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"El olvido que seremos"
Por ANTONIO
MORA VÉLEZ
Saint-John
Perse dijo que solo la poesía salvaba al mundo y que el olvido de ella lo
llevaba a la destrucción y sostuvo de Borges que llegaba a la poesía pero
a través de sus historias crueles. "Sus versos eran teoremas; sus
ficciones, desgarramientos que permiten ver por fin al poeta en carne
viva", le dijo a Tomás Eloy Martínez en 1975 (Lugar común la muerte,
Planeta, 1998). La novela El olvido que seremos de Héctor Abad Facio-Lince
pertenece a esa clase de literatura escrita con el dolor y con la sangre
de una realidad cruel, que por su verdad y su belleza está llamada a
estremecer las conciencias de sus lectores y a hacerlos reflexionar sobre
la tragedia colombiana –que es la antítesis del mundo que soñamos los
poetas.
El olvido que seremos, verso de un poema de Borges que llevaba en el
bolsillo el doctor Héctor Abad Gómez el día que lo asesinaron en Medellín,
no es solo una novela familiar escrita por un hijo agradecido para
resaltar los méritos de su padre y dejar constancia de los aciertos de su
inteligencia como formador de criterios, es una novela que retrata un
fragmento de la historia del país a través de la vida de una familia
formada por un médico librepensador dotado de una gran sensibilidad social
y una mujer de clase media alta de arraigadas convicciones católicas. Es
la historia del amor –representado por la familia pero en especial por la
relación padre e hijo— enfrentado al odio criminal de sus enemigos
ocultos. La historia de un intelectual altivo y valeroso que no se
arrodillaba sino frente a los flores de su jardín. De un profesor
universitario de reconocidas calidades científicas y humanas que, de cara
a la miseria que conocía como salubrista público, reclamaba "una sociedad
más justa, menos infame que la clasista y discriminatoria sociedad
colombiana" y que rechazaba la violencia guerrillera como medio para
lograrla y la violencia ultraderechista que trata de impedirlo. La
historia de un liberal demócrata que no mereció morir de esa manera por
mucho que su alma buena e ingenua hubiese cometido errores por culpa de la
emotividad y del sentimiento y hubiese sido "Algunas veces, en los últimos
años de su vida, manipulada por la extrema izquierda colombiana" (El
olvido que seremos, Planeta, 2007).
Al concluir la lectura de El olvido que seremos de Héctor Abad Facio-Lince
nos quedó una gran tristeza y un sentimiento de frustración por lo que
algún autor denominó el fracaso de este ensayo llamado hombre que sigue,
enceguecido por el poder y el dinero y echando mano de las peores
conductas, hacia el abismo de la extinción como especie. Pero nos quedó
algo de esperanza, gracias al papel esclarecedor de la literatura; porque
la novela nos permite dialogar con el pasado reciente de Colombia "de un
modo vivificante y original" (William Ospina, Los nuevos centros de la
esfera, Aguilar, 2001) diálogo que es la condición necesaria para evitar
el olvido de lo que nos degrada como seres humanos y para tener plena
conciencia del desastre institucional, repensar el país y reconstruir su
tejido social desecho por largos años de egoísmo y de intolerancia.
*El Meridiano
de Córdoba y Sucre, hioy 14-06-07
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