CONTRAPUNTEO CARIBE ENTRE EL LIQUI-LIQUI Y LA GUAYABERA.

 

Por: JUAN JORGE ÁLVAREZ SÁNCHEZ

 

Lo sostenible del impetuoso avance en el campo de las comunicaciones y el acercamiento a un consenso identitario, entre otros factores, hacen cada vez más irrevocable el argumento de que lo “caribe” trasciende con mucho, su sentido geofísico para convertirse en un concepto geocultural, avalado, sin lugar a dudas, por el comportamiento social, ético o cultural de sus nativos, en cualquier lugar del mundo en que se encuentren.

En los modos de vestir también se hace presente el Caribe. Dos prendas hay que lo vienen significando desde el pasado siglo XIX: ellas son, la guayabera y el liqui-liqui. Ambas llegan a nuestros días envueltas en un feliz contrapunteo de encuentros y distanciamientos que nos reiteran en su análisis más próximo que el Caribe, es solo uno.

La guayabera ha sido reclamada en pertenencia por distintos países pero lo cierto es que la polifuncional prenda es netamente cubana y sus orígenes, con suficiente certeza, se remontan al siglo XVIII cuando llegaron a  Sancti Spiritus (una de las villas fundadas en Cuba por El Adelantado Don Diego Velásquez) los esposos José Pérez y Encarnación Núñez, quienes ante la situación que se vivía debido a que sólo se recibían en la isla telas muy gruesas, francamente inapropiadas para el cálido clima cubano, “importaron” un paquete de lino español del cual Doña Encarnación cortó y cosió para Joselillo una camisa suelta, de mangas largas, luciendo al frente cuatro elegantes botones de nácar, cuello duro, redondo y discreto, abierta a los lados para colocar a cada uno el necesario machete y el oportuno cuchillo, complementada con cuatro bolsillos para llevar en ellos efectos personales y que se usaba por fuera del pantalón para hacerla más fresca. La singular pieza rápidamente se multiplicó entre los campesinos de la región que comenzaron a vestirla. Se dice que su primer nombre fue yayabera pues todo esto ocurría en las márgenes del río Yayabo, cauce fluvial localizado en la centro-occidenal ciudad cubana de Sancti Spiritus. Sin embargo, el historiador Octavio Costa en su obra “Imagen y trayectoria del cubano en la historia” es claro al apuntar que la libertad de comercio dictada por las autoridades españolas en 1818 posibilitó que los cubanos pudieran desechar las muy gruesas telas ibéricas. Otro historiador, esta vez el Dr. Armando Casadevall, en 1998 bajo el título “De la Chupa a la Guayabera universal” coincide con Costa pero rechaza como origen, la versión que alude a Encarnación y Joselillo ya que «la Real Compañía de Comercio prohibía tales envíos. Además, no había medios de comunicación en 1707 con España desde las márgenes del río Yayabo» aunque en realidad lo anterior no invalida la tesis alrededor del celebérrimo matrimonio Pérez-Núñez. Casadevall sustenta su refutación al origen espirituano de la guayabera cuando afirma: «Lo que hoy llamamos guayabera la conocí de muchacho, confeccionada de dril caqui por el nombre de camisilla. Así la llamaba mi padre en los años veinte, quien era cubano de nacimiento y muy criollo de costumbres. A fines de los años treinta el que vistió a los espirituanos de guayaberas blancas de puro guarandol o de olán de hilo fue el sastre Ángel Serrano». Ante todas estas disquisiciones, sí debemos dejar en claro que del Yayabo o no, la guayabera es una prenda de vestir cubana que en sus inicios fue arteramente criticada por vulgar, especialmente por las clases adineradas, al estar confeccionada con tela corriente y su uso suponía la eliminación de la aristocrática chaqueta. En estas condiciones nació la guayabera, nombre definitivo adoptado por el pueblo, sabio siempre, que le dedicó esta copla anónima:

Y la llaman guayabera

por su nombre tan sencillo

por llenarse los bolsillos

con guayabas cotorreras.

Su oriundez caribe le viene desde su nombre pues parecer ser guayaba voz taína (araucana), como lo son guasasa, Guanabacoa, Guantánamo, guajiro, guataca, guayo, entre otras. Anotemos también que originalmente diseñada para ser usada solamente por los hombres del campo, ha pasado a formar parte del ropero femenino y finalmente aceptada y lucida en los grandes salones, sino recuérdese la Cumbre Iberoamericana de República Dominicana que fue llamada la Cumbre de las Guayaberas

La guayabera tuvo su cantor de lujo en la voz del poeta decimero cubano Juan Cristóbal Nápoles Fajardo, El Cucalambé, cuya fecha de nacimiento, 1 de julio de 1829, da marco a la celebración del Día de la Guayabera desde el año de 1953, a propuesta del Consejo Territorial de Veteranos[1] de Oriente. Así elogió El Cucalambé a la guayabera:

Fuera de sus pantalones

mecíales la fresca brisa

las faldas de su camisa

guarnecida de botones.

Llevaba los zapatos

de pellejo de majá,

flores de guatapaná

en la cinta del sombrero

y el tal hombre un veguero

de las Vegas de Aguará.

 

¡Qué bonita guayabera!

¡Qué bonita le quedó!

El sastre que la cortó

es una buena tijera.

Buena fue la costurera

que los puntos le fue dando;

el que la fue entallando

¡qué buena mano tenía!

pero ¡es mejor todavía

el que la viene portando!

 

Para redondear estas notas sobre la guayabera recordemos que fue proscrita por el gobierno colonial español pues en su versión clásica, la prenda que comentamos hoy, hace referencia a la bandera cubana. Más adelante, ya en plena dictadura de Fulgencio Batista, en octubre de 1955, salió publicado en la revista Bohemia lo siguiente: «sobre la típica guayabera desciende la severa majestad de la ley, la Sala de Gobierno del Tribunal Supremo la proscribe en todas las dependencias judiciales. Al decir de los señores magistrados, se trata de una prenda ligera y frívola, que no se compadece con la solemnidad de la justicia. Así, tanto los funcionarios y auxiliares de la judicatura, como los abogados, procuradores y las partes en los juicios, deberán vestir de cuello y corbata.»

Por su parte, el liqui-liqui es plural desde su nombre pues al anterior –que es el más conocido- se le suman las variantes liqui-lique y lique-lique. En realidad, se cree que su nombre proviene del francés liquette que así llamaban en Francia a una guerrera inspirada en la casaca inglesa y que llegó a Venezuela de las manos de unos viajeros caribeños.

Al contrario de los que muchos creen, sobre todo a partir del 10 de diciembre de 1982 cuando Gabriel García Márquez lo utilizó para recibir el premio Nóbel, este atuendo es el traje típico nacional venezolano donde es usado por los llaneros gracias a su frescura y duración. Por supuesto, es prenda de vestir masculina y consiste en un traje completo, generalmente elaborado con lino o dril valenciano, de color claro, beige o blanco, con pantalón y la camisa holgada de cuello redondo que se mantiene cerrado con una yunta o mancuerna. Cuatro bolsillos dispuestos simétricamente completan el conjunto que le da al llanero una discreta elegancia. Un sombrero de cogollo o de pelo’e guama, alpargatas o botas según la ocasión identifican al criollo que viste de fresco liqui-liqui con el que mitiga la inclemencia de las llanuras venezolanas. Algunas versiones relacionadas con el origen de este traje llanero hablan de su confección original salida de las manos del sastre cubano Emilio Tornés y hasta la camisa garibaldiana pudo haber sido fuente de inspiración del popular vestido.

El liqui-liqui ha trascendido las fronteras nacionales para asentarse en la médula caribeña. En Cuba se le conoce como filipina y ha sido ampliamente asimilado por la cultura colombiana. En la actualidad su diseño se ha visto enriquecido en colores y telas, aunque el  lino y el dril mantienen la primacía pues “liqui-liqui que no se arrugue al sentarse su portador, no es liqui-liqui”. El que utilizó Gabriel García Márquez para recibir el premio Nóbel reposa en las salas del Museo Nacional de Colombia, en la ciudad de Bogotá. Lo que no reposa es el Caribe multiétnico que ha internacionalizado la guayabera cubana y el liqui-liqui venezolano, para convertirlos en signos cardinales de nuestra más fecunda epopeya cultural: la identidad caribe.

 

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[1] Veterano: Se refiere en ese caso a los que fueran miembros del Ejército Libertador, fuerza insurrecta que combatía contra las tropas españolas por la libertad de Cuba.

 

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