El Día de Francia

Juan Dager Nieto

 

Rey Sol. Enciclopedistas. Después de mí el diluvio: El rey panzón que se la pasaba arreglando relojes. La frívola austríaca. El rey jurando en el “Campo de la Pelota” con la banda tricolor. Simpatía por Luis. Luis escapa y es  reconocido por su efigie en una moneda. Ansiedad al recordar que en ese momento si no hubiera sido por su parecido a su “vera efigie” en la moneda no hubiese sido llevado de vuelta a París. Luis XVII, sacrificado tan injustamente como está siéndolo Camila Michelsen- unánime con Unamuno en aquello de que los niños son sagrados-cambiando lo cambiable. Todo mundo suspira angustiado por el daño a un niño aunque su familia centralizara el sistema corrupto. Hélas! El cabezón del noble arruinado de Riquetti y su verba poderosa-Crisóstomo de la Revolución-Robespierre-de ojos de agua- y la metraille de Arras. Langouste a la Thermidor. La trenza postiza del Incorruptible también cae. El Corso hace su curso. Luciano se luce como orador. Según la Duquesa de Abrantes Napoleón se desmayó en la Convención. Buonaparte es griego- Kalomeros es Buona_ parte en italiano- ella es Comnena, algo debe saber de ello. La “espada de la Revolución” (l’epée de la Revolution) que dijera Barràs vence en Arcole y Campoformio. Napoleón-que no sabía bailar-baila con las “contesinas”. El estudiante piensa “en cambio el profesor dice que si algo sabía hacer Bolívar bien era bailar con las ñustas”.

Además de -claro- vencer a la Naturaleza si ésta le era opuesta. En la mente del infante gana Bolívar, Bonaparte viste la púrpura. Maldito traidor al pueblo. Ahora es él quien se entroniza y se corona. Ultrajó a Pío dice píamente el hermano cristiano. Rabia entre algunos alumnos. Desquite, fue vencido en Waterloo. A Elba con él. Cien días reflejados en el diario Moniteur a medida que se acerca  a París. Oh, lagartería! ¡En fin, dice M. Thibaut: “Le quatorze juillet c’est le jour de la Fête nationale! (Día en que los parisinos se tomaron la Bastilla). El niño sale de clase con el asombro reflejado en sus ojos de alinde dilatados como platos.

 

 
 
 
 
 
 
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