Por qué no te callas!

 

Por ANTONIO MORA VÉLEZ
 
 
Independientemente de que estemos de acuerdo o no con el estilo de polemizar del presidente Chávez y de que tengamos reservas sobre el modelo de socialismo de la nueva Constitución venezolana, no se puede aceptar que un monarca español –extinto imperio colonial del cual nos independizamos hace casi 200 años— mande a callar a un presidente americano. Y menos si ese presidente ha demostrado en varias elecciones que cuenta con el apoyo mayoritario de Venezuela. Si es el líder de un proceso de integración suramericano que apunta a una mayor independencia de nuestros pueblos. Y si sus acusaciones, aunque inoportunas, son ciertas. Al presidente Zapatero y a su monarca acompañante le tocaba responder las acusaciones de Chávez y tratar de desvirtuar que el presidente español Aznar apoyó el golpe de estado fallido del industrial Carmona en Venezuela. Y sobre todo que el calificativo de fascista no le viene a quien afirma que los países totalmente rezagados del desarrollo no pueden esperar nada del proyecto global que impulsan las potencias industriales, y que se deben conformar con su condición de países "jodidos". Y que tampoco lo es pasarse por la faja a las Naciones Unidas e invadir y masacrar a un país –Irak— con justificaciones mentirosas para apropiarse de sus riquezas.
Si alguna persona tenía derecho a pedirle al presidente venezolano que morigerara su léxico y que aplazara ese debate para otro escenario, era la presidenta chilena Bachelet, la anfitriona, no el señor monarca español. Su actuación fue grosera e irrespetuosa, propia de un plebeyo salido de casillas y no de un monarca. Y menos podía hacerlo el Borbón si tiene rabo de paja, como lo señaló posteriormente Chávez, ya que al ser el responsable de las relaciones exteriores de España debía estar informado de la decisión del gobierno de Aznar y de las andanzas de su embajador en el palacio de los golpistas. Pero más que la conducta del heredero de los Borbones, molesta el cipayismo de los grandes medios impresos y radiales colombianos que han decidido pasar por alto la falta del monarca y dorarle la píldora haciendo chacota del incidente y otorgándole toda la culpa del mismo al presidente Chávez por imprudente.
Pero no hay tal imprudencia ni falta de diplomacia. Lo que hay es una actitud de rechazo a las pretensiones de ciertos países industriales desarrollados —España entre ellos— que no ven en el Tercer Mundo sino bienes de capital para comprar y hacer negocio, con la complicidad de sus gobernantes y empresarios neo-liberales, mientras nuestros pueblos son cada vez más pobres. Por algo el presidente Ortega de Nicaragua ha propuesto conformar una nueva organización de estados americanos sin la presencia de los Estados Unidos, para así enfrentar con libertad las pretensiones de ese capitalismo desarrollado de abandonar a su miserable suerte, como lastre, a los países del Tercer Mundo.
Lamentable sí, la actitud del "socialista" Rodríguez Zapatero al salir en defensa de Aznar con el pobre argumento de que fue elegido por los españoles. A Hitler y a Mussolini también los eligieron sus pueblos –en un momento de equivocación— y no dejaron de ser fascistas por eso. Hoy los demócratas del mundo condenan sus crímenes y no creo que a los gobernantes de Alemania e Italia les moleste que se les llame fascistas, porque lo fueron. Como lo es Bush con sus guerras invasoras violatorias del derecho internacional, su renuencia a aceptar las decisiones de la ONU –incluso en temas vitales para la humanidad como el ecológico— y sus amenazas de una conflagración nuclear. Y Aznar, que no solo envió como presidente soldados a Irak, sino que ahora, en el papel de propagandista del Imperio, contribuye con sus conferencias a la tarea subversiva y disociadora de Washington tendiente a derrocar gobiernos que no se someten a sus dictados, como los de Bolivia y Venezuela, y a tratar de evitar que todos estos pueblos "sudacas" se independicen, se unan en la Unión Sudamericana y manden a callar a los que realmente se tienen que callar.
 
 
 
 
 
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