RELATO

EL OTRO OJO TUERTO

Por: Manolo Palacios P.

Berlín-1998

 

Berlín es la capital alemana y de Europa, decía un joven de ojos azules, pelo rubio, ropa negra y botas de soldado que, con una cerveza de lata en la mano, pedía ein biáchen geld, a la entrada de un U-Bahn.

Se calcula que en Berlín; entre sus paredes, casas, bosques y lagos, existen algo así como 3 millones 500 mil habitantes. Pero la ciudad crece y crece; las cifras oficiales proyectan que para el año 2006, la capital alemana será una ciudad metropolitana y cosmopolita europea con cerca de 8 millones de personas.

Caminaba por Alexander Platz, una plaza típica europea, en las mismas fronteras de división del ex-muro Berlin. Esta plaza, es el paso obligado de los migrantes y desempleados. La música latina se escucha,  dice la gente, pero ya no de buena manera, los propios músicos ya no están en Europa o si lo están, trabajan en otras actividades.

Así que, en Alexander Platz, es fácil observar a grupos de músicos latinos, entre 20 o 30, tocando una pésima música y al compás de un martillo como tambor.

Pero en los espacios de la Plaza, otras voces se interponen en el ambiente. Una voz y una guitarra, cantan la famosa canción de Julio Jaramillo, "Nuestro juramento". Recordé el mundo de las fantasías y los recuerdos. Inmediatamente me acerqué al cantante. Su canto, de típico "guayaco" me impresionó y de mis manos salieron cinco Marcos, que estaban destinados a la compra de una cajetilla de tabacos.

Recordé y escuché muchas canciones de cantina, que a una sola voz, cantaban cuerdos y  ebrios, oyendo una rocola del bar Patricia de Quito.

Me acerque al ecuatoriano y le di mi mano:

Hola, ¡qué bueno escuchar esas canciones por estos lares!.

¿ No me dija tú, eres del Ecuador?, me dice con una sonrisa de oreja a oreja.

Por supuesto, de una ciudad enclavada en medio de montañas, con el cielo lleno de estrellas.

Quito, Metropolitano, Cosmopolita y Universal”, gritaba con su acento y los rasgos de su guitarra.

Nos animamos a tomar un café, en uno de los tantos existentes en Alexander Platz. Sus historias, eran parte de un cuentero migrante, capaz de no desaprovechar las oportunidades del viejo continente. La conversación, giraba sobre el tema de los migrantes y la vida en Europa. Historias de amor, de coraje, locura, muerte y felicidad, daban las pautas en sus testimonios. No había tiempo para preguntar ni aclarar la conversación; esta fluía con soltura y transparencia.

Tres días había durado su viaje desde Oradea en Ucrania hasta la ciudad Berlín, pasando fronteras a pie, sin pago de impuestos, cruzando de vagón en vagón del tren, para abaratar su viaje y por fin, en Berlín, durmiendo en los parques en un verano caliente y buscando una forma de trabajo.

“Vine con una beca de estudios y una mensualidad que me deban por 80 dólares, con esto, se podía vivir más o menos bien en Ucranía, pero con esas cosas de las transformaciones, la devaluación monetaria y el pago de estudios, ñañito, la situación nuestra es de un horror y un calvario. Hoy recibo 25 mil cupones (nueva moneda de Ucrania) que equivale, más o menos, a unos 5 dólares. Con ello tengo que alimentarme, transportarme y estudiar, pero con esa gita no se alcanza ni para las más elementales necesidades humanas”.

Javier es el nombre del cantante callejero, un militante de las juventudes comunistas ecuatorianas hasta los años 1985, cuando su nombre figuraba en una de las listas negras de investigación policial. Abandonó su suelo y partió al extranjero, - gracias a la ayuda de los militantes socialistas -, con una beca para estudios para ingeniería mecánica en Ucrania-Europa.

Con la caída de la Unión Soviética, vino la Perestroika y las transformaciones. Con ello, "se acabó el sueño de miles de incrédulos amanuenses", decía Javier. Ahora sus estudios sin beca, requieren de dineros, que por lo general, son adquiridos en  un constante trajinar por las ciudades europeas para ganarse la vida, especialmente durante sus periodos vacacionales.

“Me parecía un dorado sueño concluír mis estudios universitarios en la Unión Soviética, pero nunca me imaginé que la transformación política-social y económica, iban a votar por los suelos la capacitación y el perfeccionamiento internacional”.

"Yo no sabía tocar guitarra”, dice Javier. “En París, en 1992, con unos ecuatorianos de Otavalo, vivímos tres meses,  tocándo música día y noche, en la calle, en las plazas o en algunos restaurantes. Yo, como no sabía tocar, pasaba el sombrero y participaba del soneto y en canto.

Una noche de ensayos, cervezas "y otras cosas más", me decidí aprender a tocar una guitarra. Entonces, para que te cuento,  aprendí, en poco tiempo ñañito, a tocar la guitarra más o menos y eso es lo que hago por aquí. En Berlín, ya no hay muchos puestos de trabajo, antes. había camello para la venta de periódicos, o de peón y cargador en la construcción, pero también, en la limpieza de restaurantes o cafés, pero ahora, ya no hay nada, todos esos  puestos, los están dando con preferencia a los migrantes europeos”.

La noche caía en Berlín, un frío, con nieve intensa nos llevó a acurrucarnos en el “Bar-Café París”, en la Bisenbinkel, lugar típico de los alternativos y de mesas separadas.

La conversación nos emocionaba. Sus historias y cuentos de sus viajes por Europa fluían como un hilo sin final. Parecía que sus diálogos se confundían entre la fantasía y la realidad.

“Un día, mi hermanito, salí de Oradea-Ucrania, en el mes de julio y me fui a Dinamarca. ¡Qué país, qué mujeres, qué culos!.  Impresionante, fantástico. Para mi buena suerte, el día que llegué se presentaba en Copenhague "Boby y su Latin-Jazz".

Había mucha gente que concurría a la presentación y la entrada, hermanito, no te miento, estaba más o menos a 60 dólares. Y yo, sin guita, de pelabolas, sólo con 30 dólares para cualquier corrida.

Entonces, ñañito, me fui a dar una vuelta cerca del local y en una esquina, ñañito, estaba un mann con un tremendo bareto fumando, todo él en bacán, con sombrero y una plenísima chompa de cuero. Me acerqué de guan y le pedí unas pitadas; el mann, gustoso me dio, pero todo esto era sin palabras, de pronto yo le dije: ! Que buena, que rica!, Y el mann me dice, ¿tu hablas español?. Y buena nota, el mann hablaba inglés, francés y español y ¿adivina quién era? No puedes imaginarte Boby el mann que se iba a presentar esa noche.

Bueno, para no alargarte las cosas más, el mann me invitó a su concierto, sin pagar un centavo, fue una fiesta muy bacana, la gente se divertía y buscaba olor y calor latino. Después, cuando se acabó el concierto, les ayude a desconectar y llevar los instrumentos musicales. Nos fuimos al hotel de los manes y una tremenda comelona y pago de hotel para esta humilde persona. Tres días por ahí, rumba super chevere, comelona, trago, fume y todo.

Pero la nota, ñañito era que yo me iba a Copenhague a buscar trabajo y ganarme unos centavos para mis estudios, más o menos unos 400 dólares por tres meses de trabajo. Con esto estoy tranquilo en Ucrania, sino estoy jodido.

Y a estos manes, super buena nota conmigo, una noche conversando le dije que yo necesitaba plata para mis estudios, porque esa era la plena, para eso era mi viaje. En ese momento el mann, no te miento hermanito, al instante, no te miento, sacó un fajo de billetes en dólares, y me dijo, cuánto quieres.

Me dio 600 dólares y ya te puedes imaginar mí felicidad; 600 dólares fue una bendición para poder concluir mis estudios. En tres días trabajé, hermano, como burro, cargando maletas e instrumentos y sobre todo vacilando a toda pelada interesada en la música latina”.

Javier cogió su guitarra y comenzó a acordarse de algunas canciones ecuatorianas, nuestra mesa se fue llenado de gente migrante y al poco rato se encendió la fiesta y la rumba eterna.