Óscar Wong
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La poesía como signo y expresión vital. Experiencia y ejercicio de escritura confluyendo en el canto. Búsqueda y encuentro. Revelación y trasferencia de sentido. El mundo del lenguaje que se abre a otra realidad. Resonancia cósmica del Verbo emanada de la materia, presencia de la metábolé, conversión de algo en otra cosa. Poesía, modificación de la sustancia misma, metamórfosis o transformación. El mundo es creación lingüística. De acuerdo con este aspecto mitográfico, el primer acto de la historia fue la creación verbal del universo: "Las cosas nombradas son pobladoras del mundo", puntualiza Eduardo Nicol1. Sin embargo, es oportuno recordar que la poesía es una experiencia de vida que se transmite mediante un código: el poema y en éste se advierten dos elementos fundamentales: la técnica y el contenido (forma y fondo). Aquí lo importante no es el qué, sino el cómo, de ahí que todo cambio de forma implica un cambio en el contenido.
 
La enumeración en la poesía agrega atributos, crea atmósferas, conforma emociones. Independientemente del aspecto sagrado, la interrogante surge: ¿cómo se llega al Poema? La respuesta es inmediata: por la música, el ritmo, o melopea (del griego, meli, miel; el término melópoios, servía para referirse a los cantos y melopoión al autor de los textos. Más tarde se acuñó el término poiesis, creación, Poesía), si la melopea es la combinación de acentos y sílabas, el verso es un sonido armónico con significado, es un golpeteo silábico puesto que originalmente la poesía se cantaba y se bailaba. Los coribantes, cuando tenían el pie en el suelo, cargaban la voz, por lo contrario, el acento era débil. A los actuales versificadores se les olvida esta raíz melódica, bailable, por eso sus yerros rítmicos. Para el Poeta la imagen es el concepto. Pound llama fanopea a la capacidad de crear imágenes (metáforas o símil o comparación) y el lector de visualizarlas; es una necesidad de expresión. Toda imagen se visualiza, debe ser novedosa, natural y creíble; debe tener lógica y una intención estética.
 
Pound también se refiere a la logopea (del griego logos, discurso, palabra, pensamiento. El logos menor es el hombre, el Logos mayor es la divinidad Cuando el poeta entrega su expresión lírica hay más ser en el mundo, precisa Nicol), la manera como el escritor combina sus elementos, se refiere a la capacidad estética del lenguaje. En el principio era el Logos, sentencia Juan, el evangelista. Y la Cábala misma habla de esta resonancia, de la Creación del mundo a partir de las 22 letras del alfabeto hebreo.
La palabra designa a la esencia. Es la substancia misma: Ahí estriba lo mágico del lenguaje, el sentido de la Palabra. Octavio Paz; como auténtico poeta, lo sabía. Conocía su poder transformador y usaba estas resonancias sagradas. El poema, reflexiona Paz en El arco y la lira2 es un conjunto de signos que buscan un significado, de ahí también que cada forma lírica exteriorice una idea. El fluir del discurso, la cristalización visionaria del poema, desemboca en el texto, en el poema-objeto, en el poema-exploración3.
La experiencia vital, la manifestación emocionada de la existencial se traduce en revelación. Todo fluye en el poema, por eso su sentido paradojal, el signo con doble significado suspendido en el hecho estético, como una perenne interrogación, como una referencia inmóvil, inasible, aunque permanente. Quietud y movimiento son lo mismo, canta el Poeta. Por supuesto que ello se da por el sentido orientalista -tamizado por los filtros de una tradición sólidamente occidental- que prevalece en su obra inicial desde 1951. El I Ching, sobre todo, es utilizado por el Octavio Paz "como modelo de movimiento para aplicar signos también en movimiento: cambio de los signos", acepta Kwon4. Esta influencia ideológica es capital en la obra lírica de nuestro único Premio Nobel de Literatura. Por ende, la poesía en Octavio Paz representa un ritual, unión sagrada, recurrencia amorosa. Ceremonial santificado, perpetuo. Tiempo suspendido, rito o festín. El verso en Paz está cargado de significaciones. Iluminación. Palabra y silencio: poesía, sonido con significado: Espacio-tiempo: realidad física, objetos que se nombran. Tal la expresión paciana, cargada de paradojas, debido a lo que Margarita Murillo González determina en tanto polaridad-unidad y que da coherencia a su obra poética5. Cuatro signos relevantes confluyen aquí: Palabra, silencio, tiempo.
Los cimientos duales de la poética paciana son capitales para entender su expresión.
Paralelismo y paradoja. Revelación del ser a través de la Palabra. Poesía. Espejo de la realidad. "La poesía es la creación metafórica por excelencia, pues efectúa una triple metamórfosis. En primer lugar, ella es resultado de una metamórfosis de la realidad, creando una realidad verbal nueva inteligente y con sentido propio. Esta versión de los hombres y los mundos, que aparece en la historia de la poesía, es inconfundible con la metamórfosis de los demás sistemas. En fin, la poesía es un lenguaje distintivamente metafórico, y ésta es la clave de su arte"6, acota Nicol. Lo real y lo verbal, en la poética paciana, marchan juntos en esa travesía metabólica, a través de las imágenes y metáforas, de la cadencia rítmica y de los necesarios silencios. La función de la poesía en Octavio Paz, significa un verdadero enlace entre la realidad interior de sus intuiciones y emociones, y el mundo exterior del que forma parte el autor7 Paz se aferra a la Palabra en tanto esencia y realidad primaria. El poeta establece -¿abre?- una correspondencia íntima, directa, entre las cosas y la palabra, considerada esta última como espejo y reflejo de la realidad. Conjugado en sonido y significado, el hombre es signo, Palabra: la palabra hombre. El sentido lúdico de la poesía de Paz hace del canto un signo sagrado; para este autor, el paisaje no es el escenario simple, sino un ser vivo, con sus contrastes y cambios. El poeta vive en cada objeto. Su visión es de extravío y transparencia. Ante el paisaje, el poeta no juzga, contempla; pero esta contemplación no es pasiva, el poeta no se erige en un espectador más de la naturaleza, sino que participa de ella: Octavio Paz es naturaleza. En Paz siempre hay un equilibrio entre su expresión y el sentimiento.
La presencia del hecho estético, del fenómeno poético, representa un rito, un ceremonial. Por ello, con frecuencia Paz reflexiona sobre este tema capital. Hay referencias en sus poemas, siempre, como ocurre en Piedra de sol o en Pasado en claro, por citar dos grandiosos poemas. Y es que Paz postula la idea de que el poeta es un creador solitario. Por ende, su herramienta -el lenguaje- representa un elemento vital, que refleja sus contenidos, su particular expresividad por la emoción poética: el mundo fluye, transcurre en un movimiento interminable, aunque se eterniza en la sonoridad del poema. La poesía incendia y fractura la dimensión del silencio. Es silencio.
 
Metáforas y reiteraciones crean en Octavio Paz un sistema que revelan, y develan, otro texto, otro universo semántico, lúdico. La poesía de este autor mexicano8, se caracteriza por sus imágenes intensas, brillantes. Precisiones y descripciones que van más allá de la simple enumeración referencial. Atmósferas internas, movimiento que dinamiza la potencialidad del espíritu, significa al verso de Paz. Todo es pleno y luminoso, como la mirada de la memoria que busca, husmea, hurga, visualizando el pretérito. En Piedra de sol, ese espléndido monumento lírico, esa exaltación sonora de la existencia, escrito en 1957, el poeta se planta en el mundo sorprendido por el entorno y canta con reverencia. La armonía lo rodea: la luz, la fuente o surtidor arqueado por el viento: el fulgor de la altura que surge cuando se apartan las nubes, simulando alas, lo obliga a elevar su voz. Paz canta al amor, a la mujer. La ternura hace que el poeta admire a plenitud a la amada, lejos de toda intención lujuriosa: mis miradas te cubren como hiedra, exclama; antes de desnudarla la cobija pasionalmente. Estrofa tras estrofa, línea tras línea pueden destacarse las imágenes, al igual que las reflexiones sobre el mundo y la historia, sobre la existencia y su transitoriedad; la manera en que ese amor evocado se trastoca y termina por ser nada. La núbil, la amada inicial llega a metamorfosearse en un montón de ceniza y una escoba,/ un cuchillo mellado y un plumero,/ un pellejo colgado de unos huesos... La presencia del sentido femenino y los conceptos de amor y erotismo -este último considerado como mito cosmogónico, como energía primordial- es, indudablemente, un tema hondamente significativo en la obra lírica de Octavio Paz. Amor y erotismo. Revelación numinosa. Transgresión y sacralidad. Signo, apuesta por la libertad, pero por sobre todas las cosas, una respuesta afectiva, volitiva, que el hombre ha concebido para conjurar a la muerte. Por consiguiente, el amor en el discurso lírico de nuestro único Premio Nobel de Literatura es, más que un concepto, una pasión, una metáfora, el núcleo central donde se yergue su poética. El propio Paz anota en La llama doble. Amor y erotismo (1993): "El fuego original y primordial, la sexualidad, levanta la llama roja del erotismo y éste, a su vez, sostiene y alza otra llama, azul y trémula: la del amor. Erotismo y amor: la llama doble de la vida".
 
Observar sus variantes: mujer-naturaleza, amor-muerte, acto amatorio-poesía, así como la relación complementaria del sexo a través de la paradoja, la antítesis y el retruécano -caros a nuestro autor-, significa determinar el tema de los contrarios y su relación con el conocimiento estético. Mi lectura parte, justamente, de las premisas enunciadas, al igual que la consideración inicial del cuerpo de la mujer como la vía primordial para llegar a la verdadera comunicación, sin soslayar que poesía y amor representan una unidad indisoluble, un medio de revelación. En los 584 endecasílabos de que consta Piedra de sol, la figura de la mujer adopta un papel relevante: Musa, Creadora, advocación maligna. De la colegiala a la mujer plena, evocada por el poeta, hasta llegar la mujer decrépita, la pavorosa bruja en que se convierte la pareja. La triple representación de la Musa, de acuerdo con la tesis de Graves, se advierte en este cántico revelador.
El poema como acto amoroso es, por sobre todas las cosas, una presencia viva en la expresión de Octavio Paz; el discurso amoroso es un tema fundamental. Ya Enrico Mario Santí ha puntualizado que desde 1934, a los 20 años de edad, el poeta que me ocupa tiene, junto con la obsesión de la identidad nacional, el tema del erotismo como el eje de su poética. Diversidad de estudios se han realizado sobre la obra de Paz, siempre desde ópticas diferentes: algunos observan el sistema lingüístico paciano a partir de los mitos, el instante, la transparencia -trasfondo formal, tensiones cambiantes del lenguaje- frente al ciclo básico de la vida: muerte-renacimiento, lo cual toca la dimensión metafísica de su obra9, que además desemboca en la temática erótica-amorosa. También se ha considerado El elemento oriental de su poética10, aunque ésta no deje de ser mexicana.
Paz, desde luego, recoge, adapta y adopta el pensamiento filosófico-religioso de la India, China y Japón, puesto que los símbolos también son lenguajes y sin lenguaje no hay pensamiento. La "iluminación" persigue la virtud; por lo mismo, el haikú en Paz se percibe a través de la técnica, la imagen y la visión oriental del mundo por medio de la naturaleza. Pese a todo lo anterior, en Octavio Paz la poesía y el amor son, indudablemente, "las dos caras de una misma realidad", una tentativa para recobrar al Adán primigenio, al individuo anterior a la caída.
 
La reflexión que hace Paz sobre el amor, especialmente en Sor Juana Inés de la Cruz o Las trampas de la fe11, es reveladora, luminosa, numinosa, porque concilia la expresión social y afectiva con el ritual de la existencia, que además es sagrada para el poeta; desde la idea platónica que transcurre entre el afecto, la amistad y la caridad -muy bien aprovechada por el cristianismo- hasta desembocar en la religiosidad y la reivindicación de la figura femenina en el amor cortés y que en la actualidad considera la igualdad de los amantes. Subversión y conversión. Signo del cuerpo frente al signo de los tiempos: Poética numinosa del amor paciano. Por su parte la Dra. Schärer-Nussberger concibe el discurso lírico de Paz como una continua tentativa para reescribir sus textos y sus temas, "un avance en espiral, a lo largo del cual topamos con motivos y figuras que vuelven una y otra vez, siendo los mismos y diferentes"12; en cambio Margarita Murillo González destaca las particularidades de la totalidad de la obra paciana: estructura, temática y expresividad, así como sus constantes -movimiento e intercambio, polaridad-unidad que conforman esa fuerza interna y la singular imago mundi que caracteriza el universo lírico de Paz. Esta dinámica es vital para entender su intencionalidad sistemática; la "conciencia de sí" en el hombre y en el poeta13. De hecho es el único volumen ensayístico que advierte, casi tangencialmente, el erotismo en la poética de este autor, determinando la relación mujer-cosmos como un fundamento mítico no sólo en las culturas ancestrales, sino como veta profunda en Paz. La importancia del amor se revela a través del sentido erótico del poema, expresividad que cuando alcanza un alto nivel, nos perturba y transforma, como ocurre con el amor. Octavio Paz resalta: "El erotismo es un ritmo: uno de sus acordes es la separación, el otro es regreso, vuelta a la naturaleza reconciliada. El más allá erótico está aquí y es ahora mismo. Todas las mujeres y todos los hombres han vivido esos momentos: es nuestra ración de paraíso"14. Lo que salva al hombre es el amor, esa completud que se manifiesta en la relación de pareja, postula Paz.
 
La trascendencia del amor en Paz se revela a través del sentido erótico del poema, expresividad que cuando alcanza un alto nivel, nos perturba y transforma, como ocurre con el amor15. La imagen poética busca revelar de manera contundente ritmo y emoción para demostrar que amor y poesía son vertientes de la misma realidad. Además, la memoria, en Paz, constituye un símbolo de la imaginación erótica, en virtud de que la mujer representa la esencia de la naturaleza. La figura femenina asume una condición, un estamento único. Los atributos que Paz enumera alcanzan una expresión salmódica. El afecto, la relación sensual, la ternura misma son cualidades intransferibles. Es decir, el erotismo se manifiesta como revelación y conocimiento estéticos, pero también y antes que nada como una expresión sagrada, como categoría sensible, sensitiva, del mundo.

 
Óscar Wong
Tonalá, Chiapas, México, agosto 26 de 1948, poeta, narrador y ensayista,
fue becario del INBA FONAPAS en crítica literaria (1978-1979)
y del Centro Mexicano de Escritores en ensayo (1985-1986).
Premio Nacional de Poesía Ramón López Velarde 1988
con el poemario Enardecida luz (UNAM, Colec. El Ala del Tigre,
Méx., 1992). Radica en la Ciudad de México e imparte
talleres de Creación y Apreciación Poéticas de manera particular.
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Más datos del autor pueden consultarse en:
http://www.arts-history.mx/literat/litw.html