Luis Carlos López: Dibujante y Pintor.

 por: Juan Dager Nieto

 

El título de este trabajo es un aspecto inédito de la obra de este vate cartagenero. Leyendo y releyendo su obra en períodos diversos se me hizo patente un matiz interesante en el empleo que hacía de vocablos hispánicos provenientes de la lengua arábiga (ya desde mis comienzos del Bachillerato) incrustados en el español y que permitieron –a quien esto escribe- realizar un estudio-ensayo sobre el tema con el título de “Hispanismos de origen arábigo en la poesía del cartagenero el “Tuerto” López, que salió impreso en el año de 1992 con doscientos ejemplares, con reedición en 2000 de mil ejemplares.

Otra faceta incógnita es la que representa el motivo de este trabajo, la condición del poeta como dibujante, pero ya no con el lápiz o el carboncillo sino esta vez con la pluma, pero tampoco con materiales propicios al dibujante como lo constituyen el papel o el cartón o la cartulina para el dibujo definitivo o el boceto. Se trata, pues, del dibujo hecho, con letras, o mejor del dibujo o representación literaria al cual podríamos también denominar representación y más precisamente descripción.

Después de la también reiterada lectura de la obra “El ‘Tuerto’ López al alcance de cualquier Bachiller”, libro compuesto al alimón por Policarpo Bustillo Sierra y Jaime Gómez O’Byrne damos desarrollo al estudio de este aspecto del poeta cartagenero, nacido en el movimiento modernista que tuvo como inspiración un nuevo manejo en el lenguaje, en el tratamiento de los temas, en el uso de las metáforas, en la utilización de los símiles, en el empleo de los símbolos poéticos, en el discurrir del humor, en la contraposición entre lo bello y lo sublime y aún en lo feo y lo grotesco y más allá de eso en lo sórdido. Si el Impresionismo en la Pintura destacó la Luz como tema esencial de ella y pronto vino el Expresionismo a inspirar un arte cuya temática constituía precisamente la categoría de lo sórdido, del desespero, de la pobreza, y aún de lo brutal y lo horrible como contraprestación de la búsqueda de la armonía y del orden en el Arte.

El “modernismo” de Luis Carlos López dejó atrás la manera poética de Rubén Darío, de Enrique Gómez Carrillo, de José Santos Chocano, de Leopoldo Lugones, de Valencia, y de José Asunción Silva, etéreo y fugaz no obstante a que en “Gotas Amargas” bajó a lo terrenal, no tanto como Julio Flórez, que de lo terreno descendió a lo macabro  de la fosa cuando no remontaba su estro, como la luna de su poema, a lo sideral.

Luis Carlos López desmitificó a la poesía en buenos versos, con un lenguaje excelente, parco y preciso; con buena rima, aunque a veces quebrada (pocas veces con versos “cojones”, o cojos, pero también los tiene) intencionalmente, para aguzarlos aún más. Mostró las costumbres pero solo como base para la crítica y en ocasiones para su “divertimento”.

Buscó el realismo para llegar a lo cotidiano inmediato.

En el formato métrico escogió el soneto, por su brevedad y concisión. El molde limitante del poema. Más que palabras utilizó líneas, trazos, esbozos vigorosos y la ausencia de éstos suplidos por su ironía. Fue el caricaturista en verso, el bocetador en verso. No fue fotógrafo sino pintor. Y pintor cromatista o cromático, como buen pintor, dando al color que empleó una valoración única e inusitada antes en la poesía, en la literatura colombiana. Sólo retrató lo indispensable de las personas descritas en su poesía y lo esencial de los hechos. Así describió y coloreó a su tinglado teatral, <La Comedia Tropical>, que ya descubrió Zalamea, y a los personajes que hizo desfilar por su personal “guignol” o tinglado.

Su Color dejó de ser rojo, azul, amarillo, y, así sucesivamente, creó un nuevo matiz en él. Precisó su natural inclinación a la pintura estudiando y practicando dibujo y pintura en la Escuela de Bellas Artes de Cartagena, dirigida entonces por Epifanio Garay, quizá allí decantó su facilidad hacia la plástica para dibujar, retratar o hacer caricatura, pero como concepto vertido en rima o en verso.

A continuación iniciaremos una cita, primero sobre el uso del color en su particular manera y después una de la utilización del grafismo literario seguido de la metáfora como recurso descriptivo a través del símil empleado en los versos del poeta Luis Carlos López, el “Tuerto” López:

En “A bordo”, un soneto compuesto de 4 cuartetos, dice: “Teñido con semilla de zapote”, al final de la primera cuarteta.

En la 3ª cuarteta, primer verso, dice: “negra nube”.

Al finalizar el poema, la 4ª cuarteta reza: “su entrecejo canoso…”

En “A don Luis”, poema dedicado a Luis Patrón Rosano, el quinto verso dice: “pardo búho”. En la 5ª estrofa, con formato de décima, anota en los versos 6 y 7 lo siguiente:

“Sobre la verde grama

Confidencial”.

En el soneto dedicado “A Julio Flórez”, en el primer terceto, segundo verso, dice:

“Que siempre libre en tu prisión dorada”.

En el soneto “A Luis C. Visbal”, la cuarteta reza:

“La sonrosada aurora”; “La negra desventura”; “Los ojos de azabache”; “La boca de coral”…, así, entrecomillados, lo que atestigua que son citas de otros poetas (sin identificación) hechas por L.C. López y por la dificultad que radica en que dichas metáforas son lugares comunes en poesía (de allí la ironía con que López los mira) y que pueden ser versos de cualquier poeta. Al menos de aquellos a quienes fustiga León de Greiff al llamarlos “poetas del gélido polo” y “del canoso invierno”.

Expresando esos tópicos fáciles López, a rebours, da su concepto novedoso del color. No es, pues, como se ve, casual, sino intencional en él.

En el poema, compuesto por dos estrofas de seis versos cada una, en la segunda de aquellas dice en el comienzo del primer verso alejandrino:

“Los blancos, bellos cisnes que salen de las frondas”.Homenaje a Darío.

El soneto “A Rosalbina”, dice en su 1ª cuarteta, 2º verso:

“Que ante vuestro mirar de ojos de gato”,

En la Costa Atlántica decimos de un cierto color de ojos, que es “gateado”.

El soneto “A un bodegón”, 1er. cuarteto, 2º verso, trae el siguiente uso del color blanco y del negro, en una figura llamada oximorón, a saber: “De juventud qué blanco era tu hollín”.

En otro soneto con título “A una maestrita”, dice en los versos 2 y 3 del 1er. cuarteto, como sigue: “Su flequillo rosado de travieso borriquillo”; y en el 4º verso: “y su boquita roja, su boquita en flor”, en la 2ª cuarteta, 2º verso:

“Tierna manzana de rojizo brillo”.

He aquí lo que podríamos llamar tres matices de color “rojo”.

“Al padre Donoso”, es un soneto en el que en el último terceto, verso dos, con una metáfora, novedosa para el uso del adjetivo se lee:

“Las unas con el pelo de mantequilla”;

El soneto “¡Adiós!”… es un soneto irregular, la estrofa es un quinteto, donde el azul (término arábigo) campea como se echa de ver, en los versos, 4º y 5º, iniciando la lectura, así:

“Bajo el zafir del cielo,

cortando la infinita turquesa de la mar”.

En el soneto nombrado “Añoranza” la luna pasa de un matiz del blanco, presentado por el color amarillo, al blanco puro de la plata, 1er. terceto, verso 3:

“Y de un charco amarillo

surgió la luna de color de argento,”

En el soneto “Apuntes Callejeros”, 1er. terceto, 2º verso, lleva el “colorado”, rojo, a la desmesura, con el adjetivo “voluminosamente”, constituyendo así un color novedoso.

En la lejanía de “Barrio Holandés”, soneto de versos quebrados, el color que cita L.C. López recuerda al del pelo y al de la barba de Vincent Van Gogh, en el 1er. cuarteto, 4º verso, y a continuación el 1er. verso del 2º cuarteto:

“Por la calle. Amarillo

de mamey”.

Y en el mismo irregular soneto, el 1er. terceto, verso 2º dice:

“Con un remiendo azul en el fondillo,”

“En camino de Bogotá”, otro soneto de pie quebrado, emplea en el 2º cuarteto un símil inusitado, creando un nuevo cromo, al decir:

“Color de cera

Sucia”.

Otra novedad en el color se encuentra en el poema compuesto de 6 estrofas, de tercetos, que finaliza en un cuarteto intitulado “Campesina, no dejes…”, en cuyo terceto inicial se lee en el 2º verso:

“Con tus rubios cabellos-coliflor en mostaza-“

Y el tercer terceto:

“Con visos de pavón, su cabellera

funeral como el ébano y la endrina”

y más abajo, en el terceto final, verso 3º

“bajo el sopor azul de la morfina”.

En “Cinematografía”, un poema en tres estrofas, integrado por cuartetos, comienza con un verde que no se encuentra en ninguna otra parte, acaso el de la mirada de la Gorgona:

“Todo verde, de un verde

que maltrata los ojos…Reverbera”

En “Crepúsculo sedante”, en el segundo verso de un poema escrito con dos cuartetos encontramos:

“La tarde-satinado papel multicolor”.

En un soneto, cuyo título es premonitorio, como que se intitula “Cromo” hallamos un despliegue cromático:

En el 1er. verso de la 2ª cuarteta:

“Amanecer. Por fin el confín cetrino”.

En el 1er. verso 1er. terceto:

“La campiña, de un pálido aceituna,”.

Para finalizar, en el 2º terceto, con:

“Y el viejo Osiris sobre el lienzo plomo”

Yal final:

“Quien va sacando una calcomanía…”

En otro sonero de título “Cromito”, se lee:

“brilla con los tintes de la mermelada,

y detrás de un techo de color de ají”.

“Croquis” es un soneto en cuya 1ª cuarteta se emplea un nuevo matiz de color, “blancura de la clorosis”, seguido de otra metáfora cromática “cana neblina”.

En el mismo soneto en color gris toma un renovado matiz al denominarlo “remedo gris de telaraña”.

“Croquis hogareño”, poema de tres cuartetas, trae en la última de estas, en el 2º verso, otro “gris”, esta vez “de un invernal cariz panza de burro”, que nos recuerda el color de la barriga del rucio de Sancho Panza o la de “Platero” de Juan Ramón Jiménez.

El soneto titulado “De caza”, en el 1er. cuarteto trae los versos, 1º y 2º, “de mariposa tornasolada”, y en el 3er. verso dice también “blanca fuga”, donde el color tiene un nuevo valor cromático.

En el poema “De mi predio”, 2º verso, dice L.C. López “enjalbegadas”, que el Drae trae como “blanqueadas”, para las paredes, con cal, yeso o tierra blanca.

Al final del mismo poema, da un nuevo tono al ocre, al denominarlo “ocre bermejo”.

“De Postres” es un soneto donde el color campea por sus fueros, en el primer verso dice “color de chocolate”, en el 2º dice “color rapé”, que es el que tiene el tabaco en polvo o rapé, los costeños aún decimos “zapatos rapé”, etc., y que es el mismo color marrón.

En el soneto “De tierra caliente” se utiliza para calificar el color del mar, “bilioso”, de color verdoso como la bilis.

El poema “Desde mi celda”, además de un “verde” trae “monacal verdín”.

“Desde mi predio”, (soneto) es muy rico en llamadas al color, 1er. verso, 2º cuarteto, trae “rojo”, seguido de “verde”, y en el 2º verso del 2º cuarteto, utiliza “azul”, al final, en el 3er. verso, 2º terceto, trae “tornasolada”.

El soneto “Desde un pontón” trae “amarilla” en el 1er. cuarteto, 3er. verso.

En el poema “Despedida”, utiliza un especial verde, “el verde perico”.

En la 2ª cuarteta de “Despilfarros” emplea “tornasolada”, nuevamente, para describir a la cabeza de un camaleón; al final del mismo dice del cielo que es “gris”, en la estrofa III. En este mismo poema, estrofa VII, dice “ribete rojo”. En la estrofa XI emplea el verso “lejano color amatista”, matiz del violeta que tiene la gema llamada amatista, que se usaba en la Grecia antigua para evitar la embriaguez. En el mismo poema, estrofa XVII, dice cielo “azul”y lo repite, “azul”, en el siguiente verso.

En otro soneto, “Despilfarro” emplea “glaucas”, de color verde mar.

En el soneto “El zagalón de Pepe”, en el 1er. terceto, verso 4º, emplea “azafrán” como color de los cabellos de aquél. Al final, en el 2º terceto, verso 3º, a “unción” la adjetiva con el color “blanco, (a)”. En “Guámbaro”, otro poema, la joven descrita en el 2º cuarteto, verso 2º, lleva un  delantal “gris”, un color que tiene al propio tiempo del blanco y del negro y que es la negación de la luz tropical.

En el poema “En el malecón”, primer verso de la 1ª cuarteta, dice que el sol es “rubicundo”, o sea “rojizo”.

En el soneto intitulado “En la penumbra”, en el 4º verso del 1er. cuarteto describe a la sed como “caliginosa”, oscura, pero que el diccionario también describe en poética como “nebulosa”.

“En la playa”, soneto, describe la lona del barco como “triangular”, en una especie de trazo literario de un dibujo. Otro rasgo lineal está en el 1er. terceto, verso 2º y 3º, “viendo la raya, esa raya del confín”.

En el soneto “En Odeón Platz” dice L.C.López, nuestro poeta dibujante y cromatista, en el 2º cuarteto, 3er. verso, que es más “rubio que un canario”. Metáfora magistral.

El poema “Fresco amanecer” trae en la 1ª estrofa, verso 2º, el empleo de la expresión “faz clorótica”, que el diccionario describe como un barbarismo para aplicar a los seres humanos, a los cuales se les clasifica con más propiedad como “anémicos”, para calificar al sol en su color.

En “Hongos de la Riba”, en la 2ª estrofa, dice “rubio como la estopa”, en una nueva aplicación del color rubio que utiliza López en este soneto. En “Hongos de la Riba”, III, en la 2ª cuarteta, 4º verso, se lee “feliz con su terno canario y turpial…!

En el poema denominado “Tercera epístola”, 2ª estrofa, emplea el término “giro” en el 1er. verso, “gallo giro”, que se dice del color amarillo o rojizo, sobre todo para calificar el color del plumaje de los gallos.

En “Los que llegaron de Paris”, soneto, en el segundo cuarteto, emplea para el sustantivo falda un “color mimoso” y un “azul lilial”, y un verso adelante usa “rubor de lacre” (rojo) para el sustantivo “cabellos”.

En “Llovía…” las metáforas están en “encaje sucio del agua” y en “paisaje al crayón”.

En “Mi azotacalles”, 1er. cuarteto, el 1er. verso alude al término “lienzo”, para entrar a narrar por parte de un pintor la situación de pintar a su modelo. En este soneto se describe el pintar un cuadro de manera literaria.

En el soneto intitulado “Mi burgo”, en el terceto final, hay un “azul” para calificar a un “cielo”, siempre primaveral.

En el poema “Misantrópica tarde”… se utiliza por parte de L.C. López un original “barcino”, que proviene, según el Drae, del término árabe “barsi”, y que traduce, “mezcla de color mixto de cetrino, o negro, y rojo”, es decir, un color abigarrado, manchado, para calificar a los animales de pelo blanco y pardo, y a veces rojizo, como ciertos perros, toros y vacas. Al final del mismo poema, en la última estrofa, en el 2º verso, comienza hasta finalizar, el 3er. verso: “una fresca pincelada de luz”.

En el poema “Naturaleza irónica…” hay tres alusiones al color y a la representación gráfica: “tu cielo azul”, la primera; seguida en el verso tres por “de una benevolencia de zafiro”, en la segunda estrofa hay “un barco de cromo”, en los versos 2º y 3º.

“Noche de pueblo” es un poema donde la luna tumefacta como un grano, está en el “azul” plafón.        

En una metafóra muy localista el poeta nos habla en “Noche señera” de que la “luna es un medio mamey”, comparación insólita con una fruta muy nuestra que constituye en sí misma todo un resumen gráfico.

En el soneto “Non plus ultra”, en el 1er. cuarteto, emplea el color “cetrino” que es el color descrito como verdoso o amarillento por el Diccionario.

En “Nota de viaje”, en la última estrofa, el carromato, la rara vegetación y las aves zancudas sirven para “dibujar un biombo japonés”. Este poemilla tiene el fondo de un “kakemono”, o pintura vertical, de un pintor del Imperio del Sol Naciente.

Con una clara alusión al contenido del poema, el título del mismo, “Paisaje de Sorolla”, alude al tratamiento que el famoso pintor español, nacido en Valencia (1863-1923) da a la representación de escenas marítimas, mejor marinas, con luz abundante y colores lumínicos, en el que aparecen los versos siguientes, “el río anaranjado”, “color de yodo” y “fondo amarillo”, todos expresivos de colores en la gama del rojo.

En el soneto “Para ti”, penetra por la ventana el “opalino retazo”, el color aquí es el blanco azulado con reflejos irisados. El soneto “Pero” está dedicado a matices del azul, en un verso canta el “zafiro del cielo”, donde el mar se “argenta” al golpear el hosco malecón y todo es “azul”, calificándolo como de Prusia.

En el último terceto de “Por el Atajo” el cielo tiene ahora un “amarillo anémico de color del alpiste”, fuera de serie, para ambientar “al sol que parece un gran buñuelo”. El poema de dos cuartetos “Postura difícil” describe el cielo como de “color de pus”, que ambienta el fastidio del poeta ante la anodina conversación del ama de llaves.

En el soneto “Puerto, mar y cielo”, con solo el título del mismo tenemos un cuadro paisajístico pintado a la acuarela, pero además está dedicado a Daniel Lemaître, en clara alusión a su polifacética condición de pintor, músico y poeta.

En el 2º verso del último terceto el “azul es impoluto”, y el paso del vuelo de una golondrina lo rubrica nuestro poeta como a un trazo final en la firma.

En “Rima” encontramos el color de la aurora, calificando “de enfermiza palidez”.

En el soneto “Rincón de Provincia”, en el 1er. terceto, Luis C. López nos da un color absolutamente impensado, como que en un verso nos “ofrece un muro color de zaquizamí”. Color que solo entenderemos sabiendo que aquel es un cuarto o desván oscuro que tiene la arquitectura egipcia y árabe con algún ejemplo en la vieja arquitectura cartagenera.

“Trazo” es el título de un soneto elaborado en solo tercetos, en el primero de ellos, el verso tercero describe al sol que se aleja por entre las nubes, que él llama o califica de “motas”, de color de aciano, que es una planta de color azul como lo dice el término. En el terceto final emplea el término “acuarela”, que define tanto a una obra de pintura como a un género de técnica pictórica.

Otro soneto, es en apariencia la métrica versificadora predilecta del vate L.C. López, de tan difícil factura, pero que al mismo tiempo posibilita la economía del lenguaje ante su formato tan estricto y su necesaria concisión y precisión, y que es comparable en literatura al cubismo sintético. En este caso se trata del intitulado “Una viñeta”, que alude a una representación gráfica, en la cual el caserío es como un “croquis” pintado al “crayón”.

En el soneto de título “Vejez”, al final del 2º terceto reza un verso que entre comillas, dice “ese cielo azul que todos vemos”, seguido de “aquel bello carmín de doña Elvira”.

“Versos futuristas” es el título de un poema en el que la sombra es el pincel mismo, que dibuja en el plano de un  tejado y de una pared una oreja de un  burro o jumento, así lo llama él, que se alarga en el crepúsculo morado.

“Versos rurales” es un poema constituído por cuatro estrofas de cuatro versos cada una, en que nuestro poeta rinde, sobre el tema de la primavera, un homenaje a los colores que encarna simbólicamente el nacimiento y la muerte en la Naturaleza, el verde del nacer y el morir del amarillo que avisa la marchitez o lo marcesible.

Es así como en la primera cuarteta, en el tercer verso, “Todo está verde” y en el cuarto verso reza “ya se fueron las hojas amarillas”. Este poema que trata de la juventud y de la vejez, en la tercera estrofa, segundo verso, pone el “tinte cenizo de un retazo de invierno” a temblar en la lejanía.

En el soneto “Y eres traidora…” aparece el rubor, color rojo, con “pinceladas de anilina”.

Letras y colorido, cromatismo y Literatura.

 

 
 
 
 
 
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