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Premio de Poesía Comfamiliar Colombia/Chile 1985 GARRINCHA
José Luis Hereyra
Migratorio de este espacio, desperdigador de descendencias. Agotador de estaciones hechas aro de fuego encendido a traspasar por tus gambetas. Prestidigitador de grama en cielo. Payaso doloroso, jubiloso, que te atreviste a atreverte, mutando constante de cuero esfera en magia irrepetible. Arte sangre de un balón que por ti hizo de un pueblo la alegría. Dejaste la grandeza de revistas a los mercaderes que se portan bien y son cacarear ejemplo a la juventud. La increíblemente santa inquisición del no atreverse a amar le disputó tu felácica cabeza al hondo lago de la cabaretera. Pájaro de pobres, Garrincha, del suelo fumigador tres cuartas. Cintura rota al otro fue el secreto y no supiste, de tanto engañar a los demás, dónde tú estabas. Un oscuro instinto en ti delimitaba el juego a juego. Eras un ansia que no se soluciona; una rodilla hinchada, anestesiada, cuando querían que fueras circo de rombos en la rectangular llanura que es callejón centrado en cueva red. Dios por noventa metros limitado. Mismo muchachito que herías con tu hambre el hambriento firmamento de Pau Grande. Después vino la glori, y no sabías contar. Dicen que a la mujer el hombre come el vientre, mas el tuyo en tormenta de caderas y embrujo bien comido fue. Cómplice de ella, mientras en ella licuabas el olvido. Ni aun siendo fuiste más que el pájaro que birla, al ser mañana, en los demás la tarde. Nadie jamás pudo pararte. Fuiste el más profundo dolor de comprender la jaula que desde que nacemos nos rodea y que se abre como neblina en la muerte. Barco herido, de torcidas piernas, por los pólipos de la desgracia imperfectas curvas paralelas. Violaciones dos de carne samba en geometrías. De allí tu dinámica magia de un ajedrez de solo alfiles, continuidad de caídas enemigas a tu paso. Porque fuiste aserradero de cinturas, Luego a ras de suelo impotencia de miradas. Al quedar solo duplicaste embrujo y las favelas, con su encendido corazón de iluminada vela, murmuraban tu nombre: Manoel. La tierra no supo ser tan larga como tu tristeza. Sería inconsecuente, por lo tanto, deportar de ti la sola soledad que te talló cuando nos tallan, exacto puente de abismo de carne y caderas que en ella fue de primitivo amor presente ser. La grandeza, en una incierta escala, brumosa colina, niebla inexistente es. Pero tu pueblo desde antes de tu ausencia vela. Cuando antes del morir eras la olvidada garganta por el licor quemada, sabías que nada toca al hombre, al inevitable ser de su ser. Menos a un sudor que fue hombre, gambeta, sudor que como todos pasa y sin sol seca. Arte sin querer. Del estadio de la muerte finta de mediodía sin anochecer.
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