Colombia

Conversa con un hombre que está de pie

Jaime de la Gracia entrevista a Ignacio Ramírez
 
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Foto: Ignacio Ramírez

Que significó París y cómo marca tu trabajo de escritor y de periodista

¿Paris? Tanto Mandala como Rayuela. Fiesta siempre, jamás ni pesadumbre ni pesadilla. Primero el mito y luego el territorio del sueño: venía de Víctor Hugo y de los benditos poetas malditos, luego de Henry Miller y de Hemingway;de todos esos antecesores del Cronopio de los ojos violeta. Es un reloj que marca mis elucubraciones y le quita el blanco a mis cuartillas. Pero París no es más ni menos  que la eterna geografía de las palabras: un cocodrilo que ríe, un delfín cataléptico, una salamandra diabética. La ciudad que me habita.

 Basta el altruismo para sostener un proyecto como la Agencia de periodismo para el arte y la cultura Cronopios?

No, el altruismo no basta, porque sobra. La estructura de Cronopios-Agencia de Prensa, se sustenta en lúdica pura, puro amor al arte. Mientras existan cronopios y cronopias, famas y pinchajetas y esperanzas, lo único real es lo intangible: la palabra mariposa en el pubis de la mujer que quiso enterrarse con su amante y jugar a que estaban naciendo de la tierra.

Alguna vez el maestro  Sanín  Cano, dijo sobre Colombia que su razón de ser era la exclusión y la negación, sigue siendo esto válido o algo ha cambiado, por lo menos en el campo de la literatura?

El maestro Sanín Cano fue excluido por el tiempo y negado por la historia. Todo ha cambiado, todo...¡Y especialmente en el campo de la literatura! Algo va de “al regresar a mi nativo Valle” a “Muchos años  después, frente al pelotón de fusilamiento”. Así como aticé las brasas moribundas de los románticos y los decadentes, los costumbristas y los farsantes, ahora meto las manos en el fuego y me la juego toda por  las nuevas generaciones de escritores: nuestra literatura apenas empieza...

Existe en Colombia una cultura oficial? O se trata de cultura de oficio?

La cultura oficial no tiene oficio: los convidados de la burocracia huelen a moho y causan grima. Ustedes, nosotros, los que estamos por fuera, los que peleamos y nos sacudimos, los que  no esperamos ni mendrugos ni prebendas, somos unos bacanes: nosotros somos el cultivo. Ya vendrá la cosecha.

Es conocida tu terquedad en querer encauzar el conocimiento sobre los otros,  los creadores que se mueven por fuera; has arado en el desierto?

No, al contrario: he sembrado en el viento. Yo no estoy solo: los militantes de la terquedad somos un auténtico enjambre de pájaros turbulentos. Todo territorio sobrevolado está repleto de las semillas que arrojamos con obstinación. Creo en YO padre todopoderoso.

Visto desde la literatura, que son otros ojos de mirarse como país, somos los colombianos violentos, nos hacemos violentos,  estamos enfermos de violencia, o es la violencia la única  opción que conocemos o que nos permiten?

¿Vio? ¡Lento! Los colombianos somos un ejército de soñadores que empezamos a afirmar bien los pies sobre la tierra. Los violentos están enfermos de falta de imaginación, de consumismo estéril y de lavados cerebrales políticos que caducaron con la comprobación de cómo la doctrina retórica no sirve para nada más que fracasar. Los Cronopios, ya se sabe, sostenemos que “la mayoría de los colombianos somos GENTE DE PAZ, y que estamos en la obligación de unirnos para derrotar a la violencia”.

Cómo se desenvuelve un día normal en la vida de Ignacio Ramírez?

Nada es normal en mí: desayuno de noche, duermo despierto, Dios me reza y me pide imposibles, amo a todos y vivo muerto de la risa: he descubierto que el tiempo alcanza para todo y que la vida no es esto que miramos sino aquello que soñamos. Me considero un vago: me la paso escribiendo y no salgo de los lugares prohibidos y las actitudes sospechosas; siempre  estoy en los cines surrealistas y en las funciones de teatro de lo absurdo  y viajo tanto que estoy siempre en otra parte. Lo que más me gusta de la vida es sacarle el jugo y llevarle la contraria.

El lenguaje es inocente, el locutor no lo es, puede hablarse de palabra comprometida, o de compromiso en la palabra?

La palabra palabra es la palabra que prefiero entre todas las palabras. Su compromiso depende de la mente que la enciende y la lengua que la pronuncia. La de los hombres ilustres, por ejemplo, está compro y metida, sin duda alguna. La del poeta, en cambio, está sinprometida, que equivale a  candela o a paloma. Colombia es una Torre de Babel: hemos perdido la punta del cielo por no comprender la diferencia.

Desde afuera, el periodismo que se hace en Colombia se contempla demasiado emotivo lo que le resta lucidez  para encarar  la noticia, esto se origina en las facultades de comunicación o es defecto de las salas de redacciones?

El monopolio y la manipulación del periodismo en Colombia son  laberintos  de espejos donde se reflejan ampliadas las mediocridades y los poderes fatuos: lo emotivo disfraza lo motivo, las salas de redacción generalmente son salas de reacción. Las facultades de comunicación son fábricas de cartones y ladrillos.

Vos sos un pionero del periodismo cultural en Colombia, como es vista esta actitud dentro del medio?

Eso no se ha visto, por supuesto. Más que un pionero, me considero un Cronopio; y ya sabemos que el Cronopio no es solo un individuo sino una modalidad de juego que se parece mucho a la urticaria en la piel de los ciegos.

Si la palabra sirve para llevar a una mujer a la cama, es válida, se justifica el discurso?

No, en materia de mujeres en la cama, lo  único justificable son los gritos y susurros, como Bergman nos enseñó.

Somos los colombianos hombres y mujeres de palabra, o es eso precisamente lo que nos hace falta para que nos entendamos?

Los Cronopios y las Cronopias sí somos hombres y mujeres de palabra: tenemos la obligación de enseñar el juego de leer y escribir  a los analfabetos y las analfabetas.

Si tenés que elegir entre recibir cariño o respeto cuál opción sería ideal para vos?

Respeto mucho el cariño, pero me gusta más la mamadera de gallo rigurosamente circunspecta.

Se da lo suficiente de ambas en Colombia?

Sí, de las tres se dan por montones: “¡Oh, gloria inmarcesible! ¡Oh, júbilo inmortal/ En surcos de dolores/ el bien germina ya”.

Crees en la palabra como método o cómo herramienta?

Más allá: la palabra es arma lenguopunzante  que nos ha sido concedida para ganarle la guerra a los lenguaraces: los desarmados contra los desalmados.

Berlín – Bogotá / Vía Internet

 
Foto: Ignacio Ramírez
 

DESARROLLO E INFORMACIÓN

En el mundo desarrollado la información no sólo juega un papel preponderante dentro del orden de lo científico y de la defensa sino que representa un rubro importante para el crecimiento del mercado y de la economía en general.

A mayor información mayor desarrollo.

Pero no basta con recoger y acumular la información, pues es el uso y la capacidad de su manejo la que determina su peso especifico dentro del desarrollo. En lo que concierne a América latina sus gobiernos no han comenzado a valorar esta barata y accesible materia prima, incluso se dan el costoso lujo de derrocharla.

Pero hay excepciones dentro de esta apatía por la información y estas excepciones las constituyen individualidades, es acerca de una de estas individualidades a la que quiero referirme:

 

Ignacio Ramírez

Foto: Ignacio Ramírez
 
A Ignacio Ramírez la gente que lo quiere y que lo estima lo llaman de Quijote.
 
 
Quijote hoy es un verbo que sigue siendo utilizado para nombrar de alguna manera a las personas que despliegan una gran capacidad de trabajo en el campo intelectual.

El verbo Quijote supone el soñar despierto y su carga lúdica esta hecha de información, no hay Dulcineas ni escuderos en su conjugación hay confrontación de una realidad que a simple vista pareciera hecha de futuro. En el periodismo que hace Ignacio Ramírez el lector es emboscado por el dato nuevo, fresco / No es casual que sea Lectura Fresca como llama a la columna que mantiene en Internet y Literalúdica su antigua columna en el tiempo de Bogotá /.

En periodismo es importante distinguir lo novedoso de lo nuevo,  lo novedoso es lo frívolo que se muestra en un nuevo empaque mientras que lo nuevo carece de marco por su contundencia. Pocos periodistas culturales en América latina muestran esta contundencia como lo hace Ignacio Ramírez y que se sustenta en su capacidad para recoger, ordenar y manejar la información del mundo cultural que se origina dentro y fuera del subcontinente.

Enfermo hoy nuestro querido amigo Ignacio Ramírez lucha la vida al pie de los molinos de vientos.

 
 
Jaime de la Gracia
Berlín / Primavera / 2002
 
Berlín - Bogotá
Vía Internet