UN FUGAZ PERIPLO POR LA VIDA

Por ANTONIO MORA VÉLEZ

 

Estuve en la ciudad de Santa Marta los días 31 de octubre y 1° de noviembre invitado por Poetas al exilio y Mesosaurius, grupo y revista que orientan los amigos Hernán Vargascarreño, Clinton Ramírez y Martiniano Acosta. Gracias a esa invitación tuve el privilegio de haber ofrecido un recital en la Biblioteca del Banco de la República en compañía del poeta de Aracataca Fernando Nuñez del Castillo, y de haber leído mi ponencia El mar en la ciencia-ficción en el Museo Tairona ante un selecto grupo de personas. La visita me permitió también poder respirar una vez más el aire de esa hermosa bahía, contemplar el mismo mar que contempló Bolívar y las calles hermosas de la ciudad con sus tres estilos: colonial, republicano y moderno, y volver a charlar con viejos y entrañables amigos como Javier Moscarella, Miguel Henríquez, Alvaro Suescún, Ida Inés Méndez y Vladimiro Canevas, aparte de los arriba nombrados.

En una de esas tertulias pude conocer en detalles la vida, obra y muerte del poeta Oscar Delgado, una de las primeras voces líricas del Magdalena, muerto de forma violenta hace ya muchos años, por los tiempos de los "pájaros" y en los que los gamonales de los pueblos asesinaban a sus contradictores políticos y no pasaba nada, iniciando así la tradición de violencia e impunidad que ha sido característica de esta sociedad colombiana que parece condenada por hados maléficos a sufrir todos los padecimientos. El poeta Delgado, no sobra decirlo, aún después de muerto sigue sufriendo la persecución de sus enemigos, quienes lo han borrado –siguiendo el nefasto ejemplo del estalinismo—de la historia literaria del departamento. Lo cual demuestra –además-- que lo más parecido al talante de un comunista ortodoxo es el de un "godo" reaccionario.

También pude contemplar en el Museo Tairona toda la riqueza cultural de ese pueblo y algo asombroso que me refuerza la tesis fantástica de que en el pasado de estas culturas aborígenes hicieron presencia seres de una civilización superior –terrestre o extraterrestre— las que les dejaron con el ropaje del mito muchas enseñanzas. En una de las vitrinas del Museo del Oro pude observar un adorno con la figura exacta y a escala de una nave de descenso como las utilizadas por la NASA para traer a tierra, más exactamente al mar, a sus astronautas. Si no fuera porque en el Museo del Oro de Bogotá hay un aparente pájaro que es la réplica de una avión de combate a reacción, como los Mig de fabricación rusa, yo diría que se trata de una coincidencia. Pero es que son muchas, cuya sola enumeración me coparía el espacio de que dispongo para esta columna.

Y finalmente, y este es uno de los aspectos interesantes de estas invitaciones, pude conocer a un nuevo valor de la literatura, un joven de 20 años de nombre Luis Rafael Gutiérrez, que ha escrito un poemario para niños con una calidad a flor de piel. Y a quien los organizadores del certamen presentaron en sociedad el día 3 de noviembre con el "amadrinamiento" de Piedad Bonnet, poeta de primera línea del parnaso colombiano. El joven Gutiérrez ha escrito poemas como este: "Mi cabeza es como un coco,/ no por duro y testarudo,/ como pueden llegar a pensar./ Es que desde que te fuiste/ siento moverse/ de un lado para otro/ el agua dulce de tu recuerdo". O como este otro: "No, profesora/ No es así como usted dice./ Yo no quería ensuciar el salón de clases/ con los pétalos de rosas/ que regué desde mi pupitre/ hasta su escritorio./ Yo simplemente/ y aunque usted no lo crea,/ estaba construyendo un puente/ para llegar a su corazón".

Igual que los poetas de Santa Marta –quienes lo descubrieron--, también Oscar Flórez Támara, Rafael Hernández Urueta, Felix Mendoza de la Espriella y demás integrantes de la tertulia de CECAR que nos reunimos en el Café Restaurante Punto Rojo de Sincelejo, sentimos que la poesía del joven Gutiérrez nos embrujaba con su ternura y su belleza.

 

 

[Noticias de la cultura] [Café Berlín] [Libros virtuales] [Cronopios] [Audios] [Fotografía] [Deutsch] [Cartas de poetas]