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Ecos de la política sueca
Por ANTONIO MORA
VÉLEZ
Suecia es una monarquía constitucional con un rey que
representa al Estado y un primer ministro que gobierna por designación del
Parlamento y que es escogido por los partidos mayoritarios. Es un país
donde los principios socialdemócratas están incorporados a la filosofía
del Estado. Que ha eliminado la pobreza y cuyos habitantes tienen un alto
nivel de vida y una serie de derechos y garantías sociales que he
explicado en mis artículos anteriores. Esta realidad se le debe al Partido
Social Demócrata, partido que ha gobernado al país durante más de 80 años
desde 1917, algunas veces en alianza con el Partido de Izquierda (antes
comunista) y el Partido de los Verdes.
En las últimas elecciones suecas los partidos Moderata, Centro, Liberal y
Democristiano, obtuvieron el 48.1% de los votos y ganaron el poder frente
a la coalición de izquierda (Socialdemócrata, Izquierda y Verde) que
obtuvo el 46.2. Fue elegido primer ministro Fredrick Reinfeldt, líder del
partido Moderata, un partido conservador que propone la reducción del
Estado y la privatización de los servicios públicos y demás recetas del
neoliberalismo que la Unión Europea ha adoptado para satisfacer los
dictados del Imperio USA. La anterior derrota, según varios analistas,
obedece a que las políticas de los últimos gobiernos socialdemócratas se
han ido aproximando a la ortodoxia liberal en detrimento de sus viejos
principios socialistas, como consecuencia de su ingreso a la Comunidad
Europea. Y al escándalo del último líder y ex primer ministro, Gôran
Persson, quien se hizo construir una mansión alejada de los criterios de
sobriedad y modestia de los dirigentes suecos. Es consecuencia también de
que el partido de los Moderata, de modo inteligente, se situó más al
centro del espectro político, abandonó la consigna de la reducción de
impuestos -que en Suecia son altísimos- dada la impopularidad de esa tesis
para el pueblo que sabe que gracias a esa carga tributaria es posible el
bienestar de toda la población y el alto nivel de vida de que goza. Y a
que se comprometió a no desmontar el estado de bienestar sino atemperarlo
para no perjudicar "el carácter competitivo de la economía".
Esta situación crea un panorama incierto para el socialismo democrático y
para la tesis de quienes creen que este socialismo es más viable y mejor
que el marxista-leninista. El acercamiento de las tesis de los "Moderata"
a los actuales principios sociales de los socialdemócratas se complementa
con la cada vez mayor tendencia de los socialdemócratas a adoptar los
principios liberales de la economía y a aceptar las imposiciones del
neoliberalismo de la Unión Europea. Un analista de esta situación, Mario
del Rosal, se pregunta: "¿Dónde acabarán estos vectores de aproximación? ¿Llegará
un momento en el que la política económica socialdemócrata no se distinga
en sus líneas básicas de la liberal? ¿Hará esta circunstancia
definitivamente inviable el socialismo por la vía democrática?".
Ahora que en Colombia un partido político, el Polo Democrático Alternativo,
se convierte en alternativa de poder para construir el socialismo
democrático y deslinda campos con la guerrilla que pretende imponer por
las armas otro modelo de socialismo -el burocrático y despótico-, lo que
suceda en Suecia es un referente obligado que debe ser estudiado para
saber qué está pasando en ese país y reflexionar sobre el modelo de
desarrollo que aplicará un eventual gobierno del Polo en Colombia, que
desde luego no es el neoliberal que ha empobrecido a nuestra población. Y
un modelo de socialismo que no puede ser el totalitario que fracasó en la
URSS, ni el sueco ni el venezolano. Modelos que los dirigentes del Polo
deberán definir más claramente si quieren ser una real opción de poder y
brindarle a nuestro pueblo el bienestar y la felicidad que se merece
después de tantos años de barbarie.
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