SARAMAGO, ALUCINANTE

MARCO ANTONIO VALENCIA CALLE

Fotodigital: J. De La Gracia

 

La cita con el autor portugués y Premio Nóbel de Literatura 1998, fue en el Paraninfo de la Universidad Complutense de Madrid. Y como se imaginarán, para un aspirante a escritor como yo, esto significaba un verdadero motivo de alegría. Es como si un niño se encontrara con Superman, su héroe vivo de todos los tiempos.

José Saramago es un alquimista de las palabras. Comenzó diciendo que hablando se entienden las personas, pero que las palabras no siempre sirven, porque los hombres, con los tiempos, le cambiamos de significado; y citó a Borges, cuando en un cuento decía que aunque la palabra a veces son las mismas, no siempre significan lo mismo.

Para Saramago, la política, por ejemplo, es el arte de no decir la verdad. Los políticos son verdaderos manipuladores de la palabra. Usan la palabra con fines políticos pero no a favor de la verdad.

Y el común de la gente, cada vez que hablamos, no siempre tenemos claro nuestro pensamiento, ni el uso correcto de las palabras.

En la primaria y el bachillerato no nos enseñan a utilizar las palabras con propiedad y luego pasa que la sociedad espera demasiados milagros de la Universidad. Instruir y educar no es lo mismo. Instruir es transmitir conocimientos, pero los maestros no tienen medios para hacerlo de manera correcta y, además no se instruye a la familia para que co-eduque de manera correcta a sus hijos.

La función social de la Universidad, es ser un escenario para el debate, con el uso correcto de la palabra, y ese es un acto que va más allá del aprender memoristicamente algo. La universidad debe ser un espacio para aprender y practicar el sentido de la democracia, pero tenemos un problema de formación educativa, y eso se ve en los resultados sociales: las democracias son débiles, los nuevos profesionales solo tienen el título y no propuestas. Por culpa de una educación débil, las democracias están enfermas y tenemos una sociedad en crisis incapaz de cambiar su sistema sin violencia.

Hay un problema de mentalidad, al punto que parece que la gente no tiene ideas claras de lo que tiene y de lo que quiere. Por eso, tenemos que ser buenos en el oficio de enseñar, incentivar ciudadanos con espíritu crítico, jóvenes con responsabilidad frente a la vida. Personas que vivamos como hermanos y no como rebaños de los que manipulan las palabras…

¿Y qué es la utopía? La utopía es un concepto con una carga ideológica tan grande, que le ha hecho mal a los partidos políticos de izquierda. A estas alturas de la historia, las personas del común ya no manipulamos nada, otros nos manipulan. Por ejemplo, tenemos alimentos trasgénicos y la clonación, entre otras cosas, y por eso, la educación debe preparar una juventud capaz de discutir, de adelantar debates y no tragarle entero el cuento a los políticos y demagogos de la palabra y de la vida.

Las utopías de hoy son otra cosa, cada generación, cada tiempo, tiene su propia utopía. Y los cambios del mañana, son los cambios que como personas, como sociedad, hagamos hoy. ¿Qué utopías tenemos hoy? ¿Dónde hay una idea fuerte que movilice a la gente?… No la veo. Ya no creo en las utopías y tengo 83 años bien lúcidos.

Yo los invito a que nos dejemos de utopías y nos pongámonos a trabajar. Las utopías han muerto. Los adultos pongamos a educar con responsabilidad, y que los niños y jóvenes asuman su deber de educarse

. (valenciacalle@yahoo.com)

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