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El humanismo de la ciencia-ficción. (*)
Por
Antonio Mora Vélez**
1.-El
aporte filosófico.
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A
diferencia de muchos escritores de ciencia-ficción yo llegué a esta
clase de literatura gracias a la filosofía. Y una de las primeras cosas
que aprendí de ella fue que somos uno con el universo. Esta verdad que
posteriormente el hombre olvidó, la sabían los antiguos. Pitágoras
afirmó que cada hombre es un “kosmos” en miniatura que reproduce los
principios estructurales del macrocosmos. Como es abajo así es arriba,
dice el Kybalión, libro hermético egipcio y una de las fuentes del sabio
de Crotona. Los milesios, por su parte, creían que el espíritu del
hombre es parte del espíritu del mundo, lo mismo que muchas religiones
de hoy. Y Juliano el Apóstata, algunos siglos después, sostuvo en su
Oración al Sol que el cosmos es un ser vivo lleno en su totalidad de
alma y espíritu.
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Bajo el
influjo de los ideologías, el hombre olvidó su estrecha comunión con la
naturaleza. Disoció los elementos constitutivos de su Ser, mente y
materia, e hipostasió uno de ellos a costa del otro. Dijo entonces: “El
universo es mental” (idealismo) o “Todo lo que existe es materia”
(materialismo). El idealismo cartesiano trató de resolver los problemas
del monismo unilateral y definió que el espíritu y la materia existen
como substancias independientes, originando el dualismo radical. Más
tarde, Hegel y los Neo-tomistas afirmarían la prioridad del espíritu; el
primero al afirmar que la idea absoluta se transforma en materia y los
segundos al plantear que la materia tiene su origen en el espíritu
universal pero sin parecerse a él, siendo distintos, con el argumento de
que la causa no puede ser de la misma naturaleza que el efecto.
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Hoy las
ciencias aportan una serie de datos que permiten a los filósofos el
replanteamiento del problema. Somos uno con el universo, lo confirman
varias de ellas. Por eso cabe mencionar una quinta solución, más en el
espíritu de Pitágoras y de Juliano. Teilhard de Chardin exploró ese
camino pero no ha tenido seguidores. Este filósofo y científico francés
dijo que el espíritu y la materia son las dos caras de una misma moneda.
Ambos han existido desde siempre. La evolución natural es el camino del
espíritu a través de la materia y la mente del hombre el espejo en el
cual aquél se contempla. A mayor complejidad de la materia, mayor
espiritualización. El hombre es la materia que ha aprendido a ser
consciente de su doble condición. Y en consecuencia, no existe en el
universo como accidente, como simple fruto del azar de las combinaciones
químicas y de las relaciones sociales. Es un peldaño más en el proceso
de crecimiento de la lámina o lado espiritual de la moneda y de
disminución de lo material en esa unidad denominada “welstoff” por
Teilhard de Chardin; proceso que debe conducir a una humanización de
nivel superior, esto es, a una espiritualización que tienda hacia Dios,
que nos proporcione argumentos para seguir creyendo en el ascenso del
pensamiento humano a las cumbres platónicas del amor y del bien, y en su
triunfo definitivo sobre la irracionalidad y la barbarie. El olvido de
que somos uno con el universo, que la naturaleza es nuestro “cuerpo
inorgánico”, nos ha llevado a destruir la naturaleza. Y por eso la
ciencia-ficción debe retomar ese principio filosófico para defenderla.
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2.-La
ciencia destructora.
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Las
ciencias han transformado la vida en el planeta. La Biología y la Física
han sido las ciencias que más han avanzado en los últimos treinta años.
El hombre ha descubierto el mapa genético humano y la electrónica ha
revolucionado al mundo. La clonación dejó de ser un tema de ciencia
ficción y es hoy una realidad experimental. Las tarjetas electrónicas
reemplazaron las chequeras y las huellas digitales o el iris del ojo son
las nuevas llaves de entrada a espacios restringidos. En la medicina, la
electrónica ha servido para aumentar la exactitud y precisión del
cirujano, la Biología Molecular ayuda a fabricar las drogas necesarias
para la curación de enfermedades. Los robots son parte del medio social
en muchas comunidades y las casas inteligentes partes del paisaje en
muchos lugares del mundo. Poco falta para que el hombre envíe un robot
con un ordenador inteligente a colonizar algún planeta o satélite
distante.
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Pero “El progreso de la ciencia está destinado a acarrear una enorme
confusión y miseria a la humanidad a menos que esté acompañado de la
ética”, ha dicho Freeman Dyson. Este autor ha señalado en su obra que el
progreso de las ciencias va por un lado y el de la sociedad por otro.
“El problema fundamental para la sociedad humana en el próximo siglo
(XXI) es el desajuste entre las tres nuevas olas tecnológicas
(Informática, Biotecnología y la Neurotecnología) y las tres necesidades
básicas de la gente pobre (educación, vivienda y salud buenas y
baratas)” (1). Las ciencias aplicadas, dice este autor, se han dedicado
a producir cosas que se vendan lucrativamente, en lugar de pensar en
resolverle los problemas a la comunidad. Las llamadas ciencias puras,
por su parte, se dedican a manejar campos esotéricos alejados de los
problemas cotidianos, como los de la clonación y la física de las
partículas. Todas ellas han aportado una cuota considerable de
destrucción de la naturaleza y de la vida. Por ello el futuro de la
humanidad depende del uso que el hombre haga de la ciencia y la
tecnología. Y la Ética ha devenido en uno de los temas fundamentales de
la ciencia-ficción.
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Conclusión
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Las anteriores consideraciones son el fundamento de esa nueva
ciencia-ficción que ha desplazado su centro de interés hacia la
influencia social y sociológica de las ciencias y que tiene aceptación,
independientemente de que maneje teorías científicas o no, siempre que
refleje el espíritu de la época y las preocupaciones del hombre como
consecuencia del doble carácter revolucionario y destructor de las
ciencias.
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Sobre el particular dice Eugueni Brandis, crítico ruso: “La tendencia
divulgadora no es fundamental en la CF de nuestros tiempos. En primer
plano se colocan los problemas sociales sicológicos, éticos o
filosóficos”. (2) Tal desplazamiento ha ampliado el papel de la
imaginación en el género y orientado su norte hacia el humanismo.
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La CF es
una literatura de ideas en lo fundamental. Toda la parafernalia
científica es un andamiaje literario que le sirve al autor para
ambientar y darle credibilidad a sus tesis. Y dado que es una literatura
de ideas no puede hacerse sin una perspectiva filosófica. Pero ya hemos
dicho que hoy la ciencia no puede separarse de la ética si queremos
sobrevivir como especie, entonces es apenas obvio que la CF, literatura
que se ocupa del futuro y de las nefastas consecuencias de una mala
aplicación de las ciencias en la sociedad, debe tener también un
referente filosófico en sus obras que incluya no solo la ética sino la
perspectiva humanista, la filosofía referida al gran tema de la
conservación de la especie humana. En una civilización en donde la
ciencia amenaza con extinguir la vida sobre el planeta y algunas
filosofías han perdido el norte del humanismo y de la pedagogía social,
la CF debe servir para mostrarle al hombre perspectivas no siniestras y
abrirle paso a los caminos del optimismo y de la esperanza en el
mantenimiento de la vida.
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Muy difícilmente la literatura llamada realista puede trazar un panorama
real y en prospectiva del actual problema humano del calentamiento
global, como lo ha hecho la CF en varias de sus obras. En un reciente
ensayo mío titulado El mar en la CF, publicado en varios sitios de la
Red (3) digo que el relativamente poco interés de los escritores de CF
sobre las posibilidades salvadoras del mar frente a los problemas de
supervivencia de la humanidad y su mayor ocupación por el tema de los
viajes espaciales, demuestra que para el género es más viable a futuro
la salvación del hombre si logra alcanzar las estrellas. Y que el mar, a
diferencia de lo que creyera en su momento Julio Verne, no le va a
servir de mucho en esa gran empresa.
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Por las anteriores razones yo he calificado a la CF como el humanismo de
nuestra época. Esa literatura fantástica y subyugante que nos brinda la
posibilidad de pensar en mundos diferentes manteniendo vivo el espíritu
del hombre, su pensamiento, que es capaz, como lo dije antes, de conocer
y adaptarse a las condiciones de la realidad para seguir existiendo. Y
de pensar en la tendencia del ascenso espiritual del hombre en la línea
ya señalada de Teilhard de Chardin y a desear su realización, a ser
optimista respecto de su futuro. Sin perjuicio de considerar que el
universo
es un enigma infinito que nos obliga a pensar que nada está
suficientemente estudiado y conocido, que toda verdad de hoy tiene
señalada su desaparición en el futuro, y que ella, literatura
medularmente crítica y dialéctica --que surgió gracias a Newton, a
Darwin y a Marx, esto es, cuando al hombre se le hizo evidente el cambio
en la realidad—(4), juega un papel importante en este proceso de
comprensión de la infinitud del conocimiento y en la tarea de revelarnos
la pequeñez humana frente a la inmensidad del cosmos desconocido.
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Septiembre de 2007
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(*) Síntesis de la
conferencia dictada en la Hemeroteca de la Universidad Nacional (Bogotá)
el 20 de septiembre pasado, en la programación de la semana cultural de
dicha universidad.
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(**) Escritor de
ciencia-ficción considerado uno de los precursores y clásicos de este
género en Colombia. Sus cuentos, ensayos y poemas son publicados en
varias revistas web de América y Europa.
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Citas:
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(1)
Dyson Freeman,
Mundos desconocidos, Grijalbo, Barcelona, 1998.
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( 2)
Brandis Evgueni, En el mundo de la fantaciencia, Revista Literatura
Soviética, Número 5-1968
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(3)
Conferencia dictada en Santa Marta y Sincelejo en la programación
cultural nacional del Banco de la República.
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(4)
Scholes y Rabkin, La Ciencia Ficción, Taurus, Madrid, 1982.
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