noche”, a partir del trabajo investigativo sobre la obra de quien es considerado como el representante de la poesía negra y mulata en el Caribe colombiano, Agapito de Arco. Dicha conferencia se basó en el ensayo que Suescún realizó sobre Jorge. En días recientes me han enviado las señoras Sara Marcela Bozzi y Mirta Villamil, la primera docente y la segunda funcionaria de la “Secretaría de Educación y Cultura del Departamento de Bolívar”, en su orden, otro ensayo del mismo autor, Suescún, quien pesquisa esta vez la obra de Gustavo Ibarra Merlano, el autor de “Hojas de Tarja” y de “Los Días Navegados”, quien reside en Bogotá desde hace más de 50 años. Amicísimo aquel de Jaime Gómez O’Byrne, escritor, crítico e historiador del Arte y de la literatura, amén de jurista. Igualmente, leí en años pasados una oración dedicada a la virgen María, traducida por Ibarra Merlano, el “Himno a la virgen Macrembolitissa”, advocación mariana griega. En varios apartes Suescún nos transmite el resultado de las conversaciones, que aquí en Cartagena y en Bogotá, sostuvo con el poeta Ibarra Merlano sobre distintos aspectos de la historia reciente, en materia literaria, de Cartagena, en relación a Rojas Herazo y a García Márquez, quienes fueron grandes amigos de Ibarra Merlano. Hace allí Ibarra una reminiscencia de la Cartagena tertulial de aquella época, y del ambiente en que se cuajaron aquí varias vocaciones literarias, en derredor del diario “El Universal”, donde formaban parte el doctor Domingo López Escauriaza y Clemente Manuel Zabala, su Jefe de Redacción, en aquellos tiempos arcádicos. ¡Cincuenta años! Ibarra Merlano tiene muchas virtudes, pero de lo que se trata ahora es del asunto literario del mismo, a partir del trabajo de Suescún. Ibarra nos habla de sus lecturas y de su afición al cine. Asunto en el cual se desempeñó como crítico, profesor y escritor del tema. En sus reminiscencias Ibarra nos narra sobre el Colegio San Pedro Claver, dirigido por el maestro Gabriel Porras Troconis, y de cómo cuando el sacerdote Rafael García Herreros se fue para Bogotá él continuó con la cátedra de griego, que según García Márquez también le impartió a él, cosa de la que Gustavo se ríe con delicia. Suescún trata de establecer cuándo se escribió “La Hojarasca” y dice que en 1949, mientras que contrasta esta información con la que ofrece el mismo García Márquez, que dijo que fue en 1951. Añado yo que en todo caso, fuere en 1949 o bien en 1951, la obra salió publicada, tal vez por primera vez, en 1955 en Bogotá, que es la fecha que ofrece el pie de imprenta de la edición que hizo el profesor Samuel Lismann Baum que en aquellos tiempos regentaba una cátedra de Literatura en el colegio San Pedro Claver, en 1955. Escribo esto para que quienes hubieren conocido al profesor Lismann Baum ayuden a precisar algunos datos sobre este personaje, que mucho dio a Cartagena, antes de irse definitivamente de la ciudad. Dicha edición de “La Hojarasca”, a la cual considero, hasta mejor prueba en contrario, como la edición príncipe de dicha novela. Está ilustrada por Cecilia Porras, hija del historiador, sobre quien se ha cernido un silencio de catacumba, injusto, que Ibarra atribuye a una supuesta antipatía en aquella época por el enfoque que él les daba a los asuntos relativos a la historia de Cartagena y de Colombia, favoreciendo el papel que jugó España en ella. Cecilia Porras pintó unos niños para la portada, la cual acompaña este trabajo (en este caso no apareció la fotografía de la misma al ser publicada, nota posterior del Autor a su publicación), con unos ojos enormes y tristes como los que ella solía hacer y que la caracterizaron en algún aspecto de su obra, pues pintó dentro de un género muy variado, como vimos hace algunos pocos años en la retrospectiva que de su pintura presentó el “Museo del Oro”, para visión y análisis de las generaciones que no tenían conocimiento de su trabajo pictórico o bien de aquellos que lo habían olvidado, sin querer, siendo ella la primera mujer que en Cartagena, en este siglo, dedicó su vida y talento al arte de la paleta y los pinceles. Ibarra Merlano es hombre aislado de la vanagloria, pero no de la “Gloria”, y sus publicaciones se han abierto camino lentamente, desde cuando decidió publicar en Atenas, dice a Suescún que allí, además de que publicaron (en la Antigüedad, se entiende) Platón y Empédocles, resulta también más barato hacerlo que en Colombia. Conocí “Hojas de Tarja” por obsequio que me hiciera Gómez O’Byrne, su amigo, y en él pude conocer de la poesía de Ibarra, filosófica, fluyente como el río de Heráclito, descrito con su famoso aforismo de “Panta Rhei”, que significa que todo fluye, que nada permanece; introspectiva en materia de amor hasta la sicología profunda; marina o marinera, como la de alguien que conoce que Grecia fue favorecida por Poseidón, dios del mar, lo mismo que esta Cartagena que Ibarra adora desde el altiplano bogotano; y del mar con sus oros, y sus platas y sus cobres, según la hora en que el sol castiga con sus reflejos el agua; religiosa, porque Ibarra, que se declara cristiano, aunó su amor por la desesperanza que produce el inquirimiento del devenir cambiante con la estabilidad de la fe. (Nota escrita antes del fallecimiento de Ibarra). EL HERALDO, DOMINICAL, 18 DE AGOSTO DE 2002.
Rufino José Cuervo y su colosal Diccionario Rufino José Cuervo Barreto nació en Bogotá el 19 de septiembre de 1844, hijo del doctor Rufino Cuervo, quien fue vicepresidente de la República. Aunque quedó huér-fano de padre a los ocho años es fe de que la madre debió influir en el más pequeño de los ocho hijos. Aunque su padre lo inició en la enseñanza de la gramática y le puso varios profesores y que luego recibió instrucción regular en un colegio regentado por uno de sus hermanos mayores; en el de don Santiago Pérez, y quizás en el colegio de san Bartolomé Rufino no se graduó en ninguna universidad de nada, la de Berlín lo haría “doctor honoris causa” poco antes de su muerte. Viaja con su hermano Ángel a Europa en 1878 cuando el éxito de su fábrica de cerveza estabiliza su posición económica. En el ínterin Cuervo había estudiado la ciencia lingüística de la época y había publicado ya las <Apuntaciones críticas> y los <Estudios filológicos>. Con Miguel Antonio Caro escribió la <Gramática latina>, considerada la mejor de la época por la “Academia Española”. La obra cumbre de Cuervo es el <Diccionario de Construcción y Régimen>, o DCR, que no es un diccionario corriente sino uno muy especial: sólo estudia parte del léxico, es sintáctico, porque se ocupa de los enlaces de las palabras, por ejemplo, de cómo cambia el sentido a la par con la construcción según se diga: <Entender algo o entender de algo>; es un Diccionario descriptivo puesto que describe el uso real de las palabras que estudia en una copiosa serie de textos de autores; es histórico, en cuanto que estudia la historia de las palabras en todo el decurso de la historia de la lengua española señalando sus orígenes y su evolución tanto semántica como formal. Antes de iniciar esta obra colosal, <es mucho para sólo un hombre> había dicho Rufino, Cuervo intentó un <Diccio-nario general de la lengua>, en compañía de González Manrique que dejó prontamente. Es muy posible que el arabista Ezequiel Uricoechea, fallecido y sepulto en Líbano, otro personaje para mostrar ante el mundo por parte de nosotros los colombianos, le sugiriera a Cuervo el “Diccionario de Régimen”. Cuervo era un grafómano y por eso todo lo que hacía lo apuntaba, es por eso que sabemos que comenzó el “Diccionario” el día 29 de junio de 1872. En 1886 publicó un tomo inicial del Diccionario, el primero, corres-pondiente a las letras <A> y <B>, siete años después publicó el segundo tomo en 1893. Cuervo suspendió su obra. Mucho se ha dicho sobre los porqués para ello. Rufino murió en 1911 con su colosal sinfonía de palabras inconclusa. Entre 1896 y 1942 hubo muchas ofertas e intentos de ayuda de gobiernos e instituciones para completar la obra. El Congreso de Colombia ofrece comprar ejemplares hasta por seis mil pesos; Porfirio Díaz ofrece a Cuervo la “Imprenta Nacional de Méjico” si se traslada allí; la “Segunda Conferencia Panamericana” (Méjico,1901-1902) acuerda reunir 210.000 francos para editar la obra; la “Sexta Conferencia Panamericana de La Habana”, 1928, dispone una suscripción de $42.000 para editar 1.200 ejemplares; la “Novena Conferencia de Bogotá”, 1948, cuando se partió la historia del país, reitera la de La Habana y de allí salió la “Comisión de la O.E.A.” para publicar el DCR. Pero de allí no salió ni un libro impreso aunque sí la conveniencia o necesidad de concluir la obra. El gobierno nacional creó en 1942 en el centenario del nacimiento de Cuervo y de Caro el Instituto Caro y Cuervo y le encargó la misión de terminar el “Diccionario” de Cuervo. En el último tramo de la elaboración del Diccionario no hubo asesoría externa pues las monografías fueron realizadas solo por colombianos y colombianas colaboradores del Departamento de Lexico-grafía del mismo. Esas monografías formaban parte directamente de tomos completos y no eran como antes publicadas en cuadernillos o fascículos. En 1994 el Instituto Caro y Cuervo entregó a las letras hispánicas la monumental obra reeditando los tomos ya publicados antes por Cuervo y otros. 29 agosto de 2002. Inédita.
Cartagena: Llave Aduanera de las Indias. Encyclopedic Dictionary, Origen de la voz <Aduana>. En origen la palabra “Aduana” describe una institución de carácter fiscal, que ha servido desde tiempos inmemoriales a los gobernantes y a los Estados para cobrar los impuestos establecidos sobre la navegación y el comercio, y aunque ese es su propio y natural carácter también lo es el que de manera secundaria se la ha aplicado como un medio de favorecer la industria nacional de determinados países, y para hacer efectivos los derechos protectores o arancelarios exigidos a los artículos extranjeros. Continuemos esta crónica sobre la actividad aduanera diciendo que el término <Aduana> viene del vocablo arábigo <adayuán>, que significa <el registro> o <el libro de cuentas>. En las lecturas sobre temas económicos, o de historia de la economía, se quedan prendidas en los ojos al leerlas (pues como J. V. Mogollón Vélez somos también de memoria eminentemente visual) palabras tales como la francesa <douane>, la italiana <dogana> y la alemana <zoll> que igualmente hacen referencia a la misma actividad que en español denominamos <Aduana>. El excelente <Diccionario Enciclopédico Hispano-Americano>, proveniente de la “Librería Mundo” de Ba-rranquilla, con que cuento a la vista, añade para la entrada de este concepto lo siguiente: Femenino. <Oficina pública establecida para registrar los géneros y mercaderías que se importan o exportan, y cobrar los derechos que adeudan>. En la obra llamada <Partidas> del rey don Alfonso el Sabio aparece esta otra definición, muy sencilla y en el lenguaje de la época del culto monarca: <El almoxarife es “tenudo” (tenido) de dar recado (noticia) de toda la mercadería que se metiere, o se pone en la Aduana>. El poeta Villaviciosa dice del mismo funcionario mencionado (el almoxarife) lo siguiente: <Siempre está en los registros y Aduanas, Y siempre es quien preside en los escaños>. Y por último cito lo que el gran literato, u hombre de letras, don Juan de Valera, dice en su obra sobre uno de sus personajes: <Ha tenido nuevo empleo en las Aduanas, ha comerciado luego en negros, etc.> Importancia de las Aduanas. Las aduanas son tan importantes que Otón von Bismarck, el llamado “Canciller de Hierro”, unificó a Alemania progresivamente a partir de la “Unión Aduanera o Zollverein”. Hoy día el tema de las aduanas (ponerlas o quitarlas) está en el ojo del huracán de la globalización. A propósito, el comienzo de la gran globalización fue la invasión persa a Grecia. O sea, no es cosa sólo de ayer. Es una constante creciente en la historia. La voz <Aduana> en alemán, francés, inglés e italiano. En el idioma inglés se denominan las Aduanas con la voz <Customs>, posiblemente viene del antiguo francés <cou-tume>, que significa entre otras cosas <ropa o géneros>, muy probablemente porque uno de los bienes que más se exportaban, y que obviamente se importaban por parte de algunos países, posiblemente desde que el mundo es mundo eran los textiles y los hábitos o vestidos. Esta palabra francesa entra en Inglaterra con la conquista normanda de las islas Británicas en 1066, quienes asientan en las islas un sistema administrativo avanzado para las costumbres bretonas de la época. Igual que las voces <exchequer> y <chancellor>, que entran al mismo tiempo al Gobierno. Las Aduanas en Cartagena y las <ropas de Castilla>. Durante la “Colonia” la ciudad de Cartagena era el centro de venta de las <ropas de Castilla> para Perú e inclusive lugares más lejanos como Buenos Aires. El puerto de Cartagena. Después de la fundación de Cartagena en 1533 se esta-bleció un puerto, como era obligado hacerlo en una naciente población muy lejana de la patria de los fundadores españoles pero también por su manifiesta vocación de puerto marinero. Antes de eso, los indígenas mocanáes fundaron aquí un núcleo poblacional con el nombre de Caramairí, que sig-nifica algo así como <tierra de moluscos o de cangrejos>, como se acepta generalmente. Los españoles establecieron desde el comienzo un sitio en Cartagena para el puerto de la ciudad. Inmediatamente después, cerca de ese puerto, o tal sea mejor llamarlo “punto de arribada”, que se llamó en las crónicas y gráficos de aquella época con el nombre de la “Caleta”, (es fundamentalmente hoy el “Parque de la Marina”), se habilitó un gran espacio abierto, al cual se le denominó “Plaza del Mar”, por razones obvias. Más adelante en el tiempo, a principios del siglo XVII, este “primer puerto” o “muelle” fue trasladado de la vecin-dad del hoy baluarte de San Ignacio (en su proximidad se alza la alcaldía) hacia el sitio llamado “Bahía de las Ánimas”, donde, después de un período de tiempo largo, se sucedieron en serie primero un muelle en toda la forma, seguido después del denominado de la <Bodeguita>, y finalmente, el llamado “muelle de los Pegasos”. La Plaza de la Aduana de Cartagena no quiere otro nombre. Esta plaza ha tenido muchos nombres durante 400 años pero el apelativo que creemos definitivo para ese gran espacio de diseño irregular que se llama “Plaza de la Aduana” se debe a que allí en sus propias casas se ejercía la actividad aduanera desde los primeros tiempos de la ciudad. A saber, los nombres abundantes fueron: “Plaza del Mar”, como ya anotamos. Su segundo apelativo fue “Plaza de la Marina” y después “Plaza Real”. “Plaza de la Contaduría” también se la llamó con sentido. Igualmente se la llamó “Plaza de Heredia” (sin funda-mento lógico) alguno. En 1894 se la rebautizó, por parte del Concejo de aquella época, con el nombre de “Plaza de Colón”, y también a su larga lista de nombres se le agregó el de “Plaza de Núñez”, tal vez por aquello del <Proteccionismo>. Pero todo mundo en Cartagena dice “Plaza de la Aduana”, como se la llamó desde el siglo xviii, y aún más ahora que la Alcaldía Distrital funciona allí en las casas donde funcionaba en tiempos pasados la Real Aduana. Dichas edificaciones fueron diseñadas por Cristóbal de Roda para la “Real Aduana” en 1622. Su último proyecto de restauración es de Augusto Tono Martínez con fecha 1970-1971. Se la restauró en 1972. Intensidad aduanera y portuaria actual de CartagenaComo ciudad naturalmente portuaria Cartagena de Indias ha tenido una intensa actividad aduanera además de la necesidad de tener muchos agentes o agencias aduaneras desde su fundación hasta la presente.Tal vez ahora sean muchas más las agencias que existan (no soy un experto en el tema ni mucho menos) pero en mi calle del barrio de Manga hay establecida una en la casa que levantó Fernando Vélez Pombo, en la “Asamblea” con Segunda Colonia; en el callejón Olaya Herrera, en donde viví muchos años durante mi bachillerato, la de “Carrique” Benedetti; en la vía de ida por la “Tercera Avenida” y de venida por la “Cuarta” de Manga a la “Sociedad Portuaria” existen varias.En el pasado existieron en Cartagena las Agencias aduaneras Echeverri, Gerlein, Remar, Roldán, según Rodolfo De la Vega, a quien he pedido algunos datos sobre el asunto pues él fue doblemente empleado de aduanas oficial tanto como agente de aduana en sociedades de Derecho privado.Otro agente de aduana muy importante en la ciudad lo ha sido el señor Aníbal Ochoa, a quien sólo conozco de referencia y quien trabajó en la compañía que fundó el señor Echeverri hacia los años sesenta, y quien se <abrió> con gran postura visionaria de hombre que mira al mundo desde una cofa o desde una gavia como Maqroll, personaje de la novela de Alvaro Mutis.Conocí a don Pepe Caviedes Peñarredonda quien terminó su larga carrera de empleado de la Aduana de Cartagena como Director de la misma para dedicarse a sus pasiones: el cuidado de sus hermanas, los libros sobre la “Historia de Cartagena” y la numismática y la filatelia hasta su muerte, muy longevo.El Universal, domingo, 22 de septiembre de 2002.
Referencias bibliográficas consultadas para la precisión de fechas y cuidado de los datos: Escovar, Alberto; Obregón, Diego; Segovia Salas, Rodolfo. “Guía Cartagena”, “Dos Puntos”, Ediciones Gamma, Bogotá, 2001.Marco Dorta. Enrique, “Cartagena de Indias, Puerto y Plaza Fuerte”. Alfonso Amadó, Editor, Cartagena, Colombia, 1960.De la Vega. Rodolfo, “Conversación”, 7 de agosto de 2002.Bossa Herazo. Donaldo, “Nomenclátor Cartagenero”.The Readers’s Digest Great.En “Third Edition”, 1969.
Gibran Jalil Nació Gibran Jalil en diciembre de 1883 en la ciudad de Becharre, Líbano, en el majestuoso valle de Kadisha, cer-ca de los cedros del Líbano. Fue espíritu meditabundo e impetuoso a un tiempo e hizo sus estudios preliminares en la escuela del pueblo. Frecuentó la casa de su abuelo materno, que tenía una gran biblioteca. Allí conoce en reproducciones las obras maes-tras de los pintores del Renacimiento. Da Vinci lo cautiva especialmente. Desea ir a Beirut, pero la pobreza y la falta de recursos anulan sus deseos. La madre decide entonces emigrar a Estados Unidos en busca de mejores oportunidades. Su padre prefiere que-darse en Becharre, donde era recaudador de impuestos. La madre, con sus cuatro hijos, dos varones y dos hembras, emprende el viaje a Boston. La madre y las dos hijas se dedican a la costura mientras viven en un pequeño apartamento. Su hermano mayor, Pedro, monta una pequeña tienda; Gibran se matricula en una modesta escuela. Luego se cambia a una escuela mejor con la ayuda de su hermano cuya economía mejoró. Al año de estudios ya dominaba la lengua inglesa, cuatro años después regresó al Líbano a perfeccionar el árabe, su lengua materna. Gibran llega a Beirut y se presenta al colegio Al- Hikmat a la matrícula. El rector, el presbítero Yusuf Hadad, le pregunta: “¿Quién te trae?”. “Yo, responde Gibran con gran seguridad, soy dueño y señor de mí mismo”. Gibran es acogido y matriculado con una sonrisa paternal. Le aconseja el sacerdote leer tres libros: La “Biblia”, “Los caminos de la elocuencia” y “El Calila e Dimna”. En el Líbano, a la edad de 15 años, escribe “El Profeta”. Regresa a Boston después de cuatro años de ausencia. Entonces empieza a escribir artículos, poemas, libros. Exhibió en Boston su pintura (manejó también el dibujo) y la directora, Mary Haskel, le ofrece que vaya a París. Estudia en la “Academia Julien”, París lo deslumbra. Mu-seos, bibliotecas. El escultor Rodin lo compara con William Blake en su arte. Dos años después, en 1910, regresa a Boston, con una visión cultural más amplia. Se va entonces a Nueva York. Llama a su morada “As-saumaá”, “la ermita”, donde hacía frecuentes tertulias. Allí se reunían Amín Rihani, Mijail Naime, Nasit Arida… Las obras que escribió Gibran son: “Jalil el Ateo”; “Juan el Loco”; “Las alas rotas”; “Los espíritus rebeldes”; “Arena y espuma”; “Una lágrima y una sonrisa”. Al poco tiempo de estar en Nueva York deja de escribir en árabe y publica dos libros en inglés: “El Loco” y “El Precursor”. En 1923 publica “El Profeta” en inglés. Ilustrado con 12 dibujos suyos de concepción mística, a lo Blake. En 1928 publica: “Jesús, el Hijo del Hombre”. El 10 de abril de 1931, a los 48 años, muere de un síncope, mientras pintaba. Es velado en Nueva York y Boston, sucesivamente. Su patria, el Líbano, declara tres días de duelo. De Beirut -recuerdo de don Antonio Chalita Sfair, quien estaba allá y que lo tradujo al poeta al español- el pueblo del Líbano entero lo acompañó a Becharre. Sus restos fueron guardados en la ermita de San Sarkís, enclavada en el corazón del monte de los cedros, en una vertiente del valle de Kadisha, donde nació. San Sarkís está a 10 minutos de marcha de la carretera central por un camino pedregoso y empinado. “Aquí, entre nosotros, duerme Gibran”, reza el epitafio en el sitio en que nació, (para que se cumpla la epanadiplosis). “La Libertad”, diario de Barranquilla. 24 de sep-tiembre de 2002. Páginas editoriales.
Los Falsos Monederos* Uno de los principios fundamentales de la organización política y de la gobernabilidad es la capacidad de inspirar fe a sus miembros o, si se quiere, a sus súbditos. Sobre todo en materia de dinero. O mejor dicho de im-puestos. Me viene ahora a la memoria el título de la novela de André Gide “Los monederos falsos” (Les faux monnayeurs). Pero no es esta una nota sobre literatura. Los ‘falsos monederos’ era como se les llamaba a los duques, condes o príncipes, reyes u obispos o príncipes-arzobispos, quienes durante la baja Edad Media tenían el poder para emitir la moneda circulante de sus propias marcas, feudos o pequeños reinos. Pues bien, algunos de esos gobernantes codiciosos se aprovechaban cada vez que las monedas pasaban por sus manos para rasparlas en los cantos (de allí el ponerles estrías hoy) con el fin de quitarles algo de la materia de oro y plata que las componían, con lo cual lo que hacían era lo que los ministros de Hacienda que devalúan: restarle su valor a la moneda circulante. ‘Les faux monnayeurs’. Qué buen calificativo: ‘los falsos monederos’. A propósito, quiero referirme a un nuevo impuesto, cual es el del “servicio a la paz”, o impuesto para la seguridad establecido mediante la declaratoria del “Estado de Conmoción Interior” realizada por el gobierno del presidente Álvaro Uribe, motivación necesaria y digna de aplauso para el cabal sostenimiento de las legítimas fuerzas del Estado contra los enemigos del mismo, concertados contra él para disolverlo y reemplazarlo por un “sandinismo” fracasado en la economía política y en las urnas o por un castrismo arruinado de nuevo cuño: a la colombiana. Este impuesto, otro más, que se suma a la ya pesada carga tributaria, que pende como la famosa espada (de Damocles) sobre la cabeza de los colombianos, se ha instituido para ayudar a defender al Estado, que dirige a la sociedad contra las tropelías, abusos, atrocidades, delitos de todo tipo como latrocinios, secuestros, corrupción política, rebelión, asonada, tráfico de narcóticos, contrabando de gasolina, continuación del goce de la propiedad inmueble o mueble ganada mediante el negocio trágico de la coca y de otros venenos sicotrópicos o alienantes, el robo de automotores, en este, el mayor país delincuencial del mundo actual en que nos han convertido después de la guerra de Vietnam, pues la guerra abierta resume como en la “Caja maldita de Pandora” todo lo anterior.¡Grocio decía que la guerra era la violación total del Derecho y el supremo delito! Digo, además, que ojalá también se alcance en este gobierno a sanear cosas como aquellas atinentes al proceso de nombramiento de los gerentes de institutos des-centralizados y al modo de llegar los miembros de las “Juntas directivas” o bien de los “Consejos directivos” de las entidades públicas, donde muchos de los nombrados sólo van a sostener allí a sus parientes o amigos en los cargos de la institución requerida o hacerlos nombrar contra la flagrante evidencia de no reunir los requisitos a cambio de decir sí a todo lo que el gerente o dirigente de turno sugiera o pida. No sólo se debe estimular la meritocracia en la no-minación de los gerentes sino las de sus “Juntas”, fortines, algunas, de corrupción pequeña pero insistente contra las autoridades y el pueblo. Algunos coleccionan esos cargos que son nominalmente “ad honorem”, y uno se dice qué “dulce” tendrán estos cargos por debajo de la mesa que allí prosperan estos tiburones (y tiburonas) atentos a devorarlo todo. Miércoles, 2 de octubre de 2002. *Diógenes, el “Cínico”, o el “Perro”, dice de sí mismo en su libro “Podalo” que fue “monedero falso”. Citado por su homónimo, Diógenes Laercio, en <Vidas de los Filósofos más Ilustres>.
Descubrió y describió a América Constituye la “Carta de Colón” el primer documento impreso referente a la “Historia de América” pues allí se consigna su propio Descubrimiento. Con ella el tozudo genovés da inicio a la crónica y a la literatura americana abriendo una larga lista de asombrados observadores directos e indirectos del en-sanchamiento del mundo de aquella época. Esta es la primera y ¿por qué no decirlo? ingenua manifestación del impacto cultural que continuó expresándose en las plumas de tantos escritores tales Michel de Cúneo, Cortés, Bernal Díaz del castillo, entre otros… Incluso, al decir de Alejo Carpentier, nuestra literatura se ha nutrido del sentido de admiración y asombro aunado a la riqueza exuberante del lenguaje de esa literatura inmediatamente posterior al Descubrimiento, que Colón inició con esta carta, escrita en el barco al regresar de su magna empresa. En ella he dejado la ortografía empleada por Colón, aunque con algunas aclaraciones, entre paréntesis, a giros, que hoy no se entenderían sin una previa explicación… Carta de Colón anunciando el descubrimiento del Nuevo Mundo 15 de febrero-14 de marzo de 1493 Señor, porque sé que habréis placer de la gran victoria que Nuestro Señor me ha dado an mi viage, vos escribo esta, por la cual sabréis como en 33 días pasé a las Indias, con la Armada que los Ilustrísimos Rey e Reina me dieron donde yo fallé (hallé) muchas Islas pobladas, y dellas todas he tomado posesión por sus altezas con pregón y bandera real extendida, y no me han contradicho. A la primera puse San Salvador, a conmemoración de su Alta Majestad. Los indios la llaman Guanahani. A la segunda puse Santa María de Concepción: a la tercera Fernandina: a la cuarta la Isabela: a la quinta Juana é así a cada una. Cuando yo llegué a la Juana seguí la costa, y la fallé (hallé) tan grande que pensé que sería tierra firme, la provincia de Catayo; y como no fallé así villas y lugares en la costa de la mar, salvo pequeñas poblaciones, con la gente de las cuales no podía haber fabla (habla), porque luego fuían (huían) todos, andaba yo adelante por el dicho camino, pensando de no errar grandes ciudades o villas; y al cabo de muchas leguas, visto que no había innovación y que la costa me llevaba al septentrión (norte), de donde mi voluntad era contraria, porque el invierno era ya encarnado (entrado), determiné de no aguardar otro (más) tiempo, y volví atrás hasta un señalado (conocido) puerto, de donde envié dos hombres por tierra, para saber si había Rey o grandes ciudades. Anduvieron tres jornadas (días) y hallaron poblaciones pequeñas, más no cosa de regimiento (de importancia), y se volvieron. Yo entendía harto (ya yo sabía) de (por) otros indios, que ya tenía tomados (prisioneros), como continuamente esta tierra era isla; é así seguí la costa de ella al oriente ciento y siete leguas fasta (hasta) donde hacia fin (finalizaba); del cual cabo vi otra isla al oriente distante desta diez é ocho leguas, á la cual luego puse nombre La Española: y fui allí: y seguí la parte del septentrión, así como de la Juana, al oriente ciento é ochenta y ocho grandes leguas, por línea recta, la cual y todas las otras son fertílisimas, y ésta en extremo: en ella hay muchos puertos en la costa sin comparación (sin que se puedan comparar) de otros que yo sepa en cristianos (en tierras de cristianos), y fartos (muchos) ríos y buenos y grandes: las tierras della son altas, y en ella muy muchas sierras y montañas, sin comparación (sin comparársele) de la isla de Tenerife, todas fermosísimas, de mil fechuras (formas), y todas andables (transitables) y llenas de árboles de mil maneras (clase) y altas, y parecen que llegan cielo; y tengo por dicho que jamás pierden la foja (el follaje), según lo pude comprender (saber), que los vi tan verdes y tan hermosos como son por mayo en España. Hay palmas de seis o de ocho maneras (especies), que es admiración verlas, por la diformidad (variedad) fermosa de ellas, mas así como los otros árboles y frutos é yerbas é hay miel. En las tierras hay muchas minas de metales é hay gente in estimable número. La (isla) Española es maravilla; las sierras y las montañas y las campiñas, y las tierras tan fermosas y gruesas para plantar y sembrar; para criar ganados de todas suertes, para edificios de villas y lugares. Los puertos de la mar, aquí no habría creencia sin vista, y de los ríos muchos y buenas aguas, los más de los cuales traen oro. En los árboles y frutos y yerbas hay grandes diferencias de aquellas de la (isla) Juana: en esta hay grandes minas de oro y de otros metales. La gente de esta isla y de todas las otras que he fallado (hallado), andan todos desnudos, hombres y mujeres, así como sus padres los paren; aunque algunas mujeres se cobrían (cubrían) un solo lugar con una foja (hoja) de yerba ó de cosa de algodón. Ellos no tienen fierro (hierro) ni acero ni armas; no porque non sea, gente bien dispuesta (animosos) y de fermosa (hermosa) estatura, salvo que son muy temerosos. No tienen otras armas salvo las armas de las cañas cuando están con la simiente, a la cual ponen al cabo un palillo agudo, e no osan usar de aquellas; que muchas veces me acaeció enviar a tierra dos o tres hombres, a alguna villa, para haber fa(bla) “charla”, y salir a (ellos dellos) sin número y después que los veían llegar guían a no aguardar padre a hijo (huían); y esto no porque a ninguno se le haya hecho mal, antes, a todo cabo adonde yo haya estado y podido haber fabla, (comunicación), les he dado de todo lo que tenía, así paño como muchas otras cosas, sin recibir por ello cosa alguna; más son así temerosos sin remedio.Verdad es que, después que (se) asegura(n) y pierden este miedo, ellos son tantos sin engaño y tan liberales de lo que tienen, que no lo creería sino el que lo viese. Ellos de cosa que tengan, pidiéndosela, jamás dicen que no; antes, convidan la persona con ello y muestran tanto amor que darían los corazones, y quier (que ) sea cosa de valor, quier (que) sea de poco precio, luego por cualquiera cosica que se les dé, por ello son contentos. Yo defendí (ordené) que no se les diese cosa tan viles como pedazos de escudillas rotas y de vidrio roto y de cabos de agujetas (cordones hoy); aunque cuando ellos esto podían llevar les parecía la mejor joya del mundo; que se acertó haber un marinero, por una agujeta, de oro peso de dos castellanos y medio. Ya por blancas nuevas daban por ella cuanto tenían, aunque fuesen dos ni tres castellanos de oro, o una arroba o dos de algodón filado (hilado). Fasta (hasta) los pedazos de los arcos (aros) de las pipas (barriles) tomaban, y daban lo que tenían como bestias: así que me pareció mal, e yo lo defendí. Y daba mil cosas buenas que yo llevaba porque tomen amor; y allende (después de) desto se faran (harán) cristianos, que se inclinan al amor y servicio de sus altezas y de toda la nación castellana. Y no conocían ninguna secta ni idolatría, salvo (con la excepción) que todos creen que las fuerzas y el bien es en el cielo; y creían muy firme que yo con estos navíos y gente venía del cielo, y en tal acatamiento me recibían en todo cabo, después de haber perdido el miedo, y que no procede porque sean ignorantes, salvo (sino que son) de muy sutil ingenio, y hombres que navegan todas aquellas mares, que es maravilla la buena cuenta quellos dan de todo, salvo, porque nunca vieron gente vestida, ni semejantes navíos. Y luego que llegué a las Indias, en la primera isla que hallé, tomé por fuerza (apresé) algunos de ellos para que deprendiesen (declarasen) y me diesen noticia de lo que había en aquellas partes, e así fue que luego entendieron, cuando (a veces) por lengua o señas. Y estos eran los primeros en pronunciarlo (decirlo) adonde yo llegaba, y los otros andaban corriendo de casa en casa, y a las villas cercanas con voces altas: Venid; venid a ver la gente del cielo. Así todos, hombres como mujeres, después de haber el corazón seguro de nos (no temernos), venían que no quedaba grande ni pequeño, y todos traían algo de comer y de beber, que daban con un amor maravilloso. Ellos tienen en todas las islas muchas canoas, a manera de fustas de remo: dellas mayores, dellas menores; y muchas son mayores que una fusta de diez y ocho bancos; no son tan anchas, porque son de un solo madero; y con estas navegan todas aquellas islas, que son innumerables, y traen sus mercaderías. Algunas destas canoas he visto con setenta y ochenta (personas) y cada uno con su remo. En todas estas islas non vide (ví) mucha diversidad de la fechura (hechura) de la gente, ni en las costumbres, ni en la lengua, salvo que todos se entienden, que es cosa muy singular; para lo que espero qué determinaran sus altezas para la conversación (conversión) dellos de nuestra santa fe, a la cual son muy dispuestos. Ya dije como yo había andado ciento siete leguas por la costa de la mar, por la derecha línea de occidente, a oriente, por la isla Juana; según el cual el camino puedo decir que esta isla es mayor que Inglaterra y Escocia juntas; porque allende destas ciento siete leguas me quedan de la parte de poniente, dos provincias que yo no he andado, la una de las cuales llaman Auau, adonde nace la gente con cola. Esta otra (isla como la) Española en cerco (perímetro) tiene más que la España toda desde Colibre, Cataluña, hasta Fuente Rabía, en Vizcaya; pues en una cuadra anduve ciento ochenta y ocho leguas por línea recta del occidente a oriente. Esta es para desear, e (vista) es para nunca dejar; en la cual puesto (que de todas tengo toma (d) a posesión por sus altezas. En esta (isla) Española, en el lugar más convenible y mejor comarca para las minas de oro y de todo trato (negocios), así de la tierra firme de acá, como de aquella del Gran Can, adonde habrá gran trato y ganancia, he tomado posesión de una villa grande, a la cual puse la Villa de Navidad; y en ella he fecho (he construido) fuerza y fortaleza, que ya a estas horas estará del todo acabada, y he dejado en ella gente que basta (suficiente) para semejante fecho, con armas e vituallas para más de un año, y fusta y maestro de la mar en todas artes para facer otras; y grande amistad con el Rey de aquella tierra, en tanto grado que se preciaba de tenerme por hermano; e aunque le mudase la voluntad a ofender esta gente, el ni los suyos non saben que sean armas, y andan, desnudos, como yo he dicho, son los más temerosos que hay en el mundo. En todas estas islas me parece que todos los hombres sean contentos con una mujer y a su mayoral o Rey dan fasta (hasta) veinte. Las mugeres me parecen que trabajan más que los hombres: ni he podido entender si tienen bienes propios, que me pareció ver aquello que uno tenía todos hacia parte (participaban), en especial de las cosas comederas (de comer). En estas islas fasta aquí no he hallado hombres monstruosos como muchos pensaban; ni son negros como en Guinea, salvo en sus cabellos correndios (gruesos); comen con especies muchas (comen muy especiado) y muy calientes en demasía: así que monstruos no he hallado, ni noticia, salvo de una isla (de Quarives), la segunda a la entrada de las Indias, que es poblada de una gente que tienen en todas las islas por muy feroces, los cuales comen carne humana. Estos tienen muchas canoas, con las cuales corren todas las islas de Indias (y) roban y toman cuanto pueden. Ellos no son más disformes (nada disformes sino bien hechos) que los otros; salvo que tienen costumbres de traer los cabellos largos, usan arcos y flechas de las mismas armas de cañas, con un palillo al cabo por defecto (a falta) de fierro (hierro) que no tienen. Son feroces entre estos otros pueblos que son en demasiado cobardes. Otra isla me aseguran mayor que la (isla) Española, en que las personas non tienen ningún cabello (por rapárselo, nota del transcriptor). En esta hay oro sin cuento, y destas (islas) y de las otras traigo conmigo Indios para testimonio. En conclusión, a fablar desto solamente que se ha fecho este viage que fue así de corrida, que pueden ver Sus Altezas que yo les daré oro cuento (cuanto) hobieren (hubieren) menester. Con muy poquita ayuda que sus altezas me darán (dieren): agora especería (especiería) y algodón cuanto sus altezas mandaren cargar; é de la cual fasta hoy no se ha hallado salvo en Grecia y en la isla de Quío, y el Señorío la vende como quiere, y lignaloe (palosanto o guayacán, en Jamaica “jacaranda”) cuanto mandaran cargar, y esclavos cuantos mandaran cargar; y creo haber hallado ruibarbo y canela, e otras mil cosas de sustancia fallaré, que habrán fallado la gente que allá dejo; porque yo no me he detenido (en) ningún cabo, en cuanto el viento me haya dado lugar de navegar, solamente en la villa de Navidad, en cuanto dejé asegurado a bien asentado. Esto es harto (mucho), y eterno Dios nuestro Señor, el cual dá a todos aquellos que andan su camino victoria de cosas que parecen imposibles: y esta señaladamente fue la una; porque aunque destas tierras hayan fablado o escrito, todo va por conjetura, sin allegar a la vista; salvo comprendiendo a tanto que los oyentes, los más, escuchaban, y juzgaban mas por fabla que por poca cosa dello. Así que pues nuestro Redentor dio esta victoria a nuestros Ilustrísimos Rey é Reina él a sus reinos famosos de tan alta cosa, adonde toda la cristiandad debe tomar alegría y facer grandes fiestas, y dar gracias solemnes a la Santa Trinidad, con muchas oraciones solemnes por que habrán tantos pueblos tornándose a nuestra Santa Fe. Esto según el fecho así en breve. Fecha en la carabela, sobre la Isla de Canaria a XV de Febrero Año Mil CCCCL XXXXIII. Fará lo que mandereys, El Almirante. Los paréntesis explicativos para la mejor comprensión del texto de la Carta de Colón pertenecen al transcriptor y comentarista incial de ella, Juan Dager Nieto.). El Universal, domingo, 13 de octubre de 2002.
<20 cuentos de Cartagena y el Caribe>. La literatura costumbrista es aquella que está basada en las costumbres y usos populares, en cierto sentido hace alusión a los usos morales de la comunidad. En esa concepción ha escrito Rodolfo de la Vega una selección de cuentos que yo denominaría mejor relatos, por su extensión relativa. Además, en algunos casos estos relatos cuentan con el elemento que en una época se consideraba debía tener el cuento, el factor sorpresa. Pero este no es indispensable. Muchos de estos relatos tienen una tradición larga como el citado por Miguel Antonio Caro dentro de un discurso contra el general Reyes relatado en la obra “Escritos Políticos” que apareció en el libro del Instituto Caro y Cuervo con el mismo nombre, Cuarta Serie,1993. Con variantes, De la Vega lo denominó “La duda del ego o juanillo el farolero”. Un individuo que bebe y que no sabe donde está cuando entra en un convento y pide al prior que mande a su casa y que si no está allá él ya no sabe quién es realmente. Caro satiriza a Reyes, ya electo, pero no posesionado, en esta pieza oratoria, para la época del famoso “chocorazo” de Juanito Iguarán contra la candidatura de J. F. Vélez, último intento con las veras de tener un candidato presidencial con posibilidades de éxito de la Costa Atlántica hasta el día de hoy. De la Vega deja asomar en esta obra, que recopila 21 narraciones, ese sentido del humor a que ya nos tiene acostumbrados en sus artículos en nuestro matutino “El Universal”. Y que le ha creado una cauda de lectores que con él celebran sus picardías de la mejor factura, alusiva en este caso al espíritu goliardesco, al “Lazarillo de Tormes” y a otras obras del género picaresco de los siglos XVI y XVII. Y que entre nosotros están literariamente presentes desde el relato aquel de “El Carnero”, de Juan Rodríguez Freyle, en lo relativo a aquel asunto de la cama que se partió en sus largueros cuando personajes de la narración la tomaron de campo de eróticas batallas. Algo así como lo que dijo Góngora “a batallas de amor campo de plumas”. He creído ver en estos cuentos, llamémosles también nosotros así, de la obra en comento, una alusión de carácter prosopopéyico, poniendo en cabeza de animales moralejas alusivas a la condición humana. De la Vega toma nuestros animales emblemáticos, si es que los hay entre nosotros, como el sufrido burro en el relato sobre el padrote “cho” o “hechor”. Conocía el papel reproductor de este animal en una conversación sostenida con el hacendado don Rafael Pinedo de Arjona. Es curioso, pero la obra de De la Vega tiene reminiscencias de la literatura que pone sus bases en las “mil noches y una noche”, cuando pueblos ganaderos aluden permanente-mente en su literatura a los animales. Para la muestra ahí está “Kalila y Dimna”, traducido por Antonio Chalita Sfair en Ibagué. A los vecinos de Manga les trae muchos recuerdos aquel Alejo que llevaba en los dedos muchos anillos, y que sólo repetía las canciones hasta cierto número de veces, porque después se negaba rotundamente a ello, aunque se le diera alguna propina más. También en él se inspira Rodolfo en un acercamiento a lo popular. Es una sociología del espíritu callejero y del alma del pueblo este cuento. Otro factor de estos relatos es la ubicación que su autor hace de ellos, muchos se desarrollan en pueblos o po-blaciones o en ambientes con este sabor en la englobadora Cartagena y en el área del Caribe. <La Libertad>, Barranquilla. Miércoles 16 de octubre de 2002.
Evolución de la historia política de Colombia. La historia política colombiana comienza en marzo de 1781 con la redacción de las “Capitulaciones de los Comuneros”. En estas las reivindicaciones económicas asumen el deseo impensado aún de la revolución política de la independencia respecto del poder Imperial y Colonial de España en América, establecido desde el momento mismo del inicio de la “Conquista” hasta el 11 de noviembre de 1811, en que se consagra la “Independencia Absoluta de Cartagena”. Entre el documento público Comunero y el Acta de Independencia Absoluta de Cartagena de Indias se suceden cronológicamente hechos de singular trascendencia como la “Traducción de los Derechos del Hombre”, de Antonio Nariño; las “Reflexiones de un Americano Imparcial”, de Ignacio de Herrera y el “Memorial de Agravios”, de Camilo Torres. Seguidamente, la “Representación del Cabildo de Santa Fe a la Suprema Junta Central de España”. El primer Acta de Independencia fue el de la Villa del Socorro (Santander), seguido del “Memorial del Cabildo del Socorro” al Virrey. El 20 de Julio de 1810 hubo Cabildo Abierto en Bogotá, y una Junta Interina dictaba una nueva Constitución Política basada en la libertad y la independencia en un sistema federativo cuya representación debería residir en Santa Fe de Bogotá. Pero en esta última Acta los firmantes declaraban no resignar los derechos que ellos juzgaban imprescindibles de la “Soberanía” del pueblo en otra persona distinta al rey Fernando VII, “siempre que viniera a reinar entre nosotros”. Cartagena de Indias con su Acta de Independencia es la primera Provincia que consagró su Independencia de España. El texto del Acta que aquí prologo es el más enfático de los producidos hasta ese momento en el Nuevo Reino de Granada. Enfoca los sucesos españoles justificativos de la causa de la “Independencia Americana”. Se rechazaron los reconocimientos a la “Corona Española” y sus derechos. Se formó Gobierno propio y se declaró el Estado de Cartagena de Indias. La actitud de Cartagena fue la base posible para que Simón Bolívar dirigiera desde ella, después del desastre de las armas independentistas en Puerto Cabello, la lucha por la independencia. Le trajo igualmente a la ciudad el trágico destino de ser víctima de las represalias contra sus ciudadanos y debió soportar un numantino asedio de manera heroica, en el cual el famelismo masivo y el fusilamiento individualizado coronaron la rosa sangrienta de la “Pacificación”, a que aludiera en un “Bando” el sitiador, don Pablo Morillo.
<Acta de Independencia Absoluta de Cartagena>
En el nombre de Dios Todopoderoso, autor de la naturaleza, nosotros los representantes del buen pueblo de la provincia de Cartagena de Indias, congregados en Junta plena, con asistencia de todos los Tribunales de esta ciudad, a efecto de entrar en el pleno goce de nuestros justos e imprescriptibles derechos, que se nos han devuelto por orden de los sucesos con que la Divina Providencia quiso marcar la disolución de la monarquía española, y la erección de otra nueva dinastía sobre el trono de los Borbones, antes de poner en ejercicio aquellos mismos derechos que el sabio Autor del Universo ha concedido a todo el género humano, vamos a exponer, a los ojos del mundo, los motivos poderosos que nos impelen a esta declaración, y justifican la resolución, que va a separarnos para siempre de la monarquía española. Apartamos con horror 300 años de vejaciones, de miserias, de sufrimientos de todo género, que acumuló sobre el país la ferocidad de sus conquistadores, cuya historia no podrá la posteridad sin admirarse de tan largos sufrimientos; y a su lectura, el hombre más decidido por la causa de España no podrá resistirse a confesar, que mientras más liberal y más desinteresada ha sido nuestra conducta con respecto a los gobiernos de la Península, más injusta, más tiránica y opresiva ha sido la de estos. Con la irrupción de los franceses en España, la entrada de Fernando VII en el territorio francés y la renuncia que aquel monarca hizo del trono a favor del emperador Napoleón, se rompieron los vínculos que unían al rey con sus pueblos, quedaron estos en el pleno goce de su soberanía, y autorizados para darse la forma de gobierno que más les acomodase. El primer objeto de las juntas de España fue asegurarse de la posesión de las Américas, y enviaron Diputados que procurasen mantener una unión considerada casi imposible. La Junta de Sevilla, que usurpó por algunos meses el título de Soberana de Indias, se distinguió en darse a conocer en estos países. Dos enviados suyos llegaron a Cartagena. Ya les habían precedido por algunos días, las noticias de los sucesos que ocasionaron la ruina de la monarquía española, y en la sorpresa y en el desorden de espíritu que causan los acontecimientos imprevistos, Cartagena, aunque tuvo bas-tante presencia de ánimo, para conocer sus derechos, tuvo también la generosidad para no usar de ellos en las circunstancias más peligrosas, en que jamás se halló la Nación de que era parte. La Junta de Sevilla fue reconocida de hecho, a pesar de la imprudente conducta de sus Enviados; y a pesar de las vejaciones e insultos que prodigaron al Ilustre Cabildo, y a algunos de sus miembros. Este cuerpo elevó sus quejas al gobierno de España en los términos más sumisos, y pidió una satisfacción de los agravios; pero en cambio, solo recibimos nuevas injurias; y en recompensa de las riquezas que les enviamos para sostener la causa de la nación, vino una nueva orden dirigida al Virrey de este reino, para hacer una pesquisa a individuos del Cabildo, y a otros vecinos. Tan atroz conducta de parte de un gobierno, reconocido solo por conservar la integridad de la Nación, no fue capaz de desviarnos de nuestros principios. Fieles a las promesas, mantuvimos la unidad política costosa y contraria a los verdaderos intereses. Entre tanto, el desorden, el choque de las diversas autoridades y los males de que aquí eran de temerse obligaron a las provincias de España a reunirse en un cuerpo común que fuese un gobierno general. Instálose en Aranjuez la Junta Central, y desde ese momento comenzaron a renacer nuestras esperanzas de una suerte mejor. Triunfó la razón de las envejecidas preocupaciones, y, por primera vez, se oyó decir en España que los americanos tenían derechos. Al fin España reconocía que debeíamos tener parte en el gobierno de la Nación, y olvidándonos del carácter dominante de los peninsulares, confiábamos en que nuestra presencia, nuestra justicia y nuestras reclamaciones, habían al fin de arrancar al gobierno de España la ingenua confesión y recono-cimiento de que nuestros derechos eran iguales a los suyos. La suerte desgraciada de la guerra, no dio lugar a la llegada de nuestros Representantes. Los enemigos entraron en Andalucía, y la Junta central, prófuga, dispersa, cargada de las maldiciones de toda la Nación, abortó bien a su pesar, un gobierno monstruoso conocido como la “Regencia”.Dominada por los franceses casi toda la península y confinado este débil gobierno a la isla de León, volvió sus ojos moribundos hacia América, y temiendo ya próximo el último período de su existencia, oímos de su boca un derecho lisonjero, que le arrancó el temor de perder para siempre estos ricos países, si no lograba seducirlos con halagüeñas promesas. Ofrecíanos libertad y fraternidad; y al mismo tiempo proclamaba que nuestros destinos no estaban en manos de los Gobernadores y Virreyes, reforzaba la autoridad de estos, dejándolos de árbitros de la elección de nuestros Representantes. Eran estas circunstancias muy críticas para Cartagena. El estado lamentable de la España sin más territorio libre que Galicia, Cádiz, la isla de León, Valencia, Alicante y Car-tagena, el temor de ser envueltos en las ruinas que la amenazaban y de caer en las asechanzas de Napoleón, el deseo de concurrir a salvarla, por una parte; el conocimiento de nuestros derechos, las pocas esperanzas que veíamos de que estos se reconociesen, los males que nos acarreaba un Gobernador insolente. Quisimos, sin em-bargo, abundar en moderaciones y en sufrimientos, y aunque tomamos medidas de precaución para alejar los peligros que temíamos, nunca rompimos la integridad de la monarquía, ni nos separamos de la causa de la Nación. Nuestra seguridad exigió prepararnos de todos modos para no caer en la común calamidad, y al efecto quisimos que el Cabildo, como un cuerpo compuesto de patricios inter-viniese con el Gobernador en la administración del go-bierno, y cuando ya no bastaba esta Providencia, fue pre-ciso deponer a este mismo Gobernador entrando en su lugar el que las leyes llamaban a sucederle. Las causas que nos movieron a este hecho estaban legalmente justificadas; el mismo comisionado de la regencia no pudo menos que aprobarlas. Le ofrecimos fraternidad y unión, enviamos socorros de dinero para sostener la guerra contra Francia, protestamos que nuestros sentimientos serían inalterables, siempre que se atendiese nuestra justicia, se remediasen nuestros males y hubiese esperanzas de que salvara la Nación. Nada bastó, nada conseguimos. A nuestras su-mi-siones y protestas de amistad, correspondió con palabras agrias e insultantes; y para acallar nuestras quejas, y dar gracias por los tesoros que le prodigamos, improbó nuestras operaciones en términos insolentes, y nos ame-nazó con todo el rigor de la tiranía, mal reconocida aún en el mismo recinto de Cádiz. Varias provincias de América declararon su independencia: la capital de este reino y muchas de sus provincias siguieron los mismos pasos. Las sangrientas escenas de La Paz y Quito, los crueles asesi-natos de los Llanos, pusieron nuestro sufrimiento a la misma prueba: mas a pesar de esto obró la moderación. Formamos una Junta de Gobierno para suplir a las autoridades extinguidas en la capital; pero no negamos la obediencia a los gobiernos de España: nuestra Junta tenía, facultades más amplias que las de los Virreyes; pero la Regencia había obstruido todos los canales de la prosperidad pública, declarando que solo atendía a la gue-rra, y que mirásemos por nuestra suerte. Acércose entre tanto la época en que iban a realizarse nuestras esperanzas y a fenecer nuestros males. La España, disgustada del ilegal gobierno de la Regencia, apresuró la instalación de las Cortes Generales. Se anunció este cuer-po al mundo con la dignidad de una gran nación, y proclamó principios e ideas tan liberales, cual no las esperaba Europa, de la ignorancia en que creía sumidos a los españoles. Declarada la soberanía de la nación, la divi-sión de los poderes, la igualdad de derechos entre europeos y americanos, la libertad de imprenta y otros derechos del pueblo, nada más nos quedaba que desear, sino verlo realizado; y seducidos por ideas tan halagüeñas creímos que empezaba ya a rayar la aurora de una feliz generación. Reconocimos, las Cortes como una soberanía interina, convencidos, por propia experiencia, que un gobierno distante no puede hacer la felicidad de su pueblos, y solo mientras se constituían legalmente, reservándonos la administración interior, y gobierno económico de las provincias. Mas, presto conocimos que las Cortes no estaban exentas del carácter falaz que ha distinguido a los gobiernos revolucionarios de España. La libertad, la igualdad de derechos que ofrecían en discursos, solo eran con el objeto de seducirnos y lograr reco-nocimiento. Los hechos eran enteramente contrarios: y mientras que España nombraba un representante por cada 50 mil habitantes, aun de los países ocupados por el enemigo, para la América se adoptaba otra base, calculada de intento, para que su voz quedase ahogada por una mayoría escandalosa o asignando unas veces un Diputado por cada Provincia y después 28 por toda América, indicaban un refinamiento de mala fe. Siendo la nación soberana de sí misma, y debiendo ejercer esta soberanía por medio de sus representantes, no podíamos concebir con qué fundamentos una parte de la nación, quería ser más soberana y dictar leyes a la otra parte, mucho mayor en población y en importancia política; y cómo siendo iguales en derechos, no lo eran también en el influjo y en los medios de sostenerlos. Nosotros no debimos someternos a tan degradante desi-gualdad. Reclamamos, nuestros derechos con energía y con vigor, los apoyamos con las razones emanadas de las mismas declaratorias del Congreso nacional: pedimos nuestra administración interior, fundándola en la razón, en la justicia, en el ejemplo que dieron otras naciones sabias, concediéndola a sus posesiones distantes, aun en el con-cepto de colonias que estaba desterrado ya de entre nosotros; y, ofrecíamos sobre estas bases la más perfecta unión y para mostrar que no eran vanas palabras, enviamos los auxilios pecuniarios que permitían las circunstancias. Los que llamaban diputados de la América sostuvieron en las Cortes con bastante dignidad las causas de los americanos; pero la obstinación no cedió. Nosotros los representantes del pueblo de Cartagena de Indias, con su expreso y público consentimiento, poniendo por testigo al Ser Supremo de la rectitud de nuestros procederes, y por árbitro al mundo imparcial de la justicia de nuestra causa, declaramos a la faz de todo el mundo, que la provincia de Cartagena de Indias es desde hoy, de hecho y por derecho, Estado libre, soberano e inde-pen-diente; que se halla absuelta de toda sumisión, vasallaje, obediencia, y todo otro vínculo, de cualquier clase y naturaleza que fuese, que anteriormente la ligase con la corona y gobierno de España, y que, como tal Estado libre y absolutamente independiente, puede hacer lo que hacen las naciones libres e independientes. Y para mayor firmeza y validez de esta declaración, empeñamos nuestras vidas y haciendas, jurando derramar hasta la última gota de nues-tra sangre antes que faltar a tan sagrado compromiso. Dada en el Palacio de Gobierno de Cartagena de Indias, el 11 de noviembre de 1811, el primero de nuestra Inde-pendencia. Signatarios del Acta de la Independencia Absoluta de Cartagena: Ignacio Cavero, Presidente; Juan de Dios Amador, José García de Toledo, Ramón Ripoll, José de Casamayor, Domingo Granados, José del Real, Ger-mán Gutiérrez de Piñeres, Eusebio Canabal, José del Castillo, Basilio del Toro de Mendoza, Manuel Cana-bal, Ignacio de Narváez y la Torre, Santiago de Lecuna, José de la Terga, Manuel Rodríguez Torices, Juan de Arias, Anselmo de Urreta, José Fernández de Madrid, José Benito Revollo, Secretario. El Universal, domingo 10 de noviembre de 2002.
El misterioso primer editor de <La Hojarasca>. En las páginas 543 y siguientes de la obra reciente de Gabriel García Márquez, “Vivir para contarla”, se refiere el autor a la visita que el misterioso personaje citado en el título de esta nota le hace al periódico diario (en esa época) “El Espectador”, para decirle que está interesado en su novela “La Hojarasca”, para editarla en la Editorial Sipa. Dicha obra había sido rechazada hacía poco al enviarla el autor colombiano a la editorial argentina por parte del crí-tico Guillermo de Torre, de Editorial Losada, de Buenos Aires. La obra se imprimió entonces en Bogotá, y el autor G. G. M. no supo de ella -según sus propias palabras- sino cuando, de parte de la “Editorial Sipa”, le llamaron para decirle que qué hacían con la edición de 4.000 ejemplares de “La Hojarasca”, pues no sabían qué hacer ni tampoco sabían nada del señor Lisman Baum, de quien García Márquez dice que desapareció para siempre. Añade el Nobel co-lombiano que Lisman Baum se le presentó como Agregado Cultural de la Embajada de Israel en Colombia. Que años después -continúa García Márquez- de publicada su obra <Cien años de Soledad>, venía de Buenos Aires y se encontró con que en Bogotá vendían, alertados por el enorme triunfo de aquella obra, la antes citada “La Ho-jarasca”, de la cual compró a un peso c/u. varios ejem-plares, de los cuales le mandó un libro a la esposa del gran Cepeda Samudio, Tita. Fue por consejo del autor García M., que se pidió a la pionera de la pintura en Cartagena, Cecilia Porras, que dibujara la carátula de la edición, quien pintó unos niños con los ojos enormes que ella solía pintar. Hasta aquí las citas de G. G. M. La edición, impresa en 1955, llegó a distribuirse algo, muy poco, pero reposa en alguna biblioteca cartagenera un ejemplar de ella. Nunca se ha hecho mención, tampoco la hace García Márquez en su biografía, a las referencias que amigos de la ciudad han hecho en el sentido de que Samuel Lisman Baum habría sido profesor aquí en Cartagena en el colegio San Pedro Claver, regentado entonces por el doctor Porras Troconis, padre de Cecilia, donde colaboró dictando Literatura. Investigaciones que se han realizado con personas ma-yores, efectivamente han precisado que Lisman vivió en Cartagena algún tiempo, y que solía acudir al café Me-tropol (calles de Ayos y Estanco del Tabaco, esquina) a una tertulia que allí se reunía para hablar de Literatura y otros asuntos. Don Manuel Drezner hizo pública su ayuda en el caso narrado en este pequeño artículo en su leída columna dominical <Preguntas y Respuestas>, de “El Espectador”. Obtuvo respuestas de sus lectores las cuales llevaron a un periódico digital de la comunidad judía de Venezuela donde estaba una nota obituaria sobre Samuel Lisman Ba-um, ¡el secreto se había, al fin, develado! En dicha nota se precisa que Samuel Lisman Baum nació en Alemania en 1915, de donde fue llevado por sus padres en 1924 con sólo nueve años de edad a Uruguay, en donde llegado a la edad apta estudió en la Universidad de Mon-tevideo la carrera de Filosofía y Letras. Estuvo radicado también en Barranquilla, donde fungió como decano de la Facultad de Humanidades de la Uni-versidad del Atlántico. En Bogotá fundó la editorial S.L.B. con la cual editó 6 o-bras incluida “La Hojarasca”, como se dijo antes. Entre 1958 y 1962 se desempeñó como Agregado Cultural de la Embajada de Israel en Venezuela (no en Colombia). En Caracas perteneció al Instituto Cultural Colombo-Is-raelí de Venezuela. Como aficionado a la música llamada culta creó la “Aso-ciación Venezolana de Amigos de la Cultura” y así llevó a ese país a destacados intérpretes y orquestas de muchas partes. Lisman Baum vivió después en Campinhas, (Campiñas), Brasil, durante 25 años, ciudad en la cual presidió la “Academia de Artes y Letras”. Publicó cinco libros en portugués, entre poemarios y novelas. Desarrolló buena parte de su tarea bajo el período del gobierno del novelista y gran demócrata Rómulo Betancourt, víctima de Rafael Leónidas Trujillo,” El Chivo”. Samuel Lisman Baum murió el 21 de julio de (ignoro el año en el calendario gregoriano romano) pues la página digital trae la fecha judía de su entrega, esta es un semanario o hebdomadario, que es la de 27 de Kislev del 5763 al 4 de Tevet del año 5763. Sigue siendo un pequeño misterio en qué año (gentil o “elohim”) murió Samuel Lisbam Baum, el misterioso y acertado primer editor del Nobel Gabriel García Márquez. Dominical de El Universal, 10/02/2003. Inmigraciones a la <Provincia de Cartagena>. El desarrollo de los Estados Unidos, la apertura de Panamá con el ferrocarril trans-ístmico y luego con el canal interoceánico, estimularon las inmigraciones o movimien-tos de masas de unas regiones a otras tan distantes entre ellas como que iban de un continente a otros. Sobretodo de Eurasia hacia Norteamérica o Suramérica, en especial a Brasil y Argentina, países poco poblados o poblados por inmigrantes desde sus comienzos. Brasil era grande, y además había liberado a sus esclavos y una revolución pacífica había hecho del Emperador su embajador volante ante las otras cortes europeas. Kurdos, árabes, armenios, griegos, pertenecientes a la <Sublime Puerta> o Imperio Turco Otomano, consti-tuyeron los primeros movimientos masivos hacia América del Norte. En menor escala hacia países de Suramérica como Colombia. Otros inmigrantes como los italianos, provenientes de países que después conformaron la unidad de Italia, estaban divididos en muchos principados inde-pendientes enfrentados entre sí o unidos contra el mayor poder político de la península Itálica como lo era la iglesia Católica, sustento de los Estados Pontificios. Por otra parte, las guerras “carlistas” españolas y los hechos subsiguientes a la instauración de la “República” en España sumieron grandes regiones españolas en suma pobreza entre finales del siglo XX, como fueron los casos de Galicia y Extremadura y el de los andaluces. Los problemas en Rusia y en el norte de Europa, incluyendo desde luego los de Alemania, pero también al buen clima de acogimiento de Holanda hacia los antiguos judíos sefardíes radicados en su territorio los hizo cruzar el mar en busca de Curaçao y Aruba para desarrollar allí actividades comerciales. El movimiento hamburgués esti-mulado por Leo Von Lengerke hacia Bucaramanga y Santander en Colombia, con fines exportadores e im portadores, constituye ejemplos claros de cierto mo-vimiento inmigratorio. Pero, tal vez, el flujo de inmigrantes a Colombia, más importante por lo numeroso y por desarrollarse en un espacio de tiempo más amplio, fue el de los sirios, que incluía a habitantes de aquel país que después se separaría de él, como Panamá de Colombia, que es hoy Líbano, o sea que vinieron libaneses, que en ese momento cronológico eran nacionales sirios políticamente hablando. Sin negar otros grupos con su importante presencia la inmigración por antonomasia, dado su número y su tiempo de desplazamiento, más grande y más influyente que se ha realizado hacia nuestro país. INMIGRACIÓN DE ALEMANES Otra emigración de mucho interés fue la alemana. Aquella echó raíces primero en el Carmen de Bolívar, y luego, en Barranquilla. Adolfo Held, nacido en Bremen, vino al país a fines del siglo XIX, estableciéndose en el Carmen de Bolívar, en asocio de otros compatriotas suyos Hollmann, Heinz, Nobmann y Wehdeking. Algunos alemanes ini-ciaron la exportación de tabaco de la región del Carmen a Alemania, donde todavía hoy “Tabaco del Carmen” (esta obra de Bossa Herazo en comento que cito aquí es de 1967) quiere decir tabaco de óptima calidad. No se limitó el alemán Held al negocio del tabaco, e inició los de la ganadería, en el puerto fluvial de Jesús del Río, municipio de Zambrano. La ganadería Held fue la primera empresa de esta índole montada en Colombia a la moderna. Held introdujo los primeros ejemplares de ganado cebú al país, aquí en Bolívar. INMIGRACIÓN DE FRANCESES Los franceses empezaron a entrar al país en la época de la “Independencia”, y muchos de ellos lucharon a nuestro lado en aquella epopeya. Después fueron viniendo desgranados, algunos médicos, y no pocos tras el resplandor de los yacimientos de oro. Se citarán apellidos como Danglade, De Janón, Dereix, Durier, Grisolle, Joly, Lacharme, Lafont, Langlard, Latoison, Lavignac, Leclerc, La Franc, Lecompte, Lemaître, Mathieu, Orillac, Pa-vageau, Restigue y otros. La auténtica importancia de esta Colonia radica en su descendencia. INMIGRACION DE HEBREOS SEFARDÍES Esas inmigraciones serían la de mercaderes hebreos procedentes de Aruba y Curaçao. Dice Bossa Herazo, a quien copiaré en este escrito, de ellos, lo siguiente: “Sería de mucho interés señalar la importancia, que en nuestro incipiente comercio de entonces (se refiere al de finales del siglo XIX), ganaron muchas familias israelitas, que desde aquellas islas holandesas sentaron sus reales en Cartagena, Mompós, Santa Marta, y Barranquilla, donde destacaron no sólo por su sentido comercial, característico de la raza, (sería preciso decir “su cultura”, N.del A.), sino por su educación, filantropía, estricta moral pública y privada, e intachables costumbres. Basta señalar lo que, en la vida social, económica y política de nuestra región costeña han significado apellidos como Cásseres, Correa, Cortissoz, Del Valle, De Sola, Heilbrum, Juliao, (originalmente Julião), Junieles, Moreno, Naar, Pereira, Salas, Sourdís, Santodomingo y Toledano. Continúa Bossa Herazo diciendo: “Ya se ha mencionado la emigración (debió decir inmigración) hebrea; se citarán también emigraciones (mejor diría con “inmigraciones” Bossa H.), no menos significativas, como la italiana”. INMIGRACIÓN DE ITALIANOS Inmigración, como la italiana, tan importante en nuestra ciudad en todo el curso del siglo pasado: Aycardi, Beldini, Benedetti, Bonfante, Bossio, Bonoli, Bozzi, Calvo, Ca-pella, Capurre (o Capurro aquí), Cassiani, Dominghetti, Emiliani, Esquiaqui, Estarita, Franchesqui, Gallo; Gulfo, el cual fue originalmente Gurfo; Lamboglia, Mainero, (fue originalmente Maineri según me comentó Silvana; Ma-rrugo, fue originalmente Marugno; Martello; Pitalugga, quedó como Pitalúa aquí; Rosano, Trucco y Volpe, son apellidos que han sonado mucho en esta ciudad, algunos desde hace más de 200 años. Don Juan Mainero y Trucco, don Juan Capella, y don Bernardo Capurro fueron, tal vez, los comerciantes más acaudalados de Cartagena en la segunda mitad del siglo XIX. El señor Mainero y Trucco, de fuerte y compleja personalidad, poseyó más de un centenar de casas en Cartagena, y más de 400 minas de oro en el Departamento de Antioquia y en 1871, fue uno de los fundadores de la marina mercante italiana. Fundó también el primer banco privado, el Banco de Cartagena. Inmigración Siria y libanesa. En la segunda mitad del siglo XX, alrededor de 1880, aunque hay datos un tanto imprecisos aún de que un poco antes también, llegaron a nuestro puerto sirios, y sirios de la zona del Líbano, que conformaba parte de aquel país y que desde 1944, al separarse Líbano de Siria, tendrían nacionalidad aparte tal como los panameños que per-tenecían primero, a Colombia, y que después de la “Secesión” de 1903 adquirieron una nueva patria, Panamá. Es este un buen ejemplo para que entiendan los colom-bianos de hoy día y los lectores en general lo que ocurrió en Líbano, respecto de su anterior condición de perte-neciente a Siria. Posteriormente, llegaron algunos e-mi-grantes del Asia Cercana a Europa, pero nos detendremos ahora en los primeros, por la importancia que han tenido en nuestra región. Los libaneses, cristianos en buen parte, salían de sus montañas huyendo de la dominación turca, que subyugaba a su pequeño país, que desde hacia siglos tenía empeñada una intermitente guerra de liberación respecto del poder de la <Sublime Puerta>, logrando algunos períodos de relativa autonomía. La pequeña extensión territorial del país y del minifundio, también influyeron en la emigración. También, influyeron, las noticias de una América donde se encontraban “tejos de oro en la calle”. Eso resultaba grato a los jóvenes ansiosos de hacer su vida en América, y de paso estimulaba el espíritu de aventura propio de finales del siglo XIX. Las noticias, muy probables de Panamá, con su “Canal” abierto en principio por el mismo per-sonaje, Ferdinand de Lesseps, que años antes había abierto el Canal de Suez, en zona relativamente cercana a Siria y al Líbano, por lo tanto (notas intercaladas del autor del “Diccionario”, Juan Dager Nieto) son o pudieran ser los motivos todos de esa verdadera diáspora que fue la emigración de sirios y libaneses de sus respectivos países. Comparable en esos finales del siglo XIX solo a la emi-gración gallega a Argentina, Cuba y Venezuela, en los primeros decenios del siglo XX. Aparte de haberse acostumbrado al medio ambiente nuevo, y sus costumbres, como ninguna otra emigración, (para efectos de quienes estamos aquí, inmigración), los li-baneses están hoy tan firmemente arraigados acá (el libro de Bossa Herazo es de 1967), que sin ellos no habría sido posible referirse a nuestra historia contemporánea. No hu-bo lugar o pueblo de la antigua provincia de Cartagena donde no llegara un libanés. Los hijos, nietos y bisnietos de aquellos primeros inmigrantes son hoy, además de co-merciantes, ganaderos e industriales, profesionales en to-dos los campos de la actividad científica o técnica, y de modo señalado participan en política. Mencionaremos entre los denominativos patronómicos o familiares árabes (libaneses, sirios, algunos egipcios, pa-lestinos y otros oriundos del Maghreb y ya de manera universal dada la “Diáspora” que venimos anotando) apellidos como: Abidaud, Abisambra, Amín, Ayubi, Am-brad, Barbur, Bayter, Bechara, Chadid, Chagüi, Chediac, Dager, Fadul, Fayad, Gedeón, Ghisays, Jaller, Jattin, Ma-lluk o Melluk, Mebarak, Morad, Mufarrij, Rumié, Safar, Samur. Del “Directorio Telefónico de Cartagena”, sin fecha ni edición, el redactor de este <Diccionario…>, Juan Dager, ha tomado para sumar a la anterior lista elaborada por Bossa Herazo en su obra “Cartagena Independiente: Tradición y Desarrollo”, con notas introductorias de M.A.Pinzón y Rodolfo Segovia Salas, los siguientes ape-llidos de inmigrantes árabes (sería mejor decir de habla árabe) o bien de sus descendientes para un proyecto in-concluso aún de “Diccionario de Apellidos de Familias Árabes”, 1994, a saber: Aarón, Abdala, Abiad, Abuabara, Abud, Abueitar, (Abueita, parece solo una variante del anterior), Afiuni, Ahmed, Akl (o sus variantes Akel o Akle), Alegüi, Alí, Aljure, que significa “Hijo del Cura o sacerdote” pues en el rito oriental estos pueden casarse, (sus variantes son Al Jure, Aljure, Aljuri, Alkhuri, Alkhure, Cure, Curi (Cura en Chile), Ambrad, Andraus, Arabia, Arana (existe una similitud con el mismo apellido de origen vasco o euskera), Arends, Awad, Ayubb, (significa como “ayubi”, “vencedor o victorioso”), Badlissi, Badrán o Bedrán, Bajaire, Baladi (de inmigración individual pos-terior a la histórica que anotamos, significa “nativo”), Ba-rakat, (significa “buena estrella”), (sospecho que Barake y aún Baruque son sólo variantes del original apellido o simple cambio fonético del mismo), Barguil, Basmagi, según Ballestas Morales era armenio, Beetar (variante Bitar), Behaine, Benavides (pasó al español hace siglos en España, significa “Hijo de Avid”), Benjumea (pasó al español hace siglos en España, significa “Hijo de Omeya u Umaya”, nobles originarios de la Meca, su más notable miembro fue el fundador de la dinastía Omeya de Damasco y conquistador de Egipto, Moawiya Ben Omeya, Beter (variante Better), Bitar, ver Beetar arriba, Blel, Bor-ge (los de Cartagena descendientes de portugueses afin-cados en Líbano en la actividad del aceite de oliva), Calume, Cure o Curí, ver Aljure y demás arriba, Chala, Chalabe, Chalela, Chalita, Chaljub, Chamat, Chamié, Chams, o Shams, significa “sol”, Char, Chartuni, Chediak, Chedraui, Chejuan, Chujfi, Daguer, (variante fonética de Dager con otra variante inventada aquí con grafía de “j”), David, Dimitriu (es muy posiblemente de origen greco-libanés), Dumar, Dumett (Dumit, muy seguramente va-riante gráfica del anterior), Egel o Eghel, El Gazi, Eljaieck (variantes Eljach y El Hayeck), Elnesser, Escaf, Estefan, Facuseh, Farah, Fayad, Fegali, Felix, Fram, Gain (Gahim), Ganem, Gossain, (en Chile está Gossen, que Allende llevó por su madre), Guebely, Habeych, Hadad, Hadra, Haggar, Haieck (ver Eljach, Eljaieck arriba), Hakim (significa “médico” o bien “sabio”), Halaby, Asan, Hawasly, Haydar, Helo, Hoayeck (ver Haieck arriba mencionado), Ilelaty, Isaac, Issa (nombre de Jesús en árabe), Jassir, Jalilie, Jasbon, Jassier, Jazime, Juan, Kappaz, Karduss, Kassab, Kattour, Lajud, Maida, Majana, Majul, Malof (o Maluf), Mansur (variante Manzur, significa “victorioso”), Mardini, Marún, Matuk, Marzán, Menassa (sin duda variante del anterior, Menazaz), Meneses (existe en portugués, seguramente del árabe), Misahaan, Moisés, Muhammad, Murra, Muvdi, Nader, Nain, Naizir, Nassar, Nazir, Neme, Nule, Numa, Oke, Osman (Usman es variante), Osta (Usta es variante y significa “artesano”, “obrero”, pronúnciese “ústed”), Padawí (Badawi o Padaui, significa “beduíno”), Palis, Quessep, Raad, Raisch, Reston o Restom, Saad, Sabbag, Safar (Sfer, Sfair, en variantes conocidas), Saer, Sagbini, Sagra o Sagre, Saker, Salej o Sallej, Salem (significa “paz”), Saleme o Salemi (ver Salem anterior), Salim (“paz” es su significado), Samra, Samer, Sanjur, Schamun, Segebre, Seija, Sejnaui (¿Sejauni?), Serje (¿?), Sesim, Shaikh, Sham (Chams, “sol”), Shek, Sidray (¿?), Siuffi, Soleiman, Spath, Stambulie (significa “oriundo de Estambul”), Succar, Tabet, Taffur (ya había pasado al español siglos ha en España), Tahan o Tajan, Támara (significa “dátil” o datilero), Tamer (Támara ¿?), Taua, Tawil, Theran, Tulena, Turbay (originalmente Tarabay), Uebje, Ustate (¿Osta, Usta o Ústed?, arriba mencionados), Yaber, Yabrudy, Yacamán, Yidi, Yemail (originalmente Gemail), Yubran, Zakzuk, Zarur, Zirene, Zurek. El Universal, Domingo, 9 de marzo de 2003.
La Fotografía y los Fotógrafos de Cartagena. Llega la fotografía en 1860-1928: La ciudad alza el vuelo.
La Fotografía llegó a Cartagena c.1860.El año de 1928 es la fecha en que se escinde la decadencia y un nuevo renacer social y económico de la ciudad. En esa fecha la compañía aérea “Scadta” toma una serie de fotografías aéreas de la ciudad que captan, sobretodo, el recinto amurallado y las cercanías de la ciudad. La “Puerta de la Media Luna” quedó plasmada en el negativo antes de su demolición en 1893.De igual manera sabemos del decai-miento extremo del conjunto de fortalezas que representa el castillo de San Felipe mediante una fotografía en blanco y negro. La colección o Archivo Jaspe comprende foto-grafías tomadas entre 1870 y 1944. Muestra el parque del Centenario de 1894 y muchos aspectos más de la ciudad. La casa llamada la “Isla” la conocemos gracias a la fotografía y a sus aficionados en la ciudad que supieron emplear el nuevo método para un renovado testimonio para la preservación y la difusión del patrimonio arquitectónico de la ciudad. La fotografía entre 1915-1920 Entre 1915 y 1920 la fotografía nos permite darnos cuenta de la tremenda decadencia de los conventos e iglesias del sector amurallado. Cuando los cartageneros salen a vivir a los extramuros tenemos casi inmediatamente el registro de los nuevos sitios en Manga, en El Cabrero y en “El Pie de la Popa”. La industria y el comercio, pero además parte de la vida social también quedó en el papel mágico que había nacido con el “Daguerrotipo”. Entre los fotógrafos en Car-tagena están Gabriel y Carlos Román Polanco como “noveleros”, que ven en el arte fotográfico un hecho revelador y poético, pero también la posibilidad de un negocio o arte para vivir. Gabriel fue el fotógrafo per-manente de su familia que llegó a fabricar el material para sus trabajos fotográficos a base de gelatina y albúmina que había aprendido, posiblemente en Europa o en Estados Unidos. Años 1864-1870 Carlos fue fotógrafo activo en Cartagena entre 1864 y 1870 y produjo tarjetas de visita sobre todo, que marcaba con el sello del escudo de la República. Se sabe de la obra del fotógrafo Luis Delgado, lamentablemente perdida, con quien formó sociedad Román en un estudio denominado “Román y Delgado”, caracterizado por hacer trabajos con albúmina. C.1880 En 1880 ya se tomaban en Cartagena fotografías de exte-riores como las pertenecientes a la llamada “Colección Jaspe”. Otro fotógrafo que ejerció para esta época en Cartagena fue Francisco Gómez Fernández, de quien se sabe poco, consta, sí, que recibió una medalla y un diploma en 1895 en un concurso fotográfico de “Luz y Sombra” en Nueva York. El fotógrafo Antonio Martínez de la Cuadra ejerció pri-mero en Santa Marta y después en Barranquilla por los años 1860.Posteriormente se vino para Cartagena y realizó al igual que los otros fotógrafos mencionados, tarjetas de visita, modalidad muy utilizada a fines del siglo XIX y comienzos del XX. “Scadta” y el vuelo del Alcatraz La compañía aérea alemana Scadta debe ser tenida en cuenta para historiar el progreso de la Fotografía en la ciudad, pues aunque se ignora quiénes fueron sus fotógrafos la colección así llamada muestra, por primera vez, una serie de fotografías aéreas de la ciudad, quizá las primeras que se tomaran en el país, en ellas se ve la distribución y el desarrollo urbano de la ciudad. Abrénse en Cartagena estudios fotográficos (1908-13 y 20) Con el avance de la fotografía se abren varios estudios fotográficos en la ciudad, revelando postales y vistas de la misma, en blanco y negro, o elaborando coloreadas (iluminadas) a mano por el fotógrafo. El fotógrafo Enrique Delgado fundó el gabinete de fotografía llamado “Foto Delgado”, dedicándose a la fotografía de estudio y quien dejó una colección de vistas panorámicas de Cartagena. En 1913 el fotógrafo Félix Vega fundó en la calle Segunda de Badillo el gabinete “Foto Imperio”, para tomar foto-grafías de interiores y exteriores. Vega iluminaba sus fotografías con lápices de colores.El fotógrafo Ezequiel de la Hoz estuvo desde finales del siglo XIX metido en la fotografía en Barranquilla y Bogotá. Instaló su gabinete en Cartagena junto a la iglesia de san Pedro Claver en los comienzos del siglo XX. De la Hoz participaba en exposiciones y concursos fotográficos. El descendiente de inmigrantes italianos Juan Trucco se dedicó como fotógrafo a reproducir imágenes panorámicas logrando un registro de los cambios arquitectónicos de la ciudad, fotografió repetidas veces al “Tuerto” López. Otro italiano, el genovés Juan Mangini Corsanego trabajó hacia los años cuarenta con los talleres Mogollón y después se dedicó a la fotografía. En 1913 el fotógrafo Próspero Narváez remodela su <Galería Fotográfica>, situada en la calle del Tablón. Publicó sus fotografías en el diario “El Porvenir”, en el año 1920 se traslada para la calle del Candilejo. En 1908 Enrique Valiente tenía un estudio en la calle de la Iglesia, en 1913 abrió una “Galería Fotográfica”, en la calle de San Agustín Chiquita, donde se daba publicidad a sus trabajos diciendo que sus materiales provenían de casas alemanas y americanas. A continuación viene una lista de los fotógrafos del siglo XIX en Cartagena: Santiago Brun, Luis Delgado, Eduardo Duque Salazar, Francisco Gómez Fernández, Jeneroso, (así con “j”, y no con “g”, como él siempre prefirió escribirlo, posiblemente siguiendo en esto al Nobel Juan Ramón Jiménez) Jaspe Franco y su hermano Luis Felipe Jaspe Franco, aparecen citados como coleccio-nistas de fotografías (Colección o Archivo Jaspe), y fotó-grafos ellos mismos, según los textos realizados, al decir de la señora Dorothy de Espinosa al autor de este diccionario por la señora Ileana Reyes de Covo, para el folleto “Cartagena, un Siglo de Imágenes”, editado por el Banco de la República. Luis Felipe Jaspe del Real fue el verdadero fotógrafo Luis Felipe Jaspe del Real, hijo de Amaranto Teodomiro Jaspe Franco, fue verdaderamente el fotógrafo de la fami-lia de los Jaspe, y no su tío y homónimo, Luis Felipe Jaspe Franco, como consta en la nota anterior, según el biógrafo de la familia Álvaro Lecompte Luna, en su libro “Cuatro Jaspes en la Historia”, cita que hace en la página 90, párrafo último del capítulo XVIII, intitulado “El Arte de la Pintura”. Los Fotógrafos del siglo XX: Ezequiel de la Hoz, Enrique Delgado Hernández, Pablo Gómez Isaacs, Nereo López, Giovanni (Juan) Mangini Corsanego, era inmigrante ita-liano, oriundo de Génova, Próspero Narváez, Antonio Re-miola o Rimolo, el texto antes citado trae esta doble ortografía de su nombre, dejando la duda del apellido real. Lo consignamos así. Inclúyese a Juan Trucco, Enrique Valiente, Félix Vega, Francisco Vega, Manuel Vega A. Nuevas generaciones de fotógrafos artísticos (aficio-nados y profesionales): Hernán Díaz; Daniel Lemaître Díaz-Granados (fotógrafo ilustrador de un Sonetario de su tío abuelo Daniel Le-maître Tono intitulado “Sonetos Cartageneros”, con fecha de 1974); Elena Mogollón Vélez; Jaime Borda Martelo, se inició en la fotografía en 1963 como actividad recreativa y haciendo tomas de paisajes, fauna, desnudos femeninos y fotografía creativa, como fotógrafo aéreo es autor de fotografías aéreas de Cartagena, de carácter único, publicadas en el libro “Cartagena a ojo de Alcatraz”, autor de las fotografías del libro “Armada Nacional, República de Colombia”, Compañía Litográfica Nacional S.A., Editorial Colina, Medellín. Otros de sus libros son, “Plaza de Toros, Cartagena de Indias”, “Escuela Naval Almirante Padilla”, “Cartagena Industrial” y “Cartagena de Indias y su Puerto”, patrocinado por la “Sociedad Portuaria Regional de Cartagena S.A”., (con textos del señor Rodolfo de la Vega Vélez), edición de “Bordamar Edi-tores”, Ltda., Cartagena, sin fecha; Aída Teresa Baladì Gedeón; Francisco (Sícalo) Pinaud Bustamante; Juan Die-go Duque S.; Fidias Álvarez Marín, arquitecto y fotógrafo arquitectónico, sus fotografías están en el libro “El parque de Bolívar, Memorias”, Gobernación de Bolívar, Carta-gena de Indias, Colombia, 24 de julio de 2000 ; Álvaro Delgado; Maruja Parra, expositora de sus fotografías sobre Cartagena en Rabat, (Marruecos) y luego de Marruecos en Cartagena con la asistencia, aquí en Cartagena de la señora ministra de Cultura, Araceli Morales López, de los visitantes marroquíes encabezados por el embajador de ese país en Bogotá, señor Mohamed Maoulainine, el alcalde de Rabat doctor Hafid Boutaleb Joutei, y otros miembros de la comitiva entre los cuales se encontraba el presidente del Concejo de Rabat; Jesús Ocampo Canizales, nacido en Ginebra, Valle, y radicado desde hace muchos años en Cartagena, ganador del “Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar al Mejor Trabajo Gráfico” por su oportuna, casual y extraordinaria foto de la caída de los palcos llenos de gente, donde murieron muchos, de las corralejas en Sincelejo, el día 20 de enero de 1980, ha estado vinculado a “El Universal”, “El Heraldo” y “El Espectador”; Roberto Granger; Atala Morris. La Fototeca Histórica de Cartagena En la “Fototeca Histórica de Cartagena de Indias” reposan algunas colecciones privadas de fotografías, como las que pertenecieron al médico Napoleón Franco Pareja, donada por Beatriz de la Espriella de Gómez.
Cartagena debería ser una ciudad políglota
A MI CIUDAD NATIVA J. D. N.
Envío: A la indígena Catalina Karib Mocaná, primera traductora en Kalamarí, dedico este trabajo inspirado en otro sobre el “Tuerto” López, de Sonia Gedeón, publicado en <Sexto Sentido>, 1-VI-03.
1°
El escultor Tito Lombana diseñó en 1957, el primer <Mo-numento a los Zapatos Viejos>, cuya anécdota nostálgica (¿irónica?) es el soneto del “Tuerto”, mejor “el Bizco”, Luis Carlos López, <A mi ciudad nativa>, que estuvo situado en la salida de la calle de la “Medialuna”, en Gimaní. Las improvidencias del nuevo puente Heredia y el aban-dono del viejo, que no el antiguo, el cual desapareció a finales del siglo diecinueve, han dejado, o restado, allí una fea zona de “huesos” arquitectónicos, agravada por la eliminación del Monumento original (en ambas categorías, como primero en ser erigido y con dicho concepto artístico). La eliminación de dicha obra realizada en cemento, y el fraguado en bronce del nuevo en el “Playón del Blanco”, rebajó la gracia del concepto pero con la ventaja en cuan-to a ser perdurable. La tarja, donación del Colegio Eu-carístico de Manga, fechada en 1996, contiene el poema, y aunque es más pequeña que la original y sin la letra fac-similar del poeta, como era la anterior, recuerda el nos-tálgico canto, con el epígrafe que tomó López del poeta cubano-francés José María De Heredia, quien dijo des-cender de don Pedro, el fundador de la ciudad, y es también opinión de otros autores, tales Antonio Dager Gerala, en su compendio de literatura francesa y de Fernando de la Vega, autor de “Cartagena, la de claros varones”:
A mi ciudad nativa
“Ciudad triste, ayer reina de la mar » José María de Heredia
I Noble rincón de mis abuelos: nada Como evocar, cruzando callejuelas, Los tiempos de la cruz y de la espada, Del ahumado candil y las pajuelas… II Pues ya pasó, ciudad amurallada, Tu edad de folletín…Las carabelas Se fueron para siempre de tu rada… -¡Ya no viene el aceite en botijuelas!
III Fuiste heroica en los años coloniales, Cuando tus hijos, águilas caudales, No eran una caterva de vencejos.
IV Mas hoy, plena de rancio desaliño, Bien puedes inspirar ese cariño Que uno les tiene a sus zapatos viejos… Luis Carlos López
2°
Al visitar Cartagena la esposa del entonces presidente de Francia, Danielle Miterrand, Jaime Vélez Piñeres dio a la estampa una postal con la fotografía, en sepia, del primer monumento de la Medialuna y con la traducción que hizo al francés de dichos versos alusivos, que siguen:
A ma ville natale
« Morne Ville, jadis reine des Océans » José María de Heredia
I Noble recoin de mes aieux, Il n’y a rien comme évoquer en traversant tes ruelles Les époques de la croix et de l’épée, De la chandelle et des meches soufrées…
II Il est terminé, ville fortifiée, Ton age de légende. Les caravelles S’en sont allées pour toujours de ta rade; ¡L´huile ne vient déjà plus en cruches !
III Tu fus héroique aux temps coloniaux, Quand tes fils, des aigles royaux, N´étaint pas une nuée de martinets.
IV Aujourd’hui, envahie par une langueur seculaire, Tu peux bien inspirer cette tendresse Qu’on ressent pour ses vieux souliers… Jaime Vélez Piñeres
Intermedio
Hagamos aquí una pausa para decir que uno de los propósitos de este artículo es sugerir que en un lugar aledaño apropiado, a escogencia hecha por un arquitecto (puede ser mi hijo Juan Christian u otro el escogido) la alcaldía u otra entidad pública o bien una de carácter privado haga poner en sendas tarjas las distintas tra-ducciones de este soneto que hemos recopilado y que presentamos aquí gracias a la actitud cultural de “El Universal” de apoyar todo lo que vaya en beneficio de la ciudad. En épocas de recesión con pequeñas inversiones se le da actividad al trabajo de los profesionales, en este caso a arquitectos y artistas, mejorando simultáneamente el as-pecto de las ciudades, bien sea con el mantenimiento de las obras que ya existen o por la creación de pequeñas obras que en conjunto son grandes y que además también producen dinero en una ciudad que aspira a asimilar el turismo vacacional y cultural.
3°
En años pasados se hizo mucho con el programa de <Ciudades Hermanas> con Coral Gables en Florida, hace poco leí en nuestro diario un recorderis, de bajo perfil, en relación a resucitar este programa. Ignoro que pase en relación a esto. Sé que en dicha ciudad de Coral Gables se erigió un monumento a los “Zapatos”, al cual no le lla-maría réplica sino copia inspirada. En el sitio se grabó en una tarja el poema en referencia en una versión en inglés. Al no conseguir oportunamente el mencionado soneto, quien esto escribe que se considera en materia poética apenas un “intentón” de sonetos (manes de los voquibles “revolcón”, de Gaviria, o del “derrochón”, de Uribe) decidí intentar una traducción mía, que resultó como sigue:
To my native city
“Sad city, yesterday it reigns of the sea" José María de Heredia
I
My grandparents' noble corner: anything As evoke crossing small streets, The times of the cross and of the sword, Of the smoky chandelier and the matches
II
Because it’s already over, walled city, Your romantic age…The caravels Abandoned your bay forever… - The oil no longer comes in bottles!
III
You was heroic in the colonial years, When your children, large-winged eagle They weren’t a flock of swallows IV
But today, full of rancid neglects, Well you can inspire that affection That anyone have to his old shoes… Juan Dager Nieto
4°
Por último, pero no menos importante, y ya que estamos hablando del asunto de las traducciones, vale decir que en inglés lo anterior se dice <at last but not at least>. En la traductora Aura Cenzato encontramos la co-laboración atenta para obtener la versión del soneto en italiano, que ofrecemos en este trabajo. Aura Cenzato vive en Cartagena donde es líder cívico en variadas actividades, v. gr.: enseñar el trato pío a los animales y otras actividades en el corregimiento de la Boquilla y las aledañas islas del Rosario, en donde desarrolla actividades hospedo-turísticas. Con la autoridad literaria que se le reconoce en su condición de doctora en Idiomas y Literatura por la Universidad Luigi Bocconi, de Milán, y con su humanista y gracioso modo de ser, la signora Aura fue la traductora perfecta en el difícil trabajo de verter el poema del “Tuerto López” al italiano. Y como pueden ver en la frase anterior todo salió con muchas “Tes”.
Alla mia cittá natale
“Cittá triste, ieri regina del mare”. José María de Heredia I
Nobile recesso dei miei nonni: nullaCome evocare, attraversando viottoli, I tempi della croce e della spada, Dell’ affumicata lucerna e dei solfini...
II
E cosí e´giá passata, cittá ammuragliata, La tua etá da romanzetti...Le caravelle Se ne andarono per sempre dalla tua rada... -¡ Non viene piú l’ olio in botticelle!
III
Fosti eroica negli anni coloniali, Quando i tuoi figli, aquile rampanti Non erano caterva di rondoni. IV
Eppure oggi, piena di rancida sciatteria, Puoi ben ispirare quell’ affetto Che si prova per le nostre scarpe vecchie....
Aura Cenzato Coda A manera de coda, o finale, de este artículo incluimos, para poner otra vez ante los ojos de los cultores de Cartagena, el ya un poco olvidado soneto del poeta De Heredia, que supradicho anotábamos:
Les Trophées A une ville morte
I Morne Ville, jadis reine des Océans ! Aujourd’hui le réquin porsuit en prix les scombres Et le nuage errant allonge seul des ombres Sur ta rade ou roullient les galions géants. II Depuis Drake et l’assault des Anglais mécréants, Tes meurs désemparés croulent en noirs décombres. Et, comme un glorieux collier de perles sombres, Des boulets de Pointis montrent les trous béants. III Entre le ciel qui brule et la mer qui moutonne, Au somnelet soleil d’un midi monotone, Tu songes, o guerriere, a vieux Conquistadors. IV Et dans l’énervement des nuits chaudes et calmes, Bercant ta gloire éteinte, o Cité, tu t’endors Sous les palmiers, au long frémissement des palmes. José María de Heredia
De quien seguidamente escribimos, por valer la pena, las traducciones que le hicieron dos excelentes sonetistas y traductores, el uno tolimense o valluno, no lo sé bien, Eduardo Castillo, y el otro Ismael E. Arciniegas, santandereano o tal vez cundo-boyacense:
A una ciudad muerta ¡Ciudad que fuiste reina del mar!
I Vagan ligeros y en paz los tiburones en tu tranquila rada, Donde las nubes tienden sus sombras prolongadas y que vio los antiguos galeones iberos.
II Desde Drake y los días de infieles bucaneros tus murallas de siglos se arruinan abandonadas, y cual collar sombrío de grandeza pasada Aun de Pointis las balas muestran los agujeros.
III Entre la mar y el cielo que abraza tu bahía, Bajo el sol de un monótono y ardiente mediodía Con los conquistadores sueñas amodorrada;
IV. Y en el enervamiento de noches placenteras, Te duermes, arrullando tu gloria ya borrada, Bajo las palmas en lento rumor de las palmeras. Ismael E. Arciniegas
A una ciudad muerta Cartagena de Indias I
Noble ciudad que fuiste la reina de los mares. El tiburón persigue la calma de tus ruinas Y al declinar la tarde, las sombras familiares De tus esquifes cruzan las aguas mortecinas.
II
Desde que los piratas violaron tus hogares Resisten tus murallas cual sólidas encinas Y en tus escombros tristes mil fúnebres collares, Dejaron a su paso las balas asesinas.
III
Entre un cielo de llamas y un mar que riza el viento Te invaden los sopores de días somnolientos Y sueñas, Oh guerrera! Con tus conquistadores;
IV
Y cuando el mundo invade la noche con sus calmas, Recordando tu gloria, te duermes entre flores, atenta a los sedosos susurros de las palmas. Eduardo Castillo. 11 de Agosto de 2003
La “Balada de María Abdala”. Es la segunda novela del “Iguano”, la primera fue “La mala hierba”; uno de los comentarios del Colegio donde estudió el autor era el de que no tenía mentón, tal como una iguana, y me sorprendió al leerle en la “Balada” lo que dice de un personaje que tenía una fisonomía parecida, pero que parecía un pescado por carecer de mandíbula de manera muy notoria. Me sorprende, pues cuando yo peleaba con mi hermano le lanzaba repetidamente el símil de que parecía un tiburón, por lo mismo.Hoy veo cuán injusto era aquello. Son cosas de pelaos. Injusto, pues Juan Gossain tiene un mentón huidizo pero tiene mentón. Tal vez era que en esa época era muy gordo. Y que los cos-teños tenemos afición a este horrible vicio moral y a la pa-sión por el apodo denostativo, nunca por el cariñoso, -siempre me molestó este defecto aunque yo también cuando me daba ‘piedra’ algo recurría a lo mismo, mas nunca porque sí, porque el agravio sin necesidad es pérdida-. Sin duda esta novela de Juan Gossain es el apel-mazamiento de su vida, de su familia, de sus amigos, y conocidos, por supuesto. Ha tenido el buen gusto de no sacarse ningún clavo de manera hiriente pues su anec-dotario novelístico está inserto como virtud extraliteraria necesaria y bondadosa de escritor en su trabajo literario. Los escritores costeños fríos o inhibidos por tem-peramento son fríos y distantes aun cuando escriban bien y “den ganas de dormir al leerlos”. Este novelista de San Bernardo del Viento no sólo sabe lo que dijo Tolstoi sobre escribir acerca de la aldea propia sino que jamás se ha sentido avergonzado de esa condición como se denota en mucha gente de origen poblano, que el término “pue-blerino” les parece un insulto siempre, cuando no es así, y se mantienen suspicaces y alertas. Hay en la condición de serlo un extraordinario bagaje de anécdotas, cuentos ais-lados, usos preteridos en otras partes, comidas ya en franco olvido como el guiso o sopa de candias, tan gustoso, y demás diarias actitudes de la vida que sólo son posibles en pueblos pequeños y, por lo tanto, originales. Cuando uno es urbano o citadino debe tomar al escribir el mismo tenor que es el de considerar a su propia ciudad como un pueblo, como una aldea. La memoria pertenece a la aldea, la megalópolis combate a la memoria. Otro aspecto que me ha llamado la atención en la “Balada” tiene que ver con el enorme influjo que García Márquez ejerce aún hoy día sobre la literatura de algunos costeños de la edad de Juancho y mía, más allá de lo que dice Plinio –que es boyacense de nación y que aunque casado en primeras nupcias con una barranquillera jamás entendió lo costeño- que alude que el sustrato sociológico de nosotros los costeños es la razón de que Gossain tenga bastantes semejanzas en esta narración con el Nobel. Es una falla pequeña, y perdonable pues imitar a los grandes es natural tendencia en la humana condición, al lado de la maravillosa conjugación que la novela esta tiene en ma-teria de argumentación, técnica de narración a partir de la muerte, se parece a “Yo el supremo” en algo de eso, y también a la “Muerte de Artemio Cruz”, de Carlos Fuentes, en alguito. Pero eso es viejo en la literatura, contar desde la muerte, y desde el olvido, desde el futuro, desde el exilio, etc. Gossain tiene un acierto enorme en contraponer al personaje -basado en el médico Luciano Lepesquer, que es todo lo contrario a un espíritu volteriano en la vida real, con nombre gabacho y todo, con lo que le quedó perfecto el personaje de la obra- a su padre, un iluso libanés, dueño de una tienda pero “poeta”, como fue “poeta” también el peluquero padre de Yamil Guerra Villamil. Es que los libaniyes, o mejor, los descendientes de los libaniyes, a los que yo llamé Columbiyes en una nota de hace años en “El Universal”, en la cual dije que comemos kibbe y tajada madura en la misma comida, están haciendo, estamos (¿?) haciendo una literatura muy especial en cuan-to a que es propia de nuestra propia región, país y América toda, pero a través de nuestra condición de descendientes de libaneses, al tiempo que nadie se ha dado cuenta de eso, estancados como están en el cuento pendejo de que son tenderos, patones, mercachifles, narizones, cejones, y otras zarandajas triviales, para decirlo en arabiya. Si no se me quiere creer lo anterior doy un botón, o mejor dicho varios botones, para de la prueba el canto: Meira del Mar, barranquillera;Giovanni Quesseps, de San Onofre; Félix Turbay, del Carmen de Bolívar; Romano Marún, de Ocaña; Antonio Chediac, de Cartagena; Nayib Ambrad Domínguez, de raíces arenaleras o de San Estanislao de Kotska; don Antonio Chalita Sfair, de Ibagué; Jorge García Usta, de Ciénaga de Oro; el “poète maudit” Raúl Gómez Jattin, nacido en Cartagena pero criado en Cereté (¿en el Callejón de los Perros?); la poetisa Mónica Facuseh, de Santa Marta; Alicia Haydar, de Cartagena; Joce Daniel, de Talaigua Nuevo, sin la “s” apócrifa que le han endilgado al apellido; de un semita de estirpe materna como lo es Sánchez Julião, de Lorica “Saudita”; del lin-güista Elías Muvdi, barranquillero; del lingüista Cury Lambraño, de Corozal; de Nayib Abdala Ripoll, car-tagenero; y de Juan Dager Nieto, al-Cartagení. Juan Gossain ha hecho algunas innovaciones en el len-guaje narrativo oral y escrito suyo respecto de la española lengua en general y del modo particular costeño de hablar, que no critico negativamente, pero que sí destaco, no sé aún si positivamente, como las siguientes: Escribió “nal-gas del pantalón”, cuando siempre se ha dicho aquí “fon-dillo” y aún, entre populares, “fundillo”; utilizó “masticar” para el acto de comer del alcatraz, cuando ya don Daniel Lemaître, había dicho cómo es que es “deglutir”, pues el ave no tiene dientes para masticar; escribió en la novela <recua de chivos>, <manada de cerdos>, cuando siempre se ha dicho “recua” para mulas, solamente, y la frase, “piara de cerdos”, es de todos utilizada como redundancia permitida. Sé que Juan lo hizo intencionadamente, pues él lo sabe. El icaco tiene para él “un olor afilado”, cuando to-do mundo sabe que es “dulzón”, etc. Cada vez que el novelista extraordinario que es Juan Go-ssain apela a utilizar adjetivos genéricos y vagos en su novela acaba pareciéndose a la narración de García Már-quez pero así también cuando usa sus recursos adejtivales propios emanados de su experiencia de observador se aleja no sólo del Nobel sino que es él propio, es Juan Gossain, el enorme temperamento mezcla de árabe libanés y actitud idiosincrática que él es. Esa es su inmensa fortaleza como narrador, la basada en lo de carácter extraliterario, pero que él con su capacidad de lector y su trabajo de escritor, ha vertido desde el vértice en el vórtice de su licuadora de recuerdos que es la novela “La Balada de María Abdala”. Hay, -y esto de manera muy pudorosa, pues no quiero parecer sensiblero en un escrito sobre la obra de otro-, unos pasajes en la novela que sólo nosotros los descendientes de la “arabiya mutahida” (los que vinieron con la emigración siria y libanesa a América y Colombia) podemos sentir de manera cabal en relación a cómo lo dijo nuestro amigo el novelista Juan Gossain. UNICARTA, REVISTA DE LA UNIVERSIDAD DE CARTAGENA, DICIEMBRE 2003.
Prólogo a “Refranes y cantos agrestes de la Costa caribe”, de Jesús Cárdenas de la Ossa. El autor de esta obra, Jesús Cárdenas de la Ossa, me ha solicitado unas líneas que pudieran servir a manera de palabras preliminares para ella. Y habiéndola leído detenidamente en el original, como es de uso normal entre amigos que escriben, para con algo de sentido crítico que no provenga del mismo autor del trabajo establecer posibles erratas, precisiones adjetivales, cacofonías, la miseria filológica de que hablaba Azorín, grafías correctas para la fonética popular, tratándose, como en este caso, de una recopilación de refranes, proverbios, aforismos, dichos y apotegmas que campean en el uso popular, digo, pues, que no podía ser sino doblemente obligante la invitación de Jesús Cárdenas de la Ossa de que fuera yo mismo quien se lo prologara. Y a decir verdad amén de esa grata petición se sumó a ella mi antigua afición de conocer refranes y máximas, afición que tiene más de inclinación a leerlos en refranes que a utilizarlos yo mismo en mis conversaciones. Pero sí al haber gozado desde la adolescencia bachilleril con quienes los empleaban en sus charlas y hasta haber intentado recogerlos, en esa época, en un más pretendido que logrado centón de los mismos. Vehículos de esos refranes los constituían personas que pueblan hoy día la memoria de mis afectos sin ser parientes míos. A todos cuantos hayan leído “El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha” les habrán saltado a los ojos los innumerables refranes que “el fiel escudero” desgrana en la obra, aunque también los tiene la parla de Don Quijote, que de cuando en cuando, y de vez en vez suelta algunos donosamente. Aunque los del Hidalgo dejan más regusto a apotegmas que a refranes. Y es que como bien los califica en su libro “Proverbios, adagios y refranes del mundo entero” Julio C. Acerete, la diferencia ascendente a partir del refrán, del adagio, del aforismo y del apotegma es la aplicación de un mayor valor de sabiduría filosófica y general de la ética y las costumbres sociales. El primer peldaño de la escala de las máximas es el refrán y el pináculo de la misma es el apotegma. Refranes, adagios, proverbios y apotegmas llenan fre-cuentemente las páginas de las literaturas iniciáticas de Súmer y Fenicia en Oriente Cercano y de Grecia y Roma en Occidente, con equivalencias en los libros de los filó-sofos chinos y en los libros sagrados de India védica. Aunque estas máximas coinciden en valores aproximados algunas veces, entre los emanados de una cultura u otras muchas de ellas responden a auténticas visiones idio-sincráticas. Recuerdo uno que como árbol en la llanura viene siempre a mi memoria, ya que lo atesoro en ella desde cuando lo leí en la “Ilíada”, y que reza: “Más vale perro vivo que rey muerto”. También los filosófos griegos denominados presocráticos, desde Cleóbulo Líndico hasta Periandro de Corinto, enseñaron con máximas que en unas veces son refranes y en otras verdaderas sentencias apo-tegmáticas. Y seguramente algunos de esos pensamientos fueron aproximaciones que ellos hicieron de un saber se-cular ancestral. Como quiera que realmente haya sido con-tinuaron ellos como vehículos de la vigencia memorial de esa sabiduría. Un nuevo impulso literario recibió en el Humanismo renacentista la recolección de refraneros, de modo es-pecialísimo tuvo resonancia el de Erasmo, que elaboró su libro “Adagia” y que obtuvo gran éxito de venta y repetidas impresiones. Además tiene el libro de Erasmo el valor literario de que influyó en la novela de Miguel de Cervantes, a quien llegó el pensamiento erasmista a través de la obra de los seguidores españoles del insigne ho-landés. Sirvió, pues, el “Quijote”, de receptor de los ada-gios del libro de Erasmo y de difusor de allí en adelante del pensamiento antiguo. El libro de “Refranes” de Jesús Cárdenas de la Ossa así nos lo cuenta en su prefacio y continúa aquel con la historia de cómo estos refranes llegaron a América con la conquista española. Porque de eso es de lo que trata válidamente la obra de Cárdenas, de la recolección y selección de los refranes, proverbios, aforismos y apotegmas (aún cuando éste suene a culto) que él ha ido pacientemente y amorosamente guardando en cuadernos y libretas en innumerables pueblos en sus largas correrías por los caminos de la Costa. Suman los recogidos en este trabajo más de mil quinientos. Pero no llena allí el trajín del autor sino que además, pacientemente, le explica al lector el alcance de la interpretación de cada refrán o paremia. Ímproba tarea la de Jesús Cárdenas de la Ossa como que corresponde a una tarea que le ha interesado desde sus años mozos. En otro aparte de este libro trae el autor Cárdenas de la Ossa un historial breve pero muy útil de la métrica poética empleada por nuestros vernáculos cantores. Esa métrica es la de la famosa y nunca bien alabada décima. Cárdenas de la Ossa nos recuerda como llegó a nuestros lares dicha modalidad poética después de escarmenar en la obra del Marqués de Santillana (Íñigo López de Mendoza), de Miguel de Cervantes, de Luis C. López y de otros poetas de cantos populares.Entre estos últimos el más conocido es el soledeño Gabriel Escorcia Gravini (1892-1929) que extremó la melancolía del otro vate de la poesía popular, que aunque nacido en Chiquinquirá vino a vivir y a morir en Usiacurí, Julio Flórez. Escorcia Gravini compuso “La Gran Miseria Humana” en 30 estrofas, que sin duda constituyen el canto más largo en la modalidad de esta métrica jamás escrito por poeta alguno en la Costa. Escorcia no es cantor rusticano del todo ni en el tema (excesivamente melancólico en su caso, motivado sin duda por la terrible lepra que lo afectaba) ni en cierta riqueza conceptual y lexicográfica que aflora a lo largo de su extensa cantata de 300 versos. Una recensión de tan extenso poema ha sido interpretado musicalmente por Lisandro Meza con el mismo título y que aún cuando no ha gustado del todo a los puristas del canto decimero, tiene la virtud de popularizar este género, hoy evanescente. En la tercera parte del libro incluyó Jesús Cárdenas de la Ossa una antología breve de la copla, que ilustra su-ficientemente sobre el tema. Libro válido éste antecedido por muchos homólogos que constituyen periódicos y oportunos jalones del conjunto paremiológico y que dan fe de su perenne importancia en la cultura universal y local. Y la adehala que nos encima Cárdenas de la Ossa son sus notas sobre la décima del Litoral Caribe. Posiblemente la lectura de algunos refranes contenidos aquí causen escozor entre delicados pues uno que otro tiene ya de procaz ya de escatológico (aluden a la fisiología más inmediata) ¿pero quién los negaría si sabemos que así son utilizados por Mingo Revulgo (con más malicia de parte del urbano que del rusticano? Pero en compensación a tan ásperos pedruscos en-contramos auténticas manifestaciones de gracia, de in-teligencia humanística en el saber corregir o estimular al “Otro”. Podríamos seguir calificando pero todos en la lec-tura notaremos que aluden a todas o casi todas las circunstancias vitales. Y esa es una de las bondades de es-te “Refranero”, mantener vivo el fresco hálito de la inte-ligencia oral popular. Ahí queda a juicio de los lectores esta amena antología del saber popular.
La sublevación de Fuenteovejuna fue un “caso real”. Las Órdenes Militares de Caballería aparecen en el marco socio-económico del feudalismo. Según la versión oficial de su origen, el motivo de su creación no habría sido otro que el de la defensa de la Cristiandad de todo elemento extraño a ella tanto de carácter religioso como el de la influencia de pueblos extranjeros. Tal concepción, sin embargo, no parece sostenerse más que en el caso del núcleo primitivo de la primera orden fundada, la de los Hermanos Hospitalarios o de San Juan de Jerusalén, congregación verdaderamente benéfica y piadosa. En nuestra ciudad tuvo una fundación la citada Orden durante el siglo XVI con el nombre de Hermanos del Hospital de San Juan de Dios, en la calle actual de ese mismo nombre. Las tres principales Órdenes de Caballería españolas sur-gen en el siglo XII; Calatrava fue la principal, seguida en importancia por las Órdenes de Santiago y de Alcántara. Un Maestre, elegido por la mayoría de un capítulo que se reunía en el Convento del mismo nombre ejercía el poder de un modo cuasi-soberano. La “Orden de Calatrava” fue la que sirvió de avanzadilla en la guerra contra los árabo-españoles, engrosando así sus posesiones y poder. Los requisitos de entrada a la Orden fueron el principio de estratificación por clases, existente en la sociedad española que rechazaba, teóricamente al menos, la bastardía y la condición racial de ser árabe o moro lo mismo que de judío, aun cuando éste fuera converso, lo que se llamó en ese orden de cosas la 'limpieza de sangre', rémora que arrastró la sociedad española hasta épocas coincidentes con el Descubrimiento y aún mucho después. Aunque formalmente religiosa la Orden de Calatrava to-maba partido en la lucha económica de la aristocracia por el poder y su entrada era al lado del Monarca contra los burgueses, en el tipo de monarquía feudal que caracterizó a la española hasta el advenimiento de Carlos V y el aplastamiento que este hizo de los Comuneros de Padilla en 1521. La población de "Fuenteobejuna " era el lugar más grande que había en la tierra de Córdoba y entró en posesión de la Orden cuando se posicionó del cargo de Maestre de la misma don Pedro Téllez Girón, que fue colaborador con el rey de Navarra y de Aragón, don Juan, contra el rey castellano Enrique IV Trastámara, fundador que fue de la dinastía de los Trastámara en el reino de Castilla. En las vísperas de casarse con Isabel, la hermana del rey, murió don Pedro Téllez Girón de manera repentina, dejando su mayorazgo en cabeza de su primogénito, quien sería el fundador de la Casa ducal de Osuna. Las órdenes militares eran dueñas y señoras de más de una décima parte del suelo hispano, siendo así los más extensos terratenientes del país. Las sublevaciones fueron abundantes en el reino después de la muerte de Enrique IV; su misma hermana y su marido Fernando de Aragón (ya el matrimonio entre ellos se había efectuado) no eran en modo alguno ajenos a este tipo de movimientos; en un documento legal que es la orden de Movilización General que aquellos envían el 15 de marzo de 1475 recomiendan textualmente: “Bien sa-beres y a todos es notorio (que) las grandes guerras e males e muertes e robos e fuerza e otros infaustos delitos que se han perpretado en estos nuestros regnos de doce de años a esta parte e la grande desorden que en todos los tres Estados de ellos ha avido..." La política practicada por los bandos en pugna coincide en lo esencial: promover la agitación de los habitantes del núcleo poblacional con la promesa de respetarles las li-bertades y costumbres. Haciendo Fernando de Aragón gala de la sagacidad política que inspiraría a Maquiavelo su "Tratado del buen gobernar", o "El príncipe", alentaba re-vueltas y movimientos y los reprimía también, según sus propias conveniencias e intereses. Fuenteobejuna fue donada a don Pedro Girón por Enrique IV de Castilla en agosto 6 de 1460, en donación hecha en Valladolid, después de las paces buscadas con el Maestre por parte del Rey, mediante los buenos oficios del mar-qués de Villena, hermano de aquel. Por otra parte, la ciudad de Córdoba aceptó con recelo el despojo que se hacía de su señorío y se consideraba pro-pietaria de Fuenteobejuna, mostrándose hostil, abier-tamente, al arrebato de sus posesiones. Eso hasta el punto de que el rey tuvo en marzo de ese mismo año que donarle la villa al Maestre de Calatrava, Girón, por segunda vez, enviando la notificación a la ciudad de Córdoba por medio del comendador Juan Fernández Galindo, alcalde mayor de Écija. Finalmente, y tras todos estos avatares, se consumó el tan codiciado cambio. El 22 de marzo de 1462, en escritura firmada en Porcuna por don Pedro Girón, maestre de Calatrava, y demás caballeros de la Orden, y por el rey, y en su nombre Juan Fernández Galindo y Antonio Núñez, se concretó la dación. Los cordobeses admitirán el mandato del rey, pero no sin enviar sus procuradores al mismo, solicitando que se anu-lase la sentencia. En la escritura de aquel trueque se dice que Fuenteovejuna tiene novecientos ochenta y cinco va-sallos. Otra villa se sumó en este cambio, la de Bélmez, que tenía en sus términos 123 vasallos. En Fuenteovejuna, sin alcabalas y otras rentas había ochenta mil setecientos maravedíes. No era pobre, pues, la villa. Pero el rey, sometido a presión por los nobles que se han rebelado contra él y esgrimen el argumento del favo-ritismo que muestra hacia Beltrán de la Cueva, decide en el marco de una relajada Corte que ha capitalizado la intriga moralista de que la hija que le ha dado su mujer es hija realmente de su favorito, Juana “la Beltraneja”, devol-ver Fuenteovejuna a Córdoba. Los insurrectos con el mar-qués de Villena, hermano del Maese de Calatrava, insisten en secuestrar al rey. El "Manifiesto de Burgos", de 29 de septiembre, fue una letanía desvergonzada de denuncias contra Enrique IV, desbordando el aspecto político y en-trando en su vida privada, aunque los reyes no tienen vida privada; su efigie es destronada y don Alfonso su hermano es declarado su sucesor. Así, los cordobeses son satis-fechos en sus peticiones y Fuenteovejuna vuelve a ser de su propiedad. En la cédula real dice: "Quiero e es mi vo-luntad que sean tornados e restituídos los dichos logares de Gaete e “La Hinojosa” e Fuente Obejuna e Belmes, e sus tierras e términos, e todo lo que les pertenece e pertenecer debe en cualquier manera a esta dicha ciu-dad...", y la eximía de satisfacer cualquier responsabilidad contraída anteriormente y alentándoles a que no reparen en los medios que hubiesen de necesitar para recuperar sus posesiones.En la cédula parcialmente citada el rey tras prometer a Fuenteobejuna "guardar sus usos y costumbres y defenderlos", hizo ‘pleito homenaje’, en acto de po-sesión de esta villa". Y aquí está el desenlace del drama, tanto en Lope como en la historia expediencial que sirvió de base a la obra teatral: “El Comendador”, o segundo al mando de la “Orden de Calatrava” después de su Gran Maestre, don Pedro Girón, llamado Fernán de Guzmán, tomó posesión de la Villa de Fuenteobejuna, (en la ortografía de la época) por el casi inapelable uso de la fuerza. Hecho acaecido en 1468. La reacción de los habitantes de la Villa se entiende en la letra de los “Tangos del Piyayó” cantados en la voz de José Menese:
Parece, parece. Parece que el pueblo es suyo y que al que encuentre se coma en cuanto en la calle asoma andando abierto de patas, que no olvide aquel que mata que donde las dan las toman.
En la "Resolución que los de Fuenteobejuna tomaron", reza: "Don Fernán Gómez de Guzmán, Comendador Mayor de Calatrava, que residía en FuenteObejuna, villa de su encomienda, hizo tantos y tan grandes agravios a los ve-zinos de aquel pueblo, que no pudiendo ya sufrirlos no (sic) disimularlos, determinaron todos, de un consentimiento y voluntad, alzarse contra él y matarle.... Con esta de-terminación.... con voz de FuenteObejuna.... y con mano armada.... entraron en la casa de la Encomienda Mayor....´Fuenteobejuna'.... 'Fuenteobejuna'....´Fuenteobejuna´....: <Vivan los Reyes Don Fernando y doña Isabel y mueran los traidores y malos christianos>>. Si quiere, amable lector, saber el resto, lea ud. la obra dramática que con el nombre de "Fuenteovejuna" escribió el gran Lope de Vega; hasta aquí el transcriptor de esto lo ha enterado del expediente judicial del caso, de permanente interés. El transcriptor es quien esto escribió y firma con su nombre, Juan Dager Nieto, servidor. 2004, inédita.
Prólogo a una obra sobre Colpuertos y su cierre Tengo alguna duda de que sea una novela, aunque tiene algo de ella. Relata hechos y situaciones, además de caracteres más que personajes, aunque bajo el disfraz del pseudónimo, del mote o del apodo. Los hechos y circunstancias que narra no son de ficción, forman parte de la realidad nacional y, de manera particular, de la ciudad portuaria de Cartagena de Indias. Esta narración de hechos y circunstancias es del tipo lineal, o sea, el que relata de menos a más en apego al tiempo en que las dichas circunstancias acaecieron. La narración transcurre con un tenor que tiene mucho del testigo o del narrador omnisciente. El tiempo de la narración es el de la inmediatez, o el de un pasado muy cercano al presente. Para todo aquel de algún enteramiento, queda claro que se trata de la liquidación de la actividad portuaria como empresa perteneciente al sector público o estatal, para ser entregada en la modalidad de concesión a personas o empresas de derecho privado. El léxico es correcto, variado, muchas veces con precisión importante, y diría que elegante en ocasiones. El tono sermonal que campea, sin duda es el del panfleto. Los hechos anécdóticos tienen más presencia en el relato que los personajes inscriptos que discurren en él. El lenguaje empleado oscila entre la queja o jeremiada y el tono acusatorio. Algo hay también de nuestro ya olvidado Vargas Vila. El autor, sin duda alguna, toma partido desde el principio del relato. Lo demuestra su acento deprecativo e indignado a ratos. En el imaginario colectivo sobre este tema hay diversidad de opiniones, hasta las más encarnizadas. Se-gún los “tirios” toda la culpa y la responsabilidad de lo que ocurrió, causando la ruina y la desazón de miles de “muelleros” y de sus familias, es en este orden el “Neoliberalismo”, o su ejecutor, y de otras instituciones del Estado. Desde la orilla del Escamandro de la opinión, los “troyanos” sostienen que los “muelleros” con su codicia mostrada en las Convenciones Laborales, mataron la gallina de los huevos de oro, ayudados por la com-placencia desidiosa de los gobiernos anteriores. Creo que hay razón variada, es decir, que hay de “olivos y de aceitunos”, vale decir que en las diversas posturas (“gallina de huevos de oro”) hay algo de razón en todas las partes opinantes. Es de ingenuos pensar lo contrario. O significa caer en el maniqueísmo que equivale a des-conocer la complejidad de la condición humana, mezcla gatuperiosa, de ángel y demonio. Yendo más allá de los hechos novelados en este relato, lo que se desnuda como ofensiva parte de la realidad es lo in-adecuado de nuestro sistema institucional que histó-ricamente ha oscilado entre el permisivismo y la restrictividad. O concede mucho como el pródigo o niega y excluye como el avaro. En esa latente diástole y sístole no ha podido lograr nunca un estado de equilibrio justo entre el capital y el trabajador, donde él, el Estado, ejerza de maestro, de juez, y de conductor. También duda debido a su fiebre neoliberal de su rol de administrador en la ac-tividad empresarial y económica. Si aceptamos que lo que Malira (Gaviria, se adivina) dice en la obra es verdad, en cuanto a que dejó un Fondo Compensatorio para liquidar a los muelleros veremos que la corruptibilidad de dicho Fondo se debió, no a Malira, sino a mucha gente que incluyó a jueces, abogados, y a gente sin ningún derecho.Mejor lo hizo el Presidente (Betancur) que dio orden de que dieran vivienda sin cuota inicial -y que cuando se desmontó el Instituto de Crédito Territorial se perdonaran las deudas o al menos que no se persiguiera judicialmente a nadie por ellas o bien que se actuara con flojedad al respecto, que de todo ello hubo- muy consciente y sabedor de que dicho instituto ya estaba en capilla ardiente para su ulterior y pronta desaparición. No son, pues, estos dos casos iguales.Este último fue un acto de gobierno de paternalismo presidencial y el primero de decisiones comprometidas con la filosofía del “nuevo” derecho neoliberal y de la concepción del Estado pequeño. Hoy hay orden en la actividad portuaria, hay que reconocerlo, pero al mismo tiempo quedaron miles de desesperanzados muelleros con poca o nula capacidad de adaptación de su nueva realidad. En este trabajo novelado hay una radiografía de la realidad nacional y es válido posiblemente para analizar hechos similares en otros países en subdesarrollo. Lo importante es que dice las verdades que otros callan y tiene en cuenta que los gobernantes no sólo son elegidos por el pueblo para que sean administradores del fisco hacia la pro-ductividad sino también para que eduquen y moralicen a cada uno de los ciudadanos. La polémica está servida. 19 de agosto de 2005.
Tres recetas poéticas (no culinarias) para ser feliz con una Mujer. Me llamó mucho la atención un poema del autor brasilero Vinicius de Moraes convertido en canción: la “Garota de Ipanema”, intitulado <Receta de la mujer perfecta> y lo guardé. Poco tiempo después investigaba para un trabajo sobre los delitos en “Cien años de Soledad” y encontré un poema de Tomás de Iriarte sobre la fementida y supuesta mujer perfecta y lo copié seguidamente al de Moraes por puro divertimento. Mi memoria entonces me recordó la parte del libro espejo medieval del llevado y traído Arcipreste de Hita, Juan Ruiz, que se titula respuesta <que Don Amor hizo al Arcipreste>, quien habla en su obra en primera persona dando su opinión, igualmente, sobre la visión de la mujer perfecta a su personal juicio o bien de la visión machista que los hombres de ese período tenían del modo real o poético de las féminas y lo copié seguidamente pues eran tres poemas con identidad en relación a la perfectibilidad y el aprecio elogioso a la mujer (con algunas exclusiones a las que no cumplen el supuesto modelo de perfección y los prejuicios de los poetas al respecto).Estas sabias y pícaras palabras, que no compartimos en su totalidad, son modelos que van más allá de la admiración de la perfección física de la Mujer, pues hablan también de su talante y de su carácter en relación a cómo los varones las necesitan o buscan para ser felices conviviendo con ellas. El Arcipreste ha causado mucha duda en relación a su vocación religiosa con estos versos aunque él decía que no decía sus cosas “de mío” sino que recogía los pensamientos de los autores antiguos o medievales y que los daba como enseñanzas y para hacer correctivos a las pasiones de su época. Nunca se ha podido resolver ese problema. Otros críticos piensan que el Arcipreste era lo que hoy se denomina un “gozón” que se pasaba por la faja de la sotana sus votos religiosos. De todos modos él antes de la obra clave del fin de la literatura medieval española o sea <La tragicomedia de Calixto y Melibea>, por otro título <La Celestina>, nos dejó el más descarnado relato de las costumbres licenciosas (recientemente la pre-senciamos en el Teatro Heredia) de la época que buscaban la liberación de la coyunda puritana de las costumbres buscando la posibilidad de la expresión de la identidad sexual y de la libido, siempre ínsita en la naturaleza de hombres y mujeres. El Arcipreste recoge en su poesía la sensibilidad de la poética árabo-española que se define en el patrón del “Collar de la Paloma” del príncipe Ibn Hazm, y que terminará en la poesía de Petrarca y de Dante, que tenía conexión cultural y geográfica con aquella, a través de la Provença nata del trovador Arnaut Daniel con Italia de los siglos anteriores al Renacimiento. El lector dirá si la garota de Ipanema es más a su gusto que la dama del Arcipreste o la traída en su poema por el español Iriarte. Estos libros o trabajos literarios, y aquí hay de ambos casos, eran muy socorridos en la antigua literatura y mi extrañeza consiste en que un hombre tan moderno como Moraes recurra al tema. Serán cosa del eterno masculino de hallar a la mujer perfecta. En don Quijote a la mujer perfecta, <Dulcinea>, se nos opone literariamente que contada por la realidad de Sancho aquella al verla él no era princesa como don Quijote decía sino que era simplemente una aldeana que aventaba trigo con un rastrillo y no olía precisamente a rosas sino a ajos.
Fragmento de Respuesta de Don Amor. Aquí habla de la respuesta que Don Amor dio al Arcipreste
1 Receta
Si quisieres amar dueñas u otra cualquier mujer, Muchas cosas habrás primero de aprender; Para que ella te quiera en amor acoger, Sabe primeramente la mujer escoger.
Cata mujer donosa y hermosa y lozana, Que no sea muy alta, otrosí ni enana, Si pudieres no quieras amar mujer villana, Que de amor no sabe, es como bausana.
Busca mujer de talla, de cabeza pequeña Cabellos amarillos, no sean de alheña, Las cejas apartadas, largas, altas en peña, Ancheta de caderas: esta es talla de dueña.
Ojos grandes, someros, pintados, relucientes, Y de largas pestañas bien claras y rientes, Las orejas pequeñas, delgadas, párale mientes Si ha el cuello alto, así quieren las gentes.
La nariz afilada, los dientes menudillos, Iguales, y bien blancos, un poco apretadillos, Las encías bermejas, los dientes agudillos Los labios de su boca bermejos, angostillos
Su boquilla pequeña así de buena guisa, La su faz sea blanca, sin pelos, clara y lisa; Pugna de ver mujer, que la veas sin camisa, Que la talla del cuerpo te dirá esto a guisa.
Juan Ruiz, Arcipreste de Hita
2 Receta
Busco una ninfa no tosca; Y si es bonita, mejor; Desembarazada, limpia, Y garbosa sin ficción; De opinión acreditada, Y de un delicado honor; Que sepa amar la virtud, Y al vicio tenga aversión; Buena amiga y compañera, Cuya conducta exterior Ha de ser tal, que aún la apruebe La envidia por precisión. Artes propias de su sexo Ha de saber con primor, Logrando en cualquier concurso La pública aceptación; Ni la quiero que enmudezca, Ni que charle con furor; Seria, sin parecer fría; Franca, sin provocación. Prudente, agradable, cauta, Con juicio y con pundonor, La voluntad del consorte Seguirá sin dilación. Siempre igual, siempre tranquilo Ha de conservar su humor, Aunque la varia fortuna Haga cualquier mutación.
Tomás de Iriarte 3 Receta
Receta de Mujer
Las muy feas que me perdonen Mas la belleza es fundamental. Es preciso Que haya en todo eso algo de flor Algo de baile, algo de haute couture En todo eso (o si no Que la mujer se socialice elegantemente en azul como en la República Popular China). No hay término medio posible. Es preciso Que todo eso sea bello. Es preciso que de pronto Se tenga la impresión de ver una garza apenas posada y que Un rostro De vez en cuando adquiera ese color único del tercer minuto De la aurora. Es preciso que todo eso sea sin ser, pero que se refleje y Florezca En el mirar del hombre. Es preciso, es absolutamente preciso Que sea todo bello e inesperado. Es preciso que unos pár_ pados cerrados recuerden un verso de Eluard y que en unos brazos se acaricie Algo más allá de la carne: que se les toque Como el ámbar de una tarde. Ah, déjenme decir Que es preciso que la mujer que está allí como la corola Ante un pájaro Sea bella o tenga por lo menos un rostro que recuerde in templo y Sea leve como un resto de nube: mas que sea una nube Con ojos y nalgas. Lo de las nalgas es importantísimo. De Los ojos, entonces Ni decirlo: que miren con cierta frialdad inocente. Una boca Fresca (nunca húmeda) es también de extrema pertinencia. Es preciso que las extremidades sean flacas; que unos huesos Sobresalgan, especialmente la rótula en el cruzar de piernas, Y las puntas pelvicas Cuando se enlaza una cintura ondeante. Gravísimo es sin embargo el problema de los huesos clavi culares.: una mujer sin ellos es como un río sin puentes. Indispensable que haya una hipótesis de barriguita, y en seguida la mujer se alce en cáliz, y que sus senos sean una expresión grecorromana, más que barroca o gótica y puedan iluminar la oscuridad con una potencia mínima de 5 bujías. Es muy menester que calavera y columna vertebral Casi se muestren; y que exista un gran latifundio dorsal! Que los miembros terminen como tallos, y bienhaya un cierto Volumen de muslos Y que sean lisos, lisos como el pétalo y cubiertos de suavísima Pelusa Sensibles, sin embargo, a la caricia a contrapelo. Es aconsejable en la axila una dulce gramilla con aroma Propio. Casi imperceptible (un mínimo de productos farmacéuticos!) Preferibles sin duda los pescuezos largos De manera que la cabeza dé a veces la impresión De ser ajena al cuerpo, y la mujer no recuerde Flores sin misterio. Pies y manos deben contener elementos Góticos Discretos. La piel debe ser fresca en las manos, brazos, dorso Y rostro Pero que las concavidades y los huesos tengan una tempe ratura nunca inferior A los 37 grados, pudiendo eventualmente provocar quema duras De primer grado. Los ojos, que sean de preferencia grandes Y su rotación al menos tan lenta como la de la tierra; y Que estén siempre más allá de un invisible muro de pasión Que es preciso traspasar. Que la mujer sea en principio alta O, si baja, que tenga la actitud mental de las altas cumbres.
Ah, que la mujer dé siempre la impresión de que, si cerrá_ ramos los ojos, Al abrirlos ella ya no estaría presente Con su sonrisa y sus enredos. Que ella surja, no que venga; Que parta, no que se vaya Y que posea una cierta capacidad de enmudecer súbitamente Y hacernos beber La hiel de la duda. Oh, sobre todo Que no pierda nunca, no importa en qué modo No importa en qué circunstancias, su infinita volubilidad De pájaro; y que acariciada en el fondo de sí misma Se transforma en fiera sin perder su gracia de ave; y que Exhale siempre El perfume imposible; y destile siempre La embriagadora miel; y cante siempre el inaudible canto De su combustión; y no deje de ser nunca la eterna bailarina De lo efímero; y en su incalculable imperfección Constituya la cosa más bella y más perfecta de toda la creación innumerable. Vinicius de Morães
Recuerdos alegres y dolorosos suscitados por la rememoración del ominoso asalto al Palacio de Justicia. Fui al Externado de Colombia en Bogotá pues quien más adelante sería el Contra-Almirante Clopatofky, (f.), mi pariente político, envió a solicitud de mi padre lo que entonces se denominaba <prospecto> del Externado de Colombia. Así, a secas, el Externado de Colombia. Sin Universidad adelante ni nada. Y añadió Clopa (como lo llamaron por su desbordante simpatía desde sus comienzos sus compañeros de armas) que era una universidad liberal. Yo no tenía idea de que se trataba porque amén de salir del bachillerato iluso y poético en la encrucijada de escoger carrera tenía la dubitación entre las Ciencias y las Letras. Pues nunca la tuve entre las Armas y las Letras. Así fui a fines de diciembre de 1963 a presentar mis exámenes de ingreso al Externado, no esperaba nada pero la vista de la vieja casa de la calle 23 con 16 en el barrio Santafé me pareció excesivamente sencilla con su media fachada de vidrio cual invernadero inglés de orquídeas de Nero Wolfe y el resto de la misma de rojo ladrillo de Ráquira, pueblo de olleros, de forma de panela en sus dos pisos. Nada especial, pues. Una sola puerta de ingreso y de salida, paraíso de admiradores y de envidiosos, y el pavimento asfáltico de la calle sinuoso por lo desgastado que estaba haciendo charquitos de la onda del macadán. Barrio de clase Media Baja hacia la baja y algo ya visible de descomposición social en el mismo. ¡Eso era todo para ese joven que iba al Externado! Después oí con reverencia a mis compañeros, más cachacos que yo, expresar su respeto por el Externado, compré mi botón de estudiante y me gustó sobremanera que su lema fuera <<Post tenebras spero lucem>>, que ya yo sabía traducir como <<Después de la oscuridad sigue la luz>>, moto del D. Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes Sayavedra, como a mí me gusta romper su doble a larga y arábiga. Allí estaba todavía flotante el aura del recientemente fallecido Rector don Ricardo Hinestroza Daza, nunca se le llamaba doctor sino don, último resto y eslabón con los fundadores, los otros don Santiago Pérez y Nicolás Pinzón Wallestein, (¿polaco como Clopatofsky, de la alemana Danzig o Gdansk, acaso?) quienes quisieron una universidad libre y además liberal para formar gentes dentro de la libertad de pensamiento alejándose de la confesionalidad que la hegemonía conservadora que llevó a Núñez al poder en lucha contra los radicales había impuesto. Ellos pues por un lado y el general Benjamín Herrera y otros por el Tolima con la creación de la “Universidad Libre”, la “Libre”, a secas, eran esos esforzados y antiguos combatientes con las Armas y con las Letras de la libertad republicana en Colombia. En el entusiasmo entendible recibíamos a los profesores de Primero de Derecho: algunos viejos de cuerpo y de alma, secos búhos de la catedralicia con largos rostros de castellanos de Greco, oriundos de la Sabana de Bogotá y de las landas de Boyacá, que con su ternos de paño oscuro y sus relucientes zapatos (en esto eran azorinescos) ni se mosqueaban para pronunciar aquello de <<Accesorium sequitur principale>> Luego los profesores “Antíocos” (los antioqueños) más desparpajados, vestían con algo de terrilene, que estaba de moda y llegaban en su osadía sartorial al gris claro y al habano (color de la piel del camello) y se atrevían a usar con sus trajes de dos piezas, sin el cachaco chaleco, un jersey de color claro sobre la camisa casi siempre blanca pues no llegaban ni siquiera al azul celeste de moda hoy en todas las corridas de toros que se ven por la “Tele” española. Rojo nunca, por aquello de la eritrofobia, odio al color rojo. Usaban en su lenguaje palabras más desen-fa-dadas a nuestros oídos de costeños, y se reían con la carcajada de Calarcá, cuna de abogados, o del Riosucio de Otto, o de Aguadas, eran lectores voraces y estaban alertas, nunca nada cansados. Algo vital alumbraba allí en esos arrieros codigueros. Les gustaban las Leyes y leían harta poesía y otras vainas, como las novelas de su Vallejo, la poesía de su Barba Jacob y <Aire de tango>, raro era el que no amaba el “gotán”, como llaman en su “arrevecino” al Tango, música sacra con libada de aguardientito para ellos. Y alguno echaba un acorde cantadito a lo Agudelo o Cárdenas. Aquí, Isaza Norris, el teósofo, de alucinados ojos negros de derviche druso-libanés; Duque, el filósofo, calmado siempre pero tenso; Hinestroza, el de <al derecho derecho, jóvenes>, impávido en su excesivamente joven rectorado, Carlos Medellín, con un bigote ancho que no alcanzaba a disimular su excesiva separación entre la base de la nariz y el labio superior, aparentemente apacible secretario y autor y profesor de Romano I. Acullá, el maestro Darío Echandía, escoltado por Isaza Norris, sólo iba de cuando en cuando, viejo filósofo de <¿…y el Poder para qué?>, frase que aún lo perseguía implacable en la memoria de los estudiantes. Y la muerte de su hermano Vicente. Aquí mis compañeros: las bellas santandereanas, a quienes siendo tres siempre juntas llamábamos, claro, las <tres marías>, con sus peritas de Santander, que regalaban con mano escasa. La cartagüeña de blanca y rósea piel, deci-dida a ser una gran magistrada;el costeño Abelito, siempre deseoso de mostrarse aún más costeño de lo que realmente era; el fóbico sincelejano contra el uso de corbata; el ca-chaco untuoso y falso que siempre quería manipular a los otros, inteligente y cínico como Dimitri Karamazov; el alegre y culto sanjacintero, poderoso memorioso hasta la muerte, que le sea de pies tardos, siempre lleno de optimismo y clerical a rabiar, aunque inofensivo, porque quiere a todo mundo y sólo quiere que sus amigos lo quieran. Y allí en la meseta de ese Tropical tinglado estaba uno que se hacía notar por su adustez de rostro de Montgomery Cliff, con quien yo largo aficionado al cine lo asocié morfológicamente apenas lo ví, entrevero de lo cachaco en el vestir y del terrilene de moda en “tierra caliente”, corbatas aseriadas, lento en el hablar, enfático, como desgranando las sílabas. Era el profesor de Preseminario I, materia encaminada a pensar bien, hablar bien y escribir bien. Vivía enfrente del Externado o sea que salía de su casa y cruzando la calle ya estaba en su trabajo. De la sala al aula, esa era su vida a los ojos de los estudiantes. Joven aún con una juventud imprecisable, ya tenía de sí mismo una idea clara de qué era y qué quería ser y los demás estaban de acuerdo en eso de allí que no suscitaba el ridículo con su rigidez profesoral. Había estudiado “Diritto Penale” en Roma, de sólo saber que había traducido el “Código de Hammurabi” desde el italiano aprendí a admi-rarlo al adquirir y leer el libro de las publicaciones del mismo Externado, el mismo que me ha servido para un trabajo sobre los legisladores en la Historia para destacar al amorreo, hoy jordano, Hammurabi. ….1985, 6 de noviembre. La televisión muestra lenguas de fuego, es el Palacio de Justicia, cara norte de la “Plaza de Bolívar” entre 7ª y 8ª, sitio allí donde estaba una casa de alto balcón donde Corvodez Moure sitúa la acción de un tegua charlatán que en ejercicio de la libertad de profesión de médico que permitía la legislación radical (¡grave error!) terminó ante los propios ojos del público que estaba reu-nido para ver el milagro en la Plaza de Bolívar que finalizó con la muerte de la paciente. Se llamaba Alfonso Reyes Echandía… Inédita. 07/11/2005
El franciscano cartagenero Fray Diego García y su tarea en la “Expedición Botánica”. Con este título el fraile Luis Carlos Mantilla R. OFM, o sea miembro de la “Orden Franciscana” ha escrito un libro editado dentro de la serie “Estudios” bajo el Nº 5 corres-pondiente a las “Publicaciones de la Universidad de San Buenaventura de Cartagena de Indias”. Uno de los propósitos del autor Luis Carlos Mantilla Ruiz, piedecuestano de la más pura entraña de la zona Comu-nera, con este trabajo es el de sacar de la catacumba cien-tífica el destacado papel de este ilustrado cartagenero al servicio de una de las grandes obras científicas en la histo-ria de Colombia. Estamos acostumbrados a oír y a leer en relación con la <Expedición> nombres como el de Mutis, o Valenzuela, algo menos al pintor de flores Pablo Caballero, o a Rizo, y a otros, pero ni siquiera los cartageneros sabíamos que merecía estar también entre esos paladines de la ciencia y del arte de aquella época el fraile Diego García. Como monje franciscano, pues en este caso no es aplicable a él la exacta frase proverbial que reza “como monje benedictino”, Luis Carlos Mantilla, que es un acucioso investigador sobre todos los asuntos relativos a su Orden, se zambulló en el estudio de los documentos que dieron base a este trabajo depositados en el Archivo General de Indias de Sevilla, España. Pero fray Luis Mantilla ha ido más lejos, ha biografiado al insigne naturalista y zoólogo, quien no tenía aún, como muchos importantes, un deta-llado relato de su vida. El propósito de esta obra es, pues, el dar a conocer la obra del franciscano Diego García que se desempeñó como el primer zoólogo de la ‘Real Expedición Botánica’ del Nuevo Reino de Granada y sin duda de toda la historia del País. En septiembre de 1783 el Arzobispo-Virrey don Antonio Caballero y Góngora comisionó a fray Diego como inspector de “productos naturales” del Virreinato en varias regiones, especialmente sobre especies forestales y par-ticularmente los de la herbolaria oficinal. Amén, vale decirlo, de establecer el potencial mineralógico del país. Su tarea de investigación zoológica abarcaba la fauna granadina en su totalidad. ¿Y quién ha exhumado de la catacumba científica a este sabio ignoto e ignorado? Los documentos base de este trabajo bibliográfico están depositados en el Archivo General de Indias en Sevilla, hasta allá los ha pesquisado fray Luis Carlos Mantilla para darlos a conocer a la luz pública y además para hacer una biografía, que hacía falta todavía, del naturalista car-tagenero. “Nadie mejor que vuestra paternidad se halla en estado de hacer estas investigaciones”, le escribía a Fray Diego García, el científico cartagenero, el Director de la Expedición Botánica don José Celestino Mutis, ani-mándolo para que averiguara si “el bálsamo de Tolú era -acaso- el mismo bálsamo del Perú”. Según Mantilla, apoyándose en la lectura crítica de la co-rrespondencia de Mutis y de García ni siquiera eso se sabe: de los muchos reconocimientos directos escritos que Mutis hizo de la obra de García a él mismo pero no a sus superiores con una sola excepción al ministro Polier. Según el autor Mantilla el sabio Mutis destacó más la tarea de sus pintores de la “Expedición” que la de sus científicos. Mantilla sostiene que más usó Mutis a García que a la inversa durante los siete años que este sirvió a la “Expedición Botánica” y que no es cierto tampoco el aserto de que García hubiera sido “hechura académica de Mutis” puesto que este último ya había acreditado su saber antes de que comenzara a cursar correspondencia con don José Celestino Mutis. Y de la comisión que le hiciera, según lo califica Fray Diego, “el dicho ilustrísimo y excelentísimo Góngora” con lo cual queda claro que era famoso ya antes de la era mutisiana. Fray Diego García responde con su actitud a la enseñanza de su fundador, el de Asís, de que la naturaleza es un libro abierto que Dios ha dado a los Hombres. Fray Diego era la negación misma de la ociosidad y en sus comisiones viajó a la “Sierra Nevada” y a Guajira, a Valledupar y a Ocaña enviando cajones y petacas llenas de muestras botánicas, zoológicas y mineralógicas a José Ce-lestino Mutis. Amén de eso, la comisión incluía largas re-laciones escritas por triplicado explicativas de las distintas especies remitidas. Este cartagenero nos recuerda a otro sacerdote viajero y científico que entró al Nuevo Reino de Granada por Cartagena y que fue autor de la monumental obra: “Maravillas de la Naturaleza”, y que tuvo por nombre Fray Juan de Santa Gertrudis. Cuando este vino de España fray Diego estaba en el convento de San Diego de Car-tagena como novicio. Al decir de L. C. Mantilla en su obra Mutis nunca le dio crédito suficiente a fray Diego en su correspondencia al Virrey Caballero y Góngora -de este caldo también se amargó Caldas, nuestro sabio, quien se quejó de Mutis por lo mismo y por no cumplirle la promesa de mejora dentro de la “Expedición Botánica”. Domingo, 6 de diciembre de 2005.
Pessoa y los Heterónimos. Fernando Pessoa es considerado el renovador de la poesía portuguesa a setenta años de su muerte junto a sus heterónimos el 30 de noviembre de 1935. Al morir José Silva, el del “Nocturno”, Fernando Pessoa tenía sólo diez años. En portugués Pessoa significa “persona”. Palabra que viene del latín <per sonare>, “máscara” en el teatro latino, traducción de la voz hipócrita, en griego. Pero en los estrados judiciales “persona” se convierte en sujeto de Derecho. ¿Estaba predestinado literariamente Fernando Pessoa a utilizar en su obra los heterónimos? Nunca lo sabremos. O sufría Pessoa, como se ha dicho, de una disfunción mental, una esquizofrenia por ejemplo, pues sus condiciones de crianza y de carácter no fueron buenas, fue retraído, taciturno, acomplejado, ebrio, tal vez con crisis de identidad al vivir en país extranjero para él, por el manejo de idiomas, independientemente de su na-cionalidad, el hecho de que vino a vivir a su país nativo, Portugal, ya grande, pues su madre enviudó habiéndolo llevado “menino” a Sudáfrica al casarse ella con un funcionario consular. Pessoa fue un niño solitario. ¿Pero, para quién no lo sepa, qué son los heterónimos? Los heterónimos son otros “personajes” mediante los cuales se expresa Pessoa en su obra prosística y poética. ¡Llegó a utilizar 72 heterónimos! Heterónimo es palabra compuesta de la raíz “hetero” que significa “otro” y de “nomen”, “nomine”, que significa “nombre” o bien en algunos casos, palabra. La costumbre de colocarse seudónimos es tan antigua co-mo el arte mismo de la Literatura. Sobre todo cuando aparecen las publicaciones periódicas, los diarios. El sen-tido del seudónimo ha sido analizado en sus causas. Habrá quien dice que se disfraza la personalidad por miedo, en relación a lo que se dice en el escrito. Otro dirá que por egotismo. También cabe que sea por lo que Pessoa lo hizo, para desdoblarse en un diálogo consigo mismo como los personajes de Dostowiesky. Es muy posible, y así lo han hecho algunos escritores. En el Egipto romano aparece Quinto Curcio Rufo, nombre tan frecuente en aquella época que no dice nada, además de que fueron tres los contemporáneos con ese nombre, además “Rufo” sólo significa “pelirrojo” y no es un apellido propiamente, cosa que lo hace imposible de detectar. Este Rufo escribió una obra sobre Alejandro el Macedón. Sin duda alguna el firmante como <el Viejo Aristócrata ateniense> del Siglo de Oro de Pericles tenía, si no miedo, sí mucha prudencia, suficiente como para ocultar su nombre pues fue acerbo crítico de la corrupción y del desmadre social del momento. En Colombia tenemos escritores que usaron heterónimos para tratar los distintos aspectos de sus personajes literarios. El más interesante me parece Luis Carlos López, pues aunque no utilizó heterónimos, puso en boca de muchos personajes o significó con las numerosas dedicatorias a muchos miembros de la Cartagena aquella del Corralito, desde Ernesto Posso hasta Nick Zubiría. Muchos personajes son rurales, como los del brasileño José Cesârio Verde, como ejemplo está el alcalde de Guámbaro, otros son propios de la ciudad como Antonia la “Pelada”. Pero también De Greiff utilizó muchos heterónimos para expresarse como dijo en magistral e insuperable verso “las multánimes ánimas que existen en mí”, recordamos a Gaspar de la Nuit, el cual en alemán era Gaspar von der Nacht, Leo Le Gris, Claudio Monteflavo, Matías Aldecoa, Sergio Stepansky, Eric Fjordson, Nuño Ansúrez, y claro, Mister Grey, el de la taheña barba. Para dar un ejemplo del papel del heterónimo en De Greiff juzguemos que la “Noche” como suprema noche, aparece con frecuencia cuando habla justamente “Gaspar de la Noche”. León los tomaba de la obra de otros pero algunos eran de su propia cosecha. Mucho me extraña que en su obra no cite a Pe-ssoa. Otro “gerente” de poetas fue Barba-Jacob (hijo de Jacob), donde el poeta simboliza la melancolía y la trans-humancia que pretendidamente tienen los antioqueños provenientes de su estirpe judía; Miguel Ángel Osorio que era su verdadero nombre ponía en boca de Main Jiménez la lejana niñez y juventud, el amor a la tierra y a los padres, Ricardo Arenales era el símbolo de la juventud arriesgada y deseosa de aventuras por Guatemala, por Cuba deleitosa, por el Anáhuac, como reza en su gran poesía. Aventuras que Barba-Jacob asumió con sangre como Nietzsche, nervios como Charles Marie Baudelaire y vicios como Edgar Allan, el de Boston. Pessoa pidió a su heterónimo Alberto Caeiro que publicara póstumamente su libro. Eso fue lo que Silva describió como “más allá del infinito negro donde nuestra voz no al-canza”. Para Fernando Pessoa los heterónimos fueron lo que los espejos para Jorge Luis Borges. Miércoles, 30 de noviembre de 2005.
J. J. García y su escritura Se lo oí mencionar a mi dilecto amigo Gastón Lemaitre Lequerica por vez primera, posteriormente, hace ya varios años, leí por préstamo que me hizo mi también dilecto amigo Rodolfo de la Vega Vélez, el libro intitulado “Rufo, Gobernador”, del cual disfruté mucho por la “juveliana” (de Juvenal) sátira tropical que en él se retrata sobre las personalidades de algunos gobernantes regionales a juicio de J. J. García. Comparte la obra anterior, algo que aún no he estudiado bien, con la burlesca “Égloga Tropical” del vate el “Tuerto” López. No me extrañaría que J. J. se hubiera inspirado en la segunda obra pues hasta donde alcanzo a saber fue “costecachaco” durante muchos años. No quiero tampoco hacer de esta nota simple un ensayo exhaustivo. Sólo destacar al interesantísimo hombre de le-tras que fue J. J. Entre los actuales lectores es casi desconocido y creo sin temor a equívoco alguno que en sus mejores momentos fue un cuasi-anónimo escritor igualmente. Suena bien eso de “Jota Jota” hablado pero se anonimiza al emplear sólo J. J. y con un apellido tan frecuente parece un seudónimo. Creo que J. J. lo quiso hacer así por principio, por aquello de pasar relativamente desapercibido, cosa que le ha costado a su obra un injusto desconocimiento entre las letras de los hombres de la provincia de Cartagena de Indias. Porque J. J. lo era. Amerita algo más que una nota. Es escritor de ambas letras, las altas de impecable factura, y aquellas donde no se pierde el contacto con lo terrígeno y popular como se echa de ver en “Rufo, Gobernador…”, donde se ve el modo provinciano que Cartagena necesariamente ha te-nido parcialmente siempre debido a la intensa inmigración campo-ciudad. Y hoy día al desplazamiento. Cartagena fue (¿o es?) Ciudad-Aldea durante casi la mitad del siglo XX, cuando ella como el ave Fénix renacía lentamente de sus cenizas después de su período imperial, en el cual ella sólo le hacía caso a lo que venía más allá del mar. J. J., hasta donde sé, insisto en que no deseo ser su biógrafo ni mucho menos, fue persona de una familia que reunía en su modo, talante, persona y facilidades eso del “hidalgo de la sabana”, un poco al estilo del que narró en un ensayo Alfonso López Michelsen de su querido personaje don Tomás Rueda Vargas. Pero J. J. es oriundo de las Sabanas de Bolívar y don Tomás lo es de la poli-verde Sabana de Bogotá. ¡Habrá algún nexo reminiscente por lo mismo entre sus propias escrituras? El motivo de estas letras es que Rodolfo de la Vega, ya antes nombrado, me ha facilitado otro libro desconocido de J. J. García, que antes fue de la biblioteca de su hermano Antonio, en el cual J. J. García trata tres asuntos inmanentes en la historia de nuestro país. La obra de Manuel José Casas como lingüista y filólogo de reconocida fama mundial. Sobre la personalidad y papel político de Alfonso López Michelsen. Y el tercero sobre el “Grupo Grancolombiano” y la diversificación de sus intereses. El libro fue editado por “Tercer Mundo”, en 1981, (¡uf!) y creo que no tiene reedición, lastimosamente. Los tres ensayos están escritos en prosa ágil, desbrozada (¿manes del “Brocense” acaso?) y el conocimiento vertido en ellos, adquirido mediante la lectura de libros de pulcra investigación amén de que en los tres hay alguna cercanía vivencial pues vivió J. J. en Bogotá mucho tiempo, y par-ticipó algo en la política con el “Movimiento Revolucionario Liberal”, al lado de Ramiro de la Espriella, Plinio Apuleyo Mendoza, Enrique Caballero Escovar, Jorge Child Vélez, “Nacho” Vives y tantos otros. Todos encabezados por la entonces tímida figura profesoral de López Michelsen. Y lo de que luego de la entrada del “Movimiento” en el “Frente Nacional” todos se dieron a la desbandada por des-identidad de los criterios al respecto. Pero vayamos otra vez a la almendra del asunto, a los títulos o mejor, al título de la obra que es: “Un prestigio internacional; una frustración política, un escándalo nacional”. Nada más, nada menos. Por razones de espacio me referiré en este escrito sólo a lo relativo a don Manuel José Casas o sea al primer ensayo de Jota .Jota. Y de allí vine al leerlo a saber la vertiente humanística y cuidadosamente letrada de J. J. pues es este escrito la bio-bibliografía de Manuel José Casas, uno de los grandes seguidores del mítico Rufino Cuervo Barreto, del aguerrido letrado don Miguel Antonio Caro y del viajero y poligloto Ezequiel Uricoechea, quien reposa del eterno sueño en Beirut, (en árabe “El Pozo”), en su intensa búsqueda del entramado de las lenguas hasta la pina “Torre de Babel”, en el hoy, horrendamente, castigado Irak. Muchos quieren despreciar la cultura colombiana de la época tildándola de manera ignava de “país de gra-máticos”. Pero es que en su momento Rufino, Caro, Uri-coechea, Triana y muchos más estaban, sí, señor, a la al-tura en esta rama de la ciencia de cualquier país cimero en el mundo. Alemania, por ejemplo, estimulaba la ar-queología y la lingüística, (y creaba la ciencia de la ger-manística) como afirmaciones del nuevo papel de ese país como Estado nacional, hecha la reunificación de los muchos pequeños, medianos y grandes estados en que es-taba la cultura alemana dispersa geo-políticamente. Esos estudios fueron aprovechados en mala hora, torcidamente, por los que irrumpirían en la vida política posterior, como el nefando extremismo Nazi, con admiradores crípticos aún hoy día. Pero eso no era culpa de la ciencia en sí misma. Sino de la utilización política de la ciencia.El sta-linismo hizo de la misma manera. En cambio, aquí en Colombia, don Rufino, el señor Caro, a quien se quiere disminuir por su tonta frase de que se alegraba de no haber ido desde Bogotá sino sólo hasta So-pó, Miguel Triana, Ezequiel Uricoechea, Rafael Celedón en la provincia de Valledupar, don Luis Patrón Rosano en Cartagena, en Barranquilla el legendario monseñor Pedro María Revollo, el barranquillero de origen hebreo-alemán Adolfo Sundheim, y muchos más, seguramente, pero no todos en mi saber ni en mi memoria en el momento de escribir esto. Fueron nuestros lingüistas factor de identidad nacional y de integración de manera adelantada pues fueron ellos los que primero les pusieron bolas, como se dice, a nuestros indígenas en su aspecto lingüístico y cultural, lo que no es poca cosa aun hoy día cuando sólo desde la constitución de 1991 se les identifica a nuestros aborígenes como ele-mentos integrantes importantes de la nacionalidad. <La Libertad>, Barranquilla. Miércoles 11 de enero de 2006.
Sobre <Cartagena marinera>, exposición pictórica del artista-pintor Jesús Díaz. El expositor de la tarde de hoy, Jesús Díaz, nos muestra una serie de trabajos sobre el tema del mar denominada por él mismo <Cartagena marinera>, tratados en la técnica del acrílico que son dignos de mirar una y otra vez. Jesús Diaz, el artista autor de esta muestra aúna en su oficio singular destreza de los pinceles y un conocimiento del mar notable, pues Jesús tiene y ejerce la profesión de car-tógrafo como resultado de su capacitación durante su larga permanencia en nuestra Armada Nacional. Pero lo técnico nutrió su visión poética del mar y de sus costas, las cuales nos entrega en rulantes líneas eva-nescentes del horizonte, en la pulverización del agua de mar al chocar contra las rocas de las orillas que compiten en solidez con la silueta de las murallas que se ven en lontananza, la silueta del paisaje marino cartagenero en distintas horas de la puesta del sol. Jesús contrasta en su pintura las grandes masas oscuras de las movidas olas del mar con la blanca espuma superpuesta, la serenidad de la tela de las velas de las embarcaciones con el agitado y proceloso desdoblarse del mar. Otros de los motivos de la pintura de Jesús Díaz es el tema de los barcos de indistinto tamaño y condición. Dichos barcos son verdaderas gráficas de las partes de las em-barcaciones hechas con todo detalle. Algunos de ellos pertenecen a modelos históricos de embarcaciones y otros son más actuales. Es notorio en la pintura de Jesús Díaz el detalle que se regodea en la representación de las maderas dando la sensación de la madera misma hasta cuando el dedo sigue en la indagación al ojo del espectador. ¡Pero no las toquéis! El lienzo de Jesús Díaz como soporte de su pintura es símbolo de su trajín diario: la carta de navegación con to-das sus especificaciones aún visibles e intencionalmente dejadas allí como parte de la pintura. De esa base está hecha su labor pictórica, de ese nivel horizontal, aunque móvil del mar, emerge alíluengo su vuelo de creador tal la marinera ave llamada albatros, que no puede caminar pero que mereció de Baudelaire el verso que lo describe como “príncipe del azul”. Jesús Díaz nos señala como el mundo es el mismo: sea aire o agua. Pues estos adquieren en su pintura una línea divisoria que suponemos imaginaria más que real: es la conjunción donde se encuentran en el horizonte la superficie del mar y lo inferior del cielo. Allí los azules o los grises son todos unos. Sólo a veces separados ti-midamente por la blanca cresta de la espuma. De las a-guas y cielos confluyentes en la pintura de Jesús Díaz sólo nos falta visualmente, pues los que la conocemos en la obra de Botticelli, sabemos que emerge alta de senos Venus Anadiómena, surcando el mar en una galera-venera de nácar al impulso del boqui-soplante dios Eolo. Portal “CAFÉ BERLÍN”,7 de abril de 2006
Las novelas epistolares El género de novelas es amplio y variado pero el que se desarrolla en su temática mediante cartas -o sease en el estilo epistolar- es en la actualidad poco utilizado, con excepciones que por lo notorias han hecho que los lectores se hayan vuelto a fijar en él. Las tres que aquí citaré tienen temática histórica, o sea que al propio tiempo que epistolares son también novelas históricas al uso, es decir con corresponsales reales, lo mismo que provistas de situaciones datadas en realidades narradas por los cronistas o historiadores, pero dejando el campo suficiente a la conjetura racional, vale decir a la interpretación del novelista y en algunas ocasiones a la reconstrucción del asunto por parte del mismo. Aunque “El general en su laberinto” cabe como novela en esta categoría está escrita parcialmente en el estilo del otro elemento anotado antes, vale decir, en cartas. Corresponde al novelista Thornton Wilder la primera cita, en este caso, con su obra “Los Idus de marzo”, referente a los días de la dictadura de Julio César y a las cons-piraciones que desembocaron en su muerte por asesinato. Con la ayuda de su imaginación, Thornton Wilder, sumado a los escritos de Suetonio y de otros, ha logrado el magnífico novelista retornar a la realidad muchas incógnitas sobre el tema, y a llenar vacíos en los arcanos relativos a aspectos aún hoy en día oscuros de la época cesariana y romana en los días previos al derrumbe de las instituciones republicanas, y a la entronización del abso-lutismo monárquico al estilo de los pueblos de Oriente, implantado con el advenimiento de Octavio a la con-ducción del Estado romano. Los personajes son muchos y no todos tienen en la obra el papel que jugaron en la realidad de verdad, sino que aquí el novelista es, como bien anotaba Vargas Llosa, un “dei-cida” que recrea el mundo. Por la trama de Wilder van apareciendo Pompeya, la amada tía Julia de César, Clodio y su hermana Clodia Pulcher, pero también el gran lírico y amoroso poeta Catulo, de tan enérgicos poemas contra la causante de sus males, Lesbia, magistralmente trasvasados en sus “querelles d’amour” (cuitas de amor) contra la “inconstante” que se las causó. El mismo César aparece como pensador íntimo y reflexivo sobre temas tan interesantes como el Poder, las mujeres, la soledad, el dinero y la muerte, entre otras situaciones humanas de alguna trascendencia. En el siglo de la literatura íntima -el Dieciocho- que también cuenta, entre otros, el género denominado “Memorias” y el de las “Autobiografías”, que podrían constituir otras versiones de las llamadas “Confesiones”, al estilo de las de Rousseau, se dio en Francia la entrega de la novela de Choderlos de Laclos denominada “Re-laciones Peligrosas”, cuyo desarrollo es también epistolar, aunque los corresponsales eran todos personajes de una misma actualidad vital al del propio tiempo del autor -contemporáneos- de manera diferente a la primera obra de personajes pertenecientes al pasado, bien lejano por cierto, a cuya asistencia sólo le es dable al novelista el apelar a los historiadores. Dentro del género, sin ser del estilo de la “corresponsalía” epistolar, podríamos citar otra novela en esta nota de-dicada a la novela reconstructiva y semiconjetural, por llamarla de algún modo, que la distinga de la que lla-maríamos “puramente” histórica, aunque toda novela es “per se” (por el hecho mismo) una modificación de la rea-lidad, sujeta al arbitrio del fabulador que le dio vida. Se trata ahora de las “Memorias de Adriano”, en las que Hadriano Imperator cuenta en primera persona, aunque no así en epístolas, su vida, aunque sí envía dentro de la narración varias cartas, todo esto dentro de una especie de diario personal, que funge como una gran carta póstuma a su sucesor, según se echa de ver en la total lectura de la obra. También Yourcenar acudió a la historia y a la literatura ambiental de la época, pero de igual modo incluyó la literatura producida, especialmente en su obra poética, por el propio personaje -Adriano- biografiado y novelado, entre las cuales incluye un verso de su ilustre poema -“animula vagula, blandula”-, verso que engloba la quintaesencia de su pensamiento, plagado de la sensación de la fugacidad ante la vida mostrada por su autor Adriano, y que fue motivación permanente e integral de su inspiración poética. A partir de Víctor Hugo, y antes, con W. Scott, el género de la novela histórica hizo su entrada en la narrativa, pero es relativamente novedoso el narrar en “Novela” mediante el desarrollo compendiado en el cruce de cartas. Viernes, 21 de abril de 2006. Inédita.
El “Doble” La idea del “Doble” tiene un origen mágico, ya entre los egipcios antiguos el alma (Alma Ka y Alma Ba) era descrita así, y en las tumbas se representaba en una pequeña estatuica denominada “ushabti”, que debía pro-teger al muerto. Parece ser que en el Japón medieval existía el hecho de escoger un “Doble” parecido físicamente al Señor feudal para protegerlo del enemigo en la batalla o en los azares de la agitada política de aquel tiempo, cuando los “Señores de la Guerra” trataban de centralizar la monarquía en el “Mikado”, en cabeza de uno de ellos. Así nos lo muestra Akira Kurosawa en el magnífico tratamiento que del tema hizo en su filme “Kagemusha”, sobre la epopeya de un “Doble” de origen humilde, que al morir en un atentado su Señor natural, llegó a “desdoblarse” al punto de que asumió el papel hasta el extremo de morir por la imagen de aquel a quien representaba. El “Doble” existe de un modo mágico o histórico, como los casos ya anotados, pero es susceptible que no sea una sola persona, que como en la novela de Dsotowiesky se desdoble hasta creerse dos, y escapar de la triste realidad de una vida gris mediante “otro” que asumía un estilo de vida muy diferente al del primero. ¿Pero existen los “Dobles” realmente? ¿O son sólo una aproximación que la mente exaltada exagera hasta considerarlos plenamente idénticos, tanto como dice la vieja fórmula de “una gota de agua a otra”? ¿Será acaso nuestro tratamiento el que suscite respuestas parecidas entre personas que se identifican en actitudes semejantes ante la vida, los que comprenden también usos y modos sociales e ideas propicias en medios compartidos? Pero se pregunta uno si también puede ser que la repetición o “clonación” que ocurre en los seres de la vida de tipo primarios, se dé también entre seres humanos de un modo básico, con la idea de que la igualdad absoluta es menos posible que una sólo absolutamente relativa, que así nos lo parezca, y que el resto lo hagamos nosotros de complementadores conscientes de esto, y creadores de la asociación, porque el estereotipo nos agrada y la seductora idea nos impele a convertirla en el arquetipo ideal, o por lo menos en un prototipo que nos suscite alegría. ¿Qué de raro hay en que dos personas se parezcan tanto, sin ser gemelos en puridad o ni siquiera vitelinos, si al fin y al cabo somos todos participantes del “Uno y del Todo” en el viaje de los “fylum” (filae) genéticos, y que ya existiendo seamos nosotros los que llevemos algo tan sencillo de la vida como eso a la fantasía, liberadora de ese hecho natural de la creación hasta crear el asombro y el natural estupor. Los espiritistas, y particularmente los Indios (hindúes), sostienen que las partes se parecen, por la simple razón de que vienen de un todo que las engloba a todas, ¿pero será también posible que las partes equivalgan sólo a una por persona o una parte pueda ser compuesta por dos personas o más? Y que de allí estas se parezcan tanto. En la idea de que “todo fluye” se comprende aquello de la re-encarnación sucesiva; ¿pero se podrá reencarnar acaso cuando las dos personas viven al propio tiempo y son casi absolutamente contemporáneas? Adenda: La primera referencia al “Doble” tal vez provenga de la literatura sumeria, me refiero a aquel poema denominado “Gilgamesh”, en donde el héroe del mismo nombre ago-biado por sus pecados los deja en boca -por arte del poeta, en este caso anónimo, de un “alter ego” que le aparece bien avanzado el desarrollo de la narración. Este “Doble”, llamado Enkkidu, es equivalente a lo que se ha dado en llamar “chivo expiatorio”, y que cargará con los pecados del personaje principal, Gilgamesh. Cargará con los pecados y lavará la culpa que estos suscitan. Así, el héroe respirará tranquilo. Cuando don Quijote salió por primera vez la narración só-lo tenía el carácter de descripción objetiva por parte del autor, don Miguel de Cervantes, ya que sólo en el mo-nólogo se muestra la consciencia subjetiva del personaje. Pero prontamente el narrador omnisciente inventa la figura contrapuesta o antinómica de Sancho y entonces habrá en la obra diálogo. Pero el “Doble” se presenta también en el monólogo, tal como nos lo muestra el mismo Shakespeare en el de Hamlet, en el cual el príncipe que se finge loco lo hace para “desdoblarse” en la demencia y así poder decir lo que desea decir de manera encubierta. El bufón de las cortes festivas de la Edad Media asumía el rol de criticar lo que seriamente nadie se atrevía a proferir. No es el bufón sino un vocero, al modo de Rigoletto, de quienes temían a la nobleza de “horca y cuchillo”. Podríamos juzgar al profeta un “Doble” pues nunca habla en nombre propio sino que se llama a sí mismo “la voz de Dios”. En materia gráfica igualmente el creador trabaja el men-saje con más de un personaje y en la larga sucesión periodística tenemos a Tracy y Sam, Superman y Clark Kent, y <tutti quanti>. Después de Dostowieski el “Doble” es insuperable en la presentación del carácter de un pobre oficinista que entra en un proceso de desdoblamiento seguramente -diría un especialista de la psique- esquizofrénico, pues no volvió a su propia identidad sino al final de la novela. Y se reencontró con su identidad. Y se gustó a sí mismo en su papel de pequeño oficinista. El “Doble” en alguna de sus variantes se nos presenta -de igual modo- en la Biblia, Eva no es la “Mujer” sino, según la palabra empleada, “varona”. En el relato de la venta del derecho de primogenitura entre dos hermanos, quien quiere ser reconocido como el mayor para así dominar y heredar engaña al verdadero primogénito con un “guiso rojo” -según algunos, lentejas- para seguidamente forrarse los brazos con una piel de cabrito y parecer velludo como su despojado hermano para sonsacarle al padre de ambos, viejo y moribundo, el reconocimiento del anhelado pri-vilegio. Al ir el viajero a los campos donde medró la cultura de San Agustín en Colombia queda la inquietud asociada a esas pequeñas figuras que situadas en los hombros o en el cogote del representado y que se han supuesto como el “alma” o el “otro yo” de la figura principal. El mito escita recogido por Platón explica el amor como la búsqueda que una parte separada de su “Doble” -en realidad su mitad gemela- hace durante el resto de su vida. Es esta fantasía la que se impone relativa a la supuesta dualidad de cuerpo y alma prevalente durante milenios hasta nuestros días. Domingo, 7 de mayo de 2006.
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