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LA MUERTE DEL "TURCO" SALIM
Por Antonio Mora Vélez
Alfonso Costa había viajado a Bogotá a una reunión de universidades.
Estaba en un descanso de la plenaria inicial, sentado en uno de los
cafetines de la Universidad Capital. Le acompañaba Napoleón Rodríguez,
profesor y directivo académico, que había sido en sus años mozos un
aguerrido militante de la Juventud Comunista.
--Hombre, Foncho, cómo te parece, se murió Jorge Salím, tan servicial
como era-- dijo apesadumbrado el veterano profesor y hoy decano de la
Facultad de Ingeniería de la Universidad Capital.
Alfonso se quedó de una sola pieza cuando le escuchó decir a Napoleón
que sentía mucho la muerte del "turco". El mismo Napoleón que varios
años atrás acusó a Salim de ser un rector burgués y pro-imperialista
durante las huelgas y mítines que dirigía con su verbo encendido en la
plazoleta "Che" Guevara y que pidió su "cabeza de puerco" –así le
decía-- para evitar que a la universidad se la llevara "el putas".
Alfonso sonrió pero esperó a que el profesor terminara de manifestar sus
condolencias por la muerte del "turco", a quien --nos contó también-- le
había hecho "el cuarto" en sus intentos fallidos de conquistar a
Deyanira, la hija de Filiberto Barrero, lo que equivalía en esa época,
de haber tenido éxito, a "tomarse el cielo por asalto", y que era parte
de un plan político de Napo que no cuajó, encaminado a ganarse al "turco"
para la causa proletaria.
--No se me olvida –dijo Napoleón-- que, gracias a él, yo entré como
profesor en la Universidad, que él peleó en el consejo directivo mi
nombramiento con el argumento de mis buenas notas y de mi sentido de
pertenencia con la institución, enfrentado a la oposición de los demás
miembros reaccionarios del consejo.
Alfonso no le quitaba la mirada a Napoléon.
--Tampoco que la vez que la policía me persiguió y yo entré a los
predios del edificio administrativo, él me escondió en la rectoría y no
dejó que me capturaran...
Alfonso tuvo la tentación de dejar a Napoléon en su creencia y que se
encontrara algún día a Jorge Salim en persona y se asustara, pero no
quiso seguir cargando sobre su conciencia el peso de una muerte que no
había ocurrido y de pronto el otro peso de una muerte ocasionada por la
impresión de creer ver a un muerto más pesado que un escaparate.
--Óyeme Napo –le dijo--, todo eso que has dicho está bien. Yo sé que el
"turco" es solidario, buena gente, demócrata, liberal, y todo lo demás,
pero ocurre que no se ha muerto, está más vivo que el carajo, imagínate
que es uno de los dueños de la universidad en donde yo trabajo...
Napoléon quedó como petrificado por el anuncio y en lugar de alegrarse,
lo que Alfonso esperaba, recordó sus épocas de dirigente juvenil
revolucionario y exclamó:
--¿Nojodaaaa! ¿Está vivo ese politiquero liberal de mierda?... Oye,
definitivamente la yerba mala nunca muere, y tanta gente buena como ha
muerto, ¿Ah?. ¡ Pero lo que yo sueño se cumple! ¿Oíste?
--¿O sea que el "turco" se muere?— le preguntó Alfonso a Napoleón.
--¿Qué si se muere?... ¡Ve preparándole el entierro! –le respondió
Sincelejo, agosto 23 de 2005.
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