DE LA SED A LA ALUCINACIÓN

Antología de la poesía Cósmica de:
 Marta de  Arévalo

 

Por: Fredo Arias De La Canal

 

Plutarco (50‑125), en La deidad personal de Sócrates, advirtió  que existía un idioma especial de los dioses para los poetas:

De hecho, [existen] las ideas de cada quien, expresadas a través  del medio de la voz que sentimos en la oscuridad para entenderlas, mientras que las ideas de las deidades traen luz con ellas por lo que iluminan a quienes las perciben. Las ideas de las deidades no necesitan verbos ni nombres: éstos pertenecen a las relaciones humanas que permiten que la gente vea las imágenes y reflejos de las ideas; mas las únicas personas que entienden las ideas en sí son aquellas ‑como dije‑ que admiten una luz divina particular.

Un día el correo de Uruguay me trajo un poemario intitulado Mirar lo que está lejos,, publicado por  Grupo de los 9, en el cual esos poetas celebraron 20 años de esfuerzo literario. Cuatro de ellos han muerto en las jornadas solares. ¿Se borrarán algún día los nombres de Estela, Leonardo, Rubinstein y Gloria de sus cruces de madera? ¿Se borrará su recuerdo de nuestros corazoes? Inexorablemente, pero su huella poética jamás se borrará de los  anales de la cultura hispánica.

Me percaté que esta entrega tenía un significado especial, porque  el libro llevaba la dedicatoria de Marta de Arévalo en nombre del grupo, y en él consignó los poemas de su juventud, están acompañados de los de Gloria Vega de Alba, Elsa Baroni de Barreneche y Norma Suiffet  entre otros.

 

 

 

AVE  FENIX

 

Tengo miedo de ti, Ave Fénix,
  ¡luciérnaga gigante!
Tengo miedo de que un día
ebria de luz,
te remontes con mi alma.

 

Miedo que tus dedos
deshagan mi nudo de ternuras
y liberada de toda atadura
me pierda en el extremo ultraterreno
de tu vasta pradera de centauro.

 

Tengo miedo de que un día,
liberada por siempre del calvario,
reencarnada en un ave victoriosa,
salga de mis dulces cosas
en tus alas fantásticas.

 

Miedo que mi trono augusto destruya,
el paso de las hordas visionarias
de tu divino ejército de bárbaros.
Miedo que mis dulces cadenas
 rompan el yunque que en tu fragua
golpea cantando alucinado.

 

Miedo que el tierno barrote de mi jaula
vea devorado por el pico codicioso
le tu hambre de águila.
 
Tengo miedo de ti, ¡Ave Fénix!
Luciérnaga gigante!

 

[19621
De Duende mío (1946‑66)

 

 

LA LUZ EN FL POLVO

IV

El latido es en la noche
como la flama de un dios.
Suspendida flor (te fuego
En  un tiempo tornasol.
Entra el polvo pensativo
Con  la exacta vibración
y él  muriendo en ella viva
se gesta con otro sol.
Calla el polvo si  ella  nombra,
Si ella calla él  da  su voz.
Le asisten rayo y fragancia,
quema espíntu y razón.
Sustancia y clarividencia
que el habla no definió
conjura en plural celeste
donde el soplo le creció.
En los genes desolados
del polvo ya en arrebol
ella desata los salmos,
ella va en constelación.
 

De Magia y plenitud de la luz

 

 

 

A PUERTAS ABIERTAS

 

A puertas abiertas
clausurada de ensueño
 rindo mi tristeza en mar de sortilegio.
Navego hacia la nada
 ‑futuro incierto, esperanza vana­
velamen de los sueños
aún ondeando entre los vientos
me lleva ultramarina y alta.

 

A puertas abiertas
 ‑nadie me encierra, nadie me llama­
me hostigo de silencio
en silencio  y flama.
Extraño viento que me apresa
 me lleva
entre serenidad y distancia.

 

A puertas abiertas
me llamo solitaria
 me abismo ensimismada.

De Ausencia

 

 

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